Un pequeño vistazo a lo que sucedió años después.


CAMPAMENTO MESTIZO

EXTRA

Ser un semidios equivalía a, de por vida, vivir en constante adrenalina, incluso en tiempos de paz.

Aquel día la corriente del rio que cruzaba por nuestro campamento parecía estar furiosa, podía sentirla al estar sumergida en el fondo, con mi mano izquierda aferrada a una rama para que no me arrastrara el agua; no era de mis lugares preferidos para ocultarme, pero funcionaba, claro, siempre y cuando contuviera la respiración el tiempo suficiente.

A través del visor de mi yelmo vi como una roca caía justo frente a mí.

Me impulsé hacia la superficie.

Y visualicé mi objetivo, parado justo al lado del rio. Estiré mi mano en su dirección, pero…

-¡KUGA!-. Esa maldita hija de Ares sintió mi presencia, se dio la vuelta y detuvo mi mano con la suya. -¿Ahora te escondes en los ríos, Tuerquitas?-. Sonrió con sorna.

-¿Esconderme?-. Retrocedí con un solo salto. -Es estrategia-.

Nao sacó su espada de su cinturón. -Hija de Ares, Tuerquitas, no lo olvides-. Me apuntó con ella.

Desplegué mi espada, la hoja de Cristal Plateado era más larga que antes, más filosa. -Kuga-. Fruncí el ceño. -Kuga Natsuki-. Yo no necesitaba decir mi ascendencia para que recordaran porque debían temerme.

Nuestras espadas chocaron.

Sentí vibrar desde la punta de mis dedos hasta mis codos, su fuerza bruta había aumentado bastante, pero oh Dioses, yo no me valía de fuerza para ganar mis combates.

Desde la copa del árbol detrás de ella, saltó Mikoto, derrumbó a Nao y su mano estuvo a punto de llegar a su cintura, lástima que esa cabeza hueca se libró con una patada que lanzó a Mikoto contra el tronco tras ellas.

-¿Dos contra uno?-. Nao sacó una segunda espada, rotó sus muñecas haciéndolas girar para luego empuñarlas con fiereza.

-Tú escogiste bando, Nao-. Mikoto se abalanzó sobre ella.

Aunque ellas no podían verlo a causa de mi yelmo, sonreí burlona. -Como en los viejos tiempos-. Planeaba hacerle segunda a Mikoto.

Para mi desgracia, de la nada, sentí que bajo mi armadura mi piel se erizaba.

A mis pies, mediante un círculo negro, apareció una mano. -Te encontré-. Con pura fuerza bruta me tiró al piso, si hubiera sido una humana, me habría fracturado algo.

Al instante, Nina apareció sobre mí, sostuvo mi muñeca con la que sostenía la espada y dirigió su otra mano a mi cintura.

-¡Nina, alto!-. Un grito melodioso hizo eco entre los árboles, por sobre el ruido del rio; Nina se paralizó por completo.

-¿¡Qué!?-. Eso descolocó totalmente a Nao.

Y por supuesto, Mikoto aprovechó la oportunidad para conseguir quitarle a Nao la cinta que traía atada a la cintura.

Cuando vi que la niebla en los ojos de Nina se disipaba. -¡VICTORIA!-. Grité a mis anchas, emocionada. -¡En tu cara, Nao!-. Como buena perdedora, Nina se levantó y me tendió la mano para levantarme.

Un segundo después, de entre los arbustos, salió Shizuru, con una sonrisa de triunfo que hacía juego con la mía.

-Usaron el don de tu esposa, no es justo-. Pese a lo que decía, Nao sonreía, divertida. -Además-. La señaló con un dedo. -Ella no estaba al inicio del juego-.

-Ara, ¿es injusto?-. Dijo con tono dulce. -Qué pena…

Desactivé mi armadura, cuando jugábamos, usaba una hecha de bronce celestial. -Al inicio dejé un espacio en mi equipo y Shizuru regresó al campamento a medio juego-. Me encogí de hombros. -Tú no pudiste ganar ni teniendo un jugador extra la mitad del juego-. Admito que lo dije con cara cínica.

-Como no ibas a ganar si usaron esa jugada-. Nao miró a Shizuru con una ceja alzada. -Dijimos que sin dones tan especiales-.

-Oh vamos, cabeza hueca-. Bufé. -Ella usó su embrujahabla después de que Nina usó su viaje por las sombras-. Señalé a Nina, era irónico que ella había sido la hipnotizada y ni se quejaba.

-Culpable-. Aceptó Nina. -Yo hice trampa primero-. Lo dijo tan tranquila.

-¡Pero se supone que ellas son las rectas!-. Nao se cruzó de brazos.

-Y por eso no usé mi armadura de hierro estigio-. Le recordé.

-¿No qué en la guerra y en el amor todo se vale?-. Shizuru sonreía. -La descendencia del amor le ganó a la de la guerra-. Le guiñó en joda.

-Ustedes… -. Nos dio una miradita de reproche.

-Dioses Nao, no seas cínica, que fue idea tuya que yo hiciera eso-. Nina le dio un golpe en el hombro. -¿Qué paso con tu estrategia, semidiosa de la guerra?-.

-Precisamente por eso hice trampa, ¿me culpan?-. Relajó su postura. -Sé que Tuerquitas siempre tiene un truco-.

-Sí, bueno-. Mikoto se unió a la conversación. -¿De que serviría tener ascendencia divina sino la usáramos?-.

-¡CHICAS!-. Alyssa salió corriendo de entre los árboles que daban al lado de las cabañas. -¡Los niños jugaban con las botellas de Midori y la parrilla se incendió!-.

-¿Cómo demonios incendias una parrilla?-. Dije con el ceño fruncido. No tenía ganas de lidiar con esa ridiculez, miré por sobre mi hombro a Nao y Nina. -El equipo perdedor la apaga-.

-Te odio, Tuerquitas-. Nao se encaminó al lugar junto con Alyssa, Nina las siguió en silencio con las manos en sus bolsillos.

-Iré a echarles una mano, para que no hagan más grande el fuego-. Mikoto las siguió, en el camino se aseguró de irle gritando a los demás campistas que ya había terminado el juego, por si alguno seguía en un árbol.

Así me quedé a solas con Shizuru, ella, sonriente, me abrazó por la cintura, recargó su mentón en mi hombro. En esos años, de algún modo, había ido superando su propia belleza, era algo increíble, con solo sonreír prendaba a casi todos los humanos, y a más de un semidios.

-Maravillosa aparición-. Dije contenta, ella siempre llegaba cuando más la necesitaba, incluso cuando era un mero juego de captura la bandera. -¿Qué tal te fue?-.

Había ido a la ciudad para cerrar un trato con una compañía, ellos estaban interesados en comprarnos las puertas y rejas para una sede nueva que estaban construyendo. Podía hacer el encargo hasta con los ojos cerrados, pero, la parte de las negociaciones se las dejaba a Shizuru.

-Trato cerrado-. Dijo encantada. -Quieren la máxima calidad y saben que tú puedes brindárselas-. Sonrió satisfecha. -Por el precio adecuado, claro-.

Ese tipo de trabajo era uno de nuestros ingresos principales para mantener el campamento.

-Bien, con ese dinero podremos remodelar nuestra cabaña-. Le guiñé. -También arreglar la que explotaron los gemelos, casi es época de lluvias y ellos tienen un agujero en el techo-. Negué con la cabeza. -De paso podría hacerle unas mejoras a mi taller-.

-¿No estamos siendo algo optimistas con el dinero?-. Besó mi mejilla.

-No, no-. Ya sabía que los niños, y que nosotras, no comíamos esperanza. -Nao ganará una buena cantidad en su pelea de mañana-. Esas peleas callejeras eran bastante lucrativas y teníamos a la luchadora invicta. -Además, también tendremos la venta de pastelitos de Mai, sabes que la gente los ama-.

¿Qué? De alguna manera teníamos que hacer dinero, el campamento además de ser nuestro hogar, venía siendo un orfanato de semidioses, y de alguna manera, los mayores debíamos darles sustento a esos mocosos.

-Suena a que podemos conseguirte una nueva chaqueta-. Me dio una palmadita en la espalda.

-¿Qué tiene de malo la mía?-.

-Ara, me gusta tu estilo cariño, pero tu chaqueta favorita ya es más parches que chaqueta-.

Ok, ok, ella tenía razón, probablemente porque la mayoría de las veces que explotó o se quemó algo en mi taller, tenía puesta esa chaqueta.

-Irías conmigo a la tienda, ¿verdad?-. Aunque tenía 70 mocosos a mi cuidado, seguían sin gustarme las multitudes, eran estresantes.

-Por supuesto-. Shizuru sonrió. -Sino voy, podrían robarme a mi esposa-. Guiñó.

-Shizuru…

Un mensaje iris apareció en el agua del rio, ambas volteamos a verlo, ante nosotras estaba la cara de mi padre.

-Viejo-. Alcé una mano. -¿Agitaciones en el Olimpo?-.

A los demás Dioses les seguían valiendo tres hectáreas de Averno sus hijos, pero al menos a Shizuru y a mí nos contactaban regularmente Afrodita y Hefesto. De vez en vez nos contaban los chismes de allá arriba y cada semana nos mandaban materiales divinos para el campamento.

-Hermes sigue esparciendo rumores de que los tres grandes tienen descendencia, y Atenea parece apoyarlo, ¿han tenido problemas allá?-.

Inmediatamente negué con la cabeza. -Sin novedades-. No era mentira, Nina ya no era una novedad tras cinco años viviendo con nosotras, incluso habían dejado de temerle los demás campistas y los niños pequeños amaban verla usar su viaje por las sombras.

-Sí tú dices, hija-. Aunque el viejo no me creía del todo. -Por cierto, cuidado con el agua, Poseidón anda algo inquieto últimamente-. Cortó la llamada.

-Joder-. Ese aviso me habría servido antes de ocultarme en un rio. -Creo que mejor nos alejamos de aquí, Shizuru-.

Ella me tomó de la mano. -No hemos hecho nada para ofender a Poseidón, ¿o sí?-. Se acomodó el cabello con su mano libre.

-Hasta donde yo sé, no hemos molestado a ninguno desde aquella época-.

Después de que le corté la mano a Hades y de que Shizuru logró embrujehablarlo, los Dioses se lo pensaban dos veces antes de echarnos la culpa de sus desastres.


Debajo de nuestra cabaña se encontraba mi taller, podía ingresar a él tanto desde el interior como del exterior. Una de las paredes laterales era completamente ocupada por una fuente que parecía una cascada, esta absorbía el calor de mis fraguas ayudando a que un semidios que no fuese hijo de Hefesto pudiese entrar sin sentir que se derretiría, un regalo bastante útil de parte de mi viejo; cuando Shizuru bajaba conmigo, permanecía a un lado de la fuente, sentada en el borde, decía que meter los pies ahí le recordaba a nuestras tardes en el lago años atrás.

Ese día en particular, el taller estaba muy caliente, quizá porque estaba trabajando con los materiales necesarios para replicar el fuego sagrado de Ares. -Sabes que podrías esperar arriba-. Limpié el sudor que me bajaba por el mentón.

-Me gusta verte trabajar-. Contestó relajada, aunque ella también estaba sudando.

-¿Aunque podamos estallar en cualquier momento?-. Después de todo, estaba dándole mantenimiento a su lanza, uno de mis proyectos más complejos y peligrosos.

-El riesgo vale la pena-. Me guiñó.

No me importaba que estuviéramos en una época de aparente calma, sabía que éramos jóvenes, la vida larga y el Olimpo creativo para crear problemas. Procuraba darles mantenimiento constante a nuestras armas, especialmente a las de Shizuru.

Por mi cuenta corría que no nos pescaran con la guardia baja.

-Listo-. Sonreí tras darle el último refinamiento a su lanza y comprobar que no explotaría. -Shizuru-. La regresé a su forma de anillo.

Limpié un poco mis manos tallándolas en mi pantalón, Shizuru ya estaba parada al lado, tomé su mano y coloqué el anilló en su lugar.

-Amo que hagas eso-. Puso sus manos en mis mejillas, me besó.

La puerta exterior se abrió, Alyssa asomó la cabeza. -Lamento interrumpir su feliz matrimonio-. Puede que nuestras intenciones se sintieran en el aire, en fin, detalles. -Pero tenemos problemas-.

Fruncí el ceño. -¿Qué pasa?-. Ajusté mis muñequeras, casi como un reflejo, usaba al mismo tiempo ambos pares.

-Llegó alguien que atravesó la barrera-.

Shizuru y yo intercambiamos miradas, los semidioses mayores solían llegar con nuevos campistas. -No es extraño… -. Quedé a medias por la cara que puso Alyssa. -Llegó por su cuenta, ¿verdad?-. Dije de mala gana.

-Ara-. Shizuru intentó mantener un tono sereno. -Es extraño que los niños se internen tanto en el bosque-.

Nuestro Campamento Mestizo estaba bien escondido en las entrañas del bosque, era casi imposible llegar a él sin alguien que ya estuviera dentro, por no mencionar que la barrera les impedía a los mortales ingresar, así que fuera quien fuera, tenía un padre divino.

-Ese es el otro detalle-. Alyssa nos indicó que era mejor ir saliendo. -Se ve de su edad-. Nos señaló.

-Quédate aquí-. Le pedí a mi hermana. -Contacta a Nina para que regrese, ya-.

Salí de la cabaña con Cristal Plateado en mano, acompañada de Shizuru con su lanza al hombro.

En el límite del campamento vi a Mikoto y a Nao apuntando sus espadas a una chica. No dudé ni un poco antes de caminar directo a ella.

-¿Quién eres?-. No alcé mi espada, pero estrujé el mango con fuerza, y mi cara de pocos amigos reforzaba el mensaje.

Shizuru apoyó su lanza en el suelo. -¿Cómo llegaste aquí?-. En su tono, percibí que estaba muy tentada a usar su embrujahabla, pero primero quería tantear el terreno.

La chica se veía en sus veintitantos, de cabello castaño y unos ojos azules bastante vivos, me atrevo a decir que incluso brillaban de emoción pese a que tenía cuatro armas apuntándole.

-Tú debes ser Natsuki Kuga-. Dijo alegre.

Pero se ganó que la lanza de Shizuru estuviera a nada de rozar su cuello. -Contesta las preguntas-. Mencionó mordaz.

-Lo siento, lo siento-. Alzó las manos como si fuéramos a arrestarla. -Me llamo Arika-. Ahí noté lo rara que resultaba su vestimenta para correr por el bosque.

La tal Arika iba vestida con sandalias, un short que parecía parte de un traje de surf y una playera sin mangas. Del cuello le colgaba una cuerda plateada con un colmillo, supuse que, de tiburón, por su tamaño. Era difícil tomarla en serio con lo fresca que se veía aun en sus circunstancias tan desfavorecedoras.

-Y mi padre me dijo como llegar aquí-.

Por todos los Dioses, deseé, en verdad deseé que no fuera lo que estaba pensando.

Mis amigas, esposa y yo sentíamos la tensión en el ambiente.

Pero Arika sintió algo que le erizó la piel cuando un círculo negro se abrió detrás de ella y Nina salió de él, con espada en mano y la expresión más sombría que tenía.

-¿Son necesarias tantas armas?-. Dijo algo nerviosa, juntando sus dedos.

-Sí lo es, cuando irrumpes en mi hogar-. Fruncí más el ceño. -Y sabes quien soy sin que yo sepa quien eres tú-.

-Papá dijo que mandaría una señal-. Quería alejar la lanza de su cuello pero significaría acercase a la espada en su espalda.

-Se está tardando-. Dije irritada.

Como si hubiera dicho las palabras mágicas, sobre su cabeza, se iluminó una figura aqua, era un tridente.

¡Un maldito tridente!

-Ella debe ser Shizuru-. Vio a mi esposa sin miedo pese a que tenía su lanza a un pelo de decapitarla. -Papá dijo que podía confiar en ustedes dos-.

Suspiré.

Poseidón había intercedido por nosotros cuando sus hermanos enloquecieron en nuestra contra, le debía una a ese viejo.

Di la señal de que bajaran las armas, la última en hacerlo fue Shizuru, y cuando lo hizo, se apegó más a mí.


Arika, Nina, Shizuru y yo nos dirigimos a la cabaña que usábamos para las platicas importantes. Entré primero, me siguió mi esposa, nuestra invitada entró con su andar ese despreocupado que no me cuadraba, y tras nosotras Nina cerró la puerta.

No era ningún secreto que tener sangre de uno de los tres grandes te hacía más fuerte.

Pensaba que, si la hija de Poseidón se nos descontrolaba de la nada, la hija de Hades era nuestra mejor contramedida.

-¿Por qué de repente Poseidón nos manda a su hija?-. No iba a andarme por las ramas.

-Papá tiene un conflicto con Atenea-. Era extraño como ella sí le decía "Papá" a su progenitor divino. -Está tan enojada con él que comenzó a decir en el Olimpo que oculta algo-. Si bueno, enemistarse con la Diosa de la sabiduría no era lo más inteligente que podías hacer, incluso siendo otro Dios.

-Y ese algo eres tú, ¿no?-. Dije de mal humor.

Asintió. -Él… sé que sonará raro-. Rascó su cabeza con nerviosismo. -Él me crio-. Suspiró. -Pero ahora es mala idea quedarme allá-.

Habría sido poco creíble, de no ser porque conocía a otra semidiosa con un caso como ese, si Nina había crecido en el Inframundo, que Arika lo hubiera hecho en el fondo del Océano no era imposible.

-Entonces, Poseidón te sacó de su reino por tu propio bien-. Cuando Shizuru lo mencionó, vi que a Arika le sorprendía que usáramos el nombre de su padre tan a la ligera. -Y necesita que te demos refugio-.

-Exactamente-. Dijo Arika.

Sí bueno, yo sabía porque Poseidón creía que aceptaríamos cubrir su desliz mortal: Por la simple y a la vez compleja razón de evitar otro conflicto entre Dioses, que tarde o temprano terminaría afectándonos a nosotros, sus hijos.

Masajeé mis sienes. -De acuerdo-. No me agradaba la idea, pero, a fin de cuentas, Arika, al igual que el resto de nosotros, no había pedido nacer, y menos ser la descendencia de uno de esos tres. -Pero tendrás que entender que te tendremos vigilada-.

No era lo mismo aceptar a un mocoso que aun adulto con la consciencia y fuerza suficiente para apuñalarnos mientras dormíamos.

-¿Por qué presiento que me vigilará ella?-. Señaló con su pulgar a Nina, que estaba a sus espaldas, recargada en la pared, sin quitarle los ojos de encima.

-Atas cabos rápido-. Shizuru la observaba con esa miradita que desarrolló en nuestros tiempos más oscuros. -Bienvenida al Campamento Mestizo-. Le sonrió, pero algo en su voz le dio a entender que no seríamos tan amables si hacía algo fuera de lugar.

Pensé que lo peor ya había pasado.

Hasta que vi a Arika más nerviosa.

-Papá me dijo que te dijera otra cosa-.

Juré que querría golpear a alguien si me salían con otra de sus profecías.

Respiré hondo, no debía ofender a otro de los grandes, al menos no explícitamente. -¿Qué cosa?-. Dije de mala gana.

-Necesita que forjes un tridente para mí-. Lo dijo muy rápido, atascándose con las palabras, pero Dioses, entendí cada una de ellas.

-¿Por qué armaría a alguien que no conozco?-. Con lo que sabía que podía hacer el Tridente de Poseidón, hacer algo similar para una mini versión de él no me parecía buena idea.

Enfocó sus ojos en los míos. -Es que no lo necesitamos como arma-. Admitió con pesar.

Nina al fin habló. -Tiene demasiado poder-. Como siempre, su tonito sombrío le dio más peso a sus palabras. -Y Poseidón quiere canalizarlo con un tridente-. No estoy segura de si vio a Arika con compasión o con lástima.

-Ok, ok, entiendo-. Crují mis nudillos. -Pero, ¿Qué le hace creer a tu padre que puedo hacer algo como su tridente?-.

Sentí la mirada de Shizuru y la de Nina aplastándome con fuerza, ambas tenían la firme creencia de que sí podía realizar aquella hazaña, y vaya, yo también lo pensaba, pero hablábamos de forjar un arma por demás peligrosa en las manos equivocadas.

-Ponen demasiadas expectativas en mí-. Bufé. -Esa es una tarea para el mismísimo Hefesto-. Dije con sorna.

-O para su descendiente más talentosa-. Shizuru me abrazó por la cintura, acercó sus labios a mi oído. -Pero entiendo porque dudas, podemos comprobarlo-. Asentí con la cabeza, dándole a entender que estaba de acuerdo con lo que proponía.

Shizuru miró a Arika. -Dinos la verdad-. Su embrujahabla entró al juego. -¿Quién quiere el tridente y por qué?-.

-Mi papá, Poseidón, cree que lo necesito para contener mis poderes que han comenzado a descontrolarse-. Hizo una mueca. -Las aguas cada vez se agitan más por mi culpa, las corrientes se invierten cuando estoy cerca, los animales huyen-.

Bueno, eso explicaba en gran parte porque la habían mandado a tierra firme.

-Esto de ser semidioses puede ser un asco-. Negué con la cabeza. -Lo haré-. En mi mente comenzaron a correr las ideas para el trabajo, sería un verdadero reto, pero era necesario para resguardar el poco equilibrio que había entre los Dioses y nosotros.

-Podremos con esto, Natsuki-. Shizuru estrechó mi mano.

-Recordémosle al Olimpo porque lo hicimos temblar-.

No iba a permitir que los Dioses perturbaran mi matrimonio.

FIN DEL EXTRA


Porque la historia de un semidios jamás acaba del todo.

Este fic ha sido de los que más me ha gustado escribir, me ayudó mucho en su momento hacerlo y este año, que ha sido difícil, creí que hacer un extra de esta historia me haría sentir mejor.