El crepitar de la fogata resonaba en el claro rodeado por altos pinos y la luz de las llamas mantenía a raya la oscuridad. La brisa mecía la suave hierba y su murmullo entre las hojas se mezclaba con el del arroyo cercano. El ulular de un búho y las correrías de algún pequeño roedor se sumaban a la natural sinfonía que acompañaba al viajero. En esos momentos terminaba de acomodar los leños para luego sentarse en el suelo y alzar la vista al cielo. Tantas estrellas desplegadas en total indiferencia a lo que sucedía sobre la tierra era una vista que lo hacía reflexionar. Durante siete años las había contemplado preguntándose si la persona a la que buscaba estaría haciendo lo mismo. De esa forma era como si siguieran juntos.

Ya no era necesario que usar la imaginación. El sonido de unas ramas quebrándose a su espalda lo hicieron voltear para contemplar la figura que emergía del oscuro bosque. Llevaba varios días viajando de nuevo con ella, y aun así cada vez que la veía regresar al campamento su corazón se aceleraba. En otros tiempos le había parecido una mujer enorme e imponente, pero él creció y ahora era más alto. Sin embargo ella le inspiraba un respeto y admiración incluso más grandes que cuando era un niño. A pesar de no tener su armadura ni espada, el poder que emanaba de ella era perceptible para un simple humano como él.

Clare avanzó con un semblante tranquilo, observándolo con una pequeña sonrisa, casi una mueca. "Esos hermosos ojos plateados", pensó Raki antes de recordar la razón que la había llevada fuera del campamento. Observó la mano derecha de la antigua número 47 cerrada alrededor del cuello de un faisán. No habían pasado ni cinco minutos de ausencia y ese tiempo le había bastado para conseguir la cena de esa noche. Una cena que en realidad no necesitaba y que solo era una consideración hacia él. Sonrió ante esta idea.

—Lo siento. Tuviste que tomarte esa molestia por mi culpa.

—No seas ridículo —dijo ella—. Lo que cocines durara para varios días así que yo también comeré de eso. De hecho, tengo un poco de hambre. Creo que esta noche cenaremos juntos.

—Eso me gustaría.

Preparar la cena fue una actividad silenciosa pero confortable. Clare desplumó el ave mientras él acomodaba algunas ramas sobre las cuales asarla. Siempre lo hacían durante la noche, cuando era imposible para él viajar por tierras salvajes y estaban forzados a detenerse. Al principio se sintió culpable de ser una carga, pero al ver a Clare tan tranquila recostada contra un árbol o sobre la hierba… Si, había algo reconfortante en hacer esos altos en el camino estando solos. Era diferente al tiempo que pasaron en Rabona tras la batalla con Priscilla. No había otras guerreas o humanos en los cuales concentrarse. Las cosas eran como antes, pero a la vez se sentían más íntimas. No sabía lo que eso significaba, pero le gustaba.

Pasaron algunas horas antes de que el olor de la carne, ahora dorada, llenara el claro. El aroma potenciado con las especias le hacía agua la boca al muchacho. Descubrió con entusiasmo que también había llamado la atención de Clare quien en más de una ocasión había contemplado al ave de reojo. Cosa extraña, pues usualmente no mostraba interés en la comida y se dedicaba a meditar en sus propios asuntos junto a las llamas.

Una vez que todo estuvo listo ella misma tomó una de las alas; tan pequeña que para sujetarla por los extremos solo necesitaba dos dedos de cada mano. Al principio, Raki pensó que era porque no necesitaba mucho para quedar satisfecha. Que había elegido esa pieza en particular, guardando para él los trozos con más carne. Pero a diferencia de otras veces, ella cerró los ojos, casi como si quisiera dedicar toda su atención a lo que tenía entre manos. La vio llevarse el delgado hueso hasta la boca y dar una mordida pequeña como era su costumbre. La carne desapareció tras sus labios y crujió entre sus dientes.

Clare abrió los ojos de repente y las llamas pusieron destellos dorados sobre las plateadas pupilas.

—Delicioso.

Esa palabra resultaba tan extraña viniendo de ella que a Raki le costó creer que fuera pronunciada por la misma guerrera que él conocía. Tanto entusiasmo por algo tan mundano y sencillo como carne asada. Él mismo sabía que no era un cocinero tan bueno, si bien había mejorado durante los siete años que había pasado lejos de ella. Aún así no pudo evitar sonreír de nuevo al ver como Clare seguía comiendo con gusto.

El grito llegó desde lo profundo del bosque, destruyendo el placentero ambiente.

Raki apenas se ponía de pie cuando Clare pasó corriendo a su lado.

—Quédate aquí.

Tras estas palabras desapareció, moviéndose con aquella velocidad sobrehumana que sus ojos nunca serían capaces de seguir. No tuvo que voltearse para saber que se había llevado su espada con ella.