N. de A.: no sé qué rumbo está tomando este fic, hacia adónde va a ir. Puede que sear un WI...?, puede que sea una visión de la saga de Harry Potter desde el punto de vista de Draco, que en algún momento se líen por la cara... o simplemente drabbles que se me van ocurriendo sin sentido y que las suba aquí. Lo importante: acabará en Drarry antes o después.
Capítulo 2.
Es absurdo.
Sin duda debía serlo, o al menos eso pensaba un pequeño Draco Malfoy de once años de edad que, ofuscado, caminaba de un lado al otro en la Sala Común de Slytherin, bajo la atenta mirada de sus compañeros de casa, que no entendían demasiado bien lo que le estaba ocurriendo o, siquiera, si le ocurría algo. Siendo sinceros, ni siquiera el mismo Malfoy entendía del todo qué le ocurría.
Es muy muy absurdo.
Se detuvo un momento frente a uno de los sillones, mirando a los ojos. Para ser más exactos, no le miraba a él, ni siquiera estaba mirando, sus ojos parecían atravesar los del contrario y mirar al infinito tras él, tan centrado en sus propios pensamientos que era incapaz de ver o ser consciente de su mera existencia.
¿Celoso? ¿Yo?
Negó con la cabeza y dio media vuelta, caminando en esta ocasión al lado contrario. Suspirando una y otra vez.
Imposible. ¿El gran Draco Malfoy? ¿Celoso? De un simple... de una simple comadreja Weasley.
Rió de manera seca, casi en silencio, negando nuevamente con la cabeza ante su propia estúpida ocurrencia. Cómo iba un Malfoy a estar celoso de un Weasley o, peor, de una hija de muggles. No, eso era imposible.
Es sólo que... bueno. ¡Potter debería haber sido Slytherin!
Asintió nuevamente, sin dejar de andar de un lugar a otro. Sus compañeros Crabbe, Goyle y Pansy, le miraban extrañados, con miedo a intervenir por si se ponía agresivo o por si le sacaban de algún tipo de trance o sueño en el que había entrado. Los tres, con una ceja alzada, esperando a que el rubio diese señales de vida más allá de andar, asentir y reír como un maniaco de un chiste que se ha contado él mismo.
Sí, ese es el problema. Draco se detuvo en seco, mirando a los tres frente a él, pero sin realmente mirar a ninguno, mirando nuevamente la nada tras ellos Ese maldito Weasley y esa maldita Sangre Sucia han convencido a Potter de ser un maldito león estúpido y le están comiendo el cerebro para que me odie.
Asintió nuevamente, de manera enérgica, haciendo que incluso su engominado cabello rubio se moviese ligeramente y un par de mechones se separasen de su cuero cabelludo. Los miró una última vez, ahora sí a ellos, antes de dar media vuelta y correr escaleras arriba hacia el dormitorio; debía planear la forma de alejar a Potter de esos malditos traidores a la sangre y que se volviese amigo de una persona más indicada en Hogwarts: de él.
Continuará...
