—Please Alex.

—No.

—Alex, please, please, please.

—Que no Alfredo deja de estar jodiendo.

Alfred frunce el ceño en cuánto Alejandro rueda sobre la cama para darle la espalda prefiriendo poner atención al juego de su celular, odia cuando el mexicano actúa indiferente y si no fuera porque realmente necesita un favor de él no seguiría ahí humillándose e implorando por su ayuda

—Hazlo por nuestra amistad Alex… —súplica con un tono más afligido.

Alejandro bloquea su celular, se incorpora sobre el colchón mirando a su amigo de rodillas en el suelo, y esa imagen no le conmueve en lo más mínimo.

—¿Cómo tú le diste importancia a nuestra amistad yendote con ese francés dejando a Matt plantado en su partido de hockey y después a mí durante el partido de fútbol? Fueron nuestras primeras veces como titulares, eran momentos importantes y aunque lo sabías no estuviste ahí —reclama.

Alfred tuerce los labios ante el recordatorio.

—Sólo fue una vez.

—Fueron tres… —el mexicano hace una pausa antes de ponerse a contar usando los dedos —fueron cinco veces burro. Olvídalo, no pienso ayudarte a ponerle los cuernos a tu novio.

Ahí viene el puchero por parte de Alfred, a lo que el mexicano sólo rueda los ojos.

—No es mi novio porque yo quiera y lo sabes.

—Sólo sé que tu familia buscó un compromiso arreglado con los Braginski y da la graciosa casualidad que su hijo resultó ser tu alfa destinado —sonríe burlón —y según escuché entraste en celo tan pronto lo viste —suelta una carcajada al imaginar el bochorno que debió haber pasado la familia Jones con su hijo omega en celo.

—Si entre en celo —reitera Alfred levantándose y empujando a Alejandro esperando que así se callara —pero no me he acostado con ese tipo, tampoco he dejado que me marque, ni dejaré que lo haga.

—Es tu prometido.

—¡Pero conocí primero a Francis! —exclama como si con eso dijera todo —el amor no debe ser sólo un papel e intereses de por medio, el amor debe ser libre, y yo me enamoré de Francis mucho antes de conocer al hijo de los Braginski.

—Bueno si consideras amor a los revolcones que se dan —comenta Alejandro y siente que su amigo le mira feo —puede que Francis despertará tu interés, pero el ruso ese, despertó tu instinto es por eso que son destinados.

—Me importa una mierda lo de los destinados, no me casaré con ese tipo y punto.

—Te comprendo mi amigo —dice poniendo su mano sobre el hombro de Alfred —de cualquier forma no te ayudaré a ponerle los cuernos —tan pronto lo dice toma su celular y retoma la partida del juego ante la mirada ofendida del otro.

Alfred bufa, piensa hacer una rabieta como último recurso para fastidiar a Alejandro y lograr su cometido, no obstante, un mensaje por parte de Francis hace que prefiera dejar en paz al mexicano por el momento.

Alejandro lo ve salir, es como un perro moviendo la cola ante el encuentro con su dueño. Una vez que el rubio cierra la puerta, bloquea su celular y lo deja caer sobre el colchón, después cruza sus brazos detrás de su cabeza mirando el techo, perdiéndose en sus pensamientos.

Aprecia a Alfred, es algo así como un hermano odioso, que a pesar de todo quiere. Comprende que no quiera casarse con alguien que recién acaba de conocer, no obstante, no le hace gracia la idea de ser él quien entretenga al ruso cada vez que al gringo se le dé por irse con Francis. Ahora que se pone a reflexionar en ello, comienza a sentir pena por el hijo de los Braginski, siendo que también fue comprometido con un desconocido, que no lo quiere y trata de evitarlo desde el día que se conocieron, cabe mencionar que se trata de su destinado.

¿Las leyendas de alfas y omegas serían ciertas?

¿Iván estaría sintiendo el rechazo de Alfred? ¿Sufriría por él?

—'Pos quien sabe —murmura mientras sus párpados se cierran.

Alfred no parece muy afectado por esa cosa llamada: destinados. ¿Por qué el ruso habría de estarlo?

*::*::*::*::*::*::*::*::*

Su primer encuentro llega dos días después.

Alejandro regresa corriendo a su dormitorio en busca de sus zapatillas deportivas que olvidó guardar en su mochila, el entrenamiento empieza en quince minutos y tendrá que correr por medio campus para llegar aunque sea con retraso. Está sentado sobre la cama atando los cordones cuando su celular recibe una llamada, él contesta poniendo el altavoz mientras termina de atar el nudo.

—Ah, ah, umn, ah —.Oye al otro lado de la línea y la piel se le eriza de disgusto.

—¡Madres! ¡pinche gringo! ¡¿Por qué carajos me marcas cuando te están empalando contra el piso, eh cabrón?! ¿Sabes qué? olvídalo, no te...

—¡Ju… just wait, Alex! ¡No me cuelgues, estoy en celo!

—No, cómo crees, yo creí que le estabas cantando a la virgen.

Sin ganas de seguir escuchando, termina la llamada, guarda su teléfono en el bolsillo de la sudadera y sacude su cabeza para alejar cualquier tipo de imagen perturbadora que incluya al gringo, luego sale de la habitación a toda velocidad para llegar a su entrenamiento. Tan pronto da dos pasos veloces, rebota contra alguien que lo tira al suelo de nalgas.

Enojado por cada contratiempo levanta la cabeza listo para insultar a quién provocó su caída, sin embargo, termina topándose con el tipo más enorme que ha visto en su vida. Se asusta al pensar que incluso Ludwing es más bajo (sólo un poco) que ese sujeto.

—Privet, ¿eres el compañero de cuarto de Alfred?

Alejandro asiente repetidamente, hay algo en el ambiente que lo hace sentir abrumado, pareciera que le han cortado la lengua ya que no ha podido pronunciar palabra alguna. Se levanta del suelo, impresionado por los varios centímetros de más que tiene el otro. Una vez que lo mira detenidamente lo encuentra bien parecido, la piel blanca, el cabello rubio platinado, los encantadores ojos violeta. Si acaso la nariz está un poco más grande de lo que le gustaría, pero fuera de eso, ese gigantón de hombros amplios le parece sumamente atractivo.

—¿Puedo pasar? —pregunta el ruso señalando la puerta de su habitación.

El mexicano se hace un lado mirando como el gigantón entra a la habitación que comparte con Alfred. Olvidando por completo su entrenamiento le sigue.

—¿Tienes algún asunto pendiente con Alfredo? —pregunta mientras ve al otro buscar a alguien con la mirada —porque si es así, te aviso que no está.

—Me llamo Iván Braginski, soy el alfa comprometido con Alfred.

La boca de Alejandro se queda abierta, en lo que su cerebro comienza a procesar la información.

Ese tipo fue a buscar a Alfred.

Ese tipo es el alfa destinado a Alfred.

Y Alfred. Está en celo.

Según los rumores, un alfa destinado debería ser capaz de percibir cuándo su compañero está listo para el apareamiento. Pero cuando Alfred le llamó parecía que estaba disfrutando del celo con Francis. Por lo que la llamada en sí, ¿Era para advertirle que Iván iría a buscarle? ¿O era para pedirle que lo entretuviera?

Al mexicano le comenzó a salir humo por las orejas de tanto pensar.

—¿Sabes dónde está? Es urgente que lo encuentre rápido.

—No, no sé donde está.

Alejandro le vuelve a ver fijamente, el alfa ruso está disgustado y pierde ligeramente el control sobre sus feromonas, un sutil aroma a bosque y alcohol llega a sus fosas nasales, su instinto cosquillea en su espina dorsal, y él casi ronronea por el suave olor a excitación que Iván intenta ocultar, así que eso es lo raro que siente en el ambiente. Las feromonas de un alfa que está entrando en celo, le sorprende lo penetrantes que son, siendo que él no está necesitado de un alfa en ese momento y que Iván está así por otro omega.

Alejandro no está muy interesado en encontrar una pareja, o alguien con quien pasar el celo (ni siquiera un beta), después de todo viene de una familia conservadora, que si bien no considera los temas del celo como un tabú los tocan de una manera tosca y bastante gráfica, haciendo ver el acto sexual como algo más burdo de lo en realidad es, cosas como que el omega pierde la cordura y queda "tonto" durante el acto, el agudo dolor del anudamiento en su recto, las mordidas en el cuello que se salen de control y han llegado a matar a unos pocos omegas, el salvajismo del alfa con su pareja; son detalles que lo marcaron de niño.

Una vez siendo adolescente supo por sus amigos omegas más precoces que no siempre es así e incluso le llegó a despertar curiosidad el ser acompañado durante el celo, sin embargo, en su mente siempre se quedó la espinita de que pasaría si terminaba con un alfa abusivo por culpa del celo. No desea terminar embarazado, si eso pasara su familia haría lo posible para que se uniera en matrimonio, y tampoco está preparado para andar cuidando "morritos". Sabe que existen los anticonceptivos, cosas que siempre le recalca el desvergonzado de Alfred, aún así, su familia se adelantó en meterle el miedo de que no siempre sirven esos métodos, su madre le había dicho que él nació incluso a pesar de que ella se cuidaba para no embarazarse, ¿qué clase de remedio usaba? Nunca lo especificó pero eso fue suficiente para que él no quisiera arriesgarse en el acto sexual.

Para su suerte, a pesar de ser un omega realmente no tuvo problemas con su celo. Siempre fue alguien regular en su ciclo y a diferencia de otros el suyo solamente dura por dos días, los supresores siempre funcionan bien en él, después de todo consume de los más fuertes, además de que son de un tipo especial que le provocan sueño durante la mayor parte del día, se despierta sólo para comer e ir al baño pero el calor en su cuerpo no es tan fuerte por los supresores. La única queja que tendría es que debe lavar las sábanas manchadas.

La única vez que consideró salir con alguien fue cuando conoció a Ludwing, aquel sujeto tiene presencia y siempre le ha parecido alguien decente, desafortunadamente ya está enlazado a otro omega. Desde entonces no se ha interesado en alguien más hasta el día de hoy.

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Iván no está en una situación mejor, es consciente de que su omega destinado no lo quiere, de que siempre tiene una excusa para evitarlo, él no ama a Alfred, apenas lo conoció hace unos días, eso no quita de lado la sensación de que su orgullo como alfa ha sido golpeado dejándole una gran decepción, había estado emocionado de conocer a quien su instinto señalara como su pareja, sus altas expectativas le hicieron creer que se trataría de alguien que lo recibiría con los brazos abiertos y que se conectarían a la primera como los rumores decían.

Pero no fue así.

El sentirse despreciado por alguien a quien anhelaba conocer, además de lastimarle, le hace enfadar, le disgusta sentirse caliente por alguien que no quiere verlo, le mortifica sentir ese impulso de ir a calmar a un omega en celo que está seguro que se esconde de él.

—¿Piensas esperarlo? —le pregunta aquel chico de quién no sabe su nombre —quiero decir, voy retrasado en mi entrenamiento y…

—Da, si no te molesta esperaré aquí un momento más.

—Yo que tú esperaba sentado —susurra aquel chico en su idioma pero como Iván no sabe español no logra entenderlo.

—Por cierto, ¿cuál es tu nombre? —el chico se le queda viendo un tanto sorprendido de que le preguntara.

—Alejandro para servirte —contesta luego de un rato con una sonrisa con hoyuelos.

—Ah, Sasha.

—¿Cómo? Mi nombre es Alejandro, no Sasha —corrige.

—Así les decimos en Rusia, Sasha es un diminutivo de Alejandro —explica, aún así percibe que el mexicano se le queda viendo con algo parecido a la desconfianza, por alguna razón parece no gustarle el apodo.

—De acuerdo ruso, puedes esperar aquí, cuando te vayas cierra la puerta.

—Pareces muy seguro de que no estaré aquí cuando regreses —dice y Alejandro se le queda viendo sin comprender qué quiere decir —Alfred está en celo y pienso ayudarle a aliviarlo, ¿estarías cómodo de regresar aquí? No es que te esté corriendo de tu propia habitación, pero te agradecería mucho si nos dejas unos días a solas, creo que sería mejor que te llevaras algo de ropa ¿no crees?

—Ah, bueno. Tienes razón, que pendejo —ríe con evidente nerviosismo —parece que en definitiva no podré entrenar hoy —dice luego masculla algo con notable enfado pero no logra entender algo más que las palabras "pinche gringo".

Iván tan sólo lo está probando, quiere ver que tanto va a mantener su mentira de "no sé nada" para cubrir a Alfred. Aún así, el chico actúa más raro de lo normal, percibe un temblor en sus piernas, sus manos igual de torpes sacan un montón de ropa al azar de un cajón para luego tomar una mochila de la que se salen varios libros y bolsas de basura regándose por el suelo.

Continuando con su acto de buen alfa que sólo espera a su prometido como un imbécil, Iván se acerca para ayudar a recoger las cosas, es ahí cuando ambos estiran sus manos al mismo tiempo para recoger un cuaderno, la enorme mano de Iván se posa sobre la de Alejandro, tan pronto la toca puede sentir su calor, debido a su experiencia sabe que no es un calor normal, es entonces que percibe un olor que hasta hace poco había sido opacado por el suyo propio, el dulce aroma de un omega excitado.

Por supuesto que el compañero de Alfred también sería un omega. ¿Cómo pudo pasar eso por alto?

Alejandro separa su mano rápidamente de la de él y termina de guardar sus cosas. Se dirige a otro cajón del que saca un frasco de pastillas e Iván sabe que esta es su oportunidad, da dos pasos largos y le arrebata el frasco con tanta facilidad que no puede evitar sonreír.

—Oh vaya, no tome en cuenta que también eres un omega, no quise alterarte con mis feromonas perdón por ser tan desconsiderado —su disculpa es tan falsa que casi suelta una risilla —pero sabes, lo cierto es que en este momento realmente me cuesta controlar mis feromonas, necesito encontrar a Alfred para que los dos podamos calmarnos, así que, te lo preguntaré una vez más Sasha. ¿Dónde está?

Para su sorpresa, recibe una cara llena de ira por parte del mexicano, esa cara que con una sonrisa se veía radiante ahora no es más que una cara arrugada y fea. Alejandro sin dudarlo se lanza contra él, pega un par de brincos para alcanzar el frasco que tramposamente sostiene en alto, las temblorosas piernas del mexicano ya no tienen tanta fuerza por lo que Alejandro tira de la camisa del ruso en un intento de sacar un impulso. Iván quien inicialmente estaba frustrado, encuentra divertida la situación, fastidiando a otra persona que desafortunadamente terminó involucrada en algo que no le incumbía.

El gusto le dura poco, un dolor recorre los músculos de su cuello, brazos y hombros, aparte de eso pequeñas punzadas de dolor aturden su cabeza. La migraña apenas empezaba. Iván pierde el equilibrio, cae al suelo con el chico encima quién le sonríe con burla luego de finalmente poder alcanzar su mano; a pesar de eso se rehúsa a perder, así que aprieta el agarre de sus dedos con fuerza mientras Alejandro hace lo que puede por arrebatarle los supresores.

—¡Ya es suficiente! —espeta Alejandro —¿dices que quieres aliviarte a ti y a Alfred? Lamento decepcionarte príncipe azul pero, se te adelantaron —el mexicano se ha rendido con el frasco y ahora se eleva con el poco orgullo que le queda sobre Iván —¿dónde está? la verdad no lo sé, ni me interesa, pero sí sé que está pasando su celo con alguien, y sé que ese alguien no eres tú —sentencia e Iván frunce las cejas —¿estás… estás molesto no?... la verdad no te culpo... yo también lo estaría, pero oye no te lo tomes personal… —A estas alturas es demasiado obvio que el mexicano tiene la respiración errática e inconscientemente está frotando con suavidad su entrepierna contra el largo muslo del ruso —¿por qué no haces lo mismo? Deberías engañarlo también.

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Alejandro puede sentir su pecho desinflarse y luego llenarse de nuevo de esas estimulantes feromonas alfa, el suave olor a alcohol mezclado con madera le hace sentir mareado pero a la vez le incentiva a seguir llenando sus fosas nasales hasta embriagarse. Pero no debe ceder, tiene que controlarse, a pesar de que ya sienta húmedo su trasero, a pesar de que quiera frotar su entrepierna con rudeza contra la pierna del otro hasta que su mente finalmente deje de funcionar, debe mantenerse cuerdo y hacer que ese tipo se vaya, es por eso que ha dicho aquello con tanta crudeza, porque quiere alejarlo no importa si lo hace sentir mal, Iván no tiene nada que hacer ahí, es injusto por parte de Alfred no encararlo para decirle la verdad, y él no quiere ser quien pague las consecuencias de eso.

Es mejor que ese alfa necesitado busque a alguien con quien aliviarse así como lo hace Alfred. No obstante, esa no era la forma de decírselo, cualquiera malinterpretaría sus palabras que sonaron demasiado sugerentes e Iván cayó en ese error.

A Alejandro se le eriza la piel de placer cuando siente las manos del alfa tomarlo de la cadera mientras frota su pierna contra su parte inferior, no es un roce sino la firme fricción que deseaba.

—¿Te parece bien que tú como amigo de Alfred sea quien me sugiera eso? —Iván le da una mirada voraz, siente la necesidad de exponer su cuello, pero lucha contra ese instinto, no entiende cómo es que la situación se está yendo justamente por donde no quiere.

—No veo lo malo con ser sincero, Alfredo no regresará hasta que su celo termine y es mejor que sepas la verdad, no hay necesidad de que lo esperes cuando puedes aliviarte con otro omega ¿no? —dice e Iván le dirige una extraña sonrisa que no sabe interpretar —así que ya sabes como son las cosas, vete y déjame en paz.

El ruso finalmente deja escapar una risilla, Alejandro traga saliva cuando de repente siente que las grandes manos del alfa acarician su trasero sobre la tela lisa de su short moviendo sus glúteos de manera obscena además de estrujarlos.

—¿Irme? ¿Por qué habría de irme cuando ya estoy en mi límite y tengo frente a mí a un omega que también necesita ser aliviado?

Una de las manos de Braginski desciende delineando en medio de los glúteos sintiendo la humedad debajo de la ropa, sin embargo no se detiene a jugar con la entrada del omega, sigue su recorrido hasta llegar a los testículos los cuales acaricia juguetonamente, Alejandro a penas puede contener un gemido en su garganta, se deja caer sobre el pecho del alfa ocultando su rostro excitado por el contacto.

—¿Te gusta aquí Sasha? —cuestiona el ruso, ahora presionando sobre la entrada del omega mientras sigue jugando con sus bolas.

—¡E…es…. espera! —grita Alejandro, no está seguro de dónde saca las fuerzas pero logra empujarse a sí mismo lejos de aquel peligroso sujeto, se echa hacia atrás hasta chocar contra la cama, por más que trata de inhalar aire para refrescarse, siente que se ahoga, su omega le grita a todo su cuerpo que se lance de nuevo hacia el alfa que tiene delante por la necesidad de su toque. Aun así se niega a hacerlo. Es la primera vez que está en una situación así, no puede evitar sentirse nervioso, nunca antes había estado tanto tiempo consciente en su celo, por lo que no está seguro de que hacer. Nota que Iván le mira con sorpresa todavía sentado en el suelo, esperaba sentirse intimidado por esos ojos violeta que aún le miran ávidamente, sin embargo, se siente halagado ante tanta atención de aquel alfa.

—¿Tienes pareja? —Iván pregunta, a lo que niega con la cabeza —¿estás guardándote para alguien entonces? —vuelve a preguntar, a lo que niega otra vez —entonces, ¿por qué me rechazas tanto? ¿No has sido tú el que me ha insinuado que engañe a tu amigo?

—Sí, así es, pero no conmigo —responde, su cabeza se recarga sobre el colchón, el frío edredón no tarda en calentarse contra su frente —al menos, invítame un café primero.

No es un buen momento para hacer un chiste pero no puede evitarlo. El ruso no dice nada por un momento, aquello lo intranquiliza aún más y se atreve a mirarlo de reojo, el alfa está cabizbajo, parece decepcionado, tiene la respiración agitada y gotas de sudor en su frente, definitivamente no la está pasando mejor que él. Curiosamente sus feromonas parecen cambiar, ya no las percibe tan abrasadoras como antes, poco a poco se vuelven más ligeras, como si se enfocaran en reflejar su estado de ánimo.

Su omega se sorprende al percibir cierta dolencia, es la primera vez que presencia un sentimiento de debilidad en un alfa. Su omega interior se vuelve a retorcer esta vez impulsado por la necesidad de consolar al otro.

—Deberían deshacer su compromiso —es lo primero que se le ocurre decir —no es personal pero, dudo que funcione lo tuyo con Alfredo, él está interesado en alguien más y no creo que lo deje por ti.

Iván sonríe derrotado.

—El compromiso no es el único problema, no sé como dejar de escuchar su llamada de apareamiento. De hecho es algo… doloroso.

No puede escuchar lo último que dice el ruso, pero supone que es algo agobiante.

A pesar del cambio de atmósfera, Alejandro puede notar el bulto en los pantalones de Iván lo que le hace sentir un cosquilleo en su vientre.

—Pinche Alfredo, ya nos jodió a ambos, a ti con lo de la llamada de apareamiento y a mí, dejándome expuesto con un alfa que no conozco.

Su voz disminuye conforme habla. De pronto Alejandro escucha rodar algo sobre el suelo, ve la botellita de vidrio color café con supresores ir a su dirección, la agarra con prisa temiendo que le sea arrebatada de nuevo, destapa el envase listo para ingerir más de la dosis preestablecida.

Pero no lo hace.

Deja la botellita sobre el buró y se pone de pie, camina hacia el alfa que está sentado sobre el suelo recargando su espalda en la otra cama de la habitación. El corazón de Alejandro late rápido, con miedo y excitación mientras sostiene la mirada confusa pero intensa de los ojos violáceos. Entonces se deja caer abruptamente sobre las piernas del ruso dejando que sus feromonas se esparzan con furia por la acción, su respiración se vuelve lenta y caliente, de hecho tiene sus labios abiertos para poder aspirar el aire que siente que no entra por la nariz.

—¿Qué sucede Sasha?

La voz de Iván acaricia con suavidad sus tímpanos, casi le hace exponer su cuello de nuevo, el ruso no tarda en abrumarse por su afrodisiaco olor a coco, e incluso acerca sus labios a los suyos.

—¿Tienes condones cierto?

—Da, aunque creí que querías que saciara mi celo con otro omega.

—Debiste hacerlo cuando aún podías salir de aquí.

Alejandro se lanza sobre los labios de Iván, con besos torpes pero desesperados, siente las manos del ruso apretarle de la cadera para juntar más sus cuerpos.

Siempre se había contenido por las historias burdas de su familia, se avergonzaba de ser un omega, de tener el celo como si fuese un animal, es por eso que, desde que su celo inició a los dieciséis años estuvo tomando supresores especiales para no tener que verse actuar como un ridículo omega necesitado. Nunca se lo dijo a nadie, pero siempre envidió a aquellos omegas que presumían de pasar su celo con otros, también envidiaba la relación de Alfred con Francis.

¿Por qué estaba tan seguro de que un alfa o un beta le verían con repulsión cuando entrara en celo?

¿Cómo es qué Alfred y otros omegas no tenían ese miedo de que alguien los viera con asco al lubricar por el recto, al suplicar por una verga, al actuar como algo menos que un humano normal?

Su omega que siempre ahogó con supresores ahora está rebosante de energía y libertad, seducido por un alfa que recién acaba de conocer y que nunca será suyo porque ya encontró a su destinado.

—Eres malo en esto Sasha —Iván dice luego de separarse del beso, Alejandro instintivamente vuelve a acercarse necesitado de más a lo que el ruso lo agarra del mentón con algo de brusquedad, después introduce su pulgar para acariciar su lengua —¿no has hecho esto antes cierto?

Alejadro niega con la cabeza y un corto gemido se escapa de su garganta, un hilo de saliva desciende por su barbilla, mientras una sonrisa se extiende en el rostro del ruso.

—No seas tan apresurado —Iván le da un corto beso que termina con una mordida lenta—si es tu primera vez, tienes que disfrutarla ¿da?

Alejandro asiente atontado por la excitación del momento con sus labios tan cosquilleantes de deseo que parecen arder por el beso anterior, su omega está extasiado por la atención del alfa.

*::*::*::*::*::*::*::*::*

A Iván le habría encantado ser más rudo con sus movimientos, ser más apasionado con sus besos, pero debido al dolor sobre los músculos se ve limitado, la migraña que amenaza con quedarse también lo limita, pues las náuseas pueden aparecer y no quiere arruinar el momento.

Atribuye dicho malestar a que todavía no responde la llamada de apareamiento de su destinado, así fue como se sintió la primera vez que Alfred entró en celo delante suyo y no se le permitió tocarlo. Ahora que está en una situación similar, intentará aminorar esa sensación engañando a su instinto.

—Levántate un poco.

Ordena para deslizar el short junto a los calzoncillos del omega, las largas calcetas blancas es algo que nunca había visto antes en sus anteriores acompañantes pero le gusta su apariencia por lo que no piensa quitarlas.

—Sigues tú.

Ante la sugerencia de Alejandro, Iván se desabotona la camisa, le agrada la mirada tímida pero curiosa que le da su compañero. Han sido contados los que le han dado esa mirada deseosa.

—Puedes tocar sin miedo.

Casi fue un alivio el roce del mexicano sobre sus hombros para retirar la camisa y la bufanda, sus feromonas emergen mansas besando el instinto del omega instando a que el toque antes cohibido sea más atrevido, las manos deslizándose sobre sus hombros, bajando por su pecho y abdomen parecen suavizar el dolor.

—Tócame más —pide en un susurro Iván antes de volver a besar con suavidad a Alejandro.

Los cortos gemidos de satisfacción del omega ayudan a alimentar su lívido. Más tarde que pronto, el beso se rompe para que ambos puedan levantarse. El ruso sentado sobre la cama, gira el cuerpo del otro, alza la playera y separa las nalgas, un líquido translúcido gotea de la entrada del omega hasta caer al suelo, puede sentir al cuerpo tensarse.

—No voy a mentirte esto será incómodo, pero si te relajas no tardarás en disfrutarlo.

—Sólo no me mires demasiado y haz lo que tengas que hacer.

—Quiero que te toques.

—¿Cómo así? —el moreno gira su rostro para verle, el rubor en sus orejas y mejillas embellece su pudor.

—Tócate —repite.

El mexicano vuelve a girar su rostro hacia el frente, luego con algo de bochorno empieza a masturbarse.

Es entonces cuando el pulgar del ruso se resbala al interior, es estrecho, húmedo y caliente, Alejandro da un pequeño brinco, más no deja de masturbarse. El pulgar entra y sale, cuando está completamente mojado es reemplazado por los dedos índice y medio. Iván se divierte mirando como las rodillas de Alejandro se doblan cuando toca su punto más sensible y sus caderas también se inclinan hacia él; al dirigir su mirada a los glúteos redondos de chocolate que tiene delante no puede resistirse a ellos, no se molesta en avisar, con su mano libre sujeta la cadera y se acerca para clavar sus dientes a uno de ellos.

Alejandro grita. Su semilla se libera de su miembro debido a la inesperada mordida.

Iván no puede evitar reírse cuando es mirado con reproche, la tensión en su cuerpo ha disminuido otro poco mejorando su humor. Le da una nalgada al mexicano, saca un condón de sus pantalones para luego terminar de desvestirse.

*::*::*::*::*::*::*::*::*

A pesar de que terminó antes, Alejandro se sorprende de que su entrada sigue goteando, el calor no se ha ido, experimentar por primera vez el celo le sigue pareciendo confuso y sofocante. Escucha unos ruidos raros a su espalda, mira por el hombro discretamente al alfa colocarse el condón, se había olvidado de ese detalle.

El alfa le retira la playera humedecida junto con el paliacate rojo que rodea su cuello, esta vez no puede evitar exponer su cuello protegido por el collar para omegas. Iván se sienta con él encima y lo llena de besos cerca de la oreja, Alejandro suspira por más atención, siente que una de las manos del ruso serpentea por su espina dorsal y la sangre despierta a su miembro.

Hay algo que se frota entre sus nalgas, es grueso y duro, ya sabe que es, aunque no tiene idea de si es de los grandes debido a su inexperiencia, aunque tampoco importa demasiado, lo quiere dentro, su entrada se contrae con anticipación es doloroso.

El alfa lo sujeta por el interior de las rodillas para elevarlo y susurra con voz ronca.

—Pronto serás uno conmigo Sasha.

Alejandro jadea, el apodo que antes no le gustó de alguna manera le empieza a parecer érotico.

El miembro de Iván se desliza en su interior, es diferente a tener dos dedos pero el esmero que le puso el alfa en estimular su entrada ayudó a que no fuese una sensación demasiado incómoda. Alejandro gime entrecortado cuando la pelvis del ruso empieza a chocar contra sus nalgas, intenta moverse también pero es demasiado inexperto e inseguro para la posición en la que se encuentran, siempre pensó que su primera vez sería con su pareja encima.

Termina recargando su espalda sobre el amplio y húmedo pecho del ruso, su omega interior se enorgullece cuando siente la temperatura del otro, está así por él, no por Alfred, a quien está tocando y llenando de besos es a Alejandro, a Sasha. Sus pensamientos pervertidos aumentan su placer, tiene que llevarse una mano a la boca para evitar gemir demasiado fuerte.

—¿Por qué estás callado?

Ante la pregunta, responde como si fuera un tartamudo.

—Estoy bien. Tu sigue, con lo tuyo

—Puedes gemir si quieres, me gustaría oírte.

—No quiero gemir burro.

Los golpes de Iván dan justo en la zona erógena del mexicano quien, suelta un grito entrecortado.

—¿Seguro que no quieres hacerlo? Nadie va a oírte, y si lo hacen no tienen por qué reprocharte algo.

—Por favor, no insistas.

—Si alguien te recrimina algo me dices —la voz susurrante en su oído le provoca un delicioso cosquilleo en su espalda baja —y yo me aseguraré de que no vuelva a hablar.

Alejandro se corre sin previo aviso, sus entrada aprieta al miembro de Iván provocando que también termine de manera abrupta pero satisfactoria.

Alejandro siente el pene de Iván salir de su interior con un placentero alivio, después es recostado sobre la cama. Se incorpora un poco y mira que el ruso se está poniendo otro condón. Se muerde el interior de la mejilla por la vergüenza que le provoca decir la siguiente frase.

—No sé gemir, no se me da.

—Me alegra tu honestidad Sasha, pero no te preocupes que eso lo arreglamos hoy.

—¿Qué?

—¿Da?

*::*::*::*::*::*::*::*::*

Alfred se encuentra desnudo echado de lo más perezoso en medio de las piernas de Francis, tomando fotografías del perfil griego de su bello y preciado amante. Por su parte Francis no duda en posar para la cámara, incluso con su cabello a medio peinar se ve atractivo y como buen vanidoso lo sabe.

Están tomando un breve descanso después de la ducha. Además de que aún no se han decidido qué juguete usarán para la siguiente ronda.

Una que no llegará.

De una manera repentina, Alfred empieza a sentir oleadas de escalofríos recorrer su cuerpo, lo cual es raro debido a que el verano de este año es uno muy caluroso más el calor por el celo, no debería haber cabida para el frío.

—¿Sucede algo mon ami?

Francis le mira con preocupación al notar el temblor en sus brazos.

—Si, sí —su respuesta es lenta —¿quizás sea el celo? —las palabras empiezan a arrastrarse en su lengua.

Francis le quita el teléfono, cuando sus dedos rozan la piel de Alfred no puede evitar espantarse. Está ridículamente frío, justamente cuando hace unos minutos estaba ardiendo por el celo.

¿A qué se debía ese cambio tan radical?

*::*::*::*::*::*::*::*::*

El pulsátil dolor en su cabeza ha disminuido a tal punto, que le permite disfrutar mejor del omega debajo suyo. Sus manos no parecen cansarse de recorrer la piel morena, de fundirse en su abrasador calor, se da el lujo de chupar los botones de chocolate erectos de placer; Alejandro parece haber perdido algo de su pudor en la ronda anterior, ya que su voz sale con más confianza cuando pasa la lengua por la punta de su pequeño botón.

El dulce olor a coco tostado, pareciera ser la cura para su malestar, por eso, tiene que dejar en paz los pezones para olfatear la zona del cuello que es donde abunda ese bendito aroma sanador que lo prende, lo hace olvidar todos sus problemas. Pasa sus dedos por la nuca del omega y jala de sus cabellos para que exponga más el cuello. Ahí está, otro melodioso gimoteo de su parte.

Sus estocadas son más rápidas, apoya su brazo sobre el colchón para sostener su peso mientras mira fijamente los ojos del mexicano, tiene una mirada azorada de placer al igual que la suya, sus mejillas brillan hermosamente ruborizadas y su flequillo cae hacia atrás húmedo mostrando su frente, es tan hermoso.

Lo besa.

Sigue entrando y saliendo de él.

Lo escucha gemir.

Y cuando ambos terminan, se miran con complicidad sabiendo que repetirán hasta que ya no puedan más.