Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Naoko Takeuchi y yo solo los uso para desahogar los traumas de mi infancia.

Este es un fic especial, de esos que no hago para no tambalear por el camino del bien y la decencia personificada en Mr. Furuhata. Pero más que nada es especial porque es un regalo de cumpleaños para Litakino1987. No hago esto por cualquiera, aunque me trates tan terrible, ojalá te de pena. (Y te guste el fic XD) Feliz Cumpleaños!

Tú me gustas.

El sol pasa a través de los amplios ventanales del lugar, una luz cálida de final de tarde, de tonos naranjas y rosados que anuncian la noche por venir. Son las cinco y treinta y dos minutos. Ella se acerca.

Él sonríe cuando se descubre mirando el reloj por centésima vez en el día, está nervioso, expectante, impaciente. "Vamos Furuhata, tú no eres así" se dice internamente mientras toma un pedazo de tela y limpia también, por centésima vez, el recibidor.

La puerta se abre y su corazón se sobresalta. Ha perdido un latido mientras intenta girar con calma para ver quien ha llegado. No, no es ella, pero casi.

-¡Hola Amy! Bienvenida, ¿Quieres algo de beber?

La dulce chica de cabellos azules le sonríe mientras le pide un té con limón, lo de siempre. Ella es la más puntual de todas, por lo que significa que el resto estará ahí en breve. Él no puede aguantar la emoción.

Mientras se gira para servir la bebida la puerta vuelve a sonar, no necesita mirar para saber que no es otra que Rei Hino y desde luego, Serena. Los gritos que la primera le profiere a la otra se han escuchado desde dos cuadras atrás. Andrew sonríe, esas dos son tan amigas que no pueden dejarse en paz ni un segundo.

Salen dos malteadas, una de fresa y la otra de vainilla.

Las tres chicas se acomodan en la parte de atrás del Crown. Está vacío, apenas es la hora en que comenzará a llenarse con los estudiantes de preparatoria que buscan relajarse un poco. Él debió terminar su turno, lo haría cualquier otro día en la semana, pero siendo jueves decidió quedarse. Ellas venían todos los jueves, él quería saludarlas.

Se seca las manos en el delantal. Cada minuto que pasa esta más nervioso que el anterior, más emocionado. "Contrólate Furuhata" vuelve a regañarse, pero su sonrisa lo delata.

Hace una semana que espera este día más que cualquier otro. No ha dejado de soñar con ella, de pensarla. Sus ojos han vivido aferrados a esa puerta esperando que entre y poder hablarle. Se burla de sí mismo porque se creía demasiado maduro para un juvenil de esa magnitud, pero por lo visto se equivocaba.

Y todo era por ella, esa hermosa chica de ojos verdes.

-¿Andrew? ¿Me oyes?

¡Lo ha pillado dormido en sus anhelos! El chico brinca notoriamente antes de volver en sí y toparse de lleno con la mirada esmeralda que había estado soñando unos segundos atrás. Es todavía más bella de lo que recordaba, sobre todo cuando es endulzada por esa sonrisa liviana y esas mejillas en tintes rosados que ha provocado su exabrupto.

-¿Estás bien? -preguntó de nuevo, él terminó de reaccionar.

-¡Oh, hola Mako. ¡Sí, perfecto!

Ella sonríe aún más, él se pierde otra vez.

-¿Puedes darme un...?

-Té con leche—responde presuroso. Ella incrementa una vez más el rojo de su rostro mientras asiente con la cabeza.

-Bueno, -balbucea—, estaré allá con las chicas, vuelvo en un momento.

-¡Mako espera! -él se anima. El corazón se acelera al grado de sentir que saldrá por su camisa. La chica se detiene y lo mira, hay algo de vacilación en su rostro.

-¿Seguro que estás bien? -investiga.

"¡Vamos Furuhata!" se grita. "Eres un estudiante de universidad y ella una chica de preparatoria, eres capaz, déjate de dramas." se reprende de nuevo. Respira. No es fácil, sobre todo después de su último desastre amoroso. No quiere recordarla, quiere enfocarse en ella, en la dulce chica que alguna vez lo persiguió y que ignoró. ¡La vida da muchas vueltas!

-Son lindos tus aretes—dice. La tierra debería tragarlo ahora.

-¡Oh, gracias! Me gustan mucho también.

Toma valor y se inclina sobre la barra. Agradece a Zeus (sin saber todo lo implícito en ello) porque esa chica es alta, aunque no tanto como él. Se acerca y toma uno de los sarcillos entre sus dedos, rozando levemente la piel de su oreja. A esa distancia la puede ver erizarse, puede ver más intenso el rojo de su adorable inocencia, puede ver mejor sus ojos como joyas hermosas e incluso, puede sentir su cálido aliento tan cerca de él.

"¿En qué momento me acerqué tanto?" se pregunta sin atinar a moverse.

-¡Hey, ustedes dos! -gritan desde la puerta. Andrew salta hacia atrás y Makoto se agarra el rostro, apenada. Darien entró en un momento crucial, Andrew anota mentalmente asesinarlo. El moreno puede darse cuenta en el rostro de su amigo que ha cometido un error, pero es tarde para remediarlo. Ella está por irse, casi ha brincado un metro.

-¡Espera! -grita el rubio, un último intento. Makoto gira y sonríe nerviosa-. ¿Azúcar en tu té? -La castaña frunce el ceño con notable decepción, pero se recupera rápidamente y niega con la cabeza. Luego se va, atendiendo el llamado de sus amigas en el rincón.

-¿Azúcar en tu té? -repite Darien con saña, Andrew comienza la lista de maneras de deshacerse de él.

-¿Qué quieres de mí? ¡Eh perdido práctica! -reniega mientras pone manos a la obra. Darien lo mira con condescendencia en los ojos.

-Lo siento. -admite vagamente mientras se recarga de espaldas a la barra y ve a su novia recibiendo a la ojiverde-. ¿Ya no piensas que son como tus hermanas menores? -agrega con renovada burla. Andrew le sirve un café demasiado caliente para beber. Él se entera tarde.

-No veo porque te importa ahora si no te importó antes—responde mientras le entrega una servilleta en símbolo de paz.

-Bien. Hagamos esto, invitaré a Serena por un helado, ¿Por qué no vienen ustedes también?

Andrew se recarga con los codos en la barra y la observa. Es tan linda bajo la luz del atardecer, con su sonrisa tan sincera y radiante que pudiera doblegar a la naturaleza misma. Claro que quiere, lo desea.

-¿Harías eso por mí?

-¡Por supuesto! Ahora, le diré que venga por su té y tú le pides que salga contigo. Donde le ofrezcas crema yo mismo te golpearé hasta el cansancio.

Andrew rio con nerviosismo, pero con la decisión emanando de él. Esa noche comería un helado con ella en el parque y le robaría el primero de todos sus besos, solo que aún no lo sabía.