Capítulo uno
Nunca había sido en especial religioso: no tenía el tiempo para dedicar a aquellas tonterías, ya que solamente quería formar un imperio. Sin embargo, ahí estaba Sesshomaru en camino a un templo tan lejano que ni siquiera había una aldea cerca: solo sabía que debía recoger un obsequio que su madre había preparado para Kirinmaru.
Normalmente no acudía a los pedidos de su madre, pero supuestamente si cumplía con la entrega del regalo, podría obtener a cambio algo que le fuera útil para formar su imperio. Además, las relaciones con el antiguo amigo de su padre no estaban siendo cordiales y era preferible evitar enfrentamientos.
-Amo bonito, ¿por qué hay que ir a un templo tan lejano?- quiso saber Jaken sujetando la estola de su amo mientras volaba porque hacía mucho frío.
-Mi madre quiere enviar un obsequio a Kirinmaru.
-¿Y por qué no mandó a alguien más?
-Se supone que el obsequio va a servirme para formar mi imperio y quiero saber de que se trata.
-¡Espero que sea algo bueno!
Mientras divisaban el templo, el demonio pudo escuchar los cantos de algunas mujeres. Supuso que las sacerdotisas realizaban algún tipo de ritual, por lo que se sorprendió un poco al ver que bailaban frente a algunos hombres de apariencia importante.
-Su madre envió una carta- especificó una de ellas mientras le guiaba por los pasillos del palacio-, hemos preparado muy bien a la elegida desde que se nos avisó que usted venía, por lo que no debe preocuparse: no encontrará en ella el rastro de ningún otro hombre.
Sesshomaru asintió en silencio, pero en realidad no tenía idea de qué le estaban hablando: esperaba que se tratara de una espada o de algún tipo de joya que pertenecía a la deidad. Sin embargo, cuando le hicieron pasar a un cuarto iluminado por velas y dejaron a Jaken fuera, comenzó a sospechar que algo no iba bien.
Se quedó de pie un par de minutos, en un profundo silencio mientras comenzaba a sentir el aroma suave y dulce de una joven a la que logró divisar en una puerta: podía notar que ella temblaba y que su respiración era acelerada. Pensó que quizás ella era quien resguardaba el obsequio para Kirinmaru, aunque no entendía porqué se demoraban tanto en entregárselo.
-Señor, ¿qué quiere que haga primero?
La voz de ella era dulce, agradable y tímida al tiempo que bajaba su mirada esperando instrucciones. Sesshomaru la miró un momento: su cabello negro estaba cuidadosamente peinado y adornado con flores, vestía un kimono rojo y sus labios estaban maquillados del mismo color. A simple vista no parecía una sacerdotisa de templo, pero él tampoco estaba muy relacionado con las costumbres humanas.
-Quiero que me entregues lo que sea que debas darme.
El demonio percibió en la chica una fina capa de rubor al tiempo que ella asentía un par de veces.
-Yo... nunca lo he hecho antes con alguien de su especie- confesó ella-, así que le ruego por favor que tenga cuidado...
Sesshomaru no tenía idea de qué le estaba hablando la joven, por lo que solo pudo sentirse confundido cuando ella se acercó y le besó delicadamente en los labios. Cuando logró salir de su espasmo inicial, pudo reaccionar y empujar a la chica para que dejara de tocarle.
La joven por su parte, lucía muy consternada: aquello no le había sucedido nunca antes por lo que no lograba encontrar una respuesta para aquella reacción tan extraña.
-Yo... ¿hice algo mal, señor?
-¿Qué estás haciendo?... ¿Quién eres y por qué te atreves a hacer eso?
-Yo...Soy Rin y se supone que usted vino a verme, ¿no es así?
-Sí...
-Usted pagó al templo para estar conmigo hoy... se supone que llegó hasta aquí para recibir las bendiciones de la diosa a través de mi cuerpo. Yo... reconozco que es extraño que alguien de su especie venga hasta aquí para eso, pero antes otros demonios han tenido hijos con humanas y supongo que también para ustedes es válido el sexo con otros fines.
Cuando a Rin le dijeron que tendría que aguardar unas semanas sin recibir a nadie en su cuarto, no pudo evitar sentirse un poco preocupada y sus temores aumentaron en cuanto supo que quien iba a tocarla iba a ser un demonio. Estaba acostumbrada a relacionarse con hombres, pero nunca un yokai había acudido al templo ni mucho menos solicitado los servicios de alguna de sus superiores.
La joven no recordaba un momento de su vida en que las cosas fuesen diferentes: había crecido en el templo, le habían enseñado danza, poesía, canto y literatura. También le enseñaron cómo conversar con un hombre apropiadamente para entretenerle y cuando cumplió 12 años la casaron con la deidad del templo, al igual que todas las muchachas que habían crecido con ella.
No obstante, la deidad era un cónyuge ingrato que le obligaba a compartir sus noches con otros hombres a los que Rin no conocía: su primera vez fue subastada entre los peregrinos una noche de verano y, aunque no sufrió malos tratos, ella era solo una niña que no entendía como su virginidad podía purificar a alguien, al mismo tiempo que le hacía sentir sucia y horrible.
Ella no sabía cuántos hombres la habían tocado, no llevaba la cuenta exacta y aunque ya estaba acostumbrada a que incluso los sacerdotes, la usaran para tener contacto con la diosa a través de su cuerpo, a veces no podía evitar preguntarse cómo sería tener una vida diferente.
-Yo no vine hasta aquí para eso- Rin miró al demonio confundida, ya que no entendía qué otra cosa podría querer de ella-, vine porque se supone que aquí hay un obsequio para Kirinmaru.
-Lo siento... no sé nada sobre eso...
-¿Dónde están los sacerdotes del templo?
-¡No, por favor!- Rin le sujetó del brazo decididamente- Si se marcha ahora tendré problemas con los sacerdotes ¡y no es justo!
Sesshomaru apartó la mano de la chica rápidamente, causando en ella un deje de tristeza. Intuía que la vida de aquella mujer no era fácil, pero lo que ocurriera con ella no era su problema: tenía que resolver aquel mal entendido porque estaba perdiendo mucho tiempo.
Se alejó de aquella habitación rápidamente y se dirigió a donde Jaken le esperaba.
-¿Ya tiene el obsequio, amo?
-No... ¿Haz visto a algún sacerdote por aquí?
-Hay uno que está viendo a las bailarinas del templo.
-Era de suponer...
El sacerdote estaba sentado, contemplando a las bailarinas mientras la música inundaba el salón. El hombre estaba absorto en la representación que ejecutaban las jóvenes, por lo que ni siquiera notó la presencia de Sesshomaru hasta que las bailarinas se desconcentraron y acabaron precipitadamente la obra.
-¿Se le ofrece algo?
-Sí: ¿qué es lo que pagó mi madre?... ¿por qué estoy aquí?
-Ella nos dio el pago correspondiente a una noche con una de las esposas de nuestra deidad- explicó el sacerdote-, se supone que usted debería estar con la chica en estos momentos... ¿no le gusta ella? Es con creces la mejor bailarina y cantante en este templo... además, Rin posee muchas otras cualidades...
-No es posible algo así...- De pronto, una idea cruzó por la mente del demonio- ¿cuánto cuesta la chica?
-¿De qué está hablando?
-Este templo se dedica a vender a las mujeres por noche, le estoy preguntando cuánto dinero es necesario para llevarme a esa chica de aquí... Debe haber un precio para algo así...
-Lamento decirle, señor, que no es posible: Rin está consagrada a nuestro templo y no podrá abandonar nunca este lugar, son las reglas de este recinto sagrado.
-No lo estoy preguntando.
Los ojos de Sesshomaru enrojecieron al tiempo que sujetaba al sacerdote por el cuello. No le importaban los gritos de las bailarinas ni las amenazas de los otros hombres: si Rin era el obsequio para Kirinmaru debía llevarla ante él y consideraba que ya había perdido demasiado tiempo en aquel lugar.
-Destruiré este templo y tu asqueroso negocio si no me dejas sacar a esa mujer de aquí.
-¿Negocio? - el sacerdote le miró a los ojos antes de esbozar una sonrisa- No lo entiendes, alguien como tú nunca podrá entenderlo: la misión de Rin en este mundo es acercar a nuestra deidad a los creyentes; ella fue elegida por los dioses para eso.
-Puedes decirle todas esas mentiras a los humanos idiotas que vienen al templo, pero no a mí. Te haz hecho rico a costa de las mujeres que viven aquí y si acabo con este sitio vivirás como una basura.
Cuando regresó finalmente al cuarto en el que estaba la joven, pudo ver que ella permanecía sentada y que suspiró aliviada al verle regresar.
-¿Ya volvió? ¿Se va a quedar conmigo?
-Nos vamos de aquí.
-¿Qué?- la joven le miró de reojo- Yo no puedo salir de aquí; este es mi hogar... me gusta bailar y estar con mis amigas, además los sacerdotes dicen que soy muy especial y...
-Jaken.
Rin vio a una pequeña criatura de color verde con ojos muy grandes y apariencia curiosa entrar al cuarto. Ella no sabía qué sucedía, pero algo le decía que no era buena idea recibir a criaturas no humanas en el templo, después de todo, era un lugar sagrado.
-Dígame, amo.
-Ayuda a Rin a empacar sus cosas, ella es lo que debemos llevar hacia Kirinmaru.
-¿Una mujer?- Jaken analizó a la chica: no le parecía bonita, ya que parecía muy desconfiada, muy humana y con los ojos muy grandes- ¿Para qué querría el Señor Kirinmaru una bailarina consagrada a un templo?
-No es algo que me interese averiguar.
-¡Yo no me quiero ir!- protestó Rin- ¡Yo no puedo salir del templo! Afuera es peligroso para mí, yo... debo obedecer a los sacerdotes y quedarme aquí...
Rin nunca había abandonado el templo: era su hogar desde que tenía memoria y, aunque había tareas desagradables, la mayor parte del tiempo era feliz. Antes había imaginado cómo podría ser una vida lejos de aquel lugar, pero ahora que de alguna forma se lo estaban dando, no era capaz de decidirse a huir con valentía hacia algo desconocido...
Nota de autora: hola! primero que nada quiero indicar que esta historia está basada en las Devadasi de India al menos en las características, pero según averigüé antes de escribir las mujeres consagradas a templos eran una costumbre difundida por otros países orientales, pero no encontré mucha información de Japón en este punto.
Así que una vez aclarado esto, les agradezco mucho por leer y trataré de volver pronto aunque desde ya les digo que no planeo que sea una historia muy larga.
