Capítulo dos

Rin pensaba que si se iba con aquel sujeto iba a correr demasiados riesgos: para comenzar no lo había visto nunca en su vida, era un yokai y había oído muchas cosas malas sobre ellos, además el templo siempre había sido su hogar y no podía decir que era infeliz allí.

Tenía comida todos los días, clases de danza, amigas, podía pasear por los jardines y algunos hombres que iban a verla por los festivales, le llevaban obsequios muy bonitos. Perder prácticamente todo lo que ella era por un tipo al que ni siquiera parecía agradarle, no era una decisión muy inteligente de su parte.

-¡¿Estás loca?!- la criatura verde que se llamaba Jaken la miró- ¡Este lugar ni siquiera es tan bonito! ¡Además, viajar con el amo Sesshomaru es todo un privilegio!

-¿Está ciego?- Rin solo transmitía escepticismo en su mirada- Aquí hay construcciones de mármol, jardines, animales, también podemos tomar clases, aprender y adorar a nuestra deidad... ¡es el lugar más hermoso del mundo!

Sesshomaru sabía que Rin en realidad no mentía: el templo era precioso, un verdadero palacio en el que las chicas como ella podían vivir cómodamente y sin preocupaciones, además él estaba seguro de que ni siquiera el palacio del Oeste se igualaba en belleza a aquel lugar, lo que se explicaba por los altos ingresos que los sacerdotes recibían gracias a las jovencitas que ellos mismos acogían y educaban.

Sin embargo, podía intuir que a ella no debían gustarle las prácticas a las que era sometida por los sacerdotes, ya que sus ojos le recordaban a los de un cachorro asustado. Además, parecía muy joven como para querer involucrarse con los hombres que había visto la noche anterior.

-Estás unida aquí por una especie de matrimonio, ¿verdad?- preguntó Sesshomaru acercándose a ella.

-¡Así es!- Rin le dedicó una sonrisa- Soy una de las esposas de la deidad del templo y debo servirle toda mi vida: por eso no puedo ir con usted. Nuestra religión es estricta al respecto.

-Si eres la esposa de una deidad, entonces deberías ser tratada como una diosa... Rin,¿tú crees que a los dioses los tocan de la forma en que lo hacen contigo? ¿estaría bien que le hicieran eso a tu dios?

Los ojos de la joven se llenaron de lágrimas, al tiempo que retrocedía un par de pasos. Ella ya no deseaba continuar con aquel tema de conversación, ya que era incómodo, le hacía doler algo en su pecho y, aunque sabía que podían castigarla, prefería que el demonio se fuera antes que seguir escuchando.

-Yo no...

-Tienes 3 días- le explicó Sesshomaru mirándola a los ojos-: puedes venir libremente o contemplar como este templo se destruye, aunque no seré yo quien lo haga... ¡Jaken!

-Dígame, amo bonito...

-Vas a quedarte con ella, vigilándola, hasta que tome su decisión.

Sesshomaru no quería llevar a Rin a la fuerza, después de todo, suponía que debía entregarla lo más intacta posible a su nuevo dueño y, aunque sabía que era probable que tuviese que esperar, sabía que había logrado insertar, con sus palabras, la duda en la joven.

Jaken, por su parte, evaluó a Rin con más cuidado una vez que su amo se había retirado: era una chica de unos 16 años, de piel clara, mejillas suaves y facciones que le parecieron muy tiernas.

-Debes venir con nosotros, Rin... aquí no es tan bueno como viajar con el señor Sesshomaru.

-Pero es donde he vivido toda mi vida, además, ¿por qué iría con alguien a quien no conozco?

-¡Porque es el amo bonito!- los ojos del diablillo brillaban mientras hablaba y evocaba el rostro de su amo- No necesitas conocerlo para notar lo majestuoso que es.

Rin sonrió un instante.

-Señor Jaken, yo le voy a demostrar las cosas buenas y lo majestuoso que es nuestro templo.

Los ojos de aquella chica brillaban tanto, que Jaken no pudo evitar contemplarlos como si fueran estrellas antes de que ella se quedara dormida.

Al día siguiente, Rin se levantó temprano: tenía muchas cosas que hacer y le indicó a Jaken que se quedara lo más escondido posible para que nadie supiera que estaba allí.

-Deben creer que el Señor Sesshomaru se marchó ayer y no permitimos que muchas personas se queden hasta esta hora en el templo. Los creyentes que pagan por ser servidos aquí deben irse con los primeros rayos del amanecer.

-Ayer había otros sujetos...

-¡Sí! Pero hoy no recibiremos a nadie- indicó la joven mientras buscaba agua para lavarse-: los peregrinos vienen solo para algunos festivales a buscar bendiciones, quienes pueden pagar por nosotras se quedan más tiempo, pero eventualmente ellos también deben irse.

A pesar de las instrucciones, Jaken se decidió a seguir a la chica, ya que debía mantenerla vigilada y era parte de su misión velar que nadie le hiciera daño a esa muchachita.

-¡Rin!- la voz chillona de una niña alertó al diablillo.

-Hola, Kaori...

-Ayer el sacerdote hizo que nos pusiéramos en una fila- le confió la niña mientras Rin se agachaba a su altura-, pensé que iba a elegirme y tenía mucho miedo.

Rin suspiró antes de acariciar el cabello de la pequeña.

-Los creyentes ya se fueron, así que no estaré ocupada con ellos: si el sacerdote viene de nuevo, debes colocarte detrás de mí en la fila y mantener tu cabeza agachada; de esa forma no te verá y será imposible que te elija.

Kaori tenía solo once años, no era muy talentosa en la danza y hace muy poco había tenido su ceremonia de matrimonio con la deidad, sin embargo, su virginidad permanecía intacta todavía, pero aquello no impedía a que el sacerdote la escogiera para pasar la noche con ella.

La niña era muy pequeña: aún no terminaba toda su educación y Rin creía que lo mejor para Kaori era no entregar su cuerpo a nadie por el momento, ya que todavía extrañaba a su familia y solía llamar a su mamá por las noches.

-¿Estás segura? La otra noche escogió a alguien de la fila de atrás...

-Ya te lo dije: si te pones detrás de mí o de las chicas más altas que siempre están en la primera fila, te harás invisible...- Rin desprendió una de las flores blancas de su cabello para adornar el de la niña- todo va a estar bien, ahora ve a tu lección de danza.

-¡Sí! Pero... ¿qué es él?

Los ojos de Kaori se dirigieron al diablillo que intentaba esconderse detrás de una estatua. Rin le miró con el ceño fruncido antes de suspirar un momento.

-Una pequeña molestia... pero no te preocupes, yo me encargo de él.

-¿Se lo regaló el hombre guapo de ayer?

-Algo así... lo dejó aquí por mientras decido si irme con él o no...

-¿Por qué no te irías con él?- quiso saber la niña.

-¡Kaori! No es tan fácil: es un yokai, totalmente fuera de lugar para la esposa de una deidad y no le conozco bien...

-Pero... ¿no te da curiosidad ver lo que hay detrás de las puertas del templo cuando se cierran?- insistió la pequeña- A mi me gustaría salir de aquí y ver qué ocurrió con mi familia...

Rin, a diferencia de la niña, no sabía quiénes eran su familia: desde que tenía memoria sólo se recordaba en el templo y, por lo que veía a diario, había algunas esposas que quedaban embarazadas, ya sea de sacerdotes o de otros hombres y sus hijas continuaban con su destino en el templo. Por lo que ella perfectamente pudo haber nacido en aquel lugar.

-No... no me da ni un poquito de curiosidad...- mintió la joven antes de ponerse de pie- ahora ve a tus lecciones antes de que las superiores se enfaden con nosotras... ¡Kaori!...

-¿Sí?

-No le digas nada a nadie sobre el diablillo, él ya no debería estar aquí y... tendré problemas...

Rin sujetó al señor Jaken de su pequeña mano para arrastrarlo hacia un cuarto en que guardaban los jarrones de aceite y la comida. La joven sujetaba firmemente a aquella criatura tan parecida a una rana, mientras buscaba algún recipiente vacío donde dejarlo.

-Usted se va a quedar aquí, quieto y en silencio hasta que yo venga a verle, ¿está bien?

-¡No! Porque el amo dijo que te vigilara y eso es lo que tengo que hacer... ¡yo no quiero que él me regañe!

-Entonces vigile sin que el templo completo lo vea; es problemático para mí...

Antes de que él pudiese reaccionar Rin lo sujetó y lo metió en un gran jarrón que contenía aceite de oliva en su interior.

-Rin, ¿qué haces aquí?

Una de sus compañeras había entrado a la bodega, por lo que ella cerró rápidamente el recipiente con su tapa y la miró con una sonrisa.

-¡Nada! Entré a ver unas cosas, pero ya terminé...

-Te estamos esperando para ensayar: hay que preparar las danzas para el próximo festival.

-Sí, ya voy.

Jaken sintió los pasos de la chica alejarse del lugar en el que lo había encerrado y, como pudo, levantó la tapa del recipiente en que se encontraba.

-¡Tonta Rin!... ¿cómo se atreve a encerrar y bañar en aceite al gran Jaken? - cuando pudo salir de aquel lugar se resbaló debido al aceite- ¡Le daré su merecido! Cuando ella viaje con nosotros no toleraré este pésimo comportamiento.

El diablito avanzó con cuidado mientras buscaba algo que pudiera servirle de capa. Necesitaba encontrar a Rin y regañarla por lo que había hecho, por lo que comenzó a seguir el sonido de la música y las risas de unas chicas.

Cuando pudo localizar a Rin, la vio bailando gracilmente junto a otras chicas de su edad. Si tenía que ser sincero, la joven era una muy buena bailarina. Transmitía muchas emociones mediante la danza y lucía tan feliz que el diablito no pudo evitar sentir una extraña emoción cálida en su interior.

El pequeño demonio optó por no regañarla mientras observaba desde una prudente distancia las actividades que ella debía desarrollar durante el día: después de la danza debía ayudar a las niñas en sus clases de poesía, luego practicaba canto y escritura.

Finalmente, todas se preparaban para ir a dormir a un gran salón común: Jaken supuso que los cuartos privados solo los usaban para atender a los fieles o sacerdotes que acudían a verlas.

-¡Que suerte!- exclamó Kaori acurrucándose a un lado de Rin- Hoy no vino ningún sacerdote ¡espero que no vengan en varios días!

-No creo que vengan en varios días, deben estar de camino a alguna aldea o algo así.

-Rin...

-Dime...

La niña se acomodó para mirar a Rin a los ojos.

-¿El sacerdote es muy malo? Tú ya haz estado con él.

-Cada experiencia es distinta, pero de lo que recuerdo de la última vez él no es amable ni paciente... es bastante mayor que nosotras y supongo que por eso es un poco agresivo.

-No quiero que me elija nunca... él me da mucho miedo...

Rin no pudo evitar sentir dolor en su pecho: el sacerdote había sido el segundo hombre en su vida y no fue una experiencia agradable, de hecho, fue peor que la primera vez: más violento, con menos delicadeza, ya que él no consideró que solo tenía 12 años y consumó aquella unión como si Rin fuese la más talentosa de las amantes y haciendo caso omiso a sus lágrimas y al dolor que infringía en aquel cuerpo infantil.

La joven recordó que ella también temía al sacerdote a esa edad y que por eso, las chicas mayores ocupaban la primera fila: era una regla tácita entre ellas velar porque a las niñas no les ocurriese nada malo o, mejor dicho, evitarles cualquier tipo de mala experiencia adicional.

Rin esperó a que sus compañeras se quedaran dormidas, para levantarse, tomar una manta y avanzar en silencio hasta la bodega. En una mano sujetaba una vela y se dedicaba a revisar que nadie la viera o pudiera escucharla.

-Señor Jaken...- susurró la joven una vez que estuvo dentro- ¿está por aquí?

Después de un par de segundo, el diablito se asomó desde detrás de un jarrón, por lo que Rin se agachó para quedar a su altura y le miró con una gran sonrisa.

-Señor Jaken, le traje esta manta para que no pase frío.

-Gracias, Rin... - la pequeña criatura tomó la manta y se cubrió con ella- aquí es muy helado, ¿no vas a pasar frío al darme esto? Por muy esposa de no sé qué, eres humana después de todo.

-No se preocupe por mí, yo estoy bien... ¿su amo vendrá a buscarle pronto?

-Si quisieras venir con nosotros, nos iríamos hoy mismo.

-Ya sabe que no puedo salir de aquí- Rin se puso de pie-, además no entiendo para qué me necesitan... ¡pero prometo que voy a orar y hacer mis meditaciones pensando en ustedes de vez en cuando!

-¿sabes algo, Rin?- la joven negó con la cabeza- ayer vi que a esta hora los guardias del templo se van a descansar y que si quieres, podrías salir por la puerta que está atrás...

-Muchas gracias, señor Jaken, pero ya es muy tarde y debo ir a dormir... nos vemos mañana y recuerde tener cuidado al salir a explorar.
Rin se alejó de la bodega para regresar al cuarto que compartía con todas sus compañeras. No obstante, mientras caminaba y tocaba el colgante que la identificaba como una de las esposas consagradas al templo, miró las grandes puertas de madera, preguntándose si un día sería capaz de atravesarlas...


Sesshomaru estaba en el bosque, cerca del templo, pero pensando en cuáles podrían ser las intenciones de su madre: ella no solía enviar regalos, tampoco era alguien que quisiera hacer que su único hijo perdiera el tiempo y mucho menos que cometiera el mismo error que su padre... a no ser que pensara que las esposas del dios de aquel templo eran otro tipo de criaturas.

No obstante, era un hecho evidente que por mucho que Rin fuera la esposa de una deidad, aquello no le quitaba el hecho de ser simplemente una hembra humana, por lo que debía parecerle repugnante.

Sin embargo, no podía dejar de repetir en su cabeza el breve instante en que Rin le besó. Nadie nunca se había atrevido a hacer algo así y, no sabía que pensar al respecto.

Fue incómodo y esperaba que aquello no volviera a repetirse en los años que le quedaban de una longeva vida, sin embargo, no podía negar que el aroma de la muchacha se había impregnado en su cabeza y que la ternura que reflejaban sus ojos oscuros se había inmiscuido en sus pensamientos con demasiada facilidad.

Miró una sola vez hacia el templo, mientras se decía a sí mismo que lo mejor era que esa chica quisiera irse pronto para terminar con aquel estúpido encargo de una vez por todas...


nota de autora: hola!!! les agradezco mucho por leer y apoyar esta historia c: espero que les guste!!! nos vemos en el próximo capítulo.