Capítulo tres
El día siguiente fue igual de tranquilo: Jaken pudo ver como las mujeres salían al jardín durante la mañana para armar arreglos flñ0orales y recogían frutas con los que ofrecían canastos a una estatua que al diablillo le pareció muy extraña.
Antes de que se terminara la mañana, Rin entró a la bodega y extendió una manta para luego sentarse en ella.
-Señor Jaken, venga...
La pequeña criatura se acercó y la miró con mucha curiosidad.
-Traje un poco de fruta para usted- confesó ella ofreciéndole una canasta-: debemos comerla toda porque era para la deidad, pero guardé un poco para usted.
-¿Esto es para mí?- El diablito pudo sentir sus ojos llenarse de lágrimas- Nadie nunca me había dado algo, yo...
-¿Su amo no le da de comer?
-¡Claro que no! ¡El amo bonito solo se ocupa de sí mismo y de su imperio! No tiene tiempo para tonterías como esas.
Rin frunció un momento el ceño.
-Señor Jaken, usted debe quedarse en el templo conmigo: ya no puede ir detrás de ese señor tan desconsiderado... - Rin tomó un trozo de manzana-si se queda vendré a jugar con usted todos los días y me ocuparé yo misma de su alimentación...¡yo podré cuidarle muy bien!
Jaken miró a la jovencita un instante. El trabajo con el amo Sesshomaru era muy duro, siempre le castigaba y jamás le daba las gracias. Rin, en cambio, se preocupaba mucho por él: le llevaba mantas, comida y le había contado historias muy divertidas de los dioses que él no se sabía... quizás quedarse en el templo no era tan mala idea, después de todo...
¡No! ¡No podía dejar solito al amo Sesshomaru! Jaken se dijo que debía cumplir su tarea y regresar con él antes de que el templo o Rin comenzaran a agradarle realmente.
-¡Nada de eso! - el pequeño demonio negó con la cabeza- Yo me iré con él mañana y nada va a cambiar eso... ¿tú no quieres venir con nosotros?
-No. ¿Ha visto lo hermoso que es aquí? - Rin suspiró al tiempo que sus ojos brillaban emocionados- No podría irme de aquí sin saber a donde ir, además tengo que pensar en lo que podría suceder conmigo.
-¿De qué hablas?
-Si me voy de aquí, ¿la sociedad va a aceptarme? Estoy consagrada al templo, me verán como una traidora y... pueden hacerme daño... aquí, aceptando este destino, es el lugar más seguro para mí.
-El amo bonito no dejará que te hagan daño mientras estés viajando con él, además estoy seguro de que el señor Kirinmaru también va a cuidar de ti cuando estés a su cargo.
-¿Él como es?- quiso saber Rin sintiendo un poco de curiosidad al respecto- ¿Se parece al señor Sesshomaru?
-No lo sé...- respondió Jaken bebiendo un poco de agua- yo no lo he visto nunca, pero según lo que he escuchado es muy importante y poderoso.
-Comprendo... espero que su amo sea más bueno con usted en el futuro: usted es adorable y se merece muchas cosas buenas.
Una vez que terminaron de comer, Rin se puso de pie y regresó con sus amigas. Aún seguían inmersas en los ensayos para el próximo festival y, aunque llevaban mucho tiempo practicando, sabían que los ensayos sólo aumentarían con el paso de los días.
Durante la hora de comer, sus compañeras y las esposas de mayor edad comenzaron a contar algunas anécdotas de cuando eran más jóvenes y aún bailaban en las ceremonias o festivales.
La noche llegó en medio de la distensión, sin embargo, mientras las jóvenes se preparaban para ir a dormir la tranquilidad se vio interrumpida de golpe por una visita que era totalmente indeseada.
-¡Chicas, pronto!- exclamó una de las superiores- ¡Formen una fila, el sacerdote está aquí!
Rin suspiró con pesar. Había pensado que aquel hombre tardaría en regresar, se había convencido a sí misma de que estaba de camino a alguna aldea o en las tierras de algún señor importante, pero de momento deseaba que no hubiera acudido a elegir a nadie para esa noche, sin embargo, debía ser realista y reconocer que aquello era muy poco probable.
La joven se formó en la fila junto con sus compañeras, que trataban de esconder, lo mejor posible, a las más pequeñas de aquel ritual que siempre era breve para quienes tenían la suerte de no captar la atención del sacerdote.
El hombre ingresó al salón junto a sus ayudantes y notó que el grupo de mujeres esperaba con sus cabezas mirando fijamente el suelo. Todas eran hermosas por lo que la decisión era, en realidad, muy difícil... sin lugar a dudas, aquello era la mejor parte de dedicarse a una vida religiosa...
-Quiero a esa chica...- murmuró el sacerdote apuntando a una de las jóvenes.
Rin mantuvo la mirada fija en el suelo mientras los pasos del ayudante se acercaban decididamente hacia la elegida. Inspiró profundamente cuando los pies de él se detuvieron frente a ella, esperó a que la tomara por la muñeca, pero fue confuso cuando la mano de él sujetó a alguien que se escondía a su espalda.
-¡No, por favor!- exclamó la voz de una niña a la que Rin había prometido que no iban a ver- ¡Yo no quiero ir! ¡No quiero!
Kaori era arrastrada a pesar de sus forcejeos en dirección al sacerdote y, en un par de segundos, Rin miró a sus compañeras que veían la escena consternadas, pero que no se atrevían a intervenir.
Rápidamente la joven avanzó los dos pasos que el ayudante había dado con la niña y la sujetó por el brazo. El hombre se giró para mirarla, confundido ante aquella situación.
-No vamos a ir. - murmuró Rin mientras su corazón latía acelerado por el miedo- ¡Ya no volveremos a ir!
-¿Qué estás diciendo?- el sacerdote intervino acercándose para evaluar a la chica que se atrevía a desafiarle.
-Yo... ¡creo que no es justo! - se explicó la joven- Somos esposas de una deidad, se supone que somos como diosas ¡entonces nadie debería tocarnos!... Ningún hombre: ni siquiera usted, ¡ni siquiera dios!
-¿Acaso lo haz olvidado? ¡La unión entre un sacerdote y la esposa de la deidad es sagrada! ¡No puedes atentar contra eso!
-¡No somos cosas! No somos algo que cualquiera puede tener o tocar a su antojo.
El sacerdote, furioso, alzó su mano y golpeó la mejilla de Rin con tanta fuerza que la joven perdió el equilibrio y cayó al suelo. Asustada, comenzó a retroceder, viendo que aquel hombre parecía dispuesto a castigarla.
-Veo que compartir una noche con un demonio te ha corrompido y que quieres viciar las almas de tus compañeras...- el sacerdote sacó una vara de bambú y la probó un par de veces sobre sus manos- quizás ya no seas la esposa de dios, pero te enseñaré que eres mi esclava.
El sacerdote rasgó el kimono de la joven para exponer su espalda y comenzó a azotarla con la varilla, causando en Rin verdaderos gritos de angustia y dolor. La piel de la joven rápidamente se cubrió de heridas, la sangre pronto comenzó a cubrir el bambú y las botas del sacerdote.
Una vez que terminó de azotar a Rin con la vara, el sacerdote comenzó a patearla fuertemente en el vientre. Ella solo cubría su cabeza, en un intento casi instintivo por conservar su vida, sin embargo, el dolor era tan intenso que su vista poco a poco se estaba nublando y ya ni siquiera era capaz de llorar.
Su último pensamiento fue que quizás iba a morir; aunque no temía a la muerte, no quería hacerlo: Rin quería vivir, quería seguir aprendiendo, quería cantar, jugar con las hojas de los jardines y reír con sus amigas. Sin embargo, estaba dispuesta a aceptar la muerte si es que aquello era el camino para dejar de sentir tanto dolor.
Jaken, por su parte, había escuchado los gritos de Rin desde la bodega. No sabía qué era lo que estaba sucediendo, pero en cuanto vio a aquel hombre golpeando a Rin , corrió para colarse entre la gran puerta de madera y salir rápidamente de aquel templo.
Extrañamente, el diablillo no quería que Rin muriera: era una criatura dulce y aunque era algo tonta por no querer viajar con el amo bonito, no eran tan horrible como había pensado antes de compartir aquellos días con ella.
Él no entendía por qué la estaban golpeando, pero estaba seguro de que si ella se moría, entonces, él iba a tener problemas con su amo por no cuidar a la chica adecuadamente.
-¡Amo Sesshomaru!- exclamó corriendo entre la profunda oscuridad- ¡Amo bonito, venga pronto!
El diablillo no sabía hacia dónde correr, ya que evidentemente su amo no le había dado explicaciones y no sabía dónde estaba, por lo que su única opción era seguir llamándole.
-¡Amo bonito, están matando al obsequio del señor Kirinmaru! ¡Venga pronto! ¡Rin se va a morir si no la ayudan!
Jaken esperó un par de segundos, pero nada sucedía, por lo que sintiéndose muy frustrado, decidió regresar al templo para ver si algo de Rin continuaba vivo.
"Pobre muchacha", pensó el pequeño sirviente, "Seguramente morirá en las próximas horas y nadie intentará salvar su vida".
Una vez que regresó al salón, pudo ver al señor Sesshomaru sosteniendo el cuerpo de la joven que estaba inconsciente. El poderoso demonio notó que el dedo meñique de ella se había enlazado con el suyo y que respiraba con mucha dificultad.
Sesshomaru no sabía cómo se iba a llevar a Rin y mucho menos si es que ella iba a sobrevivir. La chica estaba tan lastimada que estaba seguro de que aunque la sostuviera con cuidado iba a continuar haciéndole daño.
-¡Amo bonito, ya está aquí!- Jaken se acercó para ver un poco a la chica- ¡Pensé que no iba a venir nunca!
-¿Qué le pasó?- preguntó Sesshomaru mirando a una de las mujeres mayores.
-Desafió al sacerdote- respondió ella-: intentó proteger a una niña para que no la eligieran y fue castigada por ello.
-¡Lo siento mucho, Rin! - sollozó la pequeña Kaori, que era abrazada por otras mujeres- ¡Es todo mi culpa! ¡Perdón!
-Curen la espalda de Rin y traigan un poco de su ropa.- ordenó Sesshomaru a lo que las mujeres asintieron.- Ella ya no pertenece al templo.
El demonio dejó cuidadosamente el cuerpo de la joven sobre el suelo, pero sus manos aún olían a sangre. Cuando llegó el sacerdote ya no estaba y aunque le apetecía ir a buscarle, iba a asegurarse primero de que atendieran las heridas de Rin adecuadamente...
-¿Se va a llevar a Rin?- quiso saber Jaken.
-Sí.
-Pero ella no quiere irse: me dijo que le gustaba mucho aquí y que jamás iba a dejarlo.
-Ella no está en condiciones de decidir nada y me lo debe porque le salvé la vida.
-Pero aún está toda herida y es posible que no despierte mañana, además el señor Kirinmaru no la querrá si está herida o media muerta.
Sesshomaru se quedó en silencio. Aquello era cierto: no podía entregar a Rin así como estaba y tampoco sabía cuánto tiempo se demoraba un humano en sanar... quizás si se moría podría llevar a otra chica del templo, pero algo le decía que esa mujer era especial y que por eso su madre la había elegido como regalo.
El demonio esperó un par de horas a que las mujeres terminaran de atender a Rin y, aunque le habría gustado que ellas se dieran más prisa, se dijo que quizás se debía a que la situación de la joven era delicada.
-Señor, Rin ya está lista- le comentó una joven de muy baja estatura y cabello muy largo-, pero está durmiendo y quizás tarde en despertar.
-¿Podrá moverse mañana?
-No lo sé: su espalda está muy herida y si no se respeta el proceso de curación se puede infectar.
Sesshomaru decidió entrar al cuarto para ver a la joven: ella estaba recostada sobre su estómago, cubierta por vendas y respirando lentamente. Un mechón de su cabello caía sobre su rostro, por lo que pensó en acomodarlo, pero se detuvo a la mitad del camino.
Una cosa era haber acudido ante la llamada de Jaken y otra muy distinta atreverse a tocar a esa mujer. Después de todo, ella era un ser despreciable que debía llevar con su nuevo dueño y con la que no debía entablar ninguna cercanía.
-¿Qué hace, amo Sesshomaru?
-Nada. Vigilo que esta mujer siga respirando.
-Pobre Rin... las otras mujeres dicen que si el sacerdote regresa la encerrará en un cuarto oscuro con ratones por varios días y ella no es mala, ¡yo digo que hay que irnos de aquí antes de que él regrese!
-Nos iremos cuando Rin mejore un poco: así como está no puedo llevarla.
Sesshomaru se alejó a la puerta mientras Jaken le miraba preocupado.
-¿Dónde va, amo bonito?
-Tengo asuntos que resolver. Tú vigila que nadie altere su recuperación hasta mañana...
El demonio necesitaba encontrar al sacerdote: podía sentir el hedor de su rastro en el camino que llevaba a una aldea. No iba a escapar, pero Sesshomaru se detuvo de golpe: ¿por qué le estaba persiguiendo de todas formas? Si era honesto, el castigo que ese sujeto había ejercido en Rin, le podría facilitar mucho el llevársela de una vez por todas, por lo que ese deseo que sentía de matarle, carecía absolutamente de motivos.
Se detuvo: algo iba mal, muy mal, ya que Rin ni siquiera era algo importante para él como para querer una venganza. Decidió que ya había tenido suficiente de los problemas de esa mujer y que solamente iba a acudir al día siguiente para llevarla con su nuevo dueño de una vez por todas.
disclaimer: hay elementos de la película Shyam Singha Roy en este capítulo :3
muchas gracias por leer n.n
nos vemos pronto!!!!!
