Desde muy pequeño a Chifuyu siempre le ha llamado la atención todo lo relacionado con las almas gemelas. Al principio –cuando supo sobre ellas– pensó que era una mentira creada por los adultos, pero después de escuchar a su mamá relatar el encuentro entre ella y su papá, y cómo surgieron las marcas, quedó maravillado.
No solo encontró romántica la manera en que se conocieron –como si estuviera planeado por el destino–, sino que también se fascinó con las marcas. Le pareció completamente mágica la forma en la que aparecieron, de la nada, las marcas idénticas. Justo en el lugar donde se tocaron por primera vez.
A partir de ese momento no ha parado de imaginar de qué manera conocerá su alma gemela. Pero, sobre todo, ha invertido muchas horas de su vida planeando, con sumo detalle, el lugar donde quiere la marca. Como es imposible saber el tamaño, forma o color que tendrá –dado que cada diseño es único para cada pareja, aunque siempre es algo representativo de ambos– sólo puede decidir dónde quiere que se forme. Esto es debido a que la marca solo va a aparecer en el mismo lugar donde su alma gemela lo toque por primera vez.
Por eso, cuando su mejor amigo le pregunta sobre la marca en forma de huella de gato que tiene en su espalda lo toma como una broma pesada. Él no tiene ninguna marca, y si la tuviera, su espalda sería el último lugar en el que la tendría.
—Takemichi, sabes que las bromas sobre esas cosas no las soporto —dice enojado, mientras se pone una camisa limpia.
Tanto Takemichi como él sabían que era una pésima idea pintar el apartamento por ellos mismos. Aun así, nunca imaginó que medio tarro de pintura iba a caer encima de él, obligándolo a tomar una ducha y cambiarse completamente de ropa.
—Hablo en serio. Tienes una marca en tu espalda con la forma de una huella de gato —dice Takemichi, y luego hace una pequeña pausa— ¿Te hiciste un tatuaje de una huellita de Peke J? –se atreve a preguntar.
Chifuyu se da la vuelta molesto. Tiene toda la intención de dejarle en claro a su mejor amigo que no siga bromeando sobre eso, pero se queda callado al notar el semblante serio de Takemichi. Un escalofrío le recorre todo el cuerpo. No puede ser cierto, es imposible que tenga una marca, pero Takemichi no tendría esa expresión a menos de que esté diciendo la verdad. Es pésimo mintiendo.
—Levanta un poco tu camisa, te voy a tomar una foto —propone Takemichi al notar que Chifuyu sigue sin creerle.
Sin muchas ganas, acepta. Levanta un poco su camisa –dejando parte de su espalda al descubierto– y espera a que Takemichi tome la fotografía. Apenas escucha un "listo" de su amigo, se da la vuelta y le arrebata el celular. No le piensa dar tiempo para modificar la imagen.
Observa la pantalla del celular, sumamente confiado de que no hay nada, pero no es así. Takemichi tiene toda la razón. Hay una marca en su espalda.
Le tira el celular de regreso a Takemichi y va rápidamente a su habitación mientras recita mentalmente, una y otra vez, que todo se trata de una muy mala broma. Abre de par en par la puerta de su cuarto, entra, se pone de espalda al espejo y levanta su camisa esperando no ver nada.
Apenas ve el reflejo en el espejo siente que le va a dar un ataque. No es ninguna broma. En la parte inferior de su espalda, al lado izquierdo, hay una pequeña marca –del tamaño de una moneda de quinientos yenes– con la forma de una patita de gato. Pasa varias veces los dedos de su mano izquierda sobre ella esperando que de esta manera desaparezca, pero no es así.
Sin importar lo real que se ve, sigue sin creer que es verdad. El único modo de que sea una marca es si su alma gemela lo tocó en ese lugar, pero eso es imposible. Está absolutamente seguro de que nadie, conocido o no, lo ha tocado en la espalda. Es más, si alguien lo hubiera tocado sin su consentimiento le habría dado una paliza.
Hace memoria de la última vez que revisó su espalda, sin embargo, no se acuerda con exactitud cuando lo hizo. Por eso trata de recordar si en los últimos meses estuvo cerca de alguien que nunca tocó, pero tampoco recuerda nada.
Desesperado, camina de un lado a otro en la habitación. Ahora, no solo su encuentro de ensueño con su alma gemela se fue a la mierda, sino que también la marca está en un lugar que no le gusta y no tiene la menor idea de quien la dejó o donde se encontraron.
Suspira vencido mientras deja de caminar. Nunca en toda su vida pensó tener tan mala suerte. Ya entiende porqué a todos los niños los obligan a usar guantes y porqué su mamá fue tan estricta enseñándole que si no va a ponerse guantes jamás debe tocar por primera vez a otra persona sin su consentimiento y, si toca a alguien sin querer debe informarle. Si la otra persona es su alma gemela, hasta el más mínimo roce puede crear una marca.
—Chifuyu —lo llama Takemichi desde el marco de la puerta— ¿estás bien? —pregunta preocupado.
Chifuyu asiste suavemente con la cabeza. Odia con todo su ser la situación en la que se encuentra, pero no puede hacer nada para cambiarla.
–Solo no esperé que pasara de esta manera –dice sinceramente.
—¿En serio es la marca? —Chifuyu asiste levemente como respuesta– Pensé que era un tatuaje de una huella de Peke J. Se parece bastante a las que dejó por todo el apartamento cuando se llenó de pintura.
Lo que dice Takemichi le llama la atención. En la mañana Peke J llenó todas sus patas de pintura e hizo un desastre. Por eso, decidieron encerrarlo en esa habitación para que no sucediera lo mismo. Él en su desesperación se le olvidó ese "pequeño" detalle y dejó la puerta abierta de par en par cuando entró.
—¿Ves a Peke J? —pregunta preocupado mientras busca al pequeño gato con mirada.
Ninguno de los dos lo ve por ninguna parte. Salen de la habitación y se dividen para buscar a Peke J en el apartamento. Entre más pronto lo encuentre, mejor. No quieren tener que limpiar de nuevo todo el lugar.
Chifuyu va a la sala y al llegar se relaja un poco. No parece que Peke J haya hecho un desastre aún. Con calma ve a su alrededor. Cuando observa en dirección del balcón entra en pánico. Peke J está sobre la barandilla, viendo algo a la distancia mientras mueve su cola de un lado a otro y se prepara para saltar.
Siente un déjà vu al ver esa escena. Hace tres días Peke J se comportó de la misma manera y terminó saltando hacía la nada. En esa ocasión, justo después de que el gato saltó, Chifuyu –como buen papá gatuno sobre protector que es– se tiró detrás de Peke J con la intención de atraparlo, pero lastimosamente no lo logró.
Debido a la desesperación del momento no recuerda bien qué pasó luego de tirarse detrás de Peke J. Solo está seguro de que después de caer escuchó a lo lejos unos maullidos, se levantó, alzó a Peke J y corrió a la veterinaria. Al final, de milagro, tanto a Peke J como a él no les pasó nada. Aun así, no piensa permitir que su amado gato salte de nuevo, por lo que corre hacia él. Cuando está a punto de agarrarlo, el pequeño gato salta.
—¡Peke J! —grita con todas sus fuerzas mientras salta detrás del gato.
Mientras caen, Chifuyu agarra a Peke J y lo abraza con todas sus fuerzas pegándolo a su pecho. Luego, cierra los ojos y se prepara para el choque. Unos segundos después siente que golpea algo, y extrañamente el golpe no fue tan duro como imaginó.
Abre lentamente los ojos y se sorprende. El golpe no fue tan duro porque lo atraparon. Vuelve a ver, con un poco de pena, a la otra persona. Se trata de un chico varios centímetros más alto que él. Su cabello es largo y negro, y sus ojos color avellana emanan un fuerte rencor.
—¿Qué rayos? ¡Otra vez! ¿estás loco? —dice el chico con resentimiento.
Chifuyu no puede evitar fruncir el ceño. Sabe que todo es completamente su culpa, y el chico está en su completo derecho de estar enojado, pero el tono en cómo el chico habló lo molesta.
—Solo estaba atrapando a mi gato —dice enojado—. No es como si hubiera planeado tirarme encima de ti —apenas termina de decir eso mira al chico con rencor.
El chico arruga el ceño mientras ve fijamente a los ojos a Chifuyu. Luego inclina un poco hacia abajo la cabeza para ver al gato, el cual Chifuyu aún tiene fuertemente abrazado.
—¡Chifuyu! —grita Takemichi desde el balcón, haciendo que Chifuyu y el chico volteen a verlo— ¿Están bien?
—¡Lo estamos! —contesta Chifuyu.
—¿Hablas por los tres o solo por Peke J y tú? —pregunta Takemichi.
Chifuyu aprieta su mandíbula. Él solo respondió por su amado gato y él. No tiene idea si al chico le pasó algo, pero asume que está bien. Presiente que si no fuera de ese modo el chico ya le hubiera echado en cara el estar herido.
Hace una mueca, molesto. Aunque no quiera, va a tener que preguntar. Le da igual como se encuentre, pero prefiere ahorrarse una reprimenda por parte de su mejor amigo por ser tan desconsiderado con los demás.
Mira al chico con la intención de preguntarle, pero en su lugar se le queda viendo sin decir nada. Por alguna razón luce como si el pelinegro viera con extremo desprecio a Takemichi, lo cual le parece muy extraño a Chifuyu. No entiende por qué tiene esa actitud hacia su mejor amigo, cuando este se está preocupando por él.
Abre su boca con la intención de reclamar, pero la cierra de inmediato cuando el chico lo mira fijamente. Tiene el ceño fruncido y parece en extremo molesto.
—¿Es tu novio?
Chifuyu se sorprende, esa pregunta salió de la nada y no tiene ninguna relación con la situación actual. Cuando sale de su asombro se limita a sonreír de medio lado de manera burlona. No piensa contestar. Por eso, cuando termina contestando se enoja consigo mismo.
—No, él es mi mejor amigo —dice indignado.
Al terminar de hablar hace una mueca. Algo hizo que se sintiera obligado a contestar y eso lo molesta. No entiende el motivo por el que contestó la pregunta y mucho menos por que se sintió indignado por el hecho de que el chico creyera que Takemichi es su novio.
Un maullido lo saca de sus pensamientos. Mira hacía Peke J, quien sigue aún entre sus brazos.
—Peke J, ¿por qué mierda hiciste eso de nuevo? —pregunta enojado, como si su querido gato le fuera a responder— la vez anterior no te pasó nada de milagro. ¡No te sigas restando vidas!
Escucha que el chico se empieza a reír, por lo que lo vuelve a ver enojado. No hay nada gracioso en lo que acaba de decir. Además, si él habla con su gato de esa manera es cosa suya.
—¿De qué mierda te ríes? —pregunta molesto.
—Sabes que eso también se aplica a ti, ¿verdad?
Está a punto de protestar, pero mejor se queda callado. Aunque le duela, el chico tiene razón. Antes de hablar de nuevo necesita escoger bien sus palabras, si no, seguramente el chico le va a volver a tirar las cosas en cara.
—No es asunto tuyo —termina diciendo, esperando con eso terminar la conversación.
—Desde el momento en que caíste encima de mí, lo es.
Respira profundamente, esperando obtener paz interior con eso, pero no funciona. Por eso, se prepara para empezar una discusión, la cual no tiene planeada perder. Lamentablemente su amigo habla antes de que alguna palabra salga de su boca.
—¡Chifuyu, no vayas a empezar una discusión y discúlpate apropiadamente! —grita Takemichi haciendo que Chifuyu chasquee la lengua y lo vea irritado—. Invítalo a comer como disculpa.
Al escuchar no puede evitar sorprenderse. Una cosa es una disculpa y otra muy diferente invitarlo a comer. Él no piensa gastar ni un solo yen en esa molesta persona. Es más, si el chico logra conseguir una disculpa, ya obtuvo mucho.
—Sushi.
—¿Qué? —pregunta Chifuyu mientras vuelve a ver atónito al chico.
—Quiero comer sushi —responde mientras sonríe maliciosamente.
—Lo lamento, pero el sushi no está dentro del presupuesto de un estudiante universitario. No creo poder invitarte a eso —dice con un falso tono de disculpa.
—Chifuyu ¿de qué hablas? —pregunta Takemichi desde arriba— Lo puedes invitar al sushi que sobró del pedido del almuerzo.
Chifuyu ve sorprendido a su mejor amigo. Por un segundo cree haber escuchado mal, pero no fue así. Nunca en su vida se sintió tan traicionado. Luego le daría un fuerte golpe a su amigo por ser tan desgraciado y decir esas cosas.
—No creo que le apetezca comer sobras —le grita en respuesta a Takemichi.
—Por mí está bien —dice el chico maliciosamente.
Al escuchar eso, Chifuyu no puede evitar ver al pelinegro con disgusto. Está seguro de que sólo aceptó con tal de molestarlo.
—En ese caso, suban de una vez —dice alegremente Takemichi y luego entra al departamento.
Chifuyu hace una mueca. No quiere compartir su tan preciado sushi –por el que han ahorrado por semanas– con ese sujeto. Lo mejor es adelantarse y esconder parte de las sobras del almuerzo.
Cuando se va a distanciar del chico, se percata de algo por primera vez. Durante todo el rato el pelinegro lo ha estado abrazando por la cintura. No pude evitar arrugar el ceño y enojarse consigo mismo. No entiende cómo ha pasado así y no percatarse.
—Suéltame —ordena.
El chico al principio no parece entender a qué se refiere Chifuyu. Luego de unos segundos lo capta y lo suelta, mientras frunce el ceño. Parece estar tan desconcertado y enojado sobre eso como Chifuyu.
—Que molesto —piensa en voz alta Chifuyu mientras camina hacia el apartamento.
—El único molesto aquí eres tú.
Chifuyu se detiene de golpe y mira hacia atrás. La última pizca de paciencia que tenía, se acaba de esfumar.
—Si te parezco molesto, lo mejor es que te vayas de una vez. Así no tienes que soportar más estar cerca mío.
—Lo siento Chifuyu, pero no te voy a dar ese placer —sonríe de medio lado arrogantemente—. No todos los días se consigue sushi gratis.
—Matsuno —dice irritado—. Alguien como tú no tiene el derecho de llamarme por mi nombre.
—Como digas, Chifuyu.
Chifuyu rechina los dientes. En serio no soporta a ese sujeto. Se las va a cobrar de alguna manera, aunque sea con amenazas falsas.
—Oh, por aquello —dice en tono inocente— espero que luego no te quejes si el sushi te llega a decepcionar o enfermar —agrega de manera dulce, pero amenazante. No piensa envenenar al chico, pero no pierde nada tratando de asustarlo— a veces las cosas gratis salen caras, señor molesto.
—Es Keisuke Baji, no señor molesto —mira de manera amenazante a Chifuyu— ¿acaso piensas envenenarme?
—Claro que no, solo estaba siendo considerado con el señor molesto —contesta en tono inocente mientras empieza a caminar de nuevo al apartamento.
No espera que Baji diga algo más y empieza a caminar de nuevo al apartamento. Está seguro de que, si se queda, aunque sea un segundo más en ese lugar, va a empezar a discutir otra vez y lo último que quiere es perder su hígado por causa del enojo.
Maldice su suerte por hacerlo caer encima de ese chico tan molesto, pero a quien en verdad maldice con todo su ser es a sí mismo. No entiende porque –aunque Baji lo irrite tanto– él quiere seguir hablando, o más bien peleando, con el pelinegro. Solo espera que después de hoy nunca más se vuelvan a encontrar.
Es un día bastante fresco. Desde la mañana hace viento, por lo que Chifuyu no se sorprende cuando una pequeña brisa sopla causando que su rubio cabello se desordene. Cuando la brisa termina –aunque sabe que es un desperdicio de tiempo hacerlo– pasa su mano derecha por su cabello en un intento de ordenarlo. En cualquier momento otra brisa va a soplar provocando que se despeine de nuevo. Aun así, no le importa. Hacer eso lo distrae de sus pensamientos.
Cuando cree que su cabello está un poco ordenado pone su mano sobre la barandilla de metal y suspira por quincuagésima vez. No entiende cómo es posible que una persona tenga tan mala suerte. Él seguramente hizo enojar a algún dios sin darse cuenta, esa es la única explicación de lo que le está pasando.
Primero, encontró a su alma gemela sin darse cuenta y sin importar cuánto se esfuerce buscando no tiene idea de quién puede ser esa persona. Las últimas dos semanas se ha dedicado, en cuerpo y alma, a visitar todos los lugares que fue en los pasados dos meses –los cuales no son muchos debido a su apretado horario universitario y su trabajo de medio tiempo–. No solo eso, también logró ser sumamente persuasivo para que le mostraran los videos de seguridad de los sitios donde creyó encontrarse con su alma gemela, pero no halló nada. Es casi como si la marca hubiera aparecido mágicamente, lo cual es imposible.
Sin embargo, eso no es lo peor. No sabe cómo, pero –en las pocas semanas que lleva conociendo a Baji– se enamoró profundamente del pelinegro. El profundo rencor del primer encuentro fue poco a poco cambiando mientras se conocían. Pasando de rencor a admiración y de admiración a amor.
Después de su fatídico primer encuentro se encontraron por casualidad los siguientes días. En las primeras ocasiones siempre empezaban peleando, pero de algún modo esas peleas terminaban en conversaciones casuales. Eso dio paso, de alguna manera, a que se volvieran cercanos y acordaron verse un par de veces.
Veces en las que Chifuyu tuvo que decir que no, pero al final no resistía y aceptaba con tal de pasar el rato con el pelinegro. Y este es otro hecho que lo está matando. Él no debería pasar pegado –casi como un chicle– a Baji. Entre más tiempo pasa con él, más se enamora y cree de nuevo que todo lo de las almas gemelas es una farsa.
Baji y él se complementan de una manera única. Tanto así, que está empezando a pensar que es imposible que se pueda complementar tan bien con su alma gemela. Si no fuera porque Baji también ya encontró a su alma gemela –información de la cual se enteró cuando escuchó sin querer parte de una conversación entre Baji y uno de sus amigos– ya hubiera intentado llegar a algo con el pelinegro. En serio odia y está celoso de esa suertuda persona.
Suspira resignado. Nada de esto debería estar pasando. Aunque no le guste mucho la idea, lo mejor es dejar de buscar por completo a su alma gemela –así no se lleva una decepción y no está obligado a nada– y distanciarse completamente de Baji.
Dobla sus brazos sobre la barandilla, se reclina en ella y cierra los ojos. Justo en ese momento una brisa sopla, haciendo que se relaje. De repente, escucha un fuerte chasquido. Segundos después siente un ardor en su vientre seguido de la sensación de estar cayendo. Tiene la impresión de que alguien grita su nombre así que abre los ojos, pero los cierra de inmediato. La sensación de caída no es una simple sensación, él literalmente está cayendo.
—¡Maldita sea Chifuyu, me prometiste no volverlo a hacer!
Chifuyu abre los ojos de golpe. Esa voz es imposible que no la reconozca. Frente a él está Baji, quien se encuentra bastante molesto. Al parecer, de alguna manera, el pelinegro se las arregló para atraparlo. O eso supone, ya que el mayor lo tiene abrazado por la cintura.
—¿Baji-san? —pregunta desubicado, aún no entiende bien qué sucedió.
—Mierda Chifuyu. Está vez en serio estoy enojado.
—¿Qué pasó? —se atreve a preguntar.
Baji ve fijamente a los ojos a Chifuyu mientras frunce el ceño. Luego de unos segundos ve hacía los lados, como buscando algo. Cuando parece que no encuentra lo que busca, fija su mirada de nuevo en Chifuyu.
—¿No saltaste detrás de Peke J?
—No —contesta con toda la sinceridad del mundo—. Lo último que recuerdo es estar en el balcón, no sé cómo terminé cayendo.
Chifuyu mira hacia arriba, en dirección del balcón de su apartamento, en un intento de comprender lo que está sucediendo. No puede evitar sorprenderse al notar que parte de la barandilla se encuentra rota. Seguramente el chasquido que escuchó se produjo cuando la barandilla se rompió.
De pronto, siente una fuerte punzada en su estómago. Baja la cabeza para observar de qué se trata. Su camisa está rasgada y tiene una gran mancha roja. Lleva sus manos donde está la mancha y se sube un poco la camisa. En su estómago hay una cortada. No es muy profunda, pero sí lo suficiente para que sangre y le duela levemente.
—Es mejor que vayamos a emergencia.
Chifuyu, confundido, observa a Baji. El pelinegro no puede estar hablando en serio, la herida no es para nada grave, pero la expresión tan seria –y un poco asustada– que tiene Baji le dan a entender que si es así.
—No es para tanto.
—¿No es para tanto? ¡Estás sangrando!
—Que una herida sangre no hace que sea seria —Baji lo vuelve a ver enojado. Aun así, no piensa cambiar de opinión—. La cortada no es tan profunda. Con solo desinfectarla correctamente y poner una venda basta. Es algo que puedo hacer yo mismo, no es necesario ir a emergencias por eso.
—No está de más que te revisen.
—Deja de exagerar —rueda los ojos y se distancia un poco con la intención de que Baji lo suelte—. No sabía qué eres tan sobre protector.
Baji se sorprende ante ese comentario. Aprieta su mandíbula con fuerza y, por su expresión, se nota que está mucho más molesto que antes
—Haz lo que quieras —dice de mala gana mientras suelta al rubio.
Chifuyu sonríe victorioso y se dirige rápidamente al apartamento. Unos pasos detrás de él, viene Baji quien de vez en cuando gruñe molesto. Al llegar, entra tranquilamente y va al baño por el botiquín de primeros auxilios, mientras ignora el hecho de que el pelinegro no aparta la vista de él ni un segundo.
Cuando agarra el pequeño botiquín, Baji se lo quita de las manos. Piensa protestar, pero antes de lograr decir algo, Baji lo sujeta del brazo y lo jala hasta la sala. Luego lo hace casi tirado sobre uno de los sillones.
—Ya que no quisiste ir al hospital, por lo menos me voy a asegurar que la herida sea bien curada.
—¿Qué? —es lo único que logra decir debido al desconcierto.
Chifuyu no ha ni empezado a procesar lo que acaba de pasar, cuando Baji ya le está quitando la camisa –haciendo que Chifuyu se congele–, para luego empezar a sacar las cosas necesarias del botiquín y empezar a curar la herida del rubio. Con cada segundo que pasa, Chifuyu agradece internamente al dolor causado por el agua oxigenada –la cual Baji está aplicando por medio de un algodón sobre toda la herida– si no, seguramente, ya le hubiera dado un ataque de nervios y su rostro estaría más rojo que un tomate.
Después de desinfectar la herida, Baji unta un ungüento. Mientras lo hace, Chifuyu opta por hacer lo más sabio que se le ocurre en ese momento, ver hacia otro lado y pensar en cualquier cosa que lo ponga menos nervioso y evite que le de un ataque al corazón. No es hasta que siente que el pelinegro coloca un par de gasas sobre la cortada que logra relajarse.
—Listo —dice Baji mientras guarda todo lo que utilizó en el botiquín.
Por su parte, Chifuyu no dice nada y solo se limita a ver las gasas en su estómago. Aún no puede creer lo que acaba de pasar. Nunca creyó posible que el mayor fuera a hacer algo como eso.
—Si te quedas así te puedes resfriar.
Chifuyu mira a Baji desconcertado, no entiende cómo se puede resfriar por culpa de una herida. Es hasta después de unos segundos que su cerebro vuelve a funcionar y recuerda que se encuentra sin camisa. Vuelve a ver hacia los lados buscando la camisa que tenía puesta, pero deja de buscarla cuando recuerda que está rota y manchada de sangre. Sin perder tiempo se pone de pie y se dirige a su habitación con la intención de ponerse una camisa limpia.
—Esa marca… —escucha que dice Baji a su espalda.
Esas dos palabras son más que suficientes para paralizar a Chifuyu por completo. Siente que su alma está a punto de dejar su cuerpo. Se olvidó totalmente de la marca en su espalda. Lo último que quería –que Baji se enterara que tiene una marca– acaba de pasar. Hay muchas preguntas relacionadas con la marca las cuales no quiere contestar.
—No es nada importante —dice rápidamente mientras se apresura a su habitación.
—¿Nada importante? —pregunta Baji enojado.
Ignorando completamente la pregunta, Chifuyu continúa caminando. Al llegar a su habitación se pone la primera camisa que encuentra. Luego, da la vuelta con la intención de volver a la sala. Ya tuvo el tiempo suficiente para pensar una buena mentira. Lo que nunca esperó, es ver a Baji observándolo –sumamente enojado– desde el marco de la puerta de la habitación.
Muerde su labio inferior nervioso, nunca pensó que Baji fuera una de esas personas que le dan tanta importancia a la marca. Ahora no está seguro si es una buena opción mentir, si lo hace las cosas se pueden poner peor. Aunque no le guste la idea lo mejor es decir la verdad, solo revelando lo necesario.
—No me refiero a las marcas en general, solo a la mía –dice esperando que eso mejore la situación, pero no es así. Baji parece más enojado que antes.
—Explícate —exige.
—Es complicado de explicar.
—Tengo todo el tiempo del mundo para escucharte.
—No quiero hablar sobre eso —dice con sinceridad en un tono triste.
Baji, al escuchar la negativa, camina hacia Chifuyu. El rubio, por instinto, retrocede lentamente hasta chocar su espalda contra el ropero.
—Baji-san —súplica al encontrarse arrinconado— en serio no quiero hablar de eso.
—¿Tanto odias la idea de tener un alma gemela?
—¡No! —contesta de inmediato, haciendo que Baji se detenga— No es eso. Solo que … —baja la cabeza triste. Con solo recordar toda su mala suerte se siente cada vez más desanimado.
Baji avanza de nuevo, eliminando la poca distancia que los separa. Cuando está frente a Chifuyu, toma gentilmente –con su mano derecha– la barbilla del rubio y le levanta el rostro.
—¿Solo qué? —pregunta cariñosamente Baji mientras mira fijamente a los ojos a Chifuyu.
Chifuyu aprieta los labios mientras trata de no ver a los ojos a Baji. Sabe que ya no es una opción evitar el tema. Conoce lo suficiente al pelinegro para saber que no va a dejar de insistir hasta que le dé una explicación. El problema es que no está seguro si contarle todo o solo una parte.
—Yo … —dice inseguro y luego hace una pequeña pausa para reunir valor— no se quién me dejó la marca, ni siquiera se desde cuando la tengo. Por eso no quiero hablar sobre eso.
Al terminar de hablar, empieza a suplicar internamente que eso sea suficiente para satisfacer la curiosidad de Baji y que ya no haga más preguntas. Lastimosamente, el semblante pensativo del pelinegro le dice que no va a ser así.
–—¿Qué has hecho para encontrarlo?
Apenas escucha la pregunta, Chifuyu ríe sarcásticamente. Sabe que Baji no lo hizo con esa intención, pero esa pregunta lo hace sentir como si él no se hubiera esforzado o hecho algo, cuando ha sido todo lo contrario.
—¿Qué he hecho? Más bien que no hecho —dice enojado, en un tono más alto del que quiere— Fui a todos los lugares en los que estuve en busca de pistas. ¡Hasta vi los videos de seguridad de la mayoría de esos sitios! —con cada palabra que dice, la frustración es más evidente.
Cuando se calla, se da cuenta de lo que hizo. No era su intención hablar de esa manera, pero simplemente no pudo evitar explotar y dejar salir toda su frustración. Baji, por su parte, suelta la barbilla de Chifuyu, cierra sus ojos y empieza a masajear su cien en círculos.
—No puedes estar hablando en serio —dice Baji enojado.
—Lo hago —dice con firmeza.
Baji –al escuchar esas palabras tan seguras por parte del rubio– deja de masajear su cien, abre los ojos y observa fijamente a Chifuyu con una mirada cargada de enojo. Ante este acto, Chifuyu se estremece. Nunca había visto a Baji tan enojado.
—No has hecho nada —dice el pelinegro en un tono tan seguro que hace a Chifuyu dudar.
—Tú no sabes nada. No tienes idea cuanto me he esforzado —asegura, tratando de sonar lo más confiado que pude.
—Si la tengo. De lo contrario ya te hubieras dado cuenta.
Chifuyu arruga el ceño, confundido. Tiene el presentimiento de que Baji ahora está hablando de algo completamente diferente. En algún punto la conversación tomó otro rumbo y él no se dio cuenta.
—¿Darme cuenta de que? No entiendo de lo que hablas —pregunta en un intento de retomar el hilo de la conversación.
—¿En serio no te diste cuenta? —suspira agotado al notar la confusión del rubio— No puedo creer la mala suerte que tengo. No dije nada porque las cosas se dieron de una manera anormal, y era mejor de esta forma, así nos conocíamos, pero acabas de hacer que pierda toda la paciencia que tengo.
Con cada palabra que Baji dice, Chifuyu más confundido se siente.
—Baji-san, no entiendo de qué hablas.
—¡En serio, no lo puedo creer! Hasta los idiotas de nuestros amigos se han dado cuenta.
Chifuyu ladea un poco la cabeza al lado izquierdo, denotando de esta manera lo confundido que se encuentra. No entiende en absoluto porque Baji dice esas cosas. No vienen al tema ni tienen sentido. Pero antes de que pueda decir algo al respecto Baji continúa hablando.
—Un día, de la nada, un chico rubio me cayó encima. Por instinto lo atrapé y ambos caímos al suelo. Luego, el muy bastardo solo se levantó, agarró un gato y se fue sin siquiera disculparse o agradecer.
Mucho más desconcertado que antes, Chifuyu no puede evitar fruncir el ceño. Baji ahora no solo cambió completamente el tema de conversación, si no, además, está tergiversando lo que sucedió ese día.
—Imagina mi sorpresa cuando me duché ese mismo día y vi una marca en mi pecho. No tienes idea como me enojé. Que tan mala era mi suerte para que me marcaran sin querer y, además, me tocara como alma gemela a un rarito suicida que salta desde los balcones.
Chifuyu queda en shock. Tiene que estar escuchando mal. Es eso, o Baji le está jugando una broma. Cuando cayó sobre el pelinegro jamás lo tocó. En todo momento sostuvo a Peke J. Además, eso implica que se encontró desde antes con Baji y eso es imposible. Si se hubiera encontrado de casualidad con el pelinegro, está seguro de que se acordaría
—No me preocupé en buscarlo y evitaba el lugar donde nos encontramos a toda costa —continúa hablando Baji, devolviendo a la realidad a Chifuyu—. Imagina mi enojo cuando tres días después tuve que pasar por el mismo lugar y el molesto chico rubio me cayó de nuevo encima.
Chifuyu aguanta la respiración por unos segundos. No puede ser posible. Niega con su cabeza una y otra vez. Si él hubiera caído encima de alguien la primera vez que se tiró detrás de Peke J, se hubiera dado cuenta. Es verdad que él –cuando se trata de Peke J– deja de prestarle atención a su entorno, pero no a tal extremo. O eso cree.
—El chico parecía no recordar nada del incidente anterior, eso me disgustó —dice en un tono enojado haciendo que Chifuyu le preste atención de nuevo—. Por eso traté de molestarlo ese día, y los otros que nos encontramos de casualidad, pero al final tuvo el efecto contrario —suspira derrotado—. Terminamos volviéndonos cercanos y me di cuenta de que el chico simplemente es un padre gatuno extremadamente sobreprotector y que tenemos una gran afinidad, aunque él es muy molesto a veces.
Chifuyu siente que su alrededor le da vueltas. Trata de procesar todo lo que acaba de escuchar, sin embargo, se le hace difícil. No puede creer que sea verdad. Es demasiado bueno para serlo. Trata de recordar que pasó la primera vez que se tiró detrás de Peke J, pero estaba tan desesperado por su gato que fue a lo único que le prestó atención, así que no recuerda nada de lo que Baji dijo.
—N-No p-puede ser posible —dice nervioso.
Baji suspira cansado. Observa a Chifuyu a los ojos y luego baja un poco el cuello de su camisa dejando a la vista una marca. Chifuyu primero la ve de manera escéptica, pero entre más la observa menos se lo cree. Sus ojos le deben estar engañando, es la única explicación. No hay forma que se equivoque comparando otra marca con la suya. Él ha visto por tanto tiempo su propia marca que conoce hasta el más mínimo detalle.
La marca de Baji tiene la misma figura –una huella de gato– y tamaño que la suya. Pero no es solo eso. Cada uno de los pequeños remolinos –que le dan forma a la marca– van en el mismo patrón que la suya. Además, la combinación de los colores azul oscuro y azul claro de cada remolino es idéntica a la de su marca.
No puede evitar tocar –con la yema de sus dedos– la marca de Baji. Piensa que si la toca va a desaparecer, sin embargo no es así. En su lugar siente un cosquilleo en sus dedos. Es una extraña, pero hermosa sensación.
Ante esta sensación, Chifuyu vuelve a ver a Baji y luego empieza a reír sin parar. El pelinegro al escuchar reír al rubio, hace una mueca molesto.
—¿Qué es tan gracioso?
—No puedo creer que sentí envidia de mí mismo —Baji alza una ceja curioso—. Un día escuché sin querer a Mikey diciendo que habías encontrado a tu alma gemela y tuve envidia de esa persona —niega con la cabeza—. Es increíble que me haya puesto celoso por algo como eso, solo porque estoy enamorado de ti —ve de nuevo la marca.
—Entonces, ¿estás enamorado de mí? —sonríe maliciosamente.
Chifuyu se pone nervioso, habló de más. Sin pensarlo, esas palabras salieron de su boca. Sus mejillas empiezan a arder como nunca y en lo primero que piensa es en huir. Vuelve a ver a su derecha asegurando su ruta de escape, pero antes de pueda dar un solo paso Baji lo abraza por la cintura para evitar que huya.
Va a protestar, cuando siente que Baji toca –en su espalda– el lugar donde tiene la marca. Al contacto percibe un cosquilleo que recorre todo su cuerpo haciendo que se estremezca un poco. Es una extraña sensación, pero de alguna manera es placentera, hasta el punto de que no quiere que termine.
No puede evitar preguntarse si el pelinegro sintió lo mismo cuando él lo tocó. Vuelve a ver el rostro de Baji buscando algún indicio, pero se sorprende al notar que el pelinegro lo está observando fijamente, con una mirada muy cariñosa. En el momento que sus miradas se encuentran Baji le sonríe haciendo que Chifuyu no pueda evitar sonreír en respuesta y se sienta tranquilo.
—Entonces —dice Baji mientras acerca más a Chifuyu hacia él— te enamoraste de mí en tan solo dos semanas.
—Sí. Tal vez el caer encima tuyo tantas veces tenga que ver.
—No puedo creer que estoy enamorado de un chico tan molesto y temerario —dice Baji mientras niega un par de veces con la cabeza.
Chifuyu no puede evitar sonreír al escuchar eso. El mayor lo está tratando de molestar con respecto a eso, pero al parecer los dos se sienten de la misma manera.
—Estoy seguro de que esas son las cualidades que más te gustan de mí.
—Estas demente si crees que me agrada la idea de que estés saltando desde el balcón —dice Baji un poco enojado, haciendo que Chifuyu suelte una pequeña risita.
—Sabes que no lo hice al propio —hace un puchero— pero supongo que no me arrepiento, porque de esa manera te conocí —sonríe dulcemente.
—Creí que eras más del tipo de encuentros románticos.
—Lo soy —admite— pero creo que este encuentro va más a nosotros —no puede evitar reír un poco ante el recuerdo de su primer encuentro—. Además, es una anécdota más divertida de contar. Estoy seguro de que todos se van a divertir mucho escuchando como te caí encima tres veces.
—Eres tan molesto.
—Aun así me quieres.
—Lastimosamente.
Antes de que Chifuyu pueda reclamar, o decir algo más, Baji lo besa. El rubio primero se sorprende y luego corresponde el beso.
Si le hubieran preguntado hace unos meses que opina sobre un encuentro como el que tuvo él con Baji, sin pensarlo contestaría que siente lastima por esa persona y que prefiere morir a que le pase lo mismo. Pero ahora cree completamente lo contrario.
Aunque literalmente casi se muere del estrés y frustración, no puede imaginar otro primer encuentro con Baji. Un encuentro casual y romántico no va con ellos. Además, hasta el lugar donde tiene la marca –que en un principio odiaba– ahora le parece una ubicación perfecta.
