Autora: Tooru
Palabras: 683
Advertencias: OoC no intencional, spoilers descarados, muerte canon de personaje
Angstruary día 8: Dysphoria


Valvrave The Liberator y todos sus personajes pertenecen a Sunrise


Es difícil ponerlo en palabras, porque no hay una manera posible —al menos, no para él— en la que pueda expresar con facilidad la tristeza y la impotencia que siente después de saber que Lisselotte había muerto a pesar de que había hecho todo lo posible por salvarla.

L-Elf —Mikhail, se recuerda. Al menos, puede hacer el intento por utilizar el nombre por él que ella lo conoció— se había obsesionado con la idea de salvarla desde su primer encuentro. Crear una revolución, darle un espacio seguro en dónde vivir sin el miedo a que los gobernantes en Dorssia le hicieran algún daño.

Aun así, no había podido cumplir con esa promesa que le hizo cuando todavía era un estúpido niño entrando a la adolescencia. No tiene, y nunca tuvo, el poder ni la fuerza para hacer realidad su sueño.

Lisselotte había muerto durante su huida de la antigua Ciudad Capital de Dorssia, sin que pudiera hacer algo por evitar ese suceso que le había sumido en una inmensa tristeza.

Si tan solo pudiera usar un Valvrave…

.

Los sucesos después de aquel fatídico evento pasan tan rápido que no logra asimilarlos en su totalidad. Tampoco es que quiera hacerlo, pues su mundo se había sumido en una profunda oscuridad de nueva cuenta.

Licht, su luz se había apagado sin poderlo evitar.

Tokishima Haruto sabe de lo importante que era Lisselotte para él. Había llorado por ella sin haberla conocido, dejándose llevar únicamente por las memorias de su cuerpo después de haberle poseído.

Nada que pudiera ofrecerle le haría cambiar de parecer. Aun si eso significa su propia muerte.

En ese momento, lo que L-Elf más desea, es morir.

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Una promesa, una guerra que habían encendido gracias a su propia terquedad.

Una pelea es lo que le lleva a entender todo lo que Lisselotte le dijo cuando aún estaba viva.

Ella también era parte del consejo de los 101, pero su deseo por llevar una sana convivencia entre Magios y humanos le habían llevado a la muerte. No había nada que pudiera hacerse si el consejo había decidido que ella no era necesaria en el mundo.

«Heredaré tu sueño… Lisselotte».

Pero el tiempo está en su contra. Siempre lo ha estado, en realidad.

Las memorias de Tokishima Haruto —sus runas— están a punto de acabarse. L-Elf lo sabe cuándo mira al castaño y nota las pequeñas expresiones en su rostro; la forma en la que oculta bajo esa brillante sonrisa su miedo y preocupación.

No sabe qué tanto recuerda Haruto, se conocen de unos meses atrás en realidad. Pero supone que no es mucho para la batalla que están a punto de librar y salvar a sus amigos —los pocos que le quedan—.

Definitivamente, no tienen nada en su favor.

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Despertar poco después de que Haruto haya terminado con la unidad 02, y ver al castaño tirado en la cabina le deja con un nudo en la garganta que definitivamente no estaba ahí.

Que Haruto despierte le tranquiliza, pero la sensación es igual de efímera que un parpadeo.

Tokishima Haruto ni siquiera lo recuerda. El JIORiano no es capaz de recordar ni siquiera su propio nombre, tampoco es consciente de las cosas que suceden a su alrededor.

Las lágrimas se arremolinan en sus ojos, pero intenta ser fuerte. No puede permitirse perder la compostura, aun si sus propias emociones le piden salir.

Todo se va al carajo cuando siente el suave golpe de Tokishima Haruto. Es como si hubiera recobrado la consciencia en sí mismo por un par de segundos —L-Elf lo nota en esos profundos ojos verdes que recuperan el brillo por un momento—, para después apagarse para siempre.

Y la tristeza se apodera de nuevo de él. Las lágrimas no se detienen, y su corazón es incapaz de sentir algo que no sea la oscuridad que siempre le ha acompañado.

Había perdido a la persona que, como Mikhail, había considerado la más importante.

L-Elf también había perdido a su persona más valiosa.

Es normal que sienta que su vida se destruye a pedazos a un ritmo constante.