• Autora: Tooru
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• Advertencias: OoC no intencional, ligeros spoilers, hanahaki disease, sin final feliz
• Angstruary día 9: Hanahaki
A y todos sus personajes son propiedad de A1 Pictures
Puede parecer algo lógico para cualquier persona, pero no se pierde nada al dejarlo muy en claro: en Marte no hay flores.
Las pocas plantas que crecen en suelo marciano son las que pueden dar frutos. Tampoco es que puedan obtener frutos grandes o jugosos como los que se dan en la Tierra, pues no hay muchos nutrientes en un suelo que es prácticamente infértil.
Slaine sabe que no hay flores en Marte, así que se preocupa cuando ve unos pequeños pétalos blancos caer sobre la dura superficie del suelo. La única razón por la que eso sucede es porque su salud está empeorando por culpa de un amor no correspondido.
No le sorprende, pues ya sabía que la Princesa Asseylum lo ve como si fuera un hermano pequeño al que debe proteger con todas sus fuerzas.
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La enfermedad de Hanahaki había sido una de las últimas investigaciones que su padre dejó pendientes después de interesarse en Marte. Slaine recuerda haber leído un poco de la misma cuando era un niño.
Una enfermedad que se alimenta de los sentimientos de amor no correspondido. Una planta que crece en el pecho, afectando principalmente las vías respiratorias por culpa de las raíces y las flores que crecen dentro del paciente.
Los primeros síntomas son alarmantes, porque no hay manera de saber que lo padeces, hasta que las primeras flores han brotado.
Una enfermedad bastante peligrosa, con solo dos curas posibles: que tus sentimientos sean correspondidos —que en su caso, es muy poco probable—, o someterse a una operación para remover las flores del cuerpo, pero perdiendo los sentimientos hacía esa persona a cambio. En algunos casos, hay personas que pierden incluso toda capacidad de amar.
Algo bastante triste, en verdad. Hay personas que prefieren morir ahogadas por las flores que crecen en su pecho, a que sus sentimientos sean removidos. A correr el riesgo de perder toda capacidad de amar y volverse solo una triste cáscara que vive sumida en la depresión.
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No hay flores en Marte. Eso es obvio.
Kaizuka Inaho lo sabe perfectamente, a todos los estudiantes en la Tierra se los enseñan. Así que ver pétalos blancos manchados con sangre en el vestido de la Princesa Asseylum le mantiene alerta.
No es como si Asseylum tuviera Hanahaki, pues no parece ser el caso. Es alguien cercano a ella, y solo se le viene a la mente la figura de aquel hombre al que prefiere llamar por su apodo: Bat.
Es algo trágico, porque sabe que él también puede desarrollar la misma enfermedad por culpa de la misma persona que ignora sus sentimientos. Tampoco es como que ella esté obligada a corresponderle, pero no quiere sufrir por culpa de un amor no correspondido.
No hay flores en Marte, pero si las hubiera, muy probablemente sean flores blancas. Es un color que va bien con la imagen y presencia de Asseylum Vers Allusia. Su personalidad es tan pura, que es difícil imaginar que otro color pueda ir bien con ella.
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Las flores se abren paso de manera dolorosa. El aire le falta, y la presión en su pecho empeora con cada ataque de tos que padece.
Los pétalos se habían transformado en botones sin florecer, y estos habían dado paso a flores enteras con el paso del tiempo. El blanco de estas siendo manchado por su sangre.
Había logrado mantener su secreto a salvo, pero Orange tenía que descubrir que no es más que un ser patético que se está dejando morir por sus propias emociones y un tóxico y dañino sentimiento que no es, ni será correspondido. Al menos no en esta vida.
La sonrisa rota de Inaho le hace sentir incluso peor, las flores vuelven a salir de su boca sin que pueda evitarlo.
Orange tiene más oportunidades que él de estar con la princesa que él. La idea de que sea él quien pueda vivir al lado de Asseylum le hace sentir peor.
El aire le falta, la tos empeora y flores aún más grandes raspan y queman su garganta antes de ser vomitadas. La sangre mancha la enorme rosa blanca casi en su totalidad, y el dolor de su amor se siente aún más fuerte e insoportable.
El tiempo se le está acabando. Lo sabe, porque también ha vomitado hojas del rosal que crece en su interior. Las espinas se entierran en sus entrañas con más fuerza.
Slaine no sabe en qué momento ha perdido la consciencia después de quedarse sin aire. Solo recuerda despertar en una blanca habitación y sentir la luz del sol golpeando su rostro.
La primera persona a la que observa es a Kaizuka Inaho verle con esos horribles ojos cafés que no expresan nada.
Aun así, prefiere quedarse con él hasta que el dolor de su cuerpo sea mucho más tolerable y sea seguro que no tendrá otra crisis. No puede darse el lujo de que los comandante de Vers sepan que está tan enfermo.
No quiere volver a vivir los abusos que sufrió siendo un niño terrestre que, gracias a la bondad de la Princesa Asseylum, había sido acogido en Marte.
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Las cosas se van a la mierda cuando deciden que él único culpable de la guerra entre Vers y la Tierra es él.
Los sentimientos no correspondidos se alimentan aún más rápido de su cuerpo.
Kaizuka Inaho está en las mismas, aunque no haya podido ver las flores que infectan su cuerpo. Inaho es muy cerrado con todo lo que le aqueja, y es mucho más difícil leer lo que sea que esté pensando cuando solo tiene un ojo.
Slaine admite que es su culpa que el castaño tenga que usar un parche para cubrir la falta del globo ocular que destruyó ese día.
Los encuentros con Orange son mucho más dolorosos cuando observa a detalle a su captor y futuro verdugo. Hay cosas que no había notado antes, y que es normal que no viera en su momento.
¿Si los dos hubieran estado del mismo lado, pudieron haber sido amigos? Slaine se lo pregunta todos los días.
No es como que tenga muchas cosas que hacer en su fría celda.
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—En Marte, nosotros no tenemos flores…
El suave susurro de Slaine le llama la atención. Es algo que ya sabe, pero que igual quiere escuchar.
—Las pocas veces que pude ver flores de nuevo, fue porque habían llegado a Vers por medio del tráfico ilegal… —ese detalle no pasa desapercibido por Inaho, quién siente que su garganta arde con cada palabra que sale de los delgados y resecos labios de Slaine.
La tos aparece en un breve momento, y rápidamente se convierte en una crisis. Slaine no sabe por qué, pero lo primero que hace es gritar por ayuda de los guardias que custodian la puerta para que puedan ayudar a Inaho.
Probablemente será cuestionado sobre el incidente, y le culpen de otro crimen que no cometió.
Todo el mundo había ignorado los pétalos de un tenue azul que, a simple vista, podrían ser confundidos con pétalos blancos.
La enfermedad de Hanahaki apareciendo ahora como la culpable de que el héroe de la humanidad muera a futuro.
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Inaho sabe perfectamente que no hay flores en Marte. El suelo del planeta rojo apenas si tiene los nutrientes suficientes para hacer crecer un par de árboles frutales.
Aun así, cree que Slaine es como una de esas plantas que crecen en terrenos inesperados y sobreviven. Siendo increíblemente bellas a pesar de que todo a su alrededor está en su contra.
Slaine es como esas raras flores que crecen en el desierto y se alimentan de los pocos nutrientes que un suelo infértil apenas si puede ofrecer para mantenerla con vida.
Tal vez si haya flores en Marte, solo una.
La que le está matando con un amor no correspondido, y que tiene unos brillantes ojos azules que, a pesar de que se han apagado con el paso del tiempo, aún conservan algo de ese brillo infantil e inocente.
Slaine es como una flor que crece en la adversidad.
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Inaho siempre regresa, a pesar de que su salud empeora a un ritmo mucho más rápido que el suyo.
Sin embargo, las flores no vuelven a aparecer de nuevo. No después de ese día.
Slaine aún tiene algunas heridas abiertas que los otros guardias le hicieron durante el interrogatorio; unas pocas habían cicatrizado.
Inaho se había dado cuenta de eso.
—Seré egoísta por esta vez —declara Kaizuka. No es una sorpresa para Slaine, Inaho siempre ha sido egoísta cuando se trata de él—. Tú eres la razón por la que padezco Hanahaki.
Slaine siente que le falta el aire, y no sabe cuánto tiempo pasa antes de que todo le dé vueltas y su visión se torne borrosa.
Inaho había empujado sus propios sentimientos, como si no tuviera suficiente con los propios.
Lo odia. En verdad lo odia. Y espera que ese maldito en verdad se muera gracias a él.
Kaizuka Inaho le había dicho que lo ama de la peor manera posible.
Slaine se pregunta de nuevo si, en el hipotético caso de que estuvieran en el mismo bando, su relación pudo haber sido más amable para los dos.
Si pudieron haberse salvado de morir lentamente por culpa de sus propias emociones.
Slaine Troyard en verdad odia a Inaho.
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—Si te pidiera que me dejes morir, ¿lo harías?
La pregunta sorprende a Inaho. El escozor de su garganta aparece, pero no quiere ser el culpable de que más cicatrices aparezcan en el cuerpo de Slaine.
—No.
La respuesta no le sorprende.
—Te odio… —las lágrimas se arremolinan en sus ojos, y siente como la garganta se le cierra conforme el nudo en la misma se va formando—. Te odio.
—Lo sé.
Inaho se queda más tiempo del habitual. Hasta que Slaine deje de llorar, hasta que su propio cuerpo deje de doler.
Hasta que las flores le impidan respirar con normalidad.
En verdad lo ama, así que no quiere que muera.
Slaine es como una flor, así que tiene que hacerse a la idea de que algún día morirá como una.
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No hay flores en Marte. Eso es algo que todos saben.
No hay manera en la que algo tan hermoso pueda sobrevivir a un ambiente tan adverso.
Slaine es igual. Y aun así había logrado sobrevivir.
Así que igual que una flor, había muerto. No por sus sentimientos no correspondidos hacía alguien que, de una u otra manera, lo había abandonado.
Su frío cuerpo fue hallado en su celda con claras señales de que había terminado con su vida.
Inaho le había regalado su libertad con la forma de una navaja oculta en la pluma que, deliberadamente, dejó ese día sobre la mesa.
Las venas de sus brazos habían sido cortadas de manera vertical. Seguramente se desangró sin que nadie se diera cuenta hasta la mañana siguiente.
También había dejado una nota.
Él morirá conmigo.
Kaizuka Inaho, ese mismo día, fue encontrado muerto.
Flores azules rodeando su cuerpo, con señales de que se había ahogado hasta perder la vida.
Su propio amor le había matado.
