BLUE EYES
Por Cris Snape
Disclaimer: Cobra Kai es una serie de televisión creada por Robert Mark Kamen y emitada por Netflix.
Este fic participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.
Tabla 2: Lugar. Prompt: Montaña.
Tabla 7: Personajes. Prompt: Ojos claros.
Tabla 8: Técnica. Prompt: Narrador en tercera persona.
—¡Joder! ¡Qué puto frío! Cualquiera diría que estamos en California.
Procura hacerse el gracioso. La cara de palo de Robby empieza a preocuparle. De acuerdo. No son uña y carne. Su relación padre e hijo es una mierda, pero se supone que están allí de forma voluntaria. Para limar asperezas y conocerse el uno al otro. Johnny esperaba que se mostrara un poco más colaborativo.
—El fuego se va a apagar.
Ya lo sabe. Mierda. Para ser honesto, ir de acampanada no es lo suyo. Cuando dormía en el bosque con sus amigos, dejaba que ellos se encargaran del trabajo duro mientras bebía cerveza. Mira la fogata. Tiene un aspecto deplorable y es su responsabilidad. Bufa como un animal salvaje y echa un vistazo a su alrededor. Es el momento de ir a buscar leña. A ser posible, que esté seca.
—¿Lo vigilas un rato? Enseguida vuelvo.
Deja al chico acurrucado en el suelo. Se ha puesto una sudadera que debe ser dos tallas grande y el flequillo le tapa los ojos. Es curioso. Padre e hijo comparten el color (azul, por supuesto) pero no se parecen en nada. Debe ser por la mirada. O a lo mejor Robby ha salido al tatarabuelo Keene. ¡Quién sabe! La cuestión es que tiene que cumplir un objetivo y no se rendirá a las primeras de cambio.
Admite sus errores. Decir que ha sido un poco negligente con Robby es quedarse muy corto. ¡Joder! El desastre comenzó el mismo día de su nacimiento. Johnny lo pasó en un bar de moteros de Colorado, borracho como una cuba. Le robaron la cartera, la moto y lo dejaron en ropa interior. A lo mejor se lo merecía. A lo mejor tendría que haberse quedado con Shannon, sujetando su mano mientras daba a luz.
Eso ya no tiene solución. Tampoco el hecho de que tardara tres meses en estar lo suficientemente sobrio como para conocer a su hijo. Bebé Robby era fascinante. Tenía la carita redonda y un montón de pelo oscuro sobre la cabeza. Y los ojos tan azules que a Johnny se le puso la piel de gallina. En aquel entonces, se sintió tan emocionado que quiso imaginarse que el bebé se le parecía. Lástima que no le durara mucho. Diez días para ser exactos.
La segunda vez que vio a Bebé "Un Poco Más Crecido" Robby, ya podía andar y le estaban saliendo los dientes. Se puso a llorar nada más verle, aterrado por aquella barba que se dejó crecer, pensando que era buena idea parecer un poco más duro. Cuando Shannon le preguntó dónde se había metido, no pudo responder. No se acordaba. Sabía que había estado por ahí, emborrachándose, peleándose y puede que yendo a prisión. Pero todo era demasiado confuso y Robby era un cagón y un llorón y pronto partió en busca de libertad.
Lleva la cuenta de los cumpleaños a los que asistió. Uno, cuando Robby cumplió los siete. Invitó a sus amigos y organizó una fiesta en un parque. Johnny se presentó allí con una bicicleta vieja y los ojos inyectados en sangre. Podría decirse que padeciendo la peor resaca de su vida. El niño no lo reconoció. Johnny se cabreó cuando le rechazó la bicicleta. Shannon le dio una bofetada y le exigió, por enésima vez, que le pasara la manutención.
Agita la cabeza. No necesita torturarse con esa ristra interminable de errores. Fue un cabrón. Puede que aún lo sea. La diferencia es que ahora lo sabe y quiere cambiar. Se da cuenta de que no puede borrar las cicatrices que Robby carga, pero sí puede asegurarse de que no aparezcan nuevas heridas. Es su última oportunidad para hacerlo bien.
Odia la montaña. Tiene los huevos congelados y mete el pie en la madriguera de un puñetero topo. Se retuerce de tal manera el tobillo que está bastante convencido de haberse lesionado. Regresa al campamento con media docena de palos finos y un humor de los mil demonios. Robby sigue en el mismo sitio, con la vista clavada en el fuego.
—Me cago en la puta. —Protesta mientras se deja caer junto a él—. Ese bosque es una trampa mortífera.
—¿No eras tú quien llevaba a los alumnos de Cobra Kai a entrenar al bosque? ¿No dices que hay que estar en contacto con la naturaleza? ¿No afirmas que quejarse es de maricas?
No sabe si habla en serio o si procura tomarle el pelo. En todo caso, tiene razón en todo lo que le está diciendo. Se supone que Johnny Lawrence es un tipo duro. Se acabó. Si se hubiera roto el tobillo, no tendría la más mínima importancia. Podría pasar el fin de semana de acampanada tan ricamente.
Echa los palos a la lumbre. No se le ocurre nada que decir. No hace falta. Robby toma la palabra.
—¿De verdad vas a ir a por Miguel?
Es una puta locura. Cuanto más lo piensa, más acojonado se siente. Sin embargo, no se echará atrás. Su relación con Miguel es muy especial. Y mejor no hablar de la madre.
—Lo tengo casi todo preparado, aunque hay una cosa que me gustaría saber antes de marcharme.
—¿Qué?
Es el momento. Una oportunidad entre un millón. Robby está bastante receptivo para ser él. Lo único que puede pasar es que le rechace. Total, ya está más que acostumbrado.
—¿Quieres venir?
Parece tan sorprendido que se queda mudo durante unos segundos. Su voz suena aguda.
—¿A México?
¿Qué está diciendo? No puede ser tan imprudente. Sabe que el futuro viaje no será un camino de rosas y pretende meter a su propio hijo en la boca del lobo. Es un idiota que ya no puede echarse atrás.
—Te advierto que puede ser peligroso.
Robby menea la cabeza. Es el momento de que Johnny se quede pasmado.
—No. Suena bien y no tengo nada mejor que hacer. Voy contigo.
Mierda. ¡Será imbécil!
Compone una sonrisa. Espera que parezca sincera. Robby agarra un palito y comienza a hacer dibujos en la tierra. Formula una pregunta más.
—Estás con su madre, ¿no?
Carmen. Una mujer de bandera. Demasiado para él. La relación más larga que ha logrado mantener desde la hecatombe con Shannon. A veces piensa que tienen futuro juntos. Otras, simplemente se le antoja imposible.
—Sí.
—¿Vais en serio?
—Supongo.
Robby no añade nada al respecto. Hay algo que le preocupa. Tal vez sea el hecho de estar levemente hermanado con Miguel. O a lo mejor se imagina a Johnny siendo padre por segunda vez, lo cual es absurdo y terrorífico. No quiere eso. Ya se siente demasiado fracasado como para repetir los mismos errores.
Un nuevo intento de ser simpático.
—¿Tú tienes novia? Esa chica, ¿cómo se llama? ¿Tory?
Robby se envara. Vale. Ha sido una mala idea meter las narices en su privacidad.
—No. No estoy ni con Tory ni con nadie.
Cállate, Lawrence.
—¿Y LaRusso?
Mierda. Gilipollas.
—Tampoco.
—Entiendo.
Se ha enfadado. Su lenguaje corporal le delata. Debe encontrar una manera de arreglarlo y, entonces, escucha la risa floja y lo ve llevándose las manos a la cara.
—Esto es tan raro.
Johnny se encoge un poco.
—¿Qué?
—Tú intentando ser mi confidente.
—Bueno. Eres mi hijo. No me parece tan raro.
Aunque no lo expresa con palabras, Johnny ve el reproche en sus ojos. Está bien. Lo sabe. Lo siente mucho. No es como si el ambiente haya sido relajado alguna vez, pero la tensión está creciendo y necesita hacer algo para evitar lo que viene después de que salten chispas. No quiere discutir con él. No quiere escucharle mientras le recuerda el abandono y le odia con los ojos.
—¿Te apetece un combate antes de cenar?
Se levanta con cierta agilidad y se pone en guardia. Tal vez no puedan entenderse con palabras, pero el karate es algo que tienen en común. Puede unirlos con más eficacia que cualquier discurso melodramático. Johnny sabe que Robby necesita una explicación y, con el tiempo, tendrá que dársela. Si es que encuentra alguna. ¿Por qué hizo lo que hizo? Pues porque fue una mierda de persona. Ya está. No hay más que añadir, señoría.
Le hace ilusión pelear con él. Robby no tarda demasiado en negar con la cabeza.
—He decidido tomarme un descanso con el karate. Hasta que volvamos de México.
—¿Tienes miedo de tu viejo?
Da un par de saltitos. Procura provocarle haciendo gestos con la cabeza. Robby se ve bastante incrédulo.
—Sí, claro. Un montón. Por favor.
—¡Venga! Soy mejor luchador que LaRusso. ¡Levanta!
—¿No te habías hecho daño en el pie?
—¡No!
El tobillo aprovecha ese instante para traicionarle. Si Johnny no se retuerce de dolor es porque lo considera indigno de alguien tan macho como él. Robby sonríe y todo es genial durante un rato porque, demonios, acaban de mantener la conversación más larga que han tenido en su vida.
Se deja caer al suelo de nuevo.
—Está bien. Me rindo si me prometes una cosa.
—Sorpréndeme.
—Cuando decidas volver a pelear, tu primer combate será conmigo.
Se lo piensa. Es natural. Ambos saben que no se trata únicamente de unas cuantas patadas y puñetazos. Si Robby acepta, está incluyendo en el lote todo lo que Johnny Lawrence es. Todo lo que significa. Y no es fácil. No después de tantas desilusiones, de tanto abandono. De tanto dolor.
—Ya veremos. Por lo pronto, me preocupa una cosa.
—Dime.
—¿Qué vamos a cenar esta noche?
Pues chuletón de…
—¡Mierda! ¡Me cago en la puta!
No. Las acampadas no son lo suyo. ¿Cómo ha podido olvidarse de la comida?
Mientras camina por el campamento como un pollo sin cabeza y escucha las carcajadas de Robby junto a él, una nueva esperanza aparece en su horizonte vital. Es posible mejorar la relación con su hijo. Tiene una oportunidad al alcance de su mano. Su única obligación ahora es la de no cagarla y piensa hacerlo. Como que se llama Johnny Lawrence.
FIN
