Hola a todos! He aquí una nueva historia Feligette! Empiezo el primero minuto del año desde mi país natal así que comenzamos a lo grande. Ya puestos esperemos grandes proyectos este año. Y sin más qué decir además de que estos son personajes del PV y los adoro!... COMENZAMOS!
….
Capítulo 1.
Escape.
La gente estaba emocionada ante el duelo de esgrima, era el último punto, todo por el todo para ganar el trofeo de ese año, ambos contrincantes alzaron sus floretes listos para cuando se diese la señal de inicio. En las gradas se veía a una enorme familia apoyar a uno de los duelistas, y al otro estaba un joven rubio, hermano del otro duelista, mirando la escena casi mordiendo sus uñas esperando el resultado. El esgrimista vio por un momento a su hermano y después a la familia. La señal se dio, el duelo comenzó y entonces…
-¡Punto! ¡Ganador Le Blanc!
La familia se acercó al joven esgrimista que apenas y tuvo tiempo de quitarse el casco y dejar libre sus rizos. El otro le tendió la mano para felicitarlo.
-Buen duelo, Alain.
-Gracias Alex. ¿Quieren venir tú y tu hermano con nosotros? Papá hará barbacoa.
-Pasamos, debemos volver a casa, ya sabes, horarios.
-Oh, sí. Bien, los veré otro día, nos vemos Maximilian.- se despidió del otro hermano que venía.
-Nos vemos.
Alexander se quitó el casco y vio a su gemelo con una sonrisa de lado. Mismo cabello rubio, mismos ojos azules, ambos eran idénticos pero con actitudes distintas.
-Necesito con urgencia una ducha.
-Hueles fatal. Pero sabes, bien pudimos decir que sí a la invitación de las hamburguesas.- sugirió su hermano pero este negó con la cabeza de mala gana.
-Cualquier otro día pero no hoy recuerda quién está en casa, hermano.- lo vio realizar una leve mueca, el sentimiento era mutuo.
-Vale, tienes toda la razón.- los dos hermanos se dirigieron a la zona de casilleros, no había nadie, y Maximilian sonrió a su hermano que abría el casillero.
-Lo dejaste vencer, ¿verdad?
-¿Por qué dices eso?
-Alain es bueno, pero tú eres mejor.- Alex sonrió al abrir al fin su casillero.
-Quería darle algo para que festejara a lo grande con su familia. Es un gran amigo.- Maximilian miró con pena a su hermano, aunque de haber sido él igual hubiese hecho lo mismo.- Anda, mira.- sacó una caja de croissants que tenían una nota.- Mira esto: "Diste lo mejor de ti. Eres un campeón". ¿Quién deja estos dulces en nuestros casilleros?
-No lo sé, pero todos esos dulces son bien recibidos.- los dos rieron ya que esos dulces tenían la marca de su otro lado de la familia. Quien fuera agradecían que comprara en su panadería. Alexander se dio una ducha y al salir los dos ya los estaba esperando un auto rojo.
-Mierda…- susurró Alexander y Maximilian suspiró a lo bajo.
-Parece que Gorila no estaba disponible.
-Ya, preferiría irme a pie.
Los dos se subieron al auto y el vehículo habló con voz mecánica y fría.
-Bienvenidos. A la mansión Agreste.
-Eh… ¿No podemos ir a por una malteada, Tatsu?- preguntó Alexander juguetón pero el auto volvió a responder.
-Negativo. Las órdenes son llevarlos a la mansión Agreste.
Los hermanos ahogaron un gemido. Por eso preferían a Gorila. El auto comenzó a moverse por su cuenta, y ninguno de los dos disfrutó del viaje sabiendo lo que les esperaba apenas llegando. No notaron a la figura delgada que salió de su escondite y los veía alejarse, con un deje de tristeza detrás de las enormes gafas que portaba, la mujer se dio la vuelta y se alejó, desapareciendo en un abrir y cerrar de ojos.
…
Ninguno de los gemelos quería llegar a casa pero se tuvieron que resignar cuando el auto entró a la propiedad de la mansión Agreste.
-Hemos llegado.- anunció el auto.
-Ya, gracias hojalata.- contestó Alexander entre dientes y Maximilian lo empujó levemente con una mirada de advertencia. Al entrar en casa querían irse a su habitación pero una voz proveniente de lo alto de las escaleras les detuvo.
-Bienvenidos.- vieron de pie en la parta más alta de la escalera a la elegante pero fría mujer que les daba la bienvenida. Vestida con un pantalón ancho negro, una blusa roja sin mangas de tela cruzada y con un peinado hacia atrás que revelaba sus rasgos orientales, Kagami Tsurugi los miraba sin una pisca de emoción.
-Madame.- saludó Maximilian pero Alex no lo hizo, subió las escaleras para ir a su habitación.
-Alexander.- este se detuvo y Kagami giró su cabeza haciendo brillar los pendientes de rubíes que colgaban de sus orejas.- Escuché de tu desempeño en el torneo de hoy. Me parece lamentable que no hayas conseguido el primer lugar ante un oponente tan débil.
-Alain es bueno en esgrima, no me avergüenzo de haber perdido contra él.
-No me digas. Con ese tipo de actitud tan conformista pones en vergüenza el apellido Agreste.
-¿En serio? Como si me importara un poco. Además, usted no es nadie para decirme algo de mi familia.
-¡Alexander!- llamó otra persona saliendo del estudio. Félix Agreste se mostró con aquel porte severo que era idéntico al que tuvo Gabriel Agreste en su momento.- Discúlpate con Kagami en este momento.
-Pero yo…
-No te atrevas a replicar. Haz lo que te digo.- le dirigió una fría mirada a su hijo y este apretó los dientes y habló sin mirar a Kagami.
-Lo siento.
Kagami movió la cabeza en afirmación. Alexander se dio la vuelta para ir a su habitación.
-Un momento.- le detuvo Félix.- Escuché que quedaste en segundo lugar en tu torneo de hoy.- Alexander le dirigió la mirada.- Quiero de tu parte excelencia en tus deberes y en tus actividades. No quiero volver a ver otro segundo lugar, recuerda de qué familia vienes.
-Lo sé… para mi desgracia.- se fue a su habitación y azotó la puerta. Maximilian bajó la cabeza y fue a su habitación sin mirar a nadie o mediar palabra. Félix suspiró a lo bajo y Kagami bajó hacia él.
-Lo siento mucho. A veces no sé por qué se comporta así.
-No importa, Félix.- puso su mano en su brazo.- Entiendo que a esa edad deben ser difícil ciertas cosas.
-Lo entiendo un poco, créeme. Pero eso no justifica su actitud.
-Bueno, hay ciertas escuelas que podrían ayudarle. Te dejé los folletos la semana pasada. ¿No has tomado una decisión?
-Yo… aun lo estoy pensando.- ella rodó los ojos.
-Esos institutos cuentan con los mejores profesores que hay en toda Europa o América. Entiendo que lo pienses pero no debes de retrasarlo o la actitud de tu hijo podría empeorar.- Félix tosió aclarando su garganta y luego le sonrió.
-Prometo pensarlo. ¿Cenamos esta noche?
-Vendré con gusto.- besó su mejilla y se marchó de la casa abordando su auto. Cuando se fue, Plagg se asomó del traje oscuro de su portador respirando profundo.
-Hombre, en serio como tarda en marcharse.
-Plagg, no seas grosero.
-Grosero es mi tercer nombre, ya sabes que Queso es el segundo. Pero ¿no me digas que de verdad vas a mandar a tu hijo a uno de esos reformatorios?
-No es un reformatorio, sino una escuela privada.
-¡Es lo mismo!- dijo volando hacia los folletos que estaban en una mesita junto a un jarrón.- Es una prisión, dejarás a tu hijo con un montón de gente que le estará diciendo qué no hacer, lejos de su hermano si es que no tienes pensado mandarlo a él también, y controlándolo como una marioneta. Lo volvería… tú. ¡Brrr!- Plagg tembló teatralmente y Félix suspiró.
-No quiero hablar del tema, Plagg.- tocaron el timbre de la entrada y desde la pantalla vio a Aly y Allan.
-¡Hey! Félix, ¿nos dejas pasar?- el rubio sonrió y presionó el botón para abrir la reja.
-Ni una palabra, Plagg.
-Ya sé, ya sé. Pero quiero decirte que pienses lo que estés pensando te estás equivocando mucho con esos niños.
-No es para tanto.
-Te pareces mucho a tu padre.- sentenció Plagg.- Y sabemos que eso no es nada bueno.- Félix frunció el ceño consternado, pero abrió la puerta como si nada y Allan al entrar le abrazó.
-Es bueno verte.
-Gracias. Me alegra verlos también. Vamos a la sala para hablar, pediré que traigan bocadillos.
-¿Dónde están los niños?- preguntó Aly.
-Están arriba. Puedes saludarlos.
-Por supuesto que lo haré, Briana me pidió que les diera algo ya que no pudo venir.- dijo con ánimo y fue a ver a los niños. Allan logró percibir algo en el ánimo de su amigo y puso su mano en su hombro.
-Parece que necesitas desahogarte.
-No tienes ni idea.
…
La espada se rompió en manos de Alexander y la tiró a la basura como el inútil pedazo de metal que era ahora. Maximilian estaba leyendo un libro en su cama y miró con tristeza a su hermano.
-¿Seguro que de verdad quieres dejar la esgrima?
-Por supuesto. Ya no es divertido, mucho menos cuando esa mujer se puso a entrenarme.
-A mí tampoco me gusta la señora Tsurugi pero es amiga de papá. Y quizás… quizás debamos aprender a tolerarla.- admitió con voz queda y triste y Alexander le miró horrorizado.
-¡Ni loco!- Alexander pateó el bote de basura.- Si papá se casa con esa mujer me voy de casa. Voy a ir a con mamá.
-Sabes que no podemos ir con ella.
-No me importa. Papá es quien nos lo prohíbe, no ella. Me hubiese gustado más vivir con mamá en vez de quedarme aquí con él. No sabes cómo odio a papá. A veces… pienso que hasta nos odia.- pronunció con rabia.
Aly que había escuchado todo desde detrás de la puerta sintió su corazón oprimirse, sintiendo pena por esos niños y rabia con Félix por permitir que Kagami viniera a esa casa. Tocó la puerta y entró a la habitación con una sonrisa.
-Toc, toc.
-/ ¡Tía Aly!/- los dos corrieron a donde ella que les recibió con un abrazo.
-Me alegra verlos también pequeños. ¿Cómo les ha ido?
-Lo de siempre.- respondió Alexander sin ánimo.
-Nada ha cambiado.- respondió con el mismo desgane que su hermano.
-Tía Aly, tú ves a mamá siempre, ¿por qué no podemos ir con ella?- Aly se mordió el labio, no podía ser ella quien respondiera eso.
-Lo siento chicos, eso sí no puedo decirlo, pero sí puedo decirles que su madre los adora y siempre pregunta por ustedes. Miren.- de su bolso sacó una caja plana.- Tomen, su madre les envía esto. Ya saben que esto es secreto.- los dos abrieron la caja al mismo tiempo. Adoraban cuando su madre les enviaba regalos, por supuesto todo lo mantenían escondido de su padre que si bien supiera de ello se desharía de todos sus regalos. Sonrieron al ver las prendas que aguardaban por ellos, para Alexander un chaleco negro y verde con la huella verde de un gato en la espalda y para Maximilian un chaleco rojo y negro con el símbolo de Ladybug también en la espalda.
-Es genial.- dijo Alexander.- Me gusta mucho Chat Noir, es mi héroe favorito. ¡Es miautástico!
-Ya veo…- musitó Aly esperando que Alexander no se desanimara si supiera que su padre era el héroe que le gustaba.
-Me gusta Ladybug, pero hace muchos años no se ha vuelto a saber de ella, cómo me gustaría conocerla.- sonrió Maximilian probándose el chaleco.- No sé cómo le hace mamá para hacerlo a nuestra medida.
-E-Es porque siempre les hablo de ustedes y les envío sus fotos.- acarició sus cabezas, ya no eran unos críos, sino estaban a un paso de la adolescencia.- Su madre estaría orgullosa de verlos. Y no sean tan duros con su padre, él los ama mucho.- Alexander chasqueó la lengua y desvió la mirada y Maximilian bajó la mirada.
-No es sólo papá, también es la señorita Tsurugi.- dijo mirando a Aly que ocultó una expresión de desagrado.
-Bueno, si ella les hace algo avísenme y yo misma le daré un buen golpe.- los chicos rieron deseosos de poder ver esa escena algún día.- Como sea, mañana voy a ir a ver a su mamá, ¿quieren que les diga algo de su parte? ¿Alguna carta para este mes?
-Sí, quisiera que supiera…- musitó Alexander.- Que la extrañamos y esperamos verla algún día.- Aly sonrió con tristeza y asintió.
-Le diré eso. Que ustedes la extrañan tanto como ella a ustedes.
-Y… que la amamos.- musitó Maximilian y Aly asintió deseosa de no derramar una lágrima por ellos y su amiga.
…
Félix le ofreció a Allan un vaso de coñac pero Allan se negó y prefirió solo agua.
-¿Cómo te va Félix? Hace tiempo que no te veo.
-He tenido tiempos mejores. Últimamente he tenido problemas con los diseñadores y tuve que despedir a la última diseñadora en jefe. Pasaba los diseños a nuestros competidores y ella ganaba una jugosa prima.
-Auch, lo siento.
-Ella lo siente más. Está enterrada en acusaciones y demandas.
-¿Y sabes a quién daba los diseños?
-Ni idea.- eso sorprendió a Allan ya que conociendo la red de información de los Agreste nada se les iba de las manos.- Al parecer la persona es demasiado cuidadosa. Sabe cómo moverse sin ser descubierto.
-Estoy seguro que le atraparás hermano. Por cierto, traje un regalo para los gemelos, unos dulces para felicitar a tu hijo mayor por su competencia de esgrima.
-Gracias, seguro que le gustarán.
-¿Y tú le has felicitado?
-Lo iba a hacer pero se ha portado de lo más insolente con Kagami.- Allan borró su sonrisa, no le gustaba Kagami y mucho menos que Félix saliera con ella como cuando estaban en la escuela.
-Viejo, ¿no crees que Kagami se toma a veces ciertas libertades con tus hijos?
-Kagami es instructora y entrena a Alexander personalmente, no veo por qué no le puede hacer una crítica constructiva.
-Ya… no me refería a eso.
-¿Entonces?- preguntó Félix dando unos sorbos a su vaso de coñac.
-Pues verás… una vez que fui a recoger a mi hija vi a Kagami con tus hijos. Y estaba siendo muy dura con ellos, decía algo referente al esfuerzo y no perder tiempo en cosas banales como la música o video juegos.
-Debes entender, Kagami abandonó a Luka después de lo sucedido. Todo lo referente a música la pone mal, por eso hago que mis hijos practiquen piano y violín en un horario en el que ella no está.
-Bueno, no es la única que se pone mal. Aun así fue algo de lo más incómodo.- dejó su vaso en el portavasos justo cuando su esposa entraba a la habitación.
-Eso es cierto.- admitió ella que escuchó parte de la conversación.- ¿Hasta cuándo vas a dejar de ser un ogro y dejar que tus hijos vean a su madre?
La expresión de Félix cambió a una máscara de hielo. Movió su vaso un poco y lo dejó en la mesa como su amigo.
-Eso es un asunto en el que no deberían involucrarse.
-Félix, ya son cinco años.
-Sé contar, Allan. Pero no dejaré que ella vea a sus hijos, nunca. Bridgette no merece ser su madre, no merece nada después de semejante traición.
-Una traición que nunca comprobaste.- le acusó Aly y este se levantó.
-No necesité comprobarla, tenía las pruebas en mis manos. Y si van a seguir hablando de esa… mujer aquí.- se notó el acopio de fuerzas que hizo para no ofenderla.- Les pediré que se vayan.
-Vale, captamos, captamos bien Félix.- levantó las manos Allan en señal de paz.
-Iré mañana a verla a Lyon.- dijo Aly.- ¿No quieres decirle nada?
-Sí, que es una basura. Y que sabe lo que pasará si intenta acercarse a mis hijos.
Los gemelos habían escuchado todo después de seguir a su tía Aly. Los dos regresaron sin que nadie se diera cuenta y la pareja abandonó el lugar antes de que una pelea comenzara. Cuando se fueron, Félix tomó de un trago el líquido marrón y dio instrucciones al chef que preparara una cena especial para la visita. Plagg en cambio se enfurruñó en el bolsillo de su traje.
-Sabes muy bien que haces mal en alejar a esos niños de su madre.
-Hago lo mejor para ellos.
-¿Para ellos o para ti? Ellos se merecen poder ver a su madre, tú te quedaste sin tu madre muy pequeño, ¿no te dolió no verla al menos una vez a la semana?
Supo que dio un buen golpe cuando la expresión de este se quebró. Sabía cuánto sufría pero no quería que él proyectara en esos niños sus sentimientos. Félix estaba dolido después de tantos años y estaba seguro que cuando veía a sus pequeños veía también algún rasgo de Bridgette en ellos. Félix aclaró su garganta y avanzó en dirección a la habitación de sus hijos, entrando sin siquiera tocar, Alexander estaba en su cama y Maximilian en su computador, ambos sin los chalecos que su madre les regaló.
-¿Qué ocurre padre?- preguntó Maximilian mientras su hermano escondía con su pie los chalecos bajo la cama.
-Quería decirles que esta noche Kagami cenará con nosotros.
-Genial…- rodó los ojos Alex y Félix le miró fijo.
-Van a comportarse como es debido y no aceptaré ninguna falta de respeto esta noche, estás advertido Alexander. Una cosa que hagas y estarás castigado hasta que entrés a la universidad.- su hijo alzó el pulgar como señal de que entendía que debía ser bueno. Se dio la vuelta para salir del cuarto y vio con sorpresa la espada de esgrima rota en el cesto de la basura. No dijo nada, pero le dolió mucho y salió de allí, recordando la cara de su hijo hace seis años cuando le regaló esa espada. Aunque alguien más estaba en el cuadro, los ojos brillantes de su hijo le hicieron sentir como el mejor padre.
Al cerrarse la puerta, Alexander se levantó y Maximilian fue a su armario para sacar dos mochilas, ambas negras pero una con detalles rojos y otra con detalles verdes, lanzando la segunda a su hermano.
-Nos van a descubrir, lo sabes.
-Pero no nos quitarán la satisfacción.- respondió Alexander con una sonrisa de lado que su hermano imitó.
-En esto tienes razón. Hay que ver a mamá.
-A por todas.
Los dos sonrieron mientras se preparaban, planeando todo con cuidado para su gran escape.
…
La cena estaba lista, la mesa puesta elegantemente y los chicos estaban vistiendo con camisa y pantalón de vestir, viéndose idénticos al estar Alexander peinado como su hermano por culpa del crítico ojo de su padre. Cuando Kagami llegó, vestía un sobrio vestido rojo que llegaba por encima de las rodillas, guantes blancos que combinaban con su chal y un broche de flores decoraba su cabello. Félix se acercó a ella y le besó la mano cuando el mayordomo le retiró el chal.
-Te ves hermosa.
-Gracias, tú siempre te ves apuesto. Y veo de dónde sacaron tus hijos que sean tan guapos.- los dos pelearon en no hacer una mueca.
-Vamos a la mesa, servirán la comida en poco.- la guio al comedor y ya allí, como todo un caballero tomó su silla para ayudarla a sentarse y así después los gemelos hicieron lo mismo. Sirvieron los platos y comenzaron a comer en silencio, siendo los adultos los únicos que hablaban, hasta que fueron a por el plato principal la paz no duró mucho.
-He pensado acerca del torneo de esgrima. Tu hijo necesitará más entrenamiento si desea estar en el próximo torneo y las clases que dan en la escuela no son lo suficientemente buenas.
-Estoy feliz con mi maestro.- murmuró Alex pero Kagami lo ignoró.
-Su nivel ha decaído demasiado.
-¿Te gustaría entrenarlo de nuevo? No quisiera abusar de ti.- dijo Félix.
-No es un abuso. Me complace enseñar el arte de la espada en su más pura expresión.
-Muy bien. Alexander, ¿qué opinas?
-Me parece genial pero he decidido dejar la esgrima.- respondió con una sonrisa de falsa amabilidad.
-Es una decisión demasiado abrupta por un segundo lugar.- dijo Kagami limpiando su boca con el pañuelo.- Con disciplina podrías ser el mejor.
-Gracias pero no. No quiero ensuciar el nombre de la familia otra vez.
-Hijo…- la advertencia en la voz de su padre fue palpable y Maximilian decidió intervenir.
-Alex dijo que desde hacía tiempo estaba interesado en la astronomía y el dibujo. Vamos a estar en el mismo club de artes.
-Recuerdo el club de artes. Era una composición de todo tipo de expresiones.- asintió Félix y Kagami exhaló moviendo sus mano como si disipara algo.
-No creo que un muchacho tan activo pueda estar en actividades de ese tipo. En cambio la esgrima…
-¿Me pasas la sal, hermano?- preguntó Alex y Max asintió.
-Aquí tienes hermano. ¿Me pasas el pan?
-Con gusto.
La interrupción fue clara pero Félix ya hablaría con ellos después.
-La esgrima es un arte sutil que moldea la actitud del espadachín y también forja su carácter. Sería una grata experiencia para ambos. Y si no, podrían intentar arquería.
-Lo siento, pero a mí no me interesa la esgrima ni el arco.- contestó lo más amable que pudo Maximilian.- Mis pasatiempos son variados como los de mi hermano y respeto mucho su decisión si la esgrima ya no le complace como antes.
-No es cuestión de que le complazca.- respondió ella y Alexander apretó su puño con el tenedor, tentado a lanzárselo.
-¿Pasa algo?- preguntó Félix con mirada fría a su hijo al verlo tan ofuscado y esperando a que se tranquilizara.
-Nada, padre. Sólo estoy cansado. Y me gustaría cambiar de tema ya que está decidido que dejaré la esgrima y me dedicaré a otros pasatiempos, siempre quise estudiar cocina, sería divertido.- Kagami arqueó su ceja.
-Oh, interesante.- masticó las palabras con desprecio disimulado.
-No hay problema si deseas aprender cocina.- admitió Félix que si bien, no esperaba esa opción, podía vivir con eso.- Aprenderás muchas cosas interesantes hijo.
-Claro, como su madre.- la paz se quebró con ese comentario despectivo. Alexander la fulminó con la mirada primero que su hermano.
-Mi madre era una buena mujer. No le permito hablar en ese tono de ella.- la japonesa le miró y dejó su copa.
-Lo siento, no debí referirme en ese tono de su madre, a pesar de todo lo que hizo…
-¡Ya está bien!
-¡Alexander!
-¡No le permito que hable así de mi madre! Ni siquiera mencionarla de su sucia boca.
-¡Suficiente!- se levantó Félix molesto, en cambio, Kagami estaba imperturbable, cosa que asustó a Maximilian.
-Tal vez después de todo sea bueno que deje la esgrima un tiempo, Félix. Una lástima que tu hijo no haya aprendido el autocontrol que se necesita en la esgrima. La Academia Oxford en Londres le enseñaría a la perfección controlar su carácter.- los gemelos abrieron los ojos como platos y el gemelo más joven abrió la boca.
-Un internado…
-Es una academia privada y no he decidido nada.- recalcó Félix pero los hermanos lo miraron como si hubiese cometido la mayor traición.
-Pero Félix, tienes que decirles. Es mejor que se hagan a la idea de que posiblemente estén separados.- Félix quiso refutar de nuevo que no había decidido nada pero Alexander dejó caer su tenedor y se quitó la servilleta de las piernas.
-Claro.- sonrió con sorna Alexander.- Nos lo teníamos que haber esperado pero esto… separarnos, ¿es en serio? De seguro a Maximilian no tardarás en enviarlo también a un internado para quedarte solo con esta bruja nipona.
-¡Suficiente…!
-¡A mi habitación! ¡Lo sé!- se le adelantó y empujó la silla saliendo del comedor, Félix le dio alcance en las escaleras y le tomó del brazo.
-No te irás hasta que te disculpes.
-No me voy a disculpar, nunca con ella ni contigo.- se soltó de su agarre y lo miró rabiando.- Si te quieres deshacer de nosotros envíanos con nuestra madre. ¡Porque nunca voy a dejar que a esa perra ocupar el lugar que le corresponde!
El sonido del golpe hizo que Maximilian se levantara de la mesa y fuera a con su hermano. Este tenía su mano en su mejilla roja y Félix tenía la mano alzada pero con una expresión de perplejidad y horror. Alex sintió sus ojos húmedos pero nunca lloraría frente a su padre.
-¡No sabes cuánto te odio!- corrió a su habitación y la cerró de un portazo. Félix se sintió mareado, nunca les había puesto la mano encima a sus hijos. Sintió asco de su mismo. Maximilian pasó tímido a su lado, temeroso antes de hacer un gesto con la cabeza e irse a con su hermano. Todo su mundo se oscureció de repente, mientras que detrás de él, Kagami salió del comedor y una débil sonrisa se dibujó en su rostro.
…
Aly se despidió de su esposo e hijos que estaban todavía en pijama somnolientos, su hija de doce y sus mellizos de cuatro, un niño y una niña.
-Cuídense mucho, los veré el domingo en la noche si es que no hay retardos.- besó a sus hijos y después a su esposo.
-Ten buen viaje, Al.
-Lo tendré, mi amor.- dijo para poner la maleta tras el maletero.- Y nada de comer pizza en la cena.
-Claro…
-/Nooooo/- se quejaron los niños pequeños.
-Pero, papá dijiste que…- cubrió la boca de su hijo menor antes de que lo delatara con su esposa.
-Nada de comida chatarra. No te preocupes mi vida, me aseguraré de eso.
Se besaron por última vez, Aly cerró el maletero, subió a su auto y condujo para salir de Paris.
-¿Ya podemos descongelar las pizzas?- preguntó Brianna.
-Dale unos cinco minutos, si se le olvida algo nos descubrirá. ¿Quién quiere desayuno de pizza?
-/¡YO! ¡YO!/- gritaron los mellizos saltando en su sitio.
…
Félix se levantó temprano ese día, en realidad no pudo dormir en toda la noche. Quería hablar con sus hijos pero no había tenido el valor suficiente para hacerlo hasta ahora. Plagg tenía razón, se estaba convirtiendo en algo peor que su padre. No iba a mandarlos a un internando en el extranjero, si Alexander quería practicar otra cosa lo dejaría, quería que su hijo Maximilian no le mirase con miedo, y necesitaban pasar tiempo juntos como antes. Tal vez ver una película, ¿hace cuánto no se sentaba a ver con sus hijos una buena película? Acompañado de dulces y palomitas.
Abrió la puerta del que anteriormente había sido su cuarto, expandido para que cupiesen las dos camas, se acercó al bulto más cercano siendo este el de su hijo mayor. Recordando la primera vez que lo tuvo en brazos cuando nació y luego cuando le pusieron a sus dos pequeños que hicieron muecas adorables mientras se acostumbraban al nuevo mundo. No podía creer que le hubiese abofeteado, se sentía un monstruo.
-Mis niños…- musitó a lo bajo y comenzó a mover con cuidado a su hijo.- Hijo… despierta. Alexander.- las cosas iban a cambiar desde ese día, era una promesa, promesa que se cumpliría quisiera o no…
…
La música en la radio estaba a alto volumen, pero no tan alto como para no escuchar una leve queja en el asiento trasero cuando no cruzó un tope. Se volvió pero no veía nada hasta que vio una vaca que se cruzó en el camino de alguna granja cercana de la carretera. Piso hasta el fondo el freno, el respaldo del asiento trasero se fue hacia adelante y los gemelos salieron rodando junto a su maleta y bolso de viaje.
-¡¿Pero qué mierda…?!
-¡Cafre!
-¡Ay mis costillas!
…
Todo color abandonó su rostro al ver el montón de sabanas y almohadas acomodadas en la cama. Corrió a la otra cama y al arrancar las sábanas encontró más almohadas y hasta un globo terráqueo.
-¡Alexander! ¡Maximilian!- gritó esperando que fuese una broma pero a revisar cada rincón incluyendo el baño no había nadie. Sus hijos no estaban, y estaba seguro que algunas de sus prendas faltaban. Sentía que la vida se le iba, sin saber que estaban a varios kilómetros de allí en la carretera hacia Lyon en camino de ver a su madre.
…..
Y… espero que les haya gustado este primer capítulo! Gracias a todos por leer, tendremos todo un enredo aquí pero no se preocupen, todo se resolverá poco a poco… tras una serie de eventos y planes de este par. Dejen review, nada de tomatazos, acepto bebidas de temporada. Actualiza cada 7 o 10 días, y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!
