Hola a todos! He aquí traigo el siguiente capítulo de este fic, De aquí en adelante muchas cosas van a pasar, así que crucemos los dedos para que nuestros héroes se reconcilien. Gracias a Tsubasa23 porque me hizo ver algunos horrores ortográficos. Así pues sin más qué decir además que espero con ansias lo que sea que Astruc tenga preparado para este año… COMENZAMOS!
…..
Capítulo 3.
Pequeño secreto.
La pequeña en sus brazos dormía profundamente. Su pequeño ángel era un milagro que le salvó la vida, un pequeño rayo de luz en aquella oscuridad a la que fue empujada, pero aun así, Bridgette no pudo evitar derramar lágrimas por su futuro. No podía ver a sus hijos, no podía poner un pie en Paris, y por si fuera poco también perdió derechos sobre sus diseños e ideas futuras, dejándola sin un centavo sin importar lo tanto que trabajó para la empresa.
La pequeña bostezó y movió sus rosados labios en una mueca similar a una sonrisa. Acarició su cabello oscuro como el de ella.
-Mi pequeña Felicia. Lo siento tanto. No pude darte un papá ni hermanos pero… te prometo que haré todo para que no te falte nada.- desde la puerta de la habitación, Luka veía la escena con su hijo en brazos, apenas unos meses mayor que la pequeña recién nacida, sabiendo que tenían un largo camino por delante…
Después de tantos años, Félix Agreste mostraba su cara frente a ella. Por un momento se sintió caer por ese apuesto hombre que alguna vez amó con locura, pero en su memoria vinieron los recuerdos de esa fatídica noche en que la echó de la mansión y de su vida con amenazas. No, la mujer enamorada había roto todo vínculo que le recordaba a él, quemó sus fotos, sus recuerdos, y hasta dejó de preparar sus platos favoritos. Solamente el vínculo de los hijos permanecía, era algo preciado para ella y le desagradaba compartirlo con él.
-Félix. ¿A qué debo esta sorpresa?- preguntó con frialdad.
-Tú bien sabes a qué he venido. ¡Alexander! ¡Maximilian! ¡Vengan en este mismo instante!
-¿Cómo te atreves a gritar en mi negocio? ¿Y cómo sabes que están aquí?
-¿Será porque el auto de Aly está estacionado al frente?
-¡Diablos!- se escuchó la voz de su amiga desde arriba, pero Bridgette se cruzó de brazos y le impidió avanzar.
-Hazte a un lado.
-Oblígame.
-Sabes que soy más fuerte.
-Eso no te lo crees ni tú.- sus miradas lanzaban literalmente rayos que chocaban entre sí. Estaban midiendo fuerzas el uno con el otro hasta que Félix vio por el rabillo del ojo a sus hijos asomarse.
-Ustedes dos, vengan aquí, ahora.- los hermanos tuvieron que obedecer de mala gana.- ¿Se puede saber qué rayos estaban pensando?
-No tienes que enojarte, sólo seguimos nuestros impulsos.- declaró Alex como si fuese lo más obvio del mundo provocando un tic nervioso a Félix.
-Lo que quiere decir, mi hermano.- dijo Maximilian con seriedad.- Es que queríamos ver a nuestra madre después de todos estos años.
-Bueno, ya la vieron, hay que regresar.
-¿Estás loco? No pienso moverme de aquí.- reclamó Alex.
-Harás lo que te digo porque eres mi hijo.
-Pues ella es mi madre y quiero quedare con ella, al menos sé que ella no me golpeará jamás.- Bridgette ahogó una exclamación y Félix se sintió avergonzado. Bridgette giró su cabeza tan rápido hacia él que casi parecía se desnucaría.
-¿Golpeaste a mi hijo?
-Eso fue… no quise… ¡Agh! Como sea, hablaremos de esto en casa…- pero no pudo siquiera terminar la frase. El golpe que le dio Bridgette en el estómago lo hizo arrodillarse en busca de aire. Luego ella lo tomó de la solapa de su elegante traje negro y estaba seguro que las sombras que la rodeaban y el aura roja a su alrededor no eran cosa del shock.
-Te has atrevido a ponerle la mano encima a mi hijo.- incluso su voz sonaba de ultratumba y su mechón lucía como poseído al cambiar de forma como un rayo una y otra vez.- ¡Te voy a cortar las pelotas!- Félix logró salir de la parálisis inicial y logró quitársela de encima cediendo en un ágil movimiento su saco, dejando a la vista su camisa blanca y su chaleco gris. Bridgette lanzó la prenda a un lado con sed de sangre.
-¡Atrás! Esto es algo en lo que no debes intervenir.
-¡Por supuesto que esto me compete!- gritó Bridgette interponiéndose entre él y sus hijos.- No voy a dejar que te los lleves y te atrevas a volver a ponerles una mano encima.
-¡Por supuesto que me los llevaré!
-¡Sobre mi cadáver!
Los gemelos sintieron las manos de Aly en sus hombros, alejándolos del peligro.
-Mantengan una distancia segura, niños. Esto puede tornarse feo.
Y así comenzó la batalla. Bridgette usó una cinta medidora para atacarlo y este la esquivó con la maestría que le denominaba ser Chat Noir, dando una vuelta hacia atrás para sorpresa de sus hijos hasta que le atrapó del brazo.
-No quise pegarle, ¡fue un error!
-Pero te atreviste a hacerlo. Eres un asco de hombre.- jaló pero él se las arregló para no tropezar y jalar a ella que soltó la cinta.
-No tienes derecho de lanzar piedras en el tejado de otro. Tú no eres un ejemplo de persona.
-¡Wow! Allá vamos de nuevo.- con agujas entre sus dedos, los lanzó como si fuesen shurikens y Félix interpuso un maniquí que recibió todo el daño.- Yo no hice nada a pesar de te lo dije pero a tus ojos yo soy una cualquiera, pero bien he escuchado que vas por ahí con Kagami.
-Lo que haga no es asunto tuyo, además estamos divorciados.
-Por suerte para mí. No sabes cómo me he arrepentido siempre de haberme casado contigo.
-Por favor, tú siempre me perseguías para que te hiciera caso.- lanzó varias telas al aire confundiéndola. Las telas cayeron sobre de ella y Félix tomó un cordón para sujetarla pero ella se escabulló y esquivó una patada que casi rozó su mentón.
-Tú también, chaton. No te olvides que eras el gato que me seguía por las azoteas.- los hermanos se vieron confundidos ante el apodo.
-Esos fueron otros tiempos, estaba demasiado ciego persiguiendo algo que no existe.
-Lo mismo digo. Debí haberte dejado en el altar. Es decir, allí estaban las señales.- tiró un frasco con canicas y Félix casi resbala de no ser por una columna de la que se sujetó. Tomó una regla y comenzó a golpear las canicas para hacerse paso hacia ella, lanzándolas a ella al tiempo que ella giraba la cinta tal y como hacía con su yoyo.
-¿Qué quieres decir con eso?
-¿Qué clase de novio hace su despedida de soltero en un spa?- reclamó al tenerlo cara a cara.- ¡Llegaste más acicalado que yo a la boda!- los hermanos abrieron grande la boca ahogando una exclamación y Félix al notarlo sintió sus mejillas colorearse un poco.
-No tiene nada de malo cuidar la apariencia. Pero yo fui el que debió cancelar la boda. Ya que a diferencia de ti, a mí no me arrestaron la noche antes de la boda.- esta vez los hermanos la miraron a ella con la misma expresión, pero Bridgette no se inmutó y tras un par de segundos señaló a su amiga.
-Culpo a Aly de eso.
-¡Hey!- se quejó la reportera.- Bueno, puede que haya tenido algo de culpa…
Los dos volvieron a su batalla de miradas, ella con la cinta de medir y él con la regla, era impresionante como lucían como sus contrapartes heroicas a pesar que parecía que en cualquier momento se lanzarían uno encima del otro buscando arrancarle el corazón a su enemigo.
-¿Mami?- al girarse, Felicia y Tristán aparecían en escena confundidos.- ¿Quién es ese señor?- Bridgette se puso pálida. No quería que Félix la viera. Miró a Aly que pidió disculpas con la mirada y fue a donde su hija y ahijado.
-No es nadie, cariño. Ve arriba con Tristán y sigan jugando.
-Ah, con que este es tu oscuro secreto.- se burló Félix.- No sabía que te quedaste embarazada, felicitaciones para el padre.
-Gracias.- respondió de forma seca poniéndose como escudo entre él y los niños pero Felicia se asomó a un lado, mirando a Félix con curiosidad. Y esa mirada hizo que algo en él se removiera incómodo.
-Y veo también que sirves como madre sustituta. ¿No es ese también hijo de Luka?- señaló al pequeño que se ocultó un poco más.
-Al menos tengo a quien cuidar. Ya que tú me arrebataste lo que más quería.
-No, Bridgette. Fuiste tú y tus decisiones egoístas.
-Oh, déjame llorar. ¿Yo fui la egoísta? Al menos tengo corazón a diferencia de ti y de Kagami que lanzó a su esposo con todo e hijo, esa sí es una…
-¡No te atrevas a decir una palabra sobre ella!- la forma en como la defendió le dolió mucho, y antes de volver a enfrentarse con la mirada, Aly intercedió poniendo su brazo entre ellos.
-¡Wow! ¡Wow! Tiempo, fuera. ¿Podrían intentar arreglar sus problemas sin tener que intentar morderse uno al otro?
-Me temo que eso no es posible.- gruño Bridgette.
-Concuerdo. Niños, vámonos de este lugar.
-¡Nooo!- gritó Felicia corriendo donde sus hermanos.- ¡No quiero que se vayan!- los hermanos miraron a su hermana que tenía pequeñas lágrimas en los ojos.
-Nosotros tampoco queremos irnos, pequeña.- dijo Maximilian con claro dolor.
-Y no nos iremos.- dijo Alex enfrentando a su padre.- Puedes intentar alejarnos de nuestra madre y hermana pero ni loco voy a dejar que hagas de mi vida lo que te plazca.- avanzó hacia él mirándolo con absoluto desprecio.- Puedes mandarnos a cualquier internado, no me importa, inscribirnos a cuanta clase quieras, me da igual, y hasta ponernos a esa bruja como madrastra. Pero apenas y tenga la mayoría de edad voy a venir a vivir aquí ¡aunque me desheredes! Y nunca me vas a volver a ver un pelo en tu vida.
Félix abrió bien los ojos con pavor, dándose cuenta que la amenaza era legitima.
-Hijo… yo de verdad lamento mucho lo ocurrido. Te juro que no volverá a pasar.
-Por supuesto que no, ya que nos enviarás a un internado, ¿no? Apuesto que allí harán el trabajo sucio.
-¿Internado?- musitó Bridgette sin poder creerse que Félix siquiera lo pensara.-Ni siquiera tu padre hizo algo así de drástico contigo.
-¿Te puedes callar? ¡Y claro que no! Yo… nunca he pensado eso.- Félix logró tranquilizarse.- Todo es un malentendido. Nunca los alejaría de mí. Ustedes son lo más importante que tengo en esta vida, hijos.- los hermanos se miraron un poco incómodos y desconfiados, cosa que le dolió pero lo disimuló.
-Pero no queremos irnos y no ver más a mamá o a nuestra hermana.- en ese momento Aly intervino.
-Creo que podrían llegar a un trato, ¿no creen?
-No pienso hacer un trato.- se rehusó Félix.
-Oh, pues entonces tus hijos encontrarán otra forma de venir a ver a su madre. Esta vez fui yo quien los trajo de polisones. Quién sabe que método ideen para venir la próxima vez. ¿Autostop?- eso lo dejó frío, así que se volvió a Bridgette mirándola con expresión gélida.
-¿Dónde podemos hablar?
-Arriba, en mi sala. Es por aquí.- le guio con la misma frialdad.
-Muy bien.- la siguió hasta la sala y Aly les dio unas palmadas a los chicos dándoles ánimos suficientes para seguirlos.
-Han estado genial. Se han desahogado y van a hablar. Eso es un gran avance considerando su situación.
-Tía Alya…- habló Maximilian.- Lo de hace rato, esa pelea…
-Sí, ¿qué fue eso?- preguntó Alexander ya que nunca había visto a su padre moverse así, y lo de su madre… parecían una maestros de artes marciales.
-Eh… digamos que sus padres son algo especiales. Los hermanos se miraron confundidos. Si supieran que acababan de ver una pelea entre Ladybug y Chat Noir seguro que se pondrían locos de la emoción. Pero por ahora, tenían que esperar a que todo saliera bien.
…
Tocaron a la puerta y al timbre de la residencia Lahiffe. Allan se dirigió a la puerta limpiando sus manos del agua por haber lavado los platos con el delantal. Miró por la mirilla y abrió, encontrándose con la sonrisa de su viejo amigo.
-¡Claude!
-Hey, amigo.- chocaron puños y se dieron un corto abrazo.- ¿Cómo has estado? ¿Y los niños?
-He estado bien. Los mellizos andan tomando la siesta y mi hija está en su cuarto con sus nuevos audífonos.
-¿Los que eran tuyos?
-Quiere seguir el camino de su padre, ¿quién soy yo para detenerla?
-Eso te debe de tranquilizar mucho.
-Como no tienes idea. Me alegra que saliera a mí y no a Aly. No le digas nada.
-Soy una tumba.- musitó riendo. Pasaron a la sala de colores verde y caoba. Algunos accesorios tenían toques naranjas, cosa de Aly, la temeraria reportera que a veces tenía con los pelos de punta a su marido cada vez que hacía un reportaje arriesgado.
- ¿Quieres algo para beber?
-Una soda si tienes. No quiero que me detengan por aliento alcohólico.
-Vale. ¿Y qué me cuentas? ¿Qué tal la familia?
-Genial. Mis hijos salieron a pasear con mi esposa hoy ya que mi cuñado está de visita. Así que pensé, '!Hey! Voy a ver a mi amigo que es demasiado lento para ir a mi casa'.
-Ja, ja, muy gracioso, mimo. Por cierto, Aly me mandó un mensaje. Al parecer los pequeños Agreste se escabulleron en su auto y fueron a ver a Bridgette.- Claude casi se atragantó con su soda.
-¿Estás de broma? Félix debe estar como loco.
-Esa es otra cosa. Félix está allá. Y si soy sincero espero que ambos puedan llegar a un acuerdo.
-¿Qué dices? ¿Agreste? Primero se arrancaría la lengua antes de llegar a un acuerdo con Bridgette. Y… bueno, sigue dolido, no lo culpo.
-Hey, ¿de verdad crees que Bridgette lo engañó?- le dio un leve empujón y Claude negó con la cabeza.
-Sólo sé que eso es cosa de ambos. No me pienso poner en sus zapatos y tampoco quiero verme involucrado. La última vez Félix casi me arranca la cabeza con su puño por defender a Brid y a Luka.
-Ya, pero Félix no ha sido el mismo. Todo él cambió para mal. Se volvió… como era antes.
-Ya sé que es malo que vuelva a ser el "Tempano" Agreste, y tampoco ayuda que ande con su exnovia del instituto. Es decir, Kagami es una mujer de temer.- Allan frunció el ceño a la mención de ella.
-No la menciones. ¿Sabes que una vez amenazó a Aly de que no volviese a decir el nombre de Bridgette en presencia de Félix? Casi se le va encima de no haber estado los mellizos presentes.
-¿Es broma?- preguntó con sorpresa y luego bufó.- Ni loco voy a acercarla a mi esposa. Primero le echo a los perros.- Allan suspiró con pesadez y se dejó caer en el sillón.
-Me gustaría ayudarle pero no tengo idea de qué hacer. Félix necesita abrirse por él y los niños o podría deteriorar su relación hasta un punto que a futuro se arrepentiría por ello.- Claude quiso decir algo pero no pudo, bebió un poco más de su soda. Félix era un tema delicado, y no quería elegir lados para conservar la amistad con ellos. Pero… las cosas no eran como antes, y todos añoraban esos momentos.
-Todo saldría bien si Félix abriera los ojos y se diera cuenta con quienes se relaciona.- Allan iba a abrir la boca cuando alguien tocó el timbre y fue a la puerta para ver a su visitante, grande fue su sorpresa al ver nada más que a Kagami Tsurugi plantada al pie de la entrada.
-¿Kagami?
-¿Dónde está Félix? Sé que tú sabes dónde está porque por alguna razón te considera su amigo.- Allan frunció el ceño. Sabía que Kagami no era dada a muestras de cortesías con extraños pero eso fue grosero.
-Perdona, creo que te faltó el saludo.
-Los saludos los reservo para personas u ocasiones especiales. ¿Sabes dónde está Félix?
-Ni idea. No soy su secretaria.- ninguno notó a la chica de cabellos ondulados color chocolate que se asomó por la escalera.- Si quieres saber dónde está llámalo. No vengas a mi casa a exigir algo como si fuese tu sirviente.- Allan la miró con algo similar a la pena.- Has cambiado, ¿sabes? Antes eras más agradable.- Kagami no respondió, sino que alzó más la barbilla en un gesto prepotente.
-Si hablas con él dile que le estoy buscando.- se dio la vuelta y se fue a su auto.
Briana subió las escaleras y la vio caminar hacia su lujoso auto rojo que estaba enfrente de su casa. Torció la boca molesta, no le gustaba esa mujer y tampoco le gustó la forma en la que le habló a su padre pero la conocía- Kagami Tsurugi, vice presidenta y heredera única de la compañía Tsurugi. Era una mujer de negocios fría y calculadora que se había ganado el apodo de "La Oni de hielo". Su madre hablaba pestes de ella, y los gemelos también. Tenía una actitud altiva y no se tocaba el corazón por nadie. Sus amigos la tenían difícil si querían deshacerse de ella. La vio sacar su celular y no parecía contenta. Abrió su ventana para intentar escuchar lo que decía.
-… No, no está. Y deja de meterte conmigo… Lo encontraré. Tú dedícate a lo tuyo, no te metas en mis asuntos… Una burla más y algunos papeles podrían volar al escritorio de Félix y veremos quién se ríe.
Kagami subió a su auto y se fue. Briana arqueó la ceja confundida. ¿De qué papeles hablaba? Y tenía algo claro, esa mujer no tenía amigos porque algo extraño había en su conversación… y quería saber qué era.
…
Ya puestos en el sitio tenían una hoja de papel para comenzar con las especificaciones que Aly escribiría quedando en medio de esos dos. Y observando todo a unos pocos metros del comedor, los pequeños aguardaban a que terminaran. Los más pequeños veían la televisión pero los mayores no podían. Alexander le dio un codazo a su hermano y comenzó a hablar en voz baja.
-Hey, no podemos permitir que esto siga así.
-¿Y qué propones? ¿Amarrarlos o coserlos? Se odian a muerte, ya viste cómo pelean. ¿Te imaginas en un lugar con armas a su alcance?
-Admito que sería cool verlos con katanas. Pero tú eres el de las buenas ideas. ¿O acaso quieres ver a nuestra madre y hermana unas cuantas veces al año? O mejor, ¿tener a esa bruja de Tsurugi como nuestra madrastra?- Maximilian sintió un escalofrío de sólo imaginarlo. Mirando alrededor observó un calendario, unas fotos, y a su hermanita que tenía abrazado al peluche de gato. Era arriesgado pero tenían que empezar con algo.
-Pssst, pssst.- Felicia volteó y Maximilian le hizo una señal de que se acercara.
-¿Sí?
-Oye, Felicia, eres una niña grande. ¿Puedes ir a con mamá para ayudarle con lo que están haciendo?
-¿De veras puedo?
-Por supuesto, anda, anímate y si te dicen algo diles tu edad, ¿te sabes los meses que tienes de edad?- ella asintió.- Perfecto, anda y díselos si te preguntan. Así sabrán que eres una niña grande.- la pequeña sonrió y Alex susurró a su hermano.
-Eres purrverso.
-Los dos lo somos.- chocaron puños y esperaron a que todo comenzara.
Tanto Bridgette como Félix no paraban de mirarse el uno al otro, era como si estuviesen hablándose con las miradas y Aly podía entenderlos.
«Te odio»
«Yo te odio más»
«Te odio más que a nadie»
«Te odio más que al camembert»
Aly tuvo que llamar su atención golpeando la mesa.
-Ok. Si tienen más amenazas de muerte que decirse pueden mandarle una tarjeta al otro, no tenemos todo el día.
-Vale, lo siento.- se disculpó Bridgette y Félix asintió adoptando una mejor compostura.
-Muy bien, podemos empezar.- este puso su mejor cara de póker.- ¿Qué es lo que quieres?
-Ver a mis hijos. Es todo lo que quiero. Soy su madre.
-Ya…- sonrió cínico y Aly le golpeó el hombro.
-Por una vez intenta pensar en lo que quieren tus hijos y no tú.
Félix arrugó la nariz con disgusto al tener esa conversación, más se concentró y pensó en lo que dijo Aly. No podía permitir que sus hijos volviesen a escapar. Si quería que ellos confiarán en él de nuevo tenía que pensar en lo que querían. Con resignación tuvo que dar su brazo a torcer.
-Los niños pueden venir a verte los fines de semana de cada dos semanas, a excepción de los días en que tengan eventos.- estableció Félix haciendo que Bridgette rechinara los dientes. Cada dos semanas y si no había eventos, o sea que existía la posibilidad de verlos de una o dos veces al mes. Tuvo que aguantar las ganas de vomitar su enojo.
-Muy bien. También pueden venir cuando sean días feriados.- estableció Bridgette.- Y en Navidad puedo ir a la ciudad para hacerles una visita.
-Perfecto. Mitad del día tú y el resto yo.
-Quiero estar informada en caso de que algo les pase.
-Nunca les ha pasado nada hasta ahora. ¿Qué podría pasarles?- la pluma dejó de escribir.
-¿En serio estás haciendo esa pregunta?- le miró Aly incrédula con la ceja alzada y Félix recordó algunos episodios de sus hijos en el hospital, cuando se pegaron las cabezas con pegamento, cuando se quedaron sin cejas por un experimento químico, y todavía podía escuchar cuando sus hijos intentaron hacer un truco en un mortal al aire y terminaron con un brazo enyesado cada uno… Tragó duro.
-Vale, te llamaré y si se necesita podrás venir.
-Me parece bien.- Aly escribía todo.
-¿Ya ven lo bonito que es cuando se ponen de acuerdo?
-/Tú no opines/- le dijeron al mismo tiempo con acritud y Aly se sintió intimidada por ellos.
-Vale, vale. Qué genio.
-Y en sus cumpleaños quiero verlos.- dijo Bridgette.
-Una llamada.
-Una visita.
-¡Que se queden mejor!- exclamó Felicia golpeando con su palma la mesa, captando la atención de los adultos.
-Mi amor, deberías estar jugando con Tristán.
-Has caso a tu madre, estas son cosas de adultos.
-Pero si soy niña grande, tengo cuatro años y cinco meses.
-Mon chatonette, ve a jugar, esta es una plática seria.- la pequeña infló sus mejillas y fue a donde Tristán cruzándose de brazos y sentándose a su lado.
-¿Qué pasó?
-Los adultos son raros.- los gemelos casi ríen pero aguantaron muy bien las risas ante sus pucheros.
Tras un par de largas horas, Aly revisó todo con ojo clínico, además de algunas restricciones sobre eventos escolares o visitas sin supervisión, Félix estaba siendo lo más accesible posible por la amenaza de su hijo mayor, eso era algo. Después de revisarlo una última vez puso la hoja de papel frente a ellos.
-Muy bien, revisen bien todo, está estipulado cada cuando los gemelos visitarán a Bridgette, llamadas, cumpleaños, fiestas, días festivos y vacaciones. ¿Qué falta?
-Obligatoriamente no tendremos que tratarnos ni vernos si no hace falta.- recalcó Félix.
-Perfecto. Así no tendré que ver tu cara de amargado.
-Lo mismo digo.
-Bien, bien, firmen ya.- los dos firmaron con sus respectivas plumas y Félix se levantó tan rápido como pudo.
-Ahora debemos irnos a casa.
-¿Cuándo veremos a mamá?- preguntó Alexander.
-Sus vacaciones de verano comenzaron oficialmente ayer, pasaran la mitad con ella y la otra mitad conmigo.- con eso hizo que sus hijos se mostraran más tranquilos y avanzaron a su madre que les sonrió y dio un gran abrazo.
-No estaremos separados por mucho.- trató de consolarlos.
-Te vamos a extrañar.- musitó Maximilian.
-Y yo a ustedes. No se preocupen, nos volveremos a ver y recuperaremos el tiempo perdido.
Los Agreste salieron de la boutique y Felicia miró a los chicos triste.
-¿Ya se van?
-Sí, Felicia. Pero nos volveremos a ver muy pronto.
-¿Me lo prometen?
-Prometido, pequeña.- dijeron intentando darle ánimos. Felicia no pudo evitar llorar, pero lloraba en silencio, mirando a Félix como si esperara que dejara a los chicos un momento más. Por un momento la mirada de ambos se conectaron. Félix notó cuánto se parecía a Bridgette, su cabello, su nariz, su boca, pero había otras cosas que le parecían familiares. Como sus orejas, la forma de su rostro, el color y el sesgo en sus ojos. Desvió la mirada, para no ver la prueba de la infidelidad de la mujer que alguna vez amó con locura. Tenía que ser hija de Luka, ese infeliz que también hizo daño a la que alguna vez juró amar. Bajaron con sus cosas y Félix abrió su auto sin dirigirle una mirada a nadie.
-Suban.- ordenó y los chicos subieron al auto. Félix también subió sin mirar en ningún momento a Bridgette que cargó a su hija consolándola al comenzar a hipar.
El auto arrancó y se alejó de ese punto dejando a una pequeña desconsolada y a una madre con el corazón roto.
Al avanzar algunas calles hasta la avenida principal, Félix vio de reojo a Plagg desde la guantera que le instaba a decir algo a los niños y luego vio por el espejo retrovisor a sus hijos que se veían abatidos.
-Volverán a ver a su madre. No se preocupen.
-Ya, claro…- respondió Alexander con desconfianza. Pero Maximilian le tomó del brazo con una mirada significativa.
-Está bien, papá. Al menos así también veremos a nuestra hermana.
-Sí, me alegra tener a una hermanita tan linda.- ambos se miraron siguiendo su juego.
-También verán a… su media hermana, obviamente.- dijo Félix costándole mucho decirlo. Esa niña era la prueba de la infidelidad de la mujer que amó.
-Y es tan pequeña. Cuatro años, yo a esa edad ya sabía trepar árboles. Voy a enseñarle cuando regresemos.- dijo Alex con cierto aire soñador.
-Tiene casi cuatro y medio. Ya sabíamos leer a esa edad.
-¡Sí! Cuatro años y cinco meses dijo.
-Cuatro años y cinco meses. Es tan pequeñita.
Sin quererlo Félix pensó en esa niña. Era obvio que tenía que ser hija de Luka, lo más seguro era que su amorío dio como resultado un segundo hijo para él.
Pero si soy niña grande, tengo cuatro años y cinco meses.
Recordó lo que dijo la niña. Entonces debería haber nacido en invierno. Era una chiquilla muy linda si se lo ponía a pensar. Lástima que no era hija suya, aunque era lo mejor.
Tengo cuatro años y cinco meses.
¿Por qué le molestaba ese número? Luego estaban sus ojos. De un azul que quería asociar con Couffaine pero no podía, sus rasgos y ese sesgo en sus ojos…
Cuatro años y cinco meses.
El auto se adentró a la avenida principal y Félix seguía pensando. ¿Qué estaba haciendo en ese tiempo? Cuatro años… cinco meses… Más nueve meses de embarazo a lo mucho. Ah, claro.
-La pasarela en China.- musitó para sí mismo recordando ello. Fue todo un caos, los enviaron por tres semanas a arreglar todos los problemas que tuvieron con el evento, los modelos, los trajes, y tantas cosas más. Incluso visitaron a la familia de Bridgette y se quedaron una temporada con ellos. Y Luka estaba en ese tiempo…
Abrió grande los ojos y pisó el pedal del freno provocando casi un choque.
Los claxon sonaron sin parar pero Félix los ignoró. Sentía que le faltaba el aliento, estaba pálido y sus manos temblaban.
Hace cuatro años y cinco meses y más nueve meses más estaba con Bridgette en China, mientras que Luka estaba en América de gira y regresó tras pasar seis meses recorriendo el país.
Dio una vuelta prohibida dirigiéndose de regreso a la boutique. Apretando el volante con tanta fuerza que los nudillos se pusieron blancos. Detrás del auto, los gemelos se sujetaron de su asiento, con las uñas clavadas en los asientos de piel pero dándose cuenta que su plan había resultado.
…
Felicia veía una película con Tristán, su princesa favorita era la princesa Rapunzel. Pero la pequeña no se veía con suficientes ánimos y Bridgette al notarlo suspiró y se sentó donde momentos antes había estado Félix. Aly le dio una taza de té.
-Tranquila, amiga. Al menos esta vez no te fuiste con las manos vacías.
-Sí, al menos no tendré que usar el miraculous del caballo para verlos a escondidas. Pero Felicia es otra cosa, Aly. Al fin conoce a sus hermanos y llega el ogro de Félix y le arrebata su momento.
-Sabes, seguro que Félix sería diferente si supiera que Felicia…
-No.- le cortó Bridgette.- Si Félix lo supiera me la quitaría. Casi me vuelvo loca cuando me prohibió ver a mis hijos. Si no hubiese sido porque supe que estaba embarazada creo que no hubiese soportado.
-Brid, calma. Vale, entiendo. Y dudo mucho que con lo pequeña que es… bueno, tampoco a tus hijos se les hizo fácil tu ausencia.- Bridgette lo sabía. Todavía soñaba con ese día en que la sacaron de la mansión Agreste mientras escuchaba a sus hijos llorar. No quería que pasara lo mismo con Felicia.
-Bien. Ya teniendo todo en claro, dejemos el tema. Creo que llevaré a los niños al parque para que se animen un poco.
-Por supuesto. Nadie aquí va a tocar el tema Agreste de nuevo.
Bridgette lo agradeció, no lo iba a admitir pero su corazón le dolió al volver a verlo. Frío, indiferente y enojado. Era lo mejor para todos que nunca más se volviesen a tratar después de este día…
Unos fuertes golpes se escucharon desde abajo, y luego un claxon. Al asomarse por la ventana vieron el auto de Félix y a este fuera del auto volver a tocar el claxon con una expresión de rabia.
-¡Bridgette Dupain-Cheng! ¡Baja ahora mismo y dime por qué no me dijiste que tengo una hija!
Las dos quedaron pasmadas, ¿cómo se había enterado? ¿Acaso fueron los gemelos? Fuera como fuera tenía que bajar y abrir, o destrozaría la puerta antes de que llegara la policía y tampoco quería molestar a los vecinos.
…..
Y… espero que les haya gustado! Gracias a todos por leer! Y lo que se viene… uy! Lo que se viene! Así que dejen review, nada de tomatazos, y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!
