Hola a todos! He aquí traigo el siguiente capítulo. Un poco difícil hacerlo ya que quería poner demasiadas cosas pero se debe guardar un equilibrio en toda historia así que vamos a por ello. ¡Vamos! Espero poder ver con ansias lo nueva que traigan de Miraculous, POR FAVOOOOR! No nos torturen más. Y ya sin más qué decir… COMENZAMOS!
…..
Capítulo 5.
Regreso tumultuoso.
El viaje fue silencioso, al menos por parte de Félix que nada más miraba de reojo a sus hijos que estaban más entretenidos con un libro o mirando el exterior por las ventanas. Miró de reojo a cada uno y luego miró a Plagg que estaba en la guantera, este le señaló que tenía que hablar con ellos a base de gestos ridículos pero claramente entendibles. Se aclaró un poco la garganta, intentando encontrar las palabras correctas.
-¿Cómo hicieron para venir hasta aquí? ¿Le dijeron a Aly que los trajera?- Maximilian fue el que respondió ya que su hermano no parecía tan interesado en hacerlo.
-Nos metimos en la cajuela sin que se diera cuenta.
-¿La cajuela? ¡Se hubiesen ahogado!
-Íbamos bien.- respondió seco Alexander. Félix respiró profundo y exhaló intentando tranquilizarse, no debía enojarse por su osadía.
-Estuve preocupado por ustedes. Debieron… no lo sé. Ser más conscientes. Eso fue muy peligroso, no quiero que vuelvan a hacer algo así jamás.
-Lo sentimos.- respondió de nuevo Maximilian, pero Alexander no respondió. Él no lo sentía para nada y Félix sentía que un abismo se abría entre ellos. De repente vio a Bridgette encender y apagar las luces de su auto, era una señal para detenerse en la parada más próxima.
-Al parecer haremos una parada.
Cuando se detuvieron en un restaurante del camino, Bridgette bajó a los niños y los tomó de las manos.
-¿Qué ocurre?- preguntó molesto por el retraso.
-Van a ir al baño. Intentaremos no tardar.
-Uy, venden madalenas.
-Yo quiero una.- dijeron los hermanos y Félix suspiró resignado. Tal vez una parada le ayudaría a refrescar sus ideas.
Aly les llamó diciendo que ella seguiría el camino, ella tenía un horario qué cumplir y Félix bufó, cómo si el no tuviera también un horario. Miró su teléfono, tenía una decena de mensajes de los cuales un par eran de la oficina, el resto era de Kagami que no se mostraba para nada contenta por su visita a su ex y por supuesto de que no le llamara la noche anterior. Pensó en lo que tenía que hacer llegando cuando escuchó a Plagg dentro del auto.
-¿Qué haces?
-Buscando mi queso, no lo encuentro.
-Yo lo tengo. Toma.- le dio un pedazo de queso y Plagg lo abrazó con gusto.
-¿Y bien? ¿Cuál es el plan?
-¿Plan?
-Ya sabes. Tu ex, tus hijos, tienes muchas cosas qué hacer.
-Por el momento intentaré analizar la situación. No puedo simplemente decir que las cosas estarán bien. Van a haber cambios por el bien de mis hijos, pero no sé si estos me gusten.
-Mientras no se te pase por la cabeza quitarle a la niña todo irá bien.- Félix le miró con ceño fruncido y el kwami jugó un poco con su queso.- Oh, vamos. Tú y yo sabemos que la idea te pasó por la mente. Pero te advierto que si haces eso tus hijos harán algo más que irse escondidos en un auto.- la idea le causó escalofríos.
-No quiero pensar en ello.
-Entonces ten eso en mente. Porque esa gatita tampoco será mansa si la alejas de quien quiere.
En ese momento, Bridgette regresaba con los niños que no paraban de agarrarse de su ropa. Ella vestía con una blusa azul cielo con una camiseta de tirantes negra debajo, unos pantalones blancos de tres cuartos y unos cómodos zapatos azules de suela blanca. No vestía ropa de marca pero el conjunto le quedaba muy bien, y podía notar las pocas miradas masculinas posarse sobre de ella. Bueno, ya no era su problema. Aunque pudo ver que a la pequeña no le hacía ninguna gracia y siseó como un gato en dirección a los tipos, cosa rara en su opinión. Estos se rieron y fue cuando sintieron una mirada maligna posarse sobre ellos, voltearon y vieron a Félix cuyos ojos lucían como los ojos de un demonio. Estos prefirieron entrar al restaurante justo cuando los niños salían.
-Perdonen la tardanza.- dijo Bridgette regresando y viendo a sus hijos regresar a con ellos mientras terminaban sus madalenas.
-No pasa nada. Ya podemos seguir.- dijo Félix recobrando la compostura.
-¡Esperen!- gritó Felicia.- ¿Tiene una?- preguntó con grandes ojos a sus hermanos que le sonrieron.
-Les compramos una a cada uno.
-Para que puedan comer en el camino.- los niños tomaron su madalena contentos.
-/Gracias/- dijeron a la vez de forma adorable. Aquella imagen era capaz de enternecer a cualquiera.
-Vamos niños al auto. Que tenemos que llegar a Paris pronto.
-Al fin.- musitó Félix deseoso de seguir y el súper oído de Bridgette logró captarlo.
-Porque de seguro alguien tiene una reunión importante y no quiere llegar tarde.- este sintió un ligero tic en el ojo. Se acercó a ella cuando subió a su auto y tocó su ventana.
-Cambiemos.
-¿Qué?
-Ya me oíste.
-¿Y por qué haría eso?
-Quiero pasar tiempo con mi hija, y bien puedes conducir mi mercedes mientras también pasas tiempo con los niños.- ella pareció pensarlo y aceptó.
-Bien, no me parece mala idea. Y te recuerdo que ella NO es tu hija. Eres un total desconocido con el que no comparte ni un ápice de su ADN.
-Deja que yo me preocupe por ello.
Cambiaron de vehículos y Félix subió al auto. El lugar tenía un tenue aroma a flores y caramelos, pero no era por algún aromatizante, sino que era el aroma natural de Bridgette y el de esos niños. Tristán lo miraba con grandes ojos asustado mientras que Felicia con una curiosidad innata.
-¿Tu nos vas a lleva a Paris?
-Así es. ¿Han estado allí?
-Pocas veces. Me guta estar con abuelitos cuando tía Alya o Papi Luka nos lleva. Mamá dice que nos quedaremos con ellos.
Sintió qué le atravesó una flecha. ¿Papi Luka? Ese bastardo roba esposas no tenía vergüenza…
-Ya veo.- musitó entre dientes.
«Enfócate. No te dejes llevar. Es normal para una niña que no ha crecido con su padre llamar a otro padre. Ya cambiaré eso llegado el momento»
Tristán encendió una grabadora de juguete sacándolo de sus pensamientos y ambos comenzaron a cantar la canción de Frozen. Aquel sería un largo viaje, pero tenía que pensar en una forma de que Felicia fuese a la mansión, una forma de tenerla a la mano para así que su hija fuese conociéndolo… entonces tuvo una idea.
-¿No tienen sed?- preguntó tomando un par de cajas de jugo de la hielera que estaba en el asiento del copiloto.
…
Bridgette llevaba hablando con sus hijos más de una hora y sentía que no era suficiente. Les preguntó de su vida, sus estudios, hobbies, y hasta su tenían novia, cosa que hizo que gritaran al mismo tiempo una negativa haciéndola reír.
-Vale, vale, no preguntaré eso. Es que mis hijos son tan guapos.
-Mamá por favor.- rogó Alexander haciéndola reír más. Ella miró de reojo a su bolso, donde Plagg se había unido a Tikki desde que subió al auto y así poder hacerse compañía en el camino.
-Nos gustaría tanto que vinieses a vivir a Paris.- dijo Maximilian.
-A mí también, cariño, pero no creo que sea posible.- dijo con pesar ya que de seguro a Félix no le haría gracia, ni mucho menos a su suegro que, aunque no dijo nada en el momento de su separación, estuvo de acuerdo con su hijo y seguro que tuvo que ver con que el dinero de su cuenta en Gabriel hubiese desaparecido. Ni qué decir de…
-… La señora Tsurugi es un grano en el culo.- escuchó a Alexander quejarse.
-¡Alexander! ¿Qué es ese lenguaje?
-¡Es que es verdad!
-Creo que estoy de acuerdo con mi hermano.- dijo Maximilian intentando no sonreír.- Sus entrenamientos son muy duros y qué decir de su trato.
-Sí, siempre nos quiere entrenando y estudiando. Entrenar, estudiar, entrenar y estudiar. Dice que debemos ser como papá pero le quita la diversión a todo.
-Y luego con lo del internado…
-¿Acaso ella fue la que sugirió el internado?- preguntó Bridgette controlando su carácter.
-Sí. Le dio a papá folletos.- respondió Maximilian recordando el haberlos encontrado antes de marcharse la mañana de su escape y les dio una ojeada rápida.- Internados privados en Escocia, Londres, Suiza hasta Alemania. Dejó tantos folletos que más bien parecen un viaje de bodas.
Bridgette apretó los labios. La idea de alejar a sus hijos de esa forma la hacía enfurecer. No le pasó por alto que su hijo no mencionara un internado dentro del país, al parecer Kagami no quería lidiar con los hijos de otra persona. Esperaba que Félix no hiciera caso de sus sugerencias porque de ser así estaría dispuesta a buscar un abogado para que le diese la completa custodia de sus hijos… Aunque viniendo de Kagami no le sorprendía. Si había sido capaz de lanzar a su hijo con pocas semanas de nacido, qué no haría con los hijos de otra persona. Deseaba creer que Félix no haría eso, pero mantendría su ojo en él por si acaso.
…
Pronto vio que estaban cerca de Paris, la ciudad en la que nació, y la ciudad de la que fue expulsada. De repente escuchó el ruido de un teléfono, al ver el auto se dio cuenta que tenía un teléfono integrado. Presionó la pantalla que mostraba un teléfono verde y escuchó la voz de Félix.
-Me han llamado de emergencia. Necesito recoger unos papeles en la mansión.
-Bien, cambiemos de coche y…
-Eso sería mucho trabajo y no hay paradas. No tardaré. Prometo llevar a los niños a con tus padres y…
-¡Y un cuerno yo iré también!- gruñó a lo bajo y colgó. Algo le decía que esa supuesta emergencia era para otra cosa.
-Mamá, lenguaje.- se burló Alexander viendo con gusto a su madre sonrojarse.
La ciudad de Paris, con sus hermosas calles les daba la bienvenida. Bridgette sintió nostalgia al recordar su vida en esa ciudad, como iba en su bicicleta en entregas, sus esquinas que le inspiraban, y por supuesto y más importante, sus patrullas como Ladybug para mantener a Paris a salvo de akumas. Ya esos días le parecían lejanos.
Estuvo muy cerca de Félix, atenta a cualquier movimiento sospechoso. Y no fue hasta que vio que iba a entrar a la propiedad Agreste que sintió su estómago encogerse. Hacía mucho que la sacaron de esa propiedad y se prometió nunca volver, humillada y dolida. Se estacionaron afuera y salieron del auto. Bridgette quería que su hija permaneciera dentro del auto pero comenzó a moverse y a saltar en su asiento.
-Pis, tengo pis.
-¿Qué?
-Yo también.- dijo Tristán y Félix disimuló una sonrisa.
-Pueden usar el baño del primer piso. Supongo que aun sabes dónde se encuentra.
-Para mí mala suerte.- gruñó a lo bajo y tomó a los niños de las manos.- Vamos cariños, una parada rápida.
Para su suerte nadie estaba a la vista, los hermanos también sintieron alivio cuando vieron que nadie estaba para recibirlos, ni siquiera Natalie o Gorila, chocando puños disimuladamente. Félix se dirigió a paso tranquilo al estudio donde debería estar su padre. Abrió la puerta y la cerró detrás de él, tal y como esperaba, estaba allí.
-Veo que llegaste. ¿Cómo están mis nietos?
-Están bien.- Gabriel asintió, a pesar que no era muy afecto a muestras de cariño.
-Bien. ¿Y cómo te fue al ver a tu ex? Te has tardado dos días en llegar.
-Lo que esperaba, o casi, hubo gritos, reclamos, me golpeó.- Gabriel exhaló una corta risa.
-De seguro todavía sigue siendo de armas tomar.
-Sí… oh y por cierto, me acabo de enterar que fui padre otra vez.- esta vez su padre detuvo lo que estaba haciendo y lo miró tras creer haber escuchado mal.
-Disculpa pero creo que mi oído no es como antes, ¿qué dijiste?
-Que tengo una hija. Una pequeña niña de nombre Felicia.- Gabriel lo miró un momento en silencio antes de responder.
-¿Estás borracho?- Félix le fulminó con la mirada.
-¿Te parece que vengo borracho?
-Bueno, ver a tu ex después de tantos años debió ser un shock.
-Papá, no estoy borracho, ni mucho menos pasando por una crisis nerviosa. Si no me crees, adelante, puedes verlo por tus propios ojos.- señaló la puerta y Gabriel lo miró escéptico, pero tras unos segundos fue a la puerta, abriéndola un poco y ver a la que antes fue su nuera, acompañada de dos niños pequeños. Pudo notar que su antigua nueva había aumentado de peso. Ya no tenía una consistencia atlética y grácil pero tampoco era como si se viese mal, aunque parecía un poco descuidada. Luego se fijó en la niña. La niña pequeña dio una vuelta por el lugar y su dulce mirada se topó con la de Gabriel que reconoció algo en esos ojos que los sacudió hasta la médula y luego cerró la puerta. Apretó los labios sin saber qué decir y su hijo complementó ese silencio con una mirada que afirmaba lo que había visto. Gabriel regresó a su lugar sacudiendo sus ideas de la cabeza.
-Debes hacerte una prueba de ADN.
-Lo sé.
-Y tienes que reconocerla como tu hija, aunque sería difícil explicar cómo es que nadie estaba enterado de su existencia.
-Por supuesto que lo sé. Si los medios se enteraran sería un circo mediático. No quiero pensar en lo que podría desatar.
-¿Y qué piensas hacer?
-Primero confirmar que es mía. Luego llegar a un acuerdo y si encuentro que no es apta para criarla hallar una forma en que pueda quedarme con su custodia.- Gabriel lo miró serio, si bien sabía que su hijo sentía una enorme aversión a su antigua esposa, le parecía que se estaba precipitando demasiado.
-Bueno, yo te sugeriría entonces acercarte más a ella.
-¿Disculpa?
-Gánate su confianza, por algo se empieza.
-Ni loco quiero estar cerca de ella.
-Entonces declárense la guerra y prepárate para el escándalo. No creo que quieras lidiar con los medios sobre esto.
Su padre tenía razón, lo medios harían un festín de chismes como la última vez. Fue difícil llegar a un acuerdo con ellos y que así los rumores no lastimaran a sus hijos. Su padre pasó a su lado con esa postura recta que siempre tenía.
-Es mejor atraer a tu presa con miel que con hiel. Además, tus hijos también podrían comportarse y no repetir aquel escape que no tuvo nada de improvisado.
Félix lo pensó mejor. Si lograba ganar la confianza de Bridgette podrían llegar a un acuerdo, sus hijos ya no se rebelarían, y llegado el momento y con todas las pruebas revelaría que Felicia era su hija y si las cosas con Bridgette no se daban al final le quitaría a la niña. Era un plan desalmado, pero Bridgette no era una santa y no tendría remordimiento alguno con ella.
Cuando salió de la casa y vio a Bridgette con los niños al pie de la escalera sintió algo de nervio. Sería difícil considerando su situación, pero podría intentarlo.
-Listo, ya podemos ir a con tus padres.
-Ya era hora.- musitó ella en voz baja.- Bien, así podemos cambiar de coche, y me gustaría que mis hijos vieran también a sus abuelos.
-Eso no lo hemos discutido.
-¿Disculpa, dijiste algo? Porque recuerdo que acordamos en que iríamos con mis padres en vez de venir aquí.- le quitó sus llaves y le regresó las suyas regresando a su auto.
Los hermanos veían muy difícil intentar reconciliarlos, eran prácticamente agua y aceite. Querían que sus padres hablaran un poco más y convivieran pero no eran los únicos con un plan. Plagg decidido se adentró al auto de Bridgette para hacer de las suyas con una risa maquiavélica. Apenas y encendió el motor, un sonido estrepitoso se escuchó y ella y los niños gritaron del susto, y para qué negarlo, los tres rubios se cubrieron ante cualquier posible ataque. Vapor salió del capó y Bridgette salió del auto mirando a Félix que por primera vez se estremeció ante los deseos de estrangularlo que reflejaban sus ojos.
-¡¿QUÉ LE HICISTE A MI AUTO?!
Los hermanos suspiraron con alivio y Félix también, porque eso les daba más tiempo para poder ejecutar su plan y formar una falsa convivencia.
…
Kagami regresó a Paris la noche anterior cansada y con una fuerte migraña que menguó gracias a un analgésico. En su oficina miró la hermosa ciudad a la cual a su vista no tenía nada de espectacular. Estaba tan acostumbrada a esa vista que prefería cerrar las ventanas. La visión de Félix con sus hijos y Bridgette la persiguió toda la noche. Sentía que de nuevo estaba perdiendo todo por lo que había trabajado. Siempre estuvo enamorada de Félix, aun cuando se casó y tuvo un hijo, nunca pudo olvidarlo porque para ella, él era perfecto, eran el par perfecto. Y quería que siguiesen así. Pero los fantasmas volvían a atormentarla, y uno de estos era ese pequeño que se prendía de las faldas de Bridgette. La visión le causó una migraña inmediata. ¿Pero quién era esa pequeña que estaba con ellos? Se parecía mucho a Bridgette. ¿Acaso Luka y ella tuvieron un hijo por despecho?
-Señorita Tsurugi.- habló su secretario que tenía la misma expresión seria que ella.- Su cita de las 11:00 ha llegado.
-Hazla pasar.
Este asintió con una reverencia e hizo pasar a su visita. Vestida con un glamoroso vestido blanco hasta las rodillas y mangas hasta los codos, con su cabello castaño recortado en capas largas, aretes y pulseras de oro que tintineaban en sus muñecas, Lila Rossi entró como si se tratara de la figura más importante de todo Paris. Su confianza era admirable y su soberbia tóxica.
-Kagami, un placer verte, cherie.
-Rossi.- Kagami inspeccionó su atuendo.- ¿Un Gabriel?
-¿Qué te puedo decir? Soy después de todo parte de su comité de inversionistas y trabajo en la compañía.- Kagami no dijo nada, después de todo, Lila era una inversionista minoritaria mientras que ella tenía un 30% en la compañía.- ¿A qué debo este honor de ser llamada?- antes de responder, Kagami mandó a su secretario a que fuera a por bebidas para ellas.
-Sentémonos primero.- las dos caminaron hasta el elegante escritorio, Kagami se sentó en su sitio mientras que Lila en uno de los elegantes sillones de cuero.- Tenemos un problema.
-¿Qué tipo de problema?- preguntó antes de que el secretario llegase y dejase un té a cada una.
-Está aquí. Bridgette está en Paris.- la taza casi se resbala de la mano de Lila, pero tenía un vestido que no quería manchar ni siquiera con una sola gota de agua.
-¿Estás segura de eso?
-Me lo confirmaron hace poco. Bridgette vino a la ciudad.
-¿Y cuál es el problema?- Lila movió su mano como si espantara un bicho.
-Mi problema es que justo cuando estoy haciendo avances los hijos de esa mujer le dan por realizar un reencuentro. Y eso también te involucra a ti también, Lila. ¿O me vas a decir que no te interesa que ella esté aquí?
-¿Qué daño puede hacerme a mí? Tú eres la que deberías preocuparte. Fuiste tú la que vino por ayuda esa vez, y si a estas alturas dejases que ella volviera a la vida de Félix sería tu culpa.- Kagami entrecerró un poco sus ojos, tomó un sorbo de su té y luego sacó de su escritorio una carpeta.
-¿Esto no te dice nada?- Lila dejó su té a un lado y al tomar la carpeta y examinar su contenido sintió que la sangre abandonó su rostro en un segundo.
-Esto es…
-Recibos y pagarés. Todo dinero que esa mujer ganó y que debería seguir ganando por su trabajo, pero que nunca utilizó porque sus cuentas se vaciaron y las cuales tú les diste un mejor uso para convertirte en inversionista de la compañía. ¿Qué crees que pasaría si ella llegase a enterarse que usaste su dinero para tu propio beneficio?
-Pfft, ella nunca lo sabrá. De seguro cree que ese dinero se lo habrán quedado los Agreste.
-Si eso te hace sentir más tranquila.- Lila frunció el ceño y arrugó la boca con desagrado.
-Veré que puedo hacer, entre tanto tú, más te valdría ser malditamente amable con esos engendros. Hasta yo haría un mejor trabajo.
Lila se levantó y se marchó campante al quedarse con la última palabra. Kagami sabía que tenía algo de razón, pero le era difícil poder ver a esos niños como hijos de Félix, no cuando tenían esos ojos. Kagami entendía que estaba haciendo mal, pero Félix era todo lo que ella quería. Si tenía que mandar a volar hasta el otro lado del mundo a esos mocosos lo haría. Y sobre Bridgette, más le valía no haber regresado para quitarle el lugar que le correspondía.
El secretario recogió las tazas, y cuando salió hizo una llamada discreta en su celular.
-Madame, tengo información que le podría interesar.
…
La grúa llegó y remolcaron el auto. Atraídos por el estruendo, todo el mundo ahora estaba allí, cada sirviente que ella alguna vez conoció y que ahora susurraban a sus espaldas y las miradas frías de Gorila y Natalie que no se comparaban con la de su suegro que le hacía sentir escarcha en la mitad de su cuerpo. Acarició disimulada la cabeza de su hija que miraba curiosa a los presentes y Tristán del otro lado se recargó también a ella recibiendo de buen agrado una caricia igual de cariñosa. Bridgette adoraba a Tristán como si fuera su hijo, ella tuvo que amamantarlo después de que Kagami los sacara de su vida y la formula recomendada no le caía bien. Tenía un lazo profundo con ese pequeño y tímido niño y para qué negarlo, esperaba que un día estos pequeños crecieran con un amor puro y se quedaran juntos.
Tras ver que terminaron con la revisión se acercó al encargado para poder preguntar.
-¿Cuándo cree que pueda estar listo mi auto?
-Bueno, hay que revisarlo y le dirán cuándo es que puede pasar por él al taller. Aunque no tengo ni idea de cómo hizo para manejarlo, es todo un desastre por dentro.- Bridgette quiso gritar, pero apenas y logró musitar algo con un susurro bajo.
-Todavía me faltan ocho meses para pagarlo…
-El seguro cubrirá parte de los daños pero deberá ponerse en contacto para decir el total. Con permiso.- Bridgette vio su auto salir de la propiedad y luego fulminó con la mirada a Félix. Culpándolo por haber destrozado su automóvil.
-Siento mucho lo de tu auto.- dijo Félix ganándose una mirada asesina.
-No me digas.- habló con sarcasmo, Félix quiso responder el ataque pero se limitó a morderse la lengua.
-Es una lástima lo de su automóvil.- intervino Gabriel que se acercó con parsimonia con las manos detrás de su espalda.- Pero mi hijo puede ayudarla con el transporte.
-… Gracias por el ofrecimiento, pero podemos tomar otro medio para movernos.- dijo de inmediato con una sonrisa venenosa y fue que los gemelos intervinieron.
-Mamá, creo que deberías pensar en los pequeños.- dijo Maximilian.- Sería una lata buscar taxi o tomar el metro que se abarrota a esta hora.
-Y los Uber, ufff, ya ni puedes confiar en ellos. Y te cobran hasta por equipaje.- Bridgette sintió que una flecha se clavaba en su cabeza. No quería gastar más dinero de lo necesario, ya que estaba segura que con lo del coche se llevaría un buen pellizco de su chequera.
Gabriel miró a Félix para que dijera algo. Y tras aclararse la garganta para ganar tiempo, pudo hablar.
-Si gustas no hablaremos en el camino. Puedes incluso ir atrás.
Tras unos momentos de pelear consigo misma bajó los ojos resignada. Incluso su mechón de cabello se relajó.
-Vale. Si no queda de otra…
Al menos era una pequeña victoria. Irían un poco apretados pero no sería desagradable, y podía notar a Bridgette incómoda ante la presencia de los que alguna vez la llamaron señora. Subieron al auto, ella iba atrás, la idea era que los pequeños fuesen en sus rodillas pero Felicia, tan curiosa como era, se las arregló para treparse hasta el asiento de enfrente vacío.
-¡Felicia!
-Wow… que chulo.- dijo admirando el auto y Félix le puso el cinturón de seguridad, cosa que hizo a Bridgette retorcerse al verlo tan cerca de su hija.
-Sujétense bien.
-Nada más ten cuidado de los baches.- le pidió Alexander y Maximilian asintió.
-Y no vayas por la avenida principal, está en reparaciones.- una mentira pero serviría para que el viaje fuese más largo, cosa que hizo gruñir a su madre mientras que Félix asentía, guardando su repulsión de estar con ella en el mismo espacio siendo el sentimiento era mutuo. Los hermanos tenían que ser cuidadosos y para ello necesitaban aliados de su parte.
…
El aeropuerto de Nueva York estaba repleto de gente, pero no era problema para la estrella Jagged Stone que caminaba con la seguridad a tope, protegiéndolo a él, a Penny, a Fang, y a su banda de los paparazzis y reporteros melindrosos que nada más buscaban algo jugoso para llenar en alguna página de sensacionalismo. Subieron a su avión privado y Jagged dejó que Fang se acomodara en su largo cojín.
-Este lugar es una locura. ¿De verdad tienes que regresar a Paris, Luka?- preguntó a su guitarrista secundario, el joven de ajustada camiseta sin mangas negra con pantalones de cuero y largo cabello con mechas cian. Vio su brazo tatuado apoyarse en el respaldo del asiento y su mirada fijarse afuera de la ventana.
-Surgió un problema y debo ir a Paris a arreglarlo. Siento no estar para el concierto de España y Amsterdam.
-Hombre, qué va. Te veremos cuando vayamos a Paris y pueda ver a mi pequeño ahijado. Tío Jagged quiere abrazarlo y ojala esta vez Nanarki no intente quitármelo de los brazos.
-Ya no es un bebé.
-Pero aun es pequeño y debo aprovechar que todavía no se avergüenza por ese tipo de cosas.- Luka sonrió recordando las batallas entre su madre y Jagged cuando se trataba de su hijo. Luego suspiró y Penny puso su mano en el hombro.
-Si necesitas algo sabes que puedes llamarnos.
-Gracias Penny, pero espero que este problema no escale a tales niveles.
-¿Bridgette y Felicia estarán bien?- preguntó la pelirrosa.
-Oh, no me preocuparía demasiado por Bridgette. Ella sabe defenderse, pero me temo que no cuenta con las mismas influencias que los Agreste o los Tsurugi.
-Déjale eso a nuestro abogado.- dijo Jagged arrugando la nariz con desprecio.- Noah Baptiste es un auténtico tiburón cuando se lo propone. Y si la bruja de tu ex presenta su cara a mi ahijado que se prepare para la guerra.
Luka sonrió agradecido por el apoyo aunque sabía que no estaban hablando de cualquier persona. Los Agreste tenían influencias poderosas así como los Tsurugi. Sin embargo, no estaba dispuesto a permanecer pasivo esta vez sí se presentaban problemas. Él quizás no tenía una relación amorosa con Bridgette, pero la consideraba su amiga, su hermana, y la mujer que amó a su hijo como si fuese suyo, y él amaba también a Felicia como si fuese su hija. No iba a permitir que Félix o Kagami metieran las narices en sus vidas después de expulsarlos de esa manera. Aunque tuviese que pelear sucio, iba a demostrarles cómo atacaba una serpiente.
…
El viaje hacia la panadería les parecía eterno, y lo peor, era que ahora estaban en un atasco debido a un choque. Bridgette quería salir del auto y correr lejos con los niños bajo sus brazos pero estaban sus hijos y quería también pasar tiempo con ellos.
-Dime, Alexander, ¿qué otros pasatiempos te interesan? Recuerdo que te gustaba mucho moverte de aquí para allá.
-Bueno, antes estaba en esgrima pero lo dejé hace poco. Ahora estoy buscando algo más, quizás cocina o puede que entre a un deporte de contacto. La capoeira me parece una buena opción.
-Lo he visto. Seguro que se ajusta perfecto a ti. ¿Y qué hay de ti Maximilian?
-Me interesan otro tipo de cosas, como la astronomía, el arte, y la lectura.
-Ya veo, siempre has sido el pasivo entre los dos. Pero seguro que te interesa algo más ya que veo que tienes buena condición.
-Pues…- movió sus pulgares en un signo de nervios.- Me gusta nadar.
Félix miró a su hijo por el retrovisor, eso era algo que él no sabía. Le parecía increíble ver cómo sus hijos se desenvolvían con su madre. ¿Desde hace cuánto que no le contaban algo a él?
-Sí, tiene las ancas de una rana.
-No es cierto, y si las tuviera tú también tendrías porque somos gemelos.
-Te equivocas, mis piernas son purrfectas como las de un adonis.
-Mentiroso.- los dos comenzaron a jalar sus propias mejillas aunque no pasó desapercibido el chiste de gato.
-Hijo, ¿acaso te gusta Chat Noir?- preguntó Félix al fin y los chicos dejaron de pelear para que el mayor contestara, haciéndolo sin mirar a su padre.
-Claro que sí. Lo admiro, es el mejor héroe para mí.- Félix intentó no sonreír. Su hijo lo idolatraba, bueno, al menos su parte heroica, parte que no sacaba desde hacía tiempo pero que le servía cuando necesitaba relajarse.- Chat Noir es divertido, genial, ágil y súper fuerte. Cualquiera quisiera ser como él… o tener un padre como él.- musitó a lo bajo pero fue claramente audible. Maximilian miró a su hermano de forma desaprobatoria y Bridgette suspiró, si su hijo supiera que Chat Noir era su tirano padre…
-Mami, tengo hambre.- dijo Felicia desde el asiento delantero.
-Oh, claro ya debe ser hora de su merienda. Espera un poco.
A pesar de lo apretado que estaba logró sacar de su bolso dos tupper para los niños. Tristán abrió el suyo en donde se veía fruta fresca, un botecito de gelatina y un croissant. Sin embargo, cuando Felicia abrió el suyo, todo el mundo se tapó la nariz y Félix abrió la ventanilla.
-¿Qué rayos…?- murmuró Alexander a punto de vomitar y Maximilian se asomó por la ventana.
-Aire, necesito aire.
-No puede ser…- musitó Félix sin creer lo que veía. Era Camembert y galletitas. ¡CAMEMBERT Y GALLETITAS! Todo su ser quiso gritar y miró por el espejo retrovisor a Bridgette esperando una explicación, cosa que ella dio después de rodar los ojos.
-A Felicia le encanta el Camembert. Todos los días come un pedazo de queso. Es por eso que mi refrigerador tiene un par de quesos por ahí.
-Yo lo adoro.- dijo la pequeña tras comer una galletita con queso.- El camembert es lo mejoooor del mundo. Mami dice que fue mi primera palabra.- Félix sintió de repente deseos de gritar, en cambio Plagg ahogó un grito de victoria gracias a que Tikki le tapó la boca.
-¿Y no te gusta algo menos... tóxico?- preguntó Félix y Felicia lo pensó un poco.
-Pue… Me gusta el Brie, Edam, Roquefort, Comté, Gruyére, Emmental, Cheddar,Mozzarella…
-¿Cómo una niña tan pequeña tiene tanto conocimiento de quesos?- preguntó Maximilian con un ligero tic en el ojo.
Félix tragó duro intentando que su estómago no se revolviera. Fulminando a Bridgette desde el espejo retrovisor aunque ella lo ignoraba olímpicamente. ¿Qué clase de educación le estaba dando a su hija? En cambio, Plagg estaba que lloraba y que festejaba el que al fin después de tantos siglos sus oraciones hubiesen sido escuchadas. Una portadora con fino gusto como el suyo. No le importaba mucho tener que compartir, pero ese placer no se lo quitaba nadie. Ahora tenía con mayor razón que hacer que su portador cabeza hueca hiciese las paces con la portadora de su cubito de azúcar. Era una misión difícil pero no imposible.
…
Al llegar a la panadería todos bajaron del auto, incluyendo a Félix. Ella pensó que era innecesario pero no iba a decirle nada. Los gemelos se veían contentos y tomaron de la mano a cada niño para poder entrar.
-Listo, ya nos trajiste, ya te vas.
-No me iré sin mis hijos. No hice todo este viaje para irme así sin más.
-Pues dudo que mis tíos quieran verte.
-Pues ni modo. Que son mis hijos los que están allí adentro y quizás un tercero.
-Ella no es tu hija. ¿Hasta cuándo vas a insistir con ello?
-Entonces hagamos una prueba…
-Ni loca.- contestó cortante.
-Si no es mi hija lo dejaré estar. ¿Por qué ahora te preocupas por ello?
-Porque no quiero que tras ver el resultado me digas lo zorra que fui.
-Eso no tengo que recalcarlo.- la mirada llena de odio que Bridgette le devolvió fue lo que le hizo recordar las palabras de su padre. Si quería poder ganarse su confianza debía ser más amable aunque le odiase con el alma. Ya estaba acostumbrado a poder una máscara en su rostro, usarla con ella sería sencillo.- Yo… no quise decir eso.- dijo notando su desconcierto.- Quiero estar en buenos términos. Al menos por nuestros hijos para que no pase lo que pasó.
-Supongo que mientras los escuches y no les vuelvas a poner la mano encima…
-¡No fue mi…!- alzó su mano como un hacha pero se tranquilizó tras una profundo aspiración.- No fue mi intención. Créeme, me arrepentí en el segundo que pasó eso.
-Pues ojala sea cierto Félix, porque la próxima vez que me entere de ello no voy a dudar en quitarte tu miraculous y atarte hasta la punta de la torre Eiffel de cabeza.
-Lo digo en serio. Sé que tardarán en perdonarme pero nunca más volveré a hacerle eso a ninguno de ellos. Primero usaría el Cataclysm conmigo antes de lastimarlos.- ella vio sinceridad en sus palabras. Se veía afectado, y le hubiese gustado al menos darle una palmadita en el hombro, pero Félix Agreste no era un hombre de palmaditas y mucho menos quería darle aliento. Él tenía que hacer que su hijo le perdonase y no iba a intervenir.
-Ojala cumplas tu palabra.
Al entrar a la panadería Tom Dupain alzaba a ambos niños en sus poderosos brazos mientras que Sabine consentía a los hermanos con una charola llena de variedad de delicias que les hicieron agua la boca.
Sin embargo, la escena se vio oscurecida cuando Félix entró. No recordaba desde hacía cuándo no ponía un pie allí y el aroma del pan llenó sus pulmones. Sus hijos tenían permitido ir, claro, aunque casi siempre tenían una clase o actividad programada.
-Buenas tardes.
-Agreste.- habló Tom dejando a los pequeños en el suelo. Félix sabía que este podía hacerlo papilla en un segundo, pero de quien debía cuidarse más era de su esposa, esa mujer conocía diferentes formas de hacer sentir dolor, si ya lo sabía de primera mano.
-Señores Dupain-Cheng.
-¡Bridgette!- Sabine se acercó a su sobrina y apretó sus mejillas como cuando era joven.- Mírate, hace tanto que no te veíamos.
-Hola tía.- se abrazaron como no hacían en mucho tiempo. Félix se sintió un poco incómodo con la escena. Dándose cuenta que tras haber expulsado a Bridgette de Paris, la había separado de quienes la criaron desde que era una niña. Ellos bien podían hacer un viaje a Lyon pero no creía que pudiesen hacerlo tan seguido como quisieran.- Tíos, Félix nos trajo el día de hoy para poder pasar el rato con los niños. Estamos intentando estar en buenos términos así que por favor… No lo maten.- los señores dejaron a un lado la tabla y el rodillo haciendo temer a Félix.
-Es cierto.- asintió Félix.- Les pido una disculpa por esto pero estamos intentando crear un contrato para que los niños puedan estar tanto con su madre como conmigo.
-Supongo que los abogados van a estar envueltos.- soltó Sabine mirándolo con dureza, tal y como haría una madre al defender los intereses de su hija.
-Por supuesto. Mañana comenzaremos a realizar las formas del contrato.
-¿Podemos pasar a un lugar más neutro?- preguntó Bridgette y todos asintieron. Cuando los adultos subían, los hermanos se quedaron mirando y tocaron el hombro de Felicia antes de que subiera.
-Oye hermanita, ¿trajiste lo que te pedimos?- preguntó Maximilian.
-Shi.- dijo esta.- Lo metí en la maleta de mami.
-Perfecto, chatonette.- le felicitó Alexander.
-Ahora sube con los adultos.- la pequeña asintió y subió con todos. Los hermanos comenzaron a planear su plan.
-Papá no nos la dejará fácil…
-¿Y viste la cara de mamá? Estaba como si quisiera arrancarle la cabeza.
-Sabes… he estado pensando lo de la historia de mamá y algo no me cuadra.
-Cierto, tampoco me convence. Y ¿quién le mandaría fotografías a nuestro padre?
-Alguien que pudo haber querido su separación.
-O quizás él mismo pidió que alguien las tomara. Mamá dijo que ya desconfiaba de ella.
-No tenemos que tomarnos tan enserio su palabra. Aunque me duela decirlo todos aquí son sospechosos.
-Y sólo hay una persona que puede respondernos esta duda.
-Y ese es…
-/Abuelo Gabriel/
…
Félix veía a Felicia moverse alegre por la casa con el peluche de gato bien afirmado a su brazo y le pequeño Tristán a su lado. Era curiosa, alegre y se notaba una chispa de inocencia pura que sólo un niño podía tener y que sería difícil de quitar de adulto. Vio de reojo a Bridgette que estaba hablando con sus hijos. Chat Noir siempre enmascaraba sus sentimientos con una sonrisa o un comentario sarcástico, bien podía hacerlo también como Félix.
-Bien, pueden hablar mientras comen unos aperitivos.- dijo Sabine que dejó un plato de mini quichés de espinaca y jamón.- Y creo que los niños deberían estar fuera de esto.
-Estoy de acuerdo.- asintió Félix.
-/Y nosotros también/- dijeron los hermanos con una sonrisa cómplice.
-Vamos a llevar a los niños a dar la vuelta.
-Sí, vamos al parque de la esquina. Ustedes pónganse de acuerdo.
-Está bien, pero mantengan un ojo en estos dos.- les pidió Bridgette a sabiendas que su hija era demasiado inquieta.
-No te preocupes.
-Estarán en buenas manos.
-Llévense esto para picar un poco.- su abuelo les dio una pequeña caja con aperitivos dentro. Ellos asintieron y abrazaron a sus abuelos.
-/Muchas gracias/
Se fueron con los niños hacia el parque. Félix había contemplado sus sonrisas todo ese tiempo y se preguntó hacía cuánto sus hijos no le sonreían así.
-Bien, vamos a comenzar.- señaló Bridgette y sus tíos se despidieron para ir abajo a atender la panadería. Félix asintió y fue ocasión para que los kwamis salieran de sus escondites.
-Ahh~ Ya extrañaba este aroma.- dijo Plagg yendo directo a la cocina.- Hola, cariño. ¿Me extrañaste?
-¡No muerdas los quesos, calcetín apestoso!- regañó Tikki.
-Tranquila terroncito. Que nadie se dará cuenta de mi presencia.
-Lo harán si falta un queso o dos.
Bridgette rio. Había extrañado mucho a las ocurrencias de Plagg y Tikki era quien más lo extrañaba, siendo este su otra mitad era comprensible verla a veces mirar por la ventana en las noches mientras murmuraba preguntándose cómo estaría Plagg y si no le estaba dando indigestión por zamparse algún bocado extra. Ella también había añorado que todo se resolviera, pero Félix no era Plagg, y su confianza hacia ella era tan frágil como el papel de dulce sobre el agua.
-Se nota que ya se extrañaban.- el comentario de Félix le sorprendió, pero asintió sin mirarle.
-Es normal, ambos son un todo, lejos deben sentirse incompletos.- Bridgette conocía el sentimiento, pero había llenado ese hueco con resentimiento para no llorar por las noches.
-Supongo que sé cómo se siente.- un leve bufido salió de ella.- ¿Dije algo gracioso?
-No, nada. Creo que deberíamos comenzar.- tomó una hoja de papel.- Habíamos dicho que los niños se quedarían la mitad del verano conmigo.
-Sí… ¿no tienes calor? Serviré unas bebidas, ¿tus tíos tienen algo en la nevera?
-No lo sé. Pero siempre tienen algo. Ya lo sirvo yo.
-No. Yo lo hago. Anota lo que dijiste, y creo que hay que agregar algunos paréntesis en esa regla.
-Como cuáles.
-No lo sé. Como que si yo voy a Lyon pasaríamos las vacaciones juntos.- Bridgette casi tuvo un tic en el ojo pero se controló para mirar a Félix que servía unos vasos de té helado.
-¿Hablas en serio?
-Tengo también negocios allá, y bien podría aprovechar para también descansar con mis hijos.
-Supongo que te quedarías en un hotel.
-Tenemos una propiedad en el centro de la ciudad. No sería un problema el alojamiento.
-Ya, me lo imagino…- dijo esta entre dientes.- Supongo que mi parte de dinero se gastó en bienes raíces.- musitó apretando la pluma.
-¿Qué dijiste?
-Nada.- gruñó entre dientes pero suavizando su expresión cuando este le tendió el té helado en vez de ponerlo en la mesa. Sus dedos se rozaron apenas, un roce de nada que los hizo sentir su brazo entero entumirse por una descarga eléctrica. Los dos desviaron sus miradas, incrédulos y molestos ante lo que aquello les provocó. Félix aclaró su garganta y Bridgette dio unos sorbos a su bebida.
-Sigamos con ello, quién sabe cuánto nos tome.
-Claro, claro.
Los kwamis miraron eso con entusiasmo, sonriendo ante la prueba que aun algo existía en ellos y que una ínfima esperanza podría aparecer entre todo ese odio y resentimiento.
…
Los hermanos llegaron a la mansión donde Natalie se sorprendió al verlos llegar con esos dos niños.
-Hola Natalie.- comenzó Alexander.
-¿Está abuelo aquí?- completó Maximilian.
-Tiene una junta y se irá en diez minutos. ¿Ha pasado algo?
-No, nada. Pero necesitamos hablar algo rápido con él.
-¿Podrías cuidar a los pequeños un rato?
-Por supuesto. Se encuentra en su estudio.- al entrar al estudio vieron a su abuelo en su monitor seleccionar los diseños que se llevaría a presentar. Más alzó la vista al notar las dos cabelleras rubias de sus nietos.
-¿No deberían estar con su padre?
-Estábamos.
-Pero decidimos hacerte una visita rápida.
-Ya veo. ¿Se trata de su madre?- los hermanos se acercaron y fue que él notó que Maximilian llevaba algo bajo su brazo, una especie de álbum.
-Abuelo, conocemos un poco de las circunstancias que orillaron a nuestros padres al divorcio.
-Pero creemos que algo no nos cuadra en esta historia.
-Y queremos que papá y mamá vuelvan a estar juntos.- Gabriel los miró de reojo. Sus nietos eran listos, pero estos eran problemas de adultos que no creía debían estar involucrados.
-Niños, sé que sus intenciones son buenas pero hay cosas en las ustedes no deberían entrometerse.
-Abuelo, queremos que nos resuelvas las dudas que tenemos.
-Y necesitamos tu ayuda para que los dos estén juntos.
-No queremos vivir separados de nuestra madre.
-Y menos con la bruja esa detrás de nuestro padre.
-Alexander, lenguaje.- le regañó Gabriel y este asintió.- Sea como sea estos son asuntos de sus padres, sus errores no deberían de arreglarlos ustedes.
-Pero somos los que pagamos las consecuencias.- respondió Maximilian y Gabriel frunció levemente el ceño ante la verdad de sus palabras.
-Las cosas son así. Y no hay nada que puedan hacer para remediarlo.
-Quizás no solos.
-Por eso queremos que nos ayudes a investigar, abuelo.
-Si no es por nosotros al menos por tu otra nieta.
Gabriel alzó las cejas sorprendido y Maximilian abrió el álbum que llevaba, mostrando ante los ojos de Gabriel a la más tierna criatura nunca antes vista, y encima estaba el nombre Felicia Emilie Dupain-Cheng y Tristán Louis Couffaine. Su corazón se oprimió al ver cada foto donde aparecía esa pequeña de regordetes mofletes, tan adorable, tan tierna, y esta vez podía constatar que ese sesgo en sus ojos era en definitiva de su amada. Los niños le miraron con grandes ojos.
-Es difícil crecer sin una madre que nos abrace.
-Por eso… es que al menos queremos intentarlo.
Gabriel cerró los ojos. La idea le gustaba, y para qué negarlo, quería que su hijo se acercara a ella de nuevo para poder darles una mejor vida a sus nietos y que pudieran estar en paz, por eso le dio la idea. Pero eso de que volviesen a casarse era difícil… no haría mal investigar lo ocurrido de nuevo. Natalie tenía razón, algo extraño pasó entre ellos y estaba cubierto muy bien. Necesitaba que sus nietos estuvieran bien junto con esa pequeña que ahora quería conocer. Y si llegado el momento comprobaba que la infidelidad si se dio a consciencia, al menos con que se llevasen civilizadamente lo haría morir en paz.
-Muy bien. Veré que puedo hacer. Mantengamos esto en secreto, niños.- sus rostros sonrientes fue un regalo grato y que lo abrazaran fue mejor.
-Gracias abuelo.
-Por eso te queremos.- se separaron de él y Gabriel miró por la ventana como Natalie había llevado a los niños a jugar al jardín de rosas que desde hacía mucho no daba una sola. Casi al tiempo desde el divorcio.
-Vamos a llevarnos ya a nuestra hermanita.
-Pero te la traeremos dentro de poco.
-No hay cuidado.- asintió dejando que se fueran, miró a la niña escarbar entre los arbustos para miedo de Natalie que intentó sacarla de estos hasta que ella asomó dejando ver un botón rojo de rosa, sorprendiendo a Natalie que se agachó al contemplar el pequeño brote rojo. Los hermanos se acercaron poco después y felicitaron a Felicia por haberlo encontrado. Gabriel observaba la escena con atención, la forma en que esta les sonreía a todos, y fue que en un repentino impulso tomó lo primero que tuvo a la mano, una vieja libreta y un lápiz. Se sentía de repente inspirado.
-Señor, los niños ya se fueron y es hora de irnos.- entró Natalie anunciando su partida.
-Envía los diseños por correo y avísame para hacer una transmisión desde aquí.
-¿Señor?- ella le miró interrogante ya que desde hacía años no hacía algo así.
-Me siento inspirado Natalie, y no voy a perder esa inspiración ahora.
-Como usted diga señor.- dijo con una leve sonrisa para cerrar la puerta mientras que Gabriel ojeaba el álbum de fotos que sus nietos dejaron. Esa pequeña sería una hermosa jovencita como lo fueron su madre y su abuela, y estaba dispuesto a diseñar sus vestidos. Después de terminar dos libretas esa noche, pensaría cuidadosamente con sus nietos en un plan para que su hijo no dejase partir al que fue el amor de su vida una segunda vez.
…
Félix miraba de vez en cuando a Bridgette, habían pasado un par de horas sin querer arrancarse la cabeza y eso era algo bueno. Pulían lo que el abogado tenía que estipular en el contrato y a pesar que les faltaban puntos a estipular ya habían hecho lo más importante.
La miró disimuladamente sin que ella se diese cuenta. Había cambiado un poco con los años. Su largo cabello ahora estaba a media espalda, brillante y sedoso. Había ganado un poco de peso, ya no era tan delgada como antes pero esos kilos de más estaban perfectamente bien distribuidos entre sus caderas y sus pechos, y su rostro se veía lozano y sano. Sus dedos tenían callos demostrando su arduo trabajo, recordando cómo le daba pena que acariciara sus manos y luego besaba sus manos con devoción. La vio morder el labio inferior de sus carnosos labios, esos que él amaba besar, y en sus ojos se notaba una madurez y fuerza que no había visto en años… dejó caer su palma en la mesa cansado de pensar. Era su ex esposa, la mujer que lo traicionó. Si no fuera por sus hijos echaría ese ridículo plan a la borda porque no quería estar con la persona que lo hirió.
-¿Algún problema?- preguntó ella arqueando una de sus cejas que enmarcaban sus hermosos ojos...
« ¡Para ya!»
Tenía que concentrarse en su papel.
-Estoy cansado, ¿podemos dejar esto para después?
-Bien, supongo que podemos dejarlo.- se levantó de su asiento.- Deberíamos ir a ver a los niños.
-Me parece bien.- abrió la puerta para salir como todo un caballero, dejándole a ella salir primero. Bridgette apenas y respondió el gesto con una leve reverencia, ignorando las miradas de sus tíos, ambos avanzaron fuera del local para cruzar la calle e ir directo al parque. Félix no pudo evitar echarle un vistazo a su derrier, esos pantalones marcaban a la perfección su figura y recordando cómo esos tipos de la carretera la miraban. Ahora quería golpearse a sí mismo.
-¡Tú la traes!- escucharon a los niños jugar. Felicia corría de un lado a otro, y Alexander intentaba atrapar a los tres, atrapando primero a Tristán que rio cuando lo alzaron en el aire. La escena era hermosa y alegre. Los niños corriendo, riendo como hacía mucho no lo hacían, y ensuciándose como haría un niño normal de sus edades. Esa visión hizo que el corazón de ambos se estrujara.
-¡Mami! ¡Mami!- Felicia bajó por la resbaladilla y corrió hacia ella. Bridgette la recibió apenas y atrapó sus pantalones con sus manitas.- Me gusta mucho esta, aquí. ¿Nos vamos a quedar mucho tiempo?
-Eso no te lo puedo asegurar. Tal vez una semana o dos.
-¿Y podemos ver todo Paris?- preguntó Tristán acercándose y los hermanos sonrieron de lado.
-Eso déjanoslo a nosotros.- dijo Alexander con orgullo.
-Nadie mejor que nosotros para decirte las maravillas de nuestra ciudad.- hizo una reverencia Maximilian y Felicia dio saltitos en su sitio emocionada. Félix pensó que era lo más tierno del mundo.
-Félix.- ese llamado lo congeló, y al volverse vio a Kagami mirarlos severa.
«Mierda, ¿por qué ahora?»
-Kagami. Qué sorpresa…- fue hacia ella pero Kagami recortó la distancia entre ambos con mayor rapidez. Bridgette de inmediato puso a Tristán detrás de los hermanos pero no pudo hacer lo mismo con Felicia.
-Vaya, vaya… pensé que no tenías permitido regresar a esta ciudad.
-Ya ves. Las vueltas que da la vida.
-Me imagino.- miró a Felicia que la miró con su ceño fruncido.- Linda niña.
-Gracias.
-¿Es tuya?
-Claro. Toda mía.
-Ya veo…- dijo mirándola con fríos ojos.- Espero que no crezca para convertirse en una cualquiera como tú.
Los hermanos se indignaron ante ello y quisieron ir a decirle sus verdades pero algo les detuvo. Un presentimiento de muerte. Las dos mujeres se miraron a los ojos. Rabia, orgullo, y desprecio centellaron en ellos. Félix se sintió en fuego cruzado, sintiendo que algo se había desatado, quizás… el infierno mismo.
….
Y… espero que les haya gustado! Gracias a todos por leer! Ya veremos qué se viene en todo esto y hay que hacer méritos. Así pues dejen review, nada de tomatazos, y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!
