Autora: Tooru
Palabras: 706
Advertencias: OoC no intencional, spoilers, mención de bullying, mención de asesinatos
Angstruary día 11: Bullying


Omniscient Reader's Viewpoint y todos sus personajes son propiedad de Sing Song


Muchos psicólogos coinciden en que un trauma bastante grande suele hacer que las personas olviden el suceso como un modo de protegerse.

Kim Dokja había olvidado muchas cosas a lo largo de su vida. Varios de los mismos tienen que ver directamente con los traumas que ha adquirido a lo largo de su vida.

Ni siquiera es capaz de recordar la cara de su padre, o aquel día con total claridad. Su mente solo es capaz de rememorar el miedo que le tenía, los malos tratos que él y su madre recibían, o la manera en la que el viejo piso del departamento en el que vivía antes de que su vida cambiara por completo siendo manchado de rojo. El olor metálico de la sangre aún lo persigue en sus pesadillas, pero no es capaz de recodar con total lucidez ese día.

Su vida se había ido en picada después de ese maldito día del que nada más recuerda la sangre y el cuerpo sin vida del hombre que solía ser su padre. Todos en Seúl se habían enterado de que es el hijo de una asesina, y que Lee Sookyung había decidido aceptar su castigo como la criminal que es.

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Su vida, por varios meses se había visto reducida a ser golpeado por los abusivos de su escuela y esconder los moretones bajo gruesas capas de maquillaje que puede comprar con sus casi inexistentes ahorros. También debe de soportar que los paparazzi le sigan casi a todas horas para intentar obtener alguna exclusiva y lucrar con su desgracia, como si fuera entretenido acosar a un niño que ha sufrido demasiado.

Pero cuando su madre había publicado ese libro, todo había empeorado aún más.

Las golpizas habían sido mucho más constantes que antes, y los moretones se volvieron casi imposibles de esconder con el poco dinero que había logrado juntar para comprar más maquillaje. Sus familiares nunca le preguntaron si algo estaba mal en la escuela a pesar de que muchas veces lo vieron regresar con nuevos golpes y raspones en su rostro, o que el uniforme de la escuela estaba más roto que en la mañana.

Tampoco podía decirles nada, si muchas veces prefirieron fingir que no existía. Por mala suerte, se había acostumbrado a pasar días completos sin comer algo que en verdad le haga un bien. Tampoco había podido crecer como un joven de su edad, o ganar algo de masa muscular propia de la adolescencia por culpa de la desnutrición.

A ningún adulto le importaba lo que pasará con él. Después de todo, era el hijo de una asesina; siempre lo sería a los ojos de la sociedad.

Y sus compañeros lo habían convertido en su sirviente. Por lo menos, podía pasar un par de días sin ser golpeado hasta perder el conocimiento, o siendo ahogado en una sucia taza de los baños de la escuela hasta que sus abusadores se cansaran y decidieran que era mucho más divertido ir a conseguir alguna chica con la cuál besarse en el patio trasero, o ir a jugar videojuegos a la plaza.

Si tan solo su madre no le hubiera dado esa vida. Si no hubiera publicado ese libro, si no hubiera matado a su padre, si hubieran huido de su hogar para hacer una nueva vida…

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Descubrir que Lee Sookyung le había dado una mejor vida de la que seguramente pudo haber tenido si las autoridades se enteraban de qué sucedió en realidad ese día, fue doloroso.

Su madre había sido comida por la cuarta pared, y esa habilidad le había revelado la verdad que por muchos años ignoró. Recordar ese día es doloroso, demasiado.

Su madre había hecho lo que pensó que sería lo mejor para su futuro, aún si eso le llevaba a vivir como un paria durante casi toda su adolescencia. A tener algunos intentos de suicidio al no encontrar una razón para seguir viviendo.

Kim Dokja había aprendido a vivir con muchos traumas que le marcaron para siempre, que le han hecho olvidar gran parte de su juventud gracias a que su cerebro había guardado todos esos malos recuerdos en lo más recóndito de su mente. En dónde no pudiera ver esas memorias que aún le persiguen.