Caliente. Extremadamente caliente.

Asfixiante. Tanto que casi sintió que le faltaba la respiración y que el sudor le chorreaba por la frente.

Quería liberarse de aquellas sábanas, demasiado gruesas y engorrosas para una noche de verano con altas temperaturas.

Quería probar un poco de aire y no asfixiarse en una cama.

Sin embargo no se atrevió a hacerlo, pues temía que cada movimiento que hiciera pudiera despertar a la pequeña figura que tenía a su lado, aferrada a su camisa.

Así que, sopesando entre moverse o no moverse, se quedó laxo durante unos diez minutos, tan quieto como una estatua perfecta; con la diferencia de que esos bloques escultóricos obviamente no sufrían las molestias del calor como él.

Suspiró lo más despacio posible para que apenas se oyera, pero de repente percibió un ligero movimiento insinuado y se liberó inmediatamente del agarre de aquellos finos dedos.

Al no sentir ya ese agarre, aprovechó para deslizarse con cuidado fuera de la cama. De puntillas, intentó alejarse y acercarse a la puerta para poder salir e ir a su habitación.

Pero sus intenciones se desmoronaron casi de inmediato al chocar con la mesilla de noche que tenía a su lado, haciendo que ésta se agitara ostensiblemente.

—Tch —dejó escapar un chasquido de dolor sólo para darse cuenta de que en medio de aquella negrura absoluta, iluminada sólo por el débil resplandor de la luna, era imposible orientarse.

Así que esperó unos minutos más para acostumbrarse a la poca luz y vislumbrar algo.

Cuando estuvo seguro, dio un paso adelante y luego otro para dirigirse a la puerta.

Una vez que llegó a ella, la cegadora luz blanca de la habitación se encendió, dejándole un poco sorprendido ya que no había pulsado ningún interruptor.

—Ibas a tu habitación e intentabas no hacer ruido ¿verdad? —preguntó una voz femenina a sus espaldas que reconoció con facilidad.

—Si —murmuró él, adoptando un tono ligeramente molesto ya que Shinoa había entendido lo que intentaba hacer (demostrando que Yū había fracasado estrepitosamente en su intento de caballero)

—Entonces sí que no tienes ni idea —afirmó con un toque de sarcasmo, señal de que también había asumido su clásica sonrisa burlona.

De tener la vista dirigida a la puerta, Yūichirō viró para encontrarse con la mirada de la chica.

—En lugar de burlarte de mí, ¿cómo sigues? —le preguntó sin apartar los ojos de su figura.

Aunque no lo admitiera abiertamente, estaba preocupado por ella, ya que verla con gripe no era cosa de todos los días, y además verla en ese estado la hacía parecer casi indefensa, lo que alimentaba su sentimiento de protección hacia ella.

—Pues… he estado mejor —afirmó con esa sonrisa en la cara.

Sin entender exactamente por qué, Yū se apresuró a acercarse a ella y le puso una mano en la frente para comprobar su temperatura, pero como se temía, la fiebre no había bajado en absoluto.

—Tienes fiebre. Así que lo mejor será que descanses —dijo seriamente.

—No hagas una tormenta en un vaso de agua ¿quieres? —continuó sin dejar de ser sarcástica.

Quién sabe de dónde salió todo ese sarcasmo, no le hizo ninguna gracia que se preocupara por ella: ¿No era normal que prefiriera tenerla cerca al verla en ese estado?

No pedía mucho, sólo quería que se recuperara rápidamente.

Sin pronunciar una palabra, Yū tomó a Shinoa en sus brazos.

Si ella no quería escucharle, ésta era la única manera de conseguir que descansara sin iniciar una discusión interminable. Aunque no podía explicar por qué su corazón había empezado a latir más rápido que antes, y por qué también sentía que nacía en él una vergüenza creciente.

Colocó a Hīragi en la cama y volvió a sentir las manos de ella apretando su camisa, pero esta vez en lugar de soltarlo, lo atrajo, acercándolo cada vez más. Estaba a pocos centímetros de su cara, sentía su cálido aliento soplando en su piel, en sus labios.

Le sorprendió aquel gesto tan inesperado, a tal grado que sintió que no podría conseguir ser indiferente, no esta vez.

Así que, tomando todo el valor que pudo reunir, y dejándose llevar por las emociones que se arremolinaban en su pecho en ese momento, unió sus labios a los de Shinoa en un casto y sencillo beso.