Prologo: La Boda del Final

Hoy era el gran día. Hoy, Juan David Reyes Elizondo se casaría con Muriel Caballero Montes y comenzaría su nueva vida en las tierras de la Hacienda Reyes para seguir ayudando a su padre en el negocio familiar.

Todo eran alegrías, su mama y sus tías bromeaban cerca del altar, su abuela reía con sus hermanos, Erick y León y sus primos juagaban con Gastón y hablaban con Sibila mientras esperaban a la hora del evento. Juan David sonrió, su familia era feliz, libre y estaban todos juntos…

…bueno, no todos, su papa y sus tíos no estaban allí. Juan David frunció el ceño, normalmente sus tíos vivían pegados a sus mujeres, especialmente el tío Franco, que siempre decía que tenia mucho tiempo que recuperar, pero ahora mismo, era incapaz de encontrarlos.

Un sonido en la puerta lo hizo mirar hacia allí y la puerta se abrió para revelar Quintina, que parecía preocupada, lo que alerto a Juan David de inmediato.

-Quintina, ¿qué pasa? -pregunto Juan David.

-Su tío Franquito me pidió que le diera el teléfono-dijo Quintina-…conteste, parece urgente.

Juan David no perdió el tiempo, cogió el teléfono y se lo puso en el odio, escuchando la respiración acelerada de su tío. Un nudo se le hizo en el estomago al joven al escuchar de fondo a su tío Oscar, gritando.

-¿Tío Franco? -pregunto Juan David.

-Juan David… llama a la policía-dijo Franco, con voz cansada-… Rosario tiene a tu papa y quiere matarnos a todos.

Juan David miro a Quintina, con la boca abierta y asustado.

-PDG2-

Esto no iba nada bien. Franco apoyo su cabeza contra la barrera y cerro los ojos por un segundo, los oídos le pitaban, pero se estaba esforzando para mantenerse despierto lo suficiente para sacar a Oscar y a Juan de este problema.

Esto era su culpa… el metió a Rosario Montes hace años en sus vidas.

-Franco… ¿cómo vas, hermano? -le pregunto Oscar.

-He estado mejor… aprieta fuerte -le dijo Franco.

Oscar apretó el trozo de la chaqueta que se había cortado para atarlo alrededor de la herida de bala del hombro de Franco, estaba sangrando mucho pero no podían irse sin Juan y Oscar sabia que solo no iba a conseguirlo.

Tenían que ser los dos, como cuando intentaron salvarlo de Dinora todos esos años atrás.

-¿Que hacemos ahora? -pregunto Oscar.

-Juan David llamara a la policía-dijo Franco, gruñendo de dolor mientras se ponía de rodillas-… pero no podemos esperar, ¿que ves?

Oscar dio una pequeña mirada sobre la barrera que los cubría a el y a Franco de los tiros y vio a Rosario, con su pistola, caminando de un lado a otro mientras Juan permanencia atado a una silla, con una bomba no muy lejos de él. Oscar bajo la mirada y suspiro.

-Rosario esta nerviosa, parece que le afecto pegarte un tiro -dijo Oscar-… Juan esta allí y la bomba.

-Tenemos que distraerla… eso puedo hacerlo-dijo Franco-… y tu vas a por Juan.

-¿Que dices? Casi te mata ¿o que no ves el disparo en tu hombro, cabezón? -dijo Oscar.

-No hay otra opción, tu mismo lo has dicho, no se siente bien con lo que hizo…-dijo Franco tratando de levantarse con dolor-… puedo convencerla.

-¿La quieres salvar? ¿Después de lo que les hizo a ti y a Sarita? -pregunto Oscar de nuevo, incrédulo.

-Su hija se casa hoy, Oscar. No quiero ir y decirle a Muriel que su mama esta detenida o algo peor-dijo Franco.

Oscar todavía tenia sus reservas, pero Franco tenía razón, no iban a darle a Muriel tal disgusto así que asintió, pero antes de que Franco pudiera salir, Oscar lo detuvo.

-Ten cuidado, hermanito -le dijo Oscar.

-Tú también-dijo Franco.

Y así se separaron, cada uno sabiendo que hacer y mas unidos que nunca para salvar a Juan.

-PDG2-

La familia esta en pánico, reunidos, vestidos para una boda y completamente en caos después de que Juan David llamara a la policía y reuniera a la familia para contarles lo que su tío Franco le había podido decir antes de que la llamada se cortara.

-¡No oficial no se mas! -grito Juan David, preso de los nervios-… mi tío Franco sonaba cansado, solo me dijo que Rosario Montes tenia a mi papa y mi tío Oscar estaba allí también!

-Señor Reyes…

-¡Deje de preguntarme y búsquelos! -grito Juan David.

El oficial se callo y asintió, volviendo con sus compañeros y dándole tiempo a Juan David a mirar a su alrededor. Su mama lloraba, sostenida por su hermano León, su tía Jimena se había desmayado y ahora la cuidaba Gaby y su tía Sara caminaba de un lado a otro, rota, pero tratando de parecer fuerte mientras Andrés la seguía, después, los ojos de Juan David se movieron para ver a Muriel, en silencio, completamente perdida y su corazón hizo que se acercara a ella para abrazarla. Ella no se merecía esto.

-Es culpa mía-susurro Muriel.

-No, mi amor… tu mama tiene mucha amargura dentro por eso hace esto, pero todo va a estar bien-dijo Juan David.

-Si les hace algo…

-No va a pasar, mis tíos y mi papa son fuertes-dijo Juan David, abrazándolos-…todo va a estar bien.

Entonces, la puerta se abrió de nuevo y un policía con un ordenador entro en la sala, colocando el ordenador frente a Norma, rápidamente, Sarita se sentó junto a su hermana y tomo su mano y Gaby despertó a Jimena para que pudiera sentarse con sus hermanas.

-Tenemos imágenes de la situación…-dijo el policía-… pero no van a gustarles.

-Póngalas, oficial-insistió Erick.

El policía asintió y puso la imagen solo para mostrar la visión de Oscar, moviéndose lentamente hacia la parte de atrás del edificio mientras Franco iba por delante, encontrándose con una nerviosa Rosario Montes.

-Franco…

Sarita quería desmayarse, era evidente que habían disparado a su marido, ahora era claro porque sonaba cansado, el rastro de sangre seguía sus pasos y nada mas ver lo que hacía, Sarita supo cual era el plan: Franco era el cebo para que Oscar buscara a Juan.

Sarita sintió las lagrimas caer por su rosto, las manos le quemaban por no tener su escopeta y estar ahí con él, peleando a su lado.

IMAGENES

-¡Rosario! ¡No tienes por qué hacer esto! -le dijo Franco, caminando hacia ella.

-¡No lo entiendes, Franco! ¡Me robaron todo! -grito Rosario-… ¡mi vida, tu amor, Juan David y hasta mi hija! ¡Tienen que pagar!

-¡Eso no fuimos nosotros! ¡Eso te lo hiciste tu a ti misma! -dijo Franco-… ¡nosotros nunca nos quisimos!

-¡Tú te fuiste con Sara Elizondo! ¡Me abandonaste! -le grito Rosario-… ¡todos me abandonaron! ¿¡Porque Franco!? ¿¡Que tiene ella que no tenga yo!?

-Todo -dijo Franco, incapaz de mentirle-… ella es la luz que alumbra mi mañana, por ella es por lo que no deje que mis demonios me atraparan, por ella y nuestros hijos luche para salir del infierno, sin ella yo sería polvo.

Rosario grito de rabia y Franco se forzó a dar un paso más, estaba cansado, su herida no paraba de sangrar y solo quería volver a ver a su mujer y a sus hijos.

-Pero tú también puedes tener eso, Rosario-le dijo Franco-… tienes una hija maravillosa… y un negocio que puedes llevar, si quieres… si dejas de pensar con odio, encontraras también a alguien que te quiera tal y como eres.

-¡Cállate! -grito Rosario.

En la sala, el silencio era tan claro como las lágrimas, Franco estaba haciendo todo lo que podía por distraer a Rosario y a la vez, intentaba salvarla, era para admirar, pero cuando Rosario levanto el arma para darle el disparo final a Franco, todos se quedaron sin aire.

Franco pensaba que este era el final y pensó en que injusto era, había pasado mucho tiempo sin su familia y ahora que los tenia de vuelta, iba a acabar muerto. Era injusto.

-¡Nunca debiste salir de ese lugar! -grito Rosario.

Franco cerro los ojos, listo para recibir el disparo cuando un ruido se escuchó y Franco abrió los ojos para ver a Oscar golpeando a Rosario, quitándole el arma y alejándola hasta dejarla en la barrera donde ellos estaban, lejos del local y sin tiempo para volver a ellos si se despertaba antes de que la policía llegaba.

Sarita soltó el aire que había estado conteniendo al ver a Oscar correr hacia Franco y ayudarlo, los dos parecían ir a por Juan al edificio y aunque el peligro todavía estaba, por un momento podían tener paz.

-Las unidades casi han llegado-dijo el oficial.

El dron pareció seguir a los Reyes hasta que encontraron a Juan, rápidamente Oscar lo desato y Juan abrazo a sus hermanos, con cuidado con Franco, que ya tenia una herida importante. El dron se acercó para escucharlos.

-¿Estas bien, Franco? -pregunto Juan.

-Estaré mejor cuando vea a mi esposa y mis hijos-dijo Franco.

-¡Muchachos! ¡Tenemos que correr! -grito Oscar.

Los dos Reyes miraron a Oscar cuando Oscar apunto a la bomba que estaba por estallar. Juan y Franco se miraron y, lo más rápido que pudieron, los tres hermanos salieron corriendo.

Los nervios en el cuarto estaban a punto de romperse cuando escucharon la explosión y, de repente, la imagen se marchó y los gritos llenaron la habitación mientras el oficial salía para hablar con las unidades, dejando a la familia sola.

Norma grito, desesperada, sus hijos la rodeaban, pero ella no miraba más allá que la cara de su esposo, mirándola como cada mañana, con una sonrisa cargada de ternura solo para ella. La idea de no tenerla más la rompía y continuo gritando, rodeada de sus hijos, que la abrazaban como intentando protegerla de todo aquel dolor.

Jimena estaba temblando, en silencio. Oscar no había sido perfecto, pero la había amado y se había esforzado por pelear con ella. Sintió una lagrima resbalando por su mejilla al darse cuenta de que ya nadie la iba a llamar ratoncita, ni iba a darle besos tan tiernos como él lo hacía.

A su lado, Duván, Gastón y Sibila la rodearon con sus brazos y entonces fue cuando Jimena lloro, incapaz de hacer nada más.

Sara Elizondo salió del cuarto dando un portazo, seguida de sus dos hijos. Su cara mostraba la furia de una mujer que ya no podía más y así salió fuera, donde estaba lloviendo y dejo que las gotas de lluvia mojaran sus cara y escondieran sus lágrimas.

FLASHBACK

-Casemonos otra vez…

La petición hizo que Sarita levantara la cabeza. Franco parecía tranquilo, estaban en la cama, felices, sus hijos dormían no lejos de ellos, todo estaba bien entre ellos, pero ahora Franco la miraba con ojos diferentes, con mas fuego y menos inocencia.

-Sara… me gustaría que nos casáramos otra vez-le repitió Franco.

-¿Estás seguro? -pregunto Sarita-…no quiero que tengas la obligación…

Franco la miro y se sentó en la cama, llevándola con él. Se puso delante de ella y le tomo la cara en sus manos, mirándola a los ojos con todo el amor que sentía por ella haciendo que sus ojos brillaran con fuerza.

-Escúcheme bien… cuando estaba en ese lugar, muchas veces pensé en dejarme vencer… era tan duro que no quería seguir viviendo…-dijo Franco.

-No digas eso, Franco…

-Es la verdad, yo no quería vivir, hasta que pensaba en ti y en nuestros hijos…Sara, tu y ellos son mi vida, mi alma-dijo Franco-…no puedo imaginar mi mundo sin ti y no quiero vivir en un mundo donde no soy tuyo… tu eres mi dueña, ayer, hoy y siempre, ¿entendió?

Sara cerro los ojos, tomando las palabras lentamente y luego lo beso, incapaz de aguantarse las ganas de sentir su manos sobre su piel y sus labios sobre los de ella, lo empujo para que se tumbara, quedando ella encima y se separo levemente de el para mirarlo a los ojos.

-Entonces, acepto convertirme en su esposa, Señor Reyes -dijo Sara.

Y lo volvió a besar, fundiéndose con el en un abrazo para dar rienda suelta a su pasión con solo la luna como su testigo.

FLASHBACK

Sarita cayo de rodillas al suelo, Andrés y Gaby arrodillándose a su lado y abrazándola mientras Sarita finalmente lloraba y miraba al cielo, furiosa con el destino que se empeñaba en mantenerla separada de Franco, el amor de su vida.

-¡Devuélvanmelo! ¡Me oyen! -grito Sara, entre lágrimas-… ¡no puedo… no puedo vivir sin él, por favor!

Gaby sollozo, besando la cabeza de su madre mientras Andrés trababa de cubrirlas a las dos, también llorando. La familia estaba rota de nuevo pero esta vez, no iba a ver solución… ya no.