NOTA: Los nombres quedan asi, Juan Reyes ahora es Mario Vega, Oscar Reyes es Alfonso Vega y Franco Reyes es Miguel Vega, todos aparentes hijos de Nana Maria Vega y por cierto, Albin y Andres son pareja. Un saludo a todos, gracias por leer y disfruten.
Episodio 1: Going Back To The Start
6 meses más tarde
Nana Maria entro en el cuarto y rio al ver a los tres hombres que consideraba sus hijos durmiendo plácidamente. Ella era ya mayor, sus hijos habían muerto en un accidente hacía mucho tiempo, pero al ver a estos hombres aquí, fue como si jamás se hubieran ido.
-Chicos… es hora de despertarse-dijo Nana Maria.
-No…-dijo uno de ellos-…cinco minutos más…
-Alfonso… venga…-dijo Nana-… Miguel, despierte, llega tarde.
El hombre en cuestión dio un salto de la cama, su pelo rubio oscuro revuelto y su barba de un par de días lo hacía muy atractivo mientras que sus ojos azules le daban un toque inocente, era el favorito de Nana Maria porque era calmado, atento y la trataba como si fuera su mama. Miguel corrió a la ducha, pero antes de cerrar la puerta, salió para darle un beso en la mejilla a Nana Maria y volvió a correr, entrando en el pequeño cuarto de baño de la pequeña casita donde viven en un pueblo a las afueras de San Marcos.
Alfonso abrió los ojos, su cabello rubio y bostezo mientras Nana Maria se acercaba y le daba un beso en la cabeza. Alfonso sonrió y miro hacia la cama de su hermano mayor, Mario ya no estaba, como era habitual.
-¿Mario ya se puso a trabajar? -pregunto Alfonso.
-Hace rato, ya sabes cómo es tu hermano con el pan-dijo Nana Maria-…y tu deberías hacer lo mismo, sabes que Miguel tiene que salir a repartir dentro de poco.
-Si… tienes razón-admitió Alfonso.
La puerta se abrió y Miguel volvió a salir del baño con una toalla rodeando su cintura, en su espalda, las cicatrices de algo que no podía recordar todavía parecían doler en alguna parte de su mente. Se vistió rápido y se levantó mientras Alfonso entraba en el baño.
-¿Dónde vas hoy, hijo? -pregunto Nana María.
-A la ciudad… Mario quiere ver si podemos vender a los restaurantes… si consiguiéramos un buen contrato podríamos salir de este lugar y buscar algo mejor-dijo Miguel.
-Ay, hijo…-dijo Nana Maria.
Miguel le sonrió y Nana Maria se dio cuenta de que cada vez que Miguel la miraba sus ojos brillaban como los de un niño, pero todavía se veían sombras, como si le faltara algo muy importante, luego se abrocho la camisa, tapando la herida de bala que tenía en el hombro y salió para encontrarse con su hermano Mario, quien ya había preparado el encargo.
-¿Estás seguro de que no necesitas ayuda? -pregunto Mario.
-Nah, estaré de vuelta para la hora de comer si todo va bien-dijo Miguel.
-Muy bien, dejare que Alfonso limpie esto y ayudare a Nana Maria en sus cosas, ten cuidado, hermano-dijo Mario.
-Siempre.
Miguel salió con el pan y lo coloco en su moto antes de arrancar y conducir hacia la ciudad, esperando tener suerte con las ventas y por fin, empezar a ver algo más que penumbra en su futuro.
Pero, aunque sonreía, no podía evitar pensar que había algo más, algo que todavía no podía entender y que lo estaba esperando.
-PDG2-
Gaby Reyes Elizondo abrazo a su amigo Albin cuando él fue a recogerla al aeropuerto después de que ella llegara de vacaciones tras el primer semestre de estudios en el extranjero. Su hermano mayor, Andrés, el novio de Albin, también había llegado hace unas horas, pero él y Juan David estaban con sus madres y su tía Jimena mientras Albin la recogía.
Estos meses habían sido duros, desde que su papa y sus tíos fueron declarados muertos en aquella explosión, Gaby no había encontrado mucha paz, ni siquiera en el extranjero, extrañaba mucho al papa consentidor y cariñoso que siempre había sido.
-Eh, ¿estas bien? -pregunto Albin.
Gaby asintió, pero era evidente que no estaba bien. Todo en San Marcos le recordaba a su padre y a sus tíos y dolía, pero se hizo fuerte y le dio una sonrisa a Albin mientras los dos salían del aeropuerto cuando, de repente, algo hizo que Gaby se detuviera en seco.
-¿Gaby? -pregunto Albin.
Gaby estaba temblando, mirando delante de ella y Albin siguió su mirada cuando de repente, sus ojos se agrandaron por la sorpresa, allí, frente a ellos, estaba un fantasma que perdieron hacer seis meses en una explosión y que ahora estaba vendiendo pan en un restaurante.
-Papa…-susurro Gaby.
-Gaby, no…-trato de detenerla Albin.
-¡Papa!
Albin trato de agarrarla del brazo, pero llego tarde y Gaby corrió, saltando a los brazos de aquel hombre que no podía ser otro que su padre, tenía su cara, su barba, su pelo y sus ojos. Los ojos de Gaby, iguales a los del hombre, se llenaron de lágrimas, pero su sorpresa fue mayor cuando el hombre la aparto y la miro confundido.
-Disculpe, ¿nos conocemos?
En ese momento llego Albin y aparto a Gaby del hombre, pero la cara de sorpresa y las lágrimas de Gaby le hicieron entender a Albin que algo no estaba bien, así que decidió tantear el terreno con la esperanza de saber más.
-Disculpe, creo que se ha confundido… perdió a su padre hace poco y usted le recuerda mucho a el-dijo Albin.
-Oh… lo siento-dijo el hombre, sus ojos azules mostrando una sincera pena.
-Está bien… ¿está vendiendo pan? -pregunto Albin al ver la moto y el pan.
-Si… mis hermanos y yo tenemos una panadería en un pueblo a las afueras con nuestra Nana-dijo el hombre.
-Entiendo…-dijo Albin-… oh, discúlpeme, le estaremos interrumpiendo la venta.
-No se preocupen-dijo el hombre-… soy Miguel Vega, encantado.
Albin estrecho la mano del nombre que decía que se llamaba Miguel pero que en realidad el conocía como Franco Reyes y miro a Gaby, por un momento, Miguel la observo y luego les hizo la señal de que esperaran para caminar hasta un puesto de flores cercano, allí, compro una flor y volvió con ellos, dándole la flor a Gaby.
-Se que no es mucho, pero espero que pueda alegrarla… -dijo Miguel.
Gaby tomo la flor, quería echarse a llorar y que su padre la abrazara, pero estaba claro que el no se acordaba de ella, parecía que era un hombre normal, con una vida normal, sin preocupaciones más allá de vender su pan y volver a casa.
-Deberíamos dejarlo volver a sus cosas-dijo Albin, sonriendo a Miguel-… gracias y que tenga un buen día…
-Igualmente-dijo Miguel.
Gaby no podía decir nada por lo que Albin se la llevo, pero Miguel se les quedo mirando, extrañado, pero con la sensación de querer ir hacia esa joven y darle un abrazo. Se aguanto las ganas, porque no entendía el motivo y camino hacia su moto, subiéndose a ella para marcharse a su siguiente destino mientras la cara de aquella joven quedaba grabada en su mente.
-PDG2-
Hacienda Reyes
Andrés vio llegar el coche de Albin y beso la mejilla de su madre antes de salir a recibir a su hermana y a su pareja, sentir el aire era lo mejor que podía hacer, pues estar dentro con su madre y sus tías era una tortura, la pena que emanaba de ellas era sin igual y Andrés se veía envuelto en ella cada vez que estaban juntos.
Pero al salir, se dio cuenta de que algo pasaba, su hermana estaba temblando y blanca como una pared y Albin no parecía estar mucho mejor, ni siquiera lo miro hasta que Andrés cogió su cara entre sus manos y lo forzó a mirarlo, viendo los ojos incrédulos de su pareja.
-Albin, ¿qué paso? -pregunto Andrés.
-No… te lo cuento dentro… ayuda a tu hermana-dijo Albin.
Andrés no discutió cuando se acercó a Gaby y la abrazo y ella, al notar el calor de su hermano, comenzó a llorar de una manera que Andrés llevaba tiempo sin ver, aproximadamente, desde el entierro de su papa.
-Gaby…-susurro Andrés.
-Andrés… Andrés… yo no…-susurro Gaby.
-¿Qué pasa?-pregunto Andrés.
-Mama… ¿dónde está mama? -pregunto Gaby de repente.
Antes de que Andrés pudiera decir algo, Gaby entro corriendo en la casa, por donde Albin había entrado antes y un confuso Andrés no pudo hacer más que seguirlos, entrando en la sala solo para ver que Albin había juntado a la familia…
…solo que no estaban todos, su papa, sus tíos y su abuelo ya no estaban aquí. Andrés suspiro, se forzó a continuar hacia la sala donde su familia estaba reunida y se colocó al lado de Albin, que ahora estaba en el centro ya que Gaby estaba pegada a su mama.
-¿Porque estamos aquí? -pregunto Erick.
-Es… escuchen, Gaby y yo tenemos algo que contarles-dijo Albin-… algo que paso esta mañana, en la ciudad.
Por el tono de Albin, la familia supo que era algo grave, solo Norma parecía prestarles algo de atención. Jimena estaba preocupada sosteniendo a Gastón mientras Sarita ni siquiera estaba con ellos. Las tres estaban como ausentes, completamente perdidas desde que perdieron a sus Reyes.
-¿Que paso?, ¡ya dígannos! -dijo León.
Albin miro a Gaby y ella miro al suelo, era incapaz de hablar lo que lo dejo a él como único capaz de contar lo que habían visto en la ciudad.
-Fui a recoger a Gaby al aeropuerto como quedamos y cuando salimos…-dijo Albin-… cuando salimos nos encontramos con alguien… él no nos reconoció, pero nosotros sabíamos muy bien quien era.
-¿De quién hablan? -pregunto Juan David-… ¿alguna de nuestras amistades?
-¡No, mi papa! ¡Vimos a mi papa! -grito Gaby de repente.
El silencio en la sala fue como el hielo, todos miraron a Gaby como si estuviera loca, pero ella parecía furiosa hasta que Albin camino hasta ella y la tomo en sus brazos, mirando a la sorprendida y silenciosa familia delante de él.
-Gaby tiene razón, vimos a Franco… estaba vendiendo pan a un restaurante en la ciudad-dijo Albin-… no nos reconoció, no sabía quienes éramos.
Albin estaba mirando a Andrés y a los otros Reyes Elizondo, no se atrevía mirar a las hermanas Elizondo, pero no tardo en sentir unas manos en su camisa y ver el cabello de Sara Elizondo delante de el mientras ella lo agarraba de la camisa, apretando sus puños y lo empujaba contra la pared, apartándolo de Gaby.
-Estas mintiendo, Franco está muerto-dijo Sarita, con una furia que pocas veces Albin había visto.
-Te juro que no, Sara…-intento Albin.
-¡Franco está muerto! Oscar, Juan, ¡murieron en aquella explosión! ¿¡Como te atreves!? -grito Sara, golpeando el pecho del hombre.
Albin no sabía qué hacer y espero hasta que Andrés pudo apartar a su madre de su pareja y lo miro con ojos llorosos. Albin estaba destruido, no solo le estaba haciendo daño a Sara, también le estaba haciendo daño a toda aquella familia.
-Es verdad, mami-susurro Gaby, desde donde estaba sentada-…era papa… no me reconoció, pero me regalo esta flor.
Gaby le enseño la flor y Sara sintió que perdía todas sus fuerzas, por suerte, Andrés y Albin pudieron cogerla antes de golpear el suelo porque esa flor que su hija sostenía… esa flor fue la misma que usaron en su boda años atrás.
-No puede ser… la policía…-dijo Erick, sentándose incrédulo ante lo que estaban escuchando.
Sibila lo abrazo, algo confundida mientras Duván abrazaba a Jimena con Gastón todavía en brazos, su mama estaba callada, llorando en silencio mientras León abrazaba a su mama, que estaba temblando como un flan.
Fue entonces cuando Juan David, como el primo y hermano mayor, se levantó, tomando la mano de su esposa, Muriel y miro al resto de su familia, era su responsabilidad tomar una decisión, ya que era su culpa lo que paso, si él no se hubiera metido con Rosario Montes, nada de esto habría pasado.
-Albin, quiero que me lleves al lugar donde viste a… a mi tío-dijo Juan David-…León y Andrés, se quedan a cargo de la Hacienda hasta que regresemos, Gaby, Erick y los demás, cuiden de mi mama y las tías…
-No… yo tengo que ir…-dijo Sara.
-No tía, iré yo a comprobar que está pasando-dijo Juan David que luego miro a su esposa-… Muriel, mientras voy con Albin llama a la policía y diles que necesitamos hablar con el capitán, es hora de saber que paso de verdad.
Sin decir nada más, miro a Albin y este asintió, dándole un beso a Andrés antes de seguir a Juan David a su camioneta. Una vez subidos, Juan David miro a Albin y vio como el hombre estaba todavía sorprendido.
-Albin… ¿están seguros de lo que vieron? -pregunto Juan David.
-Juan David… te juro que si no lo hubiera visto con mis propios ojos no lo creería, pero era Franco-dijo Albin, con lágrimas en los ojos-… era Franco, pero me dijo que se llamaba Miguel Vega y parecía muy humilde, vendiendo pan en su moto, parecía tranquilo, pero cuando vio a Gaby no supo quien era y era algo sincero… no estaba fingiendo.
Juan David miro al volante de su coche, todo era muy raro, la policía les había asegurado que estaban muertos, ¿pero entonces… como estaba su tío Franco con vida? ¿Y su tío Oscar? ¿Y su papa?
-Iremos a ver, preguntaremos en el restaurante donde visteis a mi tío vendiendo el pan-dijo Juan David.
Albin no dijo nada y Juan David arranco la camioneta, conduciendo a la ciudad, tenia que averiguar que estaba pasando y no se iba a quedar tranquilo hasta que supiera todo sobre aquel extraño encuentro.
-PDG2-
Mientras tanto, Miguel volvía a casa después de una buena venta, pero su mente no estaba en las ganancias de ese día, no, su mente estaba en la muchacha que había conocido hoy y a la que le había comprado una flor porque tenía la inexplicable necesidad de protegerla.
La mirada de esa joven, su abrazo era tan familiar que a Miguel le dolió cuando se separó, pero no entendía porque así que confuso, entro en la casa y dejo el dinero en la mesa antes de ver a su hermano Mario.
-¿Que tal te fue, canijo? -pregunte Mario.
-Bien, muy bien, un restaurant se lo llevo todo-dijo Miguel.
-¿Entonces? Porque te ves de esa manera, ¿qué paso?
Mario se acercó a su hermano y se sentó junto a él. Mario era el mayor y era mucho mas grande al lado de Miguel, pero cuando le paso un brazo por los hombros a modo de apoyo se demostró que todo lo que Mario tenia de bruto, lo tenía de bueno.
-Me encontré con una joven y con un hombre mientras vendía el pan-dijo Miguel, mirando al suelo-… no sé, me dio mucha pena porque la nena perdió al papa y dice que era muy parecido a él, hasta me confundió con él.
-Te confundió con su papa? -dijo Mario-… Miguel, para eso tendrías que ser igual que su papa.
-Si… no sé, se veía tan triste… me dio mucha pena-dijo Miguel, sonriendo un poco-… le regale una flor del puesto al lado del restaurante.
Mario sonrió y abrazo a su hermano, los tres eran hombres adultos y fuertes, cerca de los 50 años, pero vivían allí, felices, tranquilos y sin preocupaciones. La historia de ellos es rara, ya que Nana María los encontró hace meses, inconscientes y sin memorias de sus vidas anteriores o eso pensaban, hasta que Nana Maria les dijo que eran sus hijos y que no tenían más familias, a pesar de eso, ellos se veían atractivos y fuertes que Nana Maria solía quejarse de como todas las mujeres los miraban, aunque eso a Miguel y Mario no les importaba mientras que Alfonso se dejaba querer, pero con palabras.
Era raro, pero ninguno de los tres tenía novia o mujer… pensar en ello era como traicionar algo que tenían muy dentro de ellos.
En eso, Alfonso entro en la cocina y vio a sus hermanos abrazados y sonrió en tono de broma mientras se acercaba, cruzándose de brazos.
-¿Que se están dando amor o qué? -pregunto Alfonso.
-Cállate, baboso-dijo Mario, levantándose-…Miguel acaba de llegar y ha hecho más que tu en todo el día.
-Seguro, ¿qué paso, Miguel? ¿Conociste alguna novia o qué? -dijo Alfonso, riéndose con su hermano.
-No, conocí a una chica que acaba de perder a su papa y yo le recordaba a el-explico Miguel-… y deja ya la insistencia no me interesa ninguna mujer.
-¿Ah no? -Alfonso-… pues yo conocí a una tal Sara cerca del mercado, es bonita, pero…
Miguel lo miro cuando menciono el nombre, pero no se movió, cuando una imagen paso por su mente, una mujer hermosa y valiente que lo rescataba. Miguel gruño al sentir un fuerte dolor de cabeza que hizo que sus hermanos lo miraran y corrieran hacia el cuándo Miguel se tuvo que apoyar en una rodilla.
-Hermano, ¿estas bien? -pregunto Alfonso.
-Canijo, respira-susurro Mario.
A Miguel le tomo unos minutos volver a componerse, pero cuando lo hizo todavía tuvo la sensación de que su corazón latía más fuerte al escuchar ese nombre, Sara… ¿que tenía que ver con él? ¿Sería la parte de su pasado? No era posible, Nana Maria les había dicho que antes del accidente eran como ahora, sus hijos y que no les había conocido novia o mujer.
¿Tenía Miguel una novia escondida que no recordaba por lo que sea que les hubiera pasado a él y a sus hermanos? No era posible, Nana Maria se lo hubiera dicho.
-¿Muchachos?
La voz de Nana Maria hizo que Miguel se levantara lentamente y sonriera a su Nana, él no quería que ella se preocupara y aunque no estaba seguro de que le pasaba, estaba seguro que no tenía nada que ver con ella.
-Nana…
-Miguel, hijo, ¿estas bien? No tienes buena cara -dijo Nana Maria, acercándose a él.
Miguel le dio su mejor sonrisa y tomo sus manos, besándolas mientras negaba con la cabeza, intentando disipar su preocupación.
-Estoy bien, solo un poco cansado-confeso Miguel-… es tarde de todos modos, quizá es mejor que me vaya a dormir un rato.
-Ve y descansa, Miguel, Alfonso y yo cerraremos la panadería-dijo Mario.
-¿¡Que!? Pero yo iba a salir…-comento Alfonso.
Una mirada de Nana Maria derritió el corazón de Alfonso y suspiro, antes de asentir y ser arrastrado fuera por Mario, dejando a Miguel y a Nana Maria a solas. La mujer acompaño a Miguel hacia la cama y se ayudó a tumbarse, solo para taparlo con la manta, a pesar de ser un hombre ya, Nana lo trataba como si fuera su pequeño ya que era el que peor había llegado a su vida y el que casi muere cuando los encontró.
Por suerte, había sobrevivido y ahora era un hombre leal y bondadoso, como sus hermanos.
-Te quiero mucho, hijo-dijo Nana Maria, dándole un beso en la frente a Miguel.
-Y yo a ti, Nana, gracias-dijo Miguel.
Nana Maria se marchó y Miguel cerro los ojos, cayendo en un profundo sueño donde la figura de una mujer a caballo se alejaba y que, por algún motivo, eso le rompía el corazón.
-PDG2-
-Señorita Caballero…
Por un momento, el comisario fue forzado a callarse y escuchar los gritos del otro lado del teléfono. En la comisaria, no había mucho trabajo, pero el comisario se encontró deseando algún caso para deshacerse de aquella conversación.
-Los forenses…
-¡Me importa un rábano! Usted va a venir a la Hacienda Reyes, hoy y si no lo hace le juro por Dios que usare todos los medios necesarios para que todo el mundo sepa lo 'eficientes' que usted y las autoridades son realmente-dijo Muriel Caballero en un tono que les dejaba saber muy bien que ella no estaba jugando.
El comisario suspiro, no tenía manera de salir de aquello y tampoco podía dejarlo ir porque sabía de la influencia de los Reyes-Elizondo y de la misma Muriel Caballero.
-Está bien, iré esta tarde, ¿de acuerdo? Le avisare tan pronto me ponga en camino-dijo el comisario.
-Mas le vale, comisario-dijo Muriel.
Ahí se acabó la conversación. El comisario colgó el teléfono y soltó un largo suspiro pensando en lo largo que se acaba de convertir su día porque, aunque los Reyes-Elizondo no lo sabían, el si sabía que habían cometido muchos errores en aquella investigación.
Y no estaba seguro de que iba a pasar una vez la familia lo supiera.
