Hola a todos! He aquí traigo este capítulo el mismo día, después del capítulo de la S4 y debo decirlo, FUE LA BOMBA! Mi Lukanette! Así pues espero que les guste como regalo por este capítulo que nos reveló muchas verdades y sin más qué decir además que estamos también a poco del especial SHANGAI!... COMENZAMOS!
….
Capítulo 12.
Seguridad.
Un nuevo día comenzó y Alexander fue el primero en levantarse. Miró a su hermano dormir y al ver la hora se dio cuenta que aún era demasiado temprano.
-Oh, rayos. Estúpido sueño. Ya no podré dormir.- molesto tendió su cama y salió de su cuarto para poder bajar y tomar algo para desayunar.
Podría adelantar algunas lecciones como hacía Maximilian, o tal vez hacer un poco de ejercicio matutino. En su camino miró una foto suya de hace un par de años en el que estaba con su uniforme de esgrima y una medalla. Admitía que extrañaba hacer algo de deporte. Entrenar, divertirse, estar en casa estudiando no era lo suyo. Lanzó un bufido y fue a la cocina, donde para su sorpresa, vio a su padre vestido con su ropa de deporte, una camiseta sin mangas de color blanco y unos anchos pantalones negros.
-Oh…
-Buenos días, hijo. Te has levantado temprano hoy.
-Sí, ya no quise seguir acostado.
-Ya veo. Es raro, pero es bueno ser productivo.
-Ajá.- dijo tomando una botella de leche de fresa y Félix se dirigió hacia él.
-¿Quieres ayudarme con mi entrenamiento matutino?
-¿Desde cuándo entrenas?
-Antes lo hacía con mucha regularidad, ahora quiero recobrar la condición física por salud. Voy a salir a correr. ¿Quieres acompañarme?
-Claro, no veo, por qué no.- dijo como si no tuviese opción.
-Bien, te veo en la entrada en cinco minutos.- Alexander lanzó un bufido y se fue a preparar.
En poco ya estaban haciendo calentamiento y corriendo por las calles cercanas a su hogar. Félix intentaba llevar un ritmo para ayudarle con su entrenamiento, temiendo al principio que su hijo no pudiese llevarle el paso, pero notando como Alexander lo seguía testarudo sin quejarse. He allí su hijo, igual que él.
Se detuvieron cerca de una plaza, y allí comenzó con una rutina más completa en estiramientos y tras unos momentos se sentó a meditar.
-¿Qué haces?- preguntó su hijo confundido.- ¿No es mejor caminar que sentarse?
-No estoy sentado, estoy meditando.
-Eso es aburrido.
-¿Por qué no lo intentas?- Alexander se sentó a su lado poniéndose en la misma posición que él. Félix lo miró de reojo, su ropa de deporte que consistía en una camiseta negra y unos pantalones verdes, hasta en la ropa se denotaba su admiración por Chat Noir, y recordando a su versión joven la primera vez que hizo lo mismo, también pensó que era estúpido.- Concéntrate en tu respiración, intenta relajarte, tus músculos no deben estar tensos.
-Pues están tensos por el ejercicio que hicimos.
-Necesitas calmar tus ansias.
-Vaaale.- Félix sonrió de lado, se quedaron callados unos momentos hasta que Alexander gruñó y se levantó.
-Es aburrido. Necesito moverme para seguir.
-Vale, dame unos momentos.- tras unas cuantas respiraciones que a su hijo le parecieron eternas, Félix se levantó y se estiró.- ¿Has pensado en qué tipo de actividad deseas hacer al entrar a clases?
-No, pero tengo la lista hecha.- una mentira que se había estado diciendo desde hacía tiempo.
-Podrías regresar a esgrima.
-No lo creo.- soltó con ácido.
-Esta vez podría ser diferente.
-Oh, sí. Practicar con tu novia y ganar el primer lugar el próximo año me llena de emoción.
-No precisamente.- sabía que tenía que escoger con sabiduría sus palabras.- Podrías ejercitarte con Monsieur D´Argentcourt. Sin ejercicios extras, nada más con que pongas tu propio esfuerzo.- lo vio arquear una ceja.
-¿Y eso le gustará a tu novia?
-Kagami no estará contenta, pero es algo con lo que tendrá que lidiar.- las palabras de su padre lo tomaron con sorpresa, pero no se dejaría envolver tan fácil.
-Ya, me imagino la cara que pondrá.
-Eso no importa siempre y cuando sea algo que te guste. Pero si soy sincero… siento que la esgrima sería poco para ti.
-¿Qué quieres decir?- preguntó a la defensiva y Félix sonrió de lado.
-Eres bueno, pero tienes demasiada energía. Quizás podrías intentar hacer algo más o tomarlo como un extra según tu criterio, siempre y cuando no intervenga en tus lecciones y estudios.
-¿Qué tipo de actividad tienes en mente?- preguntó desconfiado y Félix sonrió de lado.
-¿Qué tal algo de defensa personal?- preguntó.- Hace muchos años tu madre y yo estuvimos entrenando con un maestro tibetano.
-No es cierto.- respondió incrédulo.
-Lo es. ¿Quieres que te enseñe algunas cosas?- le hizo una señal con su mano para que le atacara. Al principio estaba sorprendido, pero si así se desquitaba un poco con su padre, adelante. No dudó en ir contra él pero Félix lo burló con facilidad, haciéndolo tropezar y sujetándolo antes de que cayera al suelo.- Lo más importante de todo es el control. Así como en la esgrima tienes que mantener el control de tus emociones al momento de atacar o defender, esto es una disciplina en la que debes de estar en un punto fijo todo el tiempo hasta que ataques.- Alexander le miraba ahora sorprendido.
-¿De verdad me quieres enseñar?
-Sería bueno, y la próxima vez podríamos también entrenar con tu hermano. ¿Qué dices?- lo vio dudar un momento, pero asintió con resolución.
-Vale. Está bien. Quiero aprender a patear traseros.
-A defenderse.
-¡Es lo mismo!- Félix se rio y pasó su mano por los cabellos de su hijo, revolviéndolos más.
-Es un trato.- vio a su hijo sonreír emocionado. Al fin había encontrado la excusa perfecta para acercarse a él sin que nadie interviniera. Era un inicio y era algo que no iba a desaprovechar.
…
En la hora del desayuno, Maximilian se había extrañado demasiado el no ver a su hermano o padre en la mesa. No dijo nada a su abuelo que parecía demasiado tranquilo mientras revisaba los por menores de la bolsa en su laptop. Hasta que llegaron con sus ropas deportivas bañados en sudor.
-¿Papá, Alex, están bien?
-Estamos bien, hijo, nada más fuimos a hacer ejercicio. Vamos a darnos una ducha rápida para desayunar.- Maximilian miró a su hermano interrogante y este le tranquilizó con un gesto, pudiéndose leer la emoción en sus ojos.
-Maximilian, tu desayuno se va a enfriar. Come.- le instó su abuelo y este obedeció.
-En un momento regresamos.- dijo Félix y ambos subieron a sus habitaciones donde se escuchó el claro sonido de las puertas al cerrarse. Maximilian sonrió al entender que fuese lo que fuese que hubiese pasado estaban en buenos términos.
Cuando Félix bajó encontró a sus hijos a punto de irse así como su padre.
-Alexander, ¿ya desayunaste?
-Tomé algo rápido, debemos ir a ver a unos amigos.
-¿Y no tienen lecciones hoy?- preguntó con la ceja alzada y Maximilian respondió.
-Nuestro profesor enfermó y no podrá venir hoy. Vamos con los Le Blanc de todas formas, ellos tiene libros interesantes.
-Bien, me parece buena idea, aunque no le presten atención al señor Le Blanc si les dice algo de mí. No los quiero tarde y pueden ir a la empresa si quieren que comamos juntos, ya saben la hora.
-Gracias, papá.- dijo Maximilian con una sonrisa.
-Eres lo máximo.- respondió Alexander yéndose con su hermano. Félix escondió su sonrisa ante esa frase, entrando al comedor y encontrándose con su padre aun en la mesa.
-¿No deberías estar en la oficina?
-Te estaba esperando para irnos juntos. ¿Todo bien con Alexander?- Félix sonrió y asintió al sentarse.
-Todo bien.
-Perfecto.
-Sí… aunque me gustaría poder decir lo mismo con Bridgette.
-Eso es algo que no se puede arreglar aunque lo desees.
-Lo sé. Pienso enfocarme en el ahora y planear cuidadosamente el futuro.
-Es bueno que tengas tus ideales fijos.
-Sí.- Natalie entró al comedor con su tableta.
-Félix, se enviaron las rosas amarillas al estudio de Bridgette tal y como pediste.
-Gracias, Natalie, te debo una.- Gabriel escondió su sonrisa lo mejor que pudo.
-¿Rosas amarillas?
-Amistad y lealtad. No puedo proponer nada mejor que eso por ahora.- el Agreste mayor asintió orgulloso de que su hijo comenzara a moverse.- Y no iré primero a la oficina, debo realizar una parada antes.
-¿Es algo importante?- preguntó al levantarse de la mesa.
-Lo es. Debo arreglar un asunto pendiente con una antigua amistad del pasado.- su padre pasó detrás de él y puso su mano en su hombro como si aún fuese un crío al que le daba instrucciones.
-Procura darles también mis saludos.
Félix entendió perfectamente el mensaje.
-Con gusto padre.- dijo antes de darle unos sorbos a su café, debía darse prisa si quería llegar puntual a su cita.
…
Bridgette aún estaba envuelta en su toalla y miraba el espejo con dos conjuntos de ropa en gancho los cuales no decidía cuál usar.
-Ugh, eso me pasa por no escoger la ropa la noche anterior.- Felicia y Tristán no estaban con ella así que los kwamis volaban con total libertad.- ¿Ustedes que opinan?- preguntó a los kwami y Duusu rio.
-Me gusta el vestido azul y negro.
-Yo prefiero el amarillo.- dijo Xuppu.
-¡La vas a hacer parecer una banana gigante!- le regañó Stompp y comenzaron a discutir sobre cuál vestido le favorecía. Bridgette silbó fuerte llamando la atención de los kwamis.
-Vamos por votos. ¿Quiénes votan por el azul?- unos pocos levantaron la mano.- ¿Y el amarillo?- la mayoría alzó la mano.- El amarillo gana. Usaré el azul mañana.- algunos celebraron mientras Bridgette terminaba de arreglarse. Vistiendo el cómodo y bonito vestido estilo campesino de cuello de barco y mangas semi transparentes abombadas, el vestido tenía un patrón de flores rosas y se ajustaba a su cintura que ya mostraba una curva generosa, unas sandalias de cintas en los tobillos, y se arregló en una trenza de lado el cabello. No sabía si ese vestido iba con su estado de humor pero podría sonreír y así engañar a Félix de que todo estaría normal entre ellos. Al bajar y ver a Luka aun adormilado sobre el sofá no pudo evitar sonreír mientras se servía un poco de café.
-¿Qué tal tu noche?
-Mmm… bien, supongo.
-Regresaste muy noche.
-Sí… le mostraba a Jess los lugares ideales para tener inspiración. Tocamos la guitarra por largo rato y le ayudé con algunos acordes.
-¿De verdad?~
-¿En qué estás pensando?
-Nada, nada. Sólo que ahora mismo tienes sonrojadas las orejas y sabemos bien qué significa.- le confesó con una sonrisa y Luka movió su mano quitándole importancia.
-Pfft, a veces puedes ser perversa. Pero no pasó a nada más.
-Vale, suenas convincente.- dijo dándole una taza de café que este tomó tras varios vanos intentos en el aire. Ella se sentó a su lado.- Pero sonarías más convincente sin el brillo labial color durazno en tu mejilla.
Luka escupió el café y fue a verse al espejo. Bridgette huyó entre risas con una ventaja clara cuando Luka se dio cuenta que no era verdad lo que dijo.
-¡Vuelve aquí mujer mentirosa!
-¡Nos vemos en la noche!
Corrió fuera despidiéndose de los niños y de sus padres antes de que este bajara veloz y la atrapara cual serpiente podía llegar a ser. Los niños se rieron y Luka quedó más rojo que la jalea de fresa con la que rellenaban el pan.
…
Los finos tacones dorados marcaron el rumbo de la modelo Claudia Bourgeois. Su figura estaba envuelta en un elegante vestido sin mangas verde de cuello tipo oriental con botones a los costados, y sus aretes y pulseras de oro complementaban el conjunto. Su cabello despuntado recién había sido cortado apenas ayer, y su maquillaje estaba impecable. Nada podía salir mal en ese día. Subió a la limosina y para su sorpresa allí mismo vio al secretario de su padre al otro lado del asiento, pegado la esquina como si buscase salir por la otra puerta.
-Disculpa, pero este es mi vehículo personal. ¿Qué te has creído?- habló petulante pero el hombre no la miraba a ella, sino a la figura oscura que estaba al frente. Y cuando ella miró en su dirección ahogó una exclamación.- ¿F-Félix?
El rubio sonrió, con las piernas cruzadas y las manos juntas. Su conjunto de traje negro de tres piezas, con camisa de un impoluto blanco y corbata azul como sus ojos le hacía ver imponente. Sus ojos tenían un brillo peligroso, notando el riesgo, fue sabia en quedarse callada.
El chofer comenzó su andar sin decir palabra.
-Hola, Claudia. Te ves bien.
-Gracias.- dijo logrando no tartamudear.- ¿A qué debo el placer de que estés en mi limosina?
-Una charla de amigos, como en los viejos tiempos.- el secretario tembló en su sitio.- No imaginé que compartíamos personal.
-¿Cómo? No te entiendo, ¿hablas de este don nadie? Es el secretario de mi padre, los cambia cada año.
-Sí, pero qué curioso que este haya aguantado más que otros, ¿cuánto lleva trabajando para tu familia?
-Cómo si me fijara en esas cosas.
-Tienes razón. Es bueno que alguien en tu casa si lleva ese registro.- dijo notando la clara incomodidad en ella.- Lleva más de cuatro años trabajando para tu familia, todo un record.
-Sí, bueno, y qué. No es como si de verdad me importara.
-Tal vez, tal vez no. Entonces no te importará que hable con él a solas mientras tú vas a ver a tu madre a su empresa. Quería hacerle algunas preguntas con referente a cierto tema del pasado.- Claudia se tensó claramente y apretó las manos sobre su regazo.
-No creo que eso sea posible porque ha de tener mucho trabajo con mi padre.
-Ya hablé con tu padre. Se mostró más que dispuesto a dejar que hable con este hombre, no le quitaría una hora de su tiempo.
-¡Lo prohíbo!- gritó ella y el auto se detuvo en una luz roja.
-¿Por qué?- preguntó arrastrando las palabras y Claudia comenzó a balbucear.
-Eh… p-porque…
-No será…- se tomó un momento y pareció que una sombra lo cubrió a excepción de su sonrisa maquiavélica.- ¿Que tienes miedo?- el auto tardó unos segundos en volver a avanzar ante el semáforo, largos y tortuosos segundos para Claudia que intentó hacer un amago de sonrisa.
-¿M-Miedo? No sé de qué debería tener miedo, Felichoo.
-Perfecto, entonces te dejaré con tu madre mientras que yo hablo con él. ¿Verdad?- le hombre estaba callado y temblando en su lugar como un ratón. Claudia al verlo supo que soltaría toda la sopa así que ella habló primero.
-¡No le creas ni una palabra de lo que diga! ¡Yo no tuve nada que ver!- Félix hizo un gesto y el chofer detuvo el auto en una esquina dejando ir al pobre desgraciado que no tuvo que decir una sola palabra.- ¿Qué…?
-Hablé con tu padre esta mañana enfrente de tu secretario y le presenté mis pruebas. Le dije que no les demandaría si tú confesabas, y vaya que lo hiciste más rápido de lo esperado.- se inclinó hacia adelante más sus ojos aun brillaban en medio de la penumbra.- Soy todo oídos Claudia y más vale que hables, tengo pruebas que estuviste involucrada en esa noche y porque estoy a poco de tomarte del cuello y apretarlo hasta que no quede aliento en ti.- la joven vio que en efecto este apretaba sus manos, no quiso imaginar esas grandes manos alrededor de su fino cuello. Pálida como un fantasma comenzó a hablar.
-Alguien me llamó una noche hace cinco años.- confesó intentando no mirarlo.- Dijo que tenía un plan para separarte de Dupain-Cheng y que si cooperaba tú podrías al fin fijarte en mí. Por supuesto que acepté sin pensar, nunca estuve de acuerdo en ese ridículo matrimonio tuyo con esa mesera imitación de diseñadora.- espetó molesta sin verlo, ya que la expresión de este era mortalmente seria.- Contraté a ese inútil hace tiempo como recepcionista, y la persona en el teléfono me dijo que él era perfecto para ejecutar el papel porque necesitaba el dinero y por ser un actor acabado, así que cuando le ofrecí el trabajo de que fingiera ser un detective tuve que prometerle que escalaría rápido hasta ser secretario de mi padre en el hotel, por supuesto si bajaba de peso y se afeitaba esa ridícula barba que tenía. Y una noche recibí la llamada donde se me dijo que un par de hombres llevarían a Dupain-Cheng y a Couffaine a una de las habitaciones. Yo presté la suite para hacerlo más creíble. Estaban tan drogados que apenas y sabían dónde estaban, balbuceando incoherencias, hasta la idiota de Dupain-Cheng dijo tu nombre como si de verdad te parecieras a ese músico de quinta. Ese inútil se dedicó a tomarles fotos como loco antes de que cayeran dormidos y salimos de allí. Todo salió como se suponía, tú dejaste a esa zarrapastrosa y pensé que era mi oportunidad pero de nuevo recibí una llamada y en esta se me amenazó que si me acercaba a ti o si decía algo mi carrera y mi vida estarían arruinadas.
-¿Cómo?- preguntó con una décima más grande en su voz y Claudia se mordió el labio antes de responder.
-Vale, puede que me haya metido con alguna que otra figura pública pero me envió fotos. Fotos mías con ciertas personas en situaciones más que prometedoras. Y si esas fotos se hicieran públicas mis padres me desheredarían. ¡No podría con ello!- comenzó a llorar sin importarle si el rímel se corría pero su patética apariencia no conmovió a Félix.
-¿Me quieres decir que preferiste arruinar mi matrimonio por un capricho? ¿Y te quedaste callada para que nadie supiera que eras una zorra?- sus labios temblaron ante los sollozos que comenzó a emitir, cosa molesta para él.- Irónico, puesto que tú la tachaste de zorra en las revistas de Paris y en el restaurante cuando se reencontraron. Pondré en la mesa mis cartas, Claudia. ¿Quién te llamó para que formaras parte de este rebuscado plan?
-No lo sé.- confesó limpiando sus lágrimas con un pañuelo de seda.- Era una voz electrónica, de esas horrorosas que aparecen en videos de mal gusto.
-¿Sabes al menos cómo es que ese detective falso entró en mi base de datos?
-No… p-pero dijo que no debía preocuparme de eso. Que lo tenía todo controlado… incluyéndote.- este acercó su rostro de forma violenta hacia ella. Claudia chilló del miedo, parecía un psicópata pero este ni siquiera la tocó.- ¡Te juro que es todo lo que sé!
Félix se alejó con lentitud sin dejar de verla. El auto se detuvo y este bajó primero, esperando que limpiara su cara, le ofreció su mano para salir y que ella viera las oficinas de moda de su madre. Por un segundo se sintió a salvo, pero el apretón en su mano le hizo ver que no era así.
-Te sugiero que te vayas de la ciudad esta semana. Siempre te gustó Nueva York y tu madre tiene oficinas bien establecidas allá. Y si vuelves a acercarte a mí, a Bridgette, o mis hijos, el que todo el mundo crea que eres una zorra será la mínima de tus preocupaciones. Voy a destruir tu vida y no podrás mostrar tu cara en ninguna ciudad importante. ¿Ha quedado claro?- ella no dijo nada, tembló de pies a cabeza sabiendo que Félix cumpliría su amenaza.- Adiós, Claudia, espero nunca volver a verte.- soltó su mano y caminó hacia su auto que estaba aparcado no muy lejos de allí, dejándola sin aliento en las escaleras del edificio.
Cuando entró al auto, Plagg salió de su saco y rio.
-¡Así es como se hace! No sabes lo orgulloso que estoy de ti. La has traumatizado de por vida.- pero su portador no estaba para celebrar. Necesitaba resolver este misterio pronto.- Hey, chico. ¿Estás bien?
-Si bien no puedo arreglar las cosas con Bridgette, puedo siquiera vengarme de quienes tuvieron que ver.
-No pierdas las esperanzas con la chica de Tikki. Vale, está molesta, pero tienes aun ventaja sobre ella. Nada más es cuestión de tiempo y algunas cosas cursis por ahí y…
-Plagg… sé que quizás nunca me vaya a perdonar. Pero esto es algo que necesito hacer para al menos reducir mi pecado.- Plagg le miró serio y preocupado. Por supuesto, comprendía un poco lo que pasaba. Lo vio con expresión pensativa hasta que se aburrió de ver su ceño fruncido.
-¡Ya vale! Según lo que dijo esa bruja buscamos a alguien capaz de meterse a tu casa, a tu computadora, y capaz de manipularte para que desconfíes de tu esposa. Conste que las dos primeras soy yo normalmente pero con la última primero me arrancaría Tikki los bigotes y nunca me lo perdonaría. ¿Tienes alguien en mente?- fue que notó que dejó de fruncir el ceño, al menos por un momento, como si algo lo hubiese sorprendido y de nuevo volvía a mostrarse con un deseo de venganza.- ¿No te duele la frente cuando pones esa cara?
-Plagg… creo saber quién estuvo detrás de ello.
-¿En serio? ¡Al fin! ¿Y cuál es el plan?
-Ser sutiles, como hace un momento.
-MI-AU. Esto va a ser un miaurtirio para el culpable.
-Oh, no tienes idea.
…
Tenía una agria mañana desde temprano y apenas y podía concentrarse en los papeles en su escritorio. Su madre estaba furiosa con ella y un abogado se había presentado con una sonrisa amplia que le recordó a la boca de un tiburón y una orden de presentarse a juicio. La orden era clara, debía pagar por la manutención del niño que la miraba con miedo.
«Tristán, se llama Tristán»
Dijo la voz de su consciencia que emergía cada vez más fuerte.
«Y por supuesto que debiste suponer que esa mentira se revelaría tarde o temprano. Eso pasa con las mentiras»
-Entonces debo aprender a jugar mejor las cartas que tengo.- musitó para sí misma. No quería que aquello fuese público, y quizás Luka quería hacer un escándalo, pero su madre fue clara el otro día.
No te desheredaré porque eres mi única hija, pero no esperes que mueva un dedo para ayudarte en este embrollo en el que te has metido.
Sus palabras frías le calaron hondo. Su tono de voz siempre serio había demostrado una frialdad nunca antes sentida. Estaba bien, su abogado ya estaba al tanto y hablaría con el abogado de Luka.
No importaba lo que pasase, tenía a Félix de su lado.
Él había depositado su entera confianza en ella. Se habían consolado, habían sanado juntos, aunque sus heridas eran distintas puesto que las de ellas eran por no haber podido estar con él en el pasado, ella fue el hombro en el que lloró y le hizo ver que Bridgette no era nadie a su lado. Haciéndose lugar en su corazón y estableciendo su dominio sobre él. Era suyo…
Un mensaje apareció en su teléfono y se sorprendió de ver de quién era. Fue como si le hubiese invocado. Félix le pedía cenar en su lugar favorito, al fin su buen humor mejoraba.
«¿Hasta cuándo vas a seguir con eso?»
Reclamó su consciencia con molestia.
«Te estás comportando de forma patética»
-Calla de una vez.- ignoró por completo esa voz que llevaba callada durante muchos años. ¿Qué podría hacer para que se callara nuevamente?
…
Bridgette suspiró. Había llegado a su taller para trabajar sin toparse con Félix, aunque al ver el hermoso ramo de rosas amarillas en su escritorio le hizo tener sentimientos encontrados de molestia y ternura. Recordando la primera vez que le regaló una rosa amarilla. Tuvo un día ocupado y por supuesto escuchando cuchicheos a sus espaldas, pero si bien sabían lo que les convenía permanecerían entre las sombras y detrás de ella donde bien sabía debían estar. Tenía talento suficiente para estar allí, y lo estuvo, pero no duró tanto como hubiese querido.
Acomodó algunos de los maniquíes y las telas cerca de la puerta, quería encontrar un balance en todos ellos y gracias a eso se había inspirado lo suficiente para dibujar un par de diseños más. Suspiró y Tikki notó que su portadora luchaba con algo.
-¿Qué te pasa?
-Es Félix. No he podido sacarme de la cabeza la charla de anoche.- se movió cerca de los diseños y comenzó a ponerle a uno una bufanda.- Es decir, no tenía idea del dinero, pero no me creyó cuando intenté decirle la verdad. Aun con esas fotos, ¿cuántas veces yo tomé su lado cuando aparecían esas fotos donde supuestamente se besaba con otras mujeres? Mujeres las cuales se le echaban encima.
-Admite que la primera vez te echaste a llorar y casi lo matas a golpes.
-Vale, pero aprendí mi lección, ¿por qué él no aprendió la misma lección?
-Tal vez porque sabía que tú eras incondicional a él.
-Si fue así, ¿cómo es que creyó todo eso? Esos cinco años no se pueden borrar de la noche a la mañana. Estaremos bien con una relación de colegas. No puede pedir más que eso. ¡No puede!- dijo al tiempo que se agachaba a acomodar el dobladillo de un pantalón y al levantarse gritó de espanto al ver el rostro de Gabriel Agreste entre los rollos de tela.
-Buenos días.
-Ho-Hola señor.- este pasó a un lado de las telas.
-¿Estaba hablando sola?
-Eh… sí. Es un ejercicio mental que hago a menudo.- agradeció que Tikki se escondiera a tiempo.
-Yo hago lo mismo. Quería avisarle que hemos rastreado parte de los modelos faltantes y también que todo lo que se le fue robado se remunerará a la cuenta personal que nos dio cuando firmó el nuevo contrato, así evitaremos otro altercado.
-Bien… me parece bien.
Bridgette le dio la espalda acomodando algunos accesorios y Gabriel se movió para ver de frente los diseños, fue que se dio cuenta que los dos pequeños niños, el Couffaine y su nieta estaban dormidos sobre un sofá, con mantas y almohadas a juego.
-¿Qué hacen aquí?
-Oh, disculpe. Mis padres estaban ocupados y les dije que me los trajeran para cuidarlos.
-No, no se preocupe. Me alegra ver a Felicia.- dijo pasando sus dedos para acomodar un mechón de cabello y esta ronroneó. Gabriel alzó su ceja y Bridgette aguantó la risa.
-Eso es por parte de su hijo. No me culpe.
-Entiendo.- miró con ojo crítico los diseños, cada uno más impresionante que el anterior. Bridgette era una mujer talentosa, pero pudo notar que a pesar de eso y de su colorido atuendo estaba perturbada por algo.- No quisiera inmiscuirme…- la joven intentó no emitir sonido alguno, su ex suegro siempre metía las narices en todo, en su relación, en su boda, en el nombre de sus hijos aunque lo hacía de buena fe.- Pero creo que las cosas entre mi hijo y usted podrían llegar a algo más que simple cooperación profesional.
-Me ha escuchado…- musitó a lo bajo y se volvió a él.- Perdone señor Agreste, pero ese es un tema delicado que nada más quiero platicar con Félix.
«O nunca de los nunca tocarlo»
-Ya, pero quisiera que entienda una cosa. Sé lo que es perder a alguien muy amado. Usted pasó por algo similar, enfrentando las adversidades por su hija y por usted misma, pero aunque no lo crea mi hijo también a pesar de lo que las revistas sensacionalistas pusieron.- dijo tomando la manga de un traje, con ojos oscurecidos en el pasado ante su hijo dolido, enfermo por el alcohol, y luego convertido en una copia al carbón de su antiguo ser.- Deberían intentar al menos…
-Señor Agreste.- le cortó ella en tono respetuoso.- Sé que sus intenciones son buenas pero lo que pasó entre Félix y yo es algo que no es posible arreglar.
-¿Y si le dijese que estamos investigando y que hemos encontrado a un culpable de lo sucedido?
Todo el mundo de Bridgette se sacudió. ¿Un culpable? ¿De verdad estaban de nuevo buscando entre el pasado para encontrar la verdad? No sabía qué sentir. No podía pensar en Félix manchando sus manos al volver a ver de nuevo el pasado que con tanto empeño enterró. Sus manos manchadas… no podía decidir si de sangre o tierra de cementerio, pero quizás se estaba montando una película con los detalles. Félix estaba buscando la verdad. Quería algo más con ella, estaba segura. Y al final… Espera… ¿de qué servía eso si la lastimó de forma cruel y despiadada? Casi quiso llorar. Aun cuando al final encontrara a la persona que creó ese teatro fue él quien la desechó. La persona que destrozó su corazón y que pudo haber muerto de no ser por la vida que en ese momento estaba en su vientre. ¡No quería sentirse así de vulnerable con él!
-¿De qué serviría?- habló a lo bajo con enojo.- El amor que le tenía a su hijo se hizo polvo al salir de Paris. Si quiere vengarse que lo haga, pero su consciencia es algo que no podrá callar.
Gabriel pudo sentir su resentimiento contra su hijo, no la culpaba pero tampoco era tonto. Si decía que su amor fue pulverizado, un poco de este seguía en su corazón. Lo notó en la cena que tuvieron, en los pequeños toques, miradas, y su pelea constante consigo misma. Fácilmente pudo ver lo que pasaba. Tenía miedo de ser lastimada una vez más. Se acercó a ella y puso su mano sobre su hombro, en un toque paternal que ella solo había sentido con su tío Tom.
-A veces cuando más miedo tenemos, es cuando tenemos que dar un salto de fe.- ella no entendió sus palabras, pero este no iba a decir más. Se dio la vuelta y cuando se iba a ir miró a su nieta.- Muchas gracias, por dar a luz a Felicia. Es una niña encantadora.
-Felicia Emilie.- dijo ella para sorpresa de este.- Le prometí que si un día tenía una hija le pondría el nombre de la señora Agreste. Y el nombre siempre me gustó.- Gabriel asintió, aguantando las ganas de dejar caer una lágrima.
-Gracias…
-Por cierto. Si ve a los gemelos, ¿puede decirles que podríamos ir a comer juntos? Los vi paseando con sus amigos pero no tengo idea de dónde se metieron.
-Conocen el lugar como la palma de su mano, quizás mejor que yo. Así que no se preocupe. Con permiso.- sin poder estar más tiempo conteniendo la emoción se fue, dejando a Bridgette pensativa. Se sentó a lado de los pequeños y entonces notó algo que no había notado, un kwami negro que estaba sobre el pecho de Felicia muy bien escondido en la frazada.
-¿Plagg?
…
Casi podían escuchar en sus cabezas la música de la película de Misión Imposible. Briana se asomó por la esquina mirando la oficina de la directora de contabilidad en el área de materiales. Luego miró a los hermanos que estaban escondidos en la otra esquina y por último a los mellizos Le Blanc en la otra. Marcó al teléfono con la extensión que los hermanos consiguieron y escucharon el teléfono sonar en el interior de la oficina.
-¿Alló?
-Disculpe señorita Rossi, hablamos de Recepción. Ha llegado un paquete para usted.
-¿Y eso qué? Súbanlo a mi piso.
-El problema es que el mensajero pide expresamente su firma. Necesitamos que baje para recibir y firmar.
-Ugh, bien.- colgó y en pocos segundos la vieron salir de su oficina cerrando con llave y maldiciendo a lo bajo a los de recepción. Era su oportunidad. Alain sacó de su bolsillo dos ganzúas y comenzó a manipular la cerradura.
-¿Cómo aprendiste a hacer esto?- preguntó Alexander y Alain respondió sin verle.
-Una vez estaba escribiendo una historia de misterio para un concurso y papá me dijo que para entender a los personajes debía actuar como ellos y el héroe sale de la habitación donde está gracias a esto. No gané el concurso pero gané la experiencia de saber qué hacer cuando se me olvidan las llaves.
-Lo cual es seguido.- murmuró su hermana a lo bajo, Alain abrió sin problema y Briana y los gemelos entraron.
-Ustedes vigilen.- dijo Briana a los mellizos que asintieron quedándose fuera.
Comenzaron a inspeccionar la oficina. Briana tenía que admitir que tenía buen gusto, los colores blanco y negro se familiarizaban perfectamente en el sitio. Su escritorio negro estaba al centro y encima de este había carpetas y archivos. Incluso tenía un armario con varios cambios de ropa. Comenzaron a investigar cuidadosamente cada papel o rincón.
-¿Qué es lo que tenemos que buscar?- preguntó Alexander.
-Cualquier evidencia incriminatoria con respecto a sus padres o alguna cosa más.
-Pues yo no veo nada.- dijo Maximilian que miraba los papeles.- Sólo veo cuentas, y anotaciones de pedidos.
-Oh, vamos, busquen más a fondo.
-Un momento.- soltó Maximilian.- Esto es raro.
-¿Qué quieres decir?- preguntó su hermano acercándose a ver, dejando de lado el armario entre abierto.
-Miren esto. Hay un pedido extra de telas de los últimos meses, pero recuerdo que abuelo nos dijo que los pedidos de tela se realizan bajo su autorización, pero esta forma no tiene su firma y esta sellado de entregado en otra dirección.
-L grandes y remarcadas no dejan lugar a duda de quién es la firma.- dijo Briana tomando una foto. Alexander comenzó a abrir los cajones pero uno estaba con llave.
-Al parecer no quiere que nadie revise esto.
-Amo los secretos.- sonrió Briana perversa.- Quiero ver qué esconde.
-Vale, deja llamo a Alain para que venga y lo abra.- dijo Maximilian yendo a la puerta y entonces escucharon el sonido del cerrojo al intentar abrir.
Lila entró en su oficina furiosa. Azotó la puerta y lanzó un gruñido entre dientes.
-Malditas sean las de recepción, seguro que me jugaron una broma.- caminó a su escritorio y se sentó en su elegante silla de cuero. Los tres chicos estaban en el armario de puntitas, rogando porque no le diese por sacar un par de zapatos o cambiar su vestido. Escucharon el teléfono de Lila y ella respondió.- ¿Sí?... Perfecto, ya quiero que sea el día… No, aunque a Gabriel Agreste se le ocurriera pararse en el podio y gritar a todo pulmón no podría probar nada porque yo me hice cargo de desaparecer cada copia de los diseños usados. No fue fácil, fui extra precavida en anotar cada modelo del que me hice cargo para luego desaparecerlo.- dijo abriendo el cajón con una pequeña llave y sacando una hoja de papel. Briana miró con interés la hoja entre la rendija pero los hermanos le hicieron quedarse quieta o podrían perder el equilibrio por tenerla a ella en medio.- Ya te dije que no pasa nada. No podrán probar que esos diseños salieron de aquí. Y los estúpidos Agreste no podrán hacer nada en contra de la casa de moda que los va a dejar en la ruina a futuro. ¡Me voy a hacer rica! Y lo que gane será calderilla a comparación de lo que he estado ganando en nombre de la descerebrada de Dupain-Cheng.- rio ignorando a los hermanos cuya ira apareció en un mechón de cabello que se alzó sobre sus cabezas y que parecía la mecha de una bomba, sus caras rojas parecían a punto de estallar.
Briana estaba grabando cada palabra que la condenaría, pero necesitaba esa hoja de papel. De repente alguien comenzó a tocar de forma frenética, no una, sino decenas de veces haciendo que Lila se levantara ofuscada y fuera a su puerta, la abrió pero no vio a nadie.
-¿Quién rayos está tocando?- cerró y se dio la vuelta, pero al estar en medio de su oficina los ruidos volvieron. Gruñó y fue a la puerta de nuevo, no viendo a nadie hasta que pudo distinguir en la esquina dos cabelleras de cabello rizado y unos burlones ojos azules.- ¿Qué crees que están haciendo mocosos?
-Nada que le interese vieja.- contesto Alain.
-¡Llamaré a seguridad!- gritó furiosa, sorprendida que nadie más estuviese allí. Briana aprovechó para salir de su escondite y en cuclillas avanzar al escritorio.
-Hágalo.- retó Lys con una sonrisa de lado.- Aunque no creo que a seguridad le interese de verdad que unos niños anden paseando por allí.
-¡Me están molestando!- gritó Lila y Briana abrió el cajón. Vio la hoja, unas carpetas, y un objeto extraño y de color rosa muy grande que tenía la forma de una torre con punta ovalada. Ignoró todo lo demás tomando la hoja e intentando regresar a su sitio.
-¿La estamos molestando?- preguntó Alain mirando a su hermana.
-Yo no lo veo así.
-¡Grrr! Ya verán, voy a sacarlos de las orejas sin importar si sangran.- salió de la oficina y fue el momento que los hermanos usaron para salir y tomar a Briana del brazo. Ya fue demasiado de esconderse.
-Vamos, vamos.- musitó Maximilian.
-Hora de salir de aquí.- susurró Alexander.
-Oh, chicos, quería tomar más fotos.- pero apenas y llegaron a la puerta Lila la abrió, encontrándose cara a cara con los chicos.
-¿Qué diablos…?- fue entonces que miró la hoja y el celular en manos de Briana.- ¡Eso es…! ¡Devuélvanme eso!- los chicos la rodearon y corrieron, siendo Maximilian que tenía de la mano a Briana.- ¡VUELVAN ACÁ MALDITOS PARÁSITOS!
Corrieron por los pasillos en los que apenas unos pocos empleados estaban, ya que la mayoría seguía trabajando en sus talleres y oficinas. Se reunieron de inmediato con los Le Blanc que les instaron a ir por las escaleras de incendio. Lila llegó justo al verlos subir las escaleras y salió por otra dirección.
-¿Cuál es el plan?- preguntó Alain.
-¡Llegar con las pruebas a la oficina del abuelo!- gritó Maximilian.
-¡Y que no nos alcance!- gritó Alexander y Lys asintió a su hermano.
-Es un buen plan.
Corrieron escaleras arriba hasta llegar a unos pisos de la oficina de diseño. Tenían que cortar por cafetería y así lo hicieron. El lugar se estaba comenzando a llenar pero lograron pasar al gentío sin mucho problema. Siguieron su camino hasta que al intentar tomar otras escaleras, alguien les cortó el paso, encontrándose con Lila que tomó a Alexander y a Lys del cuello de sus ropas.
-¿Creyeron que podían burlarse de mí?- dijo esta que no llevaba sus tacones y que parecía haber corrido más que ellos, con un delgado mechón cruzando su sudorosa cara e intentando recobrar el aliento.- Me sé cada pequeño pasillo de este lugar y sé también cómo y dónde burlar las cámaras. Así que… sino quieren que nada le pase a estos dos, más les vale darme esa hoja y tu celular mocosa.- Briana tuvo que ceder, entregando su celular y la hoja que Lila se metió sin cuidado alguno en su escote.- Eres una pequeña perra al igual que tu madre.- Alexander vio a Lys, dándole una seña con su cabeza y ésta asintió.- Pero si creen que van… que los voy a dejar irse así están muy equivocados.- se acercó a la ventana con una sonrisa casi maniaca.- Tal vez deba lanzarlos por la ventana para quitármelos de encima. Incluso alguien estaría feliz con eso.
-¡Técnica de cerrado de boca de guacamayo!- gritó el joven que lanzó un golpe en el cuello a Lila que cerró su garganta, haciendo que los soltara.
-¡Hiiia!- gritó Lys que con una llave la lanzó al suelo, sorprendiendo al amigo de su hermano que miró a la chica con otros ojos.
Todos corrieron lejos de Lila, que ya con lo que necesitaba en mano salió corriendo para tomar todo lo necesario y así escapar de ese edificio.
…
La meditación no le estaba ayudando en absoluto. Por supuesto, a diferencia de Bridgette, él no podía alejar cualquier mal pensamiento tan fácilmente. Claudia ya no sería problema, no se le acercaría de ahora en adelante ni siquiera en eventos sociales. Pero quien fuese la persona que le amenazó era alguien que llevaba mucho tiempo en el juego si tenía fotografías para chantajearla. Claudia fue un simple peón en el tablero del juego.
… dijo que no debía preocuparme de eso. Que lo tenía todo controlado… incluyéndote.
Sus manos se convirtieron en puños y ahogó una risa casi maniaca en su garganta. ¿Qué lo tenía controlado?
-Sabes algo, eres fácilmente manipulable por aquellos que te importan.
Ahora entendía el significado de esas palabras. La serpiente tenía razón, se la habían jugado pero ya no más. Iba a atrapar a los involucrados y hacer de sus vidas un infierno mientras intentaba hacer algo bueno por Bridgette y sus hijos.
-Esta vez sí voy a tener pruebas. No importa lo que digas ahora Couffaine y te golpearé por ello.
Unos toques a su puerta le llamaron la atención. Esta se abrió mostrando a su secretaria y enseguida entró Bridgette con los pequeños en brazos.
-Bridgette…
-Hola, vinimos a hacerte una visita porque necesito tu ayuda.
En poco los niños estaban recostados sobre el costoso sofá de la oficina que Félix a veces usaba para dormir, y este miró con ojo crítico al kwami dormido que estaba prendado de las ropas de Felicia.
-Esto sí es un problema.
-Lo sé. No sé qué hace Plagg aquí, por eso le traje.
-¿Y por qué trajiste al pequeño Couffaine?
-Porque le daría miedo despertar solo sino estemos allí.
-Buen punto. Espera ya tengo algo.- fue al cajón de su escritorio y tomó un pedazo de queso que tenía guardado para emergencias. Lo pasó muy cerca de Plagg que no tardó en alzar su cabeza olfateando donde el queso estaba. Este ronroneo y flotó hacia el queso al que atrapó dándole una gran mordida que casi atrapa el dedo de Félix.- Como ir de pesca.
-Eres un genio.
-No soy un genio. Ya lo conozco pero si uso un atomizador mojaría a Felicia y eso es algo que no quiero.- Félix guardó a Plagg en un pañuelo y lo puso con cuidado en el bolsillo interno de su saco.
-¿Qué le habrá picado para arriesgarse así?- Tikki tuvo que intervenir, ya era hora de explicar las cosas.
-Eso es porque Felicia desprende una energía especial.
-¿Qué quieres decir?- preguntó Félix.
-Felicia ha demostrado aptitudes felinas desde su nacimiento. Es por eso que se siente atado a ella más que otros kwamis. Cada cierto tiempo aparece un portador así para cada uno de nosotros. En mi caso fue con Bridgette, pero en el caso de Plagg, Felicia tiene algo así como un espíritu felino incluso mayor que el del padre, y eso no pasaba desde el tiempo del antiguo Egipto.
-¿Me estás diciendo que mi hija podría convertirse en una portadora? Ni loco.- dijo este.- No voy a dejar que mi hija pase por ese calvario que yo sufrí cuando me puse este anillo.
-Pero un beso de amor es lo que arregla todo.
-¿Y eso que tiene que ver?- Tikki miró a Tristán que tomaba de la mano a Felicia. Félix quiso gritar pero Bridgette lo impidió cubriendo su boca estampando su mano en esta.
-Si los despiertas te los dejaré aquí y sufrirás solo su rabieta por no dormir bien.- Félix se tranquilizó y aprovechó para tomar la mano de Bridgette.
-Vale. Entonces, ¿te gustaría quedarte a hablar un momento? Es importante…- preguntó sin soltar su mano, acariciando sus dedos con delicadeza dándole una señal a Bridgette de qué iría esa charla. La vio dudar pero después asentir.
-¿Te gustaría regresar a mi taller? Hay mucho qué hacer y tengo pan de chocolate allí.- este aceptó mientras ella se soltaba de su mano y tomaba a Tristán y él a Felicia que se acurrucó con una sonrisa.
…
Natalie pudo notar el descontento de Gabriel cuando este hablaba por teléfono con los organizadores del desfile y al mismo tiempo revisaba las carpetas de investigación. Era impresionante toda la basura que estaban sacando de debajo de la alfombra de esa gran mentira. Primero las fotografías y el detective, luego el desvío y robo de fondos de la señorita Dupain-Cheng, y el robo de diseños los tenían con la mirada fija en el horizonte por si algo más aparecía. Natalie había interrogado personalmente a la anterior jefa de diseños en su momento, y por supuesto, el personaje misterioso había cubierto perfectamente sus huellas y decenas de diseños en su posesión fueron vendidos a otras casas de moda durante los últimos años bajo sus narices. Era normal que estuviese furioso. Le dejó una taza de té esperando que eso ayudase a calmar el fuego de la ira que sentía porque un leño más en el horno y explotaría.
-Sí… No, la música estará a cargo de Jessica Keynes. Justo la acabo de contratar esta mañana… No quiero luces de colores, ¿qué rayos cree que es? No será un antro sino un desfile.
En ese momento la puerta se abrió y los niños entraron en gritos y lágrimas.
-¡Abuelito! ¡Abuelo!
-¡Sálvanos abuelo!
Los otros niños se abrazaron a Natalie mientras que los hermanos se abrazaron a su abuelo que se sorprendió al verlos así.
-¿Qué les pasó? Díganme.- ordenó y Briana se separó de Natalie para poder explicar lo sucedido.
-E-Es todo mi culpa.- dijo esta.- Estábamos investigando a Lila Rossi y descubrimos…- se quedó en silencio cuando la mirada del Agreste mayor se posó en ella, era de verdad intimidante.
-Abuelo, fue la señora Rossi la que te robó los diseños.- dijo Maximilian para sorpresa de este.
-¿Cómo?
-¡Sí! Fue ella, debes creernos.- rogó Maximilian.
-¡Y esa loca nos persiguió por todo el edificio, nos atajó y nos quitó las pruebas!- gritó Alexander y su hermano siguió.
-Incluso amenazó con tirar a Alex y a Lys por la ventana mientras los agarraba del cuello.
-Pero yo le di un golpe como me enseñó papá.
-Y nuestra amiga le hizo una llave de judo.
-Y vinimos corriendo hasta acá para avisarte.
-Y dijo que también le había robado a mamá.
-Y que los Agreste somos estúpidos.
-/ ¡Fue Lila Rossi!/
Gabriel sintió que estaba a punto de explotar, pero revisó a su nieto mayor encontrando alrededor del cuello una abrasión provocada por el roce de la ropa. Su ira creció a niveles que Natalie misma nunca había visto, parecía dispuesto a cometer un asesinato y no lo culpaba. Los pequeños eran lo más sagrado que había para la casa Agreste además de la memoria de Emilie.
-Natalie, aplica un cierre de seguridad ¡ahora!
-Sí, señor.- con su tableta activó el cierre de seguridad. Las alarmas se hicieron presentes en el edificio, una luz roja cubrió cada pasillo y oficina, los elevadores se detuvieron con Félix y Bridgette dentro justo entonces una voz en altavoces se hizo presente.
Esto no es un simulacro. Permanezcan en sus puestos, no salgan, y no estorben en el seguimiento de seguridad.
Los niños despertaron ante la alarma.
-Papi, ¿qué es?- preguntó Felicia aferrada a su padre y Tristán hizo igual con Bridgette.
-¿Por qué todo está rojo? Tengo miedo.
-Tranquilos es un sistema de seguridad para atrapar a los malos.- dijo estando segura que no se debía a un incendio, porque no les pedirían permanecer en sus oficinas sino que les urgirían en salir lo más ordenadamente posible. Entonces, ¿por qué rayos es que habían activado el sistema de seguridad?
-¿Papi?
La voz de Felicia llena de miedo llamó su atención y miró a Félix, que aun con la luz roja se notaba el sudor de su frente, a punto de desmayarse en cualquier momento.
-¡Félix!
…..
Y… espero que les haya gustado! Gracias a todos por leer. Dejen review, nada de tomatazos, acepto bebidas de temporada y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!
