Luna de Miel

Habitación de baño – Inmediatamente después

Al terminar de hacernos venir, pasamos juntas al cuarto de baño de nuestra habitación.

El cuarto es grande y espacioso, la bañera grande y limpia, perfecta para nosotras dos. La llenamos casi al tope y ponemos burbujas para lavar nuestros cuerpos. Entramos y nos sentamos a lados opuestos viéndonos una a la otra.

Una vez sentadas, nos ponemos a platicar y reír recordando varios episodios de nuestro pasado y todas las locuras que hemos hecho juntas y con nuestras amigas. Es una plática muy amigable e increíblemente rápida, en verdad no siento como pasa el tiempo al escuchar hablar y reír a Sara.

Al verla de esta manera, platicando, riendo y jugando con las burbujas a nuestro alrededor, me recuerda mucho a los baños diarios que solíamos tomar juntas cuando éramos niñas.

En ese entonces, mi tía solía ir seguido a la casa, por lo que Sara y yo pasábamos todo el día corriendo en el parque y al anochecer, nuestras mamás nos metían a bañar donde pasábamos horas jugando, platicando y riendo como lo hacemos ahora.

Han pasado muchos años desde entonces y sobre todo, me impresiona lo mucho que ha cambiado Sara de aquella época. No solamente ya no es aquella niña pequeña y llorona que necesitaba todo el tiempo que la protegieran, se ha convertido en una exitosa mujer de negocios en el modelaje, capaz de viajar por sí sola varias semanas, ganar su propio dinero y por supuesto, ha cambiado mucho su cuerpo.

Cuando regresó hace unos años y me besó frente a todas en la escuela, no podía creer que aquella famosísima modelo juvenil fuera la misma Sara que conocí de niña, y desde entonces su belleza no ha hecho más que aumentar hasta tener el perfecto cuerpo de mujer que ahora tiene.

Su cabello lacio y castaño, sus ojos zafiros y redondos, sus labios delgados y rosados, sus manos y pies tan finos y pequeños, su figura delgada y esbelta e incluso sus pechos antes planos y sin vida han crecido hasta el punto de haber aumentado una copa más, así como sus caderas y trasero que tanto amo besar.

Sin duda ha cambiado mucho desde aquellos baños y no podía estar más feliz por eso. Estoy muy orgullosa de la mujer en que se ha convertido.


Bañera – Más tarde

La conversación en la bañera fue tan placentera que ni siquiera tuvimos la necesidad de tener sexo en ella. La simple plática con la otra fue más que suficiente para tener un momento agradable, íntimo y placentero.

Salimos de la bañera y nos ayudamos a secar para posteriormente, ponernos nuestros vestidos parasoles y prepararnos para nuestra reservación esa tarde.


Restaurante junto a la playa – Atardecer

Se acerca la puesta de sol y con ella, nos dirigimos a la playa del hotel donde se encuentra un elegante restaurante con vista al mar donde Sara y yo tenemos reservación para cenar esta noche.

La cena es servida en tres tiempos con una ensalada o sopa para empezar, un plato fuerte y un postre para disfrutar mientras los últimos rayos del sol se reflejan en el agua y el oleaje hace armonía con el viento que empieza a soplar.

Es una vista muy hermosa, como de una postal. Cuando el sol se ha ocultado, le pedimos a nuestra mesera que nos tome una foto tomadas de la mano sentadas en nuestra mesa con vista al mar, y otra más de nosotras brindando con nuestras copas y sonriendo viéndonos a los ojos.

Finalmente la mesera nos pide que nos tomemos una más pero esta vez besándonos a la puesta de sol y me parece que esa fue mi foto favorita de todas.

Tal y como se esperaría de una modelo, Sara se ve muy bien en todas las fotos, con ese vestido tan hermoso que la hace ver como la elegante y sexy adulta que es. En verdad hace tiempo que dejó de ser aquella niña que recordaba.


Playa – Esa Noche

El cielo por fin oscurece y tras agradecer a los meseros y cocineras por esa tarde, salimos del restaurante a la playa y contemplamos unos segundos el mar frente a nosotras antes de volver a nuestra habitación.

Los segundos pasan y Sara no se ve con intenciones de irse, así que le pregunto.

– Sara ¿Quieres que volvamos ahora a nuestra habitación?

– Aún no, de hecho si te parece, me gustaría que fuéramos a caminar un rato a la playa ¿vamos?

– De acuerdo, vamos.

Nos tomamos de las manos y dejamos nuestras zapatillas a la orilla de la playa para iniciar nuestra caminata nocturna.

Caminamos descalzas a la orilla del mar, corriendo ocasionalmente para que el agua no nos alcance mientras reímos, aunque igual dejamos que nos moje los pies. Caminamos un buen rato, alejándonos cada vez más del hotel lo cual hace que me empiece a preocupar.

– Sara ¿no deberíamos volver ya?

– Descuida Kaede-chan, esta zona es muy segura, solo quiero avanzar un poco más.

– Uh… esta bien Sara.

Tomándome de la mano comienza a dirigir el camino, hacemos una pequeña vuelta y entonces…

Llegamos a una pequeña cueva escondida a la orilla de la playa, ya adornada con luces, una manta y una pequeña canasta para picnic en el centro de ella.

– Sara, esto… ¿Qué es?

– Es un pequeño servicio extra del hotel, una pequeña cueva para parejas a la orilla de la playa con espacio privado y absolutamente nadie que nos moleste. Lo mandé a preparar especialmente para nosotras ¿te gusta, Kaede?

– Sara… yo…

Estoy tan conmovida al borde de las lágrimas, siento que en cualquier momento me voy a poner a llorar.

Limpio rápido mis mejillas y Sara me lleva con ella.

– Vamos a verla, Kaede-chan.

Entramos a la pequeña cueva apenas ideal para dos personas, hecha con una roca que atrae calor durante el día por lo cual, adentro se siente muy cálido y fresco, casi como estar dentro de un horno que se climatiza con el aire del exterior generando el ambiente perfecto.

Las pequeñas luces están instaladas alrededor. Nos sentamos sobre la cómoda cobija al centro entre la canasta de picnic de la cual Sara saca una botella de vino blanco espumoso y dos copas del hotel.

– Sara, todo esto…

– No te preocupes por esto, es nuestra luna de miel, quiero crear tantos recuerdos juntas como nos sean posibles esta semana ¿está bien?

– Sara – me cuesta un poco aceptarlo, pero – está bien.

Sara me entrega una de las copas con vino y brindamos juntas.

– Por nuestra boda.

– Y el resto de nuestra vida juntas.

Bebemos y observamos el oleaje del mar desde la calidez de nuestra cueva.

El tiempo pasa y somos felices disfrutando del silencio, observando el mar y estando en compañía de la otra. Me pregunto si así se siente estar en una relación casada.

Sonrío al pensar en el largo camino que hemos recorrido juntas.

– Sara ¿recuerdas las tardes que solíamos pasar cuando éramos niñas?

– ¿Cómo olvidarlas? Son los recuerdos más preciados que tengo de mi infancia – dice con una gran sonrisa –mamá y yo solíamos llegar temprano a tu casa para pasar el día y tan pronto llegaba, ibas corriendo a abrazarme y me tomabas de la mano para salir al parque y pasar todo el día corriendo, jugando y construyendo castillos de arena donde yo era la princesa y tú el valiente príncipe que me rescataba.

– Es cierto, solíamos jugar a eso – río al recordarlo, ya no me acordaba.

– Al terminar, nuestras mamás nos llevaban a que nos bañáramos y terminando, solíamos tener nuestras pijamadas leyendo cuentos de hadas, viendo películas y platicando horas hasta caer dormidas.

– Sí, eran noches de ensueño – recuerdo con felicidad.

– ¿A que se debe la pregunta, Kaede-chan?

– A nada, estaba recordando esos días hace un momento cuando nos bañamos y los baños que tomábamos juntas en ese entonces.

– Ah sí, eran muy divertidos.

– Sí, no podía dejar de pensar en lo mucho que has crecido desde ese entonces.

– ¿En el buen sentido?

– ¡En un excelente sentido! Mírate, eres una exitosa modelo con un cabello, rostro y cuerpo… eres una hermosa mujer, Sara. Amo la increíble mujer en la que te has convertido, es todo lo que quiero decir.

– Kaede-chan, me alegra tanto escuchar esas palabras de ti – conmovida – aunque, pienso que Kaede-chan también a cambiado mucho en un gran sentido.

– ¿En serio?

– Así es, has crecido mucho en altura desde entonces, tu cabello se ha vuelto mas largo y sedoso, tus ojos púrpura mas bellos y redondos, tu cuerpo en general es el que más desarrollo ha tenido y… especialmente tus tetas son las que más han crecido.

– ¡Por favor, no digas eso! – cubriéndolas de ella.

– Jajaja tranquila Kaede-chan, estoy jugando, aunque en verdad amo demasiado el tamaño que han desarrollado, son tan grandes y esponjosas, amo demasiado el poder acostarme sobre ellas y que por más que lo intento, no consiga apretarlas por completo con una mano.

– Cielos Sara – muy avergonzada, sonrojada, aunque también contenta de escucharla – a mi también… me gusta el desarrollo que has tenido.

– Te lo agradezco, por mucho tiempo pensé que ya jamás crecerían, y aunque jamás lograrán estar al tamaño de las tuyas, me alegra mucho que hayan crecido lo suficiente – orgullosa de su tamaño.

– Sara – feliz de escucharla.

Volvemos nuestra vista al mar y seguimos platicando.

– ¿Cuál es tu primer recuerdo de mí, Kaede?

– ¿Sara?

– ¿Recuerdas el día en que nací? – no hace la pregunta triste, esta contenta, incluso jugando.

– Yo... no recuerdo el día que naciste, era muy pequeña entonces – después de todo, solo soy un año mayor que ella – y tampoco creo tener un primer recuerdo contigo, desde que recuerdo, tú siempre has estado presente en mi vida.

Sara asiente sonriendo, aunque pienso que no es la respuesta que esperaba oír.

– Lo que sí recuerdo – continuo – es la felicidad que sentía cada vez que mi mamá decía que mi tía iría a visitarnos, porque significaba, que ese día pasaría todo el día con mi prima favorita en el mundo. Eso me hacía más feliz que ninguna otra cosa de niña.

– Kaede-chan…

Sara nota que se me empieza a atragantar la garganta, las primeras lagrimas caen por mis mejillas.

– Y luego nos separamos.

Silencio incómodo. Ninguna de las dos quiere recordar esos largos años de nuestras vidas que se sintieron como una eternidad.

Sara es la primera en hablar, intentando disculparse por haberse ido, pero la interrumpo.

– Kaede, yo…

– No tienes nada de que disculparte Sara, solo éramos niñas, no fue tu culpa que te fueras al extranjero.

– Kaede-chan… – ahora Sara con lagrimas en las mejillas.

– Al contrario, soy yo la que debe agradecerte, Sara. Tú jamás te olvidaste de mí, jamás dejaste de luchar por nuestro amor, te mantuviste firme, perseverante, te convertiste en la increíble mujer que eres para reencontrarme y así, tener la vida que ahora tenemos juntas. Tú nunca te olvidaste de mí, pero yo…

Yo sí olvidé a Sara, el dolor que su partida me causó fue tan fuerte que decidí borrarla, olvidarme que alguna vez existió y me convertí en la chica triste y silenciosa que deseaba no destacar, no quería que me volvieran a lastimar.

De no haber sido por Sara…

Pero eso ya fue hace mucho tiempo, esa historia ya había acabado. Limpio mis lagrimas y volteó con Sara.

– Gracias por haber vuelto por mí, Sara. Gracias por haberme salvado.

– Tú también me has salvado, Kaede-chan, me has salvado en incontables ocasiones, cuando éramos niñas y cuando…

– Han pasado muchos años desde entonces – la interrumpo – ya ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que te salvé.

Sara se pone frente a mí y me aprieta fuerte los cachetes.

– ¡Auch! ¡Sara!

– ¿Cuántas veces tenemos que pasar por la misma conversación? Tú eres mi príncipe Kaede, tú eres mi salvadora, si puedo hacer todo lo que puedo hacer ahora, es solo gracias a ti y a todo el apoyo incondicional que me das. Tú eres mi mayor inspiración para salir y dar lo mejor de mí cada día. Tú me salvas cada día con sólo estar a mi lado.

– Sara…

– Así que por favor, ten un poco más de confianza en ti misma y sepas que te amo con todo mi corazón y siempre te voy a amar. Vamos a seguir salvándonos una a la otra, como lo hemos hecho desde el primer día que estuvimos juntas.

Es cierto, yo siempre voy a estar ahí para Sara, así como ella siempre va a estar ahí para mí. Hemos estado juntas toda la vida, y aunque estuvimos separadas por un tiempo, nuestro amor había perdurado el tiempo y la distancia y ahora estaríamos siempre unidas en matrimonio.

– Has crecido mucho, Sara. Gracias por estar a mi lado. Te prometo seré más fuerte de ahora en adelante.

– Ya eres todo lo que necesito, Kaede. Aunque ahora que estamos casadas, sí necesitaremos ser mas fuertes para todos los retos que vienen por delante, especialmente cuando lleguen nuestros hijos.

– Sara…

Me sonrojo. La idea de tener hijos con Sara era una que me ponía muy nerviosa pero a la vez bastante contenta y emocionada. Sobretodo porque me preguntó ¿Cómo será ese escenario? ¿Tendré que dejar mi trabajo? ¿Será tan pesado como dicen? y ¿Qué pasará si no soy una buena madre?

Se que quiero ser una buena mamá y tener hijos con Sara, pero me pregunto si es consciente de todo lo que ello significa, así que le pregunto.

– ¿Estás hablando en serio? Respecto a… tener hijos.

– Por supuesto que sí, creí que ya habíamos quedado en eso desde antes de casarnos ¿no?

– Así es, yo aún quiero, pero Sara, tener un hijo es algo muy pesado y que conlleva muchísima responsabilidad ¿de verdad crees que estamos listas para eso?

– Kaede – me toma de las manos – creo que uno jamás esta realmente listo para formar una familia. Siempre habrá muchísimos retos y dudas por delante que habrá que superar. Lo que de verdad importa es si una en verdad desea hacerlo y compartir ese trabajo con la otra. Esta bien si necesitas tiempo y el bebé puede esperar para tenerlo, pero si me preguntas a mi lo que deseo, yo deseo hacerlo ¿y tú, Kaede?

Esta Sara ya no es una niña. Es una adulta, una mujer madura y segura en la cual puedo confiar y depender para formar una familia.

Estamos listas, estoy segura de ello y tomando sus manos en las mías, le digo.

– También lo deseo, lo deseo más que ninguna otra cosa en este mundo.

– Kaede-chan…

Nos besamos, un pequeño beso y ligero que poco a poco se va volviendo más húmedo. Nos abrazamos y metemos tanto como podemos de nuestras lenguas en la boca de la otra.

Besándonos, mirándonos frente a frente, Sara se sienta sobre mi regazo y rodea mi cintura con sus piernas atrayéndome hacia ella.

Nos separamos un poco para respirar y vernos directamente a los ojos. Una fina línea de saliva aún une nuestros labios.

– Wow

– Sí, wow.

Respiramos. Siento el palpitar de Sara latir en mi pecho.

– Aunque sabes – continua Sara – el que vayamos a tener hijos, no significa que debamos concebir uno esta noche – Sara ríe.

– Pero quiero hacerlo.

– ¡¿Kaede-chan?! – sorprendida.

– Sara, quiero hacerlo contigo esta noche.

– Kaede, yo… también quiero hacerlo contigo – algo nerviosa, aún sigue conmocionada por mi iniciativa.

– Me alegra oírlo. Entonces ¿esta bien si te pido que te desvistas?

– ¡¿Eh?! Yo… esta bien Kaede-chan.

Sin separarnos ni descruzar sus piernas de mi cintura, Sara toma su vestido por debajo y lo alza sobre sus brazos para retirarlo de manera fina y delicada.

Al retirarlo, lo lanza a un lado en la cueva, quedando casi completamente desnuda frente a mí, excepto por sus pequeñas panties blancas de tela fina, las cuales aún conserva protegiendo su jardín secreto de mi vista.

Es tan hermosa, ni si quiera intenta proteger sus tetas de mi vista dejándolas totalmente expuestas frente a mí.

Sara nota que las estoy viendo demasiado y me dice.

– ¿Te gustan?

– Sara, son tan hermosas, me encantan.

Estoy a punto de llevarme una de ellas a la boca, cuando Sara me detiene y las tapa seductivamente con sus manos.

– No tan rápido Kaede-chan, antes de dejarte probarlas, quiero que hagas algo por mí – sonríe seductivamente.

– Ya veo – sonrío.

Estoy a punto de retirar mi vestido tal y como lo hizo Sara, pero me detiene y dice con una sonrisa.

– Quítate tus gafas, Kaede.

– Sara… de acuerdo.

Quito mis lentes y los dejo a un lado en la cueva.

– Y suéltate tu cabello. Quiero verte tal y como fuiste traída al mundo.

– Yo… esta bien.

Sin quitar a Sara de mí, tomo mi trenza y la deshago cuidadosamente hasta quedar mi cabello suelto.

Al soltarlo, cubre mi espalda por completo y Sara me ve enamorada, como si estuviera ante la presencia de un ángel.

– Tan hermosa…

– Sara…

Nos besamos y continuamos acariciándonos al tiempo que abrazo la espalda de Sara y la beso intensamente primero en los labios, después en el cuello, la garganta, los hombros, el busto y finalmente llego al lugar que tanto había deseado.

Tomo una de sus tetas en mano y llevo el pezón erecto directo a mis labios. Lo empiezo a succionar y lamer como si de una bebé se tratara.

– ¡Aaaaah! Kaede-chan, no tan fuerte ¡Aaaah!

No me detengo, succiono más de su teta haciéndola sentir bien, al tiempo que acaricio la otra con mi mano y Sara atrae mi cabeza hacia ella.

– Kaede-chan, se siente muy bien, me duele ¡Aaaaah!

En ese momento, Sara suelta mi cabeza y mete sus manos en mi vestido, haciendo contacto directo con mis enormes tetas y las empieza a acariciar, frotándolas y pellizcando, tomando tanto como puede de ellas en sus pequeñas manos.

– ¡Aaaah! ¡Sara!

– ¡Kaede-chan! ¡Aaaaah!

Continuamos así por un rato, conmigo lamiendo y chupando las tetas medianas de Sara, y ella acariciando y frotando las mías por debajo del vestido, hasta que ya no puedo más y vuelvo a dirigir mis labios a los suyos para besarnos y dirijo mi mano derecha a su entrepierna.

– ¡Aaaaaah! ¡Kaede-chan!

– Estas muy caliente aquí abajo, Sara. Mi dedo entró muy fácilmente en tu interior.

– ¡Aaaaah! Se siente muy bien, se siente tan bien que voy a… voy a… ¡Aaaaaaaaahhhh!

Sara acaba teniendo un pequeño orgasmo y siento sus jugos salir y resbalarse sobre mi mano.

Se recarga en mi hombro para respirar y la acaricio mientras lo hace.

– Tranquila Sara, respira, me encantó ver tu cara mientras te venías.

– Kaede-chan… yo…

– Descuida Sara, aún es muy temprano, tenemos toda la noche por delante para hacerlo.

– Toda la noche, me agrada, Kaede-chan – sonríe.

A los pocos segundos recupera la respiración y se levanta, poniéndose de pie frente a mí.

– ¿Qué haces Sara?

– No puedo seguir con mis panties puestas, están todas mojadas, mira.

Pone su entrepierna frente a mi, mostrándome sus panties mojadas. El olor que emana de ellas es más que suficiente para volverme a poner loca de feromonas.

– Así que ¡bye bye panties!

Sara quita sus panties y las lanza al otro lado de la cueva quedando totalmente expuesta frente a mí.

La vista que tengo es espectacular.

El cielo nocturno, las olas estrellando contra la arena, y en el centro una hermosa chica completamente desnuda simulando una pose parecida al nacimiento de venus.

– ¡Ahora vuelvo, Kaede-chan!

– ¿Eh? ¡Sara!

Sara sale de la cueva completamente desnuda, con un termo vacío para agua.

Se dirige al mar, recoge algo de agua en ella y regresa a la cueva con el termo lleno.

– ¡Sara! ¿pero cómo se te ocurre? Alguien te pudo haber visto.

– Descuida, nadie pasará cerca de esta zona, recuerda, estamos completamente solas esta noche.

– Pero – me fijo en el termo con ella – ¿Para que trajiste esa agua? Sabes que no podemos beberla.

– Lo sé, pero quería probar esto.

Abre el termo y lo riega sobre mis pies, piernas y partes privadas.

– ¡Kyaaaa! ¡Sara!

– Es un masaje Kaede-chan, permíteme hacer esto por ti.

Sé lo que quiere decir cuando dice masaje, pero aún así la dejo continuar.

– De acuerdo, Sara. Por favor, continua.

– Esta bien, Kaede.

Sara se coloca entre mis piernas y abriéndolas un poco, las empieza a masajear con el agua de mar aún presente en ellas.

Usa sus manos para masajearlas, moviéndolas arriba abajo sobre mis muslos y mis rodillas. Lo más arriba que llega es casi hacia mi entrepierna y lo más abajo que llega es debajo de mis rodillas.

Poco a poco empieza a bajar más hasta llegar a la planta de mis pies y entonces se empieza a alejar.

Puedo sentir mi entrepierna humedecer ante el excitante masaje que me esta dando, esperando que ya pronto pueda empezar a darme placer en la entrepierna, pero su masaje esta lejos de terminar.

Toma mis pies descalzos en sus manos, los levanta y con ellos empieza a masajear su cuerpo, usando sus manos, piernas, estomago y finalmente, coloca la planta de mis pies en sus tetas y con ellos se empieza a masajear.

– ¡Aaaah! Sara ¿Qué crees que haces?

– ¿Te gusta Kaede-chan? ¿Acaso disfrutas de la sensación que dan mis tetas a tus pies y como te masajean? Cielos, en verdad eres una pervertida – sonríe mientras lo dice.

– Sara, ya basta, por favor.

– ¿Ya basta qué? Acaso ¿deseas que me detenga?

– No, yo…

– ¿Qué es lo que deseas?

– Quiero que me beses, ahí.

– ¿Ahí donde? Hay tantos lugares en los que puedo besarte, por favor, se más especifica con lo que deseas ¿en donde deseas que te bese, Kaede?

– Sara – me da mucha pena, pero la excitación es tanta que... – ¡En mi vagina, bésame en mi vagina por favor!

– Me alegra mucho que lo dijeras. Tal valentía merece un premio de mi parte, aunque me tomaré mi tiempo para entregártelo, comenzando… aquí.

– ¡Aaaaaaaaaahhh! ¡Sara!

Finalmente usa sus labios besando las plantas y dedos de mis pies, posteriormente pasa a mis tobillos y de ahí sube poco a poco más arriba hacia mis piernas, mis rodillas y finalmente mis muslos.

Una vez en mis muslos se detiene tras haberlos saboreado y besado una y otra vez hasta casi llegar a mi entrepierna, pero justo cuando pensé que iba a besar mi vagina, se detiene y me dice.

– Kaede-chan ¿podrías quitar tus panties para mí?

– ¡¿Eh?! ¿Qué clase de pregunta es esa?

– Me parece una justa, después de todo, hace rato que ya estoy completamente desnuda y tú aún no te has quitado nada.

Tiene razón, a pesar de que Sara ya se encontraba desnuda, yo aún conservaba tanto mi vestido como mis panties puestas.

Veo a Sara quien esta esperando para besarme y…

– Esta bien.

Tomo mis panties debajo de mi vestido y las deslizo por mis piernas hasta dejarlas fuera frente a Sara.

– Increíble, ahora ¿puedes abrirla con tus dedos?

– ¡¿Eh?!

– Kaede.

– Uh… esta bien.

Sin mas remedio, uso mis dedos para abrir mi vagina, dejando mi interior totalmente expuesto ante Sara.

– ¿Así esta bien?

– Esta perfecta – Sara sonríe al verla frente a ella – Es tan hermosa. Buen provecho.

Mete sus labios entre mis piernas y comienza a besar mi vagina.

– ¡Aaaaaah! ¡Sara!

La lame deliciosamente, usa su lengua para moverse arriba abajo, de izquierda a derecha en su interior, asegurándose de no dejar ni un rincón ahí adentro sin saborear, succionando a su vez tantos de mis jugos como le apetece.

– Los jugos de Kaede-chan, son tan deliciosos, como miel.

– Aaaaah, Sara, no los describas ¡Aaaaah!

Sara continua lamiéndome, besándome, jugando con la pequeña perla arriba de mi vagina y bebiendo hasta tener los labios y la barbilla empapados con mis jugos.

– Kaede-chan… tan deliciosa.

– Sara, no voy a poder más, me vengo, me voy a venir… ¡Aaaaaaaaahhhh!

Al final arqueo mi espalda y atraigo la cabeza de Sara tanto como puedo, al tiempo que mis jugos salen de ella y caen tanto en la manta como en la arena y la boca de Sara. Al terminar, usa sus labios para limpiarla y pasar lo que sobro.

– Estas deliciosa allá abajo como siempre, Kaede-chan.

– Sara, hagámoslo, quiero seguir haciéndolo contigo.

– ¡Esta bien Kaede-chan!

Paso mi vestido por arriba de mis brazos y lo lanzo quedando desnuda con mi amada Sara a mi lado.

Nos acostamos mirándonos a los ojos y sin soltarnos, nos damos placer una a la otra con nuestras manos. Sara dirige su mano a mis pétalos rosados y yo dirijo la mía a los suyos.

Nos masajeamos haciendo énfasis especial en el clítoris de la otra y disfrutando de las muecas de placer de nuestra amada.

– Kaede-chan…

– Sara… Sara…

– Kaede… ¡Aaaaaaahh! ¡Kaede!

Insertamos el primer y segundo dedo en la vagina de la otra, metiéndolos y sacándolos una y otra vez sin alejar la atención del clítoris el cual continuamos acariciando con nuestros pulgares.

– ¡Kaede-chan! Se siente muy bien. Te amo, te amo mas que a ninguna otra persona en este mundo. Quiero estar toda mi vida contigo.

– También yo Sara, se siente increíble, quiero sentirme así para siempre, quiero sentirme así toda la vida contigo y jamás separarme de ti.

– Igual yo Kaede-chan, te amo, jamás me dejes, jamás te alejes de mí, jamás… ¡Aaaaah! ¡Kaede-chan!

No puedo controlarme más y me levanto, poniéndome de rodillas y atraigo la vagina de Sara a la mía, entrecruzando nuestras piernas y sosteniendo la pierna de Sara hacia arriba, chocando mi vagina contra la suya una y otra vez.

– ¡Aaaaah! ¡Kaede!

– Se siente bien Sara, se siente muy bien, estrellar mi vagina contra la tuya es la mejor sensación que existe.

– ¡Kaede! Estas siendo muy dura. Los golpes que da tu vagina a la mía se sienten muy bien.

Sin bajar su pierna, continuo moviendo mis caderas y estrellándome una y otra vez contra ella.

El sonido que emiten nuestras entrepiernas es muy lascivo, pegajoso, nuestras vaginas se vuelven húmedas por la combinación de sudor y jugos que sale de ellas y pronto, el clímax se acerca a nosotras.

– Esto se siente muy bien Kaede-chan, me vengo, me voy a venir.

– Igual yo Sara, ya casi no puedo más.

– Sara, Sara, Sara… ¡Aaaaaaaaaaaahhh! ¡Saraaaaaaaa!

– ¡Kaede-chan! ¡Aaaaaaaaaaaahhhh!

Nuestros jugos salen disparados combinándose entre sí y ambas caemos rendidas recostándonos sobre la manta en la arena.

– Wow, eso fue muy intenso, creo que necesitamos un momento para… ¡Sara!

Sara se levanta y vuelve a unir nuestras vaginas frotándolas una con la otra y haciéndonos sentir muy bien.

– ¡Sara! ¿Qué estás haciendo?

– Aún no hemos terminado, aún no siento que haya quedado embarazada, quiero seguir haciéndolo.

– Pero Sara, espera, apenas acabamos de hacerlo, aún sigo muy sensible allá abajo… ¡Aaaaaaahh! ¡Sara!

Haciendo caso omiso a lo que digo, Sara continua estrellando su vagina contra la mía, haciendo todo el trabajo ella sola.

– Esto es muy cansado Kaede-chan, pero quiero seguirte haciendo sentir bien, vamos Kaede, ayúdame.

– Pero Sara…

– ¡Ayúdame por favor!

– Sara…

La expresión que hace mientras me llama, con la cara llorosa, agotada y lagrimas en los ojos, me recuerda a la Sara que solía ser cuando era pequeña y me pedía ayuda para todo. Yo siempre estaba allí para ayudarla.

Una vez más como cuando éramos niñas, decido ayudar a mi amada prima ante su suplica.

Me pongo en la misma posición que ella y…

– ¡Muy bien Sara! ¡Hagámoslo tan fuerte y duro que seguramente tendremos un bebé!

– ¡Sí! ¡Hagámoslo Kaede-chan!

Nos ponemos en posición de tijeras sobre la manta y ambas empezamos a mover nuestras caderas levantándolas y estrellando una y otra vez nuestra vagina contra la otra.

Tal cuál como si fueran nuestros labios, nuestros labios inferiores se besan una y otra vez en unos besos húmedos y lascivos, llenos de jugos, sudor y mucha excitación.

– ¡Aaaaaah! ¡Kaede-chan!

– Sara, se siente muy bien Sara.

– Kaede-chan, estoy en el paraíso, nuestras vaginas se están besando Kaede-chan.

Nuestro movimiento de caderas es continuo, firme, elevándolas y bajándolas una y otra vez para que nuestras vaginas se besen y nuestros clítoris se rocen.

Continuamos con las tijeras varios minutos, hasta que finalmente estamos agotadas y el clímax cae sobre nosotras.

– Es demasiado Kaede-chan, ya no puedo más, me vengo ¡Me voy a venir!

– Igual yo Sara, estoy en mi límite.

– Terminemos juntas Kaede-chan, hay que terminar juntas.

– Sara, hagámoslo juntas… juntas, juntas, juntas... ¡Aaaaaaaaaaahhhhh! ¡Saraaaaaaaa!

– ¡Kaede-chan! ¡Aaaaaaaaaaaaaahhhh!


Cueva en la playa – Unas horas después

Al terminar, Sara y yo caímos desmayadas por unos 20 minutos y al recuperar la conciencia, nos abrazamos y decidimos descansar un rato más antes de volver a la habitación.

Descansamos abrazadas y mirando al mar, sintiendo el calor de nuestros cuerpos y el palpitar del corazón de la otra.

– Es una noche muy tranquila.

– Sí – sonreímos, en paz.

Escuchamos el oleaje del mar, sentimos la brisa de la playa y nos acurrucamos en la calidez de esta roca deseando que la mañana nunca llegue. Este es un pedacito de tierra para nosotras dos y nadie más.

Noto que Sara se esta quedando dormida en mis brazos, tal cual como cuando éramos niñas, así que le pregunto.

– Sara ¿Quieres que volvamos ahora a nuestra habitación?

Adormilada, Sara apenas voltea a verme y me responde.

– Prefiero quedarme acurrucada aquí contigo, Kaede-chan – sonrío.

– Muy bien, en ese caso.

Tomo de la canasta de picnic una cobija del hotel para cubrirnos, y al hacerlo le doy un pequeño beso en los labios.

– Buenas noches, querida Sara.

– Buenas noches, Kaede.


Bonus Short Story – Unos meses después

Es una tarde soleada en los suburbios, el sol se encuentra a unas horas de ocultarse y en ese momento, Sara llega a casa con una bolsa de comida tras un día de trabajo.

– ¡Ya volví Kaede-chan! Traje la comida para hoy.

– Sara, me da mucho gusto que estés de vuelta.

– También me da gusto verte, Kaede-chan.

Nos besamos felices de vernos y Sara dirige su atención a mi panza de embarazada.

– También me da mucho gusto verte a ti, pequeña.

– O pequeño, aún no estamos seguras de lo que vaya a ser.

– Lo sé, pero me agrada la idea de pensar que será una niña, especialmente si son dos ¡¿te imaginas si fueran gemelas?!

– Oh vaya, sin duda tendríamos mucho más que hacer y el doble de amor que repartir.

– Sí, pero estoy segura de que podríamos, ya que tengo a la mejor esposa conmigo.

– Pero Sara, eso no puede ser verdad.

– ¿Uh? ¿Por qué no?

– Por que yo ya tengo a la mejor esposa de todo el mundo, Sara.

– Kaede-chan.

Nos volvemos a besar, felices de estar con la otra.

Sara se inclina frente a mi panza, la descubre y le dice.

– Eres muy afortunada, cuando nazcas, tendrás a las mejores dos mamás del universo para cuidarte. Ella y yo nos amamos, nos hemos conocido toda la vida y nunca, nunca te dejaremos sola. No podemos esperar a conocerte. Te amamos, mi pequeña.

– Sara.

Se vuelve a poner de pie, nos miramos y me dice.

– Gracias por compartir tu vida a mi lado, Kaede.

– Gracias a ti por ser mi esposa, Sara. Te amo, siempre.