Sorpresa
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Shinichi vistió cuidadosamente sus manos con unos guantes de látex con el fin de no enturbiar la escena del crimen o cualquier objeto que pudiese servir como pista o prueba de este indescifrable asesinato, y recorrió el lugar de los hechos con el ceño fruncido por la concentración. Al ingresar a aquella residencia, de inmediato notó que todo en su interior se veían pulcro y ordenado, como si nada ahí hubiese pasado, lo que contrastaba con la evidente figura de una mujer asesinada que reposaba sobre la silla del comedor. Si no fuera porque se trataba de un experto en los estudios forenses, ante cualquier ojo común, pudiese parecer a simple vista que aquella joven que ahí se mostraba sentada solo se encontraba profundamente dormida luego de una pesada comida o un cansador día.
Pero todo esto ocultaba algo más allá que una muerte natural o un suicidio, como podría aseverar cierto detective poco profesional que tenía como suegro. Claramente estaba emparentado a una serie de muertes por envenenamiento que ha estado aterrorizando a Tokio durante los últimos dos meses.
Sintió que su teléfono móvil vibraba en el interior del bolsillo de su pantalón. Lo sacó sigilosamente y vio en el identificador de llamadas que era Ran. Hubiese querido contestarle de inmediato, ya que odiaba preocuparla, pero en consideración de lo delicada de la situación y de la escena en la que se encontraba, decidió en su lugar enviarle un mensaje indicándole que la llamaría más tarde.
Luego retomó a su trabajo, y revisó el cuerpo con sigilo, tratando de no pensar que esa mujer hubiese podido ser Ran, considerando de la similitud de todas las víctimas, como si tuviera un perfil claramente establecido. Notó en sus labios que lo último que había hecho la víctima era beber un te de la taza que reposaba burlonamente sobre la mesa frente suyo. Pasó su mirada de la mujer a aquella taza y la revisó cuidadosamente. Miró su interior logrando percibir cierta turbiedad en su contenido acuoso que evidenciaba que una sustancia había sido introducido en el te.
El detective solicitó a los forenses que se investigara el contenido del te y luego de un rato, obtuvo el resultado que estaba esperando: era Tylenol. Alguna persona macabra había introducido y disuelto cápsulas de tylenol en la bebida de la víctima. Ello podría haber pasado como un simple suicidio sino fuera porque han habido más de veinte casos iguales en los últimos meses. Claramente no era casualidad, sino que había un despiadado asesino serial que utilizaba el mismo método de asesinato, rondado por las calles de Tokio.
—¿Hola, Ran?—le devolvió la llamada Shinichi una vez hubiesen salido de la escena del crimen. —Me llamaste.
—Shinichi, ¿Cómo estás? ¿Es verdad que es otra víctima de aquel asesino serial?—preguntó Ran con congoja en su voz. Por supuesto, su corazón amoroso no pensaba en el potencial peligro para ella que esto pudiese significar, sino en la preocupación de la seguridad de Shinichi y en la tristeza que le generaba todas esas mujeres asesinadas. Diferente era el caso del detective, quien a pesar de mostrarse con una actitud casual ante estas escenas, secretamente tenía temores acerca del peligro al que podría ver expuesta la mujer que más amaba. Las víctimas eran mujeres jóvenes, con un físico muy parecido al de su prometida. Y si a eso le sumaban que se trataba de la novia del detective quien investigaba el caso, los peligros podían multiplicarse.
—Así es, Ran —respondió éste con tono casual fingido. —Pero no tienes de que preocuparte, ya lo estamos resolviendo.
La mujer no se vio muy satisfecha con su respuesta, pareciéndole de lo más molesto cuando Shinichi no quería contarle todo por no preocuparla. Ella siempre estaba con él en casi todas sus escenas, siempre a su lado, pero a veces a Ran le costaba entender que él se horrorizaba pensando que algo le pasara en el camino. Pero considerando que el motivo de su llamada era otra, prefirió obviar el hecho.
—Y supongo que con todo esto lo olvidaste, ¿no es cierto?—dijo Ran con una tonalidad severa en su voz. Shinichi tragó saliva, temiendo qué era lo que había olvidado, contemplando que ello le pudiese generar algún problema con ella. ¿Alguna salida prometida? ¿El cumpleaños de Ran? ¿Su aniversario de novios? Rayos, ¿Qué podía ser? Él lo tenía todo escrito en el calendario de su móvil. —Lo sabía, olvidaste que hoy es tu cumpleaños.
El detective suspiró aliviado. De entre todas las opciones, este olvido era el menos importante de todos. Su cumpleaños era irrelevante para él, y como era su propio cumpleaños, tampoco tenía la obligación de cumplir con sí mismo. Su novia no creía lo mismo, recriminándole que su cumpleaños era importante. Shinichi pensaba con inocencia que sería más lindo se le dijera que el cumpleaños de Shinichi es importante para ella. Quizás ahí empezaría a valorar más esta fecha.
—Qué lástima que no te interese tu cumpleaños—dijo Ran desde el otro lado de la línea. —Yo que te tenía una pequeña sorpresa—agregó con voz ronca, suave y con atisbos de leve timidez.
Podía estar loco. Quizás eran sus propios deseos jugando con su cabeza. Tal vez era su aun espíritu joven e inocente que se emociona con cualquier palabra suave que Ran le dice y se alegra ante cualquier cosa relacionada con ella. Pero estaba casi seguro que ese tono de voz en Ran no podía ser otra cosa que... Cielos, imágenes de aquel conjunto pequeño y rojo de ropa interior que le habían regalado a Ran hace unas semanas recorrió su cabeza, y rápidamente saltó de eso a una película entera de Ran utilizándolo para él. Y de él mismo sacándoselo.
Se rascó su cabeza con ansiedad, deseando poder calmar sus pensamientos. Pero estaba siendo inútil. Rápidamente su mente pasó de estar absorbida por el misterioso caso de asesinato serial y el miedo a que a Ran pudiese sufrir un destino similar, a ella misma utilizando un pequeño conjunto rojo. Solo podía pensar en la buena noche que podrían pasar en unas horas más, lo que le hacía pensar que desde hoy podría empezar a gustarle su cumpleaños y esperar con ansiedad la llegada de esta fecha cada año.
Y no era como si no lo hicieran a menudo. Pero era totalmente diferente tener una noche en la que Ran se la dedicase a él. Y usara aquella sexy ropa interior la cual había estado en sus pensamientos desde que se la vio en la cajonera de su habitación común.
Pero tenía que enfriar la cabeza ya que aun tenía toda una tarde de trabajo por delante. Aun quedaban largas horas para poder visualizar aquel deseada sorpresa de cumpleaños de Ran.
Tragó saliva ante estos pensamientos tentadores, y retornó su cabeza al caso. Aun con aquel conjunto en su cabeza, se dispuso a observar cada detalle del lugar con ojo objetivo y perspicaz, y a pesar de sus deseos ocultos, se mostró duro e impoluto mientras interrogaba a las últimas personas que había visto a la víctima antes del suceso.
Era frustrante pensar que ya llevaba dos meses investigando esta serie de asesinatos, y aun no lograba dar con el responsable. Su orgullo de detective se veía mermado ante su imposibilidad de resolver este caso complejo y difícil. Y por cierto, no hacía más sencilla su labor el saber que su novia le esperaba en casa con una sorpresa de cumpleaños de esa naturaleza.
Por ello, aun con esa pequeña molestia de no poder conseguir llegar a la verdad, en cuanto revisó la hora en su teléfono y corroborar que ya se acercaba la hora acordada para llegar a casa y recibir la sorpresa de Ran, lo que estaba por seguro que le haría olvidar cualquier frustración detectivesca. Y teniendo solo eso en mente y con los pensamientos de poder satisfacer lo que él había estado construyendo durante la tarde, se marchó del lugar temprano, a pesar de que todavía no había podido llegar a la resolución del caso y se fue directo hasta su casa, en donde su novia le esperaba. Después de todo, no debía preocuparse considerando que se trataba de un caso de asesinato serial que se ha extendido por meses, y en consideración de que es su cumpleaños y del regalo que le aguarda, suponía que la policía podía encargarse del resto de la recopilación de los hechos de este desafortunado asesinato. Él ya tenía otra cosa en mente.
Con manos ansiosas debido a la emoción de la expectación, ingresó las llaves en el automóvil y se dirigió derecho hasta su casa en donde vive con Ran. Desde a mediados de la época universitarias que ambos viven juntos, en un apartamento de residencias para universitarios, y ya habiéndose graduado ambos se mudaron a la mansión Kudo, la cual los padres de Shinichi la acondicionaron para que residieran ahí la joven pareja.
Abrió la puerta de casa con poca delicadeza, topándose, al ingresar de lleno al comedor, una mesa elegantemente decorada, con un mantel blanco e inmaculado, platos dorados, y dos velas encendidas, las cuales regalabas un aura romántico y misterioso a su alrededor. Shinichi sonrió con ternura al notar lo mucho que se había esmerado, y lo mucho que ella desea recalcar la importancia de su cumpleaños, pese a que para él es irrelevante. Suponía que si para ella era importante, para él también debía serlo. ¿Cómo no iba a amar a esa mujer?
Giró su cabeza hacia abajo, y allí, sentada en una de las sillas, dormía profundamente Ran, mientras le esperaba. Éste se quedó por un momento contemplando su rostro dormido, como si fuera adicto a ella, encontrándola bella y dulce, pero luego se sobresaltó al entender que el hecho de encontrarla dormida significaba que se había quedado dormida esperándole. ¿Quizás se demoro más de la cuenta? Odiaría haber llegado tarde a casa justo cuando ella había preparado todo esto. Se arremangó la camisa, dejando al descubierto su reloj de muñeca, y para su alivio, al corroborar la hora, pudo constatar que solo eran las seis de la tarde, y que una tardanza de él no era la razón para que estuviera dormida. Ahora que lo pensaba, era muy extraño que ella estuviera tan cansada a estas horas, incluso cuando había trabajado todo el día. Ella no suele ser así. Ran pareciera siempre tener energía para realizar múltiples actividades en el día.
De pronto, notó que la mano de Ran se encontraba posada sobre la mesa inmóvil y que ésta sujetaba levemente una taza con te en su interior, e imágenes fugaces acerca de aquella víctima de hace unas horas atrás de vinieron a su mente. De aquella mujer asesinada de envenenamiento con tylenol disuelto en su taza de te, similar a las decenas de otras víctimas con perfil similar al de esa mujer, y como la imagen de Ran ahí eran tan semejantes al de esas víctimas que habían sucumbido ante aquel fármaco.
Si bien entendía que todo ello podía no ser más que su cabeza jugando cruelmente con sus miedos, con una punzada de terror, se acercó a zancadas hacia donde ella se encontraba en una posición de inconciencia, y la zamarreó con violencia: "Ran, despierta"; "¡Ran!"; "¡RAN!".
Pero para su tranquilidad, el ruido de sus gritos llamándola le hizo moverse entre sus brazos y abrir poco a pocos los ojos.
—Shinichi...qué pasa...por fin llegas... ¿Qué son todos esos gritos?
Él lanzó un gran suspiro de alivio, y la miró intensamente, con una leve sonrisa cálida, como si deseara contemplarla por la eternidad.
—No es nada, Ran, solo que ya era hora de que quitaras esa cara tuya que pones cuando duermes, ¿es mi cumpleaños, sabes?—respondió él con una broma, y ella solo se limitó a dejar caer un "jum" de su boca mientras se levantaba de la silla y bostezaba un par de veces más. —Gracias, por todo—agregó luego éste mientras indicaba toda la mesa y le daba un pequeño beso en los labios.
Ya con el ánimo tranquilo, abrazó a Ran por la espalda, mientras ésta hablaba sin parar acerca de la importancia de su cumpleaños y los preparativos que había estado haciendo para ello. Mientras caminaba junto a ella, no pudo evitar notar que una gran caja rectangular se mostraba coquetamente sobre una de las sillas, reconociendo que se trataba de la caja que en su interior contiene ese anhelado conjunto pequeño y rojo con el cual ha soñado despierto toda la tarde. Así que ese era en efecto era su sorpresa. Pero, al mismo tiempo, no podía evitar notar lo mucho que su chica bostezaba y lo muy cansada que se veía.
—Por cierto, Ran, ¿Por qué estás tan cansada?—le preguntó con tono preocupado mientras fruncía el ceño. Ella de inmediato sonrió con mirada tranquilizadora, y mientras volvía a encender con un fósforo de la cocina las velas que se habían apagado, como si quisiera demostrar que nada de los planes ha cambiado, con un tono despreocupado, aun bostezando periódicamente, como bajando el perfil al asunto, explicó que simplemente había tenido mucho trabajo, luego había ido a entrenamientos de karate en donde ella es la líder del centro de entrenamientos y en donde había tenido una ardua labor, y que de camino a casa, presenció un gran accidente en la avenida Beika, por lo que, por supuesto, decidió detener su camino, y ayudar en el rescate de las personas que habían quedado atrapados en el vehículo.
—Pero eso no es nada—prosiguió rápidamente Ran, aun con una sonrisa en su rostro. —Tengo una fuerza de hierro, tú sabes, nada me detiene.
Él la observó con mirada suave, pensando cómo ella, la verdadera heroína de esta casa, le había llamado durante el día planeando su cumpleaños, aun teniendo muchas cosas por hacer.
Se sentó mansamente en el comedor, comiendo todo aquello que Ran traía a aquella romántica mesa, todo delicioso por cierto, como siempre, mientras reflexionaba acerca de la maravillosa mujer que tenía su lado, y mucha suerte que pudo tener un detective nerd obsesionado con los casos como él.
—Está bien, Shinichi —dijo de pronto Ran en cuanto ésta hubo acabado su último bocado, con un nuevo bostezo ahogando sus palabras. —Te tengo una sorpre...
—Oh, Ran, estaba pensando podríamos sentarnos al sofá y ver una película—la interrumpió casualmente su novio detective, sin dejar que terminara su frase, mientras estiraba sus brazos perezosamente en el aire, fingiendo cansancio. —Escuché que darán por televisión una de esas películas románticas que te gustan.
Aun tenía en su mente el conjunto pequeño y rojo con el cual soñó toda la tarde, y aun deseaba vérselo puesto frente a sus ojos, pero sería aun más placentero para él el saber que éste podría asegurarle un apacible espacio de confort y descanso, y tenía la seguridad que este panorama se acercaba más a lo que el cuerpo de Ran podría aceptar en esta noche. Ella le devolvió la vista con un brillo en la mirada, como si no hubiese podido escuchar un plan más entretenido, y luego de insistir acerca de si no quería ver su sorpresa, éste le replicó con firmeza que en un día como hoy, no podría haber mejor regalo. Que ambos estaban cansados.
Sin insistir nuevamente, ambos se dejaron caer sobre el cómodo y frondoso sofá ubicado frente al televisor y lo encendieron mientras Ran ubicaba su pequeño y menudo cuerpo sobre el de Shinichi, y acomodaba su cabeza en su hombro. La sensación del cuerpo de Ran y su cariño, posada sobre él, le hizo sentir una sensación de calidez y bienestar que pocas cosas podrían tenerlo. Era un ambiente de amor y placidez que le hacían olvidar, por un momento, la felicidad que le pudo traer el tener una noche de placer y pasión con la eternamente mujer de sus sueños.
Miró hacia la ventana, en donde se podía evidenciar que hace unos instantes había comenzado a caer la lluvia con gran intensidad, pudiéndose escuchar cómo las gotas chocaban ruidosamente sobre el cristal de la ventana y que, a pesar de que se acercaba el verano, el frío se colaba por una pequeña abertura de la ventana. Luego giró su mirada hacia Ran, quien aun tenía su cabeza reposada sobre su hombro, notando que se había quedado profundamente dormida. No le extrañaba que hubiese caído en los brazos de los sueños tan rápido luego de haber escuchado todo por lo que había tenido que pasar durante el día. Él sonrió con ternura al ver su bello y pálido rostro dormido tan cerca de él, y luego de contemplarla por unos instantes con adoración contenida, decidió ponerse a leer un libro con su chica acurrucada sobre él. Era uno de medicina forense, específicamente el que trataba acerca de los diversos fármacos que podían ser utilizar cómo método de asesinato que no dejara huellas o pistas. Suponía que estar en esta aura de felicidad doméstica le podría abrir su mente más de lo que había podido alcanzar durante este tiempo de investigación.
Pero olvidaba que ella era el objeto de su distracción y turbación de espíritu.
De pronto, no se dio cuenta de la rapidez de cómo había transcurrido la película, debiendo admitir secretamente que, de lo poco que había visto, no había estado del todo malo, apareciendo frente a sus ojos el noticiero de medianoche. Cerró momentáneamente su libro y fijó su mirada nuevamente sobre el televisor, esperando poder enterarse de los nuevos casos que pudieron haber surgido durante la noche. Nunca eran suficientes casos para él. Pero grande fue su sorpresa cuando la primera noticia en ser presentada fue la del asesino serial, que había asesinado a más de veinte chicas con tylenol, se había entregado a la policía. No indicaron las razones para esta sorpresiva actitud por parte del criminal, pero era un hecho de que el caso estaba resuelto. Y que él, Kudo Shinichi, el mejor detective del nuevo siglo, no lo había podido resolver. El criminal se había salido con la suya, y él no lo había atrapado.
Un torbellino de emociones confusas invadieron su cabeza. Por supuesto, el que el despiadado asesino estuviera por fin tras las rejas, pagando por sus crímenes y sin poder hacer daño a nadie más, era bueno. Pero su orgullo detectivesco hacía que una pequeña punzada de molestia le invadiera, al entender que él no había podido llegar por sí mismo a la verdad de este caso. Era como si se tratara de una derrota, una investigación inconclusa y fracasada, en la que él no había podido resolver el puzle. Como si su adrenalina de resolver un caso se viera cortada y truncada.
Volvió a mirar a Ran, quien ya se encontraba en las profundidades de sus sueños, durmiendo plácidamente sobre él, y su rostro sincero y apacible le hizo recordar la verdad de todo. Porque estar así, vivir esta escena, lo volvía a la realidad de lo que verdaderamente importaba. Que saliera la verdad a la luz, sea de quien viniera. Porque solo había una verdad. Todo lo demás, no importaba.
Además, qué demonios podía importar no ser el quien descubría el asesino, teniendo al sujeto que, de alguna manera pudo acercarse a Ran y hacerle daño. Eso era lo único que podía realmente ser de relevancia para él. Suspiró aliviado sabiendo que ahora su chica no tenía nada que temer, mientras lentamente sucumbía él también ante el sueño mientras se abrazaba al cuerpo de Ran y le acariciaba suavemente su espalda hasta dormirse cálidamente.
Suponía que otra noche podrían probar las delicias del paraíso con Ran utilizando por fin aquel sexy conjunto rojo.
