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En las profundidades.

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Anexo. Negro infinito.

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Por: Xeina Phi.

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Lo primero y lo último que recuerdo es el denso color azul a mi alrededor. No como el de mis ojos, más bien un azul intenso que casi bordeaba en el negro, profundo y frío.

Inmisericorde, al igual que él.

Recuerdo el sabor del agua salada en mis labios, la angustiante sensación de asfixia, la espuma de mar que azotaba contra las rocas cuando la marea subía y las olas parecían romper el cielo.

Y aquella sensación opresora y viscosa cerniéndose a mi tobillo…

Como muchas noches, me desperté con la respiración agitada, el pulso en los oídos y una extraña sensación de desasosiego en el pecho.

Deslicé mis dedos entre mis cabellos rubios, tratando de mitigar inútilmente los temblores en mi cuerpo.

Los recuerdos de aquel fatídico día acudían a mí con más frecuencia de la que me gustaría admitir. El día en que morí ahogado en el mar salvando la vida de Haku. El día en que me encontré por primera vez con esos orbes negros y misteriosos que me arrastraron a los abismos de lo desconocido.

No pude evitar reír por lo bajo, a la vez que me reprendía por mi falta de autocontrol.

«Sí que eres tonto, Uzumaki. Ya deberías estar acostumbrado a tu perpetuidad»

Y sin embargo, aún me extrañaba el hecho de que tuviera todos aquellos malestares físicos. Podría sonar paradójico, pero esta afección de permanente agonía me hacía sentir vivo.

—¿Tuviste una pesadilla? —inquirió a mi lado una voz serena, grave y profunda.

Me incorporé y negué con la cabeza esbozando una sonrisa afable. Por momentos olvidaba que no podía hablar bajo el agua. Y aquello me frustraba sobremanera, yo siendo un joven tan locuaz; tenía que conformarme con ver disueltas mis palabras en un sinfín de burbujas. Porque eso era lo único que escapaba de mis labios cada vez que intentaba articular palabra.

Aquel ser divino, cuyo torso era el de un hombre, que tenía por piernas unos largos y membrudos tentáculos al igual que un pulpo, me atrajo a su cuerpo envolviéndome con sus extremidades. Sus manos níveas se deslizaron afanosas a través de mi pecho hasta llegar a mi barbilla.

—¿Por qué no haces algo más entretenido que dormir? —ronroneó mientras recorría con su habilidosa lengua la comisura de mis labios.

Mi piel se estremeció ante su contacto, me deslumbré por su imponente atractivo. Por las facciones de su rostro, tan finas, pero tan viriles al mismo tiempo.

Lo más desconcertante era que cada vez que estábamos juntos, me sentía más endeble y raquítico. Era como si se me fuera la vida, aunque ya estuviera muerto.

Quizá fue ese razonamiento el que me impidió dejarlo. Porque todo en él me seducía, su sola voz, su mirada que parecía desnudarme. Lo deseaba de una manera casi enfermiza, necesitaba sentirlo, escuchar sus gemidos de placer, estrujar entre mis dedos su piel sedosa que parecía blanco mármol.

Y eso fue mi perdición.

—Sasuke —jadeé excitado, aunque nuevamente lo único que salió de mi boca fue una burbuja.

No eran necesarias las palabras, ya que él y yo nos comunicábamos por telepatía. Y al parecer nuestros cuerpos también.

Lo tomé por la mejillas, estrellando mi boca contra la suya en un fervoroso beso. Mis labios se fueron deslizando por su cuello y clavícula, hasta llegar a sus fuertes pectorales que no dudé en mordisquear, no me detuve hasta que sus pezones estuvieron erizados, hasta escuchar sus gruñidos lujuriosos.

Pronto advertí como las ventosas se empezaron a adherir a mis piernas y muslos, despojándome de mi bañador. Sasuke me tomó por las muñecas, inmovilizándome de ese modo.

Una sonrisa socarrona y febril se dibujó en su rostro. Su lengua se abrió paso en mi cavidad bucal, devorando y conquistando todo a su paso; las garras que tenía por uñas se encajaron al igual que ganchos a mis hombros. Pude percibir como una de sus numerosas extremidades asía mi abultada entrepierna, moviéndose arriba y abajo en un estimulante vaivén.

Oh, Dios.

La textura tersa y lisa del tentáculo cerniéndose cada vez con más fuerza sobre mi punzante erección me hizo enloquecer. Gruñí extasiado al saberme maniatado, indefenso y a completa merced de Sasuke.

Sus uñas afiladas empezaron a desgarrar mi espalda, sentí como mi piel se hacía jirones, y en ese momento nada podía importarme menos.

El dolor mezclando con el placer borró cualquier atisbo de cordura de mi cabeza, incluso cuando vi mi propia sangre flotando, mezclándose con el agua.

En ese momento solo existió Sasuke, mientras sentía los espasmos azotando mi cuerpo al correrme. Gemí enardecido al apreciar como mi amante se engullía mi hombría, bebiendo mi semilla con avidez. No sabía exactamente como, pero Sasuke siempre se corría a la par que conmigo, porque también lo escuchaba gruñir excitado.

Mi cuerpo casi siempre convulso, preso del placer, me obligaba a echar la cabeza hacia atrás. Pero en esa ocasión quise ver el rostro de Sasuke.

Y deseé no haberlo hecho.

La visión que tuve ante mis ojos me erizó la piel. Un criatura de piel cetrina y viscosa; con extrañas y repulsivas protuberancias era la que se hallaba entre mis piernas. Lo que parecían ser sus labios, no era más que una cloaca de aspecto gomoso y denso. Su pelo de un color verde oscuro era largo y revuelto.

Mi quijada se desencajó, quise gritar, intenté removerme, patear. Lo que sea para quitarme a esa horrenda criatura de encima, pero estaba totalmente inmovilizado.

Mis ojos se aguaron, ¿qué quería ese monstruo de mí si ya se había llevado mi vida?

Las pocas fuerzas que tenía me abandonaron de a poco. La cabeza me daba vueltas. Aún así, no dejé de luchar, no le daría a ese bastardo la satisfacción de verme derrotado.

Cuando la criatura finalmente alzó la vista, sus ojos se tiñeron de un intenso color rojo al igual que la misma sangre que corría por mis venas, sus pupilas líquidas pronto empezaron a girar frenéticas y un patrón parecido al de un caleidoscopio se dibujó en su mirada.

El pánico y el horror me petrificó en un instante. No podía apartar mi mirada de esos siniestros ojos que parecían destellar en la profundidad del océano, al igual que dos llamaradas.

Me perdí en sus fuegos fatuos.

Y entonces los vi. Todas las almas de los niños nadando, bailando alrededor del palacio de coral. Hubo algo inquietante y macabro en sus miradas, en sus sonrisas torcidas que dejaban a la vista sus hileras de dientes sarrosos.

Sus voces distorsionadas y chirriantes resonaron en mis oídos.

"Morirás si lo dejas.

Y morirás si te quedas.

Tú eres la vida."

Finalmente Sasuke me soltó, mi cuerpo laxo cayó sobre una superficie rocosa. Y constaté con tristeza y dolor, que aquel hermoso palacio de coral no fue más que una burda ilusión. Que en realidad nunca dejé la oscuridad de esa cueva a donde fui arrastrado.

Quise moverme, pero apenas podía mantener los ojos abiertos. Sentí que hiperventilaba, nuevamente la agobiante sensación de asfixia atenazaba mi pecho.

Percibí las garras de Sasuke deslizarse sobre mis mejillas y respingué alarmado. Cuando finalmente lo tuve a mi vista, había recuperado su forma semi-humana, y por primera vez pude apreciar ese halo gélido que parecía envolverlo, sus dientes astillados y amarillentos, los colmillos que sobresalían amenazantes de sus labios.

—¿Acaso fue demasiado para ti, miedosito? —inquirió con una voz inusualmente tranquila, esbozando una maliciosa sonrisa—. Me moriría sin ti —dijo acercándose a mi rostro hasta que nuestras narices chocaron, hasta que nuevamente me tuvo en la mira.

Me escrutó con esos ojos perversos, los tomoes en sus pupilas sangre comenzaron a girar nuevamente en una danza fúnebre.

En ese instante, durante aquella epifanía, me di cuenta de la realidad. De alguna manera, Sasuke me había mantenido con vida. Pero ahora estaba agonizando, empezaba a tener convulsiones y mi respiración era cada vez más errática.

—Desde que eras un niño te deseé —me reveló mientras su rostro empezaba a deformarse—. Pero tenía que esperar a que tu esencia madurara. Fue por eso que te salvé, Naruto —se me heló la sangre al escuchar esa voz gutural y tétrica, que en nada se parecía a la voz del Sasuke que conocí.

Su cuerpo empezó a mutar frente a mi atónita mirada, revelándome la verdadera forma de esa criatura.

Un pulpo negro gigante de textura viscosa y verrugosa se alzaba ante mí. El único globo ocular que se mostraba era una masa gelatinosa teñida en carmesí, con el escalofriante patrón del caleidoscopio.

Haciendo acopio de la poca fuerza que me quedaba, intenté huir, pero fue inútil.

Un profundo alarido en forma de burbujas escapó de mi garganta, al percatarme de que los gruesos y verrugosos tentáculos se cernían a mi cuerpo. Ese monstruo me comería sin compasión alguna, temblé sin poder impedirlo mientras sus ventosas recorrían mi cuerpo moribundo.

Sin embargo, nada pudo haberme preparando para lo que ocurrió.

Uno de los tentáculos empezó a masajear mi falo (que para ese momento estaba flácido) y mis testículos. Y otro más tanteaba en mi orificio anal. No pude evitarlo, mi cuerpo reaccionó a su contacto sin importar lo mucho que me negara. Las lágrimas brotaron de mis ojos, copiosas y diluidas en la inmensidad del mar.

El Leviatán continuó un buen rato, torturándome a la vez que me proporcionaba placer.

Empezaba a perder la conciencia, mis entrañas se contraían. Tuve que morderme los labios con la poca fuerza que me quedaba, el sabor metílico de mi sangre llenó mi paladar al mismo tiempo que derramaba mi semen.

Fue en ese momento, que el pulpo dejó al descubierto un saco de huevos. Mis ojos se abrieron horrorizados, eran decenas de ellos, de un color blanco, casi transparentes, recubiertos por una asquerosa membrana.

Y todo tuvo sentido.

Me necesitaba para aparearse.

Hubiese querido hacer algo para poder prevenir a mi pueblo de la terrible tempestad que se avecinaba. Pero era demasiado tarde, las extremidades del gigantesco cefalópodo se extendieron descomunalmente. Sentí como el pico se abría paso por mi esternón, desgarrando mis músculos. Las ventosas ejerciendo una presión indescriptible sobre mi cuerpo, el crujir de mis huesos al quebrarse. El sonido de mi propia carne siendo masticada en medio del apabullante dolor, y la sangre que se derramaba por las comisuras de mis labios.

Mi vista se tornó borrosa, mis párpados parecían de plomo. Poco a poco fui cerrando los ojos, abandonándome al vacío, en el negro infinito de mi propia muerte.

Fin.

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Notas:

Este es un breve anexo de la historia original; "En las profundidades", escrita por Lila Negra (pueden encontrar la historia en su perfil de Fanfiction).

Realmente me sorprendería si la historia no resultó confusa, si no leíste primero la historia de Lila. La recomiendo mucho.

Estas notas son para aquellos que hayan leído el relato de Lila.

Pues no era pulpo, era pulpa jejejeje. Quise darle un sentido a la relación de Naruto y Sasuke; y si bien no resolví exactamente el origen de esa criatura, pude aclarar el porque necesitaba de mi rubio y revelé su verdadera naturaleza.

Espero que este intento de relato de terror no te haya causado muchos dolores de cabeza. Y que por lo menos lo hayas encontrado entretenido de leer así como lo fue para mí el escribirlo.

Te juro en verdad que Naruto es mi personaje favorito, pero me temo que desarrollé un gusto insano por matarlo.