Con el pasar de los días Sheldon reemplazó sus enciclopedias de física por ejemplares de autoayuda con bebés: Guías de paternidad, cuidados de un recién nacido, como cambiar a un bebé en cinco pasos sencillos y muchos más con referencias infantiles. Su habitación había sido provista de una cuna, un ropero y una mesita en donde se ponía la fórmula, el agua caliente y toallas húmedas.

Como él no trabajaba a horario normal con la ayuda de su madre instaló en la planta baja una oficina para dar asesorías a aquellos que iniciaban en la búsqueda de empleos en universiades cobrando una pequeña cantidad de dinero.

El esfuerzo que todos ponían le alivianaban la carga del trabajo y de su paternidad pero no quería seguir así, sentía qué se estaba aprovechando de todos y tomando una decisión una noche luego de acostar a Jane de seis meses decidió hablar con su familia.

-Me mudaré- Informó, Mary se levantó del sofá como si un resorte le hubiese pinchado el trasero pero él le pidió silencio con la mano cuando la vio abrir los labios. -Creo que es tiempo de organizar mi vida.

-¿No estás satisfecho como estamos?- En lugar de verla feliz, Mary mostró en su rostro la creciente tristeza.

Sheldon un tanto desconcertado prosiguió.

-No es eso madre. Me temo que los he arrastrado a todos con mi bebé...

-Mi sobrina y su nieta- Interrumpió Missy posando sus manos en los hombros de su madre. -Estamos muy contentas apoyándote Shelly.

-Ustedes han dejado sus cosas por Jane y yo. Mamá no puede trabajar en la secretaría de la iglesia por cuidarla y tu Missy has cancelado varias citas por quedarte con nosotros...

-Lo hacemos con gusto- Interrumpió su gemela sonriente. -A mi me alegra tenerlos aquí, me gusta cuidar de Jane... mira hoy compré está pulsera de plumas de pavo real, obvio son falsas pero los colores son muy bonitos. ¡Hasta le grabé su nombre!

Sheldon vio en una parte brillante el nombre de su hija en negro. Detenidamente observó a su hermana y a su madre esperando ver alguna señal que le indicara que si estaban siendo amables ó si de verdad sus palabras eran sinceras. Las dos sonreían y él no pudo reprimir la dicha que lo embargaba y sonrió. Era un hecho que lo apoyaban y que lo seguirían haciendo siempre.

-Bueno, tengo una buena noticia- Anunció feliz.

-¿Qué es?

-Hace unos días, recibí una llamada de Caltech. Quieren que vuelva para dar unas clases y me asignarán un campo de investigación para que finalmente continúe con la teoría de cuerdas, me ofrecieron un aumento. Volveré a California en dos semanas, me llevaré a Jane conmigo.

-Pero hijo... ¿Estás seguro?

-Mamá, Sheldon es un adulto responsable y puede cuidar de su hija. Además no estará sólo... ¿Verdad Shelly?

-¡Asi es! No estaré solo, Penny y Bernadette me ofrecieron su ayuda con cualquier cosa que nesecite, Leonard me dijo que el departamento 4B está listo para que me mudé. Además, compré unas cosas para Jane y Penny ya las instaló en la habitación.

-Además, yo viajaré las veces que hagan falta para ayudar- Dijo Missy.

-¿Tú ya sabías que se mudaría?- Preguntó la mujer mayor.

-Lo hablamos hace unas semanas...

-Bien, pero iré a visitarlos muy seguido para asegurarme con mis propios ojos que todo está bien y que esas niñas rubias te estén ayudando y cuidando a Jane como corresponde.

-Estoy segura de que lo harás mamá...- De reía Missy.

Sheldon igual río y subió a su habitación. Puso una de las conferencias de Richard Feynman en su pequeño radio y paso a Jane de la cuna a su cama, la contempló como cada noche y le contaba como había estado su día.

Dos semanas habían pasado, ahora en el aeropuerto, Mary se despedía con lágrimas en los ojos. Sheldon trato de consolarla lo mejor que pudo y luego, junto con su pequeña, abordaron el avión a California.

Al llegar sus amigos estaban esperándolo. Howard y Leonard lo esperaron en Lax, el físico experimental le dió un afectivo abrazo a su amigo y cargo en brazos a su pequeña sobrina, que ahora estaba enorme.

Se instalaron cómodamente en el departamento 4B, las cosas estaban limpias y ordenadas. Sus cómics en su lugar y las cosas de Jane también. A Sheldon le fue muy bien en la universidad, cuando Penny tenía que trabajar; Bernadette se encargaba de la pequeña.

Hubieron muchos momentos en donde el corazón de Sheldon se agrandaba o se encogía hasta el punto desaparecer. Una vez cuando Jane comenzaba a caminar se tambaleo cerca del sofá, él saltó como una pantera obstaculizando la caída segura.

Otra fue cuando jugaban en la sala y la puerta que daba al pasillo estaba abierta, al no visualizarla empezó a llamarla a gritos pero inclusive sus alaridos no le servirian porque la niña aún no hablaba bien como para responderle, desesperado salió a correr esperando verla, su corazón volvió a latir al escuchar su risa en el departamento del frente, Jane había ido con Penny al oler chocolate.

Pero la vez en donde sus ojos se llenaron de felicidad fue cuando ella dijo su primera palabra dadá balbuceo pero Sheldon oyó a la perfección papá, para su dicha el momento fue íntimo solamente ellos dos. La pequeña estaba en la bañera con una mata de espuma sobre su cabeza chapoteando, Jane alzó la mirada deslizando la espuma por su rostro y balbuceo la palabra. El físico sin poder creerlo empezó a llamar a gritos a sus amigos exigiendo su celular para la cámara de vídeo.

Cuando Jane cumplió tres años a Sheldon le presentaron otra propuesta de trabajo increíblemente perfecta. Caltech requería un jefe para dirigir una investigación con respecto al bosón de Higgs, e investigando a los mejores encontraron a Sheldon Cooper. El presidente Siebert comenzo a buscarlo con gran interés.

El día en que el presidente llegó, Sheldon trabajaba en sus pizarras.

-¿En que puedo ayudarlo?- Preguntó con amabilidad.

-Me alegra su pregunta, Dr. Cooper- Respondió sonriendo.

Jane se escondía tras las piernas de Sheldon mirando al hombre con curiosidad, le provocó temor la altura desde donde él la miraba, su temor se agrandó al ver como Siebert se inclinaba a ella.

-Buenas tardes, señorita. ¿Cual es tu nombre?- Pregunto Siebert, aunque el ya sabía la respuesta.

-Jane Cooper- Respondió con voz adorable, el hombre mayor miró cautivado los ojos azules de la niña, llenos de luz y vida.

-Es un hermoso nombre. Mira... ¿Quieres un chocolate?- Pregunto sacando una barra de su bolsillo.

Pan miró a su padre pidiendo permiso, Sheldon asintió y volteó a ver al presidente.

-Claro...

Mientras Jane dibujaba en unas hojas y comía felizmente su chocolate, Sheldon conversaba seriamente con su jefe.

-Presidente Siebert, agradezco la oportunidad pero me temo no poder aceptarla pues mi tiempo no me pertenece...- La mirada hacia Jane le dio a entender todo.

-No debe ir todos los días, solamente una o tres veces, los demás trabajos puede hacerlos desde aquí Dr. Cooper.

La mirada de Siebert se desvió hacia la pequeña, la había visto hace algún tiempo, cuando todavía era una bebé. Le sorprendía su parecido con Sheldon; mismo color de ojos, mismo color de cabello y altura. La única entre ella y su padre era su sonrisa.

-Su pequeña es muy linda, Dr. Cooper... es un hombre afortunado, está niña lo amará para siempre pase lo que pase- Dijo con sentimiento.

Ambos hombres siguieron mirando a la niña dibujar. Hasta que el presidente le propuso la oferta de nuevo.

-Podemos hacer una prueba- Ofreció al ver que Sheldon no accedía. -Un mes.

-Está bien, mañana vendré a verlo para las indicaciones.

-¡Gracias!- Balanceándose se levantó del sillón echando una mirada en la pequeña oficina, se dio cuenta de los barandales a ambos extremos de las gradas, los toma-corrientes con una tapa de plástico y las esquinas de las mesas con esponjas y muchos detalles para el cuidado de una niña. -Espero verte pronto pequeña Jane- Se despidió con suave apretón de manos.

-Vuelva pronto presidente Sibe.

Al siguiente día por primera vez Jane hizo un rabieta monumental. Al ver como Sheldon se ponía un traje negro y un corbata azul ella salió corriendo a su nueva habitación; hurgando en su ropero sacó un vestido rosa pastel y las zapatillas negras que Missy le había regalado.

Con ello en manos y un par de calcetines con revuelos pidió a su tía Penny ser vestida y justo en ese momento Sheldon salió al encuentro de ambas ajustando su reloj.

-Papi se va, yo voy con el.

Ambos amigos compartieron una mirada de pena, era la primera vez que se veían separados por trabajo.

-No puedes ir, Jane- Dijo Penny con dulzura poniéndose a su altura. -Tu papi tiene una reunión muy importante.

-Pero quiero ir...- Sus ojos azules comenzaban a brillar.

-Los niños no pueden ir allí- Insistió la rubia sobando sus cabellos castaños.

Jane volteó a ver a su padre llorando por fin, Sheldon la alzó en brazos susurrandole palabras de consuelo pero era en vano, cada vez los llantos de la pequeña iban en aumento.

-Deja de llorar Jane, porque yo lloraré también...

Eso pareció calmarla un poco, en sus mejillas se reflejaba la humedad de sus lágrimas.

-Iré a trabajar pero volveré pronto. ¿Entiendes?

-¿Voverás?

-Porsupuesto- Sheldon le limpió las mejillas y la nariz.

-¿Cuando?

-Antes del almuerzo.

-Pero no tardes mucho- Jugó con sus dedos antes de ver a su padre, finalmente accedió a que se marchara.

-Como diga mi pequeña Wookie.

Conduciendo vagó entre los mares del recuerdo, recordó cuando se inscribió en la Universidad para estudiar. No tuvo mucho que esforzarse para ingresar quedando así en la primera oportunidad, en el proceso conoció a Ramona, una castaña con enormes ojos esmeraldas. Se enamoró perdidamente de ella, buscó siempre estar en las mismas clases teóricas o de discusiones, al segundo año los estudiantes se distribuían según su apellido, Ramoma Smart-Nowitzki para su fortuna. No fue su amor platónico o imposible, tampoco había diferencia en la clase social o que él era nerd y ella la popular... O viceversa. No, nada de eso, más bien era una atracción mutua y sincera. Incluso su madre y los padres de Ramona aprobaron su noviazgo.

-Buenos días, tengo una cita con el presidente Siebert. Soy el Dr. Sheldon Cooper.

-Tome el ascensor y presione el botón 4... él lo... lo espera- La chica de recepción se sonrojó hasta las orejas ante el atractivo de Sheldon. -Pre... sione el número 4.

-Si , entiendo.

-El 4...

-Gracias.

Otra ola de recuerdos lo invadió en el ascensor. Recordó aquella vez que conoció las curvas suaves de su novia, en la cama de la habitación de Ramona se dedicó a explorar cada centímetro de su piel hasta que fueron uno solo. Sus mejillas se encendieron. A partir de ese momento activó su vida sexual hasta que decidieron vivir juntos. Ambos tenían una carrera y se querían, de eso no había duda.

Las puertas se abrieron ante un pasillo con pisos de cerámica marron. Se acercó hasta la puerta y tocó sus acostumbradas tres veces seguidas del nombre.

-¡Dr. Cooper!- Saludó el presidente como si fueran conocidos y llevaran meses sin verse. -¡Qué alegría!

-Buen día presidente...

-Deja las formalidades muchacho.

-Bueno...

-Sólo dime señor Siebert. Pero ven no perdamos tiempo, te mostraré tu equipo.

Salieron de la presidencia y bajaron dos pisos. Sheldon sintió lo afelpado del piso, curioso por eso le dio a conocer al presidente su duda.

-Odio el sonido del tacón de los zapatos contra el piso y, aunque ponga una norma para que usen de un determinado material sé que habrá más de uno en desobedecer.

Con esa simple respuesta resolvió su duda. La sala en donde trabajaría era amplia, una mesa ovalada y veinte sillas a su alrededor forrada con formica azul oscuro con equipo multimedia y el ventanal de la pared, esa sería su oficina mientras trabaje allí. Al poco tiempo entraron cinco personas, dos mujeres de unos treinta años y tres hombres, dos jóvenes y uno de edad avanzada qué, en comparación con el presidente, parecía un chiquillo.

-Dr. cooper, su equipo.

Los hombres lo miraban de manera despectiva mientras ellas sonreían tontamente.

«Parecen niñas dementes» pensó al verlas. «Me odian» meditó ante ellos.

-Los dejo para que se conozcan...

Una vez las puertas se cerraron Sheldon dejó su maleta que colgaba de su hombro en la mesa y se sentó en la misma.

-Soy el Dr. Sheldon Cooper...

-¿Está casado?- Preguntó una morena con cabello rizado alzando la mano.

-Señorita...

-... Leslie Winkle, señor.

-Señorita Winkle, bien. Mi vida privada no les concierne- Dijo con tranquilidad. -Nuestra relación es estrictamente laboral.

-Disculpe- Murmuró avergonzada.

-Descuide. Como dije nuestra relación será estrictamente laboral, no me interesa si les agrado...- Lanzó una dura mirada a los tres hombres. -Y solamente me interesa de ustedes su trabajo- Miró a las mujeres con expresión altanera. -Así nos llevaremos bien

Las mujeres desilusionadas asistieron.

-Hemos oído que no trabajará aquí, ¿Acaso un buen líder deja a su equipo abandonado?- Un rubio sonrió de lado al oír a su amigo.

-¿Acaso necesitan supervisión constante como los niños pequeños?- Sonrió de igual manera. Al rubio se le borró la sonrisa por un gesto de molestia. -¿No existe también la tecnología o el teléfono para resolver dudas?

-Un buen líder sin importar nada permanece con su equipo.

-Vaya- Dijo Sheldon fingiendo sorpresa al oír al anciano. -Temía que fuera mudo señor, además aún estoy en fase de prueba.

-¿El presidente Siebert duda de sus capacidades, Dr. Cooper?- cuestionó el rubio recuperando su sonrisa.

-En realidad...- Se puso de pie planchando su sacó. -Soy yo quien duda si tomar definitivamente el trabajo.

Y sin más salió de la oficina.

Sheldon era amable con quienes lo fueran, no hablaba si no era necesario y evitaba siempre inmiscuirse en asuntos ajenos pero cuando intentaban subestimarlo sin causa, era él quien tomaba las riendas e invertía los papeles.

-Altaneros- Dijo Siebert al ver nuevamente a Sheldon. -Se creen mejores aunque ni sepan lo básico.

-Será un reto colaborar con ellos en esta investigación, pero prometo esforzarme.

-Entonces firma el contrato.

Leyó unas tres veces el documento con gran rapidez. Cambiando solamente una cosa. -Me gustaría, sino es atrevimiento tener libre disposición de mi equipo a cuanto desempeño tengan, quiero decir, Si puedo despedir o contratar siempre bajo su criterio presidente Siebert.

-Siempre y cuando sea justificado tienes mi total confianza- Respondió con sabiduría.

-Créame que no pretendo ser injusto.

-Lo sé. Dile a mi secretaria que te entregue la carpeta de proyectos. Allí encontrarás lo que pidieron para trabajar.

-Entiendo.

-¡Ah! Al salir verás a la señorita Alex Jensen, tu secretaría.

-Hasta luego presidente Siebert.

Saliendo de la oficina, Sheldon identificó a su secretaria, una joven de largo cabello castaño con pinta de despistada.

-¡Dr. Cooper!- La secretaría prácticamente gritó. -Aquí tienes la carpeta de proyectos y ella es Alex Jensen.

-Dr. Cooper- Hizo una reverencia.

-Un placer- Y la duda si era despistada desapareció.

-Estoy a su servicio.

-Bien. Le pido por favor me dé su número telefónico y su correo y que le pida a los demás lo mismo... ¡Ah! Aquí tiene el mío, por favor si es tan amable de dárselos se lo agradecería. Gracias y hasta luego.

Giro sobre sus talones. Las puertas estaban a punto de cerrarse cuando la señora Brief metió la mano impidiéndolo. -¡Hasta luego, Dr. Cooper!

-¡Vamos Skywalker! Si eres valiente pelea como un Jedi.

-Ten cuidado con lo que dices... ¡Yo soy tu padre, prepárate a morir!

-¡Noooo! ¡Eso no es cierto, es imposible!- Gritó Jane sosteniendo una espada de luz azul, igual a la que uso Luke Skywalker.

En la sala, Jane y Leonard jugaban y recreaban la pelea de la película el imperio contraataca, mientras Penny ojeaba su teléfono.

Al abrir la puerta Jane salió corriendo a sus brazos.

-¡Papi!

-Hola hija...

-¡Oh papi!

Jane lo abrazó con la fuerza que sus bracitos le permitieron, escondió su rostro en su cuello mientras amenazaba con sollozar otra vez.

No se despegó de él durante el resto del día como si al hacerlo Sheldon volvería a irse. Leonard le explicó que la única manera que encontraró para que dejara de llorar era jugar a la pelea de Star Wars.

Les contó sobre su nuevo trabajo y todo lo que conllevaba con el. Penny y Leonard lo felicitaron al enterarse sobre su primer encuentro con los de su equipo.

Continuará...