Amy sintió una punzada de decepción al ver a la pequeña en brazos de Sheldon, esa pequeña y dulce niña lo llamaba papá, eso sólo significaba que la señora de Cooper no era ninguna teoría infundada entre ella y Leslie. Suspiró con pesar y sintiéndose tonta, él no era ni sería nada de ella y no precisamente porque estuviera casado, sino por la niña, ella jamás haría sufrir a un alma inocente.

Tampoco era una roba-maridos pero si hubiese una ranura por donde entrar sin duda lo haría. Amy era una mujer que luchaba por su felicidad. La vida le había enseñado a tropezones que primero debía pensar en ella y luego, si se podía, en los demás. Quizás fuera incorrecto y hasta cierto punto egoísta pero las oportunidades solo pasaban unas vez y ella ya había perdido varias.

Aunque... ¡Ni siquiera conocía a Sheldon y se sentía herida!

-Qué boba eres Amy- Se dijo en un susurro.

-Muchas gracias Amy, no sé como podría agradecerte.

-Descuida- Lo tuteó. -Con que la pequeña esté bien es suficiente para mi.

-No soy pequeña, soy Jane.

-Bueno, bueno- Sonrió. -Con que Jane se encuentre bien, lo doy por hecho.

Amy acarició sus cabellos con ternura. La miró notando el gran parecido con su padre, tanto que no pudo notar siquiera alguna pista genética de su madre. ¿Cómo sería la señora Cooper? ¿Tendría los ojos azules y cabello castaño también? ¿Tendría la piel tan blanca?

-Papi tengo sueño- Bostezó. -Quiero dormir.

-Amy, nuevamente gracias por esto- Miró a Jane. -Jamás podré pagarte la felicidad que me has devuelto.

-Descuida- Se llevó una mano al pecho conmocionada. La frialdad antes expresada parecía ahora una actitud muy lejana. -Descuida...

Jane se acomodó en el hombro de su padre sonriendo, Amy supo entonces que la niña estaba tan agradecida como él.

Se aman.

-Se aman- Finalizó luego de contarle lo sucedido a Leslie al día siguiente. -Son dos gotas de agua, tan parecidos...

Leslie aún no salía de su asombro. En su interior la esperanza de ser algo más que jefe/empleada con Sheldon se rompió tras cada palabra de Amy. Torció los labios hacia abajo.

-Que desgracia.

-Si... pero finalmente todo salió bien.

-No me refiero a eso, es una desgracia que no esté disponible. ¿Porqué no lleva anillo entonces? ¿Estará divorciado o será viudo?

-No lo había notado.

-Mi querida Amy. ¿Porqué crees que aún tenía esperanza? Es evidente su soltería.

-Si vieras a esa niña, es idéntica a él- Esbozó una sonrisa recordando al par. -Ella es como... un ángel.

Leslie reprimió un bufido de disgusto. Estaba totalmente desilucionada, hasta cierto punto enojada por no haber sido ella quien encontrara a esa niña y por consiguiente la gratitud de Sheldon.

-Muero de hambre- La molestia sentida se desvaneció al ver a su compañera lloriquear por sus alimentos. No había razón para molestarse, tal vez no hubiese actuado como ella. Lo más seguramente nisiquiera se habría dado cuenta de la presencia de la niña.

-¡Falta una vida para almorzar!

-Seis minutos, Ames.

-Sigue siendo una eternidad...

Luego de salir de la estación de Policía, Sheldon llevó a Jane todo el camino hasta casa entre sus brazos, asegurándose de no volver a dejarla sola ni un solo momento.

Sus amigos, al ver que Jane llegaba en brazos del físico, se acercaron eufóricos. Abrazando a la pequeña entre todos, hicieron una avalancha de preguntas a la niña.

-¿Por que te alejaste, Jane? ¡Nos tenías preocupados! ¡Ya es de noche! ¿Te lastimaste?

Todos sintieron dicha al saber que nada malo le había pasado. Pero esa dicha no era nada comparada con la de él. Sheldon no supo en que momento esa pequeña se adueñó de su vida, tiempo y alma. ¿Fue al saber que venía en camino? ¿Cuándo la vio por primera vez? ¿Cuándo la cargó? No lo sabía y quizás la respuesta no la tendría durante un buen tiempo, años quizás.

Aunque no importaba. Lo que importaba era que estaba bien, a su lado.

Y dormida junto a él, ocupando la mayor parte de la cama con su pijama rosa pastel y el cabello hecho un enredo. Comprendió que la vida era frágil y corta, que no necesitaba de nadie más que su familia, amigos y ella para ser feliz, que en su corazón no existía espacio para nadie más.

-Ay Ramona...- Esbozó una sonrisa en medio de la penumbra. -Ojalá estuvieras aquí, me has hecho tanta falta.

Imaginandola al otro lado de la cama y tomandola de la mano se quedó dormido.

Al despertar, una mata de cabellos claros con olor a jazmín tapaban parcialmente sus orificios nasales. Jane en medio de la noche se habia acurrucado o más bien dicho se habia acomodado sobre su pecho buscando calor.

-¡Buenos días!- Saludó Penny sonriente con un bandeja en manos, siendo seguida por Leonard. -¿Qué tal durmieron?

-Penny...

-¡Tía Penny...!

-¡Oh! Aunque pasen los años, siempre serás mi bebé Jane.

-Penny...

-Sin un pelo en la cabeza y con arrugas pero siempre mi bebé.

Leonard asomó su cabeza por la puerta haciendo un gesto de negación. -Penny perdió la chabeta...

La rubia giró su cabeza lentamente con una mirada que hizo a Leonard desaparecer de inmediato. Volvió su atención a su amigo y a Jane con la misma sonrisa de siempre.

-Aquí les dejo el desayuno- Y se marchó.

-Entra, Leonard- Dijo Sheldon.

-Cómo decía: Penny perdió la chabeta, ésta mañana me llevó el desayuno a la cama- Alzó sus brazos haciendo énfasis. -Hot cakes, tocino, huevos y cafe. ¡Tal como a mi me gusta! ¡Con seis cucharadas de azúcar!

-¡Cálmate! Tal vez solo ande en sus días o está en la pre-menopausia.- Se acomodó para explicarle con manzanas. -La pre-menopausia es una etapa que usualmente sucede entre los cuarenta y cinco a cincuenta años. Ocurre una variación en las damas tanto física y emocionalmente, es totalmente natural pero a cada quien le causa diferentes reacciones.

-Sheldon, estoy familiarizado con la definición. Necesito un escudo no vaya pasar que quiera arrojarme piedras o los floreros.

-Leonard no creo que...

-Gracias por la advertencia.

-Pero yo no dije eso.

-Papi, tú también estás viejo- Dijo Jane dándole palmaditas en la espalda. -No empieces a tirar cosas. ¿Si?

-No estoy viejo.

-Claro que si. Por eso las mujeres guapas no se acercan a hablarte...

-¿Cuáles mujeres guapas?

-Las del parque. Ahora que me acuerdo... ¿De donde conoces a la señorita Amy?

-Trabaja conmigo.

Ella entrecerró sus ojitos acariciando su barbilla con su mano. -¿Seguro?

-¿Qué estás insinuando, Jane?

-Nada señor anciano...

-¡No estoy viejooo!- Comenzó a hacerle cosquillas. -Retira lo dicho.

-¡No!- Decía entre risas. -¡An-ciano! Ancianito

De un salto bajó de la cama y salió corriendo. Sheldon dio un saltó más grande siguiendola por la pequeña sala, a diferencia de ella él quería evitar un accidente. No tardó en tomarla en brazos y regresaron a comer su desayuno. Al terminar él se preparó para el trabajo, la pequeña se quedaría con Penny hoy, se despidió con un beso de su hija y partió a Caltech.

Las puertas del ascensor se abrieron justo en el momento que Amy presionaba el botón, Sheldon sonrió feliz de verla.

-Buenas tardes, Amy.

-Sheldon... ¡Es decir! Dr. Cooper- Reverenció. -¿Qué hace aquí?

-Hasta donde sé, aquí trabajo. ¿No?- Rió suavemente. -Tengo que entregar un informe. ¿Me esperas para ir a tomar algo? Quisiera conversar contigo.

Solo atinó a asentir y a sonrojarse. Lo vio desaparecer por el pasillo a la sala de juntas y salió despavorida hacia su amiga.

-¡Leslie, Leslie!- Gritó una vez más cuando la tuvo enfrente. -¡Leslie!

-¿Se acabaron los pastelitos?

-¡Peor! ¡Sheldon me invitó a tomar algo! ¿Qué hago?

-Primero cálmate y luego ve al baño a polvearte la nariz. Perfúmate y baila hula-hula- La empujó hasta entrar a los sanitarios. -Es broma Ames, sólo sé tú misma...

Amy asintió acomodandose la chaqueta, registró su bolso asegurándose de tener lo necesario.

-¡Leslie!- Se quejó. -No juegues conmigo.

-Jaja lo siento, fue inevitable- Acomodó el cuello de la blusa. -Sólo ve y pásala bien. ¿Si? Disfruta a tu amor platónico.

-Leslie...

-¿Acaso creiste que podías engañarme? ¡Ja! Mi querida, he tenido que limpiar tu saliva cada vez que hablamos de él... y eso lo hacemos a diario.

-Lo siento.

-Descuida- Agitó su mano restandole importancia. -Me da gusto verte así, pareces... viva.

-Yo...

-Tranquila, poco a poco me contarás...

Amy se sorprendió. Nunca se imaginó que Leslie Winkle fuera de aquellas personas que son capaces de ver su alma desnuda.

-Es un hueco.

-Lo sé, tus ojos no mienten- Leslie la jaló del brazo y la abrazó con fuerza. -Pero bueno, ahora ve y come todos los pastelitos que puedas.

-Parezco una adolescente. Solamente iremos por un café y volverá a agradecerme- Se limpió las pequeñas gotas que amenazaban con salir de sus bellos ojos. -Seguramente serán menos de quince minutos.

-Entonces has que sean inolvidables. Un consejo; pestañea mucho.

-¿Vamos?- Sheldon salió al encuentro de ambas. -¿Amy?

-Si...- Entraron al ascensor, antes que las puertas cerraran vio dos pulgares arriba infundandole ánimo. Se cerraron finalmente y Leslie volvió a su laptop. Podría sentirse celosa, enojada y hasta frustrada por no ser ella la acompañante del atractivo jefe pero el nerviosismo y alegría que Amy dejaba ver le llegó al alma. Era extraño quererla tanto a pesar de recién conocerla, de querer apoyarla y cuidarla.

-Si le hace algo malo- Susurró tecleando con fuerza en su laptop. -Me las pagará.

-¿Algún lugar de preferencia, Amy?

-Si, hay una cafetería cerca de aquí que suelo frecuentar, los productos son buenos y me gustaría ir alli. ¿Señor..?

-Solo Sheldon, por favor.

-Sheldon...

Salieron directo al estacionamiento. Grande fue su sorpresa al ver el medio de transporte de su jefe: un elegante auto Camaro negro, y estaba demás decir que era una de las mejores de la industria.

-¿En serio?- Cuestionó incrédula. ¿Un Camaro?

-¿No es genial? Acabo de adquirirlo- Dijo orgulloso. -Hágame el honor de ser la primera en acompañarme- Le abrió la puerta contraria esperando a que suba.

Salieron a la luz del día. La neurocientifica se acomodó en su asiento aspirando el olor masculino que se inpregnaba débilmente en el automóvil. Sheldon fijó su atención al camino, revisaba los espejos cada cinco segundos. Se aseguraba de mantenerlos a salvó, pero al sentir su rodilla chocando levemente contra la suya, se removió incómodo y enderezó su postura todo lo que pudo pero Amy no se alejaba. Aceleró con tal de llegar rápido. La manera en que lo chocaba suavemente, esa cercanía no le gustaba.

-Nunca pensé que te gustaran está clase de autos- Comentó divertida bajándose del auto una vez que llegaron. -Te ves tan conservador...

Sheldon dio tres pasos hacia atrás queriendo poner distancia.

-Hay muchas cosas que nadie sabe.

-Jane, por ejemplo- Dijo sin pensar, Sheldon frunció el ceño. -Lo... lo siento, no quise...

-Si nadie sabe sobre mi hija, es porque no quiero oír su nombre en los chismes de los pasillos. Agradecería que no se lo cuente a nadie- Espetó con frialdad.

Bien hecho Amy... Volvió a tratarte de usted.

-Así será.

-Bien- Sonrió. -Entremos.

Qué raro. ¿Quién cambia de humor tan rápido? Tu jefe.

La cafetería era pequeña, situado entre una tienda de zapatos y una librería, precisamente por eso era su favorita. Amy como la mayoría de mujeres tenía aquella semillita de la moda, muy pequeña y exclusiva con los zapatos.

Ella podría usar la misma blusa para trabajar, ir de compras o hacer la limpieza pero no usaba los mismos zapatos, eso nunca. Su colección iba de sandalias a tenis, de botas a plataformas y demás en diferentes tonalidades. Y su otro pasatiempo era la lectura, más precisamente la poesía y los cuentos de Canterbury. Cada noche antes de dormir leía un poema sin falta. No importaba a que iba referido, lo importante era lo que lograba sentir.

-Muy acogedor.

-¿También sientes la vibra familiar?

-Es lo que se respira. Tú primero- Le abrió la puerta. La campanilla sobre ésta sonó, el lugar tenía mesas y sillas de color marrón, el mostrador de un color verde llamativo. Enseguida llamó la atencion del anciano que a veces atendía en el lugar.

-Amelia- Dijo el anciano con amor. -Me alegra tanto verte por aquí.

-Señor Luigui- Abrió sus brazos. El anciano rodeó la vitrina con los brazos tan abiertos como los de ella. Se abrazaron. -Debo decir que está muy guapo éste día.

-¡Insisto Amy, necesitas corregir tus anteojos!

-Pero unos de sol para cuidarme de su brillo sin igual...

Sheldon desvió su atención al establecimiento para darles privacidad. Una gran vitrina con distintos postres dividía la zona de trabajo con las mesas rústicas para los clientes. Sintió entonces la mezcla dulce que flotaba en el aire. Eran muchos olores en una agradable armonía repostera. Pudo sentir la vainilla, chocolate, un poco de naranja y canela y muchos más que se unían como en un rompecabezas. Volvió su atención a ellos cuando el anciano fingió toser.

-Espero que Amelia desempeñe bien su labor, señor.

Sheldon miró a su acompañante totalmente sonrojada y luego al anciano, no supo que había sucedido así que se limitó a asentir.

-¡Excelente! Vengan, les daré de mi tarta especial.

-¿Te encuentras bien?- Preguntó Sheldon, Amy bajó la mirada aún con las mejillas teñidas de rojo. No podía decirle que su amigo lo señaló como su novio.

-Solo un poco de calor, eso es todo.

-Tu amigo es muy simpático.

-Lo es...- Guardaron silencio. Incómodos por no saber que más decir. -Así que... humm, ¿cómo está Jane? Claro si puedo saber.

-Bien, gracias. Lo sucedido me afectó más a mi que a ella.

-Perdió su servilleta- Recordó que por ello se habia puesto triste.

-Jajaja estuvimos un rato debatiendo sobre eso, creyó que estaba molesto por haberla perdido.

-La inocencia de los niños muchas veces es abrumadora. Tanto que nos hace pensar que la maldad del mundo es solo un chiste...

-Cuanta razón tienes. Lamentable es saber que muchos niños crecen envueltos en un ambiente de discordia y cometen los mismos errores, así crece el círculo destructivo.

-Es difícil la vida, pero no quiero hablar de eso, no ahora.

Luigui volvió con dos grandes trozos de tarta y dos tazas con café.

-Buen provecho...

-Gracias.

Se concentraron en sus porciones ignorando al otro. Sheldon no sabía que más podía hacer aparte de darle las gracias... nuevamente. Le agradaba su compañía y por lo poco de la conversación supo sin duda que era una mujer inteligente. Amy en cambio se entretenía masticando más de lo necesario con tal de no soltar todas las preguntas que tenía y más a sabiendas que iban a molestarlo. No podía preguntarle por su esposa ni quería hablar de trabajo, el lugar ya lo había evaluado, no sabía si gustaba de la lectura así que se inclinó por el pequeño ser que llenaba su mundo. Tal vez podría averiguar más a través de ella.

-¿Cuantós años tiene Jane?- Fue lo primero que se le vino a la mente.

-Cinco, recién cumplidos- Respondió de inmediato. -Sabe leer y escribir muy bien, recibe una educación algo estricta de mi parte pero gracias a eso está muy adelantada- Añadió con orgullo.

-Deben estar orgullosos, tú y tu esposa...

Listo, lo había dicho. No pudo contener más las ganas de saber. Sheldon guardó silencio por unos eternos segundos. Abrió la boca pero no salió palabra alguna, dio un sorbo a su bebida intentando pasar el nudo en su garganta.

-Le gusta dibujar animales- Fue apenas un murmuro que alcanzó a oír.

-Estoy segura qué si- Entendió que no iba hablar de ello.

Muchas hipótesis golpearon su mente y la más fuerte era qué, aquella mujer le había hecho daño, quizás se había marchado sin decir nada dejándole a la pequeña. Quizás esa mujer prefirió seguir siendo mujer y no madre. La odió. ¿Quién dejaría a una bebé de esa manera? ¿Sheldon la amaba aún? ¿No lo amaba? Aunque el abandono no era nada nuevo, Amy nunca había estado frente a frente a un caso. Le dolía ver a las personas que conocía sufrir, no importaba si era un vecino o el encargado del ascensor. Ver la tristeza en sus rostros la desanimaba por completo .

-Fingen ser fuertes- Susurró para sí. -Pero, cuando el dolor es en el espíritu no puedes seguir fingiendo. La tristeza domina tu cuerpo...

La miró mover los labios sin decir nada. Sintió como su cuerpo se congelaba de a poco. Recordó que esa vieja sensación era la misma que sentía cada vez que esperaba a Ramona en la sala de su casa o fuera de un aula, era una sensación fría que le provocaba los nervios. Cinco años habían pasado y él aún la tenía presente en su vida. Miro su entorno esperando verla. Ridículo. Ella ya no estaba. ¿Porqué la buscas entonces?

Amy la trajo a la vida.

Fue una sola palabra, suficiente para remover el pasado. En su hogar nadie la mencionaba, no había foto alguna y sus familiares no llamaban para nada, nisiquera para saber de Jane, su nieta.

-Ya debo irme.

-Entiendo.

Él fue incapaz de verla a los ojos. -Compermiso- Puso un billete sobre la mesa y se dirigió a la salida.

-¡Aguarda!- Lo detuvo. -Lleváselo por favor, dile que se lo envió con mucho cariño.

No la miró en absoluto. Extendió la mano, Amy colocó una caja blanca con el logo de Luigui's.

-Gracias por el café, Sheldon...

-Gracias a ti, Amy- Ella buscó sus ojos pero no los encontró. Se perdieron en el parpadeo de sus ojos. El auto se alejó con el suave murmuro. Y ella se volvió a sentar.

-¿Mal de amores, Amelia?

-No sé. Me gusta, no lo negaré pero de ahí a algo más lo veo difícil.

-Él está encerrado...

Continuará...