Tras la llegada de Kagome, pasa algún tiempo para poder formalizar las cosas con InuYasha. Este es un relato de su primera noche como pareja. Espero que os guste. ADVERTENCIA: Lemon

No recomendada para menores de 18 años.

Personajes propiedad de Rumiko Takahashi, serie InuYasha por Sunrise.


PoV Kagome

Fue en el bosque, en una hermosa cabaña hecha por él. Ambos estábamos nerviosos, más no por miedo, si no por expectación, había pasado tanto tiempo que se sintieron siglos. Aún así, ese tiempo separados es poco a comparación de lo que nos espera. Tras la ceremonia y una celebración de nuestros amigos, fuimos de la mano caminando, sin prisa, sin temor, tenemos tiempo ahora que estamos juntos.

Al llegar encendió el fuego, me pidió que por esta noche, solo me dejara cuidar, y así lo hice. Estaba fresco, pero el viento me daba escalofríos, o tal vez era la sensación de estar a su lado de nuevo. A pesar de que volví hace un par de días, la sensación de estar en un sueño y el miedo a despertar sigue latente.

Preparó el futón y nuestra ropa de dormir, me pidió sentarme y lo hice. Se puso frente a mí y me repitió sus votos, sus promesas y, sonrojándose un poco, con un leve tartamudeo, repitió lo que tanto anhele escuchar.

-"Te amo"

Mi corazón se aceleró, estoy segura de que mi rostro pálido ahora estaba de un tono carmín. Se me escapó una sonrisa, la felicidad que sentía no tenía límite y respondí.

-"Yo también te amo, InuYasha"

Sus ojos brillaban, se acercó y me dio un tímido beso.

Cálidos, así eran sus labios, suaves y delicados, como la rosa más aterciopelada. Solo fue un roce, más al buscar aliento nos besamos aún más, lento, sin prisa. Sabía a un dulce tan suave, que me embriago y pedía más de ese intoxicante sabor. No sé cuánto tiempo estuvimos así hasta que juntamos nuestras lenguas pidieron hacerse compañía y se enredaron entre sí. La dulzura de su boca se volvió más intensa, pero no era suficiente, y a juzgar por la urgencia con la cual empezó a exigir mis labios, entendí que ambos estábamos en la misma condición.

Enredé mis dedos tras su cuello, tan cálido que desee existir allí, y él abrazó mi cintura tan fuerte y delicado cual si fuera a desaparecer. Tenemos el mismo temor a despertar de este bello momento.

El viento en ese momento pudo haber sido el más gélido y no lo notaría entre sus brazos. Y la temperatura subía…

-"Tú… crees que… bueno…"

Habló con una voz ronca que me erizaba la piel y me dejaba sin aliento.

-"Bueno..." dije "es nuestra noche de bodas"

Nuestras miradas se juntaron, tan cerca que ese brillo dorado parecía un hermoso bordado de oro, nublado con una sombra que más allá de causar temor, provocaba rendirse a sus deseos.

No tuve mucho tiempo para detallar más sus bellos ojos, pues reclamó mis labios con más insistencia que antes. Y yo le respondí con más fuerza, yo también lo necesitaba, su impresionante suavidad, su dulce sabor, hasta las cosquillas que provocaban sus colmillos.

No supe con exactitud en qué momento me aferré tanto a él, que prácticamente el espacio entre ambos era inexistente, mis manos le capturaron el cabello y la espalda, y las suyas, hace tiempo que una abandonó mi cintura y se deslizó por mi espalda hasta mi cuello. Sentí sus garras tratando de acariciar más de mi piel provocando pequeños espasmos de mi parte.

Lentamente moví mi mano de su espalda hasta su pecho, buscando la abertura para tocar su piel, y al encontrarlo se tensó un poco, no sabría decir si lo sorprendí o fue el hecho de que mis manos estaban más frías que él.

Bajo sus besos a mi cuello y mi respiración se volvió más pesada, cada lugar donde depositó un beso se sentía caliente y electrizante. Tal vez en ese momento dejo de sertir que me escaparía, porque bajo sus manos a mi cadera y a mis muslos y los acarició tan lenta y tortuosamente que apreté mis piernas a su alrededor. Me levantó un poco y me recostó en el futón mientras él se acomodaba sobre mi, en tanto yo empezaba a abrir su kosode, mostrándome esa hermosa piel bronceada. Tenía la tentación de acercarme a besarla y morderla pero él se me adelantó y ya estaba besando más abajo de mis clavículas. Ambos terminamos desnudos de la cintura para arriba, y se detuvo un momento, solo me observó y me acarició muy lentamente, cómo si se asegurará de no pasar ni un detalle desapercibido. Por mi parte, me encontraba tan maravillada por su imagen que olvidé el pudor que tenía. Se sentía tan natural, tan correcto, que no tuve vergüenza, al final, soy de él y nadie más.

Volvió a repartir besos y mordidas suaves por mi pecho hasta llevar a mis senos, una de sus manos subió para atrapar a uno y masajear su aureola, en tanto lamía y chupaba el otro suavemente. Empecé a gemir y arañar su espalda. Su otra mano apretó mi muslo y clavo un poco de sus garras, lo cual más allá de dolerme me envió una corriente de electricidad por el cuerpo. Este era él, estaba presente, no era un sueño y no desaparecería con la mañana.

Quise empujarlo para quedar sobre el y darle las mismas atenciones que me proporcionaba, pero me detuvo con una mordida coqueta…

-"Hoy es mi turno, déjame amarte"

No luché ante sus palabras, en otro momento le demostraría cuánto lo amo...