Capítulo 1

—No me puedo creer que en mi último día en Nueva York me hayas traído a hacer yoga —protestó Temari en un susurro, resoplando con evidente desgana.

—No te quejes. Tú eres la que se va a recorrer el país con su novio cachas, y yo, la que me quedo a pasar el peor verano de calor en siglos en esta ciudad. Sola, sin novio y sin fumar. Un poco de apoyo por tu parte no me vendría mal —le contestó Sakura de malas pulgas.

Miró a su monitor de yoga, un tipo de unos treinta y largos años, con un cuerpo estupendo y un halo misterioso y místico que en otra época de su vida le habría hecho temblar las rodillas, pero que en ese momento la dejaba fría. Vio que colocaba un dedo sobre sus carnosos labios para indicarles que guardasen silencio. Sakura suspiró con fastidio.

—Ahora tenéis que inspirar elevando los brazos y espirar por la boca enérgicamente al bajarlos —dijo el monitor, y ella pensó que era exactamente lo que acababa de hacer, resoplar—. Ahora inhalad en la posición inicial y, flexionando el tronco, espirad enérgicamente sacando la lengua —continuó.

Eztamoz para una foto —le susurró Temari, hablando con la lengua fuera.

Sakura no pudo evitar reírse viendo a su amiga hacer la payasa. ¡Cuánto la iba a echar de menos!

Desde que se había ido a vivir con Naruto, su prometido, a Knoxville, ya solo la veía cada tres semanas, cuando Temari iba a las oficinas de QBV, la revista de moda para la que escribía. Pero, en esta ocasión, la separación duraría dos meses: Temari se iba a acompañar a su novio en su gira de conciertos por todo el país, y a ella le quedaba soportar aquel caluroso y asfixiante verano en Nueva York. Sola. Hacía un mes que había terminado la relación de siete años con Hidan, enfrentándose de esta manera, y después de muchos años, a su nueva condición de mujer soltera. Con treinta y un años, casi treinta y dos, y habiendo dejado recientemente de fumar. La ansiedad se la estaba comiendo por los pies y por eso pensó que las clases de yoga y meditación eran exactamente lo que necesitaba.

—Exhalar completamente el aire antes de iniciar el movimiento. Sumir y soltar el estómago unas treinta veces. Permanecer sin aire durante las contracciones e inhalar volviendo a la posición inicial.

—¿Sabes lo que necesita mi estómago de verdad? —le preguntó Temari, volviendo al ataque—. Uno de esos bagels rellenos de Sack's, y un batido de chocolate con nata y virutitas de colores por encima como las que les ponen a los...

—¡Está bien, está bien! —dijo Sakura, elevando la voz. El resto de asistentes a la clase de yoga la miraron con una mezcla de sorpresa y reproche por interrumpir su esmerada concentración—. Lo siento, chicos, pero mi amiga tiene razón. Esto no se quita con respiraciones. Necesitamos calorías y buen sexo. Eso sí te deja relajada —se agachó a recoger la esterilla de ejercicios del suelo y su estómago bramó—. ¡Que sean dos bagels! —le dijo a Temari con una mueca.

Su amiga no lo pensó dos veces y salió de la sala de yoga como si la estuvieran pinchando en el trasero.

Una vez en Sack's, Temari observó a Sakura mientras esta sorbía su batido helado de fresa. Estaba más callada de lo habitual y aquel ceño fruncido que exhibía desde su llegada a la ciudad no podía significar nada bueno.

—Bien, ¿lo vas a soltar ya o no? —la instó a hablar.

Sakura apuró el contenido de su copa ruidosamente y Temari suspiró poniendo los ojos en blanco.

—No me pasa nada —le contestó Sakura, en un tono nada convincente.

—Ya... Muy bien, pues dime lo que no te pasa. Porque o tienes una explicación para este comportamiento errático tuyo, o eres una alienígena que está suplantando a mi amiga.

—Eres muy graciosa, ¿sabes? Creo que de hecho ese sentido del humor tuyo tan desternillante es lo que más voy a echar de menos cuando te vayas —le dijo Sakura concentrada en doblar en diminutos triángulos su servilleta de papel turquesa con el logotipo de Sacks's.

—Así que es eso... —comenzó a decir Temari, buscando la mirada de su pelirosa—. Yo también voy a echarte de menos, Sakura. Sé que no es el momento para irme: la ruptura con Hidan, la proximidad de tu cumpleaños... —Temari hizo una pausa, esperando que su amiga hiciese algún gesto que le revelase que iba por buen camino en sus conclusiones.

Sakura no lo estaba pasando bien. La ruptura con Hidan había sido un mal necesario. Llevaban mucho tiempo juntos, nada menos que siete años, demasiados, tirados por el desagüe de las relaciones vacías y sin sentido. Le había tomado más tiempo del debido tomar la decisión de acabar con esa relación que, aunque no le aportaba nada de lo que ella necesitaba y esperaba de un hombre, sí la había hecho sentir segura. A Sakura, con toda la fortaleza que exhibía, no había nada que le diese más miedo que la soledad. Y por alguna estúpida razón había estado pensando durante años que era mejor estar mal acompañada que sola. El hecho de estar a punto de cumplir años tampoco ayudaba. Se veía un año más vieja. Sobre todo, más vieja para estar soltera. Además, le traía algunos recuerdos dolorosos de la infancia de los que sabía que no estaría dispuesta a hablar.

Sakura por fin la miró y tomó su mano.

—Sí, es el mejor momento para irte. No quiero que te preocupes por mí. Y claro te voy a echar mucho de menos, sabes leer en mí como nadie. Y sí, también tienes razón en todo lo que has dicho. Me siento un poco perdida, descolocada, desquiciada, desubicada...

—Bueno, ahora no le eches la culpa a la ruptura de todo eso. Ya estabas así antes —le dijo Temari, sacándole la lengua con una mueca.

Sakura se echó a reír, con esa risa genuina y ligeramente ronca que volvía locos a los hombres, y Temari supo que saldría de aquello. Sakura era una mujer fuerte, luchadora, trabajadora, intuitiva, imaginativa... En definitiva, maravillosa. Llevaba años esperando que tomara las riendas de su vida y por fin iba a hacerlo. Iba a ser difícil para ella, pero lo conseguiría.

—Y tú, ¿cómo llevas lo de pasar el verano de gira con Naruto y al mismo tiempo preparar una boda? —le preguntó Sakura, queriendo cambiar de tema. No quería empañar las últimas horas que le quedaban con Temari antes de que esta se marchase durante meses.

Temari suspiró y sonrió con mirada soñadora.

—Es un poco locura, la verdad. Menos mal que Kushina, Samui y Hotaru me están ayudando. Como la celebración es en Oakriver, ellas pueden hacerlo sin problemas.

—Con la familia de Naruto te ha tocado el premio gordo —dijo Sakura, pensando que ella no había tenido en siete años, ni de lejos, la buena relación que mantenía Temari con la familia de su novio—. ¡Va a ser espectacular ver como te casas con el señor Naruto Namikaze! —le dijo Sakura sinceramente emocionada—. Pero más te vale no ponerme un traje de dama de honor en plan merengue, o te arruinaré la boda —la amenazó con la cuchara de su batido.

—Ya veré lo que hago. Porque, la verdad, creo que estarías adorable con un vestido de esos en amarillo brillante, o rosa demoledor, todo lleno de encajes, brillantitos...

—Te estás jugando la vida, futura señora Namikaze —le advirtió, escondiendo una sonrisa—. No voy a ir ningún sitio vestida de payasa. Como una de las blogueras de moda más importantes de esta ciudad, tengo una reputación que mantener —dijo, enarcando una ceja con expresión altiva. Cruzó las largas piernas y se reclinó en el asiento, adoptando una postura que ni las mejores modelos conseguirían para la portada de QBV, antes de agregar—: Y ahora, hablemos de lo realmente importante. ¡Tu despedida de soltera!


Marceline romanov, aqui esta la historia que me pediste.