Kaiser Alfa
Capítulo 1: Ese Alfa arrogante.
Boston, Massachusetts. Estados Unidos de Norteamérica.
Todo inició en ese momento, si Genzo Wakabayashi hubiese sabido que terminaría en esta circunstancia en la que se encontraba ahora, hubiese dicho que no, que pasaba de ese plan, pero ir en contra de las reglas del gran Shuzo Wakabayashi era cavar su tumba. — Odio este tipo de reuniones— apretó sus dientes con molestia, esa fiesta de chicos de alta clase que fingían ser respetables le asqueaba. — Míralos, son el típico estereotipo de alfas que se creen dueños de todo. Niños ricos cuya única aspiración es heredar la fortuna de sus padres y con suerte seguir con el legado de sus familias. — Arrugó su nariz y torció levemente los labios causando una sonrisa divertida en su acompañante.
— Genzo siempre dices eso cada que asistimos a este tipo de eventos. Ya deberías estar acostumbrado a este círculo, desde niños convivimos con estos sujetos, al final todos terminan heredando la fortuna de sus familias y seguir el mismo patrón, incluso tú lo harás. — Ese chico de cabello castaño y ojos color Avellana siempre lo había acompañado desde que eran dos pequeños de 4 años hasta ahora en su vida adulta con 23 años.
— Soy el hermano menor, lo más seguro es que Shuichi sea quien controle todo. —Tomó un sorbo de vino y miró a su alrededor, esa fiesta llena de omegas, betas y alfas, todos con la finalidad de encontrar la pareja que satisficiera sus intereses personales. — No me molesta ser excluido de ello, sabes que mis intereses están fuera de los de mi familia. La naviera no es mi mayor sueño, simplemente es un beneficio adquirido al nacer en una posición cómoda.
—Tienes suerte de ser de buena familia y ser un alfa, no tienes que sufrir de carencias y tener que someterte a un esposo o esposa que te tenga que marcar y al que le debes obediencia.
—Lo dices con mucho pesar Misaki— Sonrió con burla. —Eres omega y nunca te importo eso, no me digas que ahora tienes cierto coraje por ello.
—Burlate si quieres, pero sabes que ser omega aun en estos tiempos sigue siendo un martirio en especial cuando no eres de la alta sociedad. En mi caso agradezco tener la libertad de elegir a mi pareja, gracias a la fama de mi padre como pintor no tengo que someterme a esas reglas arcaicas, pero muchos otros no nacen con los mismos beneficios.
—Vamos ya te dije que, si a los 34 años no nos casamos, tendremos un hijo. A final de cuentas siempre hemos sido amigos, no importa la casta sexual porque lo que nos une va más allá de eso. —Taro rodó los ojos al mismo tiempo que torció la boca dejando escapar un "ah". — Soy alguien antisocial, estoico y que no le interesan este tipo de personas pedantes ¿Por qué razón tendría que enredarme con una de ellas?
— Por qué eres alfa y los alfas siempre buscan un omega para formar una familia. Aunque ahora que lo mencionas sólo te he conocido algunos novios, entre ellos Morisaki.
— Tal vez me case con él, pero si no me acepta el desafortunado serás tú.
—Oh dios, ¿qué hice para merecer esto? — Ambos rieron sin notar que eran observados a lo lejos por dos alfas extranjeros. Genzo no era del tipo que socializara con nadie ni por obligación, por lo que no se tomó la molestia de hablar con alguien distinto a Misaki.
—¿Cómo se llama? — preguntó curioso el chico de mirada aguamarina quien sostenía una copa de champaña.
—Genzo Wakabayashi.
—¿Es algo de Sozu Wakabayashi? — Miró de reojo a su acompañante alfa, un rubio de estatura un poco más baja que la de él.
—Su hijo menor, parece que es un alfa como sus hermanos. Supongo que eso no te importa mucho, después de todo a ti lo que realmente te atrae son los alfas y betas. Eres un anarquista que va en contra de las reglas establecidas. ¿No sería mejor un omega?
—No me gusta mezclarme con ellos, conllevan una gran responsabilidad además de que una vez que formas un lazo no puedes tener libertad. Tener hijos no es el sueño de algunos alfas, la mayoría de omegas son oportunistas que quieren escalar más alto.
—Schneider siempre tan apático, no puedo creer que aun con todo el dinero que tienes pienses que los omegas son oportunistas. Realmente lo económico nunca te ha importado, eres el CEO de una de las mejores marcas de autos en el mundo, sin mencionar…
—No hables de eso aquí— sonrió complaciente. — Lo quiero, así que logra que se quede a solas sin su amigo omega.
—Schneider nunca cambias, tan caprichoso como siempre. Si no fuese porque somos amigos desde niños te habría mandado al diablo.
—Déjalo sin su amigo, del resto me encargo yo. — Colocó su copa en una de las charolas de los meseros. — Es un alfa de clase alta, apuesto a que me mandara al demonio. Pero es divertido intentarlo, al final siempre obtengo lo que quiero.
—Está bien, observa y aprende. — el rubio sonrió sin sacar el palillo que portaba en su boca, algo muy característico de él. Se acercó a los dos chicos, uno con aroma a vainilla y el otro con aroma a chocolate, para el alemán era algo extraño que un alfa tuviera un olor tan dulce. —Hola — se aproximó sonriendo acto que correspondió Misaki, pero no Wakabayashi. — Mi nombre es Hermann Kaltz, soy dueño del banco real alemán. —El alfa de ojos verdes lo miró con el ceño fruncido. Este sujeto, se nota que me será difícil. Schneider espero que sepas compensar este favor pensó.
—Mucho gusto— dijo en un inglés fluido, al igual que el alemán optó por hablar dicho lenguaje. —Mi nombre es Taro Misaki.
—¿Por qué no te largas? — dijo en un tono seco e inexpresivo Wakabayashi quien se sentía incómodo por la presencia de aquel sujeto extranjero. Si algo le fastidiaba eran los sujetos de otro país intentando creerse iguales a los japoneses, Genzo era algo xenofóbico y celoso de sus raíces, siempre pensó que si tenía una pareja sería sin duda alguna alguien de su mismo país pues de ese modo la pureza de sus genes se preservaría.
—Temo que no puedo, al menos no hasta que conozca a este hermoso chico. — Le dio una sonrisa sincera a Taro quien correspondió. — ¿Te gustaría ir a la terraza y conocernos mejor? — a Misaki le agradaban las personas desconocidas, era un alma errante que a través de viajar entendía diferentes culturas y estilos de vida.
—Claro. — Miro a Genzo quien se quedó en shock ante la respuesta de su amigo. — Te veré después, procura no estar enojado o resentido. — Eso último lo dijo en japonés por lo que Hermann no entendió el comentario. — Bien, Kaltz ¿cierto? — el rubio asintió. — Vayamos a la terraza, cuéntame más sobre tu vida cómo empresario bancario. — el omega se alejó dejando solo a su mejor amigo quien sólo rodó los ojos, no era la primera vez que pasaba.
—Hola— interrumpió al instante un chico rubio de aproximadamente 1.79 cm, ojos azules como aguamarinas y cabello rubio. Un alfa atractivo para cualquiera que lo viera, incluso para Genzo quien al instante se quedó en silencio hasta que su orgullo tuvo que salir a flote.
—Largo, estoy cansado de los extranjeros. — Dijo con sinceridad, sus costumbres lo habían hecho creer que en el mundo no existía mejor raza que los nipones.
—Fiu— silbo el rubio. — Demasiado arrogante, parece que nadie te ha podido bajar de tu nube. — Sonrió con burla.
—Piérdete, no estoy buscando amigos. — frunció el ceño expresando su molestia, pero eso sólo alentaba más al rubio para molestarlo.
—No, realmente no deseo serlo. — Tomó con su mano derecha el mentón de Wakabayashi para jalarlo y mirar sus ojos verdes. Aun cuando ese chico castaño era 4 centímetros más alto. — Para ser alfa tienes facciones finas, eres bonito. — Wakabayashi tomó la mano del rubio para alejarla de su rostro, pero aquella corriente eléctrica lo hizo sentir extraño.
—No me toques. — Intento disimular esa sensación, esa que hizo que sus dedos se sintieran entumecidos.
—Te hace falta humildad, pero no te preocupes. En algún momento de tu vida la vas a obtener por las buenas o las malas. — curioso, este sujeto tiene un aroma tan dulce para ser alfa. Notó entonces que ambos tenían aromas similares, aunque el del japonés era más empalagoso.
—¿No me digas que tú eres quien lo hará? — Sonrió con ironía, aquel castaño se caracterizaba por ser un alfa de carácter indomable y eso lo notó Schneider quien parecía encantarle esa actitud de chico malo.
—Posiblemente— correspondió con una sonrisa burlona. —Tal vez sea más pronto de lo que crees.
—Idiota, desaparece de mi vista.
—Lo haré, pero ten por seguro que la próxima vez que nos veamos quien suplicará por mi serás tú.
—Lo dudo, no me gustan los alfas. Yo soy uno, no soy un enfermo homosexual ya que tengo una pareja omega.
—Fiu— silbó y miró con arrogancia al castaño— buena suerte, no es la primera vez que hago que un alfa se trague sus palabras.
—No en esta vida maldito enfermo. Mejor busca un omega, apuesto que es justo lo que necesitas en lugar de tratar de desafiar a la naturaleza.
— El día que me meta con un omega mi reputación habrá caído. Yo no soy del tipo de alfas que se dejan seducir por el aroma de uno de esos, así que el destino dirá quién cae primero. Si tú diciendo que nunca te meterías con un alfa o yo quien nunca se ha metido con un omega. Buena suerte, la vas a necesitar. — se dio la media vuelta dejando enardecido a Wakabayashi quien apretó su puño al ver como ese rubio lo dejaba con la palabra en la boca.
—Estúpido extranjero, ni de broma. — Tomó su copa de vino observando como aquel alfa era tan popular entre la multitud. La mayoría lo observaba con asombro, era tan guapo con facciones tan finas como las de un príncipe de cuento de hadas además de tener esos ojos azules y esos cabellos dorados, piel blanca y tersa como la porcelana y ese cuerpo, ese maldito cuerpo que más de un alfa envidiaba incluso el propio Wakabayashi. Acepto que tiene una elegante presencia, pero es tan arrogante.
La reunión prosiguió con un Genzo tan apático y antisocial que alejaba a las personas o al menos eso pensó hasta que su cuerpo lo hizo sentir una incomodidad tan asfixiante que su respiración entrecortada lo obligó a salir al jardín. Ya era noche o al menos el cielo estaba lo suficientemente oscuro para darse cuenta de ello. Esto quema, comenzó aflojar la fina corbata mientras se recargaba en el barandal de las escaleras que daban hacia ese bello lugar adornado de flores. — Ese aroma a chocolate, es tan agradable. — Un alfa de aproximadamente 40 años se acercó a él. —Eres un omega muy descuidado, no te has dado cuenta que con ese aroma atraes a los alfas como moscas.
—No soy un omega, soy alfa. — Sus mejillas ardían tanto como si estuviera en el infierno y respirar le resultaba tan difícil.
—No te preocupes, yo te ayudaré a bajar tu calentura. — Tomó por la muñeca a Wakabayashi quien no entendía porque su cuerpo no respondía.
—Suéltame— gritó, aunque con la falta de oxígeno le era difícil articular palabras.
—Te estoy ayudando deberías agrade…
—Suéltalo— El rubio alemán con el que anteriormente discutió se acercó para tomar del brazo al alfa que estaba sometiendo a Wakabayashi. —Aléjate de él, es mío.
—No te entrometas, yo lo vi pri…— no pudo terminar su amenaza pues sintió la fuerza de ese alfa dominante quien sin dificultad rompió la muñeca del alfa 15 años mayor que él. — Ah, duele.
—Te dije que te alejes o te mandaré al infierno. — Su alfa interior gruño molesto, si algo tenía dicho sujeto era ser posesivo y defender lo que consideraba suyo aunque sus cabales en ese momento no estaban en orden.
— Lo…lo dejaré. — Salió corriendo dejando al castaño con aquel rubio.
— No, no necesito tu ayuda. — Genzo comenzó a tener vista borrosa y sus mejillas ardían tanto, su cuerpo tenía una temperatura tan alta comparada a una alta fiebre con la diferencia que la naturaleza se manifestaba en lo que al parecer era su primer celo. — Debo irme. — Camino con dificultad, pero el rubio lo detuvo sosteniendo uno de sus brazos.
— Ni siquiera puedes moverte. — Sonrió de medio lado y lo jalo hacía él para sujetarlo de la cintura, como todo dominante su instinto lo hizo besarlo de forma apasionada cosa que Genzo no rechazo en lo absoluto pues su cuerpo lo traicionó por primera vez deseando tener el calor de ese alfa, aún no entendía que pasaba pues la razón le decía Eres un Alfa y sólo deberías estar con una mujer beta o con un omega", pero en la situación en la que estaba no podía coordinar del todo, sólo quería que esos labios y ese cuerpo lo hicieran suyo. — Te llevaré a mi hotel, te ayudaré con tu problema.
Genzo tenía una expresión tan lasciva que Karl no dudo en poseerlo y tenerlo para él, ese chico le gustaba, aunque era un arrogante y grosero. Pero en ese momento no le importaba pues la calentura y ese aroma a chocolate lo estaban cegando demasiado, lo mismo a Wakabayashi con ese aroma tan parecido al de él. — Yo…Yo quiero… ir a casa — dijo con voz entrecortada, el beso lo hizo sentirse más caliente.
— No hoy. — Lo cargo entre sus brazos y lo llevo hasta su limusina dónde le pidió al chófer que los llevará al hotel. — Me gustas niño arrogante — ni siquiera supo en qué momento se mostró tan sincero o desinhibido, pero fue suficiente para que Genzo lo tomara de la solapa de su sapo para acercarlo a sus labios y tener una lucha de lenguas moviéndolas en forma circular. El calor y la adrenalina se apoderaban por completo del cuerpo del japonés quien no pensaba con claridad, sólo quería que esos ojos aguamarina lo observarán mientras era penetrado.
— Más— Genzo soltó pequeños gemidos después de eso y Karl sonrió de medio lado. También se sentía arder y quería meterle su miembro en ese momento, pero hacerlo en la limusina no era su plan, al menos no en ese instante. — Tengo calor. — Ese sonrojo en sus mejillas y es esa boca semi abierta jadeando pusieron tan duro el miembro del alemán que en verdad quería poseer a ese chico, por primera vez sentía esa enorme necesidad de tener sexo, de suplicarle a ese oriental si era necesario.
— Ya llegamos, te ayudaré a bajar ese calor y esas ganas. — el chófer abrió la puerta y Schneider tomo al japonés entre sus brazos otra vez para llevarlo a su habitación no sin antes pedir no ser interrumpido por nadie. El resto simplemente fue una tortura, el elevador y el llegar hasta la cama fueron una eternidad para ambos.
Karl comenzó a quitarle la ropa y Genzo lo dejo por completo sin objeción, ni siquiera razonó nada en ese momento. Tampoco el alemán al sentir las finas manos del japonés al despojarlo de sus prendas. Ambos quedaron desnudos y la vista del cuerpo del castaño simplemente era delirante para el rubio. — ¿Me veo tan mal? — Wakabayashi lo miro con esos ojos cristalizado y ese color rojo que resaltaba en su rostro.
— No, en verdad te ves perfecto. — Se acomodo sobre su cuerpo y comenzó a besar esos labios carmesíes, carnosos, suaves tan únicos y diferentes a todos los que habían pasado por su cama y por su vida. En verdad eran dulces tanto que hacían volver loco a Schneider quién sólo quería seguir jugando con sus lenguas y escuchar los gemidos apagados de ese oriental, de ese que arrogante que hace unas horas lo había mandado al demonio y que en ese momento estaba siendo sometido por él. Ninguna alfa lo había enloquecido tanto, aunque Genzo y Karl no sabían que realmente no era un alfa como creyeron y Wakabayashi era un omega, su pareja destinada.
Genzo recorrió la espalda desnuda del alemán con suavidad y correspondió a esos besos apasionados, los primero en la vida poco experimentada de ese chico arrogante, orgulloso y antisocial. Ni siquiera con Morisaki tuvo tanta cercanía como ahora con ese rubio quien realmente le ponía caliente. — ¿Cómo… cómo te lla…llamas? — pregunto con dificultad Genzo quien desconocía el nombre de dicho sujeto.
— Karl… Karl Heinz Schneider.
— Heinz, qué bonito nombre. — reconoció y después los labios del rubio lo silenciaron con una lucha de lenguas que prendía de sobremanera al rubio.
Lo siguiente que pasó fue ese roce entre el miembro duro del Wakabayashi y el de Schneider. Friccionado de una forma síncrona y tan deliciosa que el lubricante de ambos salía. — Tu punta brilla, estás tan mojado.
— Tú también… — apretó las hembras doradas del alemán, enredándolas entre sus dedos. — Tu miembro está duro y es enorme.
Schneider sonrió de medio lado y bajo sus manos hasta el pene de Wakabayashi quien estaba tan duro como nunca. — Te excita que te tenga sometido Genzo.
— ¿Cómo es que sabes mi nombre? — soltó pequeños gemidos al sentir que su miembro era prisionero de la mano del alemán. — Ah…
—Lo sé porque me gustas. — No permitido que el castaño siguiera cuestionando pues gracias a sus besos y al calor que aumentaba en sus cuerpos Genzo no pudo articular palabras. — Quiero que seas mío.
— Soy virgen. — sus orbes verdes se cruzaron con los ojos aguamarina que se abrieron por completo al escuchar eso. — Nunca me he metido con ningún omega y mucho menos con un alfa.
— Entonces quiero ser el primero en todo. El que tenga tu cuerpo y haga tener tus primeros orgasmos y cuando tengas sexo con otras personas siempre te acuerdes de mí. — beso sus labios para reafirmar que él era el que controlaba dicha situación además de soltar el miembro del castaño y tomar ambos penes con la mano, masturbándolos y friccionado causando una sensación delirante. Los gemidos de Wakabayashi eran tan fuertes que para Schneider eran un logro que llenaba su ego, era el poseedor de ese hermoso chico, de ese sujeto que más de uno miró en la fiesta, pero no sé atrevió si quiera acercarse por el simple hecho de que era arrogante e intimidante para la mayoría de alfas.
— Eres muy posesivo Heinz— mordió el labio inferior del dominante causando un pequeño sangrado. Al alemán eso sólo lo hacía desear más aquel castaño. Así que también mordió el labio de su pareja y sin dejar de friccionar los miembros logró que Wakabayashi llegará a su primer orgasmo. Si el primero en su vida, era tan conservador que nunca se había masturbado ni mucho menos se había metido con nadie, literalmente estaba dejando de ser virgen con Schneider. El gemido de ese castaño fue tan fuerte, nunca había sentido tanta gloria y sólo fue un estímulo con las manos.
— Eres un chico malo Genzo — Sonrió con descaro y no lo llamaba por su apellido como era la costumbre de los orientales como respeto. El japonés sólo jadeo con dificultad enterrando sus dedos en la espalda del rubio. — Cuánta leche salió, pero ni siquiera hemos iniciado. — acercó sus labios al cuello del omega, de ese que toda la vida y hasta ese momento se a creído un alfa y todo eso pudo seguir su curso si no se hubiese cruzado con ese Alfa sangre pura, dominante que pertenecía al mínimo porcentaje en la población mundial ese que se componía del 0.001% y que además era su pareja destinada, el único que pudo activar en Wakabayashi si verdadera naturaleza con sólo un toque.
—No, espera…no es correcto. Somos alfas. — Genzo apretó su fino y sedoso cabello rubio que era tan brillante como los rayos del sol.
— Te dije que no soy el típico alfa que sólo se mete con omegas, me gustas porque, aunque seas alfa yo seré el que someta esta noche. — su lengua recorrió su cuello hasta llegar a sus hombros y besar su pecho. Mordió un pezón que estaba tan duro haciendo gemir al japonés. Aun cuando su razón le decía que no era correcto su cuerpo simplemente no obedecía, al contrario, se estaba dejando doblegar por ese alfa con aroma a chocolate amargo y era tan curioso el destino como es que ambos tenían aromas tan contrarios y al mismo tiempo tan parecidos. — La ventaja de que seas alfa es que no quedarás preñado. — El primer grave error de Karl Heinz Schneider y posiblemente el que desencadenaría todo un caos en su vida ya en la de Wakabayashi.
— Supongo. — Genzo tampoco entendía que ese era el primer paso a su transición de ser alfa a convertirse en omega. Ese rubio lo enloquecía, ni siquiera sabía por qué, cómo es que durante 23 años nunca había experimentado un celo hasta ahora. Y es que este era justo el día en que ambos quedarían enlazados y no sólo por una noche de sexo ocasional.
— Sólo disfrútalo. — El rubio saboreo sus pezones y los mordisqueo haciendo que Genzo gimiera descontrolado, era la primera vez que segregaba una especie de lubricante de ellos algo normal en un omega en celo, ambos lo hubieran sabido si no es porque Karl en toda su vida de sexo activo y libertinaje le ha rehuido a los omegas y Wakabayashi al ser tan conservador no se había interesado en esos detalles, llegar virgen al altar era su convicción. — Ya te pusiste duro— El alemán sonrió con orgullo, pero yo haré que vuelvas a córrete, te daré el mejor sexo de tu vida.
— Que presumido, sólo cállate. — apretó su labio intentando no gemir más fuerte al sentir nuevamente la mano del rubio quien lo masturbaba con más facilidad gracias al preseminal y al semen de la corrida pasada mientras que, con su boca iba recorriendo el cuerpo del omega hasta llegar a su entrepierna la cual no dudo en lamer. Genzo se excitó tanto al mirar ese rostro con la mirada tan lasciva, ese par de orbes aguamarina que lo miraban mientras lamía los restos de semen y que lograban poner tan duro el miembro de Wakabayashi, no entendía cómo es que apenas se había corrido y ya lo tenía tan tieso.
— No, no. Está sucio. — Dijo avergonzado al ver cómo su lengua pasaba por su miembro que se mojaba mucho, no era para menos ese alfa notaba que era un experto en el arte de la seducción y el placer.
— A mi me parece que si te gusta. — sonrió y metió por completo su pene haciendo que el japonés arqueara su espalda. La humedad de su boca lo estaba matando, mentiría si dijera que no sentía el mismísimo cielo en la boca de ese alfa. Sus gemidos por más que quería apagarlos tapando sus bocas salían. Sus ojos se cristalizaron aún más cegándolo, su respiración casa vez más entrecortada y esas manos del dominante en sus testículos. Definitivamente Genzo terminó corriéndose nuevamente, aunque está vez en la boca de Karl quien bebió el semen por completo sin dejar de succionar y eso para Wakabayashi era tan caliente, en verdad ese alfa creído, cínico y odioso lo estaba domando y él reconocía que no podía contradecirlo. — Eres tan caliente para ser un oriental, me alegra ser el primer alfa que te está mostrando lo que es el placer del sexo.
Genzo quería responder, pero en verdad estaba exhausto, dos orgasmos lo estaban haciendo perder la razón y el control de la situación, para su desgracia o fortuna sintió como su trasero fue invadido con un dedo invasor en su virgen entrada. — Duele — enterró sus dedos en la espalda de Schneider quien abrió los ojos al sentir húmedo el interior. Sólo los omegas se mojan, pero… él es un alfa. Pensó intentando entender.
— No debería dolerte, estás mojado.
— No puedo mojarme, soy alfa. — Schneider no encontraba explicación, pero su calentura lo estaba dominando así que sacó el dedo de la virginal cavidad anal del japonés. Mierda quiero metérsela tan duro se dijo a sí mismo y frotó su miembro bien dotado, enorme comparado al promedio y lo acomodo en la entrada metiendo lo de golpe haciendo que Genzo rasguñaba su espalda y gritara, sus mejillas se mojaron con sus lágrimas. Había perdido su virginidad de golpe, ese alfa ni siquiera lo había preparado lo suficientemente como para dilatarlo. — Idiota, duele. — Un pequeño hilo de sangre salió manchando las sábanas. — ¿Qué no entendiste que era virgen?
— Ya no podía aguantar. — limpio las lágrimas del castaño con sus dedos, su espalda le dolía pues las uñas del Omega le abrieron parte de su piel. — además tú también me lastimaste, pero no importa, Sentirás rico después.
— Maldito animal. — grito con dolor al sentir esas estocadas fuertes de ese alfa que no tuvo tacto, en el fondo una lucha de egos y un castigo a ese oriental prepotente que si se hubiese portado amable tal vez Schneider habría sido más genital. Pero no ahora, no con esa entrada apretada y húmeda, no era el primer alfa que se cogía, pero si el primero que se mojaba y eso al alemán le hizo perder la razón. Caliente, mojado, apretado, sencillamente la mejor experiencia para Karl Heinz Schneider quien le quitó la virginidad por completo a Genzo Wakabayashi.
Sus movimientos en el interior del castaño eran fuertes, sincronizados al mismo tiempo que Wakabayashi seguía arañando la espalda de Schneider, le dolía, ardía, quemaba hasta la médula. Era enorme, grueso, largo, sentía que lo iba a romper en dos en algún momento así siguió el rubio quien no podía articular palabras o razonar, ya había perdido la batalla con ese oriental. Él podía ser el dominante pero el cuerpo de Genzo era quien lo estaba poseyendo tanto como para que el alemán ni siquiera notará que su pasivo estaba llorando y que su espalda sangraba a causa de los rasguños, sólo se dejó llevar por el aroma a chocolate dulce y por lo apretada que era su entrada, siguió embistiendo a Wakabayashi quien aún con dolor noto que tenía su miembro duro. ¿Por qué lo tengo duro?, Me duele y aun así parece que eso me excita . Su punta rozaba con el abdomen del alfa que lo estaba penetrando tan fuerte, sus gemidos, esos ojos azules mirándolo y las gotas de sudor cayendo de su frente, inevitable Genzo se volvió a correr. — Así que si te gusta que te someta.
— Cállate idiota. — El rubio sonrió de medio lado y se corrió en el interior del castaño quien sintió ese semen caliente chorreando que lo llenó en su interior y el nudo se formó en el interior.
—Acabo de llenarte con mi semilla, pero quiero que recuerdes mi semen. Así que no sacaré mi miembro, quiero llenarte de nuevo y que cuando tengas sexo con otra persona me compares, reconozcas que soy yo el que mejor te ha follado. — Wakabayashi casi cerraba los ojos, estaba exhausto, ya se había corrido tres veces lo suficientemente como para consumir su energía. Las piernas le temblaban, el corazón se aceleraba y tener a ese alfa sobre de él era asfixiante. Ni siquiera podía estar lúcido y gritarle en la cara que era un salvaje, porque en el fondo reconocía que ese alfa lo había cogido de una forma sublime.
Su boca entreabierta que buscaba controlar su respiración fue violada por la lengua del rubio quien nuevamente quería devorar esos labios carnosos, jugosos y dulces. Ese castaño lo tenía como loco y quería más, exprimir hasta la última gota de su energía y llenar su interior con el su semen. — Te gusta, sé que te gusta que te folle Genzo. — Tomó su cabello y lo beso ejerciendo presión entre sus bocas metió su lengua hasta chocar con la garganta del japonés quien soltó lágrimas de dolor. En verdad ese alfa estaba castigándolo y lo peor de todo le gustaba, no estaba poniendo objeción en ello. En verdad sus ojos azules conectados con sus ojos verdes y su sin hueso lo ponían caliente tanto como para por cuarta vez ponerle su miembro duro que ya dolía y que no comprendía cómo es que estaba tan erecto si no sentía energía como para ponerse a Karl.
El alemán con una extraña maniobra y sin salir del interior del castaño ni dejar de besarlo, abrió el cajón de ese mueble junto a su cama y sacó una caja. Ese pequeño juguete que compró cuando llegó con la finalidad de divertirse y usarlo con su próxima conquista. Lo dejo al lado de la almohada y notando que su nudo se había desinflamado se comenzó a mover en el Inter del japonés. Ni siquiera lo saco, pues de inmediato se volvió a poner tan duro, mojado y con el semen que hace unos instantes derramó en el interior del chico de ojos verdes.
Genzo gimió al experimentar como ese miembro nuevamente lo follaba, era extraño que el semen se sentía aún caliente y era penetrado nuevamente. Esa sensación del semen que no salía de su interior y del pene erecto que golpeaba su próstata. — Ya…ya no más…— suplicó, era tan rico, pero al mismo tiempo ya no tenía energía suficiente como para seguir. El alfa no entendió eso, estaba hirviendo, el saber que su semen se encontraba en el interior de ese húmedo hueco y él seguía embistiéndolo además de jugar con la lengua del castaño quien parecía que su punta explotaría al rozar nuevamente el abdomen de ese rubio. — Por favor Karl, ya no más. — sus uñas se clavaron nuevamente en la espalda de ese alfa que copulaba sin piedad.
— Quiero que mi corrida se quede dentro de ti, quiero que recuerdes como mi polla estuvo aquí dentro de ti, que soy el primero en tu vida penetrando tu interior y quién te quitó la virginidad. — Siguió embistiendo fuerte mientras observaba como Genzo abría la boda jadeando y sin energía como para objetar nada. — Sentirás una parte de mi dentro de ti, ese calor incesante en tu pequeño y apretado agujero que se entregó a mí. Cada vez que lo recuerdes sentirás que quieres repetirlo, porque yo soy tu alfa, no importa si en tu vida existen más. — sonrió al sentir el semen de ese castaño nuevamente marchando parte de su abdomen y casi desmayarse después de ello. No pudo evitar sentirse excitado con dicha escena en la que el rostro de Wakabayashi estaba tan rojo, con los ojos perdidos y cristalizados. En verdad luce hermoso y es todo mío. Movió con más fuerza sus caderas chocando sus testículos en sus glúteos y después de varias estocadas fuertes que chocaban con la próstata del japonés se corrió en su interior llenando más de semen caliente.
Las piernas de Genzo temblaban, se había corrido una cuarta y última vez y no podía más. El nudo en el pene de Karl se formó nuevamente y el rubio permaneció sobre del chico de ojos verdes quien se desmayó después de sentir la segunda ronda de semen en su interior. — Eres guapo, me gustas, pero eres arrogante. Al final quién ganó la apuesta fui yo, dijiste que nunca te meterías con un alfa. — se acercó y beso sus labios del chico que estaba inconsciente, ya no tenía fuerzas para reaccionar.
Schneider tomó la caja que había sacado hace unos momentos y sacó de su interior un buttplug plateado con una zirconia en forma de corazón. Después de que su nudo se desinflamo saco su miembro y colocó dicho juguete sexual en el interior de Genzo. — Mi semen se quedará contigo hasta mañana. — Sonrió de medio lado. Vaya se ve bonito enterrado en su pequeño agujero y su gran trasero, pensó mirando a detalle el cuerpo del Japonés pero no noto que en su hombro izquierdo tenía una corona similar a la que él tenía en su hombro derecho.
Acarició con sus dedos sus labios y los besó para después dormir un poco al lado de Wakabayashi, al menos así quedaron ambos con una recámara que olía a chocolate, sus aromas fusionados y con un Genzo tan perdido en sus sueños gracias al cansancio. Todo estuvo tranquilo hasta que el celular de Schneider sonó.
— ¿Qué demonios quieres Kaltz? — habló entre dormido mientras su amigo al otro lado de la línea esperaba.
— Sé que debes estar dormido al lado de tu nueva conquista, pero te recuerdo que nuestro vuelo sale en una hora, te espero en 15 minutos en la recepción, de otro modo te dejaré.
— Está bien, voy para allá. — colgó la llamada y se talló los ojos. Miró el techo y luego a su amante en turno, al menos por esa noche. Se veía tan lindo dormido al lado de él, por primera vez notó que tenía cejas pobladas, pero elegantemente definidas, una nariz bonita y su mentón y facciones eran finas, de hecho, era más bonito observándolo a detalle, sin olvidar las pestañas largas y rizadas que daban un plus a ese lindo rostro además de esos labios gruesos, carnosos y rojos.
Schneider no sé quedó con la duda y levantó la cobija, vio el cuerpo desnudo del chico quien tenía una cintura más pequeña de lo normal entre los alfas y aunque su miembro era del tamaño promedio de los alfas era más pequeño que el de Schneider. Se acercó más y tocó su trasero para sentir el buttplug de corazón incrustado en su entrada. Al menos eso le dejaré como recuerdo reflexionó y se levantó de la cama dejando tapado al japonés.
Se metió a bañar, pero al sentir el agua caer en la espalda se quejó, recordando que Wakabayashi lo había rasguñado varias veces cuando lo desvirgó. — Me lo merezco, no fui tan amable. — reconoció y con mucho dolor se bañó para vestirse rápidamente y tomar su maleta no sin antes mirar por última vez al japonés y besarlo en los labios. — Adiós bonito, si no fueras tan rebelde serías mi pareja ideal.
Se fue después de ello dejando completamente solo al japonés quien seguía dormido y con el buttplug en su interior, así que en efecto lo más seguro era que quedaría preñado por ese alfa después de todo el semen se quedó en su interior y el era un omega que estuvo en su primer celo, el destino era grande y justo cuando su alfa apareció frente a él. Llevaba 23 años creyendo que era alfa, al menos eso le habían dicho y tenía muchas características que a cualquiera que lo viera no lo harían dudar como una gran altura y un carácter fuerte, pero con facciones tan finas que era guapo entre los alfas, tanto como para llamar la atención de Karl Heinz Schneider un alfa de sangre pura.
Despertó justo al escuchar su celular sonar incontables veces. — ah — se quejó e intuitivamente se talló los ojos notando que no estaba en la recámara de su hotel. — ¿Qué hice? — giro su rostro, pero no había nadie, suspiró con alivio, aunque sonrojo al notarse desnudo. Y de nuevo ese sonido en su celular, se levantó de la cama, pero cuando intentó mantenerse en pie sus piernas se doblaron y cayó al suelo estrepitosamente. — Ah, no— y entonces notó que su trasero se sentía extraño, aún en el suelo sentía como su agujero estaba lleno. Acercó temeroso su mano y recordó entre sueños esas palabras: "Quiero que mi corrida se quede dentro de ti, quiero que recuerdes como mi polla estuvo aquí dentro de ti, que soy el primero en tu vida penetrando tu interior y quién te quitó la virginidad."
Se sonrojo al recordarlo y sentir ese juguete sexual en su ano, ese buttplug que al parecer tenía forma de corazón, aún en el suelo recordó las otras palabras del alfa: "Sentirás una parte de mi dentro de ti, ese calor incesante en tu pequeño y apretado agujero que se entregó a mí. Cada vez que lo recuerdes sentirás que quieres repetirlo, porque yo soy tu alfa, no importa si en tu vida existen más".
— Ese tipo — sus mejillas ardían ante la vergüenza de recordar cómo lo desvirgó y ahora tenía no sólo el buttplug sino también su semen. Lo peor de todo es que se siente rico. reconoció y no lo sacó, todo lo contrario, lo empujó un poco más en su interior al menos buscando recordar ese enorme miembro que le quitó toda su pureza.
El celular seguía sonando, fue cuando salió de su transa con ese juguete sexual y arrastrándose llegó hasta sus pantalones. — Hola.
— Gen, ¿Dónde demonios te metiste? Me tienes preocupado, no te ví en la fiesta y está noche no regresaste a dormir. ¿Estás bien? — El japonés se sonrojo, era verdad jamás le avisó a su mejor amigo.
— Estoy bien, iré al hotel pronto. — sus piernas le dolían, sería difícil salir de aquel lugar sin ayuda así que era mejor contarle la verdad. — La verdad necesito ayuda, ¿Podrías venir por mí? , por favor trae unos analgésicos.
— Espera, ¿Qué? — Escuchó a su amigo gritar al otro lado de la línea. — ¿Qué demonios pasó anoche?
— Te contaré en cuanto vengas, trae los analgésicos. Te enviaré la ubicación y procura venir pronto, pediré a la recepción que cuando llegues te abran, tomaré un baño. — Antes de que Taro pusiese decirle algo colgó y le envío la ubicación.
Con dificultad pudo volver a la cama y llamó a la recepción para pedir que le abrieran la habitación a su amigo una vez que este llegará. — No sé preocupe, el señor Schneider dejo pagado todo y ordenó que le subieran el desayuno.
— No es necesario, sólo quiero que en cuanto llegue mi amigo suba. Gracias. — colgó y suspiro, ese rubio lo había dejado como todas las aventuras ocasionales, aunque no lo culpaba, después de todo así fue una simple aventura.
Aún se sentía extraño con el buttplug, lo toco nuevamente. No sabía que hacer, si sacarlo de jalón o lentamente, sólo sabía que tenía que hacerlo. Así que se fue al baño con dificultad, sus piernas le dolían y ni que decir de su trasero, así que al llegar al baño miró su cuerpo en el espejo de cuerpo completo y noto marcas en su piel. — Ese alemán — miró su trasero y vio esa zirconia entre sus nalgas en forma de corazón.
— Ah, me siento raro — Una parte del semen salía del buttplug, así que Inhaló y exhaló cerrando los ojos y entre sus dedos tomo el corazón sacándolo con cuidado. Lo siguiente fue una descarga de semen saliendo de su pequeño agujero. Ese líquido blanco que salía de su interior llenando sus piernas, suspiro al sentir como le escurría y miró espejo. — Es mucho, ¿En verdad me cabe tanto? — se dijo en voz alta para si mismo notando como el semen caía al piso una vez que recorrió sus piernas.
Se sonrojo al notarse así, sintiéndose como una sucia perra con las piernas y su agujero lleno de semen. Sostuvo entre sus manos el buttplug y se metió a la ducha dejándolo en el lavamanos, incluso bañarse era doloroso, sus piernas dolían como el infierno y el semen seguía escurriendo de su agujero, aun cuando ya había pasado tiempo. Se lavo tanto, aunque no dejaba de tener la sensación de vacío al ya no tener el buttplug sino ni el semen en su interior.
Cómo pudo se cambió y guardo en la bolsa interna de su saco el plug, ni siquiera sabía porque, pero deseaba quedárselo. Así fue como espero a Taro Misaki, adolorido y recordando como ese rubio alemán le había quitado su virginidad de una forma que difícilmente podría olvidar.
