ADVERTENCIA: Lemon
No recomendada para menores de 18 años.
Personajes propiedad de Rumiko Takahashi, serie InuYasha por Sunrise.
PoV Kagome
Su boca cambió de posición y su mano subió a mi rostro para acariciarme, aún cuando estaba totalmente enfocado en llenar de marcas mi pecho, se preocupó en recordarme lo preciada que era para él. Por otra parte, su otra mano se encargó de deshacer el nudo de mi ropa, dejándome totalmente expuesta; subió su mano lentamente por una de mis piernas y tal vez sea porque el ambiente era frío, o tal vez era su mano la que estaba en llamas, porque su tacto era como una placentera quemadura que dejaba sensible todo a su paso, hasta el aire me arrancaba suspiros.
Deslicé mis manos por su espalda, dejando marca de mis uñas en su recorrido, al llegar al obi temblé un poco, tal vez por placer o por nervios. Mis instintos no eran tan fuertes, si bien dictaban mis movimientos, también era la primera vez que vería completamente su piel. ¿Cómo no estar nerviosa ante semejante adonis? ¿Cómo no estremecerse si semejante ser, tan hermoso como tentador, estaba dándome tantas oleadas de puro deleite?
Sus manos fueron a mis piernas, recorriendo cada centímetro hasta mis muslos y su boca baja por mi abdomen repartiendo besos y lamiendo de vez en cuando. Me mira a los ojos y noto un brillo especial, uno que solo se ve cuando se siente orgulloso de sí mismo y que precisamente ahora lo único que hace es derretirme por dentro.
Algo llama con urgencia su atención, desde mi interior siento algo que me dice que le pida por más, algo que hace que mis caderas se muevan y busquen acercarse a él. Sé que lo notó porque subió una mano para agarrar la mía y lleno de mordidas todo mi vientre hasta llevar al monte de venus. Sé que es lo qué hará, o más bien lo que quiero que haga. Pasa su lengua muy despacio por mis pliegues y suelto un suspiro que terminó por ser un gemido. Dios, fue solo uno pero me hizo apretar su mano en súplica de más; y no me hizo esperar, lamió cada vez con más confianza, desde arriba hasta abajo, en lo que creo fueron círculos y succiono levemente mi clítoris. Encontró ese punto débil y sensible, que estoy segura ahora sería usado en mi contra, y le brindó tantos mimos que aumentaban la frecuencia y tono de mis, ahora claramente, gemidos.
Bajo un poco más su lengua, encontrando la entrada y adentrando un poco su lengua. El repentino frío que me invadió me hizo gemir aun mas alto, y lo supo, allí era su destino. La mano libre que mantenía fija en mi cadera para evitar que me mueva de mi lugar, la bajó dejando un pequeño rastro de sus garras hasta mi entrada. Lo vi quebrar algunas de sus garras con los colmillos con sumo cuidado de dejar lisa su superficie, para volver a jugar con su lengua y mi clítoris lentamente mientras introducía uno de sus dedos, con cuidado, con mucha precaución de no herirme. La sensación tan extraña no fue incómoda, sin embargo era nueva y no sabía cómo sentirme hasta que lo fue sacando y metiendo pausadamente, arrancándome gemidos profundos en el proceso.
Movió su lengua y mano en forma circular, dilatándome y distrayendome a la vez, para aumentar otro dedo, seguía sin sentir dolor, su boca se encargaba de hacerme olvidar la sorpresa del intruso. Aumento un poco la velocidad en tanto tocaba un punto tan sensible que me hizo gemir tan alto que me sorprendí a mi misma. Sentí como la sangre se agolpaba en mi cara y le regresé a ver, al igual que yo un tono carmín adornaba sus mejillas y sus ojos tenían un matiz de azul. Me atrapaban y ya no podía desviar la mirada, necesitaba verlo, grabar en mi mente esa mirada llena de dedicación y deseo, era la viva imagen de la lujuria andante, y yo su esclava eterna.
Un tercer dedo se introdujo en mí y gemí ronca, atrapando una pobre tela que había por allí para hacerla víctima de mi placer. La velocidad aumentó y sentí el calor de mi cuerpo subir, era demasiado y solo pude gemir, cerrar los ojos y tirar la cabeza atrás en un absurdo intento de racionalizar el calor que desesperadamente me nublaba la mente. Algo en mi gritaba por liberarse y no creí que había escapatoria hasta que sentí un beso delicado en mis labios. En qué momento había subido para llegar hasta mí, no lo sé, solo sentí como mis manos se libraron para aferrarme a él y besarlo con una fiereza desconocida, mis gemidos eran tan altos que rozaban ser gritos y trataba de desquitarme con su boca.
El calor que me torturaba tan placenteramente explotó y dejé de besarlo para arañar su espalda y abrazarlo con fuerza en tanto pequeñas convulsiones se apoderaban de mi. Por su parte, él me devolvió el abrazo y escuche un gruñido mientras desesperadamente se apoderaba de mi cuello. Los nervios de mi espalda se sensibilizaron al roce de la tela debajo mío y los cabellos que me rodeaban me daban una caricia de deliciosas cosquillas...
