Capítulo 3

—¿Que hizo qué? —le preguntó Karin, otra de sus mejores amigas, perteneciente al grupo de cuatro mosqueteras que formaban junto con Temari y Tenten. El silencio al otro lado del teléfono le había dejado claro su estado de shock.

—¿Estás bien? —le preguntó Sakura desperezándose en la cama—. Debí decírtelo con un buen desayuno. Dar noticias como esta a una embarazada, y por teléfono, no es buena idea. Si te sale el niño con cara de susto no me lo perdonaré jamás.

Karin comenzó a reírse ante aquella ocurrencia.

—Es que te lo recordaría toda la vida, y te tocaría sacarlo a pasear al parque cada día como una buena madrina.

—Eso está hecho —le dijo ella, orgullosa de que Karin le hubiese dicho hacía una semana que quería que cumpliese ese papel en la vida de su futuro bebé. Aunque aún quedaban varios meses, contaba los días para ver el rostro del pequeño o pequeña.

—Vamos al grano. Cuéntame exactamente lo que te dijo —la instó Karin.

—Ya te lo he dicho, eso fue todo...

—¿Cómo que fue todo? ¿No te dijo nada más? ¿Qué le dijiste tú? ¿Os vais a casar?

—¡No! —exclamó efusivamente—. ¡Karin! ¿Cómo voy a casarme con un hombre por el que no siento nada?

—Tranquila, fiera, solo quería estar segura de que no te dejabas llevar por la posibilidad de conseguir la foto del marido y el hijo perfectos.

—No sería el marido perfecto. Ya lo sabía, pero cuando además se puso a llorar y sorber mocos ante mi negativa, me quedó claro del todo.

—¿Eso fue lo que hizo? Pobre...

—No me hagas sentir como la mala. Bastante culpable me siento ya.

—No tienes que sentirte mal por luchar por tu felicidad. También es bueno para él. Así podrá conocer a una mujer más parecida a él.

—Sí, eso espero, porque no fue agradable verlo de nuevo. Me remueve muchos sentimientos por dentro, pero ninguno que me haga sopesar la posibilidad de una reconciliación.

—Eso es bueno, significa que has tomado la mejor decisión terminando con él. Ahora podrás centrarte en tu nueva vida. ¿Y después se fue sin más?

—Bueno... Más o menos. Intentó que lo invitase a entrar en casa con la excusa de revisar si había correspondencia para él. Imagino que su intención era hacerme cambiar de idea de una forma más... íntima. Si él supiese que en ese terreno siempre me ha dejado fría... En fin, que le dije que no había nada y que lo mejor era que se marchase. Que era la mejor forma de seguir guardando un bonito recuerdo de estos siete años de relación. Y se marchó. No fue fácil hacerle daño de esa manera.

—Imagino que no. Hidan no es un mal tipo, pero no es el adecuado. Continuar con esto solo iba a haceros más daño a los dos.

—Tienes toda la razón —dijo Sakura con un gran suspiro.

No le iba a reconocer a su amiga que no había sido tan sencillo tomar esa decisión. Cuando lo vio arrodillado frente a ella, una parte suya, una débil y patética, estuvo a punto de decir que sí. Era la parte a la que había estado escuchando durante esos siete años de relación, la que le decía cada mañana que, si no estaba con él, al final se quedaría sola y jamás cumpliría su sueño de tener una familia. Las relaciones anteriores a Hidan le habían dejado un pésimo sabor de boca: no había salido más que con patanes infieles y egoístas. Había dado tumbos de una relación tóxica a otra hasta que conoció al atractivo contable. Hidan era apuesto, un poco soso y con unos gustos que diferían mucho de los de ella, que era una persona inquieta que estaba siempre dispuesta a realizar actividades nuevas y excitantes. Él era un hombre confiable, seguro, y aletargado. Le había dado la seguridad, durante años, de saber que no le iban a romper el corazón, pero durante ese tiempo también había sentido como se estaba contagiando de esa falta de entusiasmo del hombre con el que salía, y cada vez se sentía menos ella misma.

Aun así, cuando él se arrodilló y le propuso matrimonio, y vio que su sueño de ser madre y tener una familia estaba a tan solo dos pasos de distancia, algo en su interior quiso dejarse llevar de nuevo por aquella seguridad prometida. Por suerte, otra voz mucho más fuerte, su propia voz encerrada durante años, se rebeló, gritándole que la oportunidad se la debía dar a sí misma.

—Estoy muy orgullosa de ti —le dijo Karin, sorprendiéndola.

Sakura sonrió y comenzó a emocionarse.

—Bueno, bueno, si tan orgullosa estás, lo que tienes que hacer es invitarme a un buen desayuno.

—Ah, no. No pienso volver a Sack's hasta que tenga a este bebé glotón. Estoy casi de cinco meses y he cogido seis kilos. He leído que la mayor parte del peso se gana en el último trimestre del embarazo. Aún me queda poco menos de la mitad y ya estoy como una vaca.

—Estás estupenda...

—Estupendamente redonda. Si quieres quedamos para dar una vuelta y hacer algunas compras. Ahora que ya he dejado la fase de los mareos y los agotamientos, me siento con más ganas de hacer cosas. ¡Vamos a comernos la ciudad!

—¿Pero no habías dicho que no querías comer? —le preguntó Sakura, riéndose de ella un poco.

—Muy graciosa. Ya sabes a lo que me refiero. Además tengo que hacer algunas compras para el bebé y hacerlo sola se me hace un poco cuesta arriba.

—Tranquila, para eso estamos las chicas. Sabes que Tenten y yo estaremos contigo en todo —le dijo, intentando infundir confianza a su amiga.

Karin les había dado la sorpresa de su embarazo hacía un par de meses, cuando les reveló que, sin decírselo a nadie, se había sometido a una inseminación artificial para así hacer realidad su deseo de ser madre. Karin era la mayor del grupo —tenía treinta y ocho años—, y aunque todas sabían de su deseo de convertirse en madre y que su reloj biológico le decía a gritos que era el momento, nunca pensaron que se plantease someterse a una inseminación. La admiraba por haberse animado. Iba a hacer realidad su sueño sin esperar a que otras personas lo cumpliesen por ella. No necesitaba a un hombre, les había dicho, y lo había demostrado. Llevaba todo el proceso increíblemente bien, pero a veces las buscaba para sentirse acompañada con alguna tarea, como en esa ocasión con las compras.

—¿Quedamos en un par de horas en el centro comercial? Quiero terminar una pulsera para Clementina y darme una buena ducha antes de marcharme.

—Claro, tranquila. Voy a llamar a Tenten por si quiere acompañarnos.

—Fantástico, hace casi un mes que no la veo. Ha estado muy ocupada con la compañía de danza y la tienda. También tendrá novedades que contarnos.

—Seguro que sí. Pues nada, preciosa, nos vemos en un par de horas. ¡No llegues tarde! —le advirtió Karin, recordándole que su impuntualidad era algo archiconocido por su entorno—. No está bien hacer esperar a una mujer en mi estado.

—¡Vaya cuento tienes! Pero, tranquila, seré puntual, como te digo solo voy a hacer una par de cosas —le aseguró.

Pero, dos horas después, mientras sus amigas la esperaban frente al centro comercial para ir de compras, Sakura seguía en su apartamento. Sentada en el suelo de madera del salón, con la espalda apoyada en la puerta y la cabeza entre las manos, tenía la correspondencia que no había podido revisar el día anterior, abierta y esparcida frente a ella. Suspiró con fuerza intentando tranquilizarse y preguntándose si eran esas la clase de sorpresas que le estaba guardando el destino.