Capítulo 24

Sakura acababa de salir de su diminuta ducha cuando hasta ella llegó la melodía de una de sus canciones favoritas, Thinking out loud, de Ed Sheeran. Miró por la ventana de la caravana y sonrió al comprobar que I.U. había regresado de su viaje. Sin pensarlo dos veces, como llevada por una fuerza invisible que tiraba de ella, se puso uno de sus pantalones cortos y una camiseta amplia rosa, a juego con sus botas nuevas, y se dirigió a la casa. Allí estaba él, viendo algunos papeles sobre la mesa, de espaldas a ella. Llevaba puesto un vaquero desgastado, que se ajustaba de forma sexy sobre sus caderas, y el torso descubierto. Era como una visión. Su piel morena resplandecía iluminada por la luz dorada que atravesaba la ventana. Tenía una piel tan apetecible, un cuerpo tan increíblemente suculento que sintió inmediatamente como se le secaba la boca.

—Hola —lo saludó desde la entrada de salón.

—Hola —le devolvió el saludo él, girándose, y le brindó una sonrisa que hizo que ella se saltase un latido.

—Has vuelto...

—Claro, te dije que lo haría —contestó él, acercándose a ella, y la miró con intensidad.

Sakura se sintió tímida de repente y desvió su atención a la repisa de madera sobre la chimenea. Colocó las manos en los bolsillos traseros de su pantalón, pues estaba tan nerviosa que no sabía que hacer con ellas.

—¿Te he despertado con la música? —le preguntó, ya a pocos pasos de distancia de ella.

Sakura negó con la cabeza.

—Me has atraído hasta aquí gracias a ella —le dijo, sonriendo—. Ed Sheeran me vuelve loca —confesó, encogiéndose de hombros.

—Qué suerte tengo, he puesto un CD completo de canciones suyas —le dijo en tono bajo, con una arrebatadora sonrisa. Le pasó una mano por la cintura, bajo la camiseta y la giró hacia él.

Sakura contuvo el aliento en el momento en el que su mano grande y cálida acarició su piel. Ya tenía el corazón desbocado y la anticipación y el deseo se apoderaban de ella. Lo había echado de menos. Muy a su pesar, los últimos tres días había pensado constantemente en él, y llegó a plantearse qué pasaría con ella cuando se marchase de allí. Su plan había sido hacerlo con el dinero en la mano y sin mirar atrás. Pero sabía que el recuerdo de I.U. la perseguiría donde fuera. Dudaba que alguna vez volviese a sentir las cosas que él le provocaba con su sola presencia, y se mordió el labio para detener un temblor.

—¿Me has echado de menos? —le preguntó él frente a sus labios, como si le hubiese leído el pensamiento.

Sakura cerró los ojos y sintió que el aire escapaba de sus pulmones.

—No —mintió en un susurro apenas audible.

—Bien... Yo tampoco a ti —mintió también él, acariciando con su aliento los labios de ella—. No queremos que ninguno se termine enamorando del otro...

Enamorarse. Aquella palabra taladró la mente de Isthar de manera repentina.

La canción cesó y comenzó una nueva. Otro tema del cantante, esta vez las notas lentas, pausadas y sensuales de Kiss me envolvieron la escena de manera mágica.

—Por favor, hazlo ya —le rogó.

Y él, sonriendo, la tomó por la barbilla, le rodeó las mejillas con ambas manos y recorrió su bello rostro grabándolo en su mente. La besó en la frente, en las mejillas... Colocó una de sus manos en la nuca y, tirando de ella, la obligó a inclinarse para atrás, comenzando un tortuoso camino de pequeños besos por su barbilla y cuello. La recorría despacio, posando sus labios llenos y expertos en cada centímetro de su piel deseosa de recibir atención. Sakura lo abrazó, aferrándose a su cabello y lo instó a continuar con un jadeo.

—Te deseo —le confesó él, con voz ronca, al oído.
Isthar sintió que se iba a desmayar.

—Y yo a ti —le dijo ella, apartándose y buscando sus labios.

I.U. la esquivó, posando ambas manos en sus nalgas, y la elevó, haciendo que ella enredase sus largas piernas en torno a él entre risas. Al oírla él gruñó con ansia.

—Sabes que voy a hacerte mía, ¿verdad? —le preguntó, apoyando la frente en la suya.

Sakura se sentía tan excitada y sobrecogida que no fue capaz de responder y se limitó a asentir. Y Itachi la besó. Presionó los labios sobre los de ella y los abrió con su lengua, buscando la intimidad anhelada durante tantos de días de sequía, en los que pensó que moriría si no volvía a beber de sus labios. Sakura se abrazó aún con más fuerza a él. Encajaba de manera tan perfecta entre sus brazos que, de manera instintiva y posesiva, la apretó contra su cuerpo. La apoyó contra la pared y se perdió en la profundidad de sus besos, de su sabor. Estaban tan concentrados el uno en el otro que no oyeron como se abría la puerta de la casa, ni los pasos que se dirigían hasta la estancia hasta que estos no llegaron hasta ellos. Una tos inoportuna los hizo salir súbitamente del estado en el que se encontraban.

—¡Mierda! —exclamó ella, escondiendo el rostro en su pecho.

Itachi indicó con una mano a los recién llegados que esperasen fuera.

—Dadnos un momento —les ordenó—. Lo siento —le dijo a ella—, debería ser más discreto en la obra.

—No es culpa tuya. Yo me he dejado llevar.

—¿Crees que yo estoy muy comedido? —le preguntó él, llevando la mano de Sakura hasta su erección. Ella sonrió de manera traviesa y él estuvo a punto de mandar a paseo a todos lo que habían ido hasta la casa para hacerla suya en ese momento—. Esto no va a quedar así —añadió con voz ronca.

—Espero que eso sea una promesa —le dijo ella, apartándose de él. Se colocó la camiseta, se atusó el cabello y salió de la habitación, dejándolo a solas con su feroz erección.

Unos minutos más tarde, Itachi la veía hablar amigablemente con las mujeres del pueblo, que habían ido hasta allí para agradecerle lo que había hecho por la asociación. Y entonces ella les contó su plan de hacer una cadena de montaje, para que ellas pudiesen hacer las mismas pulseras que había diseñado y venderlas a través de internet. Sin duda, la publicidad hecha por sus amigos no tardaría en crear expectación por las piezas y generar la demanda de las mismas. Las mujeres, encantadas con la idea, la rodearon y acompañaron hasta la caravana, donde ella les mostró los materiales que utilizaba. Mientras, los obreros volvían a la obra a recuperar el tiempo perdido.

La vio alejarse y se sintió extrañamente orgulloso de ella. No podía negar que era una mujer sorprendente. Cualquier otra se habría dado por vencida ante uno de los muchos problemas que a ella le habían surgido. Pero no había sido el caso de la señorita Haruno. Ella seguía allí, luchando, peleando por reconstruir aquella vieja casa, sin ceder ante nada. Jamás había conocido a una persona como ella. De hecho, aquella virtud suya le hizo plantearse si su padre, en su día, había hecho todo cuanto estuvo en su mano para aferrarse a la propiedad como ella lo hacía.

Sakura estaba generando muchas dudas en su plan. Le obligaba a hacerse preguntas que no había querido plantearse hasta el momento, y a instalar en su corazón anhelos que no sabía que hubiese tenido antes. De momento, lo único que tenía claro era que quería aprovechar cada momento de las próximas semanas estando con ella. Necesitaba descubrir realmente quién era esa mujer, y decidir así cómo iba a actuar con ella.

El sonido de su móvil, avisándole de una llamada entrante, lo sacó de sus pensamientos. Miró la pantalla y vio que se trataba de Izu. Ese era otro problema con el que lidiar. Llevaba faltando al trabajo cuatro semanas. Sabía que no estaría de muy buen humor y tendría que aplacar sus caldeados ánimos. Tomó la llamada y salió al exterior de la casa para poder hablar con tranquilidad.

Sakura vio salir a I.U., de la casa y se encaminó hacia él para preguntarle dónde podría conseguir el cobre que necesitaban para las pulseras, pero cuando estaba a pocos pasos de él, se dio cuenta de que este mantenía una conversación por teléfono y se detuvo a esperar que terminara.

—¡Sé que he estado ausente cuatro semanas del trabajo, pero esto es importante! —le oyó decir.

Se preguntó a qué se refería él. ¿Tenía otra obra a la que acudir? ¿Sería por eso que él se ausentaba de cuando en cuando?

—¡No, Izu, me tomo muy en serio nuestra empresa, por eso no he cogido vacaciones en los últimos siete años! Y si por tomarme unas cuantas semanas para solucionar los problemas de mi fa...

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire. Mientras hablaba I.U. caminaba en círculos por la parcela, dibujando elipses en la arena rojiza con sus botas. En ese momento vio a Sakura esperarlo a pocos pasos. Lo miraba interrogativamente. Estaba claro que algo de lo que había oído no le cuadraba. Temió haber estropeado su tapadera con ella. Y la posibilidad de perderla antes de tiempo lo aterrorizó. Sin pensarlo dos veces, olvidó la llamada y acortó la distancia entre ambos de dos zancadas, forzando una sonrisa. La tomó por el rostro y la besó antes de que ella pudiese formular las dudas que se reflejaban en su rostro.

—¡Menos mal que has venido, necesitaba ya volver a besarte! —le dijo, dejándola perpleja y sin aliento.

—¿No decías que debías ser más discreto? —le preguntó ella, muy cerca de su boca.

—¡Al diablo la discreción! —le respondió él, y volvió a besarla apasionadamente.