Capítulo 31

—¿Quién quiere hamburguesa de búfalo? —preguntó Obito frente a la parrilla. Sakura intentó levantar la mano, pero Itachi sentado tras ella en los escalones del porche se la bajó entre risas.

—¡Ya te has comido dos, glotona! —dijo, preguntándose dónde era capaz de meter tanta comida.

—¿Qué quieres que te diga? ¡Tengo hambre! —se defendió.

—No puedes tener hambre después de meter dos enormes hamburguesas de búfalo aquí —Itachi le levantó el filo de la camiseta y posó su mano sobre el vientre plano de Sakura.

Aquel contacto cálido hizo que se olvidase de su exagerado apetito y se despertasen otras necesidades por saciar en ella. Estaba sentada entre las piernas de Itachi, en los escalones del porche y se giró para observarlo a su espalda, perdiéndose en su mirada ónix. Quedaron enlazados un segundo, antes de que I.U. se inclinase para apoderarse de sus labios con devoción.

—¡Itachi Uchiha! ¡De manera que esto es lo que has estado haciendo todo el tiempo que me has abandonado!

I.U. se separó de los labios de Sakura como un resorte y miró al frente con el rostro pétreo y desencajado, buscando entre los asistentes la voz femenina que lo estaba delatando. Sakura se removió entre sus brazos, haciendo lo mismo. No tardó en encontrarla, pues Izu se encaminaba hasta él con gesto enardecido.

Sakura se fijó en ella. Una morena de pelo castaño, ojos rasgados y facciones exóticas se aproximaba a ellos. Su forma de andar decidida y enérgica decía a gritos que estaba furiosa. Cuando la tuvieron a unos pasos, quedó impactada por la belleza de sus rasgos. Su cuerpo era atlético y bien proporcionado.

—¡Izu! ¿Qué haces aquí? —le preguntó molesto.

—¿Quién es esta mujer, I.U.? —lo interrogó Sakura a su vez. Lo miró intentando advertir en su rostro lo que la interrupción de aquella desconocida provocaba en él.

—¿Cómo que quién soy? ¿Quién eres tú? —preguntó a Sakura, después la obvió y se dirigió a Itachi—. ¿Este es el problema familiar que tenías que solucionar y por el que has desatendido nuestro negocio durante semanas?

—¿Vuestro negocio? ¿Problema familiar...?

Sakura se levantó como un resorte y miró a I.U. sin comprender, buscando una explicación. Él sintió su marcha de entre sus brazos como la mayor pérdida. Ella lo miró toralmente desencajada, confusa.

—Te lo puedo explicar... —fue lo primero que dijo, intentando acercarse a ella.

A pesar del tono desesperado de Itachi, Sakura dio un paso atrás. No quería que la tocara hasta saber qué estaba pasando allí.

—Tendrás que explicarme a mí primero por qué he tenido que ocuparme del centro de buceo yo sola mientras tú estabas haciendo a saber qué con esta pelirosa.

—¿Qué centro de buceo? —preguntó confusa.

—Oye, guapa, ¿además de pelirosa eres tonta?

La pregunta de la recién llegada quedó suspendida en el aire, porque una Sakura furiosa se fue hacía ella sin pensárselo dos veces. No sabía quién era esa mujer ni qué relación tenía con I.U. pero no iba a consentir que fuese a su casa a insultarla.

Con rapidez, Itachi la interceptó pasándole un brazo por la cintura e impidiéndole que fuese a por la morena.

—¡Suéltame! Ni se te ocurra sujetarme. ¡No voy a dejar que me insulten en mi casa! —le dijo Sakura, retorciéndose en sus brazos.

—Sí, definitivamente eres tonta. Esta no es tu casa, es su casa —añadió la morena, posando las manos en sus caderas y señalando a Itachi.

Sakura se sentía hervir por dentro, tenía ganas de despellejar a esa mujer, pero además no entendía una palabra de lo que le estaba diciendo. ¿Centro de buceo? ¿Que la casa era de I.U.?

—¡Izu! ¡Cállate ya! —le ordenó Itachi con una mirada de advertencia que habría helado la sangre de cualquiera en su presencia—. ¡No tendrías que haber venido! ¡Te dije que te lo explicaría todo a mi regreso! ¡Será mejor que te vayas!

—¡No pienso marcharme! Ya he esperado suficiente estas semanas. Tendrás que explicármelo ahora —le contestó la mujer sin darse por vencida.

Itachi tensó las mandíbulas hasta creer que las partiría por la presión. Soltó a Sakura y se dirigió a Izu con paso resuelto.

—No tengo que explicarte nada, ¡que seas mi socia no te da derecho a inmiscuirte en mi vida! —le dijo con los dientes apretados.

Aquella contestación dibujó un rictus furioso y avergonzado en Izu, que lo miró enardecida. Llevaban seis años trabajando juntos y, aunque en la actualidad solo fuesen socios, en los comienzos de su relación Itachi y ella habían tenido algún que otro escarceo que él no tardó en cortar «por el bien de la relación laboral». Pero ella no había perdido la esperanza de que algún día viese en ella a una compañera, además de socia. Había estado enamorada de Itachi todo aquel tiempo, esperando y aguardando a que él cambiase de opinión. Haciéndose imprescindible para él. Por eso, cuando le dijo que se marchaba unos días para recuperar la propiedad familiar, no dudó en apoyarlo. Hasta que vio que los días se convertían en semanas, y en su última conversación lo oyó hablar con una mujer a la que aseguró no poder esperar a besar. Aquello la hizo enfurecer y cegar de celos. Siempre lo había considerado suyo. No lo había visto mantener relaciones serias y se convenció de que solo era cuestión de tiempo que él volviese a sus brazos, hasta que vio que estaba en los de otra. Y ahora él la despreciaba, le decía delante de toda aquella gente que no tenía derecho a inmiscuirse.

—¿Que no tengo derecho? ¿Cuando te marchas dejándome sola con el negocio durante semanas para supuestamente recuperar la casa de tu padre, y descubro que lo que estás haciendo es tirarte a esta pelirosa? ¡Creo que tengo todo el derecho del mundo a reclamar una explicación! —terminó con tono histérico.

—¿La casa de tu padre? —preguntó Sakura a su espalda.

Itachi se giró y vio la decepción y desconcierto en el rostro de Sakura.

—¿Itachi Uchiha? ¿Eres el hijo del antiguo propietario, el que quiere quitarme la casa?

Las preguntas de Sakura llegaron hasta él cargadas de todo el dolor y desesperación que ella sentía. Y algo se rompió en su interior, ante la certeza de que acababa de perderla.

—Obito, ¿puedes acompañar a Izu a la salida, por favor? Necesito hablar con Sakura —dijo en un intento desesperado por reconducir la situación. Necesitaba poder explicarle, aunque no sabía de qué manera, cómo habían sido las cosas. A su espalda oyó como Izu protestaba mientras era acompañada por Obito hasta su coche, pero no le importaron las protestas de su socia. Solo podía perderse en la mirada herida de Sakura y buscar un resquicio que le permitiese llegar hasta ella.

—¡No quiero hablar contigo! ¡Me has engañado... todo este tiempo! —lo acusó con voz rota. Estaba a punto de llorar.

—Sakura, cariño... —comenzó a decirle acercándose a ella.

—¡No me llames cariño! ¡No te acerques a mí! ¡No te conozco! —gritó ella dando varios pasos atrás. Afortunadamente para ella, vio como las mujeres del pueblo se colocaban frente a ella para franquear el paso de Itachi.

—Será mejor que la dejes ahora —le dijo Rin con mirada reprobatoria, cruzándose de brazos.

—Sí, ya has hecho bastante —añadió Karui a su lado, cerrando bandas. El resto de mujeres formó un muro de protección a su alrededor.

—Tengo que hablar con ella —les dijo desesperado—. Sakura, por favor... No es lo que parece...

—¡Es exactamente lo que parece! ¡No te atrevas a seguir mintiéndome! ¡He sido una ingenua, una imbécil, una estúpida! Me has estado engañando todo este tiempo. Ocultándome quien eras... Jugando conmigo... Solo para conseguir la casa. ¡No quiero volver a verte! —le gritó y se marchó corriendo en dirección a la caravana.

Las mujeres la siguieron, dejándole claro que no lo dejarían hablar con ella. Y supo que la había perdido para siempre.