Capítulo 32
—¿Dónde está? —preguntó Itachi al enorme hombre que ya conocía con el nombre de Killer B, mientras este recogía las cosas de la caravana para llevarla de vuelta al pueblo—. ¡Tengo que hablar con ella!
Killer B lo miró por encima del hombro a su espalda, y volvió a la tarea de soltar las cuerdas que Sakura había anudado allí para tender la ropa, en silencio.
I.U. se enfureció aún más al ver que el hombre lo ignoraba y no le daba la información que le reclamaba. Necesitaba encontrar a Sakura. La noche anterior, después de tomarse unas cuantas cervezas de más, intentando ahogar la frustración de que ella se negase a dejarlo explicarse, Obito se lo había llevado a su casa. Pero aquella mañana, en cuanto abrió los ojos y el recuerdo de la mirada de Sakura rota por la decepción se abrió paso en su mente, volvió a la casa para hablar con ella y hacerle entender lo que había pasado. Pero, para su desesperación y angustia, Sakura no estaba. En su lugar, su amigo Killer B estaba recogiendo la caravana y ni en la casa ni en los alrededores había rastro de ella.
—¡Hey! ¡Te he hecho una pregunta! ¿Dónde está? —le dijo, clavando un dedo en la espalda del grandullón para llamar su atención.
Este se giró un poco, volvió a mirarlo sobre su hombro y, tras ver su expresión ofuscada, se dio cuenta de que no iba a parar.
—¿No crees que deberías haberlo hecho antes? —le preguntó Killer B con tono pausado, algo que exasperó aún más a Itachi—. Ahora ya es tarde —dijo. Y, volviendo a su tarea, le dio la espalda nuevamente.
—¿Cómo que es tarde? ¡No puede ser tarde! ¡Tengo que explicarle...! Dime, ¿dónde está? —le exigió, tomándolo por la camisa y obligándolo a girarse para atenderlo.
Killer B lo miró con el ceño fruncido.
—Mira, estoy intentando ser paciente contigo, aunque lo que me apetece es aplastarte como a un gusano de un puñetazo —le dijo el grandullón amenazante—. Ella no se merecía lo que le has hecho, es una buena chica. Ya tienes lo que quieres, te ha dejado la casa, así que déjala en paz.
Itachi lo miró atónito. Sin duda merecía todo lo que ese hombre quisiera decirle, incluso que quisiera aplastarlo, como le había dicho, como a un gusano. Él sentía como el más rastrero de todos, pero no entendía que le quería decir con que ella le había dejado la casa.
—¡Yo ya no quiero la casa! ¿Cómo que me ha dejado la casa?
Killer B lo miró entornando la mirada.
—Eso es lo que me dijo cuando la llevé al aeropuerto. Ha renunciado a la herencia en tu favor.
Itachi se pasó las manos por el pelo confuso. ¡Ella había renunciado a la casa! A la única cosa que podría salvarla de la situación precaria en la que se encontraba. Había luchado y peleado como una leona durante aquellas semanas para conseguir restaurarla y venderla. Y había renunciado a todo. ¿Por qué? ¿Por qué lo había hecho?
—Necesito hablar con ella —le dijo a un Killer B que lo miró sorprendido. Su tono ya no era exigente. Se le veía angustiado y confuso.
—¿No tienes ya lo que buscabas? ¿Por qué tienes que hablar con ella? ¿No puedes dejarla en paz? —lo interrogó, cruzándose de brazos sobre su gran pecho.
—Mira Killer B... ¿Puedo llamarte B? —le preguntó.
—Para ti, señor Gran Killer B —puntualizó el gran hombre sin cambiar la postura.
Itachi enarcó una ceja pero no hizo comentario alguno. Estaba seguro de que, si alguien sabía algo de Sakura, ese era su amigo. De manera que todas sus esperanzas residían en conseguir convencer a aquella mole, y si lo tenía que llamar señor Gran Killer B, como si lo tenía que llamar «oh-gran-dios-del universo», lo haría.
—Señor Gran Killer B... —dijo, y el grandullón sonrió complacido—. Necesito que me ayudes. Sé que ahora mismo solo piensas en estampar mi cara contra el suelo y hacerme morder el polvo, y si cuando termine de explicarte todo sigues queriendo hacerlo, dejaré que hagas conmigo lo que quieras, pero tengo que encontrarla.
Killer B lo miró de arriba abajo, evaluándolo lentamente. Sí, tenía ganas de aplastar a aquel tipo. Cuando Sakura le contó lo que había hecho y quién era se sintió furioso. Había tomado un gran aprecio por la chica, a quien consideraba digna de toda admiración por su coraje, su valentía y su capacidad de lucha sin dejarse derrotar. Y desde luego él se había portado de la manera más vil y mezquina engañándola y utilizándola. Pero algo no le cuadraba. Se suponía que había hecho todo aquello para recuperar la casa y, si ya la había conseguido, ¿qué buscaba de ella ahora? No le iba a consentir jugar con Sakura por más tiempo. Y si no lo convencía se aseguraría de que jamás diese con ella, pero de momento iba a escucharlo.
