Capítulo 34
—¡No puedes dejarme así! —oyó Itachi que gritaba Izu a su espalda mientras él recogía las cosas de la mesa de su despacho.
—Ya te lo dicho, me voy. Y, la verdad, después de lo que hiciste, espero que ahora no montes también una escena —le contestó él sin darse la vuelta, gesto que enfureció aún más a la mujer.
La estaba ignorando deliberadamente. Sabía que no tenía que haberse dejado llevar por los celos, que no tenía que haberse presentado así en Grover Rock, pero la desesperación de saber que podía estar perdiéndolo la había hecho descontrolarse. Aun así pensó que, cuando las cosas se calmasen, él volvería al trabajo, a la empresa que tantos años les había costado crear y levantar. Sabía lo que aquel negocio significaba para Itachi. Amaba el mar, los rescates y la libertad que le proporcionaba ser uno de los mejores en su oficio y, por lo tanto, poder permitirse ser su propio jefe. Pensó que, cuando sopesase todo lo que la empresa suponía para él, olvidaría lo sucedido y volvería junto a ella. Por supuesto, lo de recuperarlo como pareja habría tenido que quedar relegado por un tiempo, pero esperaría, como lo había estado haciendo durante tantos años ya. Pero Itachi le había dicho que no podía seguir trabajando con ella y había comenzado a recoger sus cosas, como si todo lo que habían vivido juntos pudiese borrarse de un plumazo. Fue hacia él y lo golpeó en la espalda con fuerza.
—¡Eres un cabrón! —le dijo mientras seguía golpeándolo.
Itachi se dio la vuelta y la sujetó por las muñecas.
—¿Te has vuelto loca? ¡Izu, para!
Ella lo miró, cambió su gesto en un segundo y pasó de ofrecerle una mirada furiosa a mostrarle un puchero quejumbroso.
—Dime la verdad... Nunca signifiqué nada para ti, ¿verdad? —le dijo ella con ojos brillantes.
—Creí que éramos amigos. Siempre te dejé claras mis intenciones. No entiendo esto.
—Yo siempre te he amado, siempre te he esperado. Pensé que con el tiempo...
—Izu, eres una buena mujer. Y una gran buceadora, pero lo nuestro no habría podido funcionar jamás.
Itachi aflojó su agarre y ella se soltó dando un paso hacia delante.
—¡No! ¡Todo iba bien entre nosotros... hasta que llegó ella! —dijo, rodeándole el cuello.
Itachi se vio sorprendido por el gesto de ella. Izu aprovechó su turbación para posar sus labios en los de él en un acto movido por la desesperación. Itachi la separó inmediatamente.
—No te hagas esto. No lo hagas, Izu, por favor. Yo no te quiero. No puedo hacerlo. Debí darme cuenta de lo que sentías por mí y haber cortado nuestra relación laboral hace mucho. Habría evitado todo esto. Pero no lo hice y lo siento.
Dio un paso atrás, se acercó a su mesa y recogió la caja con sus cosas. Izu lo miró perpleja.
—Mandaré a uno de mis hermanos a por el resto —le dijo ya en la puerta—. Espero que tengas mucha suerte y que encuentres alguien que te corresponda como mereces, Izu —añadió antes de marcharse, saliendo por la puerta sin mirar atrás.
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Temari se encaminó a la habitación que compartían Sakura y ella en el hotel-pensión Harmony, el único que había en todo el pueblo de Oak River, la pequeña y encantadora población en la que había nacido su futuro marido y en la que se celebraría la boda en tan solo un par de días. Sakura y ella llevaban hospedadas allí dos semanas, desde que habían vuelto de la despedida de soltera. Naruto y ella habían decidido pasar las noches previas a la boda separados, para seguir con la tradición. Y aunque estaba siendo duro no estar con el macizo de su prometido, más duro habría sido saber que Sakura la necesitaba y no estaba con ella.
El fin de semana de la despedida había sido un auténtico desastre. De ninguna manera consiguieron animar a Sakura, que pasó los días entre ausente, llorosa y perdida. Y había decidido llevársela consigo al pueblo para que, con la excusa de que la ayudase con los preparativos finales previos a la boda, tenerla vigilada y que no se sintiese sola. Pero no estaba siendo sencillo. Sakura hacia días que había dejado de llorar, pero seguía ausente y distaba mucho de ser la de siempre, llena de coraje y determinación. Le había dicho que veía a Itachi por todas partes, sin poder olvidarse de él. Y por las noches la oía llamarlo en sueños. Jamás pensó ver a Sakura así de destrozada por un hombre y, si ella misma lo hubiese tenido a su alcance, lo habría estrangulado con sus propias manos por haber roto su corazón.
Llegó hasta la habitación y tomó aire un par de veces antes de introducir la llave en la cerradura y abrir. Entró con la mejor de sus sonrisas dibujada en los labios pensando en el plan de distracción que iba a proponerle para aquella tarde, pero Sakura ni le prestó atención al entrar. Estaba sentada en el suelo enmoquetado de la habitación, con las piernas cruzadas, la cabeza apoyada en la pared y los auriculares en los oídos. Se acercó a ella lentamente para no asustarla y le quitó uno de los auriculares que se llevó a su oído.
—Bien, hemos pasado de The heart wants what it wants de Selena Gómez a Kiss me de Ed Sheeran, es un avance. No más canciones de dolor y ruptura —le dijo con una sonrisa.
—Me besó con esa canción —le dijo ella, explicándole el recuerdo que le evocaba el tema.
Temari chasqueó la lengua contra el paladar.
—Vale, ¿has entrado en una fase autodestructiva?
Sakura negó con la cabeza.
—Pues es lo que parece. Sakura, cariño, sé cómo te sientes, yo una vez también me sentí así. Si pudiese hacer cualquier cosa que disminuyese tu dolor, cualquier cosa...
—No puedes... Pero no tendrás que hacerlo. De verdad no estoy en una fase masoquista. Necesito llenarme de amor, y recordar esos momentos impregnados de ese sentimiento y no llenos de dolor.
Temari la miró sin entender.
—No quiero transmitirle eso.
—¿A quién, niña? No te entiendo...
—A mi bebé. Temari, estoy embarazada —le dijo, dejando que asomasen las lágrimas a sus ojos.
Temari se llevó las manos a los labios y, emocionada, comenzó a llorar junto a ella. Sabía cuánto había deseado su amiga toda la vida ser madre, y estaba esperando un bebé. Estaba feliz por ella, muy feliz.
—¿Y cómo te sientes? —le preguntó, sentándose junto a ella en el suelo.
—Feliz —le dijo con una sonrisa, la primera que le veía en semanas y ella también sonrió—. También estoy nerviosa y un poco asustada. Vale —volvió a sonreír—, muy asustada.
—¿Por qué? —preguntó Temari, aunque intuía la respuesta.
—Voy a ser madre soltera, como Karin. Yo sé lo que es crecer sin un padre, es duro —hizo una pausa y posó las manos en su tripa plana—. ¿Seré capaz de darle la seguridad y el amor que necesite para que no note su falta?
—¡Claro que sí! Siempre he tenido claro que serías una madre fabulosa. Tu hijo será un bebé mimado y consentido y crecerá lleno de amor. Eso sí, cuando sea algo mayor, te preguntará por su padre y entonces tendrás que saber qué decirle.
—Sé lo que voy a decirle —le dijo mirándola con resolución—, que su madre se quedó embarazada sintiendo el amor más infinito e inmenso que sintió jamás, hasta que nació él.
Temari sonrió emocionada y se fundió con Sakura en un fuerte abrazo.
