Capítulo 35

Karin, Tenten e Sakura entraron en la habitación de Samui, la hermana de Naruto y dama de honor junto a ellas en la boda de Temari, y vieron a su amiga frente al espejo mirándose embelesada con su vestido de novia. Una preciosa creación estilo vintage de Vera Wang, regalo de su jefa y editora Shizune. Estaba simplemente impresionante. El vestido se ajustaba ligeramente, dibujando su bella y curvilínea silueta hasta la cadera. A partir de ahí, la tela caía en varias capas como una cascada que terminaba por derramarse a sus pies dejando una pequeña y elegante cola a su paso. Era sencillo, muy romántico. Sakura no tuvo duda de que Naruto cuando la viese quedaría impactado por lo preciosa que estaba su amiga, que resplandecía de felicidad.

—¿Os lo podéis creer? ¡Me voy a casar! —les dijo feliz.

Sus amigas la rodearon y, abrazadas, comenzaron a dar saltitos juntas, riendo.

—Y nada más y nada menos que con Naruto Namikaze —le dijo Sakura, guiñándole un ojo.

Temari le devolvió una sonrisa inmensa, feliz de que Sakura estuviese mucho más animada. Su cambio en los últimos dos días había sido espectacular. Sabía que seguía con el corazón roto y apenas conseguía disimular el dolor que sentía al pensar en I.U., pero saber que en su interior se gestaba su hijo, su pequeño, hacía que hubiese encontrado la fuerza y motivación necesaria para luchar por salir adelante. Ahora era solo cuestión de tiempo que su corazón dejase de llorar por el canalla que se había atrevido a rompérselo.

—Ahora que lo pienso, ¡no os acerquéis a mí demasiado! —les dijo Temari, apartándose de sus amigas como un resorte.

—¿Pero qué hemos hecho? —protestó Tenten sorprendida.

—Tú nada, tú sí puedes venir —le dijo a su amiga, abrazándola de nuevo—, pero vosotras alejaros de mí. Está claro que por aquí hay un virus baby boom y ahora mismo me viene fatal. Ya veremos en unos meses, pero por el momento prefiero ser solo tía.

—Opino exactamente igual —apuntó Tenten, alejándose otro paso de Karin e Sakura. Las otras rieron con ganas.

Unos golpes en la puerta interrumpieron sus risas.

—¡Chicas, ya salimos! —les avisó a través de la puerta Minato, el padre de Naruto.

—¡Ya vamos! —contestó Temari y miró a sus amigas nerviosa—. Ya llegó el momento...

—Va a ir todo genial. Somos muy felices por ti —dijo Karin y las cuatro chicas se volvieron a fundir en un abrazo.

—Bueno, bueno, vamos a dejarlo ya que al final voy a llegar con el maquillaje corrido —dijo Temari. Se separó de sus amigas con la voz cargada de emoción y, tomando aire, salió de la habitación seguida por sus chicas.

El jardín de robles rojos y azaleas púrpuras y rosas que habían elegido Temari y Naruto para celebrar la ceremonia de la boda era lo más impresionante que hubiese visto Sakura jamás. Tan romántico e íntimo que hacía que pareciese que estuviesen en un cuento de hadas. El perfume de las azaleas inundaba el ambiente. Y la intensidad de los olores hizo que estuviese a punto de marearse en un par de ocasiones. En aquellos momentos sus amigas le dieron la mano y, emocionadas, siguieron disfrutando de la hermosa e íntima ceremonia en la que Temari y Naruto se juraron amor eterno, embelesados y perdidos el uno en la mirada del otro. Cuando finalizaron los preciosos votos y el sacerdote los declaró marido y mujer, un emocionado Naruto tomó el rostro de Temari entre sus manos y la besó con devoción demostrándole lo feliz que le hacía que ella fuese por fin su esposa y que, como él decía, hubiese un papel que la obligase a estar con él legalmente. Los vítores y aplausos inundaron el ambiente.

Tras la ceremonia se dispusieron a abandonar el jardín y fueron hasta la plaza del encantador pueblecito a disfrutar de la celebración. Mientras los asistentes iban a realizar el trayecto en sus vehículos, los novios lo harían en la Fat Bob de Naruto. Una exultante Temari les tiró el ramo desde la parte trasera de la moto entre risas, hasta que vio que este caía en las manos de Sakura.

—¿Estas de broma, no? —le preguntó ella con el ceño fruncido.

Temari se encogió de hombros y se despidió con la mano viendo que Naruto arrancaba ya la moto.

—Nunca se sabe, niña. Nunca se sabe —le dijo Karin, sonriendo. Se acarició la tripa y resopló.

Sakura imitó su gesto, poniendo los ojos en blanco y siguió a sus amigas hasta el coche.

.

.

.

Un par de horas más tarde, después de haber devorado una estupenda comida, tomado dos raciones de tarta y comenzado a beber un delicioso cóctel sin alcohol, comenzaron los discursos de felicitación para los novios. El primero fue Menma, el hermano de menor de Naruto, les hizo reír contando algunas anécdotas de su hermano de su época adolescente. Entonces Sakura tomó el micro, dispuesta a felicitar a la pareja a la que tanto quería, pero, cuando estaba a punto de hablar, creyó ver entre los asistentes, trajeado con un elegante traje gris y camisa negra a juego con sus increíbles ojos, a I.U., y tuvo que dejarse caer en la silla por la impresión. Con la excusa de haberse mareado de nuevo, cedió su turno a Minato, el otro hermano de Naruto, prometiendo reservar su discurso para más tarde. Pero el pulso se le aceleró tanto y de manera tan vertiginosa, haciendo que le faltase el aire, que no pudo recomponerse mientras duraron los discursos. Cuando finalmente los novios terminaron el primer baile con el que abrieron la pista organizada en el cenador, bellamente decorado con más azaleas, decidió acercarse a ellos para darles la felicitación personalmente. Sorteando entre los asistentes, llegó hasta la feliz pareja, en el centro de la pista, que se prodigaba pequeños besos y amorosas palabras al oído, como si el resto del mundo hubiese dejado de existir para ellos.

—Siento interrumpiros, chicos —les dijo a su lado—, pero quería acercarme a felicitaros.

—Gracias, niña —le dijo Temari, feliz, soltando a su recién estrenado marido y dándole un abrazo.

Cuando esta la soltó finalmente tras un largo y emocionante momento, Sakura felicitó también a Naruto con otro abrazo y aprovechó para hacer algo que llevaba días queriendo hacer.

—Naruto, quería agradecerte... que me ayudases con mi problema con la deuda del banco. No sé, cómo ni cuándo, podré devolverte ese dinero, pero te juro...

—Sakura —la interrumpió él, posando una mano en su hombro—, no tienes nada que agradecerme.

—Claro que sí, si no llega a ser por ti...

—No, me refiero a que no fui yo el que pagó la deuda. Estaba dispuesto a hacerlo cuando recibí una llamada de alguien que me rogó que le dejase hacerlo a él.

Sakura se quedó petrificada y confusa.

—Pero ¿quién...? No lo entiendo.

Sakura y Temari, confusas, pues esta última no estaba al corriente de lo que acababa de decir Naruto, lo vieron mirar detrás de ellas y señalar a alguien. Las chicas se giraron e Sakura se agarró con fuerza al brazo de Temari, temiendo caer desmayada. Estaba teniendo otra alucinación. Allí estaba I.U. con su traje gris y su camisa negra. Le ofrecía una media sonrisa que hizo que sus piernas se volviesen de gelatina.

—Itachi... —dijo con voz temblorosa y consternada.

—¿Ese es I.U.? —preguntó Temari atónita.

—Entonces, ¿tú también lo ves? —preguntó Sakura, sintiendo que el latido de su corazón abandonaba su cuerpo.

—Naruto, ¿qué hace ese hombre aquí? —preguntó con reproche Temari a su marido.

—Quiere hablar con ella.

—No puedo, no puedo... —fue todo lo que consiguió decir Sakura sintiendo como el dolor volvía a apoderarse de ella, y salió corriendo entre la gente en busca de un lugar en el que poder serenarse y estar sola, huyendo de él y del dolor.

Itachi la vio salir corriendo y fue tras ella sin pensárselo dos veces. Temari quiso hacer lo mismo, pero Naruto la retuvo en sus fuertes brazos, impidiéndoselo.

—¡Déjame, tengo que ir con ella! ¡Me necesita! —le dijo frustrada.

—Necesita escuchar lo que él tiene que decirle —le contestó, tomando su rostro entre las manos, el rostro de su preciosa esposa, al fin, y la besó ligeramente en los labios, de manera tan sutil como el aleteo de una mariposa.

Temari contuvo el aliento.

—¡Suéltame, embaucador, por mucho que me beses no olvidaré que has estado conspirando a mi espaldas con el hombre que le ha roto el corazón a mi amiga!

Naruto no la soltó, solo rio mientras la volvía a besar.

—He conspirado para hacer feliz a nuestra amiga. Todos cometemos errores, Temari. Nosotros lo sabemos, pero el amor se abre paso si se sigue luchando por él, y a veces hace falta la ayuda de un amigo para que así sea. Sakura me ayudó en su día cuando yo lo necesité. Me sentía en deuda con ella.

Temari suavizó un poco su gesto ofuscado.

—Bien, pero más te vale que él no vuelva a hacerle daño o te lo haré pagar el resto de nuestro matrimonio.

—Está bien, pero, por el contrario, si todo sale bien y ella termina siendo feliz, tendrás que compensarme cada día, para el resto de nuestras vidas —le dijo él con una de sus arrebatadoras sonrisas y Temari sintió mariposas en el estómago.

—Trato hecho —le dijo, e intentó darle la mano para sellar el acuerdo.

—Mejor dame un beso, señora Namikaze.

Y ella obedeció sin rechistar.