Capítulo 36

Sakura corría por la pradera que llevaba desde el templete hasta la zona de aparcamiento, cegada por una mezcla de dolor, confusión, amor, odio y lágrimas. Se sentía superada por todo cuanto sentía y no se veía preparada para afrontar nada más.

—¡Sakura! ¡Sakura, por favor! ¡Necesito hablar contigo!

Oyó que Itachi la llamaba a su espalda y se giró para ver a cuánta distancia estaba de ella. Lo vio correr con una bolsa de papel en la mano color lavanda, con la mala suerte de pisar con los tacones el vuelo de su vestido de dama de honor y caer de bruces sobre la hierba.

—¡Maldita sea! —se quejó mientras se miraba las manos. Algo la había pinchado y vio una rama seca. Se había clavado una astilla—. ¡Mierda! ¡Es que tengo la suerte en los tacones! ¿Qué más me puede pasar?

Itachi llegó hasta ella y la vio maldecir tirada en el césped. La había visto caer y se había preocupado por ella, hasta que la vio quejarse con gesto ofuscado. Se aproximó y se arrodilló junto a ella para inspeccionarla.

Sakura lo vio allí, pegado a ella. Era de verdad. Estaba allí y no sabía por qué. Solo supo que, en cuanto tuvo su pecho fuerte junto a ella, sus sentidos dejaron de funcionar.

—¿Estás bien? —le preguntó él preocupado, dejando la bolsa en el suelo e intentando tomarle las manos y ver qué le había pasado en ellas.

—¿Estás de broma? ¡Suéltame, malnacido! —dijo ella, apartándose.

—La última vez que me insultaste tuve que inmovilizarte, ¿es lo que quieres ahora? —le preguntó él.

Sakura lo miró con ojos desorbitados y vio que Itachi exhibía una sonrisa socarrona que daban ganas de borrarle de un bofetón.

—¡No te soporto! —bufó, mirando para otro lado.

—Eso no es verdad, lo sabes... —dijo él pensando que sí, ella estaba furiosa, pero aún no había salido corriendo otra vez, ni le había dicho que se marchara. Era buena señal—. ¿Te he dicho ya que te pones adorable cuando te enfadas?

Sakura puso los ojos en blanco.

—Deja tus artimañas de playboy australiano de tres al cuarto y dime qué haces aquí. No lo entiendo, ya tienes tu casa. Es lo que querías... ¿Por qué vienes a torturarme? ¿No te has divertido bastante ya?

Sakura contuvo una lágrima a punto de escapar para precipitarse por su mejilla.

—No... La casa no es lo que quería, ya no. No te voy a negar que, cuando llegué al rancho, así era. Por eso fui hasta allí, para hacer que devolvieses la propiedad que consideraba de mi familia y que tu tío le quitó a mi padre. Pero entonces te conocí... Y todo cambió, Sakura.

Ella no se atrevía a mirarlo.

—¡No cambió, seguiste mintiéndome! Nunca supe quién eras en realidad, mientras tú y yo... Da igual, ¡eres un extraño para mí!

—Ese fue mi error. Debí explicarme, debí decirte quién era en realidad, debí decirte lo que significas para mí...

El corazón de Sakura se precipitó en una carrera desenfrenada. No sabía si podía escuchar algo más. Tenía miedo. Ella, Sakura Intrépida Haruno, como él la había llamado, estaba aterrada. Itachi Uchiha tenía poder sobre ella, el poder de hacerle daño como ningún otro hombre podría hacerlo. Ya le había roto el corazón una vez. No quería volver a exponerse, entregarle el control de sus sentimientos y quedar a su merced. No podía consentirlo, ni por ella, ni por su bebé.

—¡Ya da igual! ¡Es tarde! No puedo dar marcha atrás... —dijo ella, levantándose del césped y comenzando a sacudirse la falda de hierba.

Itachi la miró con gesto pétreo.

—Imagino que pagarías mi deuda dejándote llevar por algún tipo de sentimiento de culpabilidad por lo ocurrido y quiero que sepas que te lo agradezco, y que te lo devolveré todo, pero ya está. No hace falta que digas nada más...

Itachi estaba harto de escucharla hablar, de que ella dijera que daba todo igual. Acortó la distancia entre los dos de un paso. Pasó una mano por su pelo y la agarró por la nuca mientras se apoderaba de su boca. Fue un beso cargado de desesperación, de sentimientos que sobrepasaron a una Sakura temblorosa y viva de nuevo desde hacía semanas. Itachi bebió de sus labios, de su boca, su aliento entrecortado y excitado. Sus labios carnosos se consumieron con las caricias más íntimas. Invadió la cavidad de su boca y buscó la suavidad de su lengua. Quería emborracharse de nuevo con su sabor. Necesitaba sentirla como hacía semanas que no podía. Semanas que habían supuesto su muerte en vida.

Lo había abandonado todo, su casa, su negocio, su familia... Todo. Por estar con ella. Solo quería estar con ella, despertar cada día con Sakura enredado a su cuerpo, oyendo sus risas graves y sexys, haciéndole el amor hasta terminar exhaustos y rotos. Quería verla enfadarse, ofuscarse. Perderse en cada uno de los gestos de su rostro de ángel travieso y dedicar el resto de su vida a amarla, y se lo tenía que hacer entender. Pues no había otro lugar más para él que a su lado.

—Te amo —le dijo sin esperar más, apoyando la frente contra la suya mientras compartían el aliento entrecortado.

Ella se quedó petrificada, sin articular palabra y él aprovechó la ocasión.

—Te amo como creí que jamás sería capaz de amar a nadie. No he pagado la deuda por culpabilidad. Lo he hecho porque es lo que hacen las parejas. Se apoyan, comparten y crean un futuro juntos. Es lo que quiero, Sakura...

—No puede ser... —dijo ella, intentando dar un paso atrás, pero él no se lo permitió. La mantuvo junto a él—. Nuestras vidas son tan distintas, tú vives en... Dios, no sé ni dónde vives. ¡No sé nada de ti! —dijo cerrando los ojos. No quería mirarlo, no quería perderse en la intensidad de su oscura mirada infinita.

—Me conoces... Aquí —le tomó una de las manos y se la puso en el pecho.

Sakura sintió su calor a través de la tela fina de su camisa. Sintió latir su corazón bajo las yemas de sus dedos.

—Mírame, Sakura —le ordenó, pero ella no se atrevió a moverse. Él la tomó por la barbilla y la obligó a hacerlo—. Te amo, desde la primera vez que te vi allí con tu camiseta de los Yankees y tus altísimos tacones, tendiendo sábanas en mitad del desierto. Desde que te oí hablar con tu amiga Temari y decirle que deseabas recorrerme con la lengua.

Sakura puso los ojos como platos al escuchar la confesión de que la había oído.

—Sin más secretos —le dijo él y continuó—: Te amo también desde que vi como te enfrentabas cada día a todos los problemas, con una sonrisa, con determinación. Cuando conocí a la mujer intrépida, valiente, apasionada, entregada e increíblemente deliciosa que eres. Te metiste tan dentro de mí, en mi corazón —dijo él apretando más la mano femenina contra su pecho—, bajo mi piel, en cada pensamiento, que supe que jamás podría hacer nada más que amarte. Sé que no sirve de nada, pero quise decirte la verdad, muchas veces. Pero entonces supe lo que te había pasado con tu ex, y tuve la certeza de que si te contaba cuánto te había estado ocultado te perdería para siempre. Y no podía hacerlo. No podía perderte. Por eso hablé con mi abogada y le dije que retirase la demanda de anulación de la herencia. No quería que nada se interpusiese entre nosotros. Además, no se me ocurre nadie que merezca tanto esa casa como tú. Por eso sigue siendo tuya.

—¿No la has vendido? —le preguntó atónita, sin entender—. Yo utilicé la fianza de la venta para la rehabilitación, cómo...

—Le devolví la fianza al comprador interesado. Le dije que no podía venderla, que tenía demasiado valor para nosotros.

—Nosotros... —dijo ella, mordiéndose el labio inferior con dudas. Pero, aunque tenía ganas de saltar de la alegría al saber que la casa no había sido vendida, antes de dejarse embaucar de nuevo volvió al ataque—. Has pagado mi deuda y la fianza de la casa... Eso es muchísimo dinero. ¿Te dedicas al contrabando o algo así? ¿Va a venir la policía a arrestarte a casa, levantándonos de la cama?

Itachi rio ante la fértil imaginación de Sakura.

—¿Entonces volverás a dormir conmigo? —le dijo, atrapándola por la cintura y pegándola a su cuerpo.

—Lo estoy sopesando —dijo ella con una sonrisa.

—Bueno, entonces puedes estar tranquila. Soy buzo. Instructor de buceo y rescate. Uno de los mejores del mundo, para ser exactos —añadió con una sonrisa socarrona.

A Sakura, solo imaginárselo con el traje de neopreno ya la estaba poniendo nerviosa, haciendo que su mente volase a escenas calientes y húmedas. Pero él siguió explicándose.

—He dejado la empresa y la asociación con Izu. He vendido mi parte. Es mucho dinero, el suficiente para dejarlo todo y venir contigo a construir una nueva vida para nosotros, juntos. Tampoco he tenido problema en encontrar trabajo aquí. Hay pocos en mi sector con mi formación.

—Lo has dejado todo... —dijo ella, mirándolo perpleja—. Por mí... ¿Y si te digo que no quiero estar contigo? —preguntó ella, entornando la mirada.

—Bueno, entonces tendría que dedicar cada día a demostrarte que tienes que hacerlo. Puedo ser muy persistente... Tú y yo... Tal vez tenga que volver a llevarte de excursión —le dijo, susurrando frente a sus labios, que volvió a besar.

Sakura se sintió desfallecer, y la necesidad de que él volviese a estar dentro de ella se instaló en su vientre. Posó una mano sobre el mismo. Y se apartó de él, buscando serenar sus sentidos, que se aturdían ante su contacto.

Había llegado su hora. Le tocaba el turno a ella de confesar.

—¿Qué pasa? —preguntó él, que vio su cambio de actitud. Sakura había vuelto a mostrarse juguetona con él y pensó que estaban avanzando, hasta que ella volvió a separarse.

—Tengo algo que decirte... —confesó y, cuando vio que Itachi hacía ademán de aproximarse a ella de nuevo, lo detuvo con un gesto de su mano—. No te muevas de donde estás. Tengo que verte bien cuando te lo diga.

—Está bien, aquí me quedo —levantó las manos en claro gesto de rendición.

—No sé por dónde empezar... Yo apenas lo sé desde hace un par de días y para mí fue una conmoción, pero una conmoción feliz, porque siempre quise que pasara. O sea, no quiere decir que quería que pasase contigo, ni que lo buscara, pero siempre quise que pasara y, que haya sido contigo, bueno...

—Estás desvariando, ¿seguro que no quieres que vaya contigo...? —dijo Itachi, comenzando a caminar hacia ella.

—¡No! Quédate ahí. ¡Estoy embarazada! —soltó de sopetón. Y, tras la bomba, se concentró en observar sus reacciones. No podrían estar juntos si él no quería a su hijo.

Itachi sonrió. Fue una sonrisa inmensa y limpia. Y no dijo nada más.

—¿No vas a decir nada? —lo miró ella perpleja.

Itachi se agachó y recogió la bolsa de papel del suelo, de la que ella ya se había olvidado. Sacó una caja del interior y fue hasta ella, que lo observaba estupefacta. Con manos temblorosas, Sakura tomó la caja cuando Itachi se la ofreció. La abrió con ciertas dificultades, pues le temblaba el pulso. Y encontró en su interior un pequeñísimo par de botas de trabajo en color arena. Su corazón se detuvo en seco y de nuevo sintió ganas de llorar.

Itachi sacó las botas de la caja y se las posó con delicadeza en la tripa plana.

—¿Crees que le quedarán bien?

Sakura asintió entre lágrimas. Itachi dejó las pequeñas botitas en el interior de la caja, que depositó en el suelo, y rodeó a Sakura con sus brazos, apretándola contra su cuerpo.

—No podría ser más feliz. Tener a la mujer más maravillosa, entregada y valiente del mundo a mi lado y que encima sea la madre de nuestros hijos. ¿Qué más podría pedirle a la vida?

—¿Quién te lo ha dicho?

—Naruto. Es un gran tipo. Me dijo que tú le ayudaste a él a recuperar la felicidad y que quería hacer lo mismo por ti.

Sakura asintió con una sonrisa dibujada en los labios.

—¿Eres feliz, Sakura Mebuki Intrépida Haruno? —le preguntó, acariciándole con ternura la mejilla.

Ella asintió con lágrimas en los ojos.

—Necesito oírlo —dijo él, pegando la frente a la suya.

—Sí, Itachi Canalla Uchiha.

Él enarcó una ceja, sonriendo.

—Soy feliz —continuó Sakura—. Porque yo también te amo, desde la primera vez que te vi, cruzando la calle principal de Grover Rock, y me sonreíste. Desde que tus labios se apoderaron de los míos en la caravana, haciendo que me sintiese viva por primera vez en la vida. Te he amado desde que conseguiste que me abriese a ti como a ningún otro hombre. Y mucho más cuando supe que me dabas el mejor regalo del mundo, este bebé.

Itachi ensanchó la sonrisa, emocionado. Tomó su rostro entre las manos y selló sus palabras con un beso apasionado y devastador.

—Chicos, siento la interrupción, pero... Karin acaba de ponerse de parto, mucho antes de salir de cuentas —les dijo, a pocos metros, una Tenten azorada que se acercaba corriendo.

Sakura gritó ante la noticia.

—Vaya, tendré que dejar lo de la proposición de matrimonio para otro momento... —dejó caer Itachi cuando vio que ella se disponía a marchar corriendo.

Sakura se detuvo en seco inmediatamente. Se giró hacia él y, saltando a sus brazos, los besó con pasión. Cuando vio que sus cuerpos reaccionaban pidiendo más, se separó de él y, mirándolo a los ojos, le dijo:

—Sí, seré tu esposa.

Le sonrió con picardía y salió corriendo en dirección al templete.

Itachi la vio correr feliz y llena de energía, tal y como era su futura esposa. Y corrió tras ella como haría ya para el resto de su vida.

FIN