Hola, hola, Luna de Acero reportándose.

Anita quería una historia, yo quería una portada para un fic Ereri que saldrá pronto. Dijimos: hagamos equipo y esto salió. Si esperan algo serio y profundo, náh, relájense y riánse, con eso me conformo. Vayany visiten su página de FB y de Instagram: Anita ilustraciones (todo junto con puntito de por medio), es una verdadera genia. Anita: esto es pa ti, por muchas colaboraciones más, salú.

Besitos en la cola.-


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Hokei Horikoshi, aunque hay mucho OoC.

Advertencias: Bueno, universo alterno donde existe el grinch y es Bakugo, muchas palabras vulgares, groserías a montones, poder del guión en todo su esplendor, situaciones ultra bizarras, contenido sexual explícito, medias de red, Herbalife sponsor de Papá Noel y un sinfín de tonterías más, listo, ya saben a lo que se atienen, no quiero reproches.


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"Si todos fingen ser buenos,

es porque se acerca Navidad".

Luna de Acero

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Se puso tapones en los oídos, pero incluso si lo hacía podía seguir escuchando todas esas pesadillezcas canciones a las que llamaban villancicos.

"Belén, campanas de Belén, que los ángeles tocan, que nuevas me traéis".

¿Quién carajos era esa tal Belén? ¿Y por qué importaban tanto sus campanas? ¿Qué mierda era un burrito sabanero? ¿Era un burro que vendía sábanas?

No importaba de todos modos, la gente se obsesionaba con cualquier cosa, pero de todas las cosas con las que podían ponerse extremadamente fanáticos, la navidad era la peor. Ya cuando empezaba noviembre sus problemas gástricos iban en aumento, sus niveles de estrés estaban al límite, de seguir así iba a terminar dándole una embolia cerebral. Estos pueblerinos idiotas lo iban a llevar a la tumba.

Cosas absurdas pasaban en ese pueblo mediocre, menos mal y vivía en la cima de la colina más alta, alejado de ese tumulto de gente aberrante, vistiendo árboles y adornándolos como si se trataran de una divinidad. Torpes, todos eran unos estúpidos, sin entidad propia, como un grupo de salmones que por puro instinto remontan el río, sin consciencia propia.

"Nooooche de paaaazzz…"

—¡Hijos de puta! —gritó con los ojos inyectados en sangre y los dientes chirreando.

¡Qué noche de paz, ni noche de paz, si no dejaban dormir al prójimo! Salió completamente envenenado, abrió la puerta de entrada de par en par y cuando quiso aullarles a todos que cerraran sus horribles hocicos, una ventisca con la fuerza de una avalancha se le vino encima dejándole un montón de esquirlas heladas sobre la cabeza y el rostro, como una burla, le quedó la cabeza blanca. Sacudió con frustración y en ese momento realmente deseó tener la capacidad de crear una bomba nuclear para tirarla al medio de la plaza y hacerlos volar a todos de una buena vez.

Pero incluso si todos en ese mugroso rincón del mundo morían, no significaba que la navidad lo haría, era una semilla agria dispersa por todo el puto mundo. Se sentó sobre su cama mientras masticaba algunas pasas de uva, como las odiaba, pero no había mucho más para echarse a las tripas, ni loco iba a ir de compras en esa época del demonio. El año anterior estuvo atascado en una fila por cinco horas, varios niños a su alrededor preguntándole si estaba haciendo cosplay de no sabía quién, ¿qué mierda es un cosplay? Para colmo los precios de los comestibles estaban al doble del valor normal, que le chuparan el culo, malditos sean los comerciantes.

Entonces una luz se hizo en su cerebro, ¡claro! ¿Pero cómo es que no se le había ocurrido antes? Tenía que matar a Papá Noel, ¡eso era! Muerto el perro, se acaba la rabia. Entonces sacó su agenda donde tenía ordenada las actividades del día, que en su mayoría se trataba de inventar nuevos insultos y formas de humillar a la gente, comenzó a escribir lo que sabía sobre este grotesco ser que tenía la costumbre de regalar cosas porque no sabía cómo aprovechar mejor su tiempo.

Luego de dos horas en que lo único que pudo garabatear era acerca de renos, bolsa grande de regalos y pijamas rojos ridículos, no consiguió mucho más. Se pasó un día entero escarbando en la biblioteca familiar, carajo, debería haberse comprado una maldita laptop. Al fin, dio con un libro de tapas rojo sangre y encontró la ubicación del maldito barba blanca. Preparó una mochila con lo necesario para poder entrar en esa fortaleza, metió granadas, dinamita y un encendedor.

Se calzó sus mejores botas, de todas maneras, solo tenía un par y, bufanda al cuello, se dirigió a su destino. Caminó por tres días por colinas heladas y parajes inhóspitos, menos mal y su celular no perdió señal porque todo dependía de la maldita aplicación de Google maps. Igual y le fallaron los cálculos, porque había cientos y cientos de lugares que se proclamaban como la auténtica ciudad de la Navidad. Cuando estaba a punto de darse por vencido, decidió comprarse una botella de vodka y un cartón de jugo de naranja, si no encontraba al desgraciado panzón arruina diciembres, al menos se alzaría con una borrachera importante.

Se le apagó el televisor en cierto momento, por lo que no supo cómo, al despertar, se encontró al frente una imponente construcción que parecía más una fábrica que una cabaña. De alguna manera su instinto se activó, sintió la sangre hervir y una resaca monumental, pero bueno, eso se arreglaba con un poco de agua y limón.

Entrar fue en extremo complicado, el viejo gordo se tomaba muy en serio el tema de la seguridad. Drones, rayos láser y una jauría de rottweilers, le llevaron muchas horas poder esquivarlos. Básicamente se disfrazó de arbusto, total que su vello corporal, abundante y grueso, de color verde obispo (aunque nunca había conocido un obispo que se vistiera de verde) le ayudaron con el camuflaje. Finalmente pudo entrar a través de unos conductos de aire, casi se sofoca con el hollín, más tarde haría una queja formal con el área de mantenimiento edilicio.

Cayó como bolsa de cemento sobre una pila de peluches con forma de conejo bastante aterradores, los gustos de los niños habían cambiado mucho en estos años. Eran más de las tres de la mañana, había visto un par de serenos que en vez de hacer su trabajo estaban fumando mota en el techo del lugar, era el destino, el universo al fin le abría las puertas para cumplir su cometido.

Antes de iniciar con todo, aprovechó para ir al excusado; luego de aliviar su vejiga y dejar salir un Titanic, se sintió completamente listo. Olfateó el aire (una vez fuera del baño, por si alguien quería saber), y un aroma demasiado interesante lo desvió de su objetivo por unos segundos. Era suave, como té de canela, naranja y miel, se relamió ante el recuerdo de su madre adoptiva sirviéndole una tacita, mientras le aplastaba la mata de cabellos rubios e hirsutos que salían de su cabeza como las púas de un puerco espín. ¡Ah, que nostálgico! Decidió seguir el aroma en puntas de pie y esquivando las cámaras de seguridad, aunque de todas maneras nadie las estaba observando, y llegó a un salón donde algunas luces continuaban encendidas y se sentían pasos apurados de un lado a otro.

—No, no, esto falta, y esto también, ¡cielos! ¡No estará a tiempo!

Metió la mano en su casaca y apretó su navaja, no conocía el lugar, tener a un rehén le facilitaría las cosas, así que, lo que debería hacer sería—

—¡Hola! —saludaron en un agudo alto que lo hizo dar un salto hacia adelante porque la voz provenía de sus espaldas, se giró de inmediato.

Ambos se escanearon con la mirada. ¿Qué carajos era "eso"? Un chico de piel blanca y pómulos rosados le sonreía como un idiota, vestido con un gorro que tenía un pompón blanco en la punta y un set de dos piezas ceñido al cuerpo de color verde, su color favorito, aunque si era sincero a él le queda mil veces mejor ese color. Él le sacaba por lo menos una cabeza de altura, sería fácil doblegarlo, ¿esa cosa era la que olía tan bien? Las colonias se habían puesto raras.

—¿Rigoberto? —le preguntó la cosa esa vestida de verde y él enarcó una ceja, ¿le estaba hablando en otro idioma? —. ¿Eres el nuevo empleado, cierto? Tendrías que haber llegado hace dos horas, ¿te pasó algo? ¿Estás bien? ¿Ya cenaste?

Oh, que buen golpe de suerte.

—No, tengo hambre, a decir verdad —respondió de manera parca mientras soltaba la navaja dentro de la casaca.

—¡Ay, de seguro la nieve te ha complicado llegar! Pero estoy tan contento de que lo hayas logrado, hay mucho por hacer, pero nadie puede trabajar con el estómago vacío, ven, sígueme.

La criatura se giró y comenzó a caminar, ni modo, la siguió de cerca, al parecer lo había confundido con algún estúpido que no había llegado a tiempo, mejor, se llenaría las tripas y luego proseguiría con su plan.

—Para ser un duende eres bastante fortachón y alto, aunque será una ventaja, porque no encuentro la escalera y subir y bajar de la silla quita tiempo. Por aquí, esta es la cocina —dijo doblando a la izquierda y empujando una puerta—. Toma asiento, te traeré unos bocadillos.

Baku apoyó su trasero en una de las docenas de sillas dispuestas alrededor de varios tablones largos, al parecer los empleados del lugar tomaban allí sus alimentos. Se quitó la mochila y la casaca, porque adentro estaba caldeado y ya le estaba haciendo un poco de calor. Solo llevaba puesto sus pantalones y las botas, arriba nada, ya suficiente con todo el pelo que tenía como para cubrirse con estúpidas telas.

La criatura le puso una bandeja al frente, con un cuenco y un guiso humeante, un tazón lleno de jugo de frutas, pan, y muchas cosas más, todo se veía apetitoso. No pudo evitar abrir los ojos al ver al otro tan… ¿desvestido? Se sentó al frente y le sonrió con amabilidad.

—¡Pero qué torpe, no me he presentado! Mi nombre es Izuku, pero todos me dicen Deku, tu también puedes, mucho gusto, Rigoberto.

Joder, que nombre tan espantoso.

—Me dicen Baku.

—Oh, ¿es algún tipo de apodo familiar?

—Ba-ku, si me llegas a llamar de otra manera te parto el cráneo.

El chico parpadeó un par de veces, desconcertado con la respuesta, mientras el "nuevo" devoraba la comida como un hombre de las cavernas que no ha cazado nada en días.

—Ah —rio nervioso—, parece que tienes un carácter fuerte, que bien, me agradan las personas de carácter fuerte. Oye, se nota que entrenas, tienes tu cuerpo bien, eh, bien definido, yo también entreno —trató de incentivar la conversación, le encantaba hacer sociales y además este tipo, Rigoberto, o Baku, le parecía por demás interesante.

—Talo árboles, se necesitan muchos troncos para el fuego.

—Pensé que eras modisto, quiero decir, en el currículo que enviaste decía que… pero claro, también puedes talar árboles, tienes muchas habilidades.

—Soy bueno para incendiar cosas —soltó con desparpajo mientras sorbía un pedazo de pollo del guiso.

—Que… ¡qué bien! Yo soy bueno cocinando, ese guiso lo preparé yo, ¿a qué está bueno?

—Me lo estoy tragando, ¿o no?

Deku se carcajeó suave y los ojos del grinch brillaron ante ese registro. El muchacho se quitó el gorro y Baku se quedó mirando la suave y bonita mata de cabello verde en su cabeza, mucho más oscuro que el suyo, pero si era verde era bueno.

El muchacho se preguntaba qué les había pasado a los de recursos humanos para haber elegido un espécimen masculino tan atractivo, pero a la vez tan tosco, normalmente se pasaba una prueba psicológica muy rigurosa, así que los demás duendes, en su mayoría, eran de carácter apacible y tranquilo. Se emocionó de repente, hacía demasiados años que todos sonreían incluso cuando no tenían ganas, de repente este Rigo- es decir Baku, era una persona tan natural, transparente y viril, que se alegraba de que tuvieran varias horas de trabajo a solas antes de que llegaran los demás.

—Más —gruñó el rubio empujando el cuenco vacío hacia el otro que lo miraba con adoración.

—¡Claro! Sale ya otra orden —dijo solícito mientras tomaba el plato y se iba para llenarlo otra vez.

Le miró el trasero cuando se estaba alejando y notó que los dos bultos redondos que rebotaban a cada paso eran totalmente de su agrado, pero bueno, él no estaba para coquetear, tenía una misión muy importante.

Mientras se dedicaba a aspirar el segundo plato, decidió averiguar algunas cosas para ir acelerando el proceso.

—Y el panzón, ¿dónde está?

—¿Uh? ¿Panzón? ¿Qué panzón?

—No me jodas, el mandamás, el que dirige este puto lugar.

—¡Oh! ¿Te refieres al señor Noel?

—Sí, ése.

—El señor Noel no vive en la fábrica, tiene una casa muy grande y lujosa en un country exclusivo de las afueras, está como a cuarenta minutos de aquí. Viene por las mañanas, cuando decide venir, la verdad es más para hacer firmas de contratos y esas cosas, ya sabes, se necesitan sponsors, ahora parece que volverá a firmar con Coca Cola.

—¿Entonces no está aquí?

—No —dijo Deku divertido—, es una persona súper importante, yo lo he visto unas tres veces cuando mucho y eso que trabajo aquí hace un año ya, me ascendieron hace poco —explicó señalando una placa de metal sobre su pecho—, ahora soy supervisor de despachos. ¿Qué pasa? ¿Querías conocerlo? No te preocupes, de seguro antes de noche buena dará algún discurso, siempre lo hace, y solo para que sepas, ya no está nada panzón, bajó de peso, como cuarenta kilos y ejercita regularmente. Ya sabes, la onda fitness y todo eso, Herbalife lo quiere para promocionar unos productos.

La cara de desilusión de Baku era un poema, parecía como si le hubieran tirado un balde de mierda encima.

—¡No me jodas! —casi gritó mientras golpeaba la mesa con ambos puños, un poco del jugo se derramó del vaso y Deku se sobresaltó ante esa reacción, pero miren nada más el tamaño de esos… bíceps.

—Mira, te entiendo, pero es el Ceo de Ciudad Navidad, más de tres mil puestos dependen de él aquí, y eso sin contar las doscientas sucursales a lo largo del país, las personas famosas son intocables, ya ves.

No. No, no y no, su perfecto plan no se iba a ir por la borda. Sintió que estaba a nada de explotar, de acuerdo, si no podía matar a Papá Noel, volaría su fábrica a la mismísima mierda.

—Querido, te ves tan desanimado, ¡ya sé! Te traeré mi postre especial, revive muertos, créeme —dijo saltando de la silla y yendo al trote hacia la cocina de nuevo.

Se cruzó de brazos mientras pensaba y pensaba, tenía que encontrar alguna manera de salirse con la suya. De repente notó la bonita sonrisa de esa criatura extraña y culona, cuando puso un platillo blanco frente a él con algo que parecía un flan, bien, primero lo primero, comerse eso. A la primera cucharada sintió como si una bocanada de magia se le hubiera metido desde las papilas gustativas a todo el organismo, haciéndolo brillar por dentro.

—Te gustó, puedo notarlo —aseguró Deku triunfal.

—He probado cosas mejores, no te la creas tanto.

—Vaya, eres un comensal difícil de complacer, deberé esforzarme más, entonces.

De repente, como sucedió aquella vez que los villancicos casi le exterminan el cerebro, surgió una nueva y muy atinada idea. Bien, no podía acercarse al viejo panzón, pero de seguro no le gustaría que la reputación de su puta empresa quedara empañada, no se diga más, tomaría de rehén a esa criatura que cocinaba como los dioses y dejaría una nota, o anulaban la navidad o mataba al bicho ese de pelo verde. ¡Fantástico! Todo estaba resuelto.

—Oye, tú, empaca el resto de esta mierda en un túper que me lo llevo —dijo señalando los pocos restos del postre.

—Pe-pero, yo hice para compartir con todos mañana y-

—Ni se te ocurra darle esto a otra gente —amenazó señalándolo con la cucharilla y su mejor cara de loco—, es mío, empácalo ya.

Deku sintió una vibración en su estómago, una corriente de adrenalina y excitación que se desparramó por todo su sistema a una velocidad meteórica, y de repente solo tenía ganas de complacer a ese extraño de músculos como roca y expresión de tirano, ¿acaso era masoquista? Bueno, sí, un poco lo era, salió disparado como bala para cumplir con la orden.

Cuando regresó, el rubio le arrebató el túper de las manos y lo metió en la mochila, luego miró a uno y otro lado como buscando algo.

—¿Hay motos, auto, algo con ruedas que funcione en esta pocilga?

—Eh, bueno, yo tengo un Fiat 600 restaurado, a veces se detiene con la nieve, pero se arregla con un poco de agua calien- ¡Aaaah!

Deku sintió un leve mareo cuando lo levantaron del suelo con gran facilidad y lo cargaron al hombro con la cabeza colgando sobre la muy fornida espalda de Rigoberto.

—Pero, ¿qué?

—Nos vamos —fue todo lo que le dijo el otro—. Por cierto, ¿Dónde mierda queda el estacionamiento?

El corazón de Deku estaba a un paso de estallar, ¿qué estaba sucediendo? ¿Adónde se lo llevaba ese chico musculoso? ¡Tenía trabajo que hacer!

—Cuando salgas al pasillo dobla a la derecha y sigue hasta que veas la escalera azul, luego bajas dos pisos y hay una puerta de acceso blanca, ese es.

—Tsk.

Tuvo que asentar sus manos en la espalda del otro porque iba a trancos rápidos y lo hacía rebotar sobre el hueso de su hombro.

"¡Por favor, que me lleve, me desnude y me azote!", rezó en su mente, pero luego trató de volver a razonar con claridad. "No, esto no está nada bien, ¿qué sucederá con los despachos? Aún tenemos miles de cajas que entregar", pero la mano sobre su trasero que lo apretaba firmemente le hizo olvidarse hasta de su nombre, de todas maneras, le debían las vacaciones del año pasado.

Cuando llegaron a la puerta blanca, tuvo que bajar al muchacho de pelo verde para que pusiera su clave de empleado, y luego tuvo que dejarlo conducir porque él tenía el carnet vencido.

—Muy bien, ¿adónde vamos? —preguntó Deku muy contento.

—¿No es obvio? A mi casa.

"¡Oh, dios mío, dios mío, dios mío!", se estremeció el chico, "me va a llevar a su casa, realmente está pasando, mis fantasías se van a cumplir".

—Y, ¿dónde está tu casa?

—Agarra la ruta y te voy indicando, estamos algo lejos, por cierto, ¡no intentes hacer nada extraño porque te rebano el pescuezo!

—No, no lo haré.

Una vez en la ruta, Deku metió quinta y cual corredor de fórmula uno manejó su fitito (el Fiat 600), a la asombrosa velocidad de 70 kilómetros por hora, que era su máxima capacidad.

—Joder, una tortuga se debe mover más rápido, tsk —se quejó su copiloto que a la media hora estaba roncando a todo pulmón, total que ya le había dado las indicaciones suficientes.

Tuvieron que hacer muchas paradas, y al cabo de un día completo estuvieron arribando al pueblo donde Baku vivía.

—¡Oh, que pintoresco! —dijo Deku emocionado—. Mis abuelos vivían en un lugar así, con mi madre los visitábamos dos veces al año, tenían una vaca, Marica era el nombre, yo la ordeñaba por las mañanas, una vez me pateó.

—¿En qué momento te dije que me interesaba que me contaras anécdotas de mierda?

—Lo siento, es solo, bueno, nostálgico.

—Toma ese camino de ahí, hacia la colina, arriba.

Pero claro, el autito, que aunque tenía el alma de una Ferrari su cuerpo seguía siendo el de un Fiat 600, ya estaba muy exigido y echó una bocanada de humo negro antes de detenerse y morir. Baku soltó una maldición, se colocó la mochila y cargó a la criatura que cocinaba bien sobre su hombro para regresar a su hogar.

Pateó la puerta, y bajó a su invitado, quiero decir, a su rehén, maldijo de nuevo porque el fuego se había apagado (ni modo que estuviera prendido cuatro días sin nadie en casa), tiró un par de troncos y encendió el mismo con una facilidad pasmosa, luego volvió a desnudar su torso para felicidad de Deku que le brillaban los ojos como lobo hambriento.

Deku esperaba que lo agarrara y le arrancara la ropa tirándolo a su cama con esa fuerza descomunal, pero en cambio el dueño de casa solo suspiró, revoleó su mochila a algún lugar (sí, la dinamita y las granadas seguían ahí dentro, y no olvidemos el postre) para luego ir a la heladera y agarrar una lata de cerveza, la cual se bajó más rápido que decir la palabra destornillador.

—Señor Baku, eh, ¿qué es lo que planea hacer? ¿Necesita un masaje?

El rubio lo miró con desdén, como si recién hubiera notado que seguía ahí parado, ¿masaje dijo?

—Ven aquí, tú.

—Deku —le recordó el chico sonriendo.

—Pareces feliz, ¿por qué? Deberías estar aterrado, rezando por tu alma o algo como eso.

—¿Eh?

—Eres mi prisionero ahora.

—Bueno —aceptó sin problemas y tiró de una silla para acercarla al fuego—. ¿Puedes sentarte aquí? Así te doy el masaje —le recordó, mientras se arremangaba.

Baku eructó, efecto de tomar tan rápido la cerveza, y fue a sentarse en el lugar indicado.

—Me gusta fuerte y rudo —lo aleccionó.

—A mí también —soltó Deku, que a veces tenía la lengua más rápida que los pensamientos.

—¿Qué?

—Oh, que si me puedes contar porqué me has traído aquí, ¿qué planeas hacer?

—Acabar con la maldita navidad —dijo con la voz tan grave que casi lastimaba escucharlo, era como una lija frotando contra los tímpanos.

—¡¿Cómo?! —reaccionó Deku, esta vez completamente sorprendido.

Estaba sorprendido porque él se había hecho una película en las veinte horas que había tenido que conducir a su nuevo destino, donde era el protagonista de la nueva serie de Netflix: "El chico masoquista al fin es secuestrado", bueno, aún no existía esa serie, pero le hubiera encantado. Probablemente la culpa fuera de los cientos de historias que consumía en su aplicación de celular, Wattpad, la realidad era más fría y cruel. ¿Cómo que no lo había llevado para darle como cajón que no cierra? Eso lo deprimía un poco.

—La navidad es una mierda, ¿escuchas eso? —dijo levantando el dedo índice—, otra vez los putos pueblerinos, unos más desafinados que los otros, cantando horas tras horas, ¡se pasan toda la noche cantando! ¡Me van a volver loco!

—Puedo notarlo, tienes tanta tensión aquí acumulada —explicó Deku mientras apretaba los nudos de contracturas en esa espaldota de dios griego—. ¿Sabes qué es bueno para aliviar la tensión?

—Explotar cosas —respondió Baku apretando los puños.

—Ajá, ¡no! Quiero decir, hay formas mejores de liberar el estrés.

—Asesinar pueblerinos.

—Nada de matanzas, por favor. Es más simple de lo que piensas: debes tener sexo, es el mejor remedio natural contra la tensión, me lo dijo… un médico, es un cable a tierra, te ayudará mucho.

—Pues estoy en problemas entonces, tengo mala fama, no hay criatura que quiera acercárseme, oye, no soy mal tipo, es solo que me enferma la gente y sus idioteces, ¿me entiendes?

Deku suspiró al notar que su indirecta bastante directa no era recibida como debía ser, bueno, paciencia, no se conquistó Roma en un día.

—¿Sabes? Si te molestan los villancicos, podrías poner tu propia música.

—Odio la música.

—Bueno, prender la televisión.

—Se quemó con la última baja de tensión, ¡maldita compañía eléctrica! —gritó desaforado—. ¡No quieren hacerse cargo de los daños, los volaré a todos!

—Sí, sí, seguramente lo harás. A lo mejor tienes malos recuerdos de la navidad y por eso te sientes de esa manera. Puedes contarme, soy bueno escuchando —decía mientras amasaba y amasaba esos deltoides a los que les quería hincar el diente cuanto antes.

Baku se fue relajando y trató de recordar si tenía al menos un puto recuerdo feliz de alguna navidad, lo cierto es que… no lo tenía.

—Cuando era pequeño… viví cierto tiempo en una casa, digamos que intentaron adoptarme por un tiempo. No duré mucho, las familias se cansaban de mí, o simplemente no querían un hijo tan… verde y vulgar, lo cierto es que esa navidad a todos los niños nos hicieron escribir una carta a ese hijo de puta, barbón.

—¿A quién?

—¡Carajo, a Papá Noel! ¡¿A quién más le escribes en la puta navidad?!

—Claro, lo siento, me distraje un segundo, pero el señor Noel se ha quitado esa horrible barba, se ha puesto bótox y se hizo colocar hilos tensores de oro, ha rejuvenecido como dos décadas. Tengo una foto de él en mi galería de imágenes, ¿quieres verlo?

—Muestra.

Deku sacó su celular y buscó la foto y le entregó el aparato.

—¡¿Pero qué mierda?! Parece superman, ¡qué poco respeto por las tradiciones!

Deku rio ante la reacción del grinch y luego se le abrieron los ojos como pelotas de tenis cuando vio que el hombre corría la imagen y examinaba las otras que tenía, justo se detuvo en una foto que se había tomado frente al espejo de su cuarto usando unas medias de red negras por demás de sugerentes mientras se relamía los labios como pervertido, le arrebató el aparato con la velocidad de un rayo, pero era tarde.

—Ejem, bueno, ya ves que no es el tipo panzón y de barba que creías, ahora, ¿dónde estábamos? Ah, cierto, ¿qué fue lo que le pediste?

Baku estaba un poco abrumado por la imagen que había visto, así que le llevó varios segundos reconectar sus neuronas para retomar el relato.

—Yo, yo le pedí… msmsms —balbuceó muy bajo, casi con vergüenza.

—¿Eh?, no pude escuchar. Anda, no te preocupes, no te juzgaré, solo suéltalo, te sentirás mejor.

—Yo quería… un pony.

Deku dejó de masajear y observó a ese hombre enorme como un oso, y peludo como un oso también y sintió que esa confesión llegaba a su blandito corazón como una flecha, atravesándolo de lado a lado.

—Asumo que no recibiste eso.

—No, me trajeron un muñeco vestido de pirata, lo odié, lo tiré por la ventana y maldije a todos, bueno era un crío que no sabía dominar su carácter.

Igual que ahora, pensó Deku y siguió masajeando.

—Entonces descubrí que la navidad era una gran mentira, que todo era una farsa y que un pony cuesta una maldita fortuna.

—¿Y solo por eso quieres destruirla?

—Y los malditos villancicos, solo escúchalos, desafinan bastante.

Deku le masajeó las sienes con tranquilidad.

—Bueno, pero la navidad tiene cosas hermosas también, reúne a las familias, se come muy rico, todos olvidan sus problemas por un momento y-

—No me vengas con esas mierdas, si la navidad no incluye un par de medias de red envolviendo un culo bien jugoso, pues no quiero saber nada.

Deku se puso de color rojo oscuro, ya que era una clara referencia a la foto prohibida que vio en su celular, bueno, al menos no le fue indiferente.

—¿Qué te parece esto? —dijo el chico duende, sonriendo feliz—. Haré una fabulosa cena para ti, si no tienes un recuerdo feliz de la navidad, dame la menos la posibilidad de darte uno, prometo que lo haré bien.

—La alacena está vacía.

—Bueno, hay un pueblo allá abajo, algo conseguiré.

—No creas que por un poco de comida voy a cambiar de parecer, maldito enano.

—Baku, la navidad, es mucho más que una buena comida —soltó con halo misterioso antes de irse brincando a hacer las compras.

Iba a acompañarlo, para evitar que escapara, pero al parecer a la criatura culona no le interesaba irse, por las dudas se quedó con su celular y su documento de identidad. El chico volvió varias horas después cargando con varias bolsas.

—No dejes la vajilla sucia maldito enano, que es mucho trabajo mantener la casa limpia —le gritó desde una esquina mientras seguía de cerca todo el proceso, pero renuente a mover un solo dedo para ayudar.

Deku trabajó con ahínco para tener todo listo, cocinó un total de cuatro entradas diferentes y cuatro platillos principales, verlo moverse como electrón de un lado a otro, hizo que Baku se sintiera cansado, así que se dedicó a preparar un ponche que tenía más graduación alcohólica que una botella de whisky.

Cuando el chico de cabello verde quiso adornar la residencia, se pusieron a discutir acaloradamente, al final dejó que colocara un triste cablecito con bolitas de colores que se encendían de manera intermitente y un ramito de muérdago que iba a aprovechar muy bien.

Finalmente se sentaron a la mesa, no era 25 de Diciembre aún, pero Deku dijo que serviría de práctica. Baku tragó como una ballena todo lo que su estómago pudo asimilar, igual se quejó de los sabores, de la sal, de que esto parece una maldita verga y aquello es feo, pero el chico de la navidad ya había aprendido cómo manejarlo y lo dejaba despotricar a gusto hasta que se cansaba.

Luego brindaron con el ponche y se enfrascaron en una divertida discusión sobre porqué a las moscas les gusta la mierda y otras temáticas al estilo. Finalmente, cuando el reloj dio las doce, Deku se puso de pie con los ojos brillando.

—¿Y ahora qué?

—Ahora vienen los regalos, claro está.

—¿Qué regalos?

—Pues no sería una navidad si no hubiera regalos, ¿cierto?

—Pero yo no compré ningún regalo —masculló molesto.

—¿No? ¿Y ese paquete? —dijo señalándole entre las piernas, para luego reírse nervioso—. Es broma, es broma… pero si quieres no es broma. Ya vuelvo, iré a traer tu regalo, espero sea de tu agrado —soltó antes de que el rubio malhumorado pudiera replicar algo.

Baku se sentó cerca de la chimenea, en su sillón favorito, suspiró con sentimiento y de alguna forma sintió algo que hacía muchos años había olvidado, calidez. ¿Un regalo? ¿Para él? Fuera de ese mamarracho de muñeco que le regalaron esa vez, nunca nadie le había hecho otro, bueno, sí, uno que otro regalo habría recibido en la vida, pero por alguna razón este parecía ser super especial.

¿Qué le habría comprado? ¿Ropa, más comida, revistas porno, un televisor nuevo?

—Iuuujuuuu, señor Bakuuu —escuchó la melodiosa voz llamándolo, y el perfume a canela, naranja y miel más fuerte que nunca, se giró para mirar y se quedó sin palabras—. ¡Que tengas felices fiestas, que tengas felices fiestas, que tengas felices fiestas, te deseamos a ti! —canturreó mientras contoneaba las caderas de manera sugestiva.

Alguien se había tomado muy a pecho lo de unas medias de red apretando un jugoso culo, Baku seguía mudo mientras sus ojos naturalmente rojos ardían extasiados. El "rehén", vestía un ceñido corsé negro con pechera en forma de corazón, un calzón negro y una medias de red negras que parecían diseñadas para incentivar los pensamientos más impuros y escandalosos, Baku se puso duro como un diamante en un abrir y cerrar de ojos. El atuendo terminaba con una tarjeta blanca rectangular de tamaño pequeño sobre la melena verde del chico que decía "Rigoberto".

—¿Quién carajos es Rigoberto? —dijo el rubio con una expresión que haría que hasta las estatuas se cagaran del susto.

—Oh, ¿no es ese tu nombre?

—Creí haberte dicho que soy Baku, en realidad Bakugo, que tampoco es mi nombre.

Deku tiró de la tarjeta y la rompió en dos mientras una oleada de adrenalina lo contaminaba, ¿quién era ese tipo? No lo sabía, pero no saberlo hacía la experiencia aún mucho más candente.

—Y, ¿podrías decirme tu nombre entonces?

—Katsuki —soltó con firmeza—, Y ahora ven aquí, de inmediato —le ordenó mientras le hacía una seña con el dedo índice para que se acercara, recién ahí Deku notó que el dueño de la casa tenía poderosas uñas que lucían como garras en cada uno de sus dedos, se veían afiladas, eran de color negro, tenía un aura… increíblemente ardiente.

Se acercó con cautela y el grinch lo tomó con fuerza de un brazo para sentarlo en su regazo, con una mano le apretó una de las nalgas sin ningún tipo de reparos y al chico casi se le detiene el corazón.

—¿Qué quieres para esta navidad, maldito? —le soltó con voz ronca y sensual y el joven notó claramente un enorme bulto debajo suyo que se sentía caliente y duro.

—Oh, bu-bueno, yo, eh, yo… Quiero que aprecies mejor la na-navidad, ¡ah!

Baku acercó su rostro a la figura más pequeña que él, la otra mano que no le estaba agarrando el trasero, estaba bien firme sobre la cadera, como reclamando ese cuerpo. Deku tenía un tambor cubano sonando a todo dar dentro de su pecho y los mofletes de color carmín.

—Mu-muérdago —dijo el chico señalando encima de sus cabezas y por primera vez le vio una enorme y tétrica sonrisa al rubio explosivo, sin embargo para él era encantadora.

Acercaron sus bocas, apenas unieron sus labios la espectacular química que existía entre ellos explotó como los fuegos artificiales chinos para el año nuevo. Miles de burbujas calientes reverberando por doquier, Deku tuvo que tragar un gemido cuando la enorme lengua de Baku le invadió la acuosa cavidad probando y succionando todo a su paso, se sentía débil y lánguido, probablemente producto de tanto ponche que había tragado, pero también porque la excitación crecía a pasos agigantados. Se sentó a horcajadas y notó la gran diferencia que había entre sus cuerpos, y era un detalle completamente positivo, le echó los brazos al cuello, mientras sentía como esas manos con garras le manoseaban los glúteos de una manera indecente y sucia.

Tanto beso, saliva, friegue y friegue tuvieron sus consecuencias, Baku tiró del frente del corsé con rudeza y se relamió al ver el lampiño y blanco pecho, los dos redondeles rosa fuerte sobre el mismo, con los pezones erguidos, era una tentación que de ninguna manera rechazaría. Sostuvo el cuerpo apretando debajo de los brazos para que no se alejara demasiado y pegó la boca a esa candente piel que sabía mejor que cualquier manjar. Se estaba perdiendo en la nebulosa de su propio instinto, tanto se había reprimido el pobre, siempre sintiéndose feo, todos esos años siendo dejado de lado, abandonado, y ahora que se le ofrecía este magnífico regalo en bandeja de plata. Sentirse deseado lo hacía ponerse muy cachondo.

Cuando estar sobre el sillón se volvió incómodo, levantó a su "regalo" en volandas, para la monumental fuerza que poseía era algo mínimo y se lo llevó derecho a la enorme cama de su cuarto. Y ahí lo arrojó sobre el colchón como un costal de papas.

—Ci-cielos.

—Los que verás ahora —contestó burlón y procedió a enterrar la cara en ese trasero respingado, redondo y mullido.

Deku arañó el edredón al sentir la respiración pesada de Baku sobre sus partes íntimas.

—Sí... K-Kat-kat —¿Cómo carajos le había dicho que se llamaba? Pero no podía recordar si había una boca succionándolo con voracidad en su retaguardia, de manera que entre querer decir su nombre y un profundo gemido que le brotó de la garganta, sus balbuceos se convirtieron en un claro...—. Kat... ¡Kacchan!

—¿Asi que Kacchan? —repitió el rubio con una maliciosa sonrisa, nunca nadie le había puesto un apodo, y que ese chico lo hiciera (no sabía que había sido sin querer) de alguna manera hacía que esto se sintiera aún más íntimo, le encantó—. Sí, dime Kacchan.

Su piel se erizó desde la punta de los pies a la coronilla cuando recibió la primera mordida de la noche sobre una de sus nalgas. Podía sentir la fricción del vello corporal del ahora recién bautizado Kacchan, contra su pálida piel, logrando que se estremeciera a cada roce, con sus garras destazó el cordón que unía el apretado corsé en la espalda y el chico chilló ante la acción.

—Pe-pero, pero, pero, ¡esta ropa es de diseño, me costó una fo-fortuna! —se lamentó al ver como la ropa cedía y caía toda rota debajo.

—No te preocupes, te compraré ropa nueva, o mejor, te quedas desnudo y ya. Aunque podría hacer una excepción con estas cosas —aseguró mientras le acariciaba todo el largo de las piernas que seguían enfundadas en las preciosas medias de red, alguien desarrolló un fetiche y no hablo de mí.

Menos mal y Deku, como chico listo y prevenido que era, antes de enfundarse en ese traje de infarto, había preparado el terreno por si las cosas derivaban donde quería, y agradecía haberlo hecho, porque al parecer éste Kacchan lo que tenía de grande y lindo lo tenía de bruto, era notable su falta de experiencia, ¿pero qué mejor que eso? Lo moldearía completamente a su gusto, bueno, si es que el otro escuchaba algo porque parecía un león en celo en esos momentos.

—¡Ah! —suspiró pesado cuando la boca del rubio se dedicó a explorarle toda la raja, chupando y lamiendo como desquiciado.

"¡Ay, cielo santo, que no me parta en dos, por favor!", rogó para sus adentros mientras ponía los ojos en blanco cuando sintió que las enormes manos le abrían los glúteos para meter su lengua lo más profundo posible. A lo mejor no tenía experiencia, ¡pero qué buen instinto!

Después de un buen rato deleitándose con ese sector, Baku lo soltó y se quitó los pantalones y las botas más rápido que la explosión de un petardo. Deku abrió sus ojos a su máxima posibilidad cuando vio el tremendo cañón que tenía entre las piernas. Uno a veces aspiraba a algo fuera de lo normal, pero esto era una exageración. Se giró a cuatro patas para atenderlo con su boca, porque si dejaba que lo agarrara ahí mismo, auguraba que terminaría varios días sin poder caminar, y no, no era la idea.

—¡Que, que grande! —soltó entre excitado y asustado mientras lo acariciaba con sus manos y notaba que sus dos manos una encima de la otra apenas llegaban a cubrir del todo ese trozo de carne inflamada y venosa.

El rubio estaba en la gloria, jamás nadie lo había tocado de esa manera y era mil veces mejor que todas esas noches solitarias que había tenido que apañárselas solito. ¡Jodida navidad del demonio! pero tenía que admitir, aunque jamás en voz alta, que gracias a la puta fiesta de mierda estaba teniendo la mejor experiencia sexual de su patética vida. Deku lo acarició prestando atención a las expresiones, así que le gustaba que lo masajeara con fuerza, se agachó y comenzó a lamerlo, luego intentó que le cupiera en la boca, pero apenas le entraba la cabeza y un poco más, tenerlo en sus fauces se sentía tan malditamente bien.

—¿Qu-qué ha-haces? —dijo el dueño de casa con una voz gutural que aterraba, aunque se dejaba hacer, comenzaba a perder la consciencia de lo bien que se estaba sintiendo.

—Mhpsmgpsnhs —respondió Deku que vaya uno a saber qué quiso decir, no se entendía con la boca llena como estaba, pero de seguro era algo bueno.

—Carajo, creo que voy a, ¡woooo!

Lanzó un grito que le puso piel de pollo al de cabello verde quien tuvo que maniobrar la poderosa descarga tibia que le llenó la boca hasta hacerla rebalsar. Tragó lo que pudo pero se pegó una ahogada de esas que uno piensa que va a irse de este mundo. Kacchan estaba en el nirvana así que mucho no pudo hacer para ayudarlo, el pobre chico se recuperó como pudo sorprendiéndose de lo rápido que había pasado todo eso. "No, no otro precoz, te lo suplico", pensó atribulado.

—¿Estás bien? —dijo con la voz blandita una vez que pudo respirar medianamente normal.

El rubio lo agarró de los hombros y lo sacudió con fuerza mientras de los ojos le salían llamas, Deku juraría que hasta vio humo saliéndole de los oídos.

—¡Quiero más! —gritó desaforado y Deku le sonrió con miedo, dándose cuenta que había despertado un demonio. Bueno, ya que.

Lo hizo acostarse y volvió a sorprenderse cuando notó que el rubio tenía otra erección de manera casi instantánea, ¿qué era, un alien? Bueno, muy humano no se veía, pero como fuera, iba a apechugar con la situación y hablando de eso, Baku lo volvió a agarrar del torso y le comenzó a mamar el pecho de una forma tan ruda que casi lo hace acabar solo con esa acción. Deku llevó una de sus manos a su boca para mojar sus dedos y comenzó a aflojarse otra vez con rapidez, porque por lo visto su anfitrión, perdón secuestrador quise decir, de paciencia no tenía ni una pizca. Pero se sentía honrado de ser el primero para el grinch, sin dudas ese hombre (¿hombre?) estaba sediento de amor, así que se iba a encargar de darle todo lo que pudiera.

—Ka-Kacchan... —exclamó agitado—. Ahora ti-tienes que dejar que yo, yo me encargue, ¿de acuerdo?

—¡No me des órdenes, maldito enano!

—N-no, no es una or-orden, es uh, parte de tu regalo, ¡eso! Te haré sentir mejor que antes, ya verás.

—¡Tsk!

Puso una expresión de enojo, pero lo soltó para darle lugar. Deku se colocó entre las piernas del rubio, volvió a chupar y mojar el cañón lo mejor que podía con sus habilidades y muy a su pesar tuvo que romper un poco las medias para poder dejar espacio suficiente para lo que vendría. Se sentó encima, se encomendó a la Virgen Desatanudos, a la santísima trinidad y a superman (uno nunca sabía) y se acomodó encima de su objetivo.

—Co-con calma, que no soy de hule —pidió, suplicó, mientras tomaba la erección y la enfilaba hacia su agujero.

Menos mal y el rubio estaba como hipnotizado con todo el ritual y se dejó hacer sin moverse. Su cerebro se murió del todo cuando la carne de su entrepierna comenzó a abrirse paso entre las estrechas y cálidas paredes del otro, ¡qué viva la puta Navidad!

Deku estaba todo transpirado, montar aquello era para profesionales, pero no era de amilanarse así que puso todo el empeño para poder hacerlo, y así tramo a tramo, poco a poco se hizo con la victoria. Los primeros minutos fueron algo incómodos, un poco doloroso pero nada para morirse, y finalmente, al cabo de una buena media hora, entre besos, manoseos y embestidas lentas, pudo alojar bastante bien al junior de Kacchan.

No parecía posible, pero al final Deku dominó a la bestia y ambos pudieron disfrutar del acto, tal vez la primera descarga fue rápida, pero el segundo intento duró una eternidad. Ya un poco más confiado y con la experiencia recibida, Kacchan decidió tomar el control, puso a Deku de perrito y le dio para que tenga, guarde y reparta. La fricción se sentía tan bien que ambos babeaban como perros con rabia, mientras gemían y se decían las frases más puercas y calientes que tenían en su repertorio.

Al cabo de hora y media, Kacchan se vino sobre la espalda de Deku, mientras volvía a emitir ese grito que se parecía a un lobo a punto de atacar. El de cabello verde estaba hecho flecos, apenas tenía fuerza para respirar, su trasero ardía, pero no iba a quejarse porque hacía disfrutado como nunca. Se durmieron casi de inmediato y se despertaron muy avanzada la mañana. Izuku notó que el rubio lo había limpiado (algo) y lo había arropado, lo tenía abrazado por la espalda y se sentía muy bien, tanto que lo primero que hizo apenas pudo ponerse de pie (rengueando un poco) fue mandar un mensaje de texto diciéndole a su superior que renunciaba a su trabajo en la fábrica.

Esto sucedió el 21 de diciembre, estuvieron de acuerdo en decir que había sido "una prueba piloto", y siguieron probando todos los días hasta el 25, el rubio incluso se aprendió el villancico de los pastores.

—Oi, enano de mierda —dijo el rubio que ahora vestía un ridículo traje rojo, pero bueno, le combinaba con el verde de sus vellos—. ¿Qué te parece mi nuevo cinto?

—Oh, Kacchan, me encanta —soltó sonriéndole con coquetería mientras notaba la ramita de muérdago que colgaba justo encima de la bragueta.

—Ven aquí y honra las tradiciones, enano.

—No se diga más.

Y así fue como el Baku-grinch aprendió que la navidad no se trataba de decoraciones tontas, regalos o canciones de mierda, la navidad se trataba de recuerdos, conocer a la persona correcta y... mucho sexo rudo y sucio, claro está.

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By Luna de Acero.-