Después del desfile de modas, cuando nos sentamos a conversar, pude comprobar que no has cambiado en nada.
Cuando no estaba contigo te extrañaba tanto… me invadía una inmensa soledad que pensé que solo podría dejar de sentir teniéndote a mi lado, pero cuando estábamos juntos peleábamos con mucha frecuencia y me hacías sentir mal.
No me di cuenta de lo controlador que eras porque estaba acostumbrada a que mi madre controlara mi vida y mis decisiones. No me di cuenta de cómo me invalidabas porque tus reproches y críticas parecían ser hechos desde la madurez, pero eran hechos con mala intención. No me di cuenta de lo manipulador que eras porque no tenía por qué pensar mal de ti. Y no me di cuenta de que estaba mal cambiar para complacerte porque pensé que haciéndolo te haría feliz.
Y ahora me dices que nunca hiciste nada malo. Hay que ver qué caradura eres. Me siento muy satisfecha de haberte pegado una última y muy merecida cachetada, ¡idiota!
Eres irritante, George. Eres la clase de hombre al que toda mujer debería evitar.
Junto a ti viví un romance intenso y fugaz, y pensé que aquello era amor verdadero, pero estaba equivocada.
A pesar de que nunca olvidaré la montaña rusa de emociones que me hiciste sentir y los buenos momentos, tengo claro que la felicidad contigo siempre la tuve a medias, nunca fue completa.
Así que no importa lo mucho que te haya amado, eso ya quedó atrás, y ahora puedo disfrutar de algo mejor y diferente.
Amor verdadero es lo que me ha entregado Hiro-kun a lo largo de todos estos años. Él me respetó, me valoró, fue muy atento y dedicado y me ayudó cuando más lo necesité. Y aunque me tomó mucho tiempo darme cuenta de que siempre estuvo ahí para mí, ahora puedo decir que elegí correctamente al hombre con el que me voy a casar.
Adiós, George. Ya no te echaré en falta nunca más.
