Rudbeckia es, un pajarito bonito de alas rotas que canta (clama) por libertad-paz.
Con un alma desquebrajada que tambalean al no poder mantenerse en su lugar. Que está tan fisurado como un cristal que no parece posible hallar todas las piezas (que se han vuelto astillas y arenilla).
Rudbeckia la alondra de Sixtina, la amada princesa—
La que añora descansar para siempre y que las cicatrices le dejen de escocer.
La que desea huir de todos.
(La que mendiga por un poco de felicidad efímera con sonrisas falsas que gritan auxilio).
La que acepta casarse con Isuke van Omerta, buscando una —vana— esperanza y —migajas de— seguridad (y cariño, tal vez).
(Pero Ruby, ¿No es insolente de tu parte creer que puedes ser salvada y amada, aunque sea un poco y por un mísero instante?)
Quiso creer, quiso tener fé, quiso volver a creer en la esperanza ante los pequeños gestos de torpe amabilidad que Isuke tuvo con ella.
(Pero Ruby... no hay salvación para los rotos, y no hay perdón real para los de tu estirpe.
—No hay ungüento para borrar tus heridas viejas ni pastillas para calmar tu dolor y brindarte alivio—).
Y— quiso creer ante la mano de un salvador.
(La vida se ha reído de ti, Rudbeckia de Borgia).
Y cuando finalmente la alondra de alas quebradas pudo huir, pudo tener libertad y paz, tener momentos de felicidad...
La vida tira de tu muñeca y con una sonrisa pregunta: ¿A dónde vas, pequeña alondra de alas rotas?
(Nunca podrás descansar, avecilla).
Y Ruby llora pedazos de un alma en agonía.
Por favor, déjenme.
(Estoy tan cansada).
