Advertencia:
🔺Los personajes no me pertenecen, pertenecen a Disney y sus creadores. No apto para menores, presencia de contenido explícito.
La imagen de portada no me pertenece, créditos al creador. Está preciosa :3.
No existe relación entre los acontecimientos de esta historia y el desarrollo de la película.
🔺Cambio de personalidad de los personajes.
Espero que lo disfruten.
Resumen: Dolores ha cambiado su apellido oficialmente de Madrigal a Guzmán, pero, por supuesto, ni ella ni su flamante nuevo esposo sabían qué les esperaba bajo las sábanas en su primera noche matrimonial. Relato de la primera noche del matrimonio Guzmán, contenido lemon explícito, mucho romance, cero drama, leer con discreción.
Dolores cerró sus ojos, un gemido bajo en su garganta mientras el calor en su vientre se volvía más intenso.
Su espalda se arqueó y los dedos de sus pies se curvaron. No tenía idea de lo que le pasaba a su cuerpo, sus reacciones la sorprendían, las sensaciones que no había experimentado antes abrumándola. Su boca se abrió jadeante y lo miro rápidamente otra vez, sus ojos encontrándose con esos ojos oscuros que le miraban presumidos. Se mordió el labio inferior para contener su sonrisa y llevo su mano a la morena cabeza, acariciando con cariño las suaves hebras castañas.
Mariano y su boca estaban haciendo cosas deliciosas en ella, dándole placer, su lengua y sus labios besando su sexo con la misma devoción que besaban su boca. No sabía que era posible dar o recibir placer de esta manera, no sabía que se sentiría tan bien.
La situación en la que estaba era más que indecorosa y seguramente reprobada por los adultos en su familia, su abuela probablemente se desmayaría.
De pronto Mariano chupo entre sus labios en ese punto tan sensible entre sus piernas y ese fue su fin. Su mente olvidó la preocupación y su cuerpo tomo el control, haciéndole tensarse y temblar bajo el fuerte agarre de las manos morenas de su amante, quien la sostuvo en su lugar con su lengua aún en ella mientras el orgasmo la hacia sentir que su cuerpo ardía.
El castaño observó el suave sexo de Dolores mientras ésta se recuperaba, utilizando sus dedos para abrirlo y poder ver su flor oculta. No era como le habían dicho en su muy vergonzosa despedida de soltero. No tenía una mata de vellos, y era tan oscuro como su bellos pezones. La observó con atención, queriendo grabar en su mente su cuerpo.
Su mejor amigo, conocido por ser el descarado y seductor del pueblo, le había dicho que hiciera esto, que usara su boca y dedos para darle placer antes de que hicieran el amor, porque así le dolería menos. Sin embargo, ni él ni los demás habían acertado en lo que está relacionado con la experiencia; no había sido vergonzoso ni mucho menos desagradable, al menos no para él, al contrario, le había hecho sentirse bien saber que él era el único que le daría placer de esa manera, y tanto sus jugos como su olor le habían gustado, bastante.
La observo jadear lleno de satisfacción, deseándola más al ver la forma en la que se entregaba a él. Subió por su cuerpo dejando suaves besos en su piel sudorosa, demorándose en su vientre que se contrajo bajo sus labios, y avanzando hasta sus pechos. Le encantaban sus pechos, redondos y suaves bajo sus manos, coronados con unos pezones morenos que no podía dejar de besar y chupar, usando su lengua para provocarlos.
Ella se retorcía y gemía en sus brazos, sus manos recorriendo su espalda desnuda y sus dedos tirando de su cabello como si quisiera apartarlo, para protestar en voz alta cuando lo hacía. Sonrió burlón para repetir la acción, la quería tan ansiosa por él como él lo estaba por ella. Dolores lo abrazo con fuerza, apartando su boca de sus senos para devorarla con la suya, besándolo profundamente.
Él suspiró en el beso, sintiéndola tocarlo en cada espacio de piel que alcanzaba, tironeando juguetona de su vello en pecho. Gimió cuando dejó caer todo su peso sobre ella, su miembro presionado contra la caliente humedad entre sus piernas.
Ella movió sus caderas contra él, creando una fricción que hizo que su miembro doliera, ansioso por liberarse. La tomó de las caderas para detenerla y ella le pellizco el costado, haciéndolo reír. Se apartó lo suficiente para verla a los ojos, grandes y castaños, que le miraban con deseo, diversión y una confianza tan familiar que sintió que le explotaba el corazón. Ella se había entregado voluntariamente a él y la amaba aún más por eso, porque también lo amaba con intensidad.
El saber que estaba dispuesta a aceptar el amor que tenía para ofrecer le hizo quererla, el empezar una relación con ella para ir en citas y conocerla le llevó a amarla por quién era, y durante las largas horas de reuniones juntos había llegado a desearla. Para cuando llegó esa noche en que por fin serían uno, Mariano ya veía a Dolores como un miembro más de su cuerpo, algo delicado y precioso que le pertenecería por el resto de su vida. Primero su doncella, después su dama y ahora su mujer.
- Te amo. - Le susurro contra sus labios y ella le sonrió ampliamente, devolviéndole las mismas palabras para besarlo lentamente después, acariciando con sus manos el lugar donde estuvo su barba.
- También te amo, mi amor. - Su voz sonó jadeante y él la abrazo, escondiendo su rostro contra su cuello, sosteniéndose el uno la otro un momento.
Fue ella la que hizo el primer movimiento, tomando su miembro con su mano para ponerlo en su entrada, donde sus dedos la habían tocado antes, y empujó con sus caderas.
Le había preocupado su tamaño al verlo, pero supuso que solo tenía que relajarse y podría entrar.
Mantuvo su respiración controlada, sin poder evitar que el vientre se le contrajera de nervios cuando comenzó a entrar en ella. Mariano contuvo la respiración, la sintió húmeda y caliente, apretándolo mientras más entraba. Decidió que hacerlo rápido sería la mejor manera, así que entró de una estocada en ella, su miembro llegando solo hasta la mitad. Vio sus ojos castaños abrirse sobresaltados y su pecho se apretó de preocupación cuando vio una mueca de dolor en sus labios.
- ¿Duele? ¿Te lastimé? - Tartamudeo las palabras, preocupándose aún más cuando ella no respondió, concentrada en tomar grandes bocanadas de aire. - Lo siento tanto, Dolores. Yo solo... déjame... - Intentó retroceder, pensando que así aliviaría el dolor, pero ella lo detuvo con sus manos, apretándolas contra su trasero.
- No... No te muevas. - Jadeo mientras intentaba asimilar lo que su cuerpo estaba sintiendo. Todas le habían dicho durante su despedida de soltera que sería doloroso y no se habían equivocado; primero había sentido mucha presión que se había convertido en un pinchazo agudo cuando su miembro entró en ella.
Se fijó en la forma en la que él la miraba preocupado, sus músculos tensionados mientras se sostenía con sus brazos, deteniendo sus caderas de seguir moviéndose.
Sus ojos se llenaron de lágrimas al volver a cerrarlos, más por vergüenza que otra cosa, esperaba que su primera vez fuera algo especial y asombroso.
- No no no. No llores. - Mariano sonaba frenético, besando sus lágrimas y cada parte de su rostro, apoyándose en sus antebrazos para poder limpiarlas con sus pulgares. - Perdóname preciosa.
Que la llamara de esa forma hizo que se le acelerara el corazón. Había tanta ternura en el nombre. Negó con su cabeza.
- No hay nada que perdonar. - Carraspeo para soltar el nudo en su garganta y le miró a los ojos otra vez, siendo honesta a pesar de la vergüenza. - Ya me han dicho que la primera vez dolería, solo espera un momento.
- No quiero que sufras. - Frunció el ceño, también avergonzado por la admisión, pero siendo recompensado por una pequeña sonrisa por parte de Dolores.
- Te amo por eso, guapo. - Le envolvió el cuello con los brazos y lo beso, empujando la sensación de dolor al fondo de su mente mientras lo besaba hasta dejarlo sin aliento, queriendo comérselo por lo dulce y paciente que estaba siendo con ella.
Mariano también se concentró en besarla, sus manos vagando por su cuerpo dándole suaves caricias que la relajaran una vez más. No supo cuánto tiempo había pasado cuando la respuesta de su cuerpo volvió a ser como antes otra vez, su espalda arqueándose bajo su toque en sus pechos y gimiendo cuando mordisqueaba su cuello. Dolores comenzó a sentir que su cuerpo se relajaba, quedándose sin aliento cuando eso llevó a su pene a deslizarse unos centímetros más dentro de ella.
Clavo sus uñas en su espalda, el dolor dando paso a otra sensación, algo nuevo y enervante, capaz de estremecerla de pies a cabeza.
- P-puedes moverte. - Jadeo apartando la vista de sus ojos intensos, que estaban fijos en medir cada una de sus reacciones. Él siguió su orden, saliendo solo un par de centímetros y entrando de nuevo, despacio. Ambos jadearon.
Le sorprendía ser capaz de sentirlo por completo, sus movimientos lentos, su dureza deslizándose cada vez más fácil por su humedad, entrando unos centímetros más con cada estocada, dificultando su respirar y arrancando sonidos de su garganta que nunca antes había emitido. Los dos gritaron cuando se deslizó por completo, sus pelvis tocándose de manera repentina.
Ambos se detuvieron; abrazados absorbieron la sensación de estar completamente unidos, el sentimiento tan abrumador como placentero, toda su piel parecía cantar que ahora le pertenecía al hombre sobre ella que la abrazaba estrechamente. Su corazón estaba a punto de estallarle en el pecho. Mariano junto sus frentes y se miraron fijamente mientras volvía a moverse, repitiendo la acción una y otra vez, esta vez sin detenerse.
Sus caderas chocaron suavemente, él saliendo casi por completo antes de volverse a introducir, en un baile que parecía interminable mientras sus pieles sudaban y se secaban sus bocas. Los dedos de sus pies se curvaron cuando él grito, quedándose quieto de pronto mientras su cuerpo se estremecía sobre ella. Jadeo y gimió porque podía sentirlo palpitar dentro de ella, podía sentir su semilla caliente.
- Oh preciosa. - Gimió profundo en su oído.
Y entonces ella también se estremeció, sintiendo el mismo volcán estallar en lo profundo de su vientre, aunque menos intenso y duradero que cuando lo había tenido con sus dedos y su boca dándole placer.
Se sintió caliente y sin respiración, peor que las pocas veces que había hecho ejercicio, pero aún así, el que él se apartara saliendo de su interior con delicadeza para dejarse caer sobre la cama le dió una sensación a pérdida.
De pronto quería que volviera a tocarla, suspirando de alivio cuando se mano encontró su rostro y le apartó el rizado pelo de la cara.
- ¿Estás bien? - Dolores asintió, girándose para acurrucarse contra su pecho, besando el lugar donde su corazón latía tan acelerado como el suyo.
Le dolía entre las piernas y los fluidos que salieron de ambos empezaban a enfriarse sobre sus muslos, lo que era incómodo, pero aún así no se apartó de su abrazo, recibiendo gustosa los besos que le dio en las mejillas y los labios.
- Te amo esposa mía. - La sonrisa en su rostro era de felicidad pura y ella soltó una risita, su pecho expandiéndose con el mismo sentimiento.
- También te amo esposo mío. - Se acomodó contra su costado, su cabeza en su pecho, cerrando su ojos al disfrutar de su calidez. No recordaba el quedarse dormida, pero si recordó los círculos suaves sobre su vientre que Mariano había trazado con su pulgar en el mismo lugar donde sus labios habían dejado una marca que tardó varios días en borrarse.
Yyyy, espero que les haya gustado esta idea que me salió de la nada después de ver Encanto y dejar actuar a mi mente corrompida, jeje.
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