Me encanta este ship así que aquí está mi humilde aporte al fandom.

Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, son propiedad de Takehiko Inoue.

UNA TARDE PERFECTA

Faltaban dos días para el partido contra el equipo de Ryonan y el capitán Akagi había estado presionando a todos los miembros el equipo para que dieran todo de sí en los últimos entrenamientos. Rukawa, Kogure y el resto de los jugadores habían estado jugando muy bien, se coordinaban a la perfección y completaban las jugadas sin problemas. Sin embargo, su principal preocupación era Hanamichi, el novato del equipo. Si bien era cierto que el joven tenía un tremendo potencial y se había esforzado el doble en las prácticas, los demás le llevaban años de experiencia en la cancha. Podía hacer tiros sencillos, driblear y completar los pases, pero todavía había muchas cosas que le hacía falta aprender. Akagi pensaba que, si tan sólo Hanamichi fuera más humilde y bajara la guardia para que sus compañeros le enseñaran lo que sabían, en especial Rukawa, con quien tenía una fuerte rivalidad, sería un as en el equipo. Pero no. Prefería hacer las cosas a su manera y esa tenacidad que demostraba en los entrenamientos era un arma de doble filo.

Mientras los chicos terminaban de asear la cancha de básquetbol y de acomodar los balones en el almacén, Haruko, que había observado todo el entrenamiento desde muy temprano, se levantó de las gradas y se acercó a Sakuragi. El joven se veía exhausto, estaba completamente bañado en sudor y todavía estaba recobrando el aliento.

–¡Ese fue un gran entrenamiento, Sakuragi! –exclamó con una sonrisa al llegar junto a él.

Sakuragi se puso como tomate y se rascó la nuca en señal de vergüenza. Su expresión era demasiado graciosa a diferencia del ceño fruncido de siempre.

–¡Haruko! No me digas que viste todo el entrenamiento…

Sakuragi se acordó de todos los tiros que había fallado y que la chica muy probablemente había visto y quiso que se lo tragara la tierra. En cambio, ella simplemente asintió sin dejar de sonreír. Dios, ¿cómo era posible que una chica así de linda le dirigiera la palabra? Y de forma tan natural. Estaba consciente de los rumores que había en la escuela sobre su personalidad violenta y explosiva, pero a ella no parecía afectarle en nada. Era tan amable como siempre.

–¡Jugaste muy bien! Creo que tú y Rukawa fueron los que más se destacaron en el último partido de hoy –añadió Haruko con un leve sonrojo al mencionar a Rukawa.

Sakuragi no lo pasó por alto y sintió una punzada en el pecho, pero en cambio soltó una carcajada un tanto forzada.

–¡Ja! En muy poco tiempo seré mucho mejor que Rukawa, ya lo verás.

Haruko sonrió. Desde luego, esa era la respuesta que esperaba. Vio a su hermano y a los otros chicos del equipo dirigirse a las duchas. Rukawa pasó a su lado mientras le daba un trago a su botella de agua.

–H-Hola… –Haruko levantó la mano tímidamente y con la cara completamente roja.

Rukawa la ignoró por completo y cruzó la puerta junto a los otros. Haruko sintió que su corazón se encogía. Ya sabía que no tenía oportunidad con él, ¿pero no podía ni siquiera dirigirle un saludo? Agachó la cabeza sintiéndose como una tonta.

Sakuragi presenció todo y empuñó la mano a punto de hacer un escándalo y enseñarle a Rukawa que, si se metía con Haruko, se metía con él. No necesitaba razones para odiarlo o empezar una pelea, pero si se las daba no iba a rechazarlas.

–Oye…

–Sakuragi –lo interrumpió Haruko, que ya esperaba algo así. Sakuragi era muy transparente, era obvio que no quería verla lastimada, pero no quería que la defendiera de Rukawa como si fuera una damisela en apuros. Ella tenía que librar sus propias batallas, y además era bastante vergonzoso que Sakuragi se viera involucrado entre ella y Rukawa por algo así. Lo agradecía, pero no era el tiempo, el lugar ni la forma.

Sakuragi vio la expresión ensombrecida de Haruko y no hizo falta más para que entendiera la posición en la que estaba. Tampoco la haría pasar vergüenza por un repentino ataque de ira. Los chicos salieron y él se quedó solo con Haruko. Soltó una carcajada y manoteó al aire para quitarle importancia.

–¡Ya sabes cómo es Rukawa, Haruko! Yo creo que tantos balonazos en la cabeza le estropearon el oído. Seguro que no te escuchó.

Haruko sonrió. Las palabras de Sakuragi siempre la hacían sentir bien.

–¿Qué hay de ti, Sakuragi? ¿Estás nervioso? Después de todo es tu primer partido oficial.

–¡Por supuesto que no! ¡Estoy listo! Voy a demostrarle a esos perdedores del Ryonan cómo se juega básquetbol.

Sakuragi hizo una pose de victoria y Haruko soltó una risita. Era obvio que diría algo como eso, pero la verdad era que había escuchado lo mismo siempre que un nuevo jugador se unía al equipo y a la hora del partido le ganaban los nervios. Sakuragi podía ser diferente, aunque no tenía nada de malo estar nervioso.

–Me alegra escuchar eso. Yo voy a estar en primera fila animándote.

Sakuragi sintió el peso de la realidad cayéndole como un yunque en la cabeza. ¿En qué estaba pensando? Por supuesto que Haruko iba a ver el partido. Ella y otras docenas de personas atentas a sus movimientos, a sus tiros y a sus clavadas. De pronto ya no se sintió tan confiado, pero no podía dejar que Haruko se diera cuenta de ello.

–¡P-Por supuesto que sí! Espero verte ahí, Haruko. Voy a hacer muchas clavadas –a pesar de que quería demostrar su confianza, la voz le temblaba ligeramente.

–Oye, Sakuragi, tengo una idea. ¿Por qué no vamos a dar una vuelta y a comer algo? Todavía es temprano, te servirá para distraerte.

Sakuragi tardó un momento en asimilar que Haruko lo estaba invitando a salir. Su mente trabajaba a toda velocidad, disociando de su cuerpo que se había paralizado. ¿Acaso estaba soñando? ¿En qué universo era posible algo así? Que Haruko, la chica linda y amable de la que estaba enamorado, por la que había entrado al equipo de básquetbol, lo invitara a salir. Claro, estaba consciente de que no se trataba de una cita como tal, él sabía muy bien cómo se sentía ella respecto al idiota de Rukawa, pero tenía que ver la invitación como una oportunidad para demostrarle a Haruko que él era mucho mejor partido para ella.

Sonrió mentalmente y sin poder ocultar su entusiasmo tomó a Haruko de las manos y se acercó mucho a su rostro.

–¡Haruko! Me has hecho el hombre más feliz de la tierra. Por supuesto que quiero salir contigo. Vamos a donde tú quieras. Oh, espera, primero tengo que darme una ducha y cambiarme de ropa. No tardaré nada. ¿Te molesta esperar? Mientras tanto puedes sentarte por aquí o practicar algunos tiros. No, mejor no lo hagas, no querrás ensuciarte tu vestido, ya que…

–Sakuragi.

Haruko lo miró divertida. Sus reacciones no tenían precio. Solía hablar hasta por los codos, en especial cuando estaba nervioso.

–Sí, sí, tienes razón. Estoy perdiendo el tiempo. ¡No me tardo!

Sakuragi salió corriendo rumbo a las duchas y Haruko soltó una risita. Aquel chico era bastante peculiar, no podía negarlo. Se sentó en una de las bancas a esperar. Tenía que pensar a dónde iban a ir. La invitación era demasiado vaga, y no quería que Sakuragi malinterpretara sus intenciones.

Era la hora de la comida así que podían ir por una hamburguesa con papas y después a caminar al parque. Incluso ir al cine a ver qué películas había esa semana. Cualquier cosa para distraerlo del partido.

Luego de unos minutos, Sakuragi regresó y le ofreció una gran sonrisa. Estaba usando un pantalón negro con sus tenis blancos de gimnasia y una camiseta blanca. Su cabello estaba perfectamente peinado como siempre. Se veía muy apuesto.

Haruko, por su parte, estaba usando un vestido amarillo liso sin mangas que le llegaba a las rodillas y unas zapatillas blancas. También llevaba un pequeño bolso a juego cruzado al pecho y el cabello suelto, con un mechón detrás de la oreja como de costumbre.

–¿Nos vamos? –preguntó Haruko.

Los dos salieron del gimnasio y caminaron lado a lado rumbo al centro de la ciudad. A pesar de que Haruko le había dicho que la idea era distraerlo del partido, no podía evitar hablar sobre básquetbol con él. Había crecido viendo jugar a su hermano, un apasionado del deporte, y ella misma tenía su propia trayectoria en la secundaria. Le emocionaba contarle sobre famosos jugadores y las espectaculares clavadas que habían hecho en campeonatos. Las técnicas y jugadas que había, los nombres de los pases y los tiros.

Sakuragi la escuchaba con una sonrisa. Le encantaba escucharla hablar sobre básquetbol. Y no sólo porque era el deporte al que ahora se dedicaba, bien podría estar hablando sobre matemáticas y él la escucharía con la misma atención. La energía que transmitía Haruko cuando hablaba de cosas que la apasionaban era sorprendente. La manera en la que brillaban sus ojos y los gestos de las manos, cómo se desconectaba de todo lo demás. No pudo evitar pensar qué afortunado era de poder compartir esas pequeñas charlas en un día común como ese.

–¿A dónde quieres ir, Sakuragi? –preguntó Haruko de pronto–. Había pensado que podemos ir a comer hamburguesas, ¿qué te parece? ¿Te gustan?

–¡Me encantan!

–¡Bien! Conozco un buen lugar. Sígueme.

Caminaron un rato más y por fin entraron a un restaurante. El lugar era muy bonito y moderno, con mesas de un llamativo color rojo y grandes ventanas que daban al exterior. Había mucha gente, sobre todo familias con niños pequeños y una que otra pareja.

–¿Mesa para dos? Por aquí –exclamó el joven del recibidor antes de guiarlos hasta una de las mesas del fondo. En aquella parte no había mucha gente, así que podían hablar con comodidad sin ser molestados por el ruido.

–Permíteme, Haruko –Sakuragi jaló la silla para que la chica se sentara.

Haruko no esperaba ese gesto y se sonrojó. No había contemplado que Sakuragi actuara como un caballero.

–G-Gracias.

El mesero les dejó los menús y se retiró.

–Es un lindo lugar, ¿ya habías venido aquí antes? –preguntó Sakuragi viendo a su alrededor.

–Sí, he venido algunas veces con mi familia y mis amigas.

Haruko se quedó pensando que era la primera vez que iba ahí con un chico, a solas. Desde luego que no era una cita, pero la gente a su alrededor bien podía pensar que lo era. Incluso el mismo Sakuragi. Aun así, no tuvo el valor de aclarar ese punto. Sería demasiado grosero de su parte.

–¿Qué vas a pedir? –preguntó para cambiar de tema.

–Una hamburguesa con queso y un refresco –respondió Sakuragi.

–Suena bien, que sean dos.

–¿Quieres papas también?

–Sí.

Luego de un rato les trajeron su orden y empezaron a comer. Charlaron de cosas triviales y Haruko le mencionó que había escuchado que Aota quería reclutarlo para que se uniera al equipo de judo. Al parecer las noticias volaban en aquella escuela.

–¿Y en serio peleaste con él? ¿Y le ganaste?

Sakuragi se sintió un poco avergonzado. Nunca hubiera peleado con Aota de no ser por las fotos de Haruko. Pero eso jamás se lo diría.

–Bueno, al final resulta que el judo no es para mí. A mí me gusta el básquetbol.

–Mi hermano no se equivocó al dejarte entrar al equipo.

Siguieron hablando un rato y cuando terminaron de comer, Sakuragi se ofreció a pagar la cuenta a pesar de que Haruko quería hacerlo.

–Venir aquí fue tu idea, es lo menos que puedo hacer.

Haruko sonrió. Sakuragi era muy amable con ella y no estaba acostumbrada a ese tipo de tratos. A decir verdad, nunca había salido con un chico, ni en plan de amigos ni en plan de citas. Únicamente con sus amigas. Y aunque ella se repetía que sólo era algo sin importancia para ayudar a Sakuragi, la verdad era que lo estaba disfrutando.

–¿Qué te parece si vemos una película? –propuso Haruko.

Sakuragi se sentía en las nubes. No sólo había comido con Haruko, ahora también podía ver una película con ella. Caminaron un rato rumbo al cine y se detuvieron afuera del lugar para mirar la cartelera. Estaban pasando algunas películas infantiles y comedias románticas. Las chicas solían ver ese tipo de películas, no sería raro que Haruko escogiera alguna de esas.

Pero la decisión de Haruko lo tomó desprevenido.

–¡Vamos a ver Fright Night!

Sakuragi nunca había escuchado sobre esa película. El cartel mostraba una casa tenebrosa, niebla alrededor y justo encima un rostro macabro con grandes ojos y colmillos a punto de devorar algo.

–¿E-Estás segura…? –Sakuragi estaba pálido. Nunca había sido fan de las películas de terror, se asustaba muy fácilmente.

–A menos que te dé miedo –dijo Haruko con una risita.

Sakuragi enrojeció.

–¿Miedo yo? ¡Ja! Por supuesto que no. Soy muy valiente, no hay película de terror que me asuste. De hecho, es uno de mis géneros favoritos.

–¿En serio? ¡Genial! Entonces está decidido, vamos a ver esa.

Sakuragi pasó saliva y maldijo por aquella mentira piadosa que acababa de decir con tal de impresionar a Haruko. Esta vez Haruko compró los boletos y las palomitas. La sala estaba más o menos vacía y se sentaron justo en medio para ver bien la pantalla.

La película comenzó y Sakuragi tomó una profunda inhalación. Era una historia de vampiros, al parecer, pero no quiso poner mucha atención porque si gritaba de pronto se moriría de vergüenza no sólo con la chica, sino con todos los presentes. En cambio, se dedicó a ver a Haruko de reojo y descubrió que era una opción mucho mejor. Cada que sentía que venía una escena escalofriante, desviaba la mirada disimuladamente. Y así pasó poco más de una hora y media de su vida, contemplando el perfil de la castaña de cuando en cuando y grabándoselo en su mente.

Cuando terminó la función, Haruko todavía estaba emocionada hablando sin parar sobre la historia y sobre todas las partes que le habían gustado. Sakuragi hacía algún comentario ocasional para demostrarle que sí había puesto atención, pero más que nada sonreía al ver la emoción de la chica y la dejaba hablar.

Salieron del cine y se encontraron en medio de la calle semi desierta. Las últimas personas se alejaban en distintas direcciones y vieron que ya estaba anocheciendo. Habían pasado toda la tarde juntos yendo de aquí para allá y hablando de un montón de cosas.

Haruko pensó que fuera de la escuela y de la cancha, la personalidad de Sakuragi era muy distinta. Era amable y divertido, y siempre tenía algo qué decir, lo que facilitaba entablar una conversación con él. Había sido, por mucho, una de las tardes más agradables que había pasado en mucho tiempo. Y lamentablemente, ya había terminado.

–Ya es tarde, tengo que irme –dijo Haruko.

–¿Quieres que…te acompañe a tu casa?

–N-No creo que sea necesario –Haruko sintió el sonrojo en sus mejillas. Tenía el presentimiento de que si Sakuragi la acompañaba a su casa las cosas serían distintas entre ellos.

–Bueno, no puedo dejar que regreses sola. Puede ser peligroso –insistió Sakuragi.

Haruko asintió. Tenía razón, su seguridad era más importante. Con alguien como Sakuragi, que medía 1.88 y esa complexión de deportista, alguien difícilmente se metería con ellos.

–De acuerdo.

Esta vez caminaron en silencio. Sakuragi se sentía incómodo, como si no tuviera permitido estar con ella de esa manera. Y por primera vez no sabía qué decir. Las calles estaban pobremente iluminadas por los faroles, había poca gente y de vez en cuando un carro que pasaba en una u otra dirección. Ni siquiera sabía dónde vivía Haruko, sólo la estaba siguiendo. Se puso a pensar en todos los rechazos que había recibido y no pudo evitar pensar que con Haruko no sería diferente. Si tenía la oportunidad de hablar con ella era porque sabía que lo veía como un amigo y nada más. Sus sentimientos hacia Rukawa no cambiarían de la noche a la mañana. ¿Podía permanecer a su lado siendo amigos y nada más? ¿Escuchando cada tanto lo que pensaba de su rival? Sabía que, si le confesaba sus sentimientos, estaría condenado. Las apuestas estaban en su contra, no tenía ninguna oportunidad con alguien como ella.

La mente de Haruko daba vueltas y vueltas. Aquella tarde había sido asombrosa y se había divertido mucho. Descubrió una faceta de Sakuragi que no sabía que existía. Su personalidad era divertida, la hacía reír todo el tiempo y sentía que podía hablar con él de cualquier cosa. Lo único que lamentaba era que ya era de noche y no había podido pasar más tiempo con él. No quería que terminara, pero al menos había cumplido su propósito. A pesar de que habían hablado sobre básquetbol en más de una ocasión, ninguno de los dos mencionó el partido.

Luego de un largo rato, llegaron a su casa. Haruko se detuvo y le sonrió amablemente.

–Muchas gracias por acompañarme, Sakuragi.

–No hay problema –Sakuragi también sonrió, pero era una sonrisa un tanto melancólica, como si hubiera más de fondo que lo que realmente expresaba.

–¿Te divertiste? Espero que te hayas relajado y que no pensaras mucho en el juego.

–Fue increíble, el mejor día de mi vida. Te agradezco que hayas hecho esto por mí. No tenías ninguna obligación, Haruko.

–No, pero quería hacerlo. También la pasé muy bien, gracias.

Sakuragi asintió un par de veces. Hasta aquí llegaba él. El día había terminado y sentía que al día siguiente despertaría y todo habría sido un sueño. Mientras tanto ahí estaba. Haruko de pie frente a él, jugando con el broche de su bolso, con la cara ligeramente sonrojada.

El primer impulso fue dar un paso hacia ella y darle un beso en la mejilla, pero eso sería demasiado atrevido de su parte. Se ganaría una buena cachetada y con justa razón. Además, no podía hacer eso sin su consentimiento, no quería hacerla sentir incómoda y arruinar por completo la maravillosa tarde que habían pasado juntos. Además, si Akagi se enteraba, no sólo lo echaría del equipo, sino que le rompería todos los huesos del cuerpo.

Maldito gorila.

–Bueno, voy a entrar ya. Buenas noches, Sakuragi.

–Buenas noches, Haruko.

La chica se despidió con la mano y entró a su casa. Lo último que vio por la ventana fue que Sakuragi se marchaba por donde habían llegado, con las manos en los bolsillos y la cara un poco sonrojada.

Subió las escaleras y al pasar frente a la habitación de su hermano le sonrió tan casualmente que lo hizo levantar una ceja.

–¿Haruko? ¿En dónde estabas?

–Salí.

–¿Saliste? ¿Con quién?

Pero no obtuvo respuesta porque la joven ya se había metido a su cuarto.


Y mientras Haruko se ponía el pijama para irse a la cama, tuvo una revelación repentina. Hasta ese momento no había pensado en Rukawa ni una sola vez en toda la tarde. Su mente estaba llena de recuerdos del restaurante, la película, la caminata y lo bien que se la había pasado con Sakuragi.

Y después de apagar la luz, se fue a dormir con una sonrisa.