Fue un fuerte golpe lo que llamó su atención, algo de gran tamaño estrellándose desde adentro de una de las habitaciones golpeando una de las paredes interiores provocando que otras cosas más se desbordaran, causando un gran estruendo.
Peter permaneció unos segundos frente a la compuerta dudando si abrirla y cruzar el umbral, sin pensar del todo en lo que esto conllevaría presionó el botón que la liberaba encontrandose con Gamora en la esquina del lugar en cuclillas nerviosa y con una expresión de frustración en su rostro.
Le sorprendió por primera vez verle con una ropa común más allá de aquella vestimenta como de piel que usaba todo el tiempo, llevaba una playera de tirantes color amarillo y short corto y blanco.
— ¿Qué demonios haces tú aquí Quill?— preguntó en forma de reclamo alzando el rostro.
Sin embargo el guardián se dió cuenta que no era enojo lo de su rostro, su expresión era similar a cuando un cachorro está recluido en una jaula y teme del exterior por lo que a la primera señal, su instinto es atacar.
— ¿Te ocurre algo?— preguntó para confirmar sus sospechas.
— Debimos hacer esa parada en aquel asteroide de servicio— declaró con cierto resentimiento en su voz.
Peter rememoró por un segundo, cruzando uno de los portales de salto habían encontrado una pequeña estación, Gamora sugirió detenerse pero Rocket Ración contrarió afirmando que en sitios como ese terminarían desvalojiados en medio del espacio y siguieron de largo.
— Pero ¿que es lo que quisieras tu de allí?— cuestionó Quill aproximandose a ella.
Se inclinó y extendió su mano para alcanzarla, ella se encogió abrazándose a si misma.
Era extraño, demasiado inusual verla así de vulnerable, se había ganado un título de la mujer más letal del universo, incluso a él de cierto modo le intimidaba, siempre había querido acercarse a ella por ese impulso casi estúpido que tenía ante los riesgos, ahora mismo le parecía tan frágil.
— Gamora...— murmuró tocando su mano.
— Necesito pastillas para dormir...— confesó— luego de todo lo que he visto y hecho, no puedo hacerlo de otra manera.
Por instinto ante el contacto la chica le repelió como si se tratara de un ataque, bloqueó con su mano derecha y contraacó con la izquierda. Fue un movimiento guiado por su memoria muscular, pues por años enfrentamientos, entrenamientos y peleas fueron el único contacto con otros.
Starlord intervino el avance de su mano inteceptandola antes de que le alcanzara la barbilla, su agarre se suavizó y casi en forma de una caricia entrelazó sus dedos con los de ella.
La guerrera se sorprendió al estremecerse con aquel tacto áspero pero cálido de su mano.
Envolvió su mano por su cintura y la levantó hacía él aproximandola a su cuerpo, como un pulso electrónico que recorrió su cuerpo paralizó por unos momentos sus células y exhaló como si le despojarse de un gran peso de encima.
Le pareció flotar de manera en la que se sentía cuando se nada allí, entre el cosmos observando al infinito.
Gamora observó sus ojos y encontró calidez, se dejó invadir por esta maravillada con él hecho de que alguien pudiera verla así. Desde que lo recordaba, en las miradas de otros solo había encontrado temor, rencor y decepción.
Quill sin decir nada tomo los audífonos que colgaban de su cuello eternamente, tanto que le era difícil imaginarme sin ellos, los puso en sus oídos con delicadeza.
Una de sus melodías sonaba, era una balada que hablaba sobre un hombre que estaría allí para quien amaba siempre que lo necesitara a pesar de cualquier tormenta o dificultad, él le daría el calor que necesitara.
Estas palabras eran como si el propio Quill se lo dijera atraves de sus latidos, su mirada y sus tacto, mientras que en pasos lentos pero rítmicos la guiaba, bailando.
— Me quedaré contigo el tiempo que desees— le surruró al oído el guardián.
Ella lo interpretó por la noche, mientras el se refería a su vida. Gamora respiró profundo, recostó la cabeza en el hombro de Quill y cerró los ojos. Por un instante y por primera vez se permitió dejar atrás todos aquellos recuerdos que le atormentaban.
Luego de algunas horas ambos se encontraban acurrucados entre las sábanas de su cama, ella lo había guiado sin palabras se habían acomodado, él recargado en la pared, ella envuelta entre sus brazos, así habían permencido tan próximos e íntimos sin necesidad de algún otro contacto más allá.
Gamora había pasado toda su vida de una manera muy distinta, criada básicamente como un armaasí había olvidado que podía ser vista como una mujer, que alguien podría encontrarla atractiva, desearla y hasta quererla.
Cerró los ojos vestida por el cansancio mientras percibía que le besaba la frente permaneciendo despierto para cuidarla. Disfrutó de una noche tranquila sin sueños, pero tampoco sin ninguna memoria que la atormentará, al despertar se encontraba arropada en la cama mientras Peter Quill se calzaba sus zapatos y salía de allí de misma forma en la que había venido...A la noche siguiente, Peter Quill caminaba por el mismo pasillo, revisaba por última ocasión todos los sistemas verificando que todo estuviera en orden y en correcto funcionamiento.
La compuerta de la habitación de Gamora se abrió y sus manos salieron para encontrarlo.
— Dormirás aquí está noche— le ordenó con un rostro molesto pero con sus mejillas rosadas.
— Me quedaré contigo el tiempo que desees— le repitió el guardián con una sonrisa.