La verdad de tus palabras
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Refugiada en una esquina de la habitación Hinamori sostenía su cabeza entre sus manos tratando de asimilar lo que había leído. Durante toda la noche sus ojos no se cerraron de solo estar pensando, buscando una justificación o evidencias de que fuera falso, sin éxito alguno. De seguir así solo le quedaría como única opción creer, pero se negaba a ello, no había forma, era ilógico. Frente a ella el papel se encontraba extendido, lo tomo una vez más y leyó por décima vez como si esperara que el contenido hubiera cambiado mágicamente o como un mal sueño.
-Objetivo: Hinamori Momo, traidora de la sociedad de almas, del gotei 13 y de su majestad el rey. Considerada una potencial amenaza, exterminar. Se extenderá el mismo castigo a quien interfiera o proteja a la traidora.
No tenía muchas indicaciones, no eran necesarias si aquellos a quienes le pertenecía la orden eran miembros de las fuerzas especiales, ellos no preguntaban razones, solo seguían indicaciones. Y por algún motivo que no alcanzaba a comprender había sido tachada de traidora, no solo eso, ¡Una amenaza potencial! ¿Cómo era posible? Siempre había seguido las reglas y las ordenes de sus superiores, y a pesar de ser teniente ella no era un peligro del mismo nivel que Aizen o Tousen, lo único que se le podría ocurrir es que alguien haya sido testigo de cuando Ichimaru la llevo consigo.
No encontraba otra respuesta.
Y el único que podía dárselas se había ido, ¿A dónde? No tenía ni la más remota idea, en otras circunstancias no le importaría, es más, se sentiría invadida de alivio, solo que ahora no era ese el momento, necesitaba hablar con él y aclarar varios puntos, porque si todo lo que le había dicho hasta ahora era cierto significaba que la sociedad de almas era su enemigo y la única persona en la que podría apoyarse en ese momento era nada más ni nada menos que Gin Ichimaru.
Estaba sumida en un mar de ideas que la asfixiaban, necesitaba salir y despejar su mente, pero ¿A dónde iría? Estaba encerrada entre capas y capas de barreras, no tenía idea de cuál era el perímetro, cuantas eran, y ya ni hablar de cómo deshacerlas. No importaba realmente, lo único que quería era escapar de esas paredes que la hacían sentirse enjaulada. Salió de la habitación, afuera todo se encontraba impecable, ni un rastro de sangre, se sentía aliviada, de hallar un ojo tirado en el piso probablemente se desmayaría, tan solo el recordar a Ichimaru teñido de rojo le daba vueltas la cabeza.
-Tengo que salir, necesito aire-Dijo al tiempo que abanicaba su rostro con las manos.
Trastabillando llego a la puerta y de un solo empujón salió. Una vez afuera inhalo lo más hondo que pudo, llenándose del aire fresco de la mañana, sin embargo, la sensación de estar a punto de hiperventilarse no se iba, necesitaba calmarse, no conseguía nada entrando en pánico por cualquier cosa, necesitaba aferrarse a algo, cualquier cosa que le provocara paz y seguridad. Por inercia llevo su mano hacia su cabello, intentando encontrar aquel accesorio de cabello que la había acompañado por tanto tiempo, encontrándose con el vacío.
Era malo, de seguir así probablemente de nuevo volvería a ser atacada por aquel mal que la dejaba débil y le arrebataba el control de su cuerpo. No quería.
-No, por favor no.
En busca de otra solución se guio hacia el suelo, adoptando una posición en cuclillas tallo sus brazos para reconfortarse. Algo, algo, necesitaba algo. Hurgo entre sus recuerdos, lo que fuera, solo necesitaba calma, así que se aferró a lo primero que encontró: Una canción. Tarareo en voz baja aquella melodía, llenando su pecho con las vibraciones de su propia voz, dejando tras de sí un sentimiento de alivio que en un recóndito de su mente le parecía fuera del lugar, las notas eran lentas y graves, con un tinte antiguo y oscuro, pero le otorgaba lo que necesitaba. Aun así, sin poder recordarlo del todo, aunque aquella canción no recordaba conocerla juraría que la había escuchado en algún lugar antes.
Repitió una y otra vez hasta que sus sentidos volvieron a la normalidad, hasta que el miedo retrocedió. Aun así, para asegurarse de que todo iba a estar bien (al menos por un buen rato), se quedó en la misma posición, tallando su rostro un poco e iniciando un proceso de respiración lento y profundo para acompasar su alterado corazón.
Unos minutos después lentamente se incorporó.
No entendía con exactitud qué era lo que pasaba, nunca busco el origen, solo se limitó a mantenerse bien ante los demás y ante sí misma, ignorando que había un problema que debía ser atendido. Incluso logro engañar a la capitana Unohana quien era la que llevaba el seguimiento de su recuperación, y todo para que ¿Para evitar ser relevada de su puesto? ¿Para mantener su orgullo como shinigami? ¿Para demostrarle al mundo que podía ante todo? Ya no recordaba cual fue la idea que la impulso, solo tenía presente que era esa la razón por la cual no estaba sanando como era debido.
Concentrando toda la energía que le quedaba hizo un esfuerzo por levantarse, ignorando el malestar en sus músculos y en la base de su estómago. Sin otro lugar al que ir decidió caminar sin rumbo entre los arboles tratando de poner en orden sus ideas al tiempo que intentaba encontrar alguna de las barreras.
Todo su mundo estaba dando vueltas a una velocidad vertiginosa sin que pudiera hacer algo al respecto: La traición de aquel que ella admiraba, ser apuñalada dos veces, su lenta recuperación, su encierro en las oficinas del 5to escuadrón, ser casi asesinada, ser salvada por ese hombre que todos creían muerto y ahora aquella orden de asesinato en su contra, además estaba su enfermedad…
La palabra se formó forzadamente en su cerebro, haciéndole fruncir la comisura de su labio en desagrado.
Si, ahora que estaba en soledad y silencio (Y después de todas las peripecias en las que estaba envuelta) se atrevió a ser sincera. Ella lo llamo enfermedad porque no encontraba otra palabra con la cual referirse a lo que le pasaba, no podía describirlo mejor. Todo empezó justo después de ser reintegrada a sus actividades como teniente, los dolores de cabeza y musculares eran un constante en su día, pero lo adjudico a su recuperación, a esto le siguió una especie de escalofríos que la asaltaban de vez en cuando, poco a poco estos fueron más violentos, la hacían sentir cansada y somnolienta.
Pero lo peor de todo fue darse cuenta que su energía espiritual estaba disminuyendo.
Giro cerca de un tronco, su mano rozando con el musgo que crecía en él, se detuvo y cerró los ojos, en lo alto alcanzaba a escuchar el piar de algunas aves y tal vez a lo lejos distinguía el sonido de algún animalillo moviéndose entre la hierba. Podía oírlo claramente, pero no podía sentirlo; esto significaba un golpe duro.
Hubo un tiempo (Antes de que un buen puñado de desgracia se acumulara sobre ella) en el que destaco por tener una alta cantidad de energía espiritual, no solo eso, poseía un excepcional control sobre él y llego a un punto que lo manejaba como si fuera plastilina, lo amoldaba, lo controlaba e incluso llego a percibirlo fuera de ella, en las demás personas, en todo lo vivo que la rodeaba y aunque no era exacta debido a que necesitaba ser afinada tal habilidad, ahí estaba, existía dentro de ella. Incluso se le menciono que de seguir así podría aspirar a formar parte de la división especial de kido.
En ese entonces le pareció algo impensable, incluso dejo de practicar tanto el kido y centrarse más en el manejo de su zampakuto solo para mantenerse en el 5to escuadrón y seguir al lado de Aizen… Y ahora no tenía nada.
Bordeo un par de piedras que se cruzaron en su camino, no se encontraba lejos de la construcción, apenas un par de metros, si no se equivocaba estaba en la parte trasera del templo, aún entre los árboles lograba distinguir un área que alguna vez había sido un pequeño huerto, probablemente antes lleno de vegetales ahora solo encontrarías ramas secas y mala hierba. También encontrarías no muy lejos un pequeño almacén donde, dedujo, guardaban herramientas e indumentaria.
Los ignoro completamente, no tenía tiempo ni ánimos para explorar y husmear con mayor detalle. Siguió adelante en su caminata, estirando su brazo de vez en cuando tratando de encontrar alguna barrera, estaba siendo descuidada no solo por estar vagando a pesar de su estado, sino también porque no sabía qué tipo de barreras eran, si tocaba imprudentemente una y esta la mandaba a volar o calcinaba su mano eso le traería problemas. Pero sospechaba que el ex capitán Ichimaru las había dispuesto por capas, con las de contención adentro y las que repelían afuera.
Localizarlas seria sencillo si por lo menos pudiera moverse con normalidad.
Paso alrededor de media hora, el sol ese día brillaba en lo alto, empujando a las nubes y a la lluvia, sin embargo, una sensación fresca se mantenía constante. Hinamori paso su mano entre sus cabellos oscuros, su mente ya se encontraba más tranquila, pero no su cuerpo, estaba cansada, somnolienta, necesitaba descansar, solo que aún no deseaba volver adentro, por ello en su lugar continuo su pequeña aventura. Era temprano para dormir y además tenía muchas cosas que pensar.
Su mayor duda residía en cómo se supone que lograría confiar.
Tenía ante ella dos vertientes, por un lado, estaba Gin Ichimaru (Aquel que afirmaba no ser su enemigo), ex capitán del 3er escuadrón de gotei 13, traidor de la sociedad de almas y uno de los principales causantes de algunos que otro trauma, aunado a que su forma de ser le impedía el si quiera pensar dejar su espalda descubierta ante él, cada palabra que salía de entre sus labios le hacían sospechar… Pero por otro lado ahora tenía esa orden que afirmaba que ella era un enemigo, no era ningún juego, estar en una posición como esa resultaba realmente peligrosa, significaba que más de la mitad de la sociedad de almas correría tras de ella solo para obtener su cabeza.
Se preguntó si su caso ya era de conocimiento público o había sido mantenido bajo la más estricta confidencialidad. Apostaba por la última opción por el simple hecho de que ella se sabía inocente, casi siempre en casos como ese la información se ocultaba de las masas y se actuaba en secreto. Aunque ¿Culpable de que crimen exactamente? ¿Cuál era su posición real en todo esto?
Tallo sus sienes.
Si tan solo pudiera comunicarse con alguien dentro de la sociedad de almas, hacerle saber a alguien que estaba viva y envuelta en un aprieto, tal vez si sus amigos…
Congelo esa idea ahí en su mente sin dejarla escapar. No, no era lo mejor. Estaba segura que de poder hablar con ellos creerían en sus palabras y la apoyarían hasta demostrar su inocencia, pero ¿A qué costo? Serian tachados de traidores, en el mejor caso saldrían con un par de rasguños y prisión, en el peor, la muerte, la cual era la más probable debido a las indicaciones de la orden. No quería ninguno de esos finales para nadie.
Recordó aquella vez cuando Kurosaki Ichigo trato por todos los medios salvar a Rukia, lo logro, pero no sin daños. Imagino a Toshiro haciendo lo mismo y la imagen de él siendo atacado por todos los capitanes le apretó el corazón de preocupación. Agito la cabeza tratando de borrar esa imagen. Sería mejor tranquilizarse y dejar de hacer una tormenta dentro de su cabeza antes de si quiera tener algo claro, pero es que solo le quedaba hacer un montón de suposiciones hasta que hablara con Ichimaru.
-Mierda-Soltó.
Estaba atascada, sola, perdida. Con el único deseo en su corazón de volver a casa al lado de Toshiro… Shiro-chan, todo sería sencillo si tan solo él estuviera ahí a su lado. El, con su sola presencia era capaz de infundirle valor y calmar los monstruos que se formaban en su inconsciente, que la ahogaban en miedo y confusión. Pero Toshiro no estaba ahí, ni si quiera sabía dónde se encontraba en ese momento o que estaba haciendo, o si la sabría viva.
Lo único que esperaba era que el albino no se estuviera atormentando. No era tonta, sabía que el sospechaba de su débil condición y por ese motivo siempre insistía en que debía tomarse las cosas con calma, alejarse de situaciones que pudieran afectarla. También sabía que él era sobreprotector con las personas que le importaban, siempre cuidando de la abuela, de Rangiku-san, de sus subordinados, de ella misma. Por lo que la mayoría de veces terminaba sintiéndose mal si alguien resultaba dañado. No quería que él se culpara, no quería que pensara que había fallado, y, si por alguna razón la sabia con vida esperaba que no actuara imprudente solo pensando en ella y para nada en sí.
Acaricio ahí donde noches atrás Toshiro había tocado su mano. Todo estaría bien, actuaria fuerte y decidida, racional. Haría todo lo que tuviera en sus manos para llegar hasta el, aun si eso implicaba… Una mirada zorruna se coló entre sus pensamientos. Aun si eso significaba…
-No puedo, no puedo- Sus piernas se volvieron gelatina con tan solo recordar a Gin Ichimaru-No puedo confiar, no puedo, no puedo. Demonios.
Convencerse sería más difícil de lo que pensó, creyó que le resultaría sencillo después de tanto tiempo fingiendo que estaba bien, se equivocó. Una sola mirada y ya estaba retractándose, (Lo peor es que ni si quiera lo tenía enfrente físicamente). Necesitaba algo, alguna prueba de que estaría bien a su lado, que no moriría mientras dormía o algo por el estilo.
Además, él había dicho "Tal vez no sobrevivas" cuando trato de (patéticamente) agradecer por haberla salvado. Rayos, era tan complicado, una contradicción. Decía cosas como "salvar" y "No soy tu enemigo" y luego decía que no sobreviviría, basado en eso no sabía en que creer, necesitaba algo más de su parte, algo que le permitiera por lo menos aferrarse lo suficiente a la ayuda, que suponía, le estaba ofreciendo.
No quería sentirse a la deriva con el miedo constante de ser apuñalada, no lo resistiría, no otra vez. Algo dentro de ella le decía que si recibía una traición más definitivamente no sería capaz de levantarse, no importaba de quien viniera. La sensación de frio y desazón que inundaba el corazón y cerraba la garganta era tan letal como cualquier arma creada por el hombre.
Tenía miedo, mucho miedo.
-Ahhh, que horror-Su determinación flaqueaba, subía y bajaba como en una montaña rusa- Esto no puede estar pasándome.
Miro las palmas de sus manos, comenzaban a sentirse húmedas de los nervios acumulados, las restregó descuidadamente en la tela del camisón sobre sus muslos. La duda y el miedo la estaban comiendo lento desde adentro como un parásito, preguntas y respuestas (con resultados catastróficos) le invadían impidiéndole pensar con claridad, además de eso, aquellos ojos zorrunos se colaban como destellos y junto a ellos la sombra de oscuros recuerdos ligados a Aizen.
Estuvieron juntos uno al otro durante tanto tiempo que pensar en uno siempre le llevaba al otro, esa era una de las mitades del porque no se permitía confiar en Ichimaru, a pesar del llanto de Rangiku o del testimonio de Kurosaki Ichigo, al final, su "buen acto" no podía borrar todo el daño que causo para lograrlo. Aquel par de caras sonrientes que la miraba como un peón desechable no desaparecería, seguiría ahí, recordándole todo su fracaso e ingenuidad.
Lo poca cosa que significaba.
Aquella chica que se cegó a la verdad.
Lo inútil que en verdad era.
Que no podía hacer nada.
Le recordaba…
-La impotencia de ser obligada…-Como si hubiera estado soñando, de pronto se sintió succionada hacia la realidad- ¿Eh? ¿Qué acabo de? ¿A que me refería?
Se quedó en blanco sin saber exactamente qué era lo que estaba sucediendo, enfocando cuidadosamente a su alrededor para cerciorarse de que no había caído dormida o algo por el estilo; sus palabras carecían de congruencia, tal vez, pensó, quería referirse a algún acontecimiento, pero no lo dijo como quería, sí, eso tenía que ser, que raro. Sacudió la cabeza de un lado al otro tratando de dispersar ese pensamiento y al mismo tiempo centrarse en lo que estaba pensando anteriormente.
Se regañó, no era la primera vez que se le iban las ideas y terminaba con la mente en otro lado. O tal vez solo estaba delirando, era una opción teniendo en cuenta que había recibido un fuerte impacto gracias a la explosión del cero de aquel hollow, el golpe que recibió no había sido cualquier cosa, aún tenía los rastros de un corte en la frente, incluso le palpitaba esa área. No sería extraño que algo en su cabeza se hubiera atrofiado un poco, además la falta de sueño y el hecho de que seguía en recuperación eran factores a considerar. Suspiró. Necesitaba sentarse un rato y aclarar un poco sus ideas.
Enfilo hacia la parte frontal del templo con el mismo cuidado con el que había llegado hasta ese punto.
Se sentía temerosa, llena de incertidumbre, pensativa. Y, como siempre que estaba nerviosa, comenzó a jalar de la cutícula de sus dedos, era un mal hábito por el que había sido reprendida por innumerables personas, entre ellos sus amigos, específicamente por Kira, quien incluso trato de poner cinta adhesiva en sus dedos para evitar que siguiera haciéndolo. Renji y Hisagi se habían burlado de ella diciéndole que parecía un perrito siendo amaestrado.
-Haha-Sin poderlo evitar soltó una leve risilla que inmediatamente la hizo sentir mejor, el nudo que se mantenía en sus pulmones parecía más ligero que antes, y es que ese pequeño recuerdo fue como un rayo de sol iluminando la oscuridad que la envolvía.
Renji solía hacerla reír cada vez que estaba triste o decaída, no solo a ella, a todos los que el pelirrojo consideraba amigos o compañeros, decía que había que enfrentar los desafíos y los problemas con una sonrisa, hasta doblegarlos. Siempre admiro esa faceta de él. Su fuerza de voluntad era tanta y su corazón tan amable que no importaba cuantas veces cayera, él siempre se levantaría y tendría tiempo de ir en tu ayuda.
Sin duda era una magnifica persona, pagaría por oír sus malos chistes y así al menos sentir que todo estaba mejor.
Cuando llego hasta la entrada de la construcción se detuvo, titubeante ante la puerta que de pronto le pareció igual de alta que el rastrillo de un castillo embrujado. Aun no quería volver ahí, así que sentándose en la única escalera de entrada se recargo sobre el poste de madera que sostenía el techado del pórtico y dejo a su mente vagar un rato, no era lo que debería hacer, pero era lo que necesitaba. Estiro sus piernas cual gato desperezándose y dejo que sus recuerdos viajaran hasta el seireitei y a la academia de artes espirituales, donde los días parecían sencillos, libres de preocupaciones.
En sus pupilas se dibujó una roja cabellera, el dueño con una sonrisa burlona, a su lado un joven de aspecto apacible, sus ojos azules brillando alegremente. Después estaba aquel atlético chico de cabellos oscuros como la noche, maduro pero cariñoso; sus rostros expresando la juventud, casi sin rastros de los problemas que conlleva ser adulto.
Paso sus días al lado de ellos y cada momento estaba grabado en su corazón. Todas las sonrisas, los fracasos, el miedo, el esfuerzo, no olvido nada y todo ello lo llevo a flote en su mente, usándolo cual bálsamo. Navegando entre sus recuerdos, pronto su cuerpo y sus parpados comenzaron a pesarle, tallo sus ojos como si de ese modo pudiera quitarse el sueño de encima.
-Rayos, anoche no dormí nada-Se recordó, era normal estar tan cansada y aunque esa no era una cama, Hinamori lo sintió tan cómodo que pronto su respiración comenzó a acompasarse-Solo un poco no hará daño ¿Verdad?
Los rayos de sol acariciaban su piel, era agradable; sus extremidades estaban tibias y su costado no estaba doliendo. El viento paso de ser frio a uno más cálido, el césped que crecía bajo sus pies le otorgaba una sensación acolchonada, poco a poco fue flotando, haciéndose una con su alrededor. Sus sentidos fueron cayendo en un estado de letargo, su vista se tornó borrosa hasta que pronto ya no fue capaz de ver lo que la rodeaba y lo último que alcanzo a pensar, fue lo mucho que le gustaría volver a aquellos tiempos de paz.
Vagaba de un sitio a otro en ese mundo de ensueños y, de un momento a otro se encontró en Karakura, para su sorpresa no estaba sola, Toshiro se encontraba con ella, caminaba a su lado y le sonreía tenuemente como solo él sabía hacerlo, Hinamori respondió con el mismo gesto casi de inmediato. El albino la tomaba de la mano y la guiaba entre las calles en dirección desconocida, pero no importaba realmente, no mientras estuviera a su lado.
De pronto llegaron a un área concurrida, la gente abarrotaba aquella plaza y los apretaba hasta el punto que parecía un mar embravecido. Para empeorar las cosas, la morena sentía como poco a poco su mano resbalaba de la de Toshiro.
"Shiro" Llamaba. "Espera, Shiro". Era inútil, los cuerpos la empujaban. Quería decirle al albino lo que estaba sucediendo, pero justo cuando iba a abrir la boca para gritar más alto, alcanzo a ver aquellos ojos turquesa mirarla de reojo para después perder su mano irremediablemente. "Shiro", repetía, él se alejaba. Todos a su alrededor se movían a una velocidad vertiginosa y se iba tornando oscuro. Cerro los ojos tratando de escapar.
Rogaba por que todo se detuviera. "No, por favor"
Rogaba por ayuda. "No"
Se encontraba mareada y cuando creyó no podría aguantar más, la calma llego acompañada de un suave roce en las puntas de los dedos de la mano contraria a la que antes sujetaba a Toshiro. El bullicio de la gente fue sustituido por algo más, era el suave susurro del viento que mecía los árboles y el trino de las aves del campo.
El mismo viento que causaba aquel arrullo también transportaba con él un aroma frutal que le provocó salivar en cuanto toco la punta de su nariz. Sin poder evitarlo sonrió. Aun con los ojos cerrados supo de qué se trataba: era el aroma mezclado de manzanos y ciruelos, sin duda una fragancia bastante apetecible y hechizante.
Se removió en su lugar y estiro sus brazos para desperezarse, sin mucho éxito. Volvió a dejar caer pesadamente sus miembros a su lado, rodo de nuevo y fue ahí cuando lo noto, aquello sobre lo que estaba era césped. Frunció el ceño extrañada, no había sentido el golpe al caer. Abrió los ojos, para su sorpresa su vista estaba nublada, producto de las lágrimas que se acumulaban en sus ojos, parpadeo un par de veces para deshacerse de ellas pero estas se negaban a detenerse, brotando cálidas y silenciosas. Frunció el ceño de nuevo sin comprenderlo del todo, sabía que estaba llorando, pero no lo sentía suyo.
Se incorporó lento, solo alzando un poco la parte superior de su cuerpo, sintiéndose tan liviana como un pétalo que es llevado por el viento, no había dolor. Estaba dispuesta a revisar su cuerpo en busca de sus heridas cuando el roce que antes sintió en los dedos ahora acariciaba tan suave como las alas de una mariposa la comisura de su ojo, ahí donde las lágrimas resbalaban para deslizarse por su mejilla.
El toque, de naturaleza tan inocente que ni si quiera se sobresaltó, en su lugar se quedó muy quieta, solo esperando.
-Tu… ¿Por qué lloras? -La voz que se dirigió a ella era muy agradable y pequeña, sin duda era la de un niño, pero no estaba del todo segura. Las lágrimas en sus ojos seguían amontonándose de forma anormal, impidiéndole ver claramente.
Por unos segundos se mantuvo en silencio, un montón de preguntas se le vinieron a la cabeza, como ¿quién era él? o ¿cómo había llegado ahí? Se suponía que Ichimaru había puesto barreras alrededor, por lo que técnicamente era imposible que alguien las hubiera traspasado, a menos claro, que ese alguien ya estuviese adentro. Aunque eso era igual de improbable, sobre todo si tenían en cuenta que se trataba de solo un niño.
Quería preguntar y, sin embargo, en lugar de eso su cerebro se centró solo en aquello que el pequeño le había cuestionado, abrió y cerró la boca un par de veces como intentando formar una respuesta adecuada, hasta que al final decidió que no había una.
-Yo, no lo sé-Admitió.
Un pequeño silencio continuo a sus palabras, Hinamori se sentía bastante curiosa al respecto. Termino de enderezarse en su lugar y restregó con sus mangas sus ojos, tratando de limpiar lo suficiente como para al menos poder vislumbrar de forma clara a la persona frente a ella, pero era inútil, sus ojos parecían haberse convertido en dos cascadas de las que no paraba de fluir el agua, llenándose y llenándose sin descanso.
Se dio por vencida después de un par de intentos sin lograr nada, aun así, se volteó de nuevo hacia la vaga silueta borrosa que lograba distinguir, dispuesta a empezar su interrogatorio.
-Dime ¿De dónde has salido pequeño? -Preguntó con la voz más amable que podía formar, esa que solía usar con los niños que vivían cerca de su casa en el Rukongai.
Por desgracia, la respuesta que ella esperaba no llego, en su lugar, la voz del niño frente a ella se tornó extraña, como si estuviera hablando bajo el agua, ni una sola palabra se lograba comprender. Hinamori agitó su cabeza de un lado a otro suavemente, como intentando despejar su mente, e incluso golpeo con los dedos sus oídos, pero nada cambio, de hecho, incluso podría afirmar que esta se desvanecía lentamente.
Lo siguiente que sucedió, fue que la silueta se levantó del lugar en el que se había mantenido de cuclillas, la miro fijamente y comenzó a alejarse.
-Espera ¿A dónde vas? Necesito preguntarte algo- Pidió la teniente, levantándose rápidamente con la única idea en su mente de seguirlo, sin embargo ni si quiera logro dar el primer paso, sus piernas eran tan pesadas como si estuviesen hechas de plomo, por lo que no pudo moverse ni un centímetro- ¡Espera! ¡Por favor!
Intentó de nuevo, en vano. El seguía caminando sin girarse ante sus llamados. Maldijo en voz baja mientras seguía luchando para mover un solo pie. Fue durante esa lucha que por fin sus lágrimas cesaron, se dio cuenta gracias a que ahora podía distinguir con claridad el césped verde y brillante. Así que lo primero que hizo fue buscar al chico, pero ahora se encontraba tan lejos que se había convertido en una simple sombra.
-Espera- Pronunció una última vez. Sin respuesta y sin esperar, el chico desapareció tan pronto como había llegado, dejándola sola de nuevo, llena de una inexplicable sensación de vacío que la impulso a gritar el primer nombre que se le vino a la mente.
Entonces despertó.
…
Para cuando regreso ya solo quedaban un par de horas de luz.
El día para él había pasado más rápido de lo que le hubiera gustado, siendo que todo lo que tenía dispuesto a realizar no fue terminado, incluso sentía que la lista de pendientes, a pesar de haberse acortado, se hacía cada vez más larga. Aunque sabía que esto no era cierto, avanzaba lento pero seguro, no a la velocidad que deseaba, pero ya era algo.
Acomodo las bolsas que ocupaban ambas manos, al hacerlo, las latas, frascos y empaques de adentro sonaron. Parte de las tareas de ese día había consistido en hacer compras, muchas compras, llevaba por lo menos cuatro bolsas repletas, una de alimentos (la cual era la más pesada) teniendo en cuenta que la pequeña cría necesitaba nutrirse; desde que la conocía la chica siempre había sido delgada, pero ahora la delgadez era un tanto extrema, al punto que podía ver los huesos marcarse bajo la piel de algunas zonas, le daba la sensación que con un solo golpe podría partir sus huesos en dos, no era para menos, no después de los acontecimientos de la última semana.
Lo demás eran ropa, calzado, artículos de limpieza básicos y material de curación, el cual se agotaba rápido, estaba seguro de que sería de ese modo por un tiempo más, sobre todo por el hecho de que las heridas de la morena se curaban a una velocidad anormalmente lentas, y lo que era peor, a pesar de que había usado hechizos curativos los tejidos de los tajos inducidos por los hollows se unían aparentemente de manera favorable para después despegarse.
Lo había notado mientras le hacia las curaciones cuando ella aún estaba inconsciente, incluso en ultima que realizo se percató de que los bordes comenzaban a separarse nuevamente, como si la piel ahí estuviera muriendo lo cual en teoría no debería pasar, no cuando se usaba reiatsu curativo.
Tendría que encontrar la manera de resolver ese problema.
Recorrió el último tramo de escaleras que llevaban al viejo templo, cerrando el espacio hasta la entrada, una vez ahí se detuvo unos instantes. Desde que había ingresado en las barreras que resguardaban el templo noto la presencia de la chica, en su campo sensorial de reiatsu la notaba como una pequeña flama quieta en el interior del templo, la energía y el brillo le daban información, ciertamente lo único que le interesaba de ello era que continuaba viva. Pero, una vez que llego a la puerta y la recorrió ligeramente para abrirla, la luz de la llama cambio, chispeaba inquieta, temblaba como si el viento arreciara contra ella.
Hinamori Momo se había percatado de su llegada y estaba ansiosa por ello. Gin entro sin más, no estaba de humor para alargarle el sufrimiento ni para regodearse en él, además, estaba seguro que después de leer esa orden la teniente se habría replanteado seriamente un par de situaciones y ya estaría considerando su ayuda, la cual, si en verdad quería, debía superar ese miedo que mostraba cada que estaba cerca de ella.
La miro de reojo mientras dejaba las compras sobre la mesa del comedor que estaba conectada a la pequeña sala, en la cual la chica de piel melocotón se encontraba sentada con la espalda recta y las manos fuertemente entrelazadas sobre su regazo en lo que el peli lila interpreto como un intento de darse valor.
Gin regreso su atención hacia las bolsas y comenzó a sacar su contenido con lentitud, tomándose su tiempo e incluso deteniéndose a leer algunas etiquetas de los productos que llevaba.
En todo ese tiempo el silencio reino entre ambos, únicamente interrumpido por el crujir de las cosas al ser movidas. Los minutos pasaban, Ichimaru sentía cada vez más turbulenta la inquietud de Hinamori y aunque al inicio estaba dispuesto a esperar que ella fuera quien iniciara la conversación, al final dispuso ser el quien rompiera el silencio, principalmente porque tenía la vaga impresión de que la teniente estaba a nada de un ataque de histeria.
- ¿Sabías que tu energía espiritual es tan inestable que se mueve con tus emociones? – Comenzó, usando un tono neutro, como si hablara del clima con un extraño en el tren- Me pone de mal humor.
Al principio noto a través del reflejo de un vidrio de la vitrina del comedor como Hinamori se tensaba al oír su voz para después dar paso a la incredulidad. Se hundió en sus hombros, bajo la cabeza y respiro profundamente un par de veces, con esto logro lo que se consideraría una extraordinaria hazaña teniendo en cuenta su estado, contuvo su energía espiritual, calmándola hasta que regreso a ser la pequeña flama rojiza de siempre.
- ¿Qué pasa pequeña cría? Manejar tu energía espiritual es una de las cosas más básicas que te enseñan en la academia. ¿No se supone que el reiatsu era lo tuyo?
-…Si-Murmuro después de unos instantes de titubeo
Giro un poco el cuello para observar directamente a la teniente, después volvió a sus actividades recientes; tomo un paquete de fideos, alcanzo una olla y los vertió, agrego agua y los puso al fuego en la estufa que en la esquina de la pequeña cocina aguardaba para ser útil.
-Si-Repitió el, regalándole una sonrisa.
Los siguientes minutos regresaron al mismo silencio de antes, roto únicamente por los movimientos del ex capitán quien iba de un lado a otro en la cocina, tomando utensilios, cortando un par de verduras y lavándolas después. En cierto momento Gin la sintió acercarse para acomodarse con recelo en uno de los viejos bancos altos que se posaban al lado de la barra que separaba la cocina del comedor, luego, el papel al ser desarrugado.
- No estoy lista, ni confío en usted-Comenzó su discurso con aquellas palabras- Pero no entiendo nada de lo que está pasando y la incertidumbre me está matando, mi cabeza no deja de dar vueltas, todo lo que imagino tratando de explicar mi situación me va a enloquecer, es una tortura interminable-Su respiración acelerada mientras tiraba de sus cabellos, producto de la ansiedad- No confío en usted, pero necesito respuestas, así que…
Parecía atragantarse con las siguientes palabras que quería decir. Gin agrego los últimos ingredientes en la olla y la cerró; decidió darle la espalda por completo, y alejarse de los cuchillos, de ese modo ella se sentiría más tranquila, así que fingió buscar algo entre los productos caducados de las viejas alacenas. Funcionó.
-Así que estoy dispuesta a escuchar. Prometo no alterarme, si promete decirme la verdad.
Gin se sintió satisfecho en su interior, había sido menos tardado de lo que pensó. Debía admitir que con el carácter que a lo largo de los años se forjo la teniente, tenía serias dudas de que ella fuera a aceptar tener una conversación racional con él.
Tardo unos segundos antes de contestar, eligiendo bien las palabras que iba a utilizar, sabedor de que tendría que ajustar su mal hábito de hablar rebuscada y evasivamente puesto que lo único que conseguiría con ello sería más desconfianza. Bueno, empezaría con una declaración que le parecería increíble a pesar de que era verdad.
-Puedes confiar en mis palabras, la mentira dejo de ser parte de mi repertorio desde hace 5 años-Exactamente, Hinamori arqueo una ceja, incrédula. El de ojos zorrunos se encogió de hombros – Puedes creerlo o no si quieres, pero eso lo decidirás con el tiempo
-Lo dice como si fuésemos a pasar mucho tiempo juntos
-Eso depende
-¿De qué?
-De lo que decidas al final de esta conversación-Sin poderlo evitar se le escapo una sonrisa cargada de excitación y burla- Ahora, ¿por dónde quieres empezar? Por el hecho de que la sociedad de almas te mando a asesinar o por el hecho de que, aunque nadie interfiera morirás en poco tiempo de todos modos.
…
1 semana atrás.
La noche era realmente fría, casi silenciosa a no ser por el viento que silbaba de tal forma que se asemejaba a lobos aullando.
La oscuridad siempre ha sido una buena aliada de aquellos actos que no deben ser vistos por nadie, de esas cosas que se deben hacer pero nadie debe saber porque no será comprendido, aun cuando es lo mejor para todo el mundo, aun cuando incluso estas consciente de que es tan despreciable e injusto y es que, una sola vida no pesaba tanto en la balanza a diferencia de cientos e incluso miles de ellas.
No, muy pocos lo comprendían.
Por eso el equipo encargado de llevar a cabo todo aquel artilugio estaba compuesto por shinigamis que ya estaban tan rotos que no les interesaba nada o shinigamis que tenían una lealtad y fe ciegas en él, tanto que no rechistarían, aunque no estuvieran de acuerdo. Nadie más debía saber, no cuando incluso él había caído irremediablemente en aquellos ojos chocolates tan profundos y puros como era raro encontrar hoy en día, provocándole esa sensación de protección.
Hinamori Momo le hacía recordar aquella bondad infantil que todos poseemos y muy pocos logramos mantener cuando crecemos. Incluso podía rememorar lo que se sentía tenerla, hacia muchos ayeres cuando era joven.
Suspiro, no importaba realmente, al final ella era solo un alma más en el vasto universo, este mismo no extrañaría su presencia, no extrañaba a nadie, ni a grandes guerreros, poetas o excelsos prodigios; Hinamori, siendo tan simple e irrelevante como era no afectaría los engranajes de la paz si desaparecía, de hecho, todo volvería a su cauce normal una vez que ella dejara de existir.
-Señor, tenemos noticias.
-Al fin, ¿Cómo ha salido todo?
-Esto…señor-Silencio. Genryuusai Yamamoto encaro al shinigami, apurándolo con la mirada para que diera su informe-No encontramos el cuerpo de Hinamori Momo.
-¡¿Cómo?! ¡Específicamente les dije que necesitaba trajeran el cuerpo intacto! ¡¿A caso no saben seguir ordenes?! ¡¿Que es esta ineptitud?! Primero me informan que la misión fue un éxito y ahora me salen con esto- Rugió
-No entendemos lo que sucedió, todo estaba perfectamente planeado, nos aseguramos de que todos murieran, nos retiramos para controlar daños, pero cuando regresamos por el cuerpo ya no estaba.
-Emitan una orden para las fuerzas especiales
- ¿Qué debería decir?
-Se considera a Hinamori Momo como una traidora y debe ser exterminada, los quiero muertos a ambos- declaro con firmeza.
-¿A ambos, señor?-Pregunto el shinigami, claramente confundido.
-Sí, quiero la cabeza de quien sea que salvo a la teniente.
No tendría piedad con nadie, no cuando la vida de miles de almas estaba en juego. Hinamori debía desaparecer para siempre.
…
Terminadooo, yeii
Me alegra cada que termino un nuevo capítulo, me hace sentir joven. Jaja, ok no.
Más y más drama ira apareciendo en los siguientes capítulos, me emociona ir armando la historia, pero también me desespera mucho ya que siempre termino cambiando de opinión a mitad del escrito, o las ideas que antes me parecían buenas ya no me lo parecen tanto y termino moviendo ideas que ya tenía para desarrollar y tengo que releer los capítulos que ya publique para ver que puedo y no puedo hacer, es un embrollo.
Pero igual me gusta.
Espero que a pesar de mis largas desapariciones aun haya lectores que me sigan acompañando en esta bella historia que es "De una sonrisa"
Y ya como ultima cosa por ahora, deje de usar Tumblr, la verdad no le entendía mucho y nadie pasaba a saludar, cambie a Instagram, me pueden encontrar como pgehenna. La verdad no he subido ningún dibujo de los que he hecho para el fic, comenten si quieren verlos y en poco tiempo sin duda iré subiéndolos.
Hasta la próxima pelusitas lectoras, bendiciones de Yato-chan.
