Contenido: Oneshot, romance, amor adolescente, fluff, yaoi. Este escrito está basado principalmente en los capítulo del anime Heroine Tarumono, es decir, va con el hilo de la trama original del anime donde aparece el personaje de Nagisa, a diferencia de las canciones y novelas donde Hiyori se arregla para Asuka.

Pareja: AiYuu (Shibasaki Aizou x Someya Yuujirou)

Disclaimer:

Hikari: No es el mejor fanfic, pero es un trabajo honesto(?). La idea de este escrito nació gracias a una pequeña solicitud de misslov3rman y imstar_ por Twitter, así que espero no decepcionarlas demasiado con esto y pasen aunque sea un ratito agradable leyendo esta cursilería. En fin, Ya saben lo de siempre, ni LIP×LIP, ni sus canciones o personajes me pertenecen, todo es propiedad de HoneyWorks. Notas al final.

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Aizou no pudo evitar soltar una risita de su boca luego de apagar las luces de su habitación y recostarse en su mullido colchón. Ciertamente, se sintió un tanto patético luego de aquello pero poco le importó al saberse completamente solo.

Sin poder desvanecer la sonrisa que surcaba por su rostro, vio por última vez la pantalla de su dispositivo móvil que aún tenía entre sus manos. Faltaban 8 horas hasta que su alarma sonara y así diera comienzo al primer día libre en lo que parecía una eternidad.

Si, después de muchas jornadas extenuantes, llenas de entrevistas, grabaciones, sesiones de fotos, ensayos y conciertos, por fin podría darse el lujo de tener un día en el cual ser idol no sería su tarea primordial. Y qué mejor que pasar tan dichoso día en compañía de quien, a pesar de ser el culpable de la mayoría de sus enfados y estrés, también era su apoyo emocional e incondicional.

Porque efectivamente, aunque le pesara aun transmitirlo en palabras, Aizou había comenzado a estar genuinamente enamorado de Someya Yuujirou. Sentía el cliché revoloteo en su estómago al pensar en él y, aunque aún pensaba que su pésima personalidad le causaba gastritis severa, sus grandes ojos azules, su bonita sonrisa y el sonrojo de sus mejillas hacían que padeciera amnesia incontrolable para poder pasarle por alto cualquier barbaridad que le hiciera.

¿Estaban saliendo? No estaba seguro. En algún momento, antes de ingresar a bachillerato, Aizou le había dejado en claro cuáles eran sus sentimientos y Yuujirou contestando un muy vago "estaré a tu cuidado" le dio permiso de poder rozar sus labios con los propios en un muy ingenuo e inexperto beso.

Sin embargo, muy al contrario de lo que podrían pensar el resto de las personas, su relación no cambió en lo más mínimo, no al menos en el exterior. Aizou se percataba de las pequeñas caricias que a veces Yuujirou le daba "descuidadamente" cuando sus manos se rozaban si caminaban juntos, o los pequeños dejes de preocupación luego de que ambos terminaban jadeando por las demandantes sesiones de baile y canto.

Todo seguía exactamente igual, al mismo tiempo que había cambiado.

Aun así, pasaron cerca de seis meses para que un segundo beso existiera entre ellos, luego de una pequeña riña que tuvieron al salir de un programa de radio. Creyendo que se encontraban solos, Yuujirou, cansado y agobiado por el parloteo incesante de Shibasaki, terminó cerrando ese par de estúpidos labios con un brusco ósculo para silenciarlo. Y funcionó.

Ambos se quedaron paralizados, envueltos en su propio mundo, tratando que sus mentes procesaran lo que estaba ocurriendo. Tal vez demasiado entretenidos entre ellos como para percatarse que una tercera persona había abierto la puerta segundos después, y no fue hasta que Suzumi Hiyori, la inesperada invitada, soltó un gritito de sorpresa que ambos cayeron en cuenta que no estaban solos.

Aizou no sabía si agradecer o maldecir el hecho de que fuera justo la aprendiz de mánager quien los descubriera, pero al menos la chica había demostrado ser lo suficientemente confiable para guardarles el secreto.

Aun así, después de aquel incidente ambos decidieron que sería mejor mantener todo rastro de intimidad en un estricto control.

Es por ello que aquel día de descanso significaba tanto para ellos. Se olvidarían de ser idols, no tendrían que ocultar apariencias. Tomarse de las manos y disfrutar la compañía del uno al otro. A pesar de que en un inicio tenía planeado pasar dos días en compañía solitaria con el peliazul, al fin el plan fue cambiado en el último momento, viéndose forzados a asistir al concierto de Full Throttle4 en la tarde del segundo día en compañía de Suzumi y de su amiga de la infancia, pero bueno, aun con ello, le quedaba bastante tiempo a Aizou para tener una cita más o menos decente.

Dios, se sentía como tonta chica enamorada, tan patético, tan avergonzado… y al mismo tiempo, tan condenadamente feliz.

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El rubio miró nuevamente su reloj de pulsera, a pesar de que la manecilla solo se había movido un par de segundos desde la última vez que le echó un vistazo. No iba tarde, afortunadamente (Yuujirou se enojaba realmente bastante ante las impuntualidades), sin embargo, quería ser el primero en llegar al lugar del encuentro al menos por una vez en su vida.

Sintiendo las manos sudorosas por las ansias, dio un salto apenas las puertas del vagón se abrieron y no perdió ni siquiera un segundo para comenzar su caminata hacia el exterior mientras dejaba divagar su mente en las probables actividades que podrían hacer hoy juntos.

Desde cierto viaje a Kyoto, Aizou había aprendido que era mejor improvisar las salidas con Yuujirou, ya que si él se esmeraba en tener algún tipo de plan, sería imposible detenerse para saber la opinión del peliazul, pudiendo conllevar eso a ciertas incomodidades. Era más fácil simplemente dejarse llevar y terminar en lugares inesperados para ambos.

"Tal vez podríamos ir al cine… aunque a él no parece gustarle mucho las multitudes. O también tomar un descanso en alguna cafetería, oh, también hay una tienda de discos a la que quiero ir, he oído que tienen muchas cosas difíciles de encontrar ahí…".

Aizou soltó un suspiro cansado cuando, varios metros del punto de encuentro, reconoció de inmediato la figura de Yuujirou esperándolo con los brazos cruzados. Con una boina ocultando la mayoría de su cabello azul oscuro y un par de lentes tal vez demasiado grandes que cubrían su rostro, lo hacían ver bastante más anticuado desde su propia opinión.

Aun así, nadie de quienes pasaban a su lado podría sospechar estar junto a uno de los idols adolescentes más famosos en turno. Sonrió de medio lado justo antes de acercarse.

-Llegando antes de la hora prometida, como siempre.- dijo a modo de saludo, recargándose en el poste que se encontraba a un lado de Someya, sin siquiera dirigirle la mirada.

-Y tú como siempre, llegando tarde.- contestó bajito, acomodando sobre su hombro la bolsa que traía consigo antes de comenzar a andar, no fue ni siquiera necesario voltear para saber que Shibasaki se le había unido tan solo segundos después.

-¿Y bien?- ladeó la cabeza, esta vez para que al fin sus miradas cruzaran.- ¿A dónde iremos?

Yuujirou pareció meditarlo un momento, para luego solamente mirar hacia el cielo.

-¿Podemos pasar a la librería un momento? Quiero ver un par de cosas. Después de eso… bueno, puedes escoger el lugar.- Aizou dio un pequeño brinco cuando el dedo meñique de Yuujirou se entrelazó con el suyo, manteniéndolos juntos a pesar de nunca detener la caminata. Bajando un poco su gorra en un inútil intento de ocultar su sonrojo, terminó asintiendo con un gracioso ruido de su garganta.

-Vamos entonces.

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Tuvo que utilizar todo su esfuerzo para reprimir la carcajada una vez que ambos se encontraban dentro de la librería. Por supuesto, Yuujirou le dedicó una mirada que bien podría tener la fuerza de cien dagas, pero era casi imposible aguantar la risa ante el descubrimiento de la verdadera razón por la que Someya había sugerido ir a aquel lugar.

-No creí que en verdad aun pensaras en estas cosas.- dijo Aizou, limpiándose una lagrimita del rabillo de su ojo a consecuencia de detener su risa.- ¿Aun quieres apostar qué versión venderá más?

-Está claro que será la mía, así que te haré el gran favor de no hacerlo.- Yuujirou se volteó al momento que cruzaba sus brazos sobre su pecho, viendo disimuladamente hacia el pequeño estante de revistas que se encontraban cuidadosamente apiladas a un par de metros de ellos.

Aquella librería tenía la particularidad de vender, antes que cualquier otra, algunos de sus artículos y productos exclusivos, Yuujirou ya lo había confirmado en varias ocasiones anteriores y esta vez no era la excepción. La revista que contenía sus últimas entrevistas y que se supone saldría al inicio del siguiente mes ya estaba lista para su venta tres días antes de lo esperado y no con pocas unidades. En sus dos variantes (una azul y otra amarilla) se encontraban igualadas en las estanterías del centro, llamando la atención de la mayoría de las jovencitas que tenían la fortuna de pasar por ahí. Claro está que la mayoría de ellas entraba en conflicto existencial al momento de escoger cuál llevarse, pero eran pocas las que terminaban por comprar ambas.

En fin, por supuesto ambos chicos tuvieron un pequeño deja vú ante aquello ya que, luego de su primer comercial antes de su concierto debut donde se encargaron de patrocinar dulces pocky, no fueron pocas las veces que discutieron y hasta apostaron por ver qué variante era la más vendida. Aunque al final se declaró prácticamente un empate, para los dos esa batalla aun no tenía un vencedor y no podría quedarse así para siempre.

Pasaron cerca de una hora, viendo cómo las revistas iban disminuyendo y, para cuando solo quedaban pocos ejemplares, ambos prácticamente en la misma proporción, decidieron que tal vez por aquel día sería mejor declarar otro tortuoso empate.

Pensando en algún lugar para ir a almorzar, Yuujirou chocó contra la ancha espalda de Aizou cuando éste se detuvo sin previo aviso, provocando que sus lentes se resbalaran levemente por el tabique de su nariz.

-¡Oye…!- se quejó, aunque no dijo nada más al notar la extrañeza en los ojos marrones del más alto.

-¿Acaso ella no es…?

Yuujirou volteó confundido cuando el rubio señaló a la lejanía con su dedo, aunque de inmediato reconoció la figura femenina que en esos momentos les daba la espalda. Aquel cabello desalineado, la ropa que parecía haber sido adquirida en alguna tienda de dudosa procedencia, la postura encorvada por encontrarse demasiado sumergida en sus propios pensamientos.

-¿Está viendo revistas de moda?- preguntó al leer en un letrero cercano el nombre de la sección. Ambos se miraron directamente y finalmente sonrieron con un suspiro acompañado de una especie de risita.-Deberíamos ayudarla.

-Sí, deberíamos.- asintió el rubio, poniendo sus manos alrededor de su propia cadera.

-¿Te molesta? Es nuestro primer día libre en meses.- Aizou se sorprendió por lo directo de la pregunta, volteándolo a ver disimuladamente, notó cierta preocupación en las iris de su acompañante, que no dejaban de ver a la chica de lejos.- Bien podríamos simplemente marcharnos.

Quedándose pensativo unos momentos, hizo uso de todo su autocontrol para no saltar hacia el otro y rodearlo entre sus brazos. Maldita sea, ¿cómo es que ese chico tan amargado podía ser en ocasiones tan tierno y atento? Ese sentimiento de estar siendo considerado por alguien tan frio como Yuujirou lo asfixiaba, creyendo que tal vez su corazón se saldría de su pecho en cualquier momento.

No queriendo demostrar por completo su enternecimiento, decidió mejor volverse a centrar en el tema de conversación. Por supuesto, en algún momento Suzumi Hiyori se había convertido en más que una simple manager para ellos, aunque jamás lo habían exteriorizado. Es más, bien podría estarla ya considerando como una amiga cercana. Eso involucraba, claro, el querer ayudarla en su indecisión.

Y seguramente Yuujirou estaría pensando lo mismo.

-Tendremos un rato mañana para almorzar juntos.- sonrió antes de tomarlo por la muñeca y dirigirse hacia ella.

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-¿Cansado?- le preguntó mientras le extendía una botella de agua a su compañero, quien estaba sentado en una pequeña banquita de madera justo enfrente de los vestidores de dama. Yuujirou tomó el regalo al tiempo que el rubio se sentaba a su lado.

-No demasiado, supongo que ha sido entretenido.- sonrió, apoyando su barbilla sobre su palma. Ambos sintieron un tic sobre sus cejas izquierdas al escuchar un quejido por parte de Suzumi desde atrás de la cortina corrediza, justo antes de un fuerte estruendo.

-¿Se encuentra bien, señorita?- preguntó alarmada una de las trabajadoras de la tienda.

-¡No sucede nada! ¡Nada!- contestó de inmediato, ciertamente alterada.- ¡Solo resbalé!

-No puedo creer en serio el poco estilo que tiene esta chica patata.- Aizou se cubrió el rostro con sus dos manos, avergonzado al imaginar lo que sea que estuviera pasando Hiyori allá adentro.

-¿En verdad le podremos ganar a esa chica Nagisa? Claramente suena como una chica popular y con gran atractivo.

-No nos dejaremos vencer por ninguna fan de los FT4.- contestó seguro Aizou.

Ambos guardaron silencio algunos segundos. Yuujirou bebió de la botella antes de cerrarla y volverla a poner entre ambos.

-Las chicas sí que pueden a llegar ser bastante crueles…- fue un comentario que parecía más para sí mismo que para el otro, aun así, el rubio alcanzó a escucharlo perfectamente.- Puede que haya pasado hace tiempo, pero decirle a tu amiga que no le queda algo que realmente que le hace ilusión… bueno, no tengo muchas expectativas hacia esa tal Nagisa, la verdad.

-Pudo haber sido por muchas razones, al principio nosotros también nos decíamos cosas bastante hirientes ¿sabes?- contestó, tratando de sonar desinteresado.- Aunque varias de ellas aun me hacen gracia.

-Yo nunca he dicho ninguna mentira.- irguió su espalda, cuando notó el tono divertido de Aizou.- Eso de querer ser idol solo para cantar, vaya que sonó divertido en la audición.

-Mejor que querer estar en un escenario, ciertamente.- contestó a su defensa. Ambos se vieron con superioridad hasta que el sonido de la cortina desvió su atención.

-¿Y? ¿Qué tal?- Suzumi se mostró vistiendo un vestido de una sola pieza, color rosa intenso, con un encaje decorando su cuello. Las mangas largas contrastaban con el corto de la falda, destacando aún más las calcetas decoradas que le cubrían hasta las rodillas.

"Bien, pero…".

"…no ganaremos con esto".

-Siguiente.- dijeron al unísono, sin mostrar arrepentimiento al notar el puchero de la chica quien, indignada, infló ambas mejillas antes de volver a cerrar la cortina.

Si, las chicas podían ser bastante crueles. Pero ese par de adolescentes no se quedaban atrás.

-Si el siguiente se le ve igual o peor supongo que tendremos que ir a otra tienda.- comentó desinteresado. Su mano encontró la botella que estaba en medio de ellos. Tomó torpemente de ella ante la intensa mirada de Someya.

-Podríamos buscar algunos conjuntos más antes de irnos.- se levantó, y aunque parecía estar dispuesto a comenzar una nueva búsqueda, no se vio tranquilo hasta sacar aquel pensamiento de sí.-Eso cuenta como un estúpido beso indirecto, ¿lo sabias?- a pesar de mostrarse tímido, finalmente dejó al aire una sonrisa de satisfacción cuando Aizou comenzó a ahogarse y a toser fuertemente luego de escuchar aquello. Mojando su camisa con restos de agua, sentía como su rostro comenzaba a colorearse de un nada discreto rojo carmín.- ¿Que dices? ¿Fue el tercer beso?

-Joder, cállate de una buena vez.- limpiándose el rostro, cerró fuertemente la botella antes de también levantarse de su sitio.

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Aizou mentiría si dijera que desde aquel momento pudo concentrarse en otra cosa que no fueran los labios de Yuujirou. Le pareció por sobretodo increíble que el peliazul también recordara con exactitud la cantidad de besos que había habido entre ellos (bueno, no es como si dos fuese un numero grande, después de todo), pero lo que más le sorprendió fue la desfachatez con la que lo había mencionado.

Por un momento recordó que realmente estaban en una especie de cita. Como si fueran un par de enamorados buscándole un juguete nuevo a su mascota favorita o algo parecido.

Okey, llamar mascota a Suzumi era un tanto cruel hasta para él. Pero no podía evitar ese fugaz pensamiento.

Era pensar eso o admitir haber sentido un poco de celos cuando desinteresadamente Yuujirou había levantado el mentón de la chica con cierta gracia, acercado su rostro y comenzar a inspeccionarlo con esos intensos ojos azules para elegir bien el maquillaje que le aplicaría.

Lo peor fue cuando ella también se mostró avergonzada.

Primer tic sobre su párpado.

-Te voy a enseñar a maquillarte. Más te vale recordarlo.- al ver la cara llena de pánico de la chica, Aizou fingió serenidad al tomarla desde atrás para evitar su huida. Ciertamente estaba sonriendo, pero afortunadamente ninguno de los otros dos se dio cuenta cuando sus cejas se fruncieron ante el convencimiento de la chica. "Solo espero que realmente ella pueda ganarle a esa tal Nagisa… Si no, nada de esto habrá valido la pena."

Enfurruñado, Aizou tomó el asiento a espaldas de Suzumi. Tal vez fue la manera en que había dejado caer tan bruscamente su cuerpo que llamó la atención de Yuujirou. Intercambiaron miradas mudas antes de que Someya volviera a poner su atención en el rostro de la joven.

Luego de casi una tortuosa hora donde Yuujirou se embarró de una paciencia enorme casi jamás vista, explicando a detalle el nombre de cada cosmético, su propósito y la forma de aplicarlo, Aizou no podía negar que el entrenamiento de cómo caminar correctamente fue una especie de venganza hacia la pobre chica.

-¡Tu espalda está curveada! ¡Hazlo otra vez!- gritaba con exigencia mientras daba algunas palmadas. Ella solo asentía con valentía mientras trataba de recuperar la compostura. Aunque la experiencia en realidad fue rápida, ya que no tomó mucho tiempo antes de que la nueva y redescubierta Hiyori pudiese balancearse con gracia en su par de zapatos nuevos.

Aizou suspiró cansado al notar el esmero de su amiga.

-Nos veremos mañana entonces.- Hiyori dio una breve inclinación ante ellos. Su hermosa sonrisa y sus ojos resplandecientes les indicaban que realmente se encontraba agradecida.- Pasaré por Nagisa en la mañana, nos podemos ver a la entrada del lugar del concierto si quieren…

-¿A qué hora es el tren de Nagisa?- preguntó, queriendo sonar neutral, sin despegar la mirada de la pantalla de su teléfono celular.

-¿Eh?- ella ladeó su cabeza ante la pregunta.

-¿No es obvio? Iremos contigo a la estación.- él volteó a mirar a Aizou, como esperando algún tipo de apoyo en la conversación. El rubio, sintiendo una gotita de sudor recorrer su mejilla, terminó soltando un suspiro cansado.

-Si te dejamos sola, seguramente te perderás y llegarás tarde. Uchida-san y la presidenta nos dijeron que cuidáramos de ustedes.- se rascó la nuca, ante la pésima explicación. Ambos tuvieron conflicto en tratar de ignorar esos ojos resplandecientes y llenos de ilusión.

-¡Gracias!

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-¿Pasó algo malo?- preguntó el mayor de los hermanos, jugando a balancear el tenedor que tenía entre sus dedos mientras no despegaba su mirada curiosa de Aizou, quien frunció el ceño ante la absurda pregunta y mordía con mayor agresividad la pasta que tenía enfrente.

-Para nada.- cortante, Aizou devoró sus últimos bocados antes de levantarse, arrastrando más fuerte de lo planeado la silla, tomar sus platos y luego de ponerlos debidamente en la cocina, dirigirse a su habitación dando grandes zancadas, sin siquiera murmurar algún pequeño agradecimiento por la cena. Ante el portazo del final, Ken solamente se limitó a suspirar cansado.

"Adolescentes…" pensó, no queriendo involucrarse más de lo debido en lo que fuese que tuviera en mal humor al menor.

Por otro lado, Aizou dejó caer un pisotón antes de recostarse sobre su cama.

Realmente ni siquiera podía encontrar una explicación coherente para sus propios malestares. Aquella mañana rebosaba de buen ánimo y humor al imaginar su día junto al amargado de Yuujirou, creyó que todo terminaría bien. Es más, cuando Suzumi hizo su aparición imprevista, nació de él el querer ayudarla.

Pero todo se fue a la borda cuando el idiota de Someya abrió su boca.

"¿Que dices? ¿Fue el tercer beso?".

¡Aquello había sonado como si el único impaciente por algún tonto beso fuese el propio Aizou!

Y no es que no lo quisiera pero… ¿cómo Yuujirou podía mantener un semblante tan burlesco al decir aquello? Aizou aún se avergonzaba cuando pensaba en la palabra "beso", como si se tratara de un infante en el jardín de niños.

Además, está bien preocuparse por la aprendiz de manager, comprende completamente el sentimiento pero… ¿no había sido suficiente con haber dado el día de hoy para ayudarla? De por si era un hecho que la verían durante la tarde del día siguiente, así que se le hizo hecho excesivo que Yuujirou ofreciera su ayuda para recoger a la amiga de la infancia en su tren matutino.

¿Es que acaso Yuujirou estaba interesado por la supuesta fan de FT4? ¿Por qué tanto interés hacia alguien que ni siquiera conoce?

Maldita sea, odiaba tanto sus propios pensamientos inestables de adolescente.

-Se supone que nos daríamos el tercero… ese idiota.

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Okey.

¿Sorpresivo? No, ese no era un adjetivo que pudiese describir todo lo que los LIP×LIP habían experimentado en el momento justo en que descubrieron que Nagisa no era para nada la chica popular y linda que tenían en mente.

Empezando por el simple hecho de que Shiranami Nagisa era, en realidad, un chico.

El amigo de la infancia del que Suzumi no había dejado de alardear durante el día anterior era un hombre. Un hombre que por cierto de haber podido podría haberlos matado por la dureza de su mirada.

-Mucho gusto. Soy Someya

-Soy Shibasaki.

Se presentaron mientras dejaban un poco al descubierto sus rostros, por mera cortesía, tratando de sonreír como tantas veces hacían cuando las chicas solían rodearlos en las calles, eventos y escuela. Creyendo que aquellas falsas sonrisas podrían suavizar el semblante serio del recién llegado, tuvieron que tragar duro cuando notaron la gran diferencia entre sus alturas, a pesar que en teoría, deberían tener casi la misma edad.

- ¿LIP×LIP?- preguntó desconfiado al reconocerlos. Ambos sintieron un escalofrío recorrer sus espinas dorsales cuando el joven le preguntó a la chica la relación con dos de los mejores idols del país. Por supuesto ella, tan mala mentirosa, tuvo que confesar la naturaleza de su trabajo y, después de abruptas explicaciones, dio a entender que era en realidad solamente la aprendiz de manager de ambos.

Dirigiéndose hacia la salida de la gran estación de trenes, ambos mantenían cierta distancia de los dos amigos reencontrados, pero no por ello pasaban por alto cualquier tipo de conversación.

-¿Me veo linda?- preguntó la castaña, poniendo una expresión inocente y con sus ojos curiosamente resplandecientes.

-Si…- su voz había sonado un tanto atropellada al momento de contestar.

-¡Bien, misión cumplida!- daba algunos saltitos emocionados mientras lo apuntaba con el dedo.- Me arreglé para sorprenderte. Hace tiempo dijiste que no me quedaban bien los vestidos.- Nagisa quedó perplejo, tal vez ni siquiera teniendo demasiado en mente dicho recuerdo.- ¡Y ellos dos fueron mis productores!

Aizou y Yuujirou tuvieron que sacar a resplandecer nuevamente, sin éxito, sus sonrisas de príncipes, queriendo alivianar las sospechas de Nagisa. Una vez que retomaron la vista al frente, ambos se permitieron soltar el aire que llevaban acumulando dentro de sus pulmones.

-Así que su amigo de la infancia en realidad está enamorado de ella, ¿no?- preguntó bajito Aizou, no queriendo llamar demasiado la atención.

-Eso parece, pero aun no podemos asegurarlo…- contestó igualmente Yuujirou. – Además, ella no nos dijo que fuese un hombre.

-Cualquiera pensaría que hubiese sido una chica…

Sintiéndose demasiado cansados a pesar de la hora, abatidos decidieron seguir el paso a los otros dos. Cuando el sol les dio en el rostro, indicándoles que ya estaban en una zona más abierta, el rubio dirigió sus ojos marrones a Yuujirou discretamente, palideciendo al notar cómo el más bajo sostenía con demasiada fuerza el haza de su bolsa, al tiempo que también mordía de manera poco común su labio inferior con algunos dientes.

-¿Sucede algo?- preguntó, también bajito.

-No. Solamente…- acercó ahora su dedo pulgar, mordiendo su uña en clara señal de angustia.- En verdad es un chico.

-Oye, oye, no me vayas a decir ahora que te sientes como cuando un padre entrega a su hija a su próximo novio.- se quiso burlar, pasando ambas manos por detrás de su cabeza. Sin embargo, al no recibir respuesta inmediata, parpadeó un par de veces antes de volverlo a mirar. Yuujirou lo veía firmemente, como si de hecho, hubiese dado en el clavo.- ¿Oye, pero que…?

-Olvídalo. Eres un cabeza hueca.- cerrando ambos ojos, Yuujirou apresuró el paso, para acortar la distancia con Hiyori y Nagisa, Shibasaki, tronando los dientes, tuvo que dar algunos pasos apresurados para alcanzarlos.

-¿Hay un lugar que te gustaría visitar? Aún tenemos bastante tiempo.

-Si lo hay.- contestó rápidamente.- La oficina donde trabajas.

¿Eh?

-¿Eh? ¿Por qué ahí?- preguntó confundida.

-Quiero ver el sitio donde trabajas.

"Este tipo es un dolor en el trasero…".

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-Ese tipo es un dolor en el trasero…- murmuró otra vez para sí mismo Aizou al ver su reflejo en el espejo en aquel cuarto de baño. Secándose la cara con una toalla desechable, intentaba encontrar la voluntad necesaria para regresar a la usual sala de espera donde solían descansar durante sus horas laborales.

Después de que el ya admirado por todos Shiranami Nagisa haya cautivado a su manager y a la presidenta, todos estaban listos para partir hacia el concierto de Full Throtle4, no sin antes tomarse su debido tiempo en un solitario cubículo para procesar todos sus malestares.

Ciertamente aun le incomodaba el hecho de que Nagisa fuese un hombre, era realmente alguna especie de nuevo trauma al que tendría que enfrentarse a partir de ahora. Aun así, no podía negar el hecho de que el joven era en realidad bastante buena persona, educado, agradable, tal vez de una personalidad mucho más sincera y cautivadora si se comparaba a si mismo con el chico.

Y efectivamente, había dejado en claro sus sentimientos románticos hacia Suzumi. Si tuviera que recalcar algún defecto en él seria, de hecho, sus inseguridades y sus celos.

-Es demasiado desconfiado… ni que nosotros estuviésemos interesados en ella para empezar…

-¿Con quién tanto hablas?- la interrupción de aquella voz hizo que Aizou diera un pequeño saltito, casi sintiendo el romper de su cuello cuando giró tan abruptamente para encontrar a Yuujirou recargado en el marco de la puerta.- Te has tardado una eternidad aquí.

-Ya voy, cielos. Que impacientes.- avergonzado, hizo bolita la toalla antes de meterla en el contenedor de basura.- ¿Qué opinas de él? De ese tal Nagisa- se mordió la lengua casi inmediatamente después, regañándose internamente por haber preguntado tan directamente.

-Es un buen chico. Realmente está enamorado de ella.- Aizou no se sintió cómodo al notar la pequeña sonrisita en la cara ajena.- Supongo que haberla producido valió la pena. Me gustaría ayudarlo de alguna manera. Suzumi es demasiado distraída, pasaran años antes de que ella se dé cuenta de lo que él siente por ella.

"¿Ayudarla? Si ya hemos ayudado demasiado…" pensó frustrado, mordiendo sus labios para no soltar sus verdaderos sentimientos.

"¿Por qué? ¿Por qué se está tomando tan en serio todo este tema? ¿Ahora mismo no debería ser la perfecta oportunidad para dejarlos solos? Aprovechar un poco de tiempo para nosotros antes de ir al concierto. ¿Le importa más pasar el tiempo libre haciendo de estúpido cupido antes de pensar en mi o en…?".

-¿Y a ti que rayos te sucede?- Yuujirou se había acercado a su rostro sin siquiera haberse percatado, es más, sintió su piel erizarse cuando notó cómo el más bajo levantaba levemente la visera de su gorra para verle mejor el rostro.- Has estado inusualmente callado desde hace rato. ¿Que se supone que significa este gesto?- sin pena alguna, Yuujirou dio un pequeño golpe justo entre ambas cejas de Aizou, provocándole un pequeño quejido.

-¿Que mierdas te sucede?- se quejó, dando algunos pasos hacia atrás. Su corazón latía desbocado dentro de su pecho.

-Eso es lo que yo pregunto.- Yuujirou se cruzó de brazos, como si estuviese esperando alguna clase de respuesta sin embargo, luego de algunos segundos silenciosos, terminó el también doblando ambas cejas por impaciencia.- Realmente actúas como un niño.- dijo, buscando iniciar alguna pelea.

-Dios, solo cállate.- Aizou pasó a su lado a paso veloz, ni siquiera el otro tuvo tiempo para procesar aquella evasiva.

"Yo tampoco me entiendo, maldita sea…".

Las cosas, aun estando tensas entre ambos, fluyeron sorpresivamente bien.

Después de salir de la oficina central de su agencia, los cuatro jóvenes se percataron que aún tenían tiempo de sobra antes de que tuvieran que ir al lugar del concierto. Al tener asientos bastante privilegiados, no tendrían ni siquiera que esperar bajo en sol en las tardías filas de afuera, así que todo resultaba más que perfecto.

-¿Quieres comer crepas? ¡El otro día probé unas en el parque con una chica muy bonita!- la pequeña jovencita daba algunos saltitos de felicidad, recordando su agradable experiencia.

-¿Una chica bonita?- la voz de Nagisa estaba bañada en dulzura, para Aizou y Yuujirou era realmente increíble que Suzumi no se percatara de la manera en que su amigo se embelesaba con cada palabra durante la plática.

-Sí, aunque no le pregunté su nombre. ¡Pero ya verás, si la vuelvo a ver le pediré su nombre y contacto!- ella alzó el puño con decisión y el pelinegro solo río ante su entusiasmo.- Oigan, ustedes también quieren, ¿no es así? Crepas.

Ambos temblaron al notar la fría mirada de Shiranami, quien aún no parecía muy a gusto por la compañía de ambos, es más, pareciera como si hubiese querido olvidar que de hecho, ambos idols también se encontraban siguiéndolos.

"Sería mejor separarnos y reencontrarnos en la entrada del concierto…", pensó cansado Aizou.

-Sí, supongo que me apetece algo dulce.- contestó cínico Yuujirou, acercándose a los otros dos.- ¿Vamos juntos?

-Someya-kun, a ti te gustan las cosas dulces ¿no es así?

-¿Ah? ¿Por qué piensas eso?

-Uchida-san me lo dijo.- Hiyori y Yuujirou siguieron caminando mientras conversaban animadamente. Claro que Nagisa no perdió la oportunidad para volver a su mal genio, esta vez contra Aizou, quien había quedado olvidado en el equipo.

"Claramente quiere matarnos por interferir…", le dedicó nuevamente un intento de una amable sonrisa, aunque aun sabiendo que no tendría éxito, sintió calma al notar cómo Nagisa comenzaba a seguirlos. "Joder, Someya Yuujirou, más te vale no hacer enfurecer a este mastodonte."

O al menos el chico le parecía lo suficientemente intimidante, antes de verlo con los ojos resplandecientes, con las comisuras de sus labios llenas de crema batida y algunas migajas adornando sus ahora regordetes mofletes.

Genial, otro chico amante de las cosas dulces.

-¡No puedo creerlo! ¡¿Cómo hacen las crepas aquí en Tokio?!- gritó ilusionado, dando otro mordisco a su delicioso postre.

-¿Verdad? ¡No se parecen en nada a las del pueblo! ¡Tokio es sorprendente!

-No están nada mal.- decía un mucho más sereno Yuujirou, comiendo más calmado y acariciando con su pequeña lengua solo una ínfima parte de la punta de la crema batida.- En Kyoto también probamos otros dulces ¿cierto?

-¿Ah? Si, aunque fue en un local de dulces japoneses, así que eran distintos.- continuó Aizou, tratando de seguir el trivial hilo de la conversación.

-¡Decidido, la próxima vez ahorraré para ir a Kyoto! ¿No quisieras ir también, Hiyori?- preguntó despreocupado Nagisa.

-¡Si, si! ¡Vamos! ¡Quiero probar también los dulces de allá!

-Vayamos juntos entonces.- Yuujirou y Aizou parpadearon al unísono al notar el aura rosada que desprendían aquel par de tortolitos. Incómodos por sentirse claramente fuera de lugar.

-Demasiado dulce…- ante aquel quedo comentario, todos voltearon a ver al rubio, quien desvió la mirada.- Ahora se me antoja algo salado, ¿de acuerdo? Como un ramen o similar.- con una última mordida, Aizou se metió el resto de la crepa a la boca, no sintiéndose muy conforme de ahora haberse convertido en el centro de atención.

-No sabes disfrutar los buenos bocadillos, Aizou.- Yuujirou dejó descansar su mejilla sobre su brazo, pareciendo divertido de molestar al fastidioso Shibasaki.

-¿Que dices? Si el ramen es mucho más sabroso. El que comí con YUI-san la otra vez estaba delicioso.

-Mmmmm…- desinteresado, el semblante de Yuujirou cambió levemente, desviando la mirada. Ante aquel cambio, Aizou planeaba comenzar su contrataque, sin embargo la boca abierta de Nagisa percibió antes su atención.

-YUI… ¿¡te refieres a YUI de FT4?!

-¿Eh? Ah, sí, él mismo. El otro día estábamos libres, así que me invitó a una competencia de ramen picante.

Todos tuvieron que aguantar una risa al notar la admiración plasmada en las iris oscuras de Nagisa, delatando su lado fanboy al escuchar acerca de uno de los integrantes de FT4, por supuesto, todos recordaron que no cualquier fan viajaría hasta Tokio solo para ver el concierto de una banda que solo le gustara. Seguramente, le encantaba más de lo que creían.

-Y, bueno...- tratando de controlarse, Nagisa fingió nuevamente no poder despegar sus ojos del pedazo de postre que aún le quedaba entre sus manos.- ¿No te gustaría llevarnos? A donde comieron… quiero decir. Comer el ramen que a YUI le gusta podría ser… bastante educativo. Voy a ser un gran chef en el futuro, ¿saben? Así que…- Hiyori fue la primera en soltar la risa al notar la timidez de su amigo, quien por cierto, sintió como los colores al rojo vivo subían por todo su rostro.

-¡Vamos, vamos! ¡Seguro estará delicioso!- le dio algunas palmaditas en el hombro antes de dirigirse al idol.- ¿Shibasaki-kun, nos podrías llevar?

-¡Tendremos que correr si queremos llegar a tiempo!

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Si alguien le preguntara directamente a Aizou si disfrutó aquella salida improvisada con Hiyori, Nagisa y Yuujirou contestaría que no, porque el menor de los Shibasaki no era la persona más sincera del mundo al momento de expresarse cuando lo que parecía ser una extraña salida disfuncional se había convertido en una estúpida cita doble dentro de su cabeza.

En fin, sí. Se la había pasado bien.

El ser adolescente a veces tenía sus dificultades, pero también dejaba ver unas cuantas veces algunos beneficios. Por ejemplo, el simple hecho de sentirse íntimo con alguien que al principio no dejaba de verle como un entrometido pero que al final, gracias a la gran magia que conllevaba comer juntos en un restaurante de ramen, tenía la posibilidad de entablar una curiosa amistad.

Si, el tal Nagisa era después de todo, un chico que le podría caer bien a todo el mundo. Hiyori había tenido razón en ese aspecto.

Aun así, no pasó desapercibido el mal humor que tuvo Yuujirou durante casi toda la comida, aunque decidió que sería mejor solo dejarlo en paz, al fin había logrado encontrar paz interna como para ahora preocuparse por lo que fuese que perturbara ahora al peliazul. "Ya me he estado preocupando demasiado por él por este fin de semana", pensó antes de sorber el último trago de caldo de su gran tazón.

Aunque sus estómagos estaban repletos, no tuvieron mucho tiempo de descansar antes de tener que salir corriendo del establecimiento en dirección al recinto donde se llevaría a cabo el concierto. Una vez en la entrada, ambas parejas se separaron debido a la lejanía de sus asientos, pero al fin los LIP×LIP se permitieron respirar tranquilos al saberse un momento apartados de los otros.

-¡Llegamos!- Aizou se dejó caer sobre su butaca una vez que se encontraban adentro, los gritos de la multitud, en su mayoría chicas, lo ensordecían a su alrededor.

-De no haber sido por tu comentario de ir a comer ramen no hubiésemos tenido que correr.- Yuujirou suspiró cansado cuando también tomó asiento a su lado, sacando de su bolsa un pañuelo para secar el sudor que aun recorría su frente.

-Oye, yo solo lo dije casualmente. Fue Nagisa quien quiso ir.- respondió, alzando un poco la voz para que el otro lo escuchara.

-Sí, si claro, ese chico al que no soportabas cuando lo viste pero con el que estuviste platicando todo el rato durante la comida. Lo capto.

-¿Que me estas tratando de…?- la pregunta quedó incompleta debido a la alza de los gritos, cuando las luces comenzaron a parpadear de maneras coloridas y la mesa de DJ se realzaba al centro del escenario.

Las luces de las varas luminosas los cegaron levemente, pero finalmente pusieron toda su concentración en el espectáculo enfrente de ellos. La cuenta regresiva en la pantalla comenzó a retroceder y, para cuando el número al fin llegó a cero, cinco siluetas se dejaron descubrir justo por encima del escenario.

La música inundó los tímpanos, y el show no tardó en comenzar. Los pasos de baile, la canción, la melodía. Todo concordó en tal sincronía que los jóvenes idols se tuvieron que agarrar de sus propios asientos para no dejarse llevar por la emoción del ambiente.

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-¡ENCORE! ¡ENCORE!- gritaba con emoción la audiencia moviendo juntos aquellas varias luminosas. Aizou y Yuujirou, con su típico semblante de pocos amigos, se hundían en sus asientos, aprovechando ocultarse entre la multitud femenina que llevaba tiempo levantada de sus asientos.

-Tardarán cerca de unos 20 minutos en volver a salir…- le gritó casi al oído Yuujirou, luego de ver su propio reloj de muñeca.

-¿Tanto tiempo con ellas gritando? Imposible.- cansado y sintiendo el crujir de sus huesos, Aizou se levantó de su lugar.- Enseguida regreso.

-¿Eh? ¿Tanto te afectó que ellos vayan a estar en Countdown live que ahora quieres huir como una pequeña princesa?- se burló, alzando con sorna su ceja para provocarlo.

-¡Y una mierda! ¡Solo iré al baño!- Aizou levantó su puño amenazadoramente antes de pedir permiso para abrirse paso entre las chicas.

Después de recorrer algunos pasillos, y alejarse lo suficiente de los gritos, Aizou se permitió encontrar los sanitarios y, una vez afuera nuevamente, rebuscó entre sus bolsillos algunas monedas para la máquina expendedora que encontró mientras trataba de ubicar el camino de regreso.

-Dios, sí que se encierra el calor aquí.- giró a ambos lados para cerciorarse estar solo, para luego, al fin sacarse la gorra que llevaba todo el día utilizando para ocultar su característico cabello rubio.

Según sus cálculos, aun faltarían cerca de 10 minutos para que el grupo volviera a salir en el escenario, así que se dio el permiso de recargar su espalda sobre la susodicha maquina mientras saboreaba el gas de su bebida sobre su lengua, dejando que su mente divagara por varios pensamientos.

El día ya había sido lo suficientemente largo y agotador a su parecer, y aun así no podía negar sentir cierta euforia competitiva cuando escuchó el gran anuncio de los FT4, quienes dijeron estar invitados a uno de los festivales de música más reconocidos de todo el país. Evento al que por cierto, LIP×LIP no había sido invitado.

No al menos por ahora.

Claro que cuando ambos escucharon el anuncio, Aizou no pasó desapercibido el gesto de Yuujirou a su lado, reconociendo también frustración en el otro y lo que conllevaba a esforzarse aún más en su trabajo. Y es que en ese tipo de situaciones sentía que sabía a la perfección el tipo de pensamientos que podría tener el peliazul dentro de su cabeza.

Ojala fuese así siempre. ¿Cómo es que podía adivinar tan fácil su estado de ánimo en esos casos, mientras que en otros, se le hacía eternamente insufrible comprender al más bajo? Como aquella misma tarde, por tan solo poner un ejemplo. Un momento parecía estar completamente absorto por Hiyori y Nagisa, mientras que al otro parecía una chica malhumorada que solo sabía hacer rabietas infantiles.

"Soy yo el que debería estar molesto, no él…".

-¡Rápido! ¡No tardarán en volver a salir!

-¡Oye, oye, no te vayas! ¿Ya viste?- unas voces femeninas interrumpieron el tren de sus pensamientos, para cuando se percató de ellas, dos chicas bien arregladas lo miraban a lo lejos, murmurando entre ellas.- ¿Oye, no crees que se parece a…?

"Mierda…".

Tratando de no verse víctima del pánico, Aizou trató de colocarse nuevamente la gorra arriba de su cabeza, pero sus dedos temblorosos solo lograron la torpe hazaña de hacerla resbalar hasta el suelo alfombrado.

-¿Que rayos estás haciendo?- otra persona, diferente a las chicas, se acercó desde su espalda, tomándolo de la muñeca y, sin perder un segundo más, lo jaló para dar vuelta en la esquina del siguiente pasillo. Cuando reconoció aquella camisa bicolor y mangas rojizas por debajo, supo de inmediato la identidad del sujeto.

Varios metros llevando la mirada baja, no queriendo llamar más la atención, hizo que ambos dieran un par de vueltas por aquel solitario vestíbulo. Las voces juveniles que los habían perseguido, finalmente, parecían haberlos perdido de vista.

-¿Que estás haciendo aquí? Te dije que no tardaba.- fue el nada grato agradecimiento de Aizou, quien aún no quería levantar demasiado la voz, para no ser nuevamente sorprendido.

-No tienes nada que agradecer, descuida.- contestó sarcástico.- Eres terriblemente descuidado en estos casos.- Yuujirou extendió la gorra hacia el rubio, quien parpadeó sorprendido. No se dio cuenta en el momento en que Someya había recogido aquel objeto del suelo. Frustrado y sin querer ser demasiado honesto, terminó tomándola de mala gana.

-Regresemos. Aún queda un poco antes de que esto termine.

"¿Por qué siempre tengo que ser yo el que actúe tan infantilmente?".

Antes de permitirle dar el primer paso, Aizou lo tomó fuertemente de la muñeca. Yuujirou parecía dispuesto a reclamarle por su extraño comportamiento, pero el sonrojo en su cara y el brillo de sus ojos entrecerrados fueron suficientes para inhabilitarlo de hablar.

Creyendo que diría algo, le permitió tratar de romper el silencio, pero después de algunos segundos donde ninguno dijo nada, cansado por lo que parecía tornarse una situación bochornosa, Yuujirou decidió que sería él quien daría el primer paso.

-Joder, tienes en serio que aprender a controlarte.- con cierta delicadeza, nuevamente tomó la gorra de los dedos del más alto, colocándola nuevamente sobre aquella cabellera rubia para ocultarla. Shibasaki cerró los ojos al sentirla y, para antes de que volver a abrirlos, sintió un suave pero muy efímero rose sobre sus labios.

Los abrió con asombro pero no tuvo el reflejo de separase, es más, solo sintió como tomaba mayor cantidad de aire cuando la mano de Yuujirou lo jalaba levemente hacia enfrente para hacer más profundo el toque.

Se maldijo internamente cuando, por un pequeño descuido, sus dientes chocaron con los de Someya, pero ni siquiera eso hizo que ambos se distanciaran al instante.

Fueron menos de 30 segundos lo que aquel beso duró, pero cuando al fin pasaron, el ojiazul desvió la mirada, sin ser capaz de encararlo directamente.

-Vámonos. Se nos hace tarde.- no tuvo que hacer uso de gran fuerza para jalar a Aizou al comenzar a caminar. El rubio se dejó guiar, un sintiendo el temblor en sus rodillas y el ritmo cardiaco justo en sus oídos. Con su mano libre, rozó sus propios labios y sintió el calor mantenerse en sus mejillas, reproduciendo una y otra vez lo que acababa de suceder.

"Wow… ese si fue el tercero…".

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"¡No cuentes con el sueño de otro! Sé feliz con el tuyo propio".

"Por hacer tu mayor esfuerzo, te dedico esta fanfarria de los sueños".

Ambos cruzaron codo con codo, a lo alto, justo el momento en que la canción dejó de escucharse en el pequeño gimnasio. Duraron pocos segundos antes de, finalmente, dejar caer sus cuerpos sobre la duela de madera que ya estaba empapada de su propio sudor.

-Seguro mañana no podremos ni levantarnos.- jadeaba Aizou, alzando el rostro tratando de recuperar un poco de aire. Aun alguien tan atlético como él sentía sus rodillas temblar luego de casi tres horas de estar practicando sin descanso alguno.

-Cállate. Más te vale hacerlo. Mañana tenemos una sesión de foto después de la escuela.- Yuujirou se secaba su rostro con una toalla que tenía a un lado.

Ambos se habían dirigido a toda prisa al estudio luego del grandioso concierto que los FT4 brindaron aquella noche. Sabiendo que Suzumi estaría bien en compañía de su caballero de armadura plateada (Nagisa), no dudaron en dirigirse a ensayar un poco, aun sabiendo que no encontrarían ningún instructor o cuidador a aquellas horas de la noche en un día de descanso.

Al menos se encontraban ensayando ahí dentro y no en algún parque solitario, como solían hacerlo justo antes de su debut.

-Mierda…- cansado, Yuujirou recargó su espalda en la de Aizou, a pesar de sentir cómo el otro se quejaba por el repentino peso, no quiso moverse ni un solo centímetro.

-¡Eres un pesado!- se quejaba, curveando aún más espalda para tratar de quitárselo de encima.

-¡Y tú un quejumbroso!- gritaba también, dejando caer aún más su cuerpo.

Sin embargo, Yuujirou no esperaba que el rubio volteara todo su cuerpo, aun sin siquiera levantarse, y así provocara que él terminara cayendo de espalda sobre las largas y atléticas piernas de Shibasaki, quien al no poder esquivarlo, solo sintió como de repente ahora sus muslos eran utilizados en una especie de almohada para su compañero.

-¡Auch! ¡Eres un simio!- se quejaba, sin mostrar intenciones de levantarse, solo de quejarse.

-¿Yo? ¡Tú eres el que empezó todo!- planeaba tomarlo de los brazos, pero los fuertes zarandeos del peliazul se lo impidieron. Trató de sacar sus piernas, aun sabiendo que con ello el otro podría estampar su cabeza sobre el duro suelo, pero la fuerza de Yuujirou también lo impedía, es más, el más bajo terminó enrollando uno de sus brazos para evitar que se alejara lo suficiente y pudiese escapar.

Después de algunos jaloneos, groserías mal disimuladas y algunos golpes y empujones, la espalda de Aizou terminó chocando con una de las paredes del lugar, que en realidad era solo parte de un enorme espejo. Mientras que Yuujirou abrazaba al otro por las caderas y trataba de pegar aún más su cabeza a su pecho.

Cuando ambos se percataron de la bochornosa posición en la que terminaron, el rojo de sus rostros ya no era solamente por intenso ejercicio.

-Oye…- tratando de despejar el nudo que se formó en su garganta, Aizou habló, alborotando con su mano derecha un poco del asimétrico fleco de Yuujirou.- ¿Se puede saber por qué mierdas tú…?- tragó en seco.- Quiero decir, en el concierto, antes de regresar a nuestros asientos ¿tú…?

Cansado, finalmente Yuujirou se soltó del cuerpo del otro, tomando asiento delante de él.

-Estaba cansado de tu estúpida expresión. Desde el día de ayer me estabas mostrando esa carita de animalito bajo la lluvia que solo quiere que le den mimos.- no perdió la oportunidad de soltar una línea burlesca.- Me rogabas con la mirada que te basara, tonto Aizou.

-¡Eso no es cierto!- dejó caer ambos puños sobre la duela, provocando un sonoro eco.- ¿¡Quien rayos parece animalito bajo la lluvia?! ¡Tú eres el que no despegaba sus ojos de mi nuca durante toda la tarde! No te comprendo, al principio súper amable y caballeroso con el tal Nagisa, y de un segundo a otro ya querías matarlo con la mirada. ¿Tan preocupado estabas por Suzumi?

-¿Por Suzumi? ¡Eres tú el que no se entera de nada! Y yo no fui el que cambió de repente, ¡tú de la nada comenzaste a hacer buenas migas con él!- habló rápido, sintiéndose ligeramente ofendido.

-¿¡Pero que estás diciendo?! ¡Si no fuera por ti, ambos hubiésemos pasado el día juntos! ¡No sé por qué mierdas tuvimos que tener una estúpida cita doble con ese par que no se entera de nada!

-¡Tal vez porque siempre te ves más confiado y sereno cuando estamos con Suzumi! ¡Cuando estamos solos no dejas de parecer un idiota adolescente enamorado!

-¡Pues perdóname por estar enamorado de un chico tan difícil como lo eres tú!

Oh.

Maldita sea.

Los gritos se detuvieron abruptamente después de aquella frase. Es más, no importaba a donde fijaran su vista, gracias a los grandes espejos, para cualquiera resultaba sumamente fácil poder ver el rostro del ajeno a pesar de no estarlo mirando directamente, lo cual, por cierto, hacia aún más insufrible aquella vergonzosa situación.

"Yo y mi gran boca…".

-Yo también… quería estar a solas contigo, ¿de acuerdo?- la voz de Yuujirou sonó temblorosa al momento de salir de su garganta.- Pero tienes que admitir que tú también… eres terriblemente difícil para comprender algunas cosas.- el joven alzó su puño y lo apoyó en su frente, como si quisiera de alguna manera ocultar su propia frustración.- Y luego está esa torpe aprendiz de manager, queriendo ser heroína y cosas así, no es como si pudiésemos ignorarla ¿sabes? Simplemente deberíamos…

Yuujirou no pudo decir nada más debido a un brusco ataque por parte de Aizou, sin saber cómo evadirlo, su espalda quedó pegada al suelo y, aunque su cabeza reboto levemente en un doloroso golpe, no tuvo tiempo ni para quejarse antes de que Aizou aprisionara sus labios en un inexperto beso.

Mucho más intenso que el que se habían dado aquella tarde. No solo era un roce accidental o dulce, su boca danzaba abriendo lentamente sus labios y, es más, ni siquiera contuvo un pequeño gemido cuando percibió aquella electrizante sensación de cuando sus lenguas se rosaron por milimétricas de segundo.

Luego de eso, finalmente Aizou se separó de su rostro, pero con sus brazos seguía rodeando la mayoría de su torso.

"Maldita sea, deja de verte tan lindo y avergonzado cuando hablas de alguien más. Me matarás a este paso, idiota amargado…", pensaba, sonriendo de medio lado, disfrutando cada milímetro de aquella cara sonrojada debajo de su propio cuerpo.

-Estaba celoso, ¿okey?- aunque se sintió algo patético al decir aquellas palabras, Aizou decidió no echarse para atrás.- Celoso de Suzumi, de Nagisa, de saber que nuestro día juntos era en realidad una horrible cita doble improvisada. Frustrado por enterarme que era el único que esperaba otro beso tuyo, e infantil por enojarme con alguien tan complicado como tú.

Yuujirou se hundió en su propio cuerpo y Aizou detuvo sus impulsos por volverlo a besar ante tal expresión tan endemoniadamente tierna.

"Estúpidas hormonas adolescentes".

-¿Y quién te crees que eres para afirmar que eras el único que quería otro beso?- ocultó esta vez su cara con ambas manos, no queriendo ser nuevamente asaltado por algún otro improviso acto del rubio, quien parpadeó asombrado por aquella confesión.- Si eres tú el único que va a tomar el primer paso, tardaríamos otros seis meses antes de volvernos a besar.

-Bueno, entre el tercero y el cuarto no ha pasado tanto tiempo, ¿verdad?- sonrió con sorna, luchando contra las manos de Yuujirou, queriendo despejar hacia su cara, aunque éste no parecía rendirse fácilmente.- Mientras más te resistas, más pena nos dará cuando al fin me mires a la cara.

-Entonces simplemente no lo haré. Me iré directo a casa cuando te me hayas quitado de encima, maldito pervertido acosador.

-No me quitaré entonces hasta que te atrevas a mirarme.

-Bien.

-Pues bien.

Sin moverse ni tan solo un poco, ambos pasaron cerca de 15 minutos más en completo silencio. Sin palabras, sin frases incompletas. Sin dejarse vencer en una estúpida e infantil pelea que bien podría ser la más vergonzoso de su vida pero que el orgullo les impedía perder.

Sorprendentemente, al final, ambos soltaron un suspiro coordinado.

-¿Empate?- cuando Yuujirou sintió como el cuerpo de Shibasaki al fin se distanciaba, decidió despejar su mirada y bajar levemente sus palmas.

-Empate.- rectificó antes de asentir con la cabeza y erguir su espalda.

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-Buenos días…

-Buenos días…

Ambos se saludaron de una peculiar manera cuando se encontraron, por simple casualidad, aquella mañana en su recorrido matutino hacia la escuela.

Después de algunas semanas asistiendo al mismo bachillerato, el par de idol habían descubierto satisfactoriamente un recorrido que en la mayoría de su trayecto, los alejaban de la mayoría de los estudiantes, pudiendo así al menos, pasar el recorrido matutino en considerable calma antes de ser abordado por las escandalosas Julietas de todos los días.

Aunque, por primera vez en mucho tiempo, ambos deseaban llegar rápidamente a la escuela para no tener que estar juntos y solos más tiempo del necesario.

-Que sueño…- murmuró el de ojos castaños, luego de un largo suspiro.

-Deja de quejarte y camina.- Yuujirou mordió sus labios, no queriéndose verse contagiado de aquel fuerte bostezo, aunque terminó por fingir de mala manera, cuando pasó su palma por sobre su boca, resultando una risita por parte de Aizou.

-Me pregunto si habrá pasado algo ayer entre esos dos tontos.- decidió comenzar una plática el rubio, recordando la manera en que habían dejado a Nagisa y a Hiyori la noche pasada luego del concierto. Rápidamente ambos recordaron cómo la chica había invitado a su amigo de la infancia a pasar la noche en su departamento. Sería que acaso, a pesar de negarse en primera instancia, ¿el pelinegro hubiese aceptado al final?

Esperen… ¿en verdad existía la posibilidad de que ambos pasaran la noche juntos?

Pensando en lo mismo, los dos chicos se vieron con cierto pánico impregnados en sus ojos.

-No… ¿O sí?- preguntó Yuujirou. Aizou dedujo perfectamente lo que pasaba por su mente.

-C-Claro que no. Suzumi es muy lenta, dudo que haya pasado algo. Aun si él se confesara… dudo que pasara algo.- más que una afirmación, lo de Aizou parecía una plegaria. Dando dos pasos rápidos, se puso al lado del peliazul.

-Si. No habrá pasado nada.

"En una sola noche, esa niña torpe no podría adelantarse más a lo que nosotros hemos logrado en varios meses. ¡Suena ridículo!".

Ante un extraño sentimiento de inferioridad, Aizou hizo caso a su primer impulso y rodeó con su meñique el de Yuujirou, quien a pesar de tener el primer reflejo de apartarlo, el acto fue lo suficientemente fuerte para evitarlo.

Giró su cabeza a ambos lados antes de también corresponder el tacto.

"Nosotros llevamos cuatro besos. Imposible que esa niña se nos haya adelantado más que eso".

"No perderemos. Ni contra FT4, ni contra Suzumi. Ni contra Nagisa".

….

"Maldita sea, esto es demasiado vergonzoso".

A pesar de que ambos pensaban lo mismo, ninguno separó su mano del otro hasta que deslumbraron el edificio escolar a la lejanía.

-.-.-.-.-FIN-.-.-.-

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Hikari: Si no hubiese sido por el covid, este fic hubiese quedado desde hace una semana, y tal vez aún más largo, pero la enfermedad atacó y al final fue así como quedo xDu. Realmente disfruté muchísimo escribiéndolo, especialmente los cambios de humor de Aizou, como todo un adolescente enamorado. Aún tengo más ideas para otros escritos, así que espero nos podamos volver a leer en algún futuro no muy lejano. ¡Bye bye-perowna!