Si no te aferras a algo ¿Cómo soportarás este mundo?
—
La oscuridad se hizo presente y de un momento a otro el espacio-tiempo fue sumido en un punto muerto que solo trajo un silencio sepulcral limitado a una respuesta no satisfactoria. El viento se elevó de forma que cosquilleó los cabellos ajenos y levantó un tanto de polvo del piso que se acumulaba en la entrada. Esto solo era una muestra más de lo que desolado, triste y solitario que se encontraba el lugar. En algún punto de esa espera, Zeke llegó a lamentar haberse separado de su cigarrillo. El hecho de no tener una respuesta inmediata a su impulsividad solo era el reflejo de una desesperación acallada con el tiempo. Solo se limitaba a ser un acto de reflejo que le hacía cuestionar su compostura.
Pateo la puerta.
— ¡Zeke! —Llamó a su espalda una mujer mayor para captar la atención del ajeno. El aludido giró rápidamente su cabeza y llevó su dedo índice al comienzo de su cabello y lo rasco con cierto nerviosismo. Ciertamente avergonzando de su acto cruzó la distancia que separaba ambas casas y entró dentro, sin siquiera decir algo. — ¿Qué estabas intentando hacer? —Murmuró la abuela mientras ordenaba el abrigo mal colgado que dejó su nieto y se adentraba a la cocina para hablarle desde allí. — No deberías molestar la propiedad ajena. Esa niña aun no vuelve.
Zeke tomó asiento en su lugar de siempre alrededor de la mesa dejó caer su cabeza en la mesa, chocando su frente con la madera. Era su forma de decir que ni siquiera estaba poniendo atención al reproche que estaba alentando su abuela. Sintió los pasos de ella desde la cocina y rápidamente elevó su cabeza para tomar la cuchara. Antes que la mujer pusiera el plato frente a él, lo miró pidiendo una explicación. El chico solo se alzó de hombros.— Pensé ver luz.
La abuela suspiró, tomando asiento frente a él para observarlo comer.— Ha pasado mucho tiempo. . . —Sirvió un vaso de agua a su nieto que se estaba quemando con la sopa y se lo extendió.— No me sorprendería que no quisiera volver.
Zeke tomó el vaso apresurado y bebió el agua para relajarse al sentir el fresco brevaje bajar por su garganta. Se sacó sus gafas que estaban un tanto empañadas por el vapor que emanaba la comida. Cuando escucho a su abuela, solo le sostuvo la mirada y volvió a comer con un poco más de cuidado.
— Va a volver. —Afirmó.— Tiene que volver.
...
El alba se imponía mostrando los primeros indicios de movimiento en la ciudad. Una leve brisa golpeaba los árboles y hacía que sus ramas se movieran con ferocidad. Era como si las atacaran constantemente y ellas no pudieran defenderse. Solo seguía el ritmo del viento y se movía de acuerdo a como este llegaba. Norte a sur y viceversa. Jenell estaba sentada al borde de la cama mirando por la ventana. Su delgada enagua dejaba al descubierto sus delgados brazos y caía por su cuerpo de manera amplia hasta sus rodillas, probablemente ni siquiera esa prenda era capaz de brindarle un poco de calor.
No había logrado conciliar el sueño en toda la noche.
Cerró sus ojos unos momento y tomó aire profundo para dejarlo salir mientras llevaba su zurda a la altura de su vientre y sentía como este se inflaba. Estaba nerviosa. Lo sentía. Es más, no solo lo sentía. Lo veía en la forma que reaccionaba a cualquiera ruido ajeno a ella.
Se dejó caer en la cama de espalda y rebotó con brusquedad dejando salir un crujido de su cama. La imagen de Zeke vino a su cabeza y deseo ser lo suficientemente resuelta para alejarla de forma automática. Jenell siempre había considerado que a modo personal su relación con Zeke giraba en torno a secretos conocidos por ambos. Jamás se habían sentado a hablar de sus preocupaciones, de los miedos que tenían e incluso de los sueños que movían los intereses de cada uno. Ella sabía lo que pasaba por la cabeza del chico, aún si el no lo decía. Era capaz de leer a Zeke de una forma sencilla y práctica.
¿Cómo era capaz de hacerlo? fácil.
Ambos eran lo suficientemente perversos para traicionar. Incluso traicionarse.
Eso pensaba Jenell. Inteligente, cruel y frio. Esas son las tres cualidades que se le venían a la cabeza si alguien le pidiera describirlo. Por esa razón era que ambos eran tan parecidos dentro de aquel mundo, que a ojos de ella, el sujeto no era tan impresionante como todos lo consideraban. Zeke solo fue el escogido a una tarea que probablemente era muy grande para él. Era una utopía pensar que algo no podría fallar en el proceso. Pensar que los ideales como: re-indicación, pasión y aceptación por medio de la fuerza hubieran tenido un final feliz, en el mejor de los casos. ¿Era totalmente valido lavar la cabeza de un niño para cumplir con el anhelo de unos pocos? Jenell pensaba que aunque se hubiera cometido aquello y éxito acompañara a los restaurados de Eldia, donde Zeke no los hubiera traicionado.
Estaba destinado a ser infeliz.
Es más, ni siquiera el respaldo de Xaver, al darle a entender que solo lo estaban utilizando y debía ser capaz de salvarse a sí mismo de alguna forma logró calmar la tormenta que sentía. Probablemente en algún punto Zeke solo deseo vivir en el cruel mundo de forma normal. Aprender del sistema de forma normal. Intentar conseguir algo de comer de forma normal. Incluso probablemente se arrepintió de limitar su vida a solo 13 años más.
Pero aunque ese fuera el caso: ¿Qué es normal? ¿Qué es vivir? ¿Qué es aprender?
Los sentimientos de Jenell por Zeke se basaban en comprensión e igualdad. Consideraba que la única persona en el mundo capaz de entender sus fantasmas era él. Llevó su mano a su cabeza y presionó levemente su cien para fijar la vista en la madera sobresalida del techo.
Se levantó de salto y caminó hasta el baño para despojarse de su prenda en el camino y meterse bajo el agua helada.— ¡Mierda! —Gritó al recordar que nunca reparó el sistema de regulación del agua y salió un chorro potente la empapo inmediata. El agua la llevó a sentir el golpe de realidad que la trajo al presente y al cerrar el paso del agua buscó abrigo.
En cuanto estuvo preparada, se miró por última vez en el espejo y se acomodó un mechón de cabello que no había quedado en su lugar. Llevaba un elaborado peinado que dejaba despejado su rostro, apreciando sus acentuadas facciones. Su cabello se encontraba recogido en totalidad en un tomado que unió con un broche. Antes de salir arregló su blusa y se puso sus guantes de cuero en ambas manos y los observó un momento con cierta melancolía para terminar metiendo sus manos en los bolsillos de su abrigo. Emprendió camino hacía las dependencias militares a paso lento. En lo profundo de sus sentimientos existía un resentimiento en sus elecciones. Por muy marginal que fuera, era una opción que pudo tomar. Quedarse en la costa para siempre e intentar formar un vinculo con aquel lugar. Pero lo rechazo.
El plazo se había cumplido y volver significaba enfrentarse al pasado.
Al llegar a la esquina de su vecindad, giró en torno a unas tiendas de comestibles y tomó la ruta larga. Necesitaba refrescar su memoria del tiempo perdido. Aunque eso significara darse cuenta que ese lugar no avanzaba, estaba prácticamente igual que hace dos años.
...
Porco salió de su hogar dando un gran portazo. A los segundos se escucho un quejido femenino que solo indicaba que fuera más cuidadoso. Bostezaba sin siquiera taparse la boca, dejando caer aquella lagrima que se acumulaba en el borde su ojo. Caminó por la calle con las manos en los bolsillos de su chaqueta sintiendo que la mitad de su consciencia aún estaba en la cama y la otra probablemente soñando quizás donde. Diviso a Pieck a lo lejos, notando que se encontraba en la barrera de control para disponerse a salir del Liberio.
— ¡Pieck!
La chica giró su cabeza lentamente para al ver que se trataba del menor de los Galliard yesperó por él para comenzar a caminar juntos.
— Buenos días. Pokko ¿Casi te quedas dormido?
— Solo por poco. . . —Dijo el chico para nuevamente bostezar. Pasando por algo que la chica utilizara aquel tonto apodo que le habían otorgado en la infancia.— No entiendo por que nos citan tan temprano, que le den a Magath.
Caminaron hasta las dependencias militares, donde se unieron a la fila de reclutas y otras personas que se dirigían en la misma dirección de ellos. Porco se mantuvo silencioso la mayoría del camino, limitando a responder con monosílabos o asintiendo de mala gana a la personalidad extravagante de Pieck que atraía a la "tropa Pieck" o más bien sus admiradores. No es que no tuviera que decir por aquello pero a esa hora de la mañana nada le emocionaba lo suficiente para despertar su verdadera personalidad.
— Al parecer el jefe Zeke no ha llegado. —Murmuró Pieck, mientras salia por la puerta principal y se sentaba al lado de Porco en el suelo. Había ido a comprobar que no había nadie dentro y que simple se tendrían que quedar esperando una señal de vida.— No suele llegar tarde.
— Cuando nos separamos ayer en la entrada del Liberio, iba donde sus abuelos. —Respondió Porco, mientras se ponía de piel y sacudía sus pantalones.
Un silencio invadió a ambos jóvenes, donde Pieck abrazo sus piernas para hundirse un poco en sus pensamientos y Porco desvió la mirada hacia otro lado. Hace algunos días se había acelerado un tanto el quehacer en el lugar, más por el hecho que el tiempo pasaba y no habían señales de los guerreros enviados a la isla Paradis con el fin de obtener la coordenada. Pieck comprendía que aquello suponía una tarea difícil, por no decir imposible. Bajo el escenario que se imponía con más contras que pro, el hecho que tomara años, entendía que podría impacientar a cualquiera hasta el punto que solo contabas con 4 niños adiestrados militarmente con un objetivo: controlar un poder. No era menor que los rangos más altos estuvieran poniendo presión a la situación, por el hecho que cada vez más las relaciones políticas con otros países comenzaban a desestabilizarse y el no obtener la coordenada podría implicar un peligro para la proclamación de Marley en supremacía. Porco por su parte se encontraba en una disyuntiva más personal acerca de la situación. La herida que dejo la marcha de su hermano Marcel lo atormentaba día tras día, pero no más que el hecho de que luego de tanto esfuerzo y probar su destreza, habilidades y capacidad, no hubiera sido escogido. Al fin y al cabo, lograba vivir junto a su familia por el honor que había conseguido su hermano.
Ambos entre sus pensamientos no fueron conscientes que alguien venía hacía ellos.
— ¿Por qué tan serios? —Murmuró una voz femenina, que se instalaba frente a ellos.
Pieck fue la primera en reaccionar dando un salto para correr a los brazos de la chica. Se unieron en un cálido abrazo con cierta fraternidad de hermandad.— ¡Jenell no sabíamos que ibas a volver!
Un grito de asombro contenido fue dejado en segundo plano, mientras las chicas disfrutaban de su encuentro. Un rubor menor invadio a Porco y provocó que al menos se arreglara su chaqueta y pasara la mano por su cabello asegurando que estuviera en su lugar. "Debí ducharme hoy" pensó internamente el chico, para acercarse hacia ellas. Tomó a Pieck del hombro y la alejó.
—Señorita Jenell, siempre es bueno volver a verla. —Murmuró Porco con cierta madurez fingida que llevó a Pieck reir, para empujarlo de vuelta.
—Buenos días Galliard. —Respondió Jenell con cierta seriedad y frialdad al chico, al punto de ignorarlo y poner su atención en Pieck.
—Puede decirme Porco.
— ¡También puedes decirle Pokko! —Entrometió la chica, para tomar del brazo a Jenell y llevarla adentro.— Así le decimos todos.
— ¡Que no me gusta ese nombre, Pieck!
...
— ¿Qué es ese olor? —Preguntó Zeke entrando de un portazo al cuartel de los guerreros y viendo que Pieck estaba recostada en el sofá y Porco estaba sentado en el escritorio con la cabeza azotando la mesa.
— Es Pokko. —Mencionó Pieck, mientras se acomodaba poniendo un cojín en su espalda.— No se bañó.
— ¡Cállate Pieck! —Dijo el chico elevando la cabeza para enfrentarla.— Mi encanto va más allá de mi olor a hombre.
— El olor a hombre tiene aroma a cebolla. . . —Acotó Zeke para abrir la ventana y de paso prender un cigarrillo, se quedó allí mirando para simplemente ventilar un poco aquel lugar.
— ¿Dónde diablos está Magath? —Preguntó Porco dirigiéndose a Zeke.
— Créeme que tampoco lo sé y realmente me hace temer lo peor.
— Si hubiera realmente un problema de indole politico-militar habríamos sido los primeros informados por el simple hecho que somos las únicas armas que le quedan. —Enfatizo Pieck desde su asiento.
— Tienes toda la razón, Pieck. —Aseguró Zeke, mientras aspiraba de su tabaco y soltaba el humo.— Probablemente solo estén evitando decirnos algo.
—Nadie está evitando nada. —Murmuré Magath desde la puerta de la habitación, haciendo que todos se sentaran en la mesa y este rápidamente tomara asiento en el frente con un folio bajo el brazo. Junto a él venía más gente que simplemente cumplían el conducto regular de jerarquía y más que nada solo asistían por presencia.— Me he demorado en venir hasta ustedes, por el simple hecho que he tenido que arreglar muchos puntos y situaciones que se han planeado, más aún que el panorama ha cambiado.
Los guerreros se miraron unos a otros, excepto por Zeke que sentía un presentimiento acerca de la situación o más bien intuía a donde iba a ir a parar todo.
— Pieck y Zeke, iran a la isla Paradis con el fin de intervenir en la búsqueda que comenzó hace ya 4 años. El plan es el siguiente: Carreta cumplirá la función de reconocimiento de terreno y de paso conexión junto al grupo que los acompañará hasta el limite de la isla con el mar. Luego del tiempo que sea necesario, entendiendo que la misión tiene un carácter de urgente y desesperado, si es necesario, necesitaremos que se suministre el liquido espinal de Bestia para ser utilizado. Los objetivos son la obtención de la coordenada y a la vez establecer contacto con los guerreros que están en la isla. Una vez cumplido esto, quedas a cargo de la misión, Zeke. La cadena de mando se mantiene.
El silencio reinó en el lugar, donde Porco fue el primero en romper con este.
— ¿Qué haré yo? quiero ir a la isla. —Expresó con cierta agresividad por medio. Estaba enojado, pero más que nada quería ser parte de la misión.
— Te quedarás en la isla, no sirves de nada sin un poder titan.
El chico se puso de pie y salió de la habitación dando un portazo. Esto se consideraba una falta de respeto hacía su superior, pero una parte de Magath comprendía la impotencia del chico de no poder hacer nada al respecto.
— ¿Cuándo partiremos? —Murmuró Pieck.
— En 3 días. —Respondió el militar, sacando de la carpeta unos papeles que los estiró sobre la mesa.— Tomando en cuenta la desesperación de la situación, la armadura se quedará aquí. Mitzler está a cargo de hacerle modificaciones al funcionamiento de esta.
El nombramiento de Jenell no estaba en el itinerario de Zeke, mucho menos comprobar el hecho que realmente había vuelto y no era parte de su imaginación lo que había pasado la noche anterior en casa de su abuela. Tomó un papel de la mesa y lo miró por un momento, analizando el plan que estaba escrito y detallado allí.
— ¿Qué ocurrirá si hay enfrentamiento directo con ellos? —Murmuró el chico esperanza.— Si bien la idea es colocar la bomba para detonar la captura de la coordenada, no podemos pasar por alto el hecho que solo iremos a sembrar caos.
— Reiner y los demás han estado suficientemente tiempo allá para tener conocimiento de cómo son las cosas. Si bien, sabemos que ha pasado tiempo y no hemos tenido contacto con ellos, no descartamos que pudieran estar muertos. Aun así esto se descarta inmediatamente a que si fuera el caso, la isla Paradis no tienen ningún conocimiento sobre la existencia de titanes cambiantes y mucho menos conocimiento sobre la existencia de la raza humana fuera de las murallas, por lo que no nos reconocerían como una amenaza. —Afirmó Magath con simpleza.— Aun así, Zeke... Confiamos en ti para guiar está misión, puedes realizar lo que estimes conveniente.
Luego de afinar algunos detalles más, la reunión había durado un tanto más, si no fuera por el hecho que debían estar presentes en la preparación de los detalles y tres días era algo bastante pronto para asimilar el peso que significaba ir a la batalla. Zeke consideraba que era buena decisión intervenir en aquella misión, más por el hecho que se sentía confiado acerca de la diferencia asimétrica de poder entre Mare y la isla. Recuperarían la coordenada con facilidad.
Se mantuvieron la mayoría de la tarde conversando acerca de estrategias y escenarios posibles de acuerdo a la poca información que tenían al respecto, basándose en suposiciones y el peor de los casos posibles. Coincidía en el hecho que utilizar a Carreta como espía, podría significar una ventaja al mezclarse con los demás titanes comunes, sobre todo si buscaban utilizar el poder del titan Bestia con gente de dentro de las murallas. Zeke se mantuvo en el tiempo muerto de la reunión en un modo ausente, simplemente asintiendo.
...
Un grito femenino inundo todo ruido existente a plena luz del día y toda la gente que se encontraba realizando diferentes labores, ya sea entrenar o asistir a reuniones de táctica y estrategia desviaron su atención a ello y se miraron entre si dejando un silencio sepulcral que inundo el ambiente de duda y preocupación.
Zeke se encontraba entrenando junto a los demás guerreros y al escuchar el llamado agónico de auxilio, imitó a sus compañeros e inmediatamente frenaron su ritmo y se acercaron a ver de qué se trataba y susurraron entre sí, mientras abrían paso al chico que intentaba descifrar que había ocurrido.
Desde el taller de ingeniería gente entraba y salía rápidamente, donde de manera confusa muchos gritaban que trajeran agua y pedían auxilio como de lugar. Todos intentaban hacer algo, pero al parecer nadie era capaz de disminuir la tensión del ambiente y hacer que todos respiraran con calma.
"Jabon y agua" escuchó Zeke desde lo lejano Zeke. Conocía esa voz, pero jamás la había escuchado con tanta desesperación que hizo que su corazón se agitara y las lineas de sudor que caían de su frente por el ejercicio que estaba realizando, se secara en un abrir y cerrar de ojos. Sin pensarlo empujó a toda persona que estuviera por delante de él, incluida a gente de mayor rango de él que intentaba descifrar que estaba ocurriendo.
— ¡Oye Zeke, no entres allí! —Escucho a Magath que le tomaba del hombro para evitar que pasara por la parte, pero este fue más insistente y se soltó de él para seguir avanzando entre el tumulto.
Cuando llegó adelante se quedó parado sin siquiera mover un musculo. No entendía mucho de aquellas cosas pero la desesperación de la situación en que todos se movían supuso que no se trataba de un simple "accidente laboral". Jenell estaba sentada en el piso y parte de su camisa estaba rasgada por su brazo izquierdo donde este estaba enrojecido y con un aspecto contaminado. Lo siguiente paso en sintonia rápida, donde sus ojos solo grababan el momento y su consciencia no percibía ningún indicio de espacio-tiempo.
— ¡N-No tenemos jabón! —Gritó alguien removiendo cosas desde una caja que habían volcado en el suelo.
— ¡Entonces vamos a tener que aplicar agua! —Respondió otro, ya con una garrar en la mano lista para aplicar en el brazo de la chica.—
— ¡NO! —Gritó Jenell desde el suelo de manera agresiva y retorciendo del dolor.— ¡Alcohol! busquen un poco de eso y apliquen agua.
Rápidamente una botella de alcohol puro apareció. Zeke presencio como entre cuatro hombres de complexión fuerte inmovilizaban a Jenell en el piso y a la vez le ponían algo que mordiera en la boca. Buscaban que ella pudiera tolerar el dolor. Esparramaron el líquido en su brazo. Más bien en el comienzo de su mano y parte de su antebrazo.
En cuanto el alcohol entro en contacto con la piel, la chica se retorció de forma escandalosa, deformando su cuerpo, que era fácilmente controlado entre la fuerza de 4 personas que la sometían. Posterior a esto de la misma forma aplicaron agua, para terminar de sacar los restos que pudieron quedar de la sustancia. Una quemadura al ser tratada directamente con agua, solo hubiera agravado la situación.
Zeke no vio a Jenell hasta días después. No había sido capaz de verla, mucho menos de preguntar cómo se encontraba y a la vez, solo le quedaba dimensionar lo había pasado. Pensó en el hecho que esto hacía que su compañera corriera el riesgo de ser desmantelada de la milicia y a la vez, no ser capaz de volver a trabajar. Esto la limitaría a morir enferma, ya que nadie se haría cargo de ella. Cuando acudió a las dependencias de la milicia y vio que Jenell llevaba su brazo vendado y perfectamente oculto bajo un abrigo más grande que su talla normal que no dejaba ver sus dedos, fue capaz de soltar el aire que llevaba acumulado por días. El portador titan comprendía que para la chica este era un tema que iba más alla de una apariencia física y estética, Jenell tenía conocimiento que un paso en falso para aquel accidente pudo incluso significar perder uno de sus brazos.
Aunque este episodio termino de forma "positiva", Zeke veía en la mirada de la chica que el tiempo jamás iba a ser suficiente para sanar la herida física que mantenía con un aspecto deteriorado, seco y rojizo la mitad del brazo de la chica, más aún jamás podría sacar el dolor psicológico que había experimentado. Posiblemente ni siquiera el que pudiendo regenerarse, sabía que era lo que le cortaran una extremidad, no iba a entender que aunque el daño estuviera presente en el brazo de ella, jamás iba a poder safarse de aquella.
Solo observo como cada vez, con el tiempo, la chica solo ocultó su herida física y comenzó a llevar guantes en todo momento.
Para su cumpleaños número 18, Zeke le regalo un par nuevo.
La sesión de preparación termino a una alta hora de la noche y todos se veían lo suficientemente cansados y tensos de que al menos este plan si viera resultados más inmediatos o al menos, en el mejor de los casos, fuera un total éxito. El chico salió de la oficina para ir a casa de sus abuelos. En tres días partía y debía comunicarlo. Sintió la necesidad de estar en casa en ese momento. Al tener este recuerdo que lo acecho, inclusive cuando debería estar pensando en otra cosa, deseo ver a Jenell.
La noche había caído y una pequeña brisa había aparecido indicando que pronto las temperaturas comenzarían a descender, probablemente por la mañana amanecería más frió que de costumbre obligando a buscar un poco de calor en una capa más de ropa. Jenell aspiró un poco de aire y lo soltó lentamente, mientras jugueteaba con una piedra que había en el piso para finalmente patearla lejos. Vi que la gente comenzaba a salir de las dependencias militares y entro al taller donde estaba trabajando para tomar sus cosas y salir, siguiendo a la masa con un pedazo de papel enrollado bajo el brazo. Miró a la gente, pero no fue capaz de localizarlo.
La chica deseaba ver a Zeke, no iba a tolerar que existiera la posibilidad de un reproche por no acudir a él en su llegada y mucho menos le daría la oportunidad de burlarse de la situación. Al fin y al cabo, ella recordaba que fue él quien trato con normalidad la situación que ella se fuera. Se ocultó en la entrada de un callejón, debido a que se encontraban en calles oficiales de Marley donde no cualquiera Eldiano podía transitar, mucho menos quedarse allí sin una razón aparente.
Cuando la luna estuvo en su apogeo e iluminaba la noche por si misma se asomó a ver al panorama, escuchando esos reconocibles pasos lentos y calmados. Se dejó ver.
— Te ves un tanto diferente.
Zeke llevaba las manos en los bolsillos de su pantalón y emprendía rumbo al Liberio con cierta prisa. Probablemente por la hora que suponía ser, solo quería llegar pronto a casa para dormir. Percibió una presencia cerca, más que nada solo su instinto le advirtió. Cuando escucho la voz que le hablo desde atrás, ni siquiera fue capaz de disimular que no sentía sorpresa, es más una sonrisa diminuta se coló en sus labios y giró sobre sus talones para ver quien le hablaba. Es más, enfrentar a quien ya sabía que le hablaba.
El que ella estuviera a contra luz de la luna no le ayudo mucho.
— Define diferente. —Respondió para llevar su mano cerca de su oreja y tocar su cabello jugueteando un tanto. Avanzó unos pasos para observarla mejor y de paso asegurar que su instinto no fallaba.
— No he dicho que te veas mal. Diferente no implica eso. —Murmuró la chica para dar un paso en forma de presentación. En cuanto estuvo frente a él, lo observó un momento buscando algún indicio de cambio o quizás que era lo que se mantenía. Quería respuestas de cómo habían sido estos años para Zeke o más bien como estos dos años habían trato a él. Si bien en términos generales se mantenía intacto, tal como estaba retrato en sus recuerdos, si había una diferencia. Se veía más agresivo, más mayor e indiferente. No podía reconocer si Zeke había madurado aún más o era que a medida que pasaba el tiempo, el poseer un titan lo terminaba de adsorber. Pudo ver una pizca de Xaver reflejada en Zeke. — La barba te sienta bien.
Zeke no vió venir aquella respuesta y emprendió la caminata con la chica al lado. Juntos cruzaron el acceso de Liberio y se acompañaron mutuamente en este sencillo reencuentro. Jamás paso por la mente del uno o del otro, que volveré a ver implicaría un retrato de color de rosa, donde probablemente se lamentarían uno al otro lo duro que fueron con la situación y enmendarían cualquier error que hubieran cometido antes. Por supuesto que no. El volverse a ver, implicaba más bien el hecho de que aún eran capaces de vivir y conllevar el mundo que les tocó. Era capaces de seguir permaneciendo. — ¿Cómo te fue?
— Estuvo bien —Dijo la chica de forma segura. La verdad no existían grandes emociones respecto a aquello. Solo se trataba de hacer lo mismo que hacía en las dependencias militar, pero en otro lugar a kilómetros de allí.— Todo salió según lo planeado. . .
Zeke la miró un momento de soslayo y apreció el detalle de su cabello peinado de aquella de manera.
El tiempo de Jenell se había detenido de una forma abrupta.
Los pensamientos de Zeke en ese momento vinieron como un vaso de agua y se reflejó el interés que sentía por comprender a la chica. Desde el momento en que la conoció, cuando Xaver los había juntado supo que nunca iba a poder cuidar de ella, de la forma en que un hombre debería cuidar de una mujer. Si bien el señor Xaver siempre especifico que debía "cuidar" a Jenell, a los ojos de Zeke ella no necesitaba protección. En cambio, él si necesitaba protección de ella.
Lucia exactamente igual en físico, pero el aura que trasmitía ya ni siquiera era de terror o una pared lejana. Lucia calmada, aún seria pero resuelta. Se veía extremadamente elegante y única, como si tuvieras la necesidad de admirarla por un momento.
— ¿A dónde vas? —Dijo Zeke para llamar su atención al ver que ella continuaba el camino de largo.
— Casa. —Murmuró escueta para enseñarle el plano que llevaba bajo el brazo.— Tengo trabajo.
— Ven. —Invitó para sacar la cajetilla del bolsillo y ofrecerle un cigarrillo. La chica lo tomó y lo llevo a su boca para esperar que lo encendiera por ella. Zeke también sacó uno para si mismo y lo aspiró con profundidad.— Vamos por el camino largo, como en los viejos tiempos.
Jenell se sacó el cigarrillo de la boca y lo sostuvo con sus dedos.— Pensé que no te gustaban recordar cosas.
— Hay algunos que si valen la pena. —Murmuró Zeke para caminar junto a ella a la par.
Jenell miró hacia otro lado y cambio el papel de brazo para sostener el cigarrillo con sus dedos.— ¿Cuándo parten?
— Todavía no.
— Te van a enviar a la isla. —Afirmó la chica. No es que lo hiciera como una información, si no más que nada buscaba recalcar su pensar.
— Sí.
Jenell botó aire.— No confían en ti.
— ¿Quién lo hace? —Espetó Zeke con cierta molestia percibida.
— Ten cuidado en la isla, Zeke.
— ¿Estás preocupada por mí? —Dijo para botar la colilla en la tierra y aplastarla con su pie.
— No. —Afirmó la chica con calma. Miró un momento el cielo y giró para encontrar con los penetrantes ojos del chico.
— Me lastimas. —Murmuró él.
— No me hagas extrañarte.
