"Este fic participa en el minirreto de octubre para La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Beteado por Nea Poulain
Reto: Dark!Character
Personaje: Seamus Finnigan
Género: tragedy
Palabras: 498
Bombarda
Todos asumieron que la explosión que había destruido el patio del jardín de niños había sido una fuga de gas, pero su madre supo lo que había ocurrido en realidad.
A Liam Finnigan no le hizo nada de gracia enterarse que su esposa era una bruja y, peor aún, le había pasado eso a su hijo. Los gritos eran cada vez más fuertes y los delgados muros de la casa no eran suficientes para amortiguarlos. El pequeño Seamus, hecho un ovillo en su cama y tapándose los oídos con la almohada los escuchaba con claridad. Se imaginaba cada grito como una explosión y a su padre volando en pedacitos como lo habían hecho los juguetes de Paul esa mañana.
Cuando los gritos cesaron salió de su habitación. En la reciente quietud sólo se escuchaban los sollozos de su madre, sentada en la cocina con el rostro escondido en sus manos. Ese día Seamus aprendió a odiar.
De pequeño de nada le servía saber hacer magia: no podía controlarla. Si se concentraba mucho lograba hacer una que otra explosión, pero nada como la primera. Y luego entró a Hogwarts, así que no podía utilizarla fuera del colegio y no era tan tonto como para desaprovechar su educación.
Las explosiones se le daban de forma natural, así como cualquier cosa que tuviera que ver con el fuego. Le parecía absurdo que nadie ligara ciertos «accidentes» con él. Pero era cuidadoso. Además, que en Hogwarts los accidentes ocurrieran con frecuencia era una gran ventaja.
Un incendio en el salón de pociones. Una explosión en la cocina. (Los chillidos aterrados de los elfos domésticos había sido como música para sus oídos). El cuerpo de un chico de tercero calcinado en uno de los baños menos frecuentados. Todos eran tachados como accidentes. Nunca nadie vinculó al afable Finnigan —que durante su primer curso la pasó sin cejas y con las pestañas quemadas— con tan crueles acontecimientos.
Todo eso era práctica para cuando pudiera cumplir su objetivo.
Se acercó a la casa de fachada amarillenta y cubierta de enredadera. Se deleitó ante la apariencia lamentable de ese lugar. En el jardín delantero dos niños pequeños jugaban con la tierra, pero se detuvieron al verlo. Fingió una sonrisa.
—Hola, niños, ¿está su padre?
—¿Quién es usted? —preguntó la niña mirándolo de arriba abajo.
—No debemos hablar con extraños —dijo el niño más para su hermana que para Seamus.
—Soy un familiar de Liam, ¿está en casa?
Los niños parecieron relajarse y asintieron. La sonrisa de Seamus se hizo real. Sacó de su bolsillo un par de libras y se las tendió a los niños.
—¿Por qué no van a comprarse un helado o algo?
Casi sintió lástima al ver a los niños tomar el dinero de su mano e irse corriendo agarrados de las manos. Pero fue más fuerte la punzada de odio contra ellos porque a ellos su padre nunca los abandonaría, al menos no a propósito. Abrió la puerta y sacó su varita.
Notas:
Este es un pequeño what if (a parte de que Seamus sea malo, claro), pues aunque sabemos que el padre de Seamus se molestó al enterarse de que su esposa era bruja, en el canon al final lo acepta. Aquí no, sino que abandona a su esposa e hijo.
