"Este fic participa en el minirreto de noviembre para La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

Beteado por Nea Poulain

Reto: Runas

Personaje/Runa: Nicolas Flamel / Mannaz:
Toma de decisiones exitosa. Gracias a tu creatividad y tu poder de convicción podrás subsanar tus errores.

Palabras: 443


Una vez más

Revisó sus apuntes nuevamente con cuidado: cada uno de los símbolos que había utilizado, los ingredientes, el proceso… No sabía qué era lo que había salido mal. Se frotó ambos ojos adoloridos de tanto leer a la luz de las velas y se dejó caer en la silla. El cuaderno resbaló de sus manos al piso, pero no prestó atención.

—¿Qué hice mal? —susurró para sí mismo.

Se estiró un poco para alcanzar un pergamino doblado en el escritorio. Lo releyó una y otra vez, repasando la carta de Albus. Había incorporado todas y cada una de sus sugerencias para la elaboración de la piedra, pero no había funcionado.

Soltó un suspiro, se agachó para recoger el cuaderno y, abriéndolo en unas hojas en blanco, empezó a escribir.

«A intentarlo de nuevo», pensó.

El cansancio era evidente en sus ojos y las oscuras bolsas debajo de ellos y en sus movimientos lentos y cansados. Pero había decidido que esta vez tenía que conseguirlo.

Tras años de estudio, miles de galeones gastados e incontables experimentos no se explicaba no haberlo logrado aún. Era cierto que muchos lo habían intentado antes que él, sin éxito. Pero ninguno había estado tan cerca, eso lo sabía. Su amigo Albus le había ayudado bastante. Al principio estaba reacio a compartir sus observaciones y teorías con el joven mago, pero en cuanto habían tenido la oportunidad de conversar se dio cuenta de que era brillante y que podía ayudarle con ideas nuevas al respecto. No se había equivocado.

Estaba cerca de lograrlo, podía sentirlo. No podía darse por vencido aún.

Le tomó casi una hora reacomodar todos los ingredientes y preparar el círculo de transmutación. Y luego una hora más repasar todo.

«Esta vez echaré menos níquel y un poco más de polvo de cuerno de unicornio».

Al espolvorear el último ingrediente, el caldero chisporroteó y acto seguido explotó, lanzando al hombre contra el enorme librero al otro lado de la habitación. Adolorido y furioso consigo mismo, se puso de pie con esfuerzo. Tosiendo a causa del humo se acercó al desastre.

Los papeles del escritorio habían volado a todas partes y el caldero de hierro se había fracturado. Nicolás gruñó frustrado. Había vuelto a fallar. O eso creía, pues al tomar el caldero para tirarlo vio, al fondo de este, una piedra roja y brillante.

Sacó la piedra y la miró, alzándola para ponerla frente a la ventana. Sonriente, se acercó a su escritorio para buscar frenéticamente algo en sus cajones. Sacó su abrecartas de plata, lo colocó sobre la piedra y observó como iba cambiando de color a dorado. Pegó un grito de júbilo.

¡Lo había logrado!