"Este fic participa en el minirreto de noviembre para La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

Beteado por Nea Poulain

Reto: Runas

Personaje/Runa: Gellert Grindewald / Raidho
No te abrumes ante la perspectiva de viajes y cambios de domicilio.
Si sientes la necesidad de retirarte para pensar, es normal.
Una vez superes tu rechazo inicial, todo irá sobre ruedas.

Palabras: 424


Cambio de aires

Miró por la ventanilla del tren y apenas y pudo ver algo a través de la capa de vaho que se había formado en ella por el frío exterior. Con el dedo trazo un triángulo con una línea y un círculo en su interior, el símbolo que lo obsesionaba, y luego se dejó caer hacia atrás en su asiento. Unos niños pequeños jugaban a gritos unos asientos adelante mientras que la madre trataba de hacerlos callar. Rodó los ojos y pensó en lo desagradable que resultaba ese viaje.

Obligado a viajar como un simple muggle. Alejado de su hogar y de sus investigaciones sólo porque a su madre se le había ocurrido que un cambio de aires el vendría bien y que su adorada tía Bathilda era la mejor opción para él. No conocía a la pariente de su madre; sabía que era historiadora y también que era una anciana solterona sin hijos, quizás un poco loca. Para nada le apetecía su compañía.

Pero no había podido negarse. Después de que lo expulsaron de Durmstrang —estúpidos viejos sin visión— todo se había complicado. No había sido su culpa que los demás no apreciaran su genio. Era consciente de que era un castigo, por más que su madre insistiera en que era por su bien.

Al menos, dado que su tía era una aclamada historiadora, debería de tener libros interesantes en su biblioteca, pensó lamentándose por todos los apuntes y libros que quemó su madre, furiosa por lo que había hecho, antes de partir.

Se equivocaba. La biblioteca de su tía no tenía gran cosa; nada que le sirviera, al menos. Tantos papeles y libros ocupando espacio y ni uno que le diera información útil. Ni un solo libro sobre magia negra.

Al menos la viejita no había resultado ser tan desagradable y lo dejaba en paz todo el día. Era increíblemente fácil de manipular: una sonrisa, unas palabras amables y la tía ya creía que él era el chico más encantador del mundo.

Una tarde, durante la merienda, su tía decidió plantearle una cuestión.

—Pensaba que sería bueno que hagas algunos amigos, ¿no crees?

No tenía el menor interés, pero decidió fingir amabilidad y asentir.

—Mañana te presentaré a nuestros vecinos, los Dumbledore. Es una pena lo que ocurrió con sus padres, pero ellos son encantadores. El mayor, Albus, tiene tu edad y es brillante, como tú, seguro que se llevarán bien.

Gellert reprimió una mueca, dudaba congeniar con ellos, pero no quería ser descortés. Fingió una sonrisa y asintió.

—Será un placer conocerlos.