"Este fic participa en el minirreto de diciembre para La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Beteado por Nea Poulain
Reto: petición de un compañero
Petición de Maria Elisabeth
El primer reencuentro de Sirius y Remus después de la escena de la Casa de los Gritos.
Palabras: 787
Reencuentro
Dejó el maletín desgastado en el vestíbulo y colgó el abrigo remendado. Arrastrando los pies, llegó a su sala donde había sólo un sillón que en tiempos mejores había sido rojo y se dejó caer en él.
Habían pasado demasiadas cosas en apenas un día y esta vez su agotamiento no se debía únicamente a su reciente transformación. La maldita transformación que había echado a perder todo. Resopló frustrado. Alguien más en la habitación resopló también.
Remus se incorporó velozmente y sacó su varita apuntando al lugar donde había sonado el resoplido. Unos ojos brillaron en la oscuridad y poco a poco fue tomando forma al irse acercando un enorme perro negro.
—Maldición, Sirius. —Suspiró de alivió y bajó la varita—. ¿Qué haces aquí?
El perro comenzó a transformarse hasta tomar por completo la forma de un hombre. Sirius y Remus se miraron a los ojos. Entre ellos se extendió un silencio denso y doloroso. Remus parpadeó rápido para controlar las lágrimas y se atrevió a finalmente romper el silencio.
—¿Qué haces aquí? —volvió a preguntar—. Seguro que es el primer lugar donde buscarán los del Ministerio.
—Necesitaba verte antes… antes de irme alguna otra parte —contestó Sirius con voz ronca—. Tengo que… —Tragó saliva—. Perdóname, Remus, perdóname por haber dudado de ti en ese entonces. Yo…
La voz se le rompió y gruesas gotas rodaron por sus mejillas. Remus no pudo soportarlo más y se acercó a Sirius para estrecharlo entre sus brazos. El animago se tensó por unos segundos, pero luego se relajó y respondió el abrazo.
—Fue mi culpa. Todo fue mi culpa…; James, Lily… Perdóname…
Lo sostuvo hasta que dejó de balbucear. Se quedaron en silencio, aún abrazados. Maravillándose en el encuentro y disfrutando del contacto y la cercanía, del consuelo mutuo.
—No fue todo tu culpa —susurró Remus—. Yo también dudé de ti. Pude haber hecho algo…, dicho algo… Lo siento…
Sirius dio un apretón antes de separarse. Se limpió la cara con el brazo.
—¿Cómo es que no me odias? —preguntó, pero no dejó que Remus contestara y siguió hablando—: Cuando apareciste en la casa de los gritos pensé que me ibas a matar y la verdad, creí que me lo merecía; sólo que antes, tenía que acabar con Peter y… —Se soltó a llorar de nuevo.
—No sé qué habría hecho si hubiera entrado sin saber que Peter estaba vivo —confesó Remus—, pero no creo… Sé que no hubiera sido capaz de matarte. Eso nunca.
Sirius suspiró aliviado y miró a Remus con seriedad.
—Remus. Hay algo… No, nada.
—¿Qué?
Remus se acercó a Sirius, curioso de aquello que prefería callar. Sirius le dio un abrazo muy rápido y se alejó un poco más.
—Tengo que irme ya. Te escribiré
Remus lo detuvo agarrándolo del brazo.
—Espera. No te vayas todavía.
—Pero si me dijiste que los del Ministerio…
—Lo sé, lo sé, es solo que… ¡al demonio con todo!
Tiró de él para volver a abrazarlo. Buscó sus labios y lo besó. Para su alivio, Sirius respondió al beso y se aferró a con la misma desesperación, como si el otro fuera la única salvación en un mar embravecido.
Trató de decirle en ese beso todo lo que no se había atrevido a decir con palabras. «Te extrañé muchísimo». «Te odié a ratos». «Me odié casi todo el tiempo». «Aún te amo». «¿Qué será ahora de nosotros?». Sabía que tendría que decirlas, en algún momento. Había tantas cosas que debían hablar, pero en ese momento lo único que quería era besarlo y no soltarlo. Saber que no era uno de los tantos sueños de los que despertaba llorando y con el corazón hecho trizas.
Dejaron de besarse, pero Remus no lo soltó. No quería volver a dejarlo ir. Un día había permitido que Sirius saliera por la puerta y todo se había ido al garete. No iba a volver a cometer el mismo error.
—¿A dónde irás? —preguntó sin soltarlo.
—No lo sé. A Grecia, quizás, ¿o Italia? Donde haga calorcito. ¿Y si te vienes conmigo?
Por unos segundos sonó como el viejo Sirius, joven, libre de preocupaciones y culpas. Como si le estuviera invitando a pasar unas vacaciones y no huyendo de la ley. Remus no pudo evitar sonreír.
—Vamos, pues.
Dejó de abrazarlo, pero no lo soltó. Aún tomándolo del brazo lo llevó a la entrada donde tomó su abrigo y su maleta. Salieron por la puerta trasera. Lo siguió hasta el bosque donde esperaba Buckbeak, quien no se mostró muy contento de tener que llevar a más de una persona, pero Sirius logró convencerlo.
Se alejaron los dos volando sobre el hipogrifo. Llenos de dudas y temores por el porvenir, pero al menos, juntos de nuevo.
Notas:
Espero que les haya gustado, sobre todo a Maria Elisabeth porque ella lo pidió.
Me costó un poco de trabajo porque no es la primera vez que escribo esta escena, y no quería repetirla a como la había escrito en otro fic. Además mi mente pensaba en otro fic con esa temática que es muy cortavenas (cicatrices (in)visibles de sgaywalker, muy recomendable por cierto) y tampoco quería hacer(me)los llorar. Luego me debatí mucho entre hacer algo lindo o hacer algo muy angst pero al final decidí que quería que fueran felices por ahora. Claro que ahora tendrán que hablar muchas cosas y no será fácil. Pero por ahora, algo tierno.
