¡Ya sé que fui yo quien pidió que Gatatustra viniera a rescatarme! ¡Pero no de esta forma tan violenta!

—¡Príncipe Hans! —aúllo Adrien, convertido en una bola de fuego— ¡No puedes besarla! ¡Anna es de Kristoff! ¡Tu solo te amas a ti mismo!

—¿Que me está contando este tipo…? —balbuceó Félix, tomándose la mejilla con los ojos convexos de la impresión.

Tuve que intervenir. Adrien agarró a Félix de la camisa y lo jalo hacia él, fulminándolo con la mirada. Era…un tigre. Eso vi en sus ojos. Posiblemente el felino en su interior estaba provocándole esa reacción tan bélica. Yo estaba ebria. Pero tampoco es que me hiciera la pendeja mientras mis dos muchachos se sacaban los ojos.

—¡Chat Noir! ¡Ya basta! —le reclamó Marinette, con dos venas saliendo por su sien. Estaba furiosa.

—¡Debes respetar a Marinette! —vociferó, furibundo— ¡No puedes besarla en los labios delante de mí!

—Yo la beso donde se me da la gana —murmuró el inglés, con voz mesurada.

Graham de Vanily no se profesó participe de su violencia. Por el contrario, mantuvo la calma en todo momento. Incluso con la mejilla medio hinchada, observó a mi compañero de piso con mucha apatía. No supe a ciencia cierta si lo hizo porque no quería tener problemas conmigo, o porque era un orgulloso que no se rebajaría a los golpes con otro hombre. Mucho menos por una mujer. Prefería tomar la última opción. Conociéndolo como es, Félix consideraba que resolver los problemas a golpes era muy incivilizado.

La única cosa que le dije: Se un buen gato. Y ahora mismo, no lo estaba siendo. Es mi culpa, lo sé. Yo provoqué esto. Quizás debí explicarle a Adrien que…

No. Esperen. No tengo como explicar algo como esto. La cagada de la cabeza soy yo. No él. ¿En que instante mi propio juego, me arrebató la ingenuidad? Yo me besuqueaba con ambos. Por supuesto que en algún momento esto pasaría si uno de ellos llegaba a enterarse. Sonará insustancial de mi parte, pero agradecí al cielo que hubiese sido Chat Noir y no al revés. El era un muchacho que se mostraría siempre abierto al dialogo pacífico, si se lo sabes decir bien. Además de que aún no comprendía del todo muchas reglas de mi mundo. Era algo así como una hoja en blanco, que veníamos escribiendo juntos desde hace meses. A diferencia del gerente, que no se curtiría con nada que no fuese sus propias convicciones.

¡Suficiente! —aulló Dupain-Cheng— Gato malo.

Lo siento, Chat Noir. Esto me va a doler mas a mi que a ti. Pero debes aprender a controlar tus impulsos violentos. La ira no es buena, aunque yo me vea en vuelta en ella muchas veces. Le di una cachetada y lo jalé de la oreja, separándolo de mi jefe. Acto seguido, tomé de la mano a Félix y le ayudé a levantarse de la cama. Esto no está bien. Yo lo resolveré.

—Chat Noir —demandó la fémina con mucha firmeza— Pídele disculpas al señor Graham.

—¡¿Jah?! —bramó el rubio— ¡¿Y eso por qué?!

—¡Porque no está bien golpear a las personas! —refutó la estudiante de arte— Y porque es mi jefe, joder…—pensó, espoleando la cabeza de lado a lado— Vamos. Discúlpate.

—¡Pero mi lady! —se defendió— ¡Él te estaba besando!

—Ya lo sé. Yo le di permiso —sentenció.

—Pero —pestañeó, indiscutiblemente embrollado— ¿Cómo es que…?

—¡Chat Noir! —solicitó.

Algo se apretó en mi pecho. Sentí un nudo en la garganta. La luz de su rostro se difuminó por completo, en una expresión agria y desolada. Sus orejas cayeron hacia abajo y el, solo se limitó a aceptarlo. Se que estaba dolido. Pero creo que era mas bien confundido, el sentimiento que emanaba de su mirada. Se disculpó con Félix, estrechándole la mano para acabar con una reverencia sutil. Dijo que volvería a la fiesta y que haría como si nada hubiese pasado. En el fondo no era verdad. Yo sé que mintió. Me observó de reojo, suplicándome a gritos que le declarara: ¿Por qué si te amo, te puedes besar con otros? El amor no es tan simple, Adrien. No es tan simple…

Me llevé a Félix al baño para revisarle el rostro. Se veía algo magullado, pero nada serio. ¿Qué dirían en la empresa si ven a mi jefe con moretones? En el lio que nos metemos ambos.

—¿Te duele? —consultó tímidamente la mujer.

—No físicamente —masculló entre dientes— Fue un buen derechazo por lo demás.

—Félix, yo-…

—¿Me quieres explicar —le agarró de la muñeca con fuerza, deteniendo su actuar— de donde sacaste a este chico? —por supuesto que buscaba esclarecimientos.

—Es mi gato —dijo con ironía.

—Hace un momento en tu cuarto, me dijiste que te gustaba —farfulló con el entrecejo apretado— ¿Te gusta tu gato acaso?

—No recuerdo haber dicho eso —se hizo la distraída.

—Responde —exigió con potestad— ¿Eres zoofílica o algo así?

—No lo sé, Félix. Estaba ebria. No sé qué dije —Marinette se soltó del estrujón, mojando un paño en agua fría para pasarlo por su pómulo— Tsk. Con un demonio ¿Te puedes quedar quieto?

A veces se pone demasiado terco y no escucha a nadie mas que así mismo. Odio cuando hace esto. Saqué una pomada desde uno de los cajones y la unté en el trozo de tela.

—Espero no te estés revolcando con él —advirtió.

—Eres un imbécil —Dupain-Cheng le lanzó el paño en la cara. Ofuscada, se negó a seguir atendiéndole. Se encaminó hasta la puerta— Cúrate tu solo.

—Si, Marinette. Soy un imbécil —Félix le atajó del brazo, aproximándose a ella en actitud amenazante— Pero a este imbécil no le gusta compartir. ¿Queda claro?

—No quieras hacerme creer que soy de tu propiedad o algo así —gruñó la ojiazul, mostrándole los dientes en son de guerra— No soy tuya.

—Tal vez no lo seas ahora —el ojiverde se apegó a su rostro, exhalando un jadeo tibio entre sus labios— Pero lo serás dentro de poco.

—¿Qué te hace pensar, semejante estupidez? —se resistió, completamente ruborizada.

No me respondió. Y menos mal que no lo hizo, porque ya estaba que le daba una patada en las bolas por atrevido. Se limitó a sonreírme con arrogancia y regresó a la fiesta como si nada hubiese pasado. Ahora entendía un poco mejor el concepto de blufear. Este chico es experto en ello. Disimula tan bien, que me llega a dar miedo de lo que podría ser capaz. Cuando me incorporé de vuelta, noté que Chat Noir charlaba con Alya en el balcón. Lo vi un tanto acongojado. Mi amiga me fulminó con la mirada. Ah. No puede ser. Creo que va a sermonearme.

Mis amigos continuaban bebiendo con normalidad. Mi jefe ya se había interiorizado con las platicas de los jóvenes y por alguna razón acabaron charlando de música.

—¿De verdad? —parpadeó asombrado Kim— ¡Hey, Marinette! ¡Tu jefe es increíble! ¡Me ha dicho que le gusta Duran Duran! Genial, viejo.

—¿Y esos quienes son? —Dupain-Cheng no entendió un carajo.

—Duran Duran era la banda favorita de Lady Di (Diana de Gales) —murmuró Césaire a su lado, cruzándose de brazos con actitud molesta— Pero eso no viene al caso ¿O si, Marinette? Porque ahora mismo, quiero golpearte.

—Te prometo que hablaré con él, lo juro por mi vida —juntó las palmas a modo de rezo— Fue un accidente.

—Mas te vale. Esta muy confundido —chistó— El no tiene la culpa de que seas tan torpe.

—A mi me gusta mucho el rock inglés —manifestó Iván Bruel, con un vaso de cerveza en la mano— ¿Conoces a los Arctic Monkeys? Son una pasada.

—¡Y Pink Floyd! —agregó Mylene, la novia de Iván.

—Sex Pistols, señores —añadió Nino, gesticulando con los dedos en tono rockero— ¡God save the Queen!

—Y los Beatles —chilló Rose, también incorporándose a la plática— ¡Oh jude! Es mi favorita.

—Ahdsaghsdaks —balbuceó Juleka.

Robbie Williams, creo que dijo. Necesitamos un traductor con urgencia por acá. ¿O era Adele? Si. Definitivamente tenía que ser ella.

Dijo que le gusta Lady Gaga —susurró Rose Levillant en su oído.

Eh…pero ella no es británica…

—Aasdhinkasd —agregó Couffaine— Asdad.

—Dijo que le vale. No andes de chismosa —se encogió de hombros la rubia.

Ah…

—Los conozco a todos —Graham de Vanily sonrió jovial— A mi me gustan los Pet Shop Boys. ¿Y a ti, Marinette? ¿Qué banda británica te gusta?

¿Me estaba preguntado a mí? Bueno, ni modo que hubiese otra Marinette en la sala. Miré hacia la derecha. Luego hacia la izquierda. Y me minimicé un poco. Era la primera vez que alguien me preguntaba sobre mis gustos, siéndoles sinceros. Chat Noir se quedó de pie examinándome con curiosidad. Mierda. ¿Por qué todos me miran así?

—Ah…me gusta…Ed Sheeran —reveló tímidamente, juntando sus deditos entre sí. Era una buena oportunidad para romper la tensión con su compañero de piso. La joven estudiante se avecinó a él, aproximándolo a los chicos— No se olviden de Chat Noir. El también es fans de la música. ¿Verdad gatito?

—Eh… ¿Yo? —se apuntó así mismo, mostrando una sonrisa un tanto retraída— Si. Últimamente escucho música en YouTube. Me gusta Queen —reveló— Aunque no entiendo muy bien el idioma aún.

Todos emitieron un sonoro: Wow, casi al unísono. Vamos, es que Queen si que es una tremenda banda, sin duda. Hasta el propio Félix se asombró y levantó ambas cejas.

—El gato tiene buenos gustos. Le concedo eso —murmuró el inglés.

¿Félix acaba de halagar a Adrien? No sabía si reír o llorar de la emoción. Tal vez no sería tan difícil lograr que ambos se llevaran bien. Y no como el perro y el gato. Aunque mi amigo de cuarto continuaba un tanto arisco con su presencia. No era para menos. Mas que mal…nos vio besándonos. Mi jefe era el príncipe Hans de su novela. Un hombre que solo se amaba así mismo. Me pregunto ¿De donde habrá sacado tal conclusión? Ni si quiera lo conocía.

—¡Vamos a continuar con el Karaoke! —Alya alzó las manos con júbilo.

—¡Ahjabsdhas! —chilló Juleka.

—¡Dice que pongan a Lady Gaga! —tradujo la buena de Rosita— Que ahora es su turno.

Las muchachas se adueñaron del micrófono delante de todos y recitaron canciones a todo pulmón de Lady Gaga. Me calmé muchísimo, al ver que tanto Félix como Adrien ya no se miraban feo y solo gozaban de lo que quedaba del festejo. De pronto, Mylene me agarró del brazo y me abdujo a unírmeles. Me entregó el micrófono y yo no sabía que demonios hacer con él. ¿Me lo meto por el culo o qué?

—¡Vamos Marinette! ¡Ahora es tu turno!

—¡Eh! —despabiló, con el rostro rojizo— ¡Pero yo no me sé ninguna canción de ella!

—Solo lee la pantalla —aplaudió Marc, alentándome.

Me temblaron las cañuelas. Por lo regular solía cantar con ellos, no lo iba a negar. ¡Pero estaba mi jefe presente ahora! Recé para que mis cuerdas bucales no reventaran las ventanas. Los dos rubios me examinaban como un perro a una carnicería. Tragué saliva. La letra apareció y yo solo me dejé llevar. Era Judas de Lady Gaga. Al cabo de unos segundos, Alya se sumó junto a Rosita y entre las tres seguimos cantando. No estaba tan mal. Quizás producto del alcohol, no me percaté de lo que estaba diciendo en inglés. Digamos que, en mi mente, todo se mueve mucho más rápido que lo que sale de mis labios.

Y entoné.

I…wanna love you (Quiero amarte)

Miré a Félix.

But something's pulling me away from you (Pero algo me aparta lejos de ti)

Luego a Adrien.

Jesus is my virtue (Jesús es mi virtud)

Y regresé a Félix.

And Judas is the demon I cling to (Y Judas es el demonio al que me aferro)

Mis oídos se taparon de un momento a otro. El gerente me estaba mirando de una forma tan penetrante, que me robó el aliento.

I cling to… (Me aferro)

Fue lo ultimo que alcancé a cantar, en un susurro casi inaudible. Noté en cámara lenta, como movía la boca; el vaivén de su lengua subiendo y bajando. Cruzó una pierna sobre la otra. Y me sonrió como un maldito desequilibrado. Le leí los labios. Sé lo que dijo.

Sé…lo que me dijo.

—Amén.

No sé por cuanto tiempo más…voy a seguir soportando esto, señores.

—¡Cielos! ¡Lady Gaga y sus canciones! ¡Es una pecadora! —carcajeó Rose, abrazando a su amiga de cabellos negros— ¡Por eso nos gusta!

—Los pecados no existen —manifestó Félix, abotonándose la chaqueta mientras se paraba de su asiento— Es una invención absurda para tenerle miedo al placer.

—¿Eso significa que eres ateo? —curioseó Alya, muy metida con su personalidad misteriosa— ¿No crees en nada?

—Creo en mis inversiones, por supuesto —Graham de Vanily sacó su reloj de bolsillo y miró la hora.

—Creer en dios nos da confianza —agregó Kim, con mucho respeto.

—Confío en mi barbero. Con eso es suficiente —sentenció, encaminándose hacia la entrada para tomar sus cosas— Señores, debo partir. Pero déjenme decirles que lo he pasado increíble —les reverenció a todos, depositando un beso sutil en el dorso de la mano de Marinette— Señorita Dupain-Cheng. Señor Chat Noir —le habló al rubio mas atrás— Buenas noches.

—Dios…el gerente de Le Miraculous es tan atractivo —halagó Levillant.

—Aeeuisadh —dijo Couffaine, ruborizada— Asadsjkda.

—¿Y ahora qué? —la barista volvió a perderse.

—Dice que si no te lo cojes luego, ella lo hará por ti —se mofó Rose.

Mírenla a la Rosita. Subversiva la muy cabrona. No esperaba eso de Juleka tampoco, la muy codiciosa.

—Bah…no me interesa —masculló Marinette, dándose media vuelta— Judas…estoy rodeada de ellos.

Me hice la enojada en lo que quedó de noche. No pienso bajo ningún punto de vida, hacerle la vida fácil. Si quiere jugar con fuego, se va a terminar quemando conmigo. El también tenía culpa en lo ocurrido en mi habitación. Ahora mismo, necesitaba priorizar la confianza que tanto me costó construir con Adrien. Con mi Gatatustra, mi señor del anillo, mi Jesús. El director debió haberse disculpado. Aunque eso sería un poco complicado de pedir con alguien tan narcisista.

Mi jefe es un Hedonista. Eso es lo que es. Y eso lamentablemente causaría daño para quienes no lo entiendan. No pretendo cambiarlo, porque así se va a morir. Pero si quiero seguir relacionándome con él, debo mantenerlo lejos de Adrien. Yo estaba construyendo al hombre que sería en un futuro. Y Félix lo destruiría con su hedonismo.

La celebración acabó a eso de las 05:20 de la madrugada. Por esas horas, todos se habían retirado. Alya y Nino se quedaron un poco más para ayudarme a limpiar y ordenar. Chat Noir estaba durmiendo en el sofá. El pobre no soportó mantener los ojitos abiertos hasta tan tarde. Y a pesar de que le dije que se fuera a su cama, se rehusó el muy terco. No quería dejarme sola, dijo. Todo muy lindo con mi guardián. ¿Pero de que me sirve si está en el quinto sueño del astral? No de mucho.

Los muchachos se fueron y finalmente logré quedarme a solas con el rubio. Me senté a su lado y acaricié sus hebras doradas con cariño. Sentí como comenzó a ronronearme.

Ah.

Esos ronroneos. Con un simple gesto, se llevó toda mi rabia, mi frustración, mi angustia y mi desamor. Me devolvió el alma al cuerpo. Lo tomé en brazos como pude y lo llevé al cuarto. Lo recosté, lo arropé y me dispuse a besar su frente. Se despertó de un sopetón, sujetándome el brazo sin mucha fuerza. ¿En serio pretendía hablar de esto ahora? Era muy tarde para ello. ¿No creen?

—Adrien, yo…

Me calló, posando un dedo sobre mis labios con mucha suavidad.

—Fue mi error, mi lady —declaró en tono fino— Creo que he mal interpretado el significado del amor y de los besos.

¿Qué?

—Alya me lo contó —explicó, desviando la mirada con vergüenza— Que las personas se besan en la boca, incluso si no se aman. En muchas ocasiones de hecho, lo hacen a menudo —y añadió en un suspiro final— Quiero que sepas, que el hecho de que yo esté enamorado de ti, no te prohíbe de nada. Mi amor por ti es incondicional. Te amo…Marinette. Pero no eres mía. Eres una mujer libre. ¿De acuerdo?

Me sacó lagrimas de los ojos. Continuaba sorprendiéndome la capacidad que tenía para tomarse las cosas con tanta madurez y responsabilidad. Mi percepción de Adrien no cambiaría en lo mas mínimo. Aunque haya actuado de esa manera. Sabía que el no era un chico violento. Estaba muy arrepentido de su actuar. Lo abracé con fuerza, percibiendo el calor que su anatomía transmitía con tanto fervor. Sollocé en silencio unos minutos más, para luego asentir con la cabeza. Inhalé profundo.

—Tienes razón. No soy tuya —musitó la joven estudiante, brindándole una sonrisa sincera; repleta de cariño. Tomó su mano y la depositó en su pecho— Pero no tengo problemas en serlo…si tú me lo pides. Aquí dentro sigo esperando por alguien como tú. Es mi cabeza la que tiene el problema. Y no te pido que lo entiendas ahora.

—Tampoco deseo que sea a medias —manifestó el ojiverde con mirada serena— Cuando tu mente y tu corazón estén alineados, te lo pediré.

Es…un ser divino en su máxima perfección. Esa conversación nos devolvió a ambos el placer de continuar nuestras vidas con normalidad. Como siempre fue. Le pedí que solo por hoy, durmiera conmigo en mi lecho. El no opuso resistencia y se acostó a mi lado.

Cerré los parpados, pidiéndole al universo que por favor…no dejara de ronronear esa noche. Lo necesitaba como a ningún otro.

[…]

Prorrogué mis estudios un poco mas para poder concentrarme de lleno en mi empleo. Kagami iba y venía constantemente, lo que mantuvo muy tenso a Félix durante casi todo el mes. Continuando con la tarea que el gerente me confirió, me acerqué a la mano derecha de la japonesa, para conocerle un poco más a fondo. Estaba harta de tener que solo espiarle con miradas arteras, escondiéndome de manera solapada de mis intenciones. Curiosamente y por un accidente mas bien de alcancé, acabé descubriendo que Luka era hermano de Juleka. Sus padres se habían separado cuando eran pequeños, y el mesero vivía con su padre. Mientras que mi amiga, optó por vivir con su madre. Es por eso que nunca llegué a relacionarlos, aunque tuvieran el mismo apellido. En nuestros minutos de descanso, nos sentamos a compartir una taza de café y charlar de forma amena.

De vez en cuando, el venía hasta la barra para echarse algunas bromas. Me hacía reír como no tienen idea. Era un chico muy divertido. No entendí por qué tanta desconfianza por parte del inglés. Ni si quiera tuve la necesidad de interrogarlo para robarle información confidencial. Luka de manera veraz, me confesó todo. Respondía mis preguntas, con mucha franqueza. No era alguien que tuviera que esconder algo.

Hasta que un día, me contó cierta historia que me dejó boquiabierta. Mucho antes de que yo apareciera en la vida del británico, él y Kagami habían tenido una aventura. Nadie mas que el tenía conocimiento de ello. Por lo que me pidió que por favor guardara el secreto o sería despedido.

Como dice Chat Noir: Palabra de gato.

Todo esto ocurrió en Japón, mientras el rubio visitaba una de las sedes de Le Miraculous. Si bien, Couffaine estaba al tanto de ese relato, desconocía a ciencia cierta las razones de su ruptura. Me comentó que lo habían mantenido en secreto. Así que quise deducir que ese fue uno de los motivos, quizás, del quiebre. ¿Félix llevando un romance escondido? Era probable. ¿Pero Kagami? No lo creo. A los japoneses no les gustan las informalidades. Graham de Vanily tenía pasta de blufero y destemple para ser un amante indiscreto. Tsurugi no. Era una muchacha de bien, de familia acomodada con valores y principios. No era una desvergonzada como mi jefe.

Tenía una pregunta atragantada en la boca. Se deslizaba amenazante por la punta de mi lengua. Quería hacérsela, pero no estaba segura de si era correcto. Mas bien, si lo fuera a tomar para bien.

—Adelante —le incitó— Se que quieres decirme algo. Sabes que no te mentiré.

—Yo sé que quizás suene muy fuera de lugar de mi parte…—tragó saliva la sub gerente— Pero… ¿Sabes de casualidad si se acostaron?

—¿Te refieres a dormir o hablas de Yoga? —parpadeó aturdido.

—No. Hablo de relaciones sexuales —musitó la ojiazul.

—No sé si sexuales como tal. Pero si textuales —se rascó la sien, con timidez— Se mandaban mensajes.

Relaciones textuales son lo más.

—Mhm…eso no me convence —Marinette se mordisqueó el pulgar, pensativa— Puede que Félix haya querido con ella. Y como Kagami no es de esas chicas, le terminó.

—¿Tu terminarías a tu pareja porque no quiere tener relaciones sexuales contigo?

—No lo sé. Nunca he tenido una pareja —admitió, soltando una risita que olía virginidad divina de la mismísima trinidad— Pero conociendo a mi jefe, el no se conformaría con solo besos y abrazos. Mínimo que le haga sexo oral.

—¿Cómo es eso de que el sexo oral no es, hablar de sexo por teléfono? —bufó Couffaine. Ok. Si estaba diciéndolo en serio.

—Creí lo mismo hasta los 12 años. No te culpo —le hizo PatPat en la cabecita— Luka…necesito confesarte algo. Ya no me aguanto…es que…—masculló, temerosa de lo que diría a continuación— Félix me pidió que te espiara a ti y a la señorita Tsurugi. El está convencido de que Kagami se quiere adueñar de la cafetería.

—Me parece una locura.

—Lo sé, yo también le dije eso —rodó los ojos, encogiéndose de hombros— Pero le comenté que no era posible.

—No. Me refiero —aclaró Luka— A que me parece una locura que lo haya sabido.

No me jodan. ¿Si era verdad entonces…?

—Me pregunto como se habrá enterado —el joven barista hizo una pausa, tomándose el mentón de forma absorta— Yo creo que alguien le avisó. Félix es hijo del diablo.

No pienso negar o desmentir lo último que dijo.

—Es-espera un momento por favor —demandó Marinette, aún mas confundida que antes. No le concordaba nada— ¿Tu sabías?

—Por supuesto. Para eso me trajo —le reveló, sin un ápice de culpa— Kagami quiere que averigüe si hay perdidas sustanciales en las inversiones de la cafetería. Quiere el control total de ambas. La torre Eiffel es una montaña de dinero —agregó— He intentado infiltrarme en las nominas del mes, pero aún no lo consigo.

Ok. ¿Les confieso algo? Como detective me muero de hambre. Porque todo este tiempo, juré de cabeza que Luka era solo un muchacho despistado jugando Roblox. ¿Cómo mierda es que no me di cuenta? ¿Soy estúpida? No me respondan.

—Luka…—Dupain-Cheng tomó sus manos, con mucha angustia en su mirada— Yo…no puedo permitir eso. Si Longg absorbe a Le Miraculous…es mi fin. No puedo quedarme sin empleo. ¿Entiendes lo que eso significa?

—Tranquila, Marinette —respondió el muchacho de ojos azules, acariciando sus muñecas de vuelta— Lo he hablado ya con la señora Tsurugi. Si eso llegase a ocurrir, tu conservarás tu puesto.

—S-si…pero… ¿Y qué hay de Félix? —cuestionó— Si pierde la franquicia, será un golpe muy fuerte para él.

—¿Desde cuando te preocupa tanto? —bufó sin más— Descuida, ese tipo es millonario. No creas que por perder esta cafetería se irá a la quiebra. Le Miraculous es conocida a nivel internacional. Francia es solo un punto más para él.

No…

No estaba de acuerdo con su comentario. Sonará insustancial de mi parte, pero yo mejor que nadie conocía el funcionamiento interno de esta cafetería. Félix será la reencarnación de Lucifer, pero sé que no solo había invertido dinero en este proyecto. El le dedicaba tiempo y cariño al asunto. Bueno, cariño no sé. Digamos que es pasión. El chico es muy intenso. Si fuese solo una "sede" más de los miles que tenía por el globo terráqueo, no hubiera tomado la decisión de permanecer en Francia ¿No creen? ¿Qué otra cosa lo motivaría a seguir en este país, si no era su trabajo? Un muchacho joven sin vida social, sin pareja. Levantándose todos los días a las 8:00 de la mañana para pasar mas de 12 horas encerrado en estas cuatro paredes.

El no era un gerente ordinario, de esos que se quedan enclavados en su despacho bebiendo y fumando. Era muy activo. El metía sus narices en todos lados. En la cocina, en la caja registradora, en los baños, incluso con los guardias platicaba. Hasta los conserjes del aseo le tenían respeto. Además, si no le importara del todo, no me hubiera encomendado la misión de vigilar a los "intrusos". Luka estaba cometiendo un error en juzgarle así. Una persona que no se siente involucrada con su oficio, no toma un maldito camión a las 22:00 para pegarse un jodido viaje al puerto, en busca de la mercadería que le falta. Pudo haber enviado a quien sea. Pero el lo hizo por su propia cuenta. Algo aquí me olía muy mal. Y no era yo, porque me olfatee las axilas y estaban bien limpias, señores. No crean eso de que los franceses no se bañan. Fue un invento de los soviéticos.

La poca confianza que le agarré a Couffaine se esfumó de un momento a otro. No permitiría que eso ocurriera. Me sentí tonta por ser tan ingenua. Sé que cuestioné la sanidad mental de Félix, satirizando el hecho de que era un paranoico. Pero ahora mismo, la paranoica sería yo. Le solté las manos y le sonreí con cinismo. No dejaré que Kagami se salga con la suya. No es por conservar mi empleo. Es personal. Si se meten con Félix, se meten conmigo también.

Esa tarde dejé, Luka se retiró mas temprano de lo habitual. Aproveché la oportunidad para contarle todo al Boss. Estaba tan ansiosa, que ni si quiera toqué la puerta de su oficina. Solo entré de lleno.

Le pillé hablando por teléfono con su madre. Me hizo un gesto de: Largo. Pero no me retiré. Me vale. Noté como se ruborizaba violentamente. ¿Por qué…?

—Si, mamá…—murmuró mas bajito— estoy comiendo bien. No, mamá, no hablo con extraños —exhaló, compungido— Miro a ambos lados antes de cruzar la calle. Lo sé…lo sé —continuó— Está bien. Dulces sueños —agregó— Yo también…—hizo una pausa— Argg…pero si ya te respondí. Uff…está bien —apretó los labios— Si. Yo también te amo, mamá. Adiós…—cortó.

Félix…sufre de "mamitis". Me cagué por dentro. De la risa, claro.

For god sake —farfulló.

Me miró, se levantó de la silla y se metió la mano derecha descaradamente en el pantalón, tocándose la entrepierna.

—¿Qué demonios haces? —protestó Marinette, completamente enrojecida.

—Nada —respondió con normalidad— Solo estaba asegurándome de que mis pelotas estuvieran ahí.

—¿Crees que, porque eres cariñoso con tu mamá, eres menos hombre acaso? —arqueó una ceja, cruzándose de brazos con molestia.

—Eso lo dices porque no tienes bolas —protestó, encendiendo su cigarro electrónico— ¿Quieres comprobarlo tu?

—¿Quieres que te las corte? —le amenazó.

—¿Qué pasa? —se encaminó hacia ella— ¿Tienes información valiosa o solo viniste a burlarte de mí?

—Jamás me burlaría de ti —mintió— Nocierto. Eres un estúpido— Tengo información. Al parecer, tenías razón —suspiró rendida— Luka y Kagami están aquí para quitarte la franquicia.

¡Lo sabía!

Azotó el cigarro al suelo, aplaudiéndose a sí mismo como el maldito narcisista que era. ¿Cómo puedes tomártelo como una victoria? ¡Es terrible! Cuando vi que comenzaba a desabotonarse la camisa, lo detuve.

No —Marinette sujetó sus manos— No quiero que lo compruebes con tus pezones. Por favor, compórtate.

—¿No quieres verlos? —insinuó con lascivia— Son rosaditos.

—Los míos igual —rezongó, empujándole hacia atrás— Y no por eso me los tengo que tocar delante de otros.

—No me consta —siseó Graham de Vanily— Foto o Fake.

—La concha de tu madre, Félix —berreó— ¡Esto es serio!

—Epa. Con eso no se juega —le advirtió con seriedad.

—¡La concha de quien sea! —lo zarandeó— ¡Presta atención!

—Con la tuya, tienes toda mi atención —le guiñó el ojo.

Yo…en serio quiero matarlo. Miré el abrecartas sobre su escritorio. ¿Servirá como arma homicida? ¡Despabila, Marinette!

—¡Señor Graham! —vociferó Dupain-Cheng, esta vez muy encabronada. El rubio guardó silencio, recogiendo el cigarro del suelo— Como sub gerente de esta empresa y su mano derecha, debo comentarle que estamos en riesgo. Luka está buscando cifras rojas en nuestras ventas, para darle una razón a Kagami de adjudicarse la cafetería. Quieren anexarla al restaurante y que tenga un único dueño. Ese es su propósito.

—¿Cifras rojas? —bufó con voz infantil— Eso es fácil de arreglar. Solo cámbialas por otro color y ya.

Oigan, pero es un pinche genio.

—Yo no hago ese trabajo, Félix —le aclaró, por si aún no se enteraba— No soy contable.

—¡No me importa, Marinette! —el rubio le reclamó, moviendo las manos— Haz lo que tengas que hacer. ¿Queda claro?

—Félix…—murmuró, mucho mas preocupada que otra cosa— ¿Tenemos muchas perdidas…?

No me respondió. Regresó hidalgamente a su escritorio y se afirmó en él, desviando la mirada. ¿Ok? Eso es raro. El nunca se toma tanto tiempo en pensar una respuesta contundente. ¿Nos estaba yendo mal? Era imposible. Me arrimé a él, acomodándole cariñosamente la corbata sobre el doblez de su camisa. No soy solo una trabajadora mas ¿Sí? Soy su mano derecha. Y…me gusta este chico. Creo fielmente en lo que hace aquí. Se que se ha esforzado. Quiero que ambos nos apoyemos mutuamente. Y no hablo de apoyarlo contra la mesa. Es real.

—Félix…sabes que cuentas conmigo. Por favor, no me mientas.

—Soy bueno mintiendo en el póker, Marinette —reveló, clavándole una mirada penetrante a los ojos. Mucha intención en ella, por lo demás— Pero no lo soy con las mujeres. No te he mentido.

—¿Qué significa eso?

—No nos ha ido mal. Pero obviamente hay perdidas —declaró— Mi madre tenía razón. En realidad…no sé nada de cafés. A mí solo me gusta tomármelos —suspiró sometido, extraviando la mirada— Es porque nací así. ¿Sabes? Me gusta el placer. Sobre todo, si es en mi boca.

—Lo sé. Ya me di cuenta de eso —profirió Dupain-Cheng con voz juguetona— Eres fanático de lo sensual. Pero ¿Qué tiene que ver?

—Que las ganancias de los últimos cinco meses, han entrado meramente por tus preparaciones. No por las mías —añadió, separándose de ella para regresar a su asiento. Con el azotón que le dio a su cigarrillo, le estaba costando trabajo encenderlo. Pero distraerse en ello mientras platicaba, le ayudaba a no sonar tan melancólico— Desde que llegué de mi viaje de japón, se me secaron las neuronas. No he podido inspirarme en nada. Es por eso que decidí hacer ese estúpido concurso. Necesitaba contratar a alguien que quisiera jugársela por mí. Y bueno…apareciste tu.

—¿Estabas triste porque terminaste con Kagami? —consultó con curiosidad, alzando una de sus cejas.

—¿Y tú como sabes que tuve algo con Kagami? —Félix soltó el cigarro de las manos.

Porque soy hija del diablo también.

Nah, me encogí de hombros. No quise responderle. Digamos que tengo mis métodos.

—No quiero hablar de eso —farfulló con hastío, haciéndose el desentendido— Eso quedó en el pasado. No estoy dispuesto a salir con una mujer que necesite casarse conmigo. Yo la verdad…no creo estar hecho para el matrimonio. Te lo digo de plano.

Vale. Así que fue eso. Kagami trató de casarse con Félix para formalizar su relación y dejar de ser solo un amorío. Pero el rubio no quiso.

Era la primera vez en meses, que Félix era 100% sincero conmigo. No quiso engañar a nadie. Era la verdad mas pura de todas. Me percaté de su angustia. Y como ya profesé anteriormente, este no era solo un trabajo más para él. Se quedó en Francia por algo. Era muy importante.

—Félix, quiero que sepas que…—musitó Marinette— Este trabajo es tan importante para mí, como para ti. ¿Sí? No te dejaré solo.

Le transmití mi confianza, sobre todo mi angustia. Fue muy receptivo para ser tan cabrón la mayor parte del día. Asintió, aceptando de lleno mi asistencia. Y esta vez, no se tocó las pelotas. Menos mal, porque si no, lo pateaba. Le ofrecí crear doce conceptos de café adicionales a los que ya tenía. Siempre y cuando, el esta vez me acompañara en el proceso. Tampoco se las iba a sacar gratis. Que se esforzara un poquito ¿No?

A partir de ese momento, nos comprometimos a meternos de cabeza en la barra. Sería yo, la encargada de devolverle la inspiración. Juntos, haríamos de esta cafetería lo que de sus años mozos fue. Se alzó en su silla, me estrecho la mano y me regaló una sonrisa jovial.

Bueno…Félix ya no tiene cara de culo. Eso es un logro desbloqueado para mí. Me gané 3 estrellitas y un bonus. Me quise retirar a trabajar, pero me detuvo otra vez.

—Marinette —murmuró el rubio, tomando a su compañera del mentón— Véndeme el cuadro.

—¿Cómo? —¿Otra vez insistiendo con eso?

—Quiero adquirir ese retrato —reveló el ojiverde, con intenciones sinceras— Necesito tenerlo.

—¿En verdad te gustó tanto?

El confesó que, si se sentía encantado por él, asintiendo con la cabeza. Bueno, ante eso no puedo hacer mucho. Que Graham de Vanily sonría, sea sincero conmigo y al mismo tiempo deje de ser tan llevado a sus ideas, no iban de la mano. Su terquedad no tenía límites. Cuando algo se le metía en la cabeza, nadie se lo sacaba de ahí hasta cumplir con sus objetivos. ¿De donde sacaba tanta tenacidad?

—De acuerdo. Escucha. Haré algo mucho mejor —esclareció Marinette, picándole la frente con el dedo— Te lo voy a regalar. Después de todo, no podría ponerle un precio monetario a algo que lo tiene mas bien sentimental —y añadió— A cambio, de que no vuelvas a agarrarme el trasero sin mi autorización.

Yo también salía ganando con este trato. Porque de esa forma, me aseguraba de que ninguna vieja cochina mirara a mi Adrien y preguntara con voz de menopaúsica: "Ayy preséntame al modelo" Ja. Hasta crees.

—¿Y como sabré cuando quieras que te lo agarre? —el ojiverde arqueó una ceja.

—Ni si quiera he dicho que quiero algo así —hizo un mohín— ¿Es un trato o no?

—Está bien. Pero eso no evitará que te lo mire —le advirtió con picardía.

—Lo sé, Félix —exhaló abatida— Se que me lo miras a diario. Solo trata de no ser tan descarado.

—Lo intentaré —se encogió de hombros, como si no le importara un carajo.

—Por cierto…—la joven estudiante de arte se detuvo en la puerta, con la mano en la manilla a punto de salir— ¿Qué harás con Luka? Ahora que sabes toda la verdad.

—Descuida —sentenció, con mirada morbosa— Ya me encargaré yo del infeliz.

Me dio algo de miedo, eh. Pero confiaba en que no estaba insinuando un homicidio o algo parecido. Conociendo la personalidad de mi jefe, les aseguro que le haría la vida imposible mientras estuviese ahí. Como una verdadera bruja pitonisa, mis supuestos tuvieron finalmente asidero. Comenzó así una carrera incansable por joderle la existencia, de mil y una forma posible. Ni se pregunten como lo hizo. Es Félix. Es experto en cagarte el día.

Un día, Luka estaba tomándose una siesta en su descanso. Por lo regular lo hacía detrás de la barra alta del restaurante, escondido de todos. Se sentaba en una silla, se cruzaba de brazos y pegaba unos pestañeos. Vi como el gerente salía de su despacho esa tarde. Me hizo cambio de luces con los ojos, cerciorándose de que estuviera ahí. Que maldito. De seguro iría a despertarlo. Pero de alguna forma era mi culpa. Me sentí algo traidora. Ya que fui yo quien lo acusaba a diario. Jejeje…

Ahora que Félix sabía las intenciones de Luka, se la pondría difícil a tal punto, de aburrirlo para que se suicidara o de plano renunciara. Se paró frente a el en completo silencio. Y de un momento a otro, dio un manotón contra la mesa.

¡SEXO GRATIS! —berreó, golpeando la mesa con las manos violentamente.

—¡Ah! —despabiló Luka, despertándose de golpe— ¿Sexo? ¿En dónde?

—En Xvideos, genio. ¿Dónde más? —Félix le quitó la silla de una patada, dejándolo caer de culo al suelo— ¿Se puede saber que haces durmiendo en horario laboral?

—Eh…yo…—se levantó ágilmente, sobándose la nuca— N-no estaba durmiendo, señor Graham.

—¿Ah no? ¿Y que hacías entonces? —gruñó en tono hosco y amenazante— ¿Hacerte pajas mentales con Jennifer Lawrence?—le jaló de la oreja con fuerza— ¿No te dijo Kagami que debías ser sus ojos y sus oídos? —Couffaine apenas si, pudo contestar— ¡Ah! ¡No me digas! Canalla. ¿Te estás haciendo el no vidente? No te burles así de la mamá de tu jefa. Lo lamentaras.

—¡Pe-Pero yo no-…!

—¡A trabajar, niño bonito! —y lo empujó hacia las mesas— ¡Rápido, rápido!

Me reí. Lo admito. Pero intenté disimularlo todo lo que pude. Soy tan mala…

Y ese fue solo el principio de muchas otras cosas. ¿Saben? El otro día, Félix entró violentamente al baño mientras Luka usaba los urinales. Admito que esa vez si me reí fuerte.

—¡Luka! —bramó el británico— ¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡Te necesitan en la mesa cuatro!

—¡Solo estoy usando el baño, señor! —se excusó, todo abochornado.

—¡No hay tiempo! ¡Después meas! —le agarró del brazo y lo tironeó a la salida— ¡Ve!

—¡Pero…! —salió hecho una maraña de verguenza— ¡Déjeme al menos subirme el cierre!

—¡No seas cochino! —se lo subió el.

—¡ME LO ACABO DE AGARRAR! —chilló, con una lagrimita en los ojos.

Durante toda la bendita semana…lo único que escuchabas desde la cafetería hasta la salida del restaurante, era la voz prepotente de Graham de Vanily gritando:

—Lukitaaaa~

—¡Luuuuukaaaaa!

—¿Luka?

¡Couffaine!

—¡LUKA!

Llegó un punto, en que el pobre de Luka ya no podía ni si quiera permanecer en pie sin temblar con su presencia. ¡Que dolor de culo! ¿Y yo? Pues nada…haciéndome la tonta. Porque ahora soy experta en ello. Mi jefe me enseñó el hermoso arte de blufear. Todo, para conseguir que no lograra robarse los archivos de contabilidad. Esperaba que valiera la pena.

—Señor Graham…—tembló el ojiazul a su lado— Aún sigue molesto por lo que pasó la última vez, lo entiendo —se excusó, bosquejando una sonrisa tímida— Pero créame, que ya lo olvidé.

—Curioso. Porque yo no —un aura oscura se ciñó sobre la nuca del inglés. Se acercó lentamente a su oído y le gritó— ¡LUKA! A trabajar.

Félix me cerró un ojo con maquiavélica expresión en los labios. Caminó hacia mí, chasqueó los dedos y le serví su café favorito. Chocamos los 5 por debajo de la mesa. Todo estaba saliendo de acuerdo al plan. Dios…no saben lo adictiva que es la maldad del gerente. Yo como sub gerente, quedo a la altura. Sin mucha vergüenza lo admito.

—Mhm…—balbuceó Graham de Vanily, saboreando su infusión con curiosidad— ¿Qué tiene mi café? Sabe distinto.

—Arsénico —bufó Marinette.

—La verdad prefiero el cianuro —se mofó de vuelta— Dicen que duele menos.

Ambos nos echamos a reír. Siempre creí que Félix era más bien un maldito sin corazón. Maldito es. Pero corazón…de alguna forma comencé a notar atisbos de él. En alguna parte de su pecho, latía uno. Lo ocultaba con recelo del mundo. Aunque conmigo, trataba con todas sus fuerzas, de demostrármelo. No percibí intenciones de querer enamorarme. Bueno…en realidad, ya no sé qué intenciones tiene conmigo. Era mas bien como un amigo. De esos que te quieres coger, claro. Pero uno a la larga. Se había ganado mi confianza de a poco. Entre su sentido de humor negro y sus pendejadas de adolescente hormonal.

—Buenos días, señor Graham. Traemos un encargo para usted.

Dos hombres de overol blanco y gorras rojas, se aproximaron hacia nosotros. Traían consigo el cuadro tapado con una sabana blanca. ¿Félix lo había mandado a buscar al Louvre?

—Excelente señores —aulló con júbilo, haciéndolos pasar a su despacho— Por favor, por aquí. Antes de que esta señorita me termine envenenando en el café —bufó.

—Ja-Ja…—Marinette le sacó la lengua.

Ok. Tenía muchísima curiosidad por saber que demonios con mi cuadro. ¿Por qué tanto interés? Los seguí, escabulléndome para mirar a través de la puerta semi abierta. Mi jefe estaba ordenándoles donde colgarlo y todo. Cuando terminaron, los dos jóvenes se despidieron cordialmente de mí. Yo me estaba haciendo la loca. Logré poner el pie sobre la puerta para evitar que se cerrara del todo y seguí en mi cometida. Félix se sirvió un vaso de whisky de su mini bar, encendió su equipo de música y se sentó sobre un sillón de cuero negro, en frente del retrato.

Mientras sonaba de fondo su banda favorita, los Pet Shop Boys – It's a sin. Lo contempló por varios minutos. ¿Qué mierda? ¿Por qué lo mira tanto? ¿Se habrá enamorado también del modelo? Lo mato de ser así. Ya estaba pensando en echarle veneno de ratas a su café. ¿Tal vez si es Bisexual y le gustó Adrien…?

Tomó un sorbo extenso del vaso. Arrugó la nariz al tragarlo. ¿Qué tanto está pensando? La letra de esa canción es tan…elocuente.

Muy bien, señorita Dupain-Cheng —pensó, frunciendo el ceño— ¿Quién es este misterioso muchacho? ¿De donde lo sacaste?

—¿Qué haces, Marinette?

A la madre. Luka me espantó de golpe. Se pasa de chismoso. Pero que no me provoque, porque tiene piso de vidrio.

—¿Yo? Trabajando, obvio —protestó la pelinegra, haciendo amago de normalidad— ¿Y tú? Imagino que igual. A menos que quieras que Félix te regañe otra vez.

—Me tiene hasta la mierda —rezongó colérico el ojiazul— Ojalá me despidan luego.

A caray. Si que funcionó esto del hostigamiento.

[…]

Everything I've ever done (Todo lo que siempre he hecho)

Everything I ever do (Todo lo que siempre hago)

Every place I've ever been (Todos los lugares en los que he estado)

Everywhere I'm going to (Todos los lugares a los que voy)

It's a sin (Es un pecado)

La melodía resonaba en su cabeza, inmerso, ensimismado en sus propios pensamientos. Se levantó. Era su cuarto trago. Jamás se había emborrachado en el trabajo. Era muy impropio de él. Pero necesitaba saber, quien era el chico de la pintura. Palpó con la yema de sus dedos el lienzo, los trazos, el contorno de su rostro, el cabello amarillo, la forma de sus ojos. ¿Dónde había visto esto antes? Sacó su teléfono móvil, capturó una fotografía y la envío. Acto seguido, marcó un número.

—¿Te ha llegado? —murmuró en la línea— Bien. Analízalo con la otra fotografía que te envié. No quiero errores ¿Queda claro? —sentenció, colgando finalmente— No importa…—esbozó una sonrisa ladina— Creo saber sobre alguien que pueda ayudarme con esto —analizó el dibujo de gato negro en la espuma de su café. Un nombre se le venía a la mente. El único capaz de darle la información que buscaba.

El gerente de Le Miraculous tomó un último shot de alcohol y cogió su chaquetón, saliendo por la puerta de su oficina en plena jornada laboral. Su destino: Una dirección que guardaba en el GPS de su Mini Cooper.

[…]

Barrio icónico de Saint-Germain-des-Près. 19:30PM. Alguien llamaba a la puerta.

—¡Mi lady! ¡Bienvenida! —Chat Noir le recibió con alegría, callando de golpe al notar, que no era su compañera de piso— ¿Señor Graham…?

—Buenas tardes, Chat Noir —expresó con naturalidad el inglés. En su mano derecha cargaba una bolsa de papel— Un gusto volver a verte.

—Eh…—el muchacho de antifaz no supo que responder. Se intimidó un poco con su presencia— Marinette no se encuentra en casa ahora mismo —explicó, aturdido. El mejor que nadie sabía que Félix era el jefe del trabajo de su lady.

—Lo sé. No vine a verla a ella —sentenció— Vine a verte a ti.

—¿A…mi? —parpadeó, rascándose la mejilla con timidez— ¿Es por lo de la otra noche? Yo de verd-…

—Tranquilo. No hace falta tantas formalidades —expresó Graham de Vanily, sonriente— No vine a regañarte. Estoy en son de paz —observó el marco de la puerta con insinuación— ¿Me invitarás a pasar o me vas a dejar afuera con este frio?

—¡Eh! ¡No! ¡Claro que no! —le invitó a entrar, aunque ligeramente desconfiado de lo que hacía. ¿Era correcto aceptarlo cuando Marinette no estaba? Pero era su Boss. Sería muy descortés de su parte no hacerlo. Y no quería problemas— Por favor…póngase cómodo.

—Dime Félix —asintió el británico, entrando de lleno al domicilio.

Lo primero que notó, era una serie de herramientas en la alfombra de la sala. Adrien había estado trabajando en algún proyecto de los que tanto le gustaban. El gerente de la cafetería se quitó la chaqueta y la colgó en el perchero. Tomándose todas las atribuciones de un intruso con confianza, examinó el lugar con mucho lujo de detalle. Chat Noir se mostró muy angustiado por no saber como tratarle realmente. Después de lo ocurrido, era natural temer cagarla otra vez. Marinette se enfurecería. ¿Qué debía hacer? Lo pensó varios minutos, jugueteando con sus dedos. ¿Debía ofrecerle algo?

—¿Quieres…tomar algo? —le sugirió el chico de traje felino.

—¿Tienes whisky?

—N-no…—balbuceó Adrien, tartamudeando en el proceso— Marinette no compra alcohol, a menos que sea para celebrar.

—Una pena —expresó Félix, sentándose con expresión serena sobre el sofá— El alcohol es rico. ¿No crees?

—A mi…me gustó mucho —asintió, sumiso.

—Así es. Bien dicen los químicos y los científicos, que técnicamente el alcohol es una solución —dijo, con una risita enérgica.

—Claro…—no entendió un carajo.

—¿Qué mierda ves? —Félix se levantó, mirando el ordenador. Analizó la pantalla, frunciendo el ceño con expresión agria— ¿YouTube Kids? ¿Es una broma? —ironizó— ¿Eres un eunuco de casualidad?

—¿Qué…? —parpadeó, anonadado— ¿Qué es un Eunuco?

—¿Eres un hombre? —le interpeló Félix.

—Yo…eso creo —titubeó Chat Noir.

—¿Cómo lo sabes? —alzó una ceja, el gerente.

—Tengo aparato reproductor masculino. Dice Google —enunció.

—Excelente entonces —proveyó, extrayendo del interior de su chaqueta, una tarjeta— Toma. Es para ti.

—¿Qué es…? —pestañeó aturdido el rubio.

—Es mi cuenta —Graham de Vanily le dio una palmada en la espalda— Una membresía para PornHub.

—¿Qué es PornHub? —ladeó la cabeza.

—Pornografía —arqueó una ceja— Ya sabes. Videos para adultos. Hombres, como tú.

—No puedo aceptarla…—se negó Adrien, completamente ruborizado— No está bien. Marinette dice que la pornografía atrofia el cerebro.

—Marinette no es una persona muy cuerda como para emitir esa clase de juicios —Félix rodó los ojos con ironía.

—¿Marinette también lo ve? —juntó sus deditos, con vergüenza.

Vale…este chico será mucho más fácil de convencer de lo que creí —pensó el gerente de Le Miraculous, arrimándose a el para abrazarle con uno de sus brazos— Escucha, Chat Noir. El cigarro, el alcohol, la comida, las mujeres, la pornografía. Todo eso son drogas adictivas si no las sabes consumir con responsabilidad ¿Queda claro? —acotó con voz lasciva— Pero tú las tomarás con mesura. No tienen nada de malo. Además, te ayudará a recrear un poco la vista. Marinette no es la única mujer en el planeta, importante en tu vida.

—Pues para mí, si lo es —reveló Adrien, sin atisbo de vergüenza.

—¿Y que hay de tu madre? —examinó con incisión.

—¿Qué…? —parpadeó con melancolía, desviando la mirada— ¿Mi madre…? Yo no lo sé. No tengo una.

—Todos tenemos una —manifestó con templanza el británico— Todos somos, hijos de sus madres —bufó— No nacimos del aire.

—Nunca la conocí —sentenció.

Raro…pero ni tanto…ahora que lo pienso bien. Este chico oculta algo —dubitativo, Félix extrajo desde la bolsa de papel una caja pequeña. La desenvolvió sin muchos apuros y le entregó el objeto en sus manos— Ten. Se llama iPod. Es un dispositivo de música. Le he cargado la discografía completa de Queen. Ya que dijiste que te gusta —acto seguido, se acercó al perchero para tomar su chaquetón de vuelta— Tómalo como un regalo de mi parte.

—Félix…yo…—Adrien tragó saliva, muy confundido con su actuar. Primero venia a tocar su puerta, sin intenciones de juntarse con Marinette. Y ahora esto— No entiendo. ¿Por qué haces todo esto por mí?

—Supongo que porque tu y yo, tenemos algo en común —agregó, volteándose a verle con precisión— No tenemos amigos. Nos hace falta uno. ¿No te parece?

—Pero yo ya tengo amigos. La otra noche vinieron —contestó, caminando hacia el para despedirle en la puerta.

—No seas tan ingenuo, Chat Noir —Félix frunció el ceño— Esos son los amigos de Marinette, no los asumas como tuyos. Deberías hacer tu propio circulo de amistad.

—¿Y tú…quieres ser mi amigo? —insinuó, ligeramente ansioso.

—¿Por qué no? Soy un tipo genial —Graham de Vanily le estiró la mano, pidiéndole su móvil. El francés se lo entregó, sin chistar— Este es mi número —tecleó— Llama o escribe si necesitas de mi chispa. Me agendé como S.O.S

—¿Servicio de emergencia? —el galo se rascó la nuca.

—Este será nuestro pequeño secreto —el inglés le tomó de la nuca, empujándolo hacia el para quedar a escasos centímetros de sus labios— Marinette no debe enterarse. ¿Queda claro?

—Mhn…—Chat Noir tembló, muy abochornado con el tono de voz empleado por parte de su compañero. Asintió, obediente— Queda claro.

—¡Ah! Una ultima cosa antes de irme —el gerente de la cafetería hizo amago de receso, tras sujetar la manija de la puerta— ¿Sabes de casualidad quien es el chico de la pintura? El retrato que pintó Marinette. ¿Conoces al modelo?

Silencio sepulcral por unos segundos.

—No. No sé quien es —mintió Chat Noir, apretando los labios en el proceso— Dijo que lo sacó de su cabeza.

—Una pena —Félix abrió la puerta para retirarse con una reverencia de caballeros— Si averiguas quien es, ven a verme.

—¿Para qué quieres saberlo…?

—Quisiera hablar con el en persona. Es todo —se despidió— Adiós.

Adrien se quedó de piedra unos momentos en el silencio de la sala. Observó en su mano derecha el iPod y en la izquierda la tarjeta de membresía para una página de adultos. Ni si quiera entendió por qué le mintió a Félix, siendo que él estaba ofreciéndole su amistad. Algo…un instinto felino, le alertó de que debía mantener en secreto su identidad. Vale. ¿Y ahora que debía hacer? Observó como caía lentamente la noche por el balcón.

Esta noche no hay luna…

[…]

Mi jefe no volvió desde que se fue sorpresivamente en la tarde. Puede que me haya preocupado al principio, pero el era tan misterioso a veces…que lo mejor era ni averiguarlo. Me encargué de cerrar la barra en su debido tiempo. Me despedí de mis colegas de trabajo y bajé al estacionamiento para tomar mi auto y regresar a casa. Esperando una luz en rojo, le escribí a Chat Noir un texto que ni si quiera me dejó en visto. Extraño. El siempre contestaba apenas veía mis mensajes. Pasé a comprar algo de comer como una ocasión excepcional y a eso de las 21:50PM aparqué en mi domicilio. Cuando entré, no había ni rastros de mi compañero de piso. Dejé las llaves colgadas, solté las bolsas y lo busqué por la casa. No estaba en la habitación. El ordenador permanecía apagado, como si lo hubieran desconectado del tomador de corriente. ¿Pero que demonios?

Solo podía estar en el baño. Toqué la puerta.

—¿Chat Noir? ¿Estás ahí? —consultó preocupada, pegando oreja.

El rubio permanecía sentado en la tapa del WC, moviendo el cuerpo de adelante hacia atrás como un autista nato. Todo su cuerpo temblaba. El rostro sudado y los parpados cerrados.

No debí haber visto ese video. No debí haber visto ese video. ¡No debí haber visto ese video! —se repetía con frenesí, con ambas manos tapando su entrepierna— ¡Dios santo! ¡¿Por qué no se baja?! Marinette me va a matar…si me ve así —tras escuchar su voz afuera del baño, se espantó aún más— ¡Ah! —No, no, no. Por favor —se puso los audífonos en los oídos y le dio play a Bohemian Rhapsody¡Oh mamma mia! ¡Mamma Mia! ¡Mamma mia, let me go! —se repitió una y otra vez.

—Vale. Algo pasa —gruñó Dupain-Cheng, girando la manilla.

Ok. No aguanté más. Tuve que entrar de golpe.

—¡Chat Noir! —chilló.

¡MI LADY! —se exaltó de golpe, parándose con expresión estupefacta— ¡Puedo explicarlo!

—…

—…

Nothing really matters…

Nothing really matters…to meeeee…

Santa madre…de todas las madres.

[…]

¿Qué? ¿Creen que lo regañé o algo así? No, por supuesto que no. No soy tan estúpida. Hubieran visto la cara que tenía. Bueno…hubieran visto la mía, también. Nadie se lo esperó venir. Ninguno de los dos pudo cenar esa noche. Dejé las cosas en la mesa del comedor. A eso de las 23:20PM, Chat Noir permanecía compungido como un niño asustadizo, sentado al borde de su cama. Ni si quiera me miraba o emitía un sonido. Yo por mi parte, lo único que escuchaba de lejos, era el goteo de la llave del lavaplatos de fondo y una que otra sirena resonando en las calles. En medio de la penumbra, ni si quiera yo me atreví a expresar algo. Necesitaba romper el silencio a como de lugar. Sin embargo, me vi a mi misma muy abochornada como para hacerlo. Mis pómulos hervían, enrojecidos. Se que el se sentía de la misma manera. Solo que no sabía como lidiar con el problema.

Me armé de valor, cerrando los parpados. Tragué saliva. Creo que, el tick tack de mi corazón, me dejó perpleja.

—¿Sigues igual? —consultó en la oscuridad.

—Si —musitó.

—¿Qué ha pasado? —Marinette negó con la cabeza, retractándose de inmediato— No. No me digas. No quiero saberlo realmente.

—Mi lady…—siseó el ojiverde, jugueteando con sus dedos— ¿Ya es una "situación que lo amerite"?

Comprendí que representaba esa pregunta. Era por lo que le comenté de los preservativos. ¿No? No soy tan ingenua. Pero ¿Y yo? ¿Qué hay de mí? ¿Era ya una situación que ameritara aquello? ¿Estaba lista ya? ¿Era el momento adecuado? Vamos, esto era fácil de resolver. Costaba con que yo le dijera: Resuelve el tema solo. Ve al baño y hazte el trabajo. ¿Pero realmente quería eso? Exhalé. Estaba tan frio el ambiente y yo tan febril, que percibí el vapor escabulléndose por mis labios.

Me levanté en competo mutis. Caminé hasta el cajón del velador y saqué la caja. El se volteó a verme.

—Ya es una situación que lo amerite —sentenció.

Me subí a la cama. Adrien me imitó. Y ambos gateamos hasta encontrarnos en medio de el colchón. Me tomó el mentón con sus elegantes dedos y me besó, robándome el aliento de un sopetón. ¿A quien quiero engañar? Esto era lo que estuve esperando por bastante tiempo. Era mi decisión. Nadie podría tomarla por mí. Yo quería que el fuese el primero. Y mi egocentrismo me permitiría confesar, que me sentí bien siendo su primera también.

No tengo palabras para describir el como nos fundimos entre las sábanas. Solo puedo confesar con mucha humildad, que fue lo mas cercano a tocar las estrellas. Cumplió todas mis expectativas. Estaba satisfecha. Me pasé meses idealizando el momento, el acto en sí, solo para darme cuenta que era mucho mas sucio y pegajoso de lo que creí. ¿En que momento llegamos a romantizar tanto eso?

Ya nada me importaba. Sentir vibrar a Adrien en mi interior, escuchar sus gemidos contra mi oído, como ronroneos de felino. Mejor que probar un Whisky con queso. Esos ronroneos…que se llevaron todo de mí.

[…]

Me dejé caer completamente desfallecida. Ya no daba más. Mi pecho subía y bajaba con fuerza, mientras sentía como formaba una poza en las sabanas con mi propio sudor. Intentaba regular mi respiración como podía. Era una batalla tras otra, cada bocanada de aire que tomaba. Adrien se desplomó a mi lado boca abajo, soltando carcajadas de vez en cuando.

—Wow…esa vez me gustó mucho mas que la anterior —bufó Adrien.

—Y-yo…creo que necesito tomar un descanso…—advirtió Marinette, con el dorso de su mano sobre su frente— Uff…

—¿Podemos intentarlo otra vez? —sugirió el rubio, más ansioso que nunca.

Por favor… ¿Qué le dan de comer a este niño? Ya van cinco veces. Si sigo así, me voy a tener que mandar a reconstruir entera. ¡No soy de plástico! Miré a mi lado. El papelero del suelo estaba atiborrado con los restos de nuestra escena del crimen.

—Perdóname, gatito…pero…—alzó la caja vacía— Ya no quedan más. Te acabaste todos.

—Cielos…que mal —suspiró, limpiándose el rostro con ayuda de sus manos— Supongo que tendremos que conseguir más otro día.

—Por mi está bien así.

En cuanto vi que se volteaba boca arriba, me aferré su cuerpo, apoyando mi mejilla contra su pecho. Era una sensación muy placentera sentirlo desnudo. Adrien me abrazó con cariño, llevando uno de sus brazos detrás de su nuca para mirar el techo con júbilo. Nos cubrió a ambos con las sábanas. Tampoco es que quiera enfermarme. Afuera hay -5 grados.

—Ahora somos como Jack y Rose en el auto —soltó con voz divertida— Solo que no hay iceberg.

—Se llama hacer el amor —Marinette le dio un golpe suavecito contra los pectorales— Tonto…

—¿En serio? —parpadeó, asombrado con su revelación— Oh…no sabía que el amor se podía "hacer"

—Hay muchas cosas que puedes hacer en nombre del amor —dijo la ojiazul, cerrando los ojitos con calma.

—Pues…yo quiero hacerlas todas —manifestó con voz aterciopelada, depositando un beso en sus cabellos— Por ti…

—Adrien…

—Te amo, Marinette —murmuró.

Cada vez que me repite que me ama, se me aprieta la garganta y el estómago. En estos momentos, siento que lo amo. ¿Pero era realmente un sentimiento o solo estaba post-orgasmica? Yo también quería decirle lo mismo. Pero si lo hacía sin estar del todo segura, tendría que cargar con la responsabilidad de hacerme cargo de mis palabras. Hasta no atestiguar de ello, no lo iba a ilusionar. Con eso no se juega.

—Quisiera ser un hombre para ti.

—No necesitas ser un hombre por otros ¿Sabes? —Dupain-Cheng alzó la mirada, observando con detalle su rostro, carmesí— Si quieres serlo, deberías hacerlo por ti.

—Tienes razón, Marinette —aseveró con decisión, cambiando la forma en la que la miraba— Tu me haces querer ser un hombre para mi y el mundo.

¿Por qué eres así? —la oijazul se acercó a su mentón y lo mordisqueó suavemente— Oye. ¿No te duele la cara de ser tan lindo? —bromeó.

—Ahora mismo me duele un poco —carcajeó de vuelta— ¿Crees que deba conseguir un trabajo primero? Digo, para ser un hombre de bien en la sociedad.

—Depende de lo que quieras hacer realmente —musitó la estudiante de arte— ¿Quieres trabajar o estudiar?

—Me gustan ambas —acotó— Tu, haces de las dos y te va bien. ¿No?

—Es medio duro…pero sí. Se puede —le expresó con tranquilidad, masajeando su pecho con ternura— ¿Te gustaría estudiar algo?

—Si —reveló— Aunque lo hago a diario. Suelo estudiar mucho —añadió— Pero si me gustaría especializarme en algo.

—¿Y qué te gusta?

—Muchas cosas —Adrien gesticuló una mueca alicaída— En realidad, me gusta construir cosas. Las herramientas y eso. Pero también me gustan los animales. Los caballos, sobre todo. ¿No son lindos?

—Los caballos si son lindos.

—Quisiera aprender mucho más…—esbozó con anhelo reflejado en sus ojitos esmeralda— Siento que puedo con todo lo que me proponga.

—Yo sé que sí, mi gatito —sonrió Marinette, gustosa de sus intenciones— Sea lo que decidas, tienes mi apoyo. Te ayudaré en lo que necesites.

Charlamos un poco más. No sé que hora era. Solo sabía que deseaba detener el tiempo en ese momento, solo para gozar un poco mas de su compañía y su anatomía tibia contra la mía. Si no es amor…no sé que es. Solo espero que sea real. Tan real como el, lo es conmigo. En algún punto, me dormí, perdiéndome vagamente en el aroma que desprendía mi amante. Si el deseaba especializarse en algo, ahí estaría yo sin tapujos para tenderle una mano.

Mi querido y precioso Adrien…

[…]

Los primeros rayos de invierno, se colaron por la habitación esa mañana. El rubio fue el primero en despertar de su letargo. Su compañera de intimidad yacía dormida a su lado, con una expresión relajada y contenta. No quiso despertarla. Sería un crimen robarle su ensueño. Era una mañana como cualquier otra. Sin embargo, para él, algo había cambiado luego de su encuentro sexual y la plática de la noche anterior. Se había tomado muy en serio el hecho de ser un hombre, a nivel conceptual. Porque ya lo era de hecho. Lo primero que hizo, fue divisar el teléfono que descansaba en su velador. La imagen de Félix Graham de Vanily le vino a la mente como un destello en flash. Tomó el dispositivo y buscó su número.

Dudó al principio si realmente contactarlo. S.O.S era su nombre. ¿Necesitaba la ayuda de su nuevo amigo? ¿De su chispa o su genialidad? El dedo pulgar descansó sobre la pantalla unos momentos. Juntó el entrecejo y decidió presionarlo. Ya no había vuelta a atrás. Su chat se abrió delante de sus ojos y escribió en el teclado.

≪ C: Félix. Tenías razón. Creo que necesito un amigo en estos momentos.

Lo envió. A los pocos segundos, casi por arte de magia, Félix le respondió.

≪ F: Sabía que tomarías la decisión más cuerda, Chat Noir.

≪ C: Necesito de tu ayuda.

≪ F: ¿Ya sabes quien es el modelo del cuadro?

≪ C: Si. Sé quién es.

≪ F: Te veo en una hora, en la cafetería Le Miraculous situada en la torre Eiffel.

≪ C: Ahí estaré.

Adrien le echó una ojeada rápida por ultima vez a la que ahora, consideraba su mujer por derecho de sentimientos. Depositó un beso sincero en su frente y se levantó delicadamente de la cama, escabulléndose por las colchas. Observó su anillo unos momentos, antes de quitárselo y dejarlo en el velador.

Ha tomado su ultima decisión. Permanecer como hombre entre los mortales.

[…]

Cafetería Le Miraculous. 10:15AM.

Un muchacho de caballera rubia y ojos verdes, brotó desde el ascensor. Vestía una polera blanca, acompañada de una camisa a cuadros, pantalones azules y zapatillas blancas. Los camareros le saludaron como si le conocieran de toda la vida, gestionando reverencias muy sumisas. El escuchaba Queen – The show must go on. Caminó en cámara lenta. Empoderado, viril, masculino, seguro de sí mismo, con música rockera en sus oídos. Todo un crack, señores.

Uno de los guardias, le hizo pasar a la oficina del gerente general. Félix Graham de Vanily, se levantó de su silla apenas le vio entrar. Se mostraba recio y muy templado. Con ambas manos en su espalda, pecho inflado. Se aproximó hasta el, estrechándole la mano con fuerza y esbozando una sonrisa soberbia. Le dio una palmada en el hombro, apoyando su decisión. Muy buena decisión, hijo mío.

Adrien se quitó los auriculares del oído.

—Se quien es el modelo —dictó el muchacho francés— El muchacho del cuadro que utilizó Marinette para pintar. Soy yo.

—Bienvenido, Adrien Agreste —decretó el inglés— Hijo de Emilie y Gabriel Agreste.

—¿Agreste…? —parpadeó, estupefacto— ¿Ese…es mi apellido? —se estremeció de golpe— ¿Emilie…Gabriel?

—Adelante, toma asiento —le invitó, sirviéndole una taza de café. Una taza Plagg— Debo confesar, que la primera vez que vi tu retrato no supe a ciencia cierta si eras tu. Pero luego de mandar a analizar los patrones de ADN en el trazo, junto con una fotografía tuya de bebé, ya no tenía duda alguna.

—¿Tú me…conoces? —balbuceó, en completo shock.

—Somos familia —espetó Félix, con seriedad.

—¿Eres mi hermano? —consultó, por el parecido.

—Soy tu primo, Adrien —manifestó sin un ápice de duda— Tu primo hermano, para ser exactos.

—¿Co-Como es que…? —se levantó de golpe de la silla, completamente anonadado— No entiendo. ¿Tu conoces a mis padres?

—Por supuesto que sí. Son mis tíos —aclaró, incitándole con el dedo a acercarse a su escritorio. Desde uno de los cajones, extraño una fotografía para que la observara con mucha atención— Este de aquí, es Gabriel Agreste. Y la mujer de aquí, es Emilie Graham de Vanily. ¿Ves ese bebé en medio? Ese…eres tú, Adrien.

—¿Cómo es posible…? —tembló, fuertemente embrollado mientras examinaba el retrato— ¿Mamá…?

—Esta foto fue tomada en Londres hace unos 20 o 21 años atrás. No estoy seguro —dejó entrever el inglés— Fue durante una visita que nos hicieron a casa de mis padres.

—Pero yo…creí que-…

—Si. Puede ser —le interrumpió de sopetón— Todo lo que creas es válido. Pero… ¿Quieres que te cuente, como es que acabaste en el Tibet?

—Si…por favor.

—Bien —Félix le dio una palmada amistosa en la espalda— Te contaré la historia…del como desapareciste de nuestras vidas.

[…]

Me desperté un tanto estúpida, debo reconocer. Lo primero que hice fue palpar con la mano el lado derecho de mi cama. Mi compañero no estaba en donde se supone que debía estar. Observé la hora. Era demasiado temprano aún como para que no estuviera durmiendo conmigo. ¿A dónde había ido? Me atemorizó su ausencia. Me senté en el colchón, solo para percatarme de que su anillo descansaba en el velador.

Lo tomé entre mis dedos, pensando lo peor que se puede llegar a imaginar. Todo mi cuerpo tiritó. ¿Qué significa esto?

—¿En donde estás…Adrien?